Las dificultades de la izquierda

Junto con el festejo conmemorativo del 212 aniversario de la instalación del Primer Congreso de Anáhuac en la catedral de Chilpancingo, donde se leyó el histórico legado de los Sentimientos de la Nación de don José María Morelos, se conoció en ese mismo día la presentación de un documento político denominado Sentimientos del Sur en cuya elaboración habrían participado quienes lideran dicha organización con carácter de movimiento, entre ellos Eloy Cisneros Guillén, y dirigentes de organizaciones locales, convocando a la unidad de la izquierda para participar en las próximas elecciones del 2027 con candidatos propios.
Sus presentadores justificaron esa decisión tan temprana de elegir candidatos propios con el argumento de que Morena ha privilegiado para los cargos de representación popular a personajes indeseables que han sido la causa de la división de la izquierda y el desencanto de muchos militantes que se han alejado de la actividad política al ver que se repite la misma historia contra la que ellos lucharon.
Desde el punto de vista del movimiento emergente, los dirigentes de Morena han cometido el error de poner en esos cargos a quienes solo se interesan en su beneficio personal sin fijarse que dicha acción perjudica a la izquierda y crea en su interior a su propio enemigo dotándole de recursos y poder para actuar haciendo equipo con quienes los pusieron en el cargo, con los cuales coinciden que lo principal es mantenerse en el poder.
Ese hecho es lo que explica que en Guerrero tengamos una burocracia dorada integrada por personajes inútiles e incapaces pero obedientes con sus jefes, todos con el objetivo de aparentar que no hay problemas o que estos se resuelven, aunque cada día afloren con mayores dimensiones y por todas partes.
Yo agregaría como ejemplo de lo antes dicho, los bloqueos reiterados a la Autopista del Sol, las manifestaciones de maestros por falta de pago y de los colonos por la falta de servicios, sobre todo en Chilpancingo donde el cierre de calles es tema de todos los días, sin mencionar los delitos que se callan como el de extorsión que según los datos del Inegi superan los 200 mil casos el año pasado y cuyas denuncias no llegan a las autoridades por desconfianza.
En el futuro inmediato las organizaciones que impulsan este movimiento ven que el senador Félix Salgado Macedonio hará su capricho de candidatearse para suceder en el cargo a su hija Evelyn, lo cual, aparte de reproducir el nepotismo contra el que lucha Morena, dicen, pone en riesgo al gobierno de la 4T porque se estarían creando las condiciones para que la izquierda llegue dividida y entregue el poder a la oposición, porque sostienen que el senador no es garantía de unidad.
También sostienen que el gobierno actual de Morena es una nulidad porque desconoce la realidad de Guerrero así como los problemas acuciantes de sus habitantes, y que se sostiene en el cargo solo por las bondades de los programas que alienta el gobierno federal en la entidad.
Los autores de Sentimientos del Sur critican también que Morena ha limitado la lucha democrática a la cuestión electoral y que ahora son las candidaturas la única razón de su existencia, como sucedió con el PRD que terminó en la debacle, aunque en su propuesta de presentar candidaturas desde ahora parecen reproducir el mismo mal que critican.
Este último punto es quizá el más desafortunado de su diagnóstico porque ciertamente la lucha democrática tiene como objetivo central lograr el piso parejo para que en una sociedad se exprese y se escuche la opinión de todos, mirándose como iguales, (cada ciudadano un voto) o como decía Andrés Manuel López Obrador, la democracia es el gobierno del pueblo que se expresa a través de las urnas, y esa es la legitimidad que tiene un gobierno cuando llega al poder. Pero de allí en adelante nadie distinto de los que gobiernan, responde por su conducta porque para ser íntegros y consecuentes entre su pensar y su actuar solo los personajes excepcionales como López Obrador quien dedicó su vida a luchar por la organización y toma de conciencia de los mexicanos recorriendo varias veces el país para escuchar la opinión de sus habitantes y luego gobernando la capital como ensayo de lo que después aplicó en todo el país.
Insisto en que es un error la idea de que un buen gobierno se da en automático ganando limpiamente una elección, si no llega dotado de un conocimiento claro de la problemática y necesidades de la población, con una estrategia inteligente para atacar dichos problemas, evaluando a cada paso su evolución para no perder el rumbo, lo cual no sucedió con el triunfo de Morena en Guerrero porque esperar que por el solo hecho de que la 4T asumió el poder en el país los problemas en los estados se terminarán, eso es ilusorio, y más en nuestro estado con un gobierno inexperto.
Por eso me parece patético que se quiera ver en la democracia el punto de llegada en materia de buen gobierno y no el de partida para que la sociedad aprenda a gobernar desarrollando los mecanismos para la organización y participación en debates sobre los temas relevantes donde afloren las mejores ideas, sin esperar que por sí sola la democracia resuelva todo. Veámonos en el espejo de los argentinos que votaron a favor de Javier Milei.
Como he dicho, la democracia no lo resuelve todo. Por eso es una pérdida de tiempo andar buscando candidatos cuando la sociedad no está organizada ni se plantea participar directamente en el gobierno, quedándose en la democracia representativa que significa dejar únicamente en sus representantes la facultad de tomar decisiones cuando la realidad exige pasar al otro nivel que se conoce como la democracia participativa y que consiste en que la población organizada tome las decisiones sobre el ejercicio del gobierno y del presupuesto que ahora desde los más pobres ayuntamientos casi se iguala en salarios con los diputados y los funcionarios estatales reproduciendo lo que tanto criticaba AMLO, gobierno rico frente a pueblo pobre.
Por eso más que andar buscando candidatos deberían centrar su práctica en la organización popular.
Por otra parte, los hechos recientes con relación a la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum nos ponen a la vista que en el estado se están reproduciendo mecanismos de manipulación y acarreo tan propios del priísmo como para dar escalofríos, ahora procedentes de nuestra máxima casa de estudios convertida en un estanco caciquil y sus estudiantes en fácil masa manipulable a gusto e interés del rector que dispone a su antojo del presupuesto público para movilizar a contingentes de universitarios a gusto de la gobernadora para impresionar a la presidenta de la república en un apoyo mutuo para que Guerrero quede asegurado como bastión de la 4T sin mayor cambio en la situación de desesperanza que se vive casi generalizadamente.
Para colmo, durante esa visita fuimos testigos de la prepotencia de un agente adscrito a Comunicación Social de la Presidencia que agredió físicamente nada menos que al director de Radio UAG y corresponsal del periódico La Jornada, Sergio Ocampo, quien junto con los periodistas enviados a cubrir la visita, terminado el acto, quiso salir del corral donde los tenían confinados, encontrándose con la actitud grosera y prepotente de Ruslán Aranda que sin conocer la relevancia del trabajo de la prensa golpeó en la cara al periodista ante la presencia del funcionario estatal responsable del Fondo de Apoyo a Periodistas del gobierno del estado, Sergio Ferrer.

