La danza del Santiago en Quechultenango

Con distinto nombre pero con el mismo objetivo, en todos los pueblos mesoamericanos se conoce la danza dedicada a Santiago apóstol, el pescador del lago Tiberiades que luego hecho santo se convirtió en santo patrón de muchos pueblos en ese proceso conocido como la conquista espiritual, el fenómeno de acultu-ración por antonomasia.
En Mesoamérica el apóstol hecho santo fue nombrado protector de muchos pueblos como santo patrón. Ese fue el caso de Quechultenango, el pueblo que desde la época colonial lo reconoció como santo patrón a cuyo nombre e historia se creó una danza mesoamericana como obra didáctica de los encargados de la catequización que aprovecharon la proclividad de los pueblos originarios por la música, el canto, el baile y la fiesta, además de que no eran muy reacios a la adopción de nuevos dioses, aunque la religión católica se afanara en distinguir a un dios de un santo.
En mi pueblo la danza del Santiago que en otros lugares es conocida como los Santiagos, los Santiagueros, Moros y Cristianos, y Santiago Matamoros, se llama Las Cueras supongo que debido a que alguien se dejó llevar por lo que le pareció lo más llamativo y vistoso del atuendo que llevan los danzantes, un largo chaleco de cuera o cuero. Pero es en este nombre donde radica un secreto de la danza que descubrí después de años de investigación, tiempo después de haber participado como danzante en esa obra de teatro musical.
Tres antropólogos connotados me ayudaron a develar el secreto con la lectura de sus libros: México Profundo de Guillermo Bonfil Batalla; Crónica de la eternidad, la biografía de Hernán Cortés y la famosa autobiografía de ficción, Hernán de Christian Duverger, así como Moros y cristianos de Arturo Warman Grij.
Y es que, en efecto, esa danza trasladada a México por los conquistadores quienes mientras no hacían la guerra se entretenían recordando en Veracruz las batallas de los cristianos españoles con los moros, adueñados de la península ibérica donde vivieron durante largos ocho siglos con los llamados “juegos de cañas” donde para no matarse utilizaban largas varas de madera simulando las lanzas de la guerra. Hasta que dicho juego que atraía enormemente el interés de los nativos fue utilizado por los catequistas para enseñar la doctrina cristiana. Así, aprovechándose de la afición de los pueblos originarios por la fiesta o el mitote completaron su estratagema con la asignación de los santos patrones protectores de los pueblos, teniendo así un pretexto para realizar grandes fiestas comunitarias organizadas y financiadas por los propios pueblos mediante el modelo de las mayordomías.
No sobra decir que el éxito de la asignación de santos como protectores de los pueblos, así como las fiestas patronales se debió principalmente a la tradición de los pueblos originarios por las fiestas, proclives también a la adopción de dioses que a su juicio fueran más poderosos.
En Quechultenango el llamado proceso de aculturación, referido a la asimilación de la cultura española por los pueblos originarios, sin perder la suya propia, se puede ver con prístina claridad en esta danza que en su organización y concepción y contenido refleja la fuerza de la cosmovisión indígena.
De manera que su creencia prevaleció subrepticiamente con el rito católico, contenida precisamente en los chalecos de cuera que visten los danzantes, semejantes a la deidad indígena conocida como el dios rojo de la Mar del Sur, en cuya representación lleva un atuendo bastante semejante al de los personajes que en la danza ejecutan el papel de capitanes del ejército pagano e indígena. Su nombre es Xipe Tótec, o “nuestro señor el desollado” a quien se identifica como representante de la naturaleza que se regenera y transforma, vistiendo la piel de un sacrificado.
Esa piel, esa cuera es la misma que visten los danzantes como chalecos. Su uso no tiene otra explicación. Agreguemos el hecho de que entre el colorido de la vestimenta de los danzantes el color rojo y obscuro de sus máscaras es semejante al aspecto de los Yopes cuando iban a la guerra, cubriendo su cuerpo desnudo con una especie de barro o cinabrio bermellón que los dotaba de un aspecto temible.
Se sabe que esta tribu, muy celosa de su libertad e independencia no tuvieron nunca problema para convivir con el imperio Azteca y a pesar de que vivían en los límites de su territorio. Cosa distinta pasó con los españoles que organizaron una guerra de exterminio contra ellos .En la danza de Las Cueras se representa la fuerza y el poder de la visión mesoamericana incorporada como si en algún momento de la historia se hubiera hecho una especie de negociación entre ambas religiones para que coexistieran en paz para mantenerse vivas.
Otro dato importante es que en la danza el Santiago como personaje central pelea a pie, no usa caballo como es el caso de otras danzas de la región mesoamericana donde el protagonista baila provisto de un caballo construido de madera que va pegado al cuerpo del danzante como si él fuera su jinete. Espectáculo un tanto ridículo que en Quechultenango no se ve.
En Quechultenango se sabe que los caballos vinieron de España, vía Cuba y Santo Domingo, que fueron traídos para la guerra de conquista junto con los lebreles y mastines, los que provocaban terror en la guerra porque los indios creían que jinete y caballo eran el mismo animal.
El Santiago de Quechultenango es un guerrero rojo como Xipe Tótec y en sus andanzas lo han hecho caminar a pie, desdeñando la cabalgadura que también era un privilegio de los conquistadores.
El prestigio del Santo Patrón, que era visto como un dios milagroso parecido a tantos guerrrenses, lo hizo de muchos seguidores y lo recuerdan en su papel de mártir, con la cabeza cortada.
El otro dato curioso es que en la danza participa un personaje netamente indígena que se llama Macehualtzintli que vestido como el Santiago pero sin máscara y perteneciente a la aristocracia aparece junto al Santiago haciendo el papel de su escudero y embajador, quien lleva la responsabilidad de negociar con los jefes militares de los indígenas su rendición frente al poder omnipotente del santo.
Por eso digo que en realidad el nombre de la danza debería ser Santiago contra el ejército pagano, porque de eso trata la representación musical de dicha obra de teatro comunitaria que, por lo demás, resulta una de las más elegantes y magistralmente ejecutada, la que hace chocar los machetes creando un ambiente totalmente de guerra donde Santiago aparece como el guerrero invencible, conquistador de personas y almas para sumarlas a la religión que representa.
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Una manda que cumplir

