No lo conocí personalmente aunque anduvimos los mismos caminos. Supe de su desaparición el mismo día 20 de junio en que cundió la alarma de sus seguidores. Me refiero al periodista y activista medio ambiental de Zihuatanejo Manuel Alejandro Mora Serna, conocido en las redes sociales como Alex Serna cuyo cuerpo fue encontrado sin vida tres días después y entregado con carácter de desconocido al Semefo de Zihuatanejo donde permaneció casi 15 días cuando su familia lo identificó.
El hecho es sumamente grave porque refleja no solo el riesgo en el que vivimos los habitantes en esta parte del estado por el alto índice de homicidios registrados, sino porque se trata de un periodista de prestigio que había denunciado que sufría acoso, intimidación y amenazas de muerte por sus reportes.
El trabajo valiente de este joven periodista que se sobrepuso al miedo que inhibe la participación social para defender el patrimonio común, no puede sumarse a la impunidad que viven los delincuentes que actúan como si no hubiera leyes ni autoridad. Debemos exigir el esclarecimiento de los hechos y que los autores reciban el castigo merecido porque solo de esa manera se reivindicará el ambiente de libertad requerido para denunciar los delitos cometidos por quienes a falta de una cultura de la legalidad recurren a los medios más atrasados de fuerza coerción y muerte para lograr sus propósitos aviesos pasando por encima de leyes, instituciones y personas.
Las autoridades de los tres órdenes de gobierno están obligadas a investigar e informar de cada uno de los casos que Alex Serna calificó de delitos ambientales cometidos en la región de la Costa Grande de Guerrero.
Las condiciones en las que fue encontrado el cuerpo del periodista de 39 años son una muestra del grado de impunidad con la que actúan los delincuentes que acabaron con sus vida, al depositarlo en un tambo de plástico azul abandonado en la orilla de la carretera costera Acapulco Zihuatanejo en las inmediaciones de los municipios de Petatlán y Técpan, es también un mensaje de los autores del crimen contra quienes quieran alzar la voz para denunciar los delitos ambientales que tanto proliferan.
Alex Serna era sin duda un periodista ambiental muy valiente, que realizaba sus investigaciones y denuncias con no poca audacia y decisión trabajando prácticamente solo, sin ninguna cobertura más que la que le daban sus casi 30 mil seguidores.
La osadía con la que investigaba y documentaba los casos que denunciaba lo exhibía como persona conocedora del tema ambiental y lo hacían notorio frente al ambiente de miedo que domina a la sociedad. Era por eso un hombre vulnerable que actuaba como si hubiera desconocido los antecedentes de la lucha ambiental y su secuela de agresiones, tortura, cárcel y muerte de activistas en esta región.
Alex Serna no tomó en cuenta que las autoridades de los tres órdenes de gobierno actúan con total sometimiento a los poderes fácticos que dominan la región.
Fue en su tierra natal de Técpan donde por primera vez se dio una lucha organizada en defensa del bosque, origen de la empresa estatal conocida como Forestal Vicente Guerrero en los años setenta del siglo pasado.
Allí nació la Unión de Ejidos Rubén Figueroa cuya organización sirvió para legalizar el saqueo del recurso forestal que se vendía a la empresa estadounidense Boise Cascade que lo embarcaba en el puerto Vicente Guerrero.
De la Organización Ecologista de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán fueron los campesinos Teodoro Cabrera y Rodolfo Montiel los detenidos y torturados por el ejército y luego encarcelados a principios de los noventa como si hubieran sido delincuentes cuando solo querían que cesara el saqueo de sus bosques porque veían que la deforestación erosionaba el suelo, provocaba más calor y secaba los ríos.
Después de largos años de movilización de organizaciones locales y nacionales como Tlachinollan, Agustín Prodh, con el apoyo de Greenpeaca, Amnistía Internacional y Sierra Club, fueron puestos en libertad junto con Felipe Arreaga Sánchez.
Desde finales del pasado siglo estaba vedado para el personal de la Semarnat el acceso al bosque y cuando por fin la Profepa, durante el gobierno de Ernesto Zedillo, cuando Julia Carabias Lilo era titular de la Semarnat, ordenó una auditoria ambiental a los aserraderos de la zona que confirmó lo que ya sabían los campesinos ecologistas, que actuaban de manera ilegal y explotaban el bosque a tabla rasa.
Alex Serna era muy joven cuando en Zihuatanejo la comunidad se movilizó para defender la bahía de la contaminación provocada por el sistema colapsado del drenaje de la ciudad y contra la pretensión del gobierno panista de Vicente Fox para entregar a la iniciativa privada nada menos que la explotación de la bahía que el entonces director del Fonatur, John McCarthy, promovía como terminal de cruceros para que los dueños del hotel Puerto Mío, los mismos que construyeron el Espigón de piedra que modificó las corrientes marinas, la explotaran.
El saqueo de arena, piedra, grava y agua ha sido de todos los días hasta hacerse dramática la situación en que están los lechos de los ríos. Sus explotadores tienen grandes parques de maquinaria y flotas de camiones y pipas como ganancia de la comercialización de esos recursos que extraen como si tuvieran la escritura de los ríos.
Los pobladores ribereños ven con preocupación e impotencia la extracción irracional de esos recursos y la inacción de las autoridades, sin atreverse a denunciar porque significa enfrentarse a las cuadrillas de vigilantes privados que cuidan el saqueo.
Las empresas inmobiliarias son otro mal ligado al turismo, es como el huachicol en este sector. Los fraccionamientos crecen como los hongos en tiempo de lluvias y lo hacen sin el mínimo respeto por las áreas naturales protegidas, manglares, humedales y zonas vulnerables porque tienen de su lado a las autoridades que los encubren.
La zona federal marítimo terrestre está infestada por invasiones y contaminación.
Nos causó estupor conocer la construcción de lo que parece ser una alberca en la bahía del Palmar de Ixtapa, frente al hotel Brisas aprovechando un promontorio de rocas que emerge del mar.
Resulta que allí algún caprichoso inversionista, quizá hasta extranjero, de esos que se sienten dueños de todo el terreno que pisan, está afectando a todo el ecosistema a ojos vista.
Si no ha sido por el reportaje de Alex esta obra continuaría realizándose a espaldas de la población porque solo está a la vista de quienes viven en esa parte exclusiva de los ricos donde se encuentra la casa que compró Emilio Lozoya, el corrupto y flamante director de Pemex en el gobierno de Enrique Peña Nieto.
La última denuncia de nuestro sacrificado periodista ambiental fue contra una empresa extranjera que desde hace años estableció en el municipio de la Unión una planta deshidratadora de mango donde explota a decenas de mujeres sin respetar las leyes laborales. Esta empresa contaminante del agua que consumen los pobladores del pueblo a Saladita ha respondido que cumple cabalmente con la normatividad ambiental sin que se conozca ninguna opinión de la Semarnat que lo confirme.
Por todo esto es que se hace urgente la investigación de la muerte del periodista y el castigo de sus autores, esa una exigencia de la sociedad que las autoridades no pueden seguir ignorando como en otras ocasiones. De eso depende que creamos en que ha habido un cambio de régimen para progresar.