 

El 16 de septiembre

Un 15 de septiembre recuerdo que la lluvia en mi pueblo fue torrencial y la creciente del río memorable. Desde la orilla veíamos el espectáculo de la fuerza de la corriente arrastrando árboles y animales.
El rumor del río crecido y su enorme caudal de agua que llevaba era como el respiro de un animal mitológico. Era increíble el ruido de las piedras al rodar que la corriente arrastraba chocando unas con otras.
Los enormes tumbos formados por tanta agua me causaban fascinación y terror, con el embeleso del vértigo que te marea y puedes caer.
La creciente del río era parte de la fiesta en el pueblo. La gente se juntaba en las bocacalles para mirar el espectáculo de la corriente impetuosa y para ser testigo de cualquier incidente relacionado con la crecida del río, como las personas que se atrevían a cruzar sin mirar las consecuencias, hasta quienes llegaban a salvar del ahogo a algún animal con una lazada.
De orilla a orilla nos veíamos y saludábamos los amigos como si hubiera pasado mucho tiempo sin vernos, ellos del lado del pueblo y nosotros en la colonia Españita, aislados por la creciente que a veces solía tardar días para poder cruzar el río.
Pero el 16 de septiembre amaneció limpio el cielo y alumbrando el sol, todo el ambiente propicio para el desfile escolar recordando que nos convertimos en un país libre gracias a quienes siguieron al cura Miguel Hidalgo al grito de ¡A coger gachupines!
Era curioso el festejo de las fiestas patrias en mi niñez porque después del desfile se realizaba el simulacro de la guerra de conquista. No sé por qué los días de conmemoración eran de ese modo, porque el Grito de Independencia fue casi 300 años después de la conquista. Pero en mi tierra, sin ocuparnos entonces de esas imprecisiones de las fechas, lo que nos urgía durante la ceremonia del desfile era escuchar la voz de “romper filas” para correr cada quien buscando en las calles al bando que nos simpatizara.
Cada bando tenía su reina, la India y la Española, las dos montadas a caballo, seguidas de su séquito y sus partidarios. La Española con elegante traje y silla de montar su caballo, seguida por un grupo numeroso de jinetes.
La India como en las películas del Oeste, montaba a pelo y sus seguidores andaban todos a pie, vestidos con tapa rabos, pintarrajeados de la cara y con penachos de plumas comunicándose con un caracol, mientras los hombres de a caballo lo hacían con un cuerno.
En las batallas cada bando trataba de “avanzar” la reina al otro y ahí se producía la escaramuza. Los indios intrépidos trataban de derribar a los jinetes, para lo cual saltaban ágilmente a las ancas de sus caballos y trataban de derribar a su jinete, mientras que los españoles lo hacían a lazadas contra los indios, y cuando lograban atrapar alguno, lo llevaban arrastrando por la calle.
Así pasábamos el día y al final se hacía recuento de los daños y de los prisioneros para deducir cual de los dos bandos había ganado.
Así era en nuestro pueblo el festejo patrio de que enfrentó a los conquistadores españoles con los aztecas o mexicas. La conquista y el desfile eran como La guerra y la paz, recordando a la novela de León Tolstoi.
Cuento de memoria lo que recuerdo de esos días en Quechultenango para reflexionar sobre la realidad que viven los pueblos originarios en toda América, dueños de tierras, minas y bosques y luego despojados de todo por la codicia que no parece tener límites, por eso, como decía el escritor uruguayo Eduardo Galeano, en vez de recordarla como el Encuentro de dos Mundos, debería ser la celebración de la resistencia indígena contra el conquistador que le quitó, además de sus riquezas, su propia religión, haciendo que se avergonzaran hasta de su lengua.