Era tiempo de lluvias en 1972 y yo estudiaba en la Preparatoria 5 de la UNAM cuando mi madre me avisó en una carta que en Quechultenango tenía mi lugar apartado para regresar a cumplir la promesa que ella hizo al santo patrón Santiago Apóstol de que saldría como danzante en la fiesta patronal del 25 de julio si me hacía el milagro de estudiar en la Ciudad de México.
Así que pedí permiso en el trabajo para regresar a mi pueblo en la segunda quincena de junio a ensayar la danza de las Cueras como era mi promesa.
Es cierto que una de mis primeras reacciones como citadino y estudiante universitario fue alejarme de las costumbres y creencias religiosas de mi pueblo porque las veía como anacrónicas y contrarias al pensamiento racional, pero eso no me hacía olvidar el compromiso de la manda que mi madre ofreció si el santo me favorecía en la pretensión de quedarme en la ciudad, de hallarme a su modo y ritmo de vida, con un lugar para vivir, un empleo para subsistir y una escuela para estudiar.
Y aunque sentí que todo eso lo había logrado por mi cuenta, no pensé dos veces en pagar lo que para mi madre que creía en los milagros del santo, era una responsabilidad.
Por eso cumplí con los obligados ensayos de la danza que en mi pueblo se baila desde la época colonial.
En aquel mes de junio al volver a escuchar el sonido del tambor y la música de la flauta volvieron a mi mente los recuerdo de mi niñez y adolescencia en aquel pueblo donde estaban mis raíces.
Recordé que la fiesta patronal de entonces parecía ser el único motivo relevante que tenía la vida del pueblo, quizá porque estaba muy ligada a las actividades del campo y a la estación lluviosa del año.
El Quechultenango de entonces que era campesino por vocación y necesidad tenía arraigadas costumbres y creencias indígenas, aunque la gente fuera mayoritariamente mestiza.
El pedimento de lluvias era un ritual obligado en el que se mezclaban la creencia milenaria de los pueblos originarios con la religión católica.
El rito comenzaba el 25 de abril, en el muy europeo día de San Marcos. La ceremonia, que aún se realiza, era en El Salto donde surge el manantial brotando de una peña para saltar luego al precipicio hasta llegar al lecho rocoso, cincelado por su caída en uno de los pliegues del cerro de Naranjitas, en cuya garganta se ubica el nacimiento del río Limpio para salir luego a la boca del cerro, donde una cortina de concreto la contiene creando un estanque de agua transparente que protege una muralla de riscos que reproduce en un eco las voces de los que se bañan o pescan, y discurre después en los canales construidos para el riego de los campos como obra del ingenio azucarero que tuvo fama en la época colonial.
Hasta ese lugar cada año llega la peregrinación de quienes participan del ritual, creyentes y no creyentes acompañados de las danzas de chivos, mecos, viejos, nitos y tlacololeros, que con sus respectivas músicas y cohetes trasmiten y amplifican el impacto de la fiesta.
Eso mismo sucede el 3 de mayo, cuando se festeja el día de la Santa Cruz, tanto en El Salto como en El Cimal, el cerro icónico bajo el cual se fundó Quechultenango.
En ambos lugares el ritual se repite porque dice la tradición que allí mora Ehécatl la deidad indígena que controla lluvia y viento, contra cuya creencia la religión católica lo más que pudo hacer es que los habitantes originarios le cambiaran su nombre por el “Amigo”.
La petición de lluvia va acompañada del Huentli, o la cuelga, un presente que consiste en comida de pollo guisada en mole sin sal, tamales de masa de maíz envueltos en hoja de totomixtli, cigarros y mezcal. Con la deidad comparten cigarros y bebida, como si en realidad estuviera en su compañía, y luego de los saludos el representante de la comitiva le pide a nombre de los pobladores que mande buen temporal, sin ventarrones ni lluvia tempestuosa para que las milpas crezcan sanas y den cosechas, advirtiéndole que en el año venidero se repetirá la visita si su pedido se atiende.
En el mes de junio eran las siembras, después de que terminaba el ciclo escolar que liberaba la mano de obra de los estudiantes para el trabajo en la milpa. Luego llegaban las fiestas de clausura con un desfile de padrinos venidos ex profeso para festejar a los graduados.
Junio era también el mes en que se anunciaba la fiesta patronal, y cuando comenzaban las lluvias que reverdecían el campo y las familias completas se incorporaban a las labores de la siembra en jornadas sin tregua durante dos meses intensos en los que cada día se alargaba al máximo debido a que todo mundo madrugaba.
Eran esas tardes cuando la música del tambor y la flauta ensayando la danza nos enardecía porque era el indicio de que se aproximaba la fiesta y también el receso en el trabajo para dedicarse de cuerpo y alma a la fiesta y la diversión de la feria, con los juegos mecánicos y pirotécnicos, el palo encebado, los toritos, los antojos, las danzas y los bailes.
Los ensayos de la danza comenzaban el 24 de junio, el día de San Juan, cuando según la tradición se abren los encantos encerrados tras las peñas de los cerros, donde el tiempo se detiene y la fiesta es permanente. Quienes tienen la suerte de ser encantados se meten a la fiesta de donde pueden tomar y llevarse lo que les antoje, si les da tiempo salir y si la alegría de la fiesta no los atrapa. Ese día se oye la música del cielo como lo asegura uno de mis hermanos.
En el mes de ensayo los 32 principiantes aprendimos la danza con sus pasos y sus sones y luego, como premio, recibimos la indumentaria de danzante. Yo como simple soldado me sentía importante porque entre todos era el único emigrado a la ciudad que vestía a la moda jipi con el pelo hasta los hombros, collar psicodélico y pulseras de chaquira, pantalones acampanados y playera de manga larga pintada con dibujos a la moda.
Vestido de danzante con mi sombrero multicolor, máscara de madera, chaleco de cuera y machete desmesurado, veía con cierta envidia a mis amigos los capitanes del ejército pagano, con sus penachos de plumas y estandartes del sol y la luna.
Pero entre todos los danzantes era el Santiago quien sobresalía con su elegante vestido de color rojo de mameluco y capa adornadas de lentejuelas, sombrero negro de fieltro con elegante pluma de quetzal, máscara blanca y rosada, barba abundante y profundos ojos azules, en la diestra su descomunal machete como espada, y en la siniestra el crucifijo como estandarte evangelizador. El macehualtzintli, un mexicano de cepa, también vestido de rojo, y el único danzante sin máscara en el papel de escudero, era la envidia de los adolescentes.
Solo el par de danzantes en el papel de Pilatos parecían ajenos a la danza con sus trajes de dandis, botas de soldado, todos de negro, con saco, chaleco y corbata. Su máscara de hombres blancos, ojos azules y cigarro entre los labios, de mirada temible, uno con su corona de picos y el otro con un impresionante turbante en forma de cono rematado de luna. Ambos como elemento de la danza para descanso del público porque distienden el ambiente rudo que alcanza la batalla entre Santiago y los moros, porque antes de aceptar el reto de Santiago, asustan a las muchachas del público, simulando un intento de secuestro, que el santo impide con energía entre aplausos y risas.

 

