Con distinto nombre pero con el mismo objetivo, en todos los pueblos mesoamericanos se conoce la danza dedicada a Santiago apóstol, el pescador del lago Tiberiades que luego hecho santo se convirtió en santo patrón de muchos pueblos en ese proceso conocido como la conquista espiritual, el fenómeno de acultu-ración por antonomasia.
En Mesoamérica el apóstol hecho santo fue nombrado protector de muchos pueblos como santo patrón. Ese fue el caso de Quechultenango, el pueblo que desde la época colonial lo reconoció como santo patrón a cuyo nombre e historia se creó una danza mesoamericana como obra didáctica de los encargados de la catequización que aprovecharon la proclividad de los pueblos originarios por la música, el canto, el baile y la fiesta, además de que no eran muy reacios a la adopción de nuevos dioses, aunque la religión católica se afanara en distinguir a un dios de un santo.
En mi pueblo la danza del Santiago que en otros lugares es conocida como los Santiagos, los Santiagueros, Moros y Cristianos, y Santiago Matamoros, se llama Las Cueras supongo que debido a que alguien se dejó llevar por lo que le pareció lo más llamativo y vistoso del atuendo que llevan los danzantes, un largo chaleco de cuera o cuero. Pero es en este nombre donde radica un secreto de la danza que descubrí después de años de investigación, tiempo después de haber participado como danzante en esa obra de teatro musical.
Tres antropólogos connotados me ayudaron a develar el secreto con la lectura de sus libros: México Profundo de Guillermo Bonfil Batalla; Crónica de la eternidad, la biografía de Hernán Cortés y la famosa autobiografía de ficción, Hernán de Christian Duverger, así como Moros y cristianos de Arturo Warman Grij.
Y es que, en efecto, esa danza trasladada a México por los conquistadores quienes mientras no hacían la guerra se entretenían recordando en Veracruz las batallas de los cristianos españoles con los moros, adueñados de la península ibérica donde vivieron durante largos ocho siglos con los llamados “juegos de cañas” donde para no matarse utilizaban largas varas de madera simulando las lanzas de la guerra. Hasta que dicho juego que atraía enormemente el interés de los nativos fue utilizado por los catequistas para enseñar la doctrina cristiana. Así, aprovechándose de la afición de los pueblos originarios por la fiesta o el mitote completaron su estratagema con la asignación de los santos patrones protectores de los pueblos, teniendo así un pretexto para realizar grandes fiestas comunitarias organizadas y financiadas por los propios pueblos mediante el modelo de las mayordomías.
No sobra decir que el éxito de la asignación de santos como protectores de los pueblos, así como las fiestas patronales se debió principalmente a la tradición de los pueblos originarios por las fiestas, proclives también a la adopción de dioses que a su juicio fueran más poderosos.
En Quechultenango el llamado proceso de aculturación, referido a la asimilación de la cultura española por los pueblos originarios, sin perder la suya propia, se puede ver con prístina claridad en esta danza que en su organización y concepción y contenido refleja la fuerza de la cosmovisión indígena.
De manera que su creencia prevaleció subrepticiamente con el rito católico, contenida precisamente en los chalecos de cuera que visten los danzantes, semejantes a la deidad indígena conocida como el dios rojo de la Mar del Sur, en cuya representación lleva un atuendo bastante semejante al de los personajes que en la danza ejecutan el papel de capitanes del ejército pagano e indígena. Su nombre es Xipe Tótec, o “nuestro señor el desollado” a quien se identifica como representante de la naturaleza que se regenera y transforma, vistiendo la piel de un sacrificado.
Esa piel, esa cuera es la misma que visten los danzantes como chalecos. Su uso no tiene otra explicación. Agreguemos el hecho de que entre el colorido de la vestimenta de los danzantes el color rojo y obscuro de sus máscaras es semejante al aspecto de los Yopes cuando iban a la guerra, cubriendo su cuerpo desnudo con una especie de barro o cinabrio bermellón que los dotaba de un aspecto temible.
Se sabe que esta tribu, muy celosa de su libertad e independencia no tuvieron nunca problema para convivir con el imperio Azteca y a pesar de que vivían en los límites de su territorio. Cosa distinta pasó con los españoles que organizaron una guerra de exterminio contra ellos .En la danza de Las Cueras se representa la fuerza y el poder de la visión mesoamericana incorporada como si en algún momento de la historia se hubiera hecho una especie de negociación entre ambas religiones para que coexistieran en paz para mantenerse vivas.
Otro dato importante es que en la danza el Santiago como personaje central pelea a pie, no usa caballo como es el caso de otras danzas de la región mesoamericana donde el protagonista baila provisto de un caballo construido de madera que va pegado al cuerpo del danzante como si él fuera su jinete. Espectáculo un tanto ridículo que en Quechultenango no se ve.
En Quechultenango se sabe que los caballos vinieron de España, vía Cuba y Santo Domingo, que fueron traídos para la guerra de conquista junto con los lebreles y mastines, los que provocaban terror en la guerra porque los indios creían que jinete y caballo eran el mismo animal.
El Santiago de Quechultenango es un guerrero rojo como Xipe Tótec y en sus andanzas lo han hecho caminar a pie, desdeñando la cabalgadura que también era un privilegio de los conquistadores.
El prestigio del Santo Patrón, que era visto como un dios milagroso parecido a tantos guerrrenses, lo hizo de muchos seguidores y lo recuerdan en su papel de mártir, con la cabeza cortada.
El otro dato curioso es que en la danza participa un personaje netamente indígena que se llama Macehualtzintli que vestido como el Santiago pero sin máscara y perteneciente a la aristocracia aparece junto al Santiago haciendo el papel de su escudero y embajador, quien lleva la responsabilidad de negociar con los jefes militares de los indígenas su rendición frente al poder omnipotente del santo.
Por eso digo que en realidad el nombre de la danza debería ser Santiago contra el ejército pagano, porque de eso trata la representación musical de dicha obra de teatro comunitaria que, por lo demás, resulta una de las más elegantes y magistralmente ejecutada, la que hace chocar los machetes creando un ambiente totalmente de guerra donde Santiago aparece como el guerrero invencible, conquistador de personas y almas para sumarlas a la religión que representa.
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