En mi pueblo aquella tragedia que trajo la conquista tampoco terminó porque en nuestra sociedad siguió prevaleciendo la conducta y el pensamiento de los conquistadores. Por ejemplo, ahora que en la cabecera se asientan pueblos completos cuyos ancestros fueron desalojados, todavía se encuentran expresiones de malestar y de miedo porque ahora “son los indios los que mandan”.
Pero aún está lejos de cambiar su situación porque debido al acoso contra su cultura y a las agresiones físicas todos los pueblos, amuzgos, tlapanecos, mixtecos y nahuas huyeron a las regiones inhóspitas de donde salen solo por necesidad buscando empleo para su sobrevivencia, siempre viviendo en la periferia ocupando los peores y mal pagados empleos, sin derechos laborales y vejados permanentemente.
De manera peyorativa a sus pueblos se les llama cuadrillas y como ofensa y menosprecio se les dice cuadrilleros.
La gente se ríe burlonamente de los indígenas cuando no hablan bien el español sin pensar en que ellos para entenderse con nosotros tienen que dejar a un lado su lengua, porque generalmente son bilingües y nosotros apenas trabajosamente somos monolingües.
Las ciudades con sus modernos edificios fueron construidas por ellos que murieron sin tener un cuarto digno para sus familias, a pesar de su trabajo arduo pero mal pagado.
No sé si también en Acapulco, pero en Zihuatanejo en las décadas 80 y 90 del siglo pasado, durante la época de mayor bonanza económica, llegaban cientos de indígenas de la Montaña para emplearse como peones de albañil y era común que los días de raya a los policías municipales se les dejaran manos libres para cobrar su salario asaltándolos a la salida de la obra donde les pagaban.
-No sabía cómo hacían los policías para reconocernos, me decía un amuzgo, hasta que me di cuenta de que nosotros nos delatamos porque cuando vamos por la calle caminamos uno detrás del otro, baboseando los edificios, me repetía con candor.
Toda la historia de la industria de la construcción y de los llamados polos de desarrollo está llena de injusticias. Y frente a esa realidad que aún no ha terminado muchos se preguntan cuál es el secreto de su resistencia.
A pesar que desde 1994, convertidos en fuerza militar en el EZLN nos echaron en cara el olvido de su existencia vivimos dándoles la espalda. Y es que desde la conquista los pueblos originarios han vivido en resistencia, porque todos los sucesivos gobiernos, salvo excepciones como en el tiempo del cardenismo, todos han actuado como los conquistadores y en Guerrero donde son el 15 por ciento de la población han tenido que enfrentar la más detestable conducta de los gobernantes
En su artículo publicado en este periódico el fin de semana, el activista Guillermo Álvarez Nicanor nos recuerda la represión, sin causa ni motivo, que sufrieron cuando festejaban el tercer aniversario de su organización Movimiento 500 años de Resistencia Indígena.
Él mantiene fresca la memoria y nos cuenta cómo una manifestación pacífica de alrededor de 200 indígenas fue brutalmente reprimida por la policía comandada por el militar Manuel Moreno con la policía montada y la antimotines provistos de picanas, macanas y chicharras eléctricas.
Esperaban la llegada de mil, pero la policía los detuvo en Zumpango y Petaquillas, gracias a eso no hubo más que 49 lesionados y uno al borde de la muerte según consta en el informe de la comisión de derechos humanos.
Era el año de 1994, el mismo del levantamiento zapatista, y contra esa gente inerme el cacique gobernante de entonces, Rubén Figueroa Alcocer, se ensaño y ensayó lo que al año siguiente fue la represión contra los campesinos de Aguas Blancas y luego la de El Charco.
Esa fue la era represiva de los gobierno del PRI, y por eso cualquier acción del actual gobierno a favor de los pueblos originarios, aunque es poca para reparar tanto daño de tantos años, merece un aplauso y reconocimiento esperando que sea la 4T quien les haga justicia.