El calentamiento que nos llegó

Vino muy temprano en esta temporada con el nombre de Erick, pero su llegada fue brutal hace 21 meses cuando en octubre del 2023 lo conocimos con el nombre de Otis. Ese fue el anuncio más brutal del calentamiento global, causando tanto daño al puerto de Acapulco que sus habitantes todavía no han podido sanar.
Ahora con el impacto del huracán Erick el daño fue menor y por suerte solo dejó lluvia y encharcamientos en Acapulco, aunque el miedo y el recuerdo de Otis fueron los que obraron para estar todos atentos y obedientes a los llamados de prevención, por lo cual solo un niño por el descuido, la confianza, el miedo o algún traspié al cruzar el río crecido hizo a la mamá soltarlo y fue la única víctima mortal en San Marcos.
Pero más allá de las bromas que le gastan a la presidenta municipal de Acapulco por culpar al calor de todas las desgracias que suceden en el puerto, la verdad es que el aumento de la temperatura se ha acentuado en todo el mundo y hasta quizá fue el calor lo que hizo a Donald Trump atacar el complejo nuclear de Irán, entrando al conflicto que muchos líderes del mundo trataban de evitar. Pero fuera de esas elucubraciones lo cierto es que el calentamiento del mar provoca la formación cada vez de más huracanes que inmediatamente afectan a más de la mitad de guerrerenses que vivimos en la línea de costa y por eso de algún modo tenemos que pagar esa osadía.
Pero como frente a esos fenómenos naturales que cada vez serán más frecuentes y desastrosos, poco podemos hacer, quizá solo nos queda precavernos durante el temporal para sobrevivir sorteando el mal tiempo.
No abundaré sobre el origen del calentamiento global en el mundo porque todos sabemos que tiene que ver con la actividad industrial que ocupa la quema de combustibles fósiles envenenando el ambiente al atrapar el calor e impedir que la capa de ozono funcione para filtrar los rayos del sol que ahora impactan con mayor intensidad el planeta provocando, entre otros fenó-menos, el descongelamiento polar con su consecuente aumento en el nivel de los mares, y aunque pueda parecer inexplicable que dicho aumento no se observe de manera general en toda la costa, quien pueda y quiera ver dicho impacto, vaya a buscar en Acapulco la playa el Revolcadero y verá lo que ha quedado de ella.
Aunque un poco para aminorar el desconcierto hay quienes explican la desaparición de las playas como un hecho normal atribuido a que el mar suele reconocer y recordarnos sus dominios, la verdad es que el daño a los restauranteros fue total y difícilmente se podrá revertir.
Para consolarnos diré que el problema del calentamiento global impacta a todos los seres vivos, humanos, animales y plantas. Pero como se supone que entre todos ellos los seres humanos seríamos los más aptos para sobreponernos a dicho efecto tomando medidas inteligentes, ya que como países estamos fritos porque parece que los primeros en incumplir con el llamado protocolo de Kioto, en cuanto al compromiso de reducir las emisiones de gases venenosos a la atmósfera son las principales potencias como Estados Unidos.
Parece por ello que será el compromiso que asuma cada quien lo único que podrá alargar nuestra existencia en el planeta tomando medidas extraordi-narias aunque vayan más allá de nuestras costumbres de estar cotidianamente expuestos al sol pensando que los golpes de calor son puros cuentos.
Así como se ha hecho costumbre cargar con nuestra reserva de agua cada vez que salimos de casa, no debe faltarnos algo que nos cubra la cabeza, sombrero, gorra o reboso, sombrilla o paraguas. Recuerden que el impacto del calentamiento global se resiente en el propio cuerpo como dolor de cabeza y deshidratación. Mantener fresca nuestra temperatura debe ser una condición de todos los días aumentando la ingesta de agua.
Tampoco hablaré de lo que pasa con la producción de ali-mentos, porque es de todos sabido que así como es frecuente la sequía, ocurren las inundaciones que no dan tiempo a que la naturaleza busque la manera de solucionar el desequilibrio porque hemos sido tan dejados en el cuidado de la capa vegetal que no le ayudamos. La deforestación por efecto de la sequía, la ex-tracción de madera y los incen-dios son una constante. Con las lluvias tempestuosas que trans-portan el suelo fértil y erosionado se empobrece la tierra y por consecuencia baja el nivel de producción y los costos se eleven haciendo crecer la pobreza, por eso una forma de remedio es almacenar el agua de la lluvia para extender el tiempo de humedad, cuidar nuestros árboles y mantener una reserva de agua en nuestras casas. Hay que acos-tumbrarnos a capturar, recoger o acopiar el agua de lluvia y si no tenemos como almacenarla, usarla para el gasto doméstico durante el tiempo lluvioso.
Los bosques que tanto beneficio aportan a la vida humana empezando por el clima y la limpieza del ambiente, los hemos descuidado. No nos basta con ver los desastres ocurridos en Los Ángeles, California donde sin importar lo pudientes que son las familias que viven dentro de los bosques, las casas han sido arra-sadas por los incendios y nadie hubo quien pudiera salvar las costosas posesiones materiales.
En Guerrero los incendios en este año devastaron más de 80 mil hectáreas de bosque, lo que nos ubicó en el cuarto lugar nacional en pérdidas después de Chihuahua, Durango y Sinaloa.
Los habitantes costeros debemos valorar mejor lo alimentación que nos provee el mar y cuidarlo en lo que podamos. En Zihuatanejo acabamos de enterarnos por el trabajo de investigadores de la UNAM y de la UAM pub,licado en El Sur que además del daño que provocan los cruceros con sus hélices o propelas a los arrecifes de corales, cuando entran a la bahía, el aumento de la temperatura en el agua del mar ha provocando el “blanqueamiento” y muerte masiva de estos animales que se alimentan de algas. Resulta que la subida del calor provoca que los corales expulsen a las algas que los alimentan, muriendo por inanición y desintegrando los arrecifes de los que forman parte, y como estos son los que albergan la biodiversidad del ecosistema costero su pérdida afecta la alimentación de la población y a la protección de las costas, pero aún no se sabe cómo poderlos ayudar.
Es decir que la intensidad del calor afecta tanto al mar como la tierra. He visto en mi paso a lo largo de la costa que en la temporada de secas, en los bajiales de Tecpan y San Jerónimo, la parte más húmeda y rica de pasto, cómo los animales dejan de comer en las horas de más intenso calor buscando la sombra de los árboles para sestear, lo cual no pueden hacer las vacas que se mantienen de los pastizales artificiales que los ganaderos han establecido para el libre pastoreo. Allí los animales sufren por el intenso calor sin sombra de árboles ni agua suficiente.
En fin, hacernos más humanos y empáticos quizá pueda ayudarnos a enfrentar esos cambios que ha provocado la inhumanidad de la que todos formamos parte. Si nos parece imposible demandar medidas necesarias para modificar el modelo consumista del capitalismo, busquemos alternativas que nos permitan adaptarnos a los cambios sin morir en el intento.

 

Las redadas contra migrantes

Aunque la mayoría de los mexicanos que tenemos familiares trabajando en Estados Unidos sabíamos las dificultades que pasan para ganarse la vida, muchos pensábamos que su sacrificio se compensaba con los trabajos bien pagados, pero en la situación actual, con la amenaza de expulsión que pende sobre sus cabezas, hemos conocido, a través de las redes sociales que aquel sueño americano del que tanto se habla es realmente una pesadilla para la mayoría, porque no es cierto que sea fácil conseguir un empleo bien pagado y tampoco adaptarse a una lengua ajena y el modo distinto de vivir. Los mexicanos la pasan peor que los esclavos, porque solo comen cuando trabajan, y todo el tiempo viven ahogados en deudas, víctimas de los créditos que son tan fáciles de conseguir pero difíciles de liquidar. Los paisanos que tienen casa se pasan la vida pagando la hipoteca.
Es cierto que les pagan en dólares y que en una hora ganan lo que aquí en un día, pero también gastan todo en dólares, pagando rentas altísimas, por eso la mayoría viven hacinados para compartirse el pago de la renta, y solo salen para ir a trabajar. No son libres de andar en la calle porque siempre los acompaña el miedo de ser detenidos y deportados, separándolos de sus familias.
Muchos paisanos nuestros se han quedado a vivir en Estados Unidos nada más por el orgullo de decir que viven en “el gabacho” pero su vida es cruel. Los que pueden tienen dos trabajos para solventar sus gastos, pero la mayoría no sabe ahorrar, y la soledad y falta de solidaridad son males que cobran su cuota de depresión, adicciones y muerte.
A la mayoría la domina la cultura del individualismo, la que incita a ganar pasando por encima de los demás, por eso se dice que el peor enemigo que tienen los mexicanos allá es otro mexicano que siente que le hace competencia.
Ellos son los que votaron por Donald Trump porque no están de acuerdo en que lleguen más migrantes que les hagan competencia. Eso los hace igual de miserables que Trump porque están en contra del derecho de asilo para los que son perseguidos. Ilusamente esperaban ser testigos de las redadas que creían selectivas, creyendo que el magnate respetaría a los que tienen antigüedad, aunque carezcan de papeles.
Pero ya es demasiado tarde para lamentarse. En las redadas que ha implementado ese gobierno apoyado en el ejército se detiene parejo, guiados por el color de la piel. Por eso la postura decente de todo mexicano es oponerse a las redadas manifestándose en contra para que se detengan porque afectan la buena vecindad, el respeto a los derechos humanos y la paz social que todos queremos.
Tenemos que recordarle a Donald Trump que son millones de mexicanos sobre cuyos hombros descansa el peso de una parte importante de la economía estadunidense desde que llegaron los primeros braceros en la Segunda Guerra Mundial para hacerse cargo del trabajo que no podían desempeñar los estadounidenses que iban a la guerra. Fueron mexicanos los que sembraron y levantaron cosechas que sirvieron para alimentar a los soldados en el frente.
Esos braceros de la década de los cuarenta, contratados en condiciones dignas con el aval del gobierno, fueron los que de vuelta al país alimentaron la idea entre los paisanos, que después se convirtió en sueño, de que en el país vecino se podía mejorar con el solo deseo de trabajar, que en esa sociedad realmente se premiaba el esfuerzo y que con la paga se podía construir un patrimonio que en México estaba negado porque el gobierno neoliberal cada vez invertía menos en el campo. Ese fue el principio del sueño americano que luego llegó a contagiar a los habitantes urbanos que no les pesó emigrar como los del campo para buscar un futuro mejor.
El camino era relativamente fácil con una frontera de más de 3 mil kilómetros y cientos de polleros dispuestos al negocio como guías cobrando por cruzarla. Por eso en menos de cien años se han radicado allá casi 40 millones de mexicanos que nos convierten en la minoría más grande formando parte de la sociedad estadunidense y solo alguien ignorante puede pensar que es fácil deshacer esa vecindad que se ha convertido en comunidad.
Solo un farsante como Donald Trump puede aducir que tiene un interés genuino de salvar a sus jóvenes de las adicciones suprimiendo de su vida a los inmigrantes que para él son una lacra, secuestradores, violadores y traficantes, culpables de la violencia y adicción de los estadunidenses a las drogas, cuando se ha demostrado que allá no se hace nada para combatir a los cárteles que las distribuyen y tampoco para prevenir las adicciones con programas tan adelantados como el que ejecuta el gobierno de la República en nuestro país.
La hipocresía de quien ejerce el gobierno sintiéndose un rey se ve en el desdén con el que ha tratado el caso de las armerías que abastecen a los cárteles mexicanos con toda clase de facilidades para ingresar toda tipo de armas a nuestro territorio y luego acusar a esos cárteles de que son terroristas para tener pretexto de invadirnos.
Por fortuna hay en Estados Unidos una clase política que se opone y lucha contra el proyecto agresivo de Trump y en ese terreno California es vanguardia porque su gobernador, Gavin Newson se opuso desde el principio a las redadas, reclamando su derecho a ser tomado en cuenta para implementar esa medida que afecta drásticamente a la economía de su estado. Su lucha legal la semana pasada consiguió que un juez de distrito resolviera que la medida de Trump era inconstitucional y en California se excedía en sus facultades.
El repudio masivo a esas agresiones contra migrantes está dando resultados. El sábado miles de estadunidenses y familiares de migrantes se manifestaron pacíficamente en no menos de 50 ciudades para protestar contra esa política antihumana. A mediados de la semana pasada, cuando las redadas llegaron a la zona agrícola de California provocando la paralización de las cosechas, las quejas de los rancheros por las pérdidas ocasionadas fueron secundadas por los empresarios del turismo quienes se quejaron de que los hoteles se estaban quedando sin trabajadores.
Eso fue lo que obligó el anuncio de Trump de que dictaría una orden ejecutiva para detener las acciones contra migrantes en esas áreas, aclarando que lo haría para evitar que fueran los ilegales criminales recién llegados quienes llenaran esos vacíos.
Los analistas que buscan encontrar las razones que expliquen la conducta política del egocentrista Donald Trump ven en sus acciones los signos de la decadencia del imperio.
El economista estadunidense Richard Davis Wolff, un prestigiado marxista seguidor de Paul Sweezy sostiene que estamos frente a los signos de la más clara decadencia del imperio. Recortes al presupuesto en salud, alimentación, apoyo a los migrantes y disminución de impuestos de los grandes contribuyentes dueños del capital.

