Las concentraciones de mexicanos el domingo en las plazas de las ciudades capitales de todos los estados de la república para escuchar el informe del segundo año de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, fueron el respaldo evidente contra la campaña orquestada por la ultraderecha internacional y su versión mexicana representada por el Partido Acción Nacional.
Después de presentar los notables avances que ha tenido el gobierno de la 4T para el desarrollo con justicia privilegiando a los sectores más vulnerables, la presidenta le dedicó la segunda mitad de su alocución al caso actual que involucra a la gobernadora panista de Chihuahua, María Eugenia Campos, quien en sus declaraciones a los medios de comunicación más influyentes del país ha confesado que ella no sabía de la presencia en territorio chihuahuense de agentes de la CIA participando en operaciones contra el narcotráfico junto con las autoridades policiacas de su gobierno y, como dicen los abogados, “a confesión de parte relevo de pruebas”. Si se toma como verdad lo que afirma la gobernadora panista su situación es complicada porque eso significa que carece del control de lo que sucede en su estado en temas muy graves como son los de la seguridad.
Por otra parte, si Maru Campos miente en sus afirmaciones también es delicado, sobre todo en el momento actual cuando las acometidas del gobierno estadunidense adquieren el carácter de injerencista afectando la soberanía del Estado mexicano, lo cual pone a la gobernadora en una situación delicada que obliga a que sea sometida a un juicio político por violar tanto la ley de seguridad como la propia Constitución, puesta en la tesitura de traición a la patria.
La acusación que procede y requiere de tal juicio no es tampoco algo nuevo dentro de la conducta que históricamente ha tenido la derecha mexicana.
He lamentado que a nadie en la concentración realizada en Chilpancingo se le haya ocurrido recordar lo sucedido hace ya 174 años cuando la confrontación entre liberales y conservadores durante el gobierno de Ignacio Comonfort los dividió a la mitad nombrando cada quien, a su presidente, Félix María Zuloaga por parte de los conservadores y Benito Juárez por parte de los liberales, desembocando en una guerra fratricida que duró tres años. A los conservadores de entonces no le importó la masacre cometida a cargo del general Leonardo Márquez como jefe militar del Plan de Tacubaya en 1857 quien asesinó a los liberales tan notables como Santos Degollado, Guillermo Prieto y Melchor Ocampo, entre otros, cuando ellos se habían retirado de la política.
Fue en aquella tesitura cuando sobresalió el guerrerense tixtleco Ignacio Manuel Altamirano, entonces diputado, quien al lado del general Juan Álvarez se convirtió en el fogoso tribuno opuesto a la amnistía que el gobierno juarista decretó en beneficio de los conservadores derrotados junto con Maximiliano de Habsburgo, el gobernante de la casa de Austria fusilado en el cerro de las Campanas.
Recordando ese pasaje de la historia donde se forjó la soberanía de México, resulta hasta risible que haya diputados y senadores de Morena quienes permanecen callados y justifican su silencio, ahora que la patria requiere de sus servicios, aduciendo que no quieren declarar para no poner en riesgo la cancelación de su visa, vaya patriotismo. Fue a ellos quien la presidenta conminó a mostrar valentía recordándoles que si querían participar en política debían dejar de ser pusilánimes.
Y para quienes no son ni diputados ni senadores, ni dirigentes de Morena, ni aspirantes a dirigir el próximo gobierno, les debe quedar claro que frente a la presión del gobierno estadunidense, aliado de la oposición de derecha mexicana, la defensa de nuestros paisanos frente a la demanda de detención para fines de extradición es una obligación elemental del gobierno mexicano pedir a su contraparte pruebas sólidas que sustenten la acusación, lo cual no los exime de que si tienen cuentas con la justicia en nuestro país deben ser detenidos, porque lo que no es aceptable es que para complacer al gobierno de Trump y no tener roces con él, se cometan injusticias contra mexicanos.
Para que todos los guerrerenses estemos informados y no se dé pie a confusiones tengamos presente que hay una campaña mediática intensa a través de la radio, la televisión, los periódicos y ahora a través de la red contra el gobierno de la 4T. El bombardeo de noticias que dicen medias verdades y de plano mentiras a nadie debe tambalear porque el gobierno y el pueblo son uno solo, inseparables e indestructibles. Que los dueños del dinero se gasten sus fortunas pagando a Tik Tok para promover golpes de Estado. Que no nos asuste la oposición de derecha que ahora recurre al gobierno de Estados Unidos como hace 174 recurrió a Napoleón III para volver al gobierno, el pueblo despertó y jamás volverá a ser esclavo porque ahora hay demasiados personajes como el ilustre profesor Ignacio Manuel Altamirano, dispuestos a ofrendar su vida por la transformación de México.