 

Morena, la esperanza de México

Desde el triunfo de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, se pensó en la importancia de crear un partido como el organizador y educador político de sus afiliados, en la idea de construir un nuevo régimen en el que se complementaran el partido y el gobierno donde las masas fueran las actoras principales en la lucha por alcanzar la igualdad con justicia y el desarrollo sin marginación.
Y como para garantizar el triunfo y el respeto de la voluntad popular se ocupó de alianzas con personajes y partidos que no eran de la total coincidencia con los cambios propuestos. El “aluvión” le llama Paco Ignacio Taibo II a ese caudal de priístas que lograron colarse a Morena cuando se dieron cuenta del inminente triunfo de Andrés Manuel López Obrador. Ese costo que se tuvo que pagar con candidaturas y cargos, es lo que está desdibujando a Morena quitándole el filo que lo hacía atractivo.
El impacto negativo de ese lastre se comenzó a manifestar a partir de las elecciones de junio del 2024, en la integración del gabinete presidencial y en el Poder Legislativo, y después en la elección de la dirección nacional de Morena.
En esos dos temas radica la crítica y autocrítica ejercida por Eduardo Cervantes Díaz Lombardo, formador de cuadros políticos de Morena y miembro fundador del PMT, quien desde finales de los años setenta realizaba trabajo de educación y organización popular en Ciudad Nezahualcóyotl en el Valle de México.
Eduardo ha sido un militante de izquierda congruente que con su ejemplo ha creado liderazgos que son los que se requieren para avanzar sin titubeos en la transformación social y económica que ha decidido la mayoría de los mexicanos, por eso tiene validez y conviene que nadie se quede sin conocer su intervención en el video de la Chilanguera donde en menos de diez minutos dibujó la realidad preocupante que está viviendo tanto el partido como su gobierno.
Certero en el ejercicio de su derecho a la crítica ha apuntado las desviaciones de Morena y asegura que dicho proceso inició desde la elección distrital de los dirigentes para el Congreso Nacional y luego el Consejo de Morena, asegurando que se dejó que los gobernadores y funcionarios de gobierno manosearan el proceso que degeneró en la repetición de una experiencia priísta, ni más ni menos, con acarreo y ofrecimiento de dádivas.
Eduardo Cervantes, como muchos morenistas, mira con preocupación el avance de esos lastres para las elecciones del 2027 sin que el partido resuelva casos que son ejemplarmente repeticiones del régimen prianista como el que involucra nada menos que al ex secretario de Gobernación, Adán Augusto López con la organización criminal de La Barredora en Tabasco cuando uno de los objetivos del gobierno del cambio era garantizar paz y seguridad yendo a la raíz del problema, con oportunidades para los jóvenes y el combate a los ahora llamados “generadores de violencia”.
El riesgo de que Morena, el mayor partido de América Latina, se convierta en un partido electorero como el PRI, es tan grande como el que cometió el PRD cuyo activismo a favor de las causas populares devino en un campo de batalla por las candidaturas, consumiendo en eso la energía que bien podría haberse usado para realizar los cambios que verdaderamente importan.
Ahora hasta se han puesto de moda las candidaturas con personajes llamados híbridos, dizque para asegurar la gobernanza como quieren ver aquellos que se preocupan mucho porque la derecha mexicana se ha quedado casi sin partidos y sin líderes, como si fuera obligación de la izquierda conseguírselos.
Es la repetición de esas prácticas de la vieja política lo que está desinteresando a los seguidores de la 4T porque se sienten defraudados y frustrados cuando descubren que ocupan puestos tan importantes simuladores como Mario Delgado el secretario de Educación y Gerardo Fernández Noroña, el ex presidente del Senado, por sus millonarias posesiones inmobiliarias.
Frente a ellos se requiere una enérgica postura de su dirigencia que no dé cabida a casos de excepción y de impunidad. Ninguno de los tres debería tener lugar en Morena, y menos salir en su defensa frente a los medios de comunicación tradicionales bajo el argumento de que son de derecha y enemigos de la izquierda.
En Guerrero Morena debe ser un partido ejemplar contra el arribismo y el aspiracionismo, que sus afiliados vean al partido como una escuela de politización que genere el cambio, no con militantes con aspiraciones de dinero y poder, sino solidarios, dispuestos siempre a defender al desvalido.
Por eso es importante que no se repita el modelo priísta de la organización del partido en los comités seccionales para movilizarlos solo en tiempo de elecciones, ahora con el agravante de hacerlos depender de los llamados “mentores” que serán como sus dueños, encargados hasta de pagarles los gastos que tengan en sus reuniones dejando de lado las experiencias de la izquierda de los comités de base y células de organización, capaces de actuar dentro de su esfera de influencia con absoluta libertad.
Por eso nada podrá justificar en el 2027 que se repita la variopinta que emanó de la elección del 2024 de la que solo cinco gobernadores de 23 han sido militantes del Movimiento de Regeneración Nacional, el de Sonora Alfonso Durazo, de Campeche Layda Sansores, de Veracruz Rocío Nalhe, de Morelos Margarita González Saravia, y la jefa de gobierno de la capital del país, Clara Brugada; el resto son todos priístas, portadores de la vieja cultura política que fue echada a la basura de la historia que ahora algunos quieren rescatar.
Y aunque no creo que los mexicanos partidarios de Morena estén pensando en un partido de santos, considero que no se debe pasar por alto que todos los que lleguen a ocupar cargos de elección popular y empleos del gobierno, están obligados a seguir una conducta ejemplar.
Morena es la aspiración de los mexicanos para cambiar toda la práctica política que nos dejó en la inopia, por eso la humildad frente al aspiracionismo debe ser una práctica permanente de los políticos de nuevo cuño. No santos, solo austeros, humildes y solidarios.