 

Mala resina

Hace pocos días el escritor Paul Medrano presentó en Zihuatanejo su libro Mala resina, con el que ganó el concurso nacional de cuento José Alvarado, convocado por la Universidad Autónoma de Nuevo León en el presente año.
Al modo y con la misma paciencia del tejedor de atarrayas, Paul Medrano construyó sus textos poniendo cada palabra, cada frase, en el lugar adecuado para hacer fluir sus ideas sobre el suave lecho arenoso del mundo costeño.
Se trata de un reconocimiento merecido por su trabajo con el que ha dado vida a un diccionario de términos costeños bajo la técnica de escuchar y preguntar por su significado.
Con la ventaja de observador que tiene quien llega de fuera, Paul descubrió, por ejemplo, que la expresión muy española de joder aquí se dice joldel, o jondiao pero en Tecpan, de plano los costeños dicen simplemente Odé, maca en vez de hamaca, maquearse por hamacarse. Todo para reducir el habla a su mínima expresión porque los costeños saben que cualquier movimiento acalora y es pérdida de energía.
En su cuento que da título al libro, Mala resina, dice el yerno criticando el estridente y chocante modo de hablar de su suegra, es como de “temolchi” que “amellaba hasta los sueños más espichados”. Como se sabe, Temolchi viene del náhuatl, y es el nombre que recibe la piedra con la que se muele en el molcajete.
El nombre de “Mala resina” es la manera indirecta de los costeños para referirse al esperma de los hombres para procrear, y el cuento relata el tratamiento de caballo que la suegra le da al yerno nacido con el defecto de chiclán, lo cual hace el milagro de curarle el defecto al grado de que pudo embarazar a su hija.
En el segundo cuento, El bajacocos (aunque el nombre común es el de tumbador), el personaje central, conocido en “Teipan” con el apodo del Chancaique, (término también proveniente del náhuatl que se refiere a las sobras del café), retrata muy bien el ingenioso deporte de los costeños para poner apodos, porque el Chan, bajacocos es un costeño que relumbra de moreno, precisamente como las sobras del café, un personaje al que nunca se le vio con una camisa o playera puestas. Siempre vestido de short, con el torso desnudo y requemado, con un garabato terciado y sandalias de pie de gallo, seguramente sin sombrero, y famoso por su habilidad para subirse a las palmas sin más ayuda que la de sus extremidades, el machete mocho y la cuerda para amarrar los racimos para bajarlos sin golpearse.
La historia del cuento es cruenta porque el Chancaique padeció la crisis que hizo desaparecer de la costa el oficio de los tumbadores de cocos a raíz de que el gobierno permitió la entrada al país de la copra, el cebo y los aceites proveniente de Filipinas y de Sierra Leona donde los cocoteros nacen y producen sin ayuda.
Los vanidosos copreros de la costa abandonaron sus huertas a la caída del precio del producto nacional, obligando a los tumbadores a emigrar a otros oficios.
Claro que después de 20 años, cuando la situación se revirtió gracias a que el coco comenzó a ganar mercado cuando en la época de la epidemia del coronavirus se descubrió que entre las bondades del coco había una que permitía fortalecer la inmunidad del cuerpo humano, hasta llegar a la situación nunca imaginada de que pudiera venderse más cara que la gasolina, el agua envasada y los refrescos, pero ahora que los copreros los ocupan, no encuentran tumbadores porque con la crisis se rompió esa tradición de heredar el oficio, y los hijos en cuanto crecen, los que no se van al Norte ya no saben subirse a las palmas ni les gusta andar bajo el sol y prefieren, como el hijo de Chan, el Chancaiquito, dedicarse a pintar uñas.
El libro de Paul Medrano consta de diez cuentos breves, ambientados en la costa y escritos con su particular estilo y lenguaje costeño, que resulta atractivo para los lectores jóvenes que celebran con una sonrisa el drama y las ocurrencias de los personajes que pasean por sus páginas.
A cual más de los cuentos tienen nombre sugestivo y casi todos ambientados en la costa y Acapulco, como Sangre de Narciso, Toque de silencio. En El desquite Paul cuenta la historia del trailero solidario y buena persona que muere desencantado de sus hijos porque son unos atenidos. Para definirlo, dice uno de sus amigos en el velorio, voy a decir lo “verifico” de Millo en pocas palabras, “siempre era derecho”, “no se andaba con rayas pandas”
Los cuentos, Chacuacos, Adentro tuyo, Panza de nube, describen un puerto muy distinto al actual, como “apenas una cría de ciudad” y cuando “con solo mentarlo uno decía desmadre que pa’ qué te cuento”. Y es que, en efecto, hubo un tiempo en que Acapulco era “un puño de antros, muelle de madera, un kiosco apolillado y un templo a medio terminar”. Lo demás, como nos recuerda José Agustín, eran casuchas diseminadas por los cerros, ocultas entre la selva, y de pueblo “mequenque” “pasó a ser una ciudad verraca y mal planeada”, dice el autor.
Con el cuento de La maldición del cometa Halley el autor nos pasea en Atoyac y su río El Cuetero que cruza la cabecera con todos los desperdicios y fetidez de la suciedad.
Chacuacos cuenta la historia del chaval que empieza a dudar de la existencia de Dios cuando el cura le dice que en la biblia ningún pasaje habla de los dinosaurios y que por eso no existen, que son un invento.
El equivocado en el único cuento que va más allá de Acapulco, hasta Plan de Liebres en la Costa Chica, la tierra de las muchachas pochuncas que a veces resultan muchachos como lo descubre Cosme al regresar del norte.
Se trata de un libro con alto contenido sexual. En Toque de silencio el muchacho de secundaria recuerda a su compañera de asiento muerta en un accidente de carretera a la que no tuvo tiempo de cortejar y sólo al paso del tiempo después concluyó que entonces “no sabía que estaba siendo emboscado por la primera arrechera”.
A las historias, a cual más violenta, Paul les quita filo, de manera que la normaliza porque, como sabemos, la pobreza es también una forma de violencia a la que mucha gente se resigna calladamente, pensando que así ha sido y así será toda la vida.
Paul retrata muy bien la picardía de los personajes y la poca moralidad de los costeños. Su desarrollada costumbre de “jalar vidrio” y “rajar agua” que convoca a la “pelicanada” a reunirse para la borrachera, son parte del habla y del modo de vida costeño, tan arraigada y extendida como la homosexualidad, quizá por la influencia también del calor, recurriendo a los mismos razonamientos de la presidenta municipal de Acapulco.
Buena suerte le deseamos a Paul Medrano.