 

El Tepozteco

El pueblo de Tepoztlán me gusta por luchón. Desde hace muchos años sus atractivos naturales han sido codiciados para el desarrollo de fraccionamientos lujosos y campos de golf chocado con un pueblo que ha sabido defenderlos para el provecho de todos, por eso debemos estar agradecidos con ellos y disfrutar como turistas cuando tengamos oportunidad de visitarlos.
Siempre es un placer venir a Tepoztlán con sus calles empedradas y su traza al estilo colonial, con su imponente iglesia en el centro y su extenso atrio bardeado. Abundan los puestos de comidas y bebidas en todo el pueblo donde los vecinos han aprovechado la ventaja de alquilar sus patios para el estacionamiento de autos con una cuota generalizada de 150 pesos por el día.
Cuando usted tenga oportunidad de visitar este pueblo mágico le invito a que incluya en su recorrido el mercado central que tiene dedicado un andador frente al jardín y el palacio municipal para los campesinos que llevan a vender su cosecha de frutas como duraznos, zapotes, granadillas, manzanas, y semillas de frijol en sus distintas variedades para una infinidad de guisos, maíz de todos colores exhibidos en sus mazorcas, calabazas crudas y en conserva, con sus semillas de muy distintos tamaños, y plantas medicinales, alimenticias y de ornato.
Tepoztlán se ha especializado en la producción de tortillas de maíz local o endémico que siempre conviene saborear. Los famosos tlacoyos e itacates, junto con las gorditas fabricados con masa de maíz y manteca de cerdo, con los elotes hervidos y asados son los principales productos con sabor único, nutritivos, frescos y baratos.
Una calle de tres cuadras, en el costado derecho de la iglesia es ocupada sábado y domingo por tianguistas propios y venidos de fuera que son uno de los principales atractivos donde se encuentra ropa típica de fabricación artesanal, manteles tejidos, artículos de piel como bolsas, chamarras y cinturones, joyería, trastes de madera, bisutería, medicinas milagrosas, adivinadores de la suerte, pan integral, bebidas preparadas, amuletos y perfumes esotéricos.
La calle para ascender al cerro es la más larga y saturada de gente y no sé bien si los miles de turistas que suben lo hacen a sabiendas de lo que les espera o porque buscan estar en contacto con la naturaleza, o solo medir su condición física. No me imagino que lo hagan para pagar una manda y tampoco creo que todos lo hagan por curiosidad, pero supongo que la mayoría lo hace por el deseo de diversión compartiendo con familiares y amistades la experiencia un poco extravagante de caminar casi de manera vertical por un sendero difícil, hecho de piedras lizas y filosas, saturado de cientos de personas, hombres y mujeres de todas las edades todas con el propósito firme de subir hasta la cima, alentados por los que van delante y acicateados por los que vienen detrás.
Pero ya encaminados, con el sudor y el temblor de corvas, respirando con dificultad y casi disneicos por la subida tan empinada y prolongada, todos los caminantes tienen tiempo de reflexionar y de mirar su entorno de manera distinta a cuando uno camina en el plan.
El discurrir del agua por la barranca, el canto del cenzontle, el vuelo del aguililla o el paso vertiginoso de una huilota lo hacen sentir a uno minúsculo pero más vivo y viril dispuesto a rebasar a todos para ser el primero en llegar a la cima. En resumen, es una experiencia única porque nadie que suba al Tepozteco regresa siendo la misma persona. A todos nos cambia ver la grandeza de una de las culturas prehispánicas que crecieron por encima de sus cabezas en el ánimo de alcanzar el cielo.
El año pasado, en diciembre, a la edad de 71 años subí al Tepozteco sin problema acompañando a Yuri y Gael, mi nuera y mi nieto, quienes estaban deseosos de conocer y vivir la experiencia. Entonces había poca gente, un poco más de mil según el reporte de quienes venden los boletos para acceder a la pirámide, por eso en el retorno batimos récord porque en 45 minutos estábamos en el pueblo.
A principios de agosto del presente año volvimos a este lugar y la verdad no tenía mucho interés en repetir la hazaña con un año más de edad, pensando en la conveniencia de mejor ser recatado y cuidarse de los riesgos, pero cambié de opinión cuando en la noche del sábado escuché el reto de Valentina con sus tíos. Mi nieta de 17 años, de una esbeltez envidiable aunque alejada del deporte, que solo ha practicado de manera intermitente tenis, ciclismo y natación, ganándose con ello el sobrenombre de Fina, dijo que estaba dispuesta a subir el cerro si se le cambiaba el apodo y si le cumplían su antojo de comprarle una gran bolsa de papas doradas y picantes. Por eso con la apuesta de subir hasta la cima a costa de lo que fuera, organizamos todo como parte de mi festejo de cumpleaños y al día siguiente viajamos de Cuernavaca al pueblo mágico con el reto de subir los cuatro al Tepozteco mientras madre, abuela y hermana nos esperaban en el pueblo.
Emprendimos el ascenso todavía con la humedad de la lluvia de la noche anterior disfrutando la frescura que da la sombra de los pinos, encinos y ceibas que pueblan el camino. Solo nos arrepentimos del día escogido porque nos enfrentamos a una peregrinación multitudinaria de cientos de personas, todas dispuestas a subir al mismo tiempo y por eso convertidas en un gran obstáculo para avanzar. Nada que ver con la fluidez de la vez pasada.
Pero conociendo el secreto de subir ajustados a nuestro ritmo para evitar la respiración agitada, no tuvimos ningún problema en el camino. Valentina llegó a la cima tan fresca que pasó de largo el confinamiento de los tejones que esperan algo de alimento de los paseantes. Así llegamos directo hasta la pirámide para subir uno a uno sus angostos peldaños para cumplir con el ritual de recibir la energía universal que allí se concentra.
Cuando emprendimos el retorno el obstáculo mayor siguió siendo tanta gente en el camino, por eso entre avanzar y detenerse en la bajada a Valentina le comenzaron a temblar las corvas hasta que entendió que debía ajustar su ritmo a los que iban adelante.
Y en seguida el ánimo mejoró cuando la señora a la que seguíamos comentó con su familia, satisfecha de haber subido, que ya olía la pancita guisada que la esperaba en el almuerzo.
Cuando llegamos al pueblo hicimos cuentas de que para llegar a la pirámide viniendo desde el nivel del mar, subimos 2 mil 310 metros en casi una hora, por eso todos festejamos por la subida y bajada sin mayores contratiempos, y viendo a mi nieta sin ninguna afectación por el esfuerzo quedé más convencido de que es real que en la cima del Tepozteco el cuerpo se carga de energía.