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Hippocampus ingens

Sin duda que era muy grande la imaginación de los etruscos, la tribu italiana que fundó ciudades en la región toscana de Italia, precedente de la cultura romana, para pensar, como los chinos, que la tan diminuta figura de los caballitos de mar, fueran los monstruos marinos que tiraban el carruaje de Neptuno o Poseidón, o el dragón de los mares, según los chinos.
Pero la mitología en torno a ese diminuto animal de los mares, con hocico alargado como la figura de un caballo, cuya estatura va de 2 a 35 centímetros, que “tiene los ojos de camaleón y una bolsa incubatriz, semejante a la de un canguro” como lo define la revista Nathional Geographic, habla quizá de su abundancia habitando los mares del lejano pasado, en profundidades accesibles para poderlos conocer y observar, al grado que en 1857 al anatomista italiano Giulio Cezare Aranzi le pareció familiar dicha figura para bautizar con su nombre a la parte de la estructura craneal del cerebro humano, localizada a la altura de la oreja de los dos hemisferios, que se encarga del aprendizaje espacial en que nos movemos, y de la memoria, los olores y del momento en las decisiones de quedarse y pelear o huir.
El Hippocampus ingens, el nombre científico del caballito de mar, perteneciente a la familia de los peces pipa, proviene del griego que significa monstruo marino, y por sus características se considera un animal híbrido, como demasiado habituado a la tierra para no saber nadar en postura horizontal, como lo hace la mayoría de los peces. El caballito de mar nada erguido, y por eso es lento para cambiar de lugar y resulta vulnerable, necesitado de un sostén al que pueda asirse con la cola para mantener su postura. A eso se debe que su hábitat sean las zonas rocosas, de corales y plantas.
Otra de las características peculiares y llamativas de este pez asediado por los mercados asiáticos que lo compran en todos los mares del mundo como parte del catálogo de alimentos exóticos y de su medicina ancestral, capturado como atractivo en los acuarios, es el embarazo del macho quien carga en su bolsa incubatriz los huevecillos que en una danza erótica le deposita la hembra a la hora de copular.
Se dice que la relación sexual y la madurez de estos peces comienza a los seis meses y que es todo un ritual el que realiza la futura pareja que comienza por danzar, una frente a la otra y que a la hora de sincronizarse cambian de color, y es cuando la hembra vacía los huevecillos dentro de la bolsa del macho quien debe cargar con el embarazo las dos o cuatro semanas que tardan en nacer las crías por cientos.
El ciclo de vida de los hipocampos es de uno a cinco años, dependiendo de la especie y también del espacio donde viven. Claro que viven más tiempo en la protección de un acuario, pero alejados de su hábitat natural, lo que no deja de ser una desventaja.
Pero esta especie viva y pequeña se sobrepone a su debilidad actuando en grupo y disimulándose con el entorno para pasar desapercibido, y si su nado vertical le dificulta una rápida movilidad aprovechan las corrientes marinas para dejarse llevar. Por eso hay quienes extrapolan su ejemplo de que si son pequeños, sumados pueden hacer grandes cosas como, asegurar su comida, por ejemplo.
Esta característica del pez sin escamas que viven la mayor parte de su vida en pareja, se ha interpretado en la literatura como la fidelidad viviente y amorosa para los humanos porque son caballos monógamos y en muy corto el tiempo, el que enviuda, muere también como si fuera un gesto de amor.
Hay también quienes quieren ver en el comportamiento de estos diminutos animales una lección de feminismo porque en el embarazo para procrear se cambian los papeles en los sexos, aunque en el pensamiento tradicional la pregunta es si no habrá una confusión al identificar al macho y la hembra.
A destiempo, porque fue después de la plática del biólogo Carlos Candelaria, el escritor Paul Medrano, recientemente premiado por la Universidad de Nuevo León en un concurso de cuentos, nos informó que, una poeta oaxaqueña, Nadia López García, en su poemario Dorsal, publicado por el Fondo de Cultura Económica, escribió sobre la vida sufrida de su hermano homosexual, identificándolo como el fino y delicado caballito de mar, con un final muy trágico, lo cual da fuerza a esa idea del feminismo y la sexualidad.
Quienes se interesen en conocer más sobre estos míticos peces de los que hace mención Homero en la Iliada que narra la disputa entre el rey Agamenón y Aquiles en la guerra de Troya y en la aventura de Odiseo, en sus diez años de travesía por los mares de regreso a Itaca, tienen a la mano estos tres textos, pues creo que es más fácil y placentero conocer mediante la lectura de un libro la vida mágica de estos caballos que buscarlos en las playas de Zihuatanejo.
También pueden leer en la literatura infantil aquella leyenda escrita en verso que cuenta. El origen de los caballitos de mar explicando que, como el Caballo blanco del corrido, salieron un día a galope por el litoral y cuando ya cansados se echaron sobre la arena del mar las olas primero los bañaron de espuma, alborotando sus crines, recordando en el acto que no sabían nadar, yendo a parar hasta el fondo del mar, donde la leyenda cuenta que Poseidón se enamoró de su belleza sin par, dándoles vida y poderse alegrar.
A la pregunta del público sobre las debilidades y amenazas que sufren estas miniaturas, el biólogo Carlos Candelaria abundó explicó que les afectó el cambio en la temperatura del mar por el llamado fenómeno del Niño, así como el huracán Otis que levantó olas de gran tamaño, afectando la vida de estos peces, pero sobre todo, su venta ilegal que es difícil de controlar. También dijo que es fácil localizarlos, pero se reservó el nombre de las playas donde abundan porque es una manera de protegerlos, pues aunque se han dictado medidas como la prohibición de extraer ejemplares menores a determinada talla, falta vigilancia para hacerla efectiva.
En esta plática se pusieron de ejemplo las desaparecidas especies como las almejas rojas que eran características de la bahía de Zihuatanejo y las langostas que cada vez son más pequeñas las que llevan al mercado, lo que obliga a esos ejemplares, según lo dicho por el biólogo, a reproducirse más tempranamente para preservar la especie como una respuesta de la naturaleza a un hecho que es efecto del mercado por su demanda de parte de los consumidores.
Se abundó en el caso de las almejas que todavía hace 20 años podían encontrarse en el fondo arenoso de la bahía que ahora han desaparecido completamente, explicando que la muerte de esta especie bivalvo antes abundante en la bahía inició con el avance de la capa de lodo proveniente de las plantas de tratamiento de la ciudad que las fueron ahogando y murieron en el fango.
Algo similar dice que pasó con los ostiones, que por fortuna, viven pegados a las rocas y al reducirse el proceso de contaminación de los lodos volvieron a crecer las poblaciones y ahora su extracción da ocupación a un grupo numeroso de buzos que se sumergen casi cotidianamente en las aguas de la bahía frente a la playa La Madera.

La CNTE y su objetivo principal

No debe ser fácil para los dirigentes magisteriales de la CNTE dirigir su organización gremial como un sindicato que busca las mejoras salariales y de trabajo para sus representados cuando en su interior existen grupos de tendencias diversas y radicales extremosos que exigen un comportamiento de esa corriente sindical como si se tratara de un partido político.
Desde la desproporcionada demanda de aumento salarial del cien por ciento, hasta la exigencia de que los atienda la presidenta el día que ellos quieran, cuando hay un diálogo abierto y las mejores condiciones para tejer acuerdos, parece que sus propuestas y actuaciones persiguen otros fines, más allá de los propiamente gremiales.
No debe ser fácil dirigir ese politizado gremio magisterial cuando cualquier avance en la negociación que anuncian los dirigentes siempre es repudiado por algunas voces altisonantes de sus bases que se atreven incluso a denostarlos bajo la pregunta de si ya les llegaron al precio.
Tampoco debe ser fácil para el gobierno de Claudia Sheinbaum mantener la calma y paciencia cuando después del trato cordial y atento que ofrece al magisterio para avanzar en las negociaciones mira que se desbordan los ánimos de esta corriente sindical llevando a las bases hasta posiciones tan radicales y sin sentido como la de bloquear el Palacio Nacional, impidiendo la entrada para la conferencia mañanera a funcionarios y periodistas, con el fin de impedir el informe diario de la presidenta a todos los mexicanos sobre la marcha del país.
La medida de fuerza empleada con la idea aislar físicamente a la presidenta tenía como pretensión doblegarla y mostrar su debilidad, o hacerla perder la ecuanimidad y responder intolerante y represora como los gobiernos anteriores, dando validez a la consigna fácil de la CETEG coreando: “Claudia decía que todo cambiaría, mentira, mentira, la misma porquería”.
Llegar al extremo de bloquear los accesos al Palacio Nacional y cerrar las principales avenidas de la capital del país con el aeropuerto internacional incluido, muestra que al interior de la CNTE hay corrientes con intereses más allá de lo gremial, y por eso delicados en la medida en que instrumentalizan a la organización de los maestros y se aprovechan de sus demandas para cumplir su propio plan, coincide con la derecha política que busca y festina que le vaya mal al actual gobierno porque carece de propuestas atractivas.
Lo hasta aquí escrito no deja de ser la primera impresión que le causa a quienes observan desde lejos solo la superficie del conflicto porque, en el fondo, el contenido que tiene la movilización de quienes integran la corriente magisterial disidente del SNTE es mucho más profundo, y viene desde lejos como la conducta más rancia del capital que busca hasta el último resquicio para expropiar lo que queda de su salario.
El conflicto parece complejo al observador común porque desgraciadamente el gremio magisterial no ha desplegado con suficiencia a voceros que expliquen la demanda central que enarbolan y en aras de simplificar y resumir todo, simplemente se refieren a derogar la ley del ISSSTE, sin explicar con claridad las razones.
Lo que cuenta Hugo Aboites el viernes pasado en su artículo sobre la situación de los maestros en la época porfirista, es revelador y tan actual que conviene leerlo. Dice que la investigadora Luz Elena Galván, dedicada a estudiar las cartas que recibió en los últimos dos años el dictador Porfirio Díaz, descubrió que de las 47 mil archivadas, la mayoría habían sido escritas por maestros que en esa época sumaban doce mil. Demandaban todo tipo de apoyo, desde el regalo de un saco para reponer el que estaba raído, hasta una plaza donde fueran necesarios sus servicios, pero la queja era común por el exiguo salario que recibían, siempre menor al que recibían los soldados, y señala que el pago de los maestros apenas era igual al salario de un jornalero. De ahí aquella frase denostativa de la carrera docente. “Estudia aunque sea para maestro”.
En la Ciudad de México, dice Aboites que a principios del siglo pasado el salario de un soldado era de 90 pesos frente a 40 pesos que ganaba un maestro.
Esa diferencia salarial entre los maestros y otros gremios constituye parte del menosprecio al trabajo de los docentes y por ende a los estudiantes. Sería una lástima que el gobierno del cambio regatee los mínimos derechos que los maestros demandan.
La reforma a la Ley de ISSSTE durante el gobierno de Enrique Peña Nieto fue un asalto en despoblado contra el salario magisterial que permitió que los organismos financieros se apoderaran del ahorro de los maestros. Una masa de capital que se calcula en siete billones de pesos, que representa el 20 por ciento del PIB y que desde entonces manejan las famosas Agencias Administradoras de los Fondos de Ahorro para el Retiro, que entraron en funciones con la reforma a la ley del IMSS, para el manejo individual de las pensiones a través de empresas privadas.
Con ese sistema de las Afores los maestros que se jubilan después de 58 años de edad, o de 56 si son mujeres, reciben un pago ínfimo mensual que no les alcanza ni para la atención médica que forzosamente tiene que ser privada porque en los hechos ni la cobertura ni la calidad del sistema de salud corresponden con el servicio que los maestros aportan a la patria mientras que las Afores el año pasado obtuvieron ganancias por un billón de pesos prestando el dinero de los ahorradores al capital productivo por casi 2 billones de pesos.
Seguir permitiendo el uso del capital social para beneficio privado resulta inadmisible y menos elogiar esa medida neoliberal que afecta el interés de los 2.9 millones de trabajadores afiliados al ISSSTE.
Los maestros tienen razón de inconformarse por la falta de atención a su demanda central y ven como una burla que, en vez de debatirla, el gobierno trate de evadir el tema otorgándoles una semana más de vacaciones que nunca demandaron, porque lo que quieren es asegurar su retiro.
Por eso la demanda de un aumento salarial del cien por ciento es equiparable a la reforma a la ley de pensiones.
Por lo demás, no creo que impedir la elección del nuevo Poder Judicial sea una amenaza seria y menos posible. Lo plausible es que los maestros movilizados hagan algo a favor de tantos capitalinos afectados, como facilitarles la gratuidad en el servicio del Metro, así como la toma de las casetas que cobran el peaje en las carreteras que salen de la capital del país con el mismo fin.
He dicho siempre que el magisterio debería ser tratado como un aliado indiscutible para la transformación revolucionaria del país y esa alianza tiene que ser resultado de un debate abierto con las autoridades para fijar las coordenadas de los compromisos en el ánimo compartido de replantearse también la autoevaluación y el contenido de la educación para hacerla realmente revolucionaria.

 