 

Parque Nacional Lagunas de Zempola

El tema de conocer el Parque Nacional Lagunas de Zempoala surgió de la plática sobre cómo vincular los recursos naturales con el turismo para beneficio de quienes viven allí. Lo anterior como impacto de la campaña propagandística oficial que se escucha como la gran fiesta nacional a que nos convocan las vacaciones de verano para entretener a los millones de extranjeros que han llegado al país.
Y es que, guardando las diferencias en la distancia, el atractivo de ese lugar es similar al de Zihuatanejo que puede competir con su clima cálido e incomparable litoral, que cuenta ahora con un Área Natural Protegida, de más de 700 hectáreas que bien haría que la sociedad organizada se pudiera incorporar a su cuidado y conservación y también al aprovechamiento.
Si bien Huitzilac y Ocuilán, los municipios de Morelos y Estado de México donde se localizan las bellezas naturales de lagunas y bosques tienen cercanía con la Ciudad de México, para los paseos de fin de semana, en Ixtapa y Zihuatanejo hay un creciente y constante flujo de visitantes de toda la zona del Bajío y de otras ciudades del país y del extranjero que aprovechan las modernas carreteras y las rutas aéreas para llegar, y solo falta la iniciativa para promover actividades relacionadas con la naturaleza, además del surfing, buceo, pesca deportiva ciclismo y senderismo, paseo a caballo.
Se podría diversificar la oferta de senderismo por el filo de los cerros del anfiteatro, caminatas por las huertas de cocoteros, visita a la zona cafetalera y aguacatera en el filo mayor aprovechando a los 263 mil turistas que han llegado a Zihuatanejo en estas vacaciones para ampliar su estadía.
Así como de las más diversificadas para ampliar la estadía de esos casi 263 mil turistas que llegaron en esta temporada gastando 2 mil 173 millones de pesos que, aunque no se reflejan claramente en el bolsillo de los habitantes, representa el 74 por ciento de la ocupación hotelera.
Así que desde Cuernavaca, preparados para la ocasión, los siete miembros de la familia, un sábado de agosto viajamos apretujados para esa nueva experiencia bajo la guía de Ana y Alex, expertos en el paseo.
Para llegar al Parque Nacional Lagunas de Zempoala, que en náhuatl significa “muchas lagunas” hay que viajar hasta Tres Marías, el pueblo famoso por sus tortillas azules hechas quesadillas de flor de calabaza y huitlacoche, donde tomamos la carretera libre México-Cuernavaca hasta Huitzilac, Morelos, y 16 kilómetros de sinuoso camino pronto estuvimos a la entrada del parque cuya superficie es cercana a las 5 mil hectáreas concesionada a los comuneros para su aprovechamiento ecoturístico.
El atractivo principal es su bosque de pinos, oyameles y encinos que crecen en los cerros empinados cuyas escurrentías han formado un sistema de lagunas pertenecientes al eje volcánico de agua muy fría pero agradable a las truchas, como parte de la cuenca del río Balsas donde el frío suele acompañarse de niebla y las épocas de lluvia han formado un sistema extenso de más de veinte lagunas comunicadas por arroyos superficiales donde el agua cantarina discurre de manera casi permanente.
En el entorno de las lagunas hay una rica diversidad de flora y fauna, donde se puede acampar, remar, avistar aves y animales, practicar el senderismo y montar a caballo. También hay servicio de sanitarios y venta de comidas y bebidas.
Desde la entrada nos recibe el reflejo del espejo de agua rodeado de bosque y a medida que avanzamos por la carretera artesanal que bordea la laguna vemos la gran explanada con su alfombra verde donde se estacionan las pequeñas lanchas que se alquilan para pasear en Quila, la laguna mayor, que se conserva casi intacta.
En el trayecto hay un retén de la Guardia Nacional que da confianza, y a la entrada del parque una brigada de empleados federales de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas nos detiene para encuestarnos. Quieren saber cuántos somos y de dónde venimos. Por cierto que al final del paseo una de mis nietas hace la observación de que no nos preguntaron si salimos completos, lo cual da pie a comentar la caída del caballo que sufrió Atenea cuando el animal tropezó y cayó en medio del arroyo, y salvo el susto y la mojada, la más pequeña de mis nietas lo tomó como parte de la diversión.