Una llovizna

El festejo de los maestros no tuvo el beneficio de la lluvia, se realizó bajo el intenso clima del calor y la sequía, pero con anuncios importantes del gobierno federal para mejorar su vida de docentes.
Ese sector laboral que debería ser y verse como el aliado natural para la transformación del país no ha visto satisfechas sus demandas aunque lucha denodadamente por ellas.
En Zihuatanejo después de la fiesta magisterial una llovizna resolvió la nublazón de la semana llevando humedad a los resecos cerros del anfiteatro y, aunque sirvió también para alborotar más el calor, fue un anuncio firme de que la temporada de lluvias está próxima y que debemos tomar nuestras previsiones.
Ahora, con cielo despejado, el puerto de Zihuatanejo sigue su vida normal recibiendo visitantes de fin de semana que llegan de la región del bajío en autobuses alquilados.
Ese espectáculo que da vida a Zihuatanejo se observa al inicio del fin de semana en el cruce de la plaza Kioto. Aquí en las mañanas se hace un atasco de tráfico debido a la cantidad de paseantes que bajan de los autobuses y estrangulan la calle esperando taxis.
El paseo matutino a la playa aprovechando lo fresco del día, ahora que amanece muy temprano, es siempre una aventura. Voy y vengo bajo la sombra de distintos árboles, frutales y de ornato que en estos tiempos de calor se valoran y extrañan.
Los árboles de mangos criollos, petacones y panameños que sobrevivieron a la urbanización de los setentas ahora son fuente de sombra y nido de pájaros en el centro de la ciudad y lucen sus frutos maduros y amarillos que caen y se despanzurran como huevos estrellados en el choque con el suelo.
En el paseo abundan los árboles de guamúchil que las barrenderas no quieren mucho por la cantidad de hojas redondas y pequeñas como monedas que caen y se pegan en el piso, inmunes a las escobas. Estos árboles muy guerrerenses que están terminando de producir sus vainas enroscadas atraen a muchas aves, entre las que sobresalen por su tamaño las chachalacas, tan grandes como los zopilotes pero garbosas, que vuelan y viven en pareja y se llaman una a otra con incisivo y peculiar estruendo, como si lijaran con sus uñas una lámina metálica. Por cierto que entre los caminantes se sabe de una persona que vive en la colonia El Hujal, aficionado a la caza, que sale a pasear a sus perros provisto de un rifle con el que dispara y mata las chachalacas, y se las echa a sus mascotas para que se las coman. Es una situación deleznable porque lo hace desde la más pura inconsciencia contra estas aves endémicas y orgullo de nuestra región, y no hay autoridad que lo amoneste y sigue causando indignación entre los vecinos.
Cosas del tiempo que no se detiene y que las plantas y árboles conocen más que nosotros, como los robles que para enfrentar el ambiente reseco cambian su verde follaje para enfocar su energía en la fortaleza de sus racimos de finas y delicadas flores lilas que en el árbol lucen como nubes pegadas de las ramas y luego tapizan el suelo como adorno que da lástima pisar. Algunos de estos robles de flores lilas y los primaveros que se distinguen por sus chillantes flores amarillas, ya están en la etapa de dar semillas porque después de florear producen unas vainas cuyo interior es un cofre de abigarradas y diminutas semillas provistas de alas que impulsadas por el viento vuelan largas distancias en busca de un poco de tierra húmeda que les ayude a germinar para nacer como nuevo árbol.
En el camino algunas veces encuentro a Duque, el perro negro de manchas blancas, viejo, gordo y cansado que su ama casi arrastra para que la siga.
Mientras tanto, pongo cuidado a los comentarios de los vecinos que llevan el recuento de las últimas y frecuentes balaceras nocturnas ocurridas en esta parte de la ciudad, con su cauda de heridos y muertos que nadie parece contabilizar, quedando a cargo de quienes escuchan los disparos, conocer y contar los pormenores de lo ocurrido, hasta donde les alcanza su imaginación.
Es un caso extraño en esta ciudad donde la Semar hace las veces de policía y su inteligencia sigue siendo rebasada por la violencia y este tema se vuelve el comentario obligado ahora que se habla de una supuesta lista de los políticos mexicanos que estarían en la mira del gobierno estadunidense por vínculos con los cárteles, designados ahora como terroristas, pero que debería verse como la estrategia de Marco Antonio Rubio, en su papel de secretario de Estado para crear zozobra y desgastar al gobierno de Claudia Sheinbaum para ablandarla frente a la rudeza de Trump.
Aunque la verdad es que sería verdaderamente temerario enlistar a personajes de la política exentos de relaciones y complicidades con algún bando del narco, pues hemos llegado a normalizar tanto este tema que hasta se nos hace natural que no haya aspirantes a candidaturas y cargos públicos sin que busquen y tengan el apoyo de esa fuerza poderosa e ilegal del narco.
Sin embargo, ese discurso de la cercanía de Morena con el narco viene desde la campaña de AMLO en 2018 y fue tan ampliamente difundido por la derecha que surtió el efecto contrario al esperado.
En el estado de Guerrero, cuando menos, la pretensión de asociar a Morena con el narco, en vez de alejar a los votantes de esa opción política, como lo quería la derecha, volteó a favor de AMLO a todos los electores que tenían cierta resistencia al cambio, convencidos de que si era verdad lo que se pregonaba desde el Prian, el triunfo de AMLO estaba asegurado.
Por eso ahora se ha convertido en una necesidad de su gobierno marcar distancia contundente con los cárteles para distender la relación con el gobierno de Donald Trump quien dice estar interesado en la salud de los jóvenes y en combatir su adicción a las drogas.
Claro que por otra parte la población mexicana sería beneficiaria indirecta de esa acción conjunta de ambos gobiernos por una causa común, por eso no debemos regatear los logros de este gobierno que posicionó en el discurso del vecino país el tema de las armas y su tráfico ilegal que fortalece y aumenta la letalidad y capacidad de fuego de los cárteles mexicanos.
El recuento de 11 mil armas decomisadas en la frontera en lo que va del año nos da idea de la magnitud del problema y manifiesta la veracidad de la queja que el gobierno mexicano ha presentado a nuestros vecinos buscando la eficacia de sus acciones.
Gracias al interés y cooperación de ambos gobiernos ahora hay un avance franco contra los generadores de violencia, restándoles su capacidad financiera, incautándoles sus recursos en infraestructura, laboratorios y droga y aprehendiéndolos.
Pero sigue pendiente la discusión del tema de la legalización de la droga como una forma de combatirla sin la letalidad que le conocemos, por eso resulta actual la experiencia que al respecto se desarrolló en Uruguay durante el gobierno del finado y recordado José Mujica con la legalización de la mariguana.
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Puerto Vicente Guerrero

Durante muchos años se conoció como Puerto Escondido porque solo accedían a él los habitantes de los pueblos vecinos que conocían las bellezas del lugar, pues aún estando tan cerca de la carretera federal, la entrada se perdía entre el laberinto de curvas peligrosas que ascienden el cerro Grande para llegar a las bahías de Papanoa, viajando del puerto de Acapulco en dirección a Zihuatanejo.
Cuando en 1984 se inició allí la construcción del puerto de altura, con el dragado y la construcción del fondeadero y las obras de atraque, Puerto Escondido adoptó el nombre del general insurgente don Vicente Guerrero y entonces se amplió y arregló el acceso y el camino, lo cual atrajo la vista de los paseantes pero no su acceso.
Pero al paso de los años, abandonado el proyecto del gobierno de José López Portillo, los pescadores locales y uno que otro aventurero, continuaron sus costumbres ligadas al mar, ahora resguardado por el apostadero naval instalado estratégicamente en lo alto de la loma que divide a las dos playas escondidas, y aprovecharon la infraestructura inconclusa para darle un uso productivo.
En casi 50 años la población pasó de 31 habitantes a más de 500, donde ahora tienen asiento siete cooperativas pesqueras, nueve restaurantes, dos hoteles y negocios que prestan servicios al turismo y dan ocupación a un centenar de trabajadores que con la iniciativa común de aprovechar las bellezas naturales han fomentado el turismo y creado un ambiente peculiar de paz y armonía que se complementa con la nueva cultura turística del cuidado del ambiente.
La seguridad de las obras que protegen del alto oleaje formando una amplia alberca para chicos y grandes, junto con las multicolores hamacas colgadas sobre la superficie marina, aprovechando la sombra de los muelles de restaurantes y enramadas, dan el toque especial a este lugar que se ha convertido en el más importante destino de playa en el municipio de Tecpan, incluso delante de bahías de Papanoa que lleva varias decenas de años sin poder despegar.
La transformación del puerto Vicente, ahora conocido nacionalmente por los torneos anuales de pesca deportiva que se organizan, aunque parece un milagro, no es gratuita. Tiene su origen en el objetivo común de sus habitantes por mejorar su nivel de vida a partir de sus propios recursos.
Aparte de la promoción activa del puerto Vicente Guerrero en las redes sociales, con el trabajo colectivo de sus líderes el camino se mantiene en buenas condiciones y se han organizado los servicios de limpia y recolección de basura que ayudan al aspecto que buscan los turistas, lo cual dice mucho de la conciencia ambiental y la calidad de los servicios. Todo eso con el apoyo mínimo del gobierno.
Es también la unidad de sus pobladores que cuidan por igual a vecinos y visitantes lo que genera una paz social que ahora es difícil de encontrar en cualquier parte del país. Eso potencia la iniciativa y la energía creativa que se ha despertado en la población local para impulsar nuevos proyectos turísticos como el avistamiento de ballenas, el buceo y el senderismo en los cerros vecinos y emblemáticos como el Mirador, el cerro Grande y el de La Bandera.
La incorporación de los estudiantes del CET del Mar, cuyo plantel vecino dispone de una de las más amplias y atractivas playas de la zona, es prometedor para emprender proyectos de desarrollo regional vinculándose con los prestadores de servicios locales.
Pero la vida alegre y ocupada de los porteños de Vicente Guerrero se ha visto de pronto interrumpida por acciones incomprensibles de autoridades federales que han provocado disgusto, coraje e incertidumbre entre los habitantes.
Todo comenzó hace dos semanas con la presencia de una brigada de trabajadores que llegaron al lugar con la intención de realizar mediciones de la zona federal donde están las enramadas y restaurantes, sin tener la delicadeza de buscar a las autoridades para informarles de dicha actividad, lo cual, como es natural, empezó inquietando a todos y días después esa inquietud se tornó en descontento porque a nombre de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente se repartió una circular sin firma, dirigida a cada negocio en la que se comunicaba a todos los ocupantes de la zona federal que debían desalojar.
El argumento, que nunca fue expuesto en la orden de desalojo, se conoció a trasmano señalando que se reanudarían los trabajos para la conclusión del proyectado puerto de altura con el que se pretendía también dar mayor seguridad a la zona y fomentar la pesca y la comunicación marítima.
Para enfrentar esa arbitrariedad los pobladores tuvieron que distraer sus ocupaciones y gastar dinero y energías para formar un comité de defensa que se diera a la tarea de buscar a las autoridades para conocer con certeza los planes del gobierno, pues a muchos les parecía risible el argumento de que al gobierno federal le interesaba la seguridad en la zona cuando sabe que son los propios pobladores quienes se ocupan de esa tarea, sin necesidad de que las autoridades gasten recursos para su cuidado sabiendo que otras partes del estado los requieren.
Al comité le llamó la atención que el supuesto interés en retomar la obra abandonada del puerto, ni siquiera haya sido notificado a la presidencia municipal, donde tampoco nadie supo informar del proyecto.
Entre la información filtrada por los propios funcionarios de la Profepa se dice que la circular sin firma, distribuida en los negocios ordenando su desalojo, fue solo una medida para conocer la reacción de los amenazados, y de ninguna manera algo real.
Lo anterior enardeció los ánimos de todos los pobladores quienes acordaron resistir y enfrentar las amenazas del gobierno federal denunciando la arbitrariedad de los funcionarios que provocaron caos entre la población.
El problema llegó ya a oídos de la presidenta Claudia Sheinbaum de visita al puerto de Acapulco donde un centenar de los afectados se trasladó para denunciar con mantas y pancartas lo sucedido en su tierra.
Fue el subsecretario de Desarrollo Político y Social del gobierno del estado, Francisco Rodríguez Cisneros, quien tras entrevistarse con los que lideraban la protesta, les ofreció establecer una mesa de trabajo para tratar el caso.
El presidente del comité de defensa del puerto Vicente Guerrero, José Martínez Espino, demandó respeto para los más de 500 habitantes afectados y escuchó al funcionario estatal decir que un día antes había hablado con el comandante de la Octava Región Militar, Ramiro Lobato, quien le habría informado que no hay ni una orden de desalojo y tampoco pretensión de construir en el lugar una base naval.
La protesta surtió efecto y mostró públicamente la falta de comunicación entre autoridades, igual como sucedía antes con el gobierno neoliberal, cuyos funcionarios ejercían el poder sin importarles pasar por encima de los derechos ciudadanos. Veremos si hay castigo para ellos.