Todo el paseo fue agradable y divertido. Caminamos entre el bosque, a más de 3 mil metros de altura, sin ninguna descompensación, viniendo desde un lugar que está al nivel del mar. Disfrutamos a plenitud el ambiente de paz que se vive entre el bosque con el espectáculo de las lagunas, aunque tampoco está exento de violencia como el resto del país.
Una hora nos llevó bordear la laguna, deteniéndonos bajo los árboles de pino más altos que crecieron compitiendo por los rayos del sol, enhiestos, aún cuando nacieron en la ladera.
Cada quien terminó el recorrido con un catálogo de fotos sobre la magnificencia de la laguna y su entorno con su enorme variedad de dalias, que son las flores nacionales que predominan en el lugar cuando aún no es la época plena de floración pero que han de embellecer todo el entorno.
Desde la orilla de la mayor de las lagunas se ven los ejemplares de carpas grises y coloradas que la pueblan, lo cual nos explica la razón del señor vemos sentado todo el día en pleno rayo del sol, entretenido e inmutable con su caña de pescar.
Caminando entre el bosque nos encontramos al pirata, un perro blanco y joven con el ojo derecho cubierto con una gran mancha de color negro que Paloma bautiza con el nombre de Pirata, el cual, un poco huraño nos sigue largo trecho, cuyo comportamiento y escualidez nos hace pensar que sobrevive de lo que le pueden darle los paseantes de fin de semana.
Como todo el sistema de lagunas del eje volcánico que forma parte de la cuenca del río Balsas es extenso y recoge las escurrentías de los cerros, desde hace muchos años ha sido fuente de abasto para las poblaciones aledañas que la han explotado hasta casi secar las más pequeñas, lo cual constituye un desequilibrio ambiental que no parece estar siendo atendido.
Uno de los comuneros nos informa que ahora disputan el agua con un fraccionamiento para ricos que pretende llevarsela como negocio particular y eso nos recuerda que por el camino se puede observar un grueso tubo de unas 10 pulgadas de diámetro que se lleva millones de litros de agua.
En el paseo nos llamaron la atención los mansos, altos y robustos caballos que uno puede rentar para recorridos que los caballerangos llevan de la rienda.
Más tarde, como culminación del paseo jugamos beisbol en la explanada verde, compartiendo el espacio con los jóvenes aficionados a las carreras de caballos que en ese campo se ejercitan.
Por desgracia o fortuna, según se vea, siendo fin de semana había pocos visitantes. Conté poco más de una centena cuando llegamos, pero aseguran que los domingos es un paseo muy concurrido por visitantes venidos de la Cdmx, pero nada que ver con el espectáculo que se observa en Tepoztlán, el pueblo mágico de Morelos donde son miles de paseantes que lo saturan todos los fines de semana, donde sorprende la cantidad de quienes suben hasta la cima del Tepozteco para visitar el adoratorio del dios Xochilpilli y cargarse de energía en la pirámide cuya construcción es un portento a la cual se llega por un camino de casi 90 grados que tiene una altura de mil 5 metros.
Esta experiencia me recuerda que en Zihuatanejo el presidente López Obrador decretó en el 2023 como Área Natural Protegida el parque nacional Vicente Guerrero con poco más de 700 hectáreas que abarca las zonas más hermosas y biodiversas de manglares, lagunas y selvas, desde la laguna del Negro y el cerro de la Hedionda en Ixtapa, hasta le barra de Potosí en el municipio de Petatlán, comprendiendo todo el litoral costero.
En esa superficie existen atractivos turísticos tan diversos y en riesgo cuyo cuidado y aprovechamiento podría dejarse a cargo de pescadores, lancheros, guías de turistas y ejidatarios encargados de vigilar y prever su conservación, evitando el saqueo de los depredadores.