 

Zedillo, de la tiranía a la democracia

Se dice fácil pero son ya 25 años del gobierno de Ernesto Zedillo. En realidad nada para estarlo recordando, salvo por la enorme deuda de 73 mil 775 millones de pesos que su gobierno usó para rescatar a los banqueros cuando el efecto tequila de la crisis requirió de respaldo para el ahorro de sus clientes, un préstamo que convirtió las deudas privadas en públicas.
Ahora sabemos que el ex presidente pactó con el gobierno estadunidense un préstamo por 40 mil millones de pesos bajo la condición de que le entregara el poder al PAN. Esa es la democracia en la que cree el ex presidente, la que pactan las élites y los electores acepten dócilmente.
Muchos priístas no lo supieron entonces pero ese presidente al que encumbraron tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio, fue quien entregó el poder a la derecha. Bueno, eso es un decir porque más bien se trató de una connivencia en el poder con el PAN porque Vicente Fox siguió el mismo modelo de favorecer a los de arriba llevando a priístas como Francisco Gil Díaz al puesto clave de la Secretaría de Hacienda.
Cuenta en sus memorias Francisco Labastida, entonces candidato priísta perdedor frente a Vicente Fox, que, a propósito, Ernesto Zedillo le entregó un partido quebrado financieramente, se entiende que para facilitarle el triunfo al panista. Claro que Labastida no dice que para financiar su campaña saqueó a Pemex con un desvío de 500 millones de pesos por intermediación del sindicato petrolero, lo que a la postre le ocasionó una multa al PRI de parte del IFE por mil millones de pesos, y sin haber ganado porque el resultado de la votación ya estaba decidido. El tirano Zedillo ganó con el triunfo de Vicente Fox.
Así, sacrificando a su candidato el presidente pudo tener contento al poderoso vecino, rescatando a los banqueros.
Claro que ahora que se pone de moda el tema del Fobaproa al grado que tendrá una comisión para investigarlo, salen nombres a la luz de personajes ligados a Morena a los cuales no habrá que perderlos de vista por aquello de que debería prohibirse su participación en política de aquellos acostumbrados a los negocios.
La deuda del rescate bancario llamado Fondo Bancario de Protección al Ahorro, mejor conocido como Fobaproa fue propuesta por el gobierno de Ernesto Zedillo y aprobado por los partidos PRI y PAN en el Congreso, y desde entonces se ha cubierto más del 50 por ciento del dinero destinado al rescate de los ricos sin que la deuda disminuya. Hasta septiembre del año 2023 se había pagado por concepto de intereses y gastos de administración, un billón 813 mil millones de pesos, pero como su aumento se determina por el tiempo y la inflación todo indica que seguiremos pagando durante varias generaciones mucho más dinero del que se gasta en financiar todos los programas sociales.
Esos dos ex presidentes, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo encarnan lo que explicaba López Obrador cuando insistía en que Estados Unidos descubrió que era más fácil tener el control de México a través de la educación ideológica de los jóvenes ambiciosos que estudiaban en sus universidades en lugar de gastar en la formación de oficiales en la academia militar de West Point para dar golpes de Estado. En adelante el trabajo a favor del capital y dominio imperialista esos jóvenes lo harían desde el gobierno. Carlos Salinas estudió en Harvard y Zedillo en Yale, excelentes empleados de Washington.
¿Por qué otra cosa podríamos recordar aquel presidente que llegó a la cumbre del poder a raíz del asesinato de su correligionario Luis Donaldo Colosio, impuesto como candidato para sustituirlo por la mano de Carlos Salinas de Gortari en una consagrada maniobra donde nada tuvo que ver el voto democrático de los priístas?
¿Por qué el ex presidente aparece un cuarto de siglo después en el país criticando la iniciativa de elegir el nuevo Poder Judicial acusándola como una medida autoritaria cuando él en enero de 1995 de manera autoritaria jubiló y despidió a los 26 miembros de la Suprema Corte de Justicia porque eran adictos a Carlos Salinas de Gortari, nombrando a su gusto a los nuevos miembros de ese poder?
Zedillo no tenía carisma, era autoritario y ni siquiera sabía tratar a la gente común. Aparte era déspota y sin chiste. ¿Se acuerdan de aquella visita al puerto de Acapulco después del huracán Paulina, mal tratando al senador de la república guerrerense porque quiso hacer uso de la palabra en su conferencia de prensa y luego cuando hizo mofa de un niño al que cuestionó preguntándole si de grande quería ser como Félix Salgado Macedonio?
Bueno, pues ese mismo presidente en una gira por Veracruz calló agresivamente a una persona porque reclamaba la falta de ayuda oportuna por parte de su gobierno ¡Cállese –le gritó–, no me interrumpa, porque yo soy el único representante de los 93 millones de mexicanos”.
¿Se acuerdan que un año después del levantamiento armado del EZLN cuando los mexicanos nos manifestamos en las plazas públicas por una salida negociada del conflicto para que se preservara la paz, el gobierno zedillista pretendió engañarnos dando un golpe de mano al ordenar la aprehensión del subcomandante Marcos con el argumento de que se había descubierto su identidad, sin importarle que esa decisión hubiera provocado una guerra civil?
La lista de sus yerros podría crecer si hacemos memoria de la represión contra los movimientos populares únicamente enlistando lo sucedido en Guerrero durante su gobierno, como la matanza de campesinos en Aguas Blancas, el ataque en El Charco asesinando a indígenas desarmados.
¿Estará indignado Ernesto Zedillo porque el actual gobierno busca recuperar la red de ferrocarriles que él liquidó?
¿Pensará que está en riesgo la pensión vitalicia que le concedió el Banco de México de casi 150 mil pesos mensuales que recibe sin pudor?
Por eso insisto que quizá lo más sano para la república fuera prohibir a los ex presidentes opinar sobre la vida nacional y que cada quien se atenga a que sea la historia la que los juzgue.
Pongo como ejemplo la libre decisión que tomó Andrés Manuel López Obrador de guardar silencio y jubilarse de la política al terminar su mandato para que sea la historia quien lo juzgue.
Para quienes tengan interés en conocer más a fondo la limitada formación política de Ernesto Zedillo tendrán oportunidad de hacerlo leyendo la casi desaparecida revista de Enrique Krauze, Letras Libres, donde el ex presidente se estrenó con un ensayo cuyo título De la democracia a la tiranía, bien podría leerse al revés.