 

Heleodoro

Lo conocí cuando tuve necesidad de un plomero para resolver el problema de una fuga de agua en mi casa. Me lo recomendó una señora que tenía buena opinión de él y de su trabajo, por eso lo busqué, lo encontré, me atendió y nos entendimos en el precio y en el plazo para hacer el trabajo.
Esta es la historia de mi amigo Heleodoro que nació en un pueblo muy pequeño pegado al Filo mayor, en la sierra de Zihuatanejo, cerca de Vallecitos. “Hasta el nombre de mi pueblo se me olvidó”, me dijo cuando le pregunté su origen y después entendí a lo que se refería con el “olvido”.
Procedía de una familia muy arraigada al trabajo del campo y nunca pensó, como los jóvenes de su pueblo, buscar la vida en Estados Unidos cruzando ilegalmente la frontera en cuanto cumplían la mayoría de edad.
En su pueblo no tuvo tiempo de terminar la primaria con un maestro del INEA porque su mamá lo mandó a Zihuatanejo en la primera oportunidad que tuvo para evitarle el triste final que habían tenido su esposo y el hijo mayor. Al papá de Heleodoro lo habían matado hacía pocos años y su hermano mayor andaba huyendo porque se dedicó a cobrar venganza de esa muerte.
En Zihuatanejo Heleodoro se alojó con unos parientes que le ofrecieron techo, comida y hasta un trabajo como chalán en el que aprendió el manejo de las herramientas y luego se convirtió en oficial de electricidad y plomería, al grado que en poco tiempo se pudo independizar montando su propio negocio de mantenimiento de casas.
Después se casó, construyó su propia casa y tuvo dos hijos y una hija. Nunca le dio por regresar a su pueblo porque decía que le traía “puros malos recuerdos”, que el ambiente no era agradable para sus hijos porque allá desde niños aprendían el manejo de las armas, y andar armados era la forma de vivir. “En un rato la gente se mata por cualquier cosa”, decía recordando que su padre murió asesinado después de una discusión que se originó en un juego de pelota.
Cuando recibía la visita de su mamá Heleodoro no se cansaba de agradecerle la oportunidad que le había dado para dejar el pueblo porque “puras malas noticias” le llevaba. “Bueno, también me trae comidas y antojos de allá”, me decía presumiendo.
Comentaba que a sus hijos les hacía gracia cuando les recordaba la suerte de que la mayoría de los jóvenes pensaran que su futuro estaba en Estados Unidos, “porque así nos dejan a nosotros todo el trabajo que hay aquí”, decía riéndose.
“Yo desde niños les hice ver a mis hijos que si querían escuela les ayudaría para que estudiaran pero si no, conmigo nunca sufrirían de falta de trabajo y que les iba a enseñar todo lo que yo sabía para que aprendieran a ganarse la vida, como yo lo hice desde jovencito. Por eso dos crecieron aprendiendo el oficio, “y mire, aquí están chambeando y ganando bien conmigo” platicaba orgulloso.
Heleodoro y yo platicábamos muy a gusto cada vez que nos veíamos, a lo mejor por el origen campesino de ambos. Era buen conversador, con el estilo muy propio de la gente del campo, dicharachero y amable, con un ingenio propio de quienes han vivido del campo, entre burlista y presumido, pero muy responsable para el trabajo, muy hecho ya a la vida costeña, pero sin ningún vicio, siempre dedicado al trabajo. Lo que más le atraía era la pesca como pasatiempo en sus días de descanso.
Recuerdo una mala experiencia que vivió en su trabajo. Me platicó que un día que estaba instalando un ventilador, el dueño de la casa le dijo que lo habían ido a buscar de una dirección en el mismo fraccionamiento porque querían sus servicios, y que si podía fuera allá cuando se hubiera desocupado, y así lo hizo. Llegó a la casa y le abrió la puerta un muchacho con finta ajena al vecindario, quien le explicó que le urgía que arreglara la conexión eléctrica y el cambio de un foco en la recámara. Pero cuando se puso a trabajar descubrió que había un arsenal de armas, y no quiso saber más porque el descubrimiento lo puso nervioso. Hizo a prisa el trabajo para irse pero el muchacho que lo recibió le dijo que tenía que esperar a su jefe para que le pagara y a pesar de que él le insistió que tenía prisa y que después podía ir por la paga, fue obligado a esperar hasta casi al anochecer cuando llegaron cuatro personas en una camioneta y con ellos venía el jefe, quien luego de verificar el trabajo le pagó mil pesos, advirtiéndole con la pistola en la mano que tuviera discreción sobre lo que había visto si no quería meterse en problemas. “Era una casa de seguridad que la “maña” dejó cuando la Semar se hizo cargo de la seguridad en Zihuatanejo.
Recuerdo que cuando me lo platicó me dijo que él tenía mucho cuidado con sus hijos para evitar que anduvieran en malos pasos, orientándolos y aconsejándolos siempre para que no dejaran el buen camino.
Como a Heleodoro le iba bien con su negocio, aparte de construir su casa compró un coche y una motocicleta. El coche lo usaba para transportar su material y la herramienta a sus lugares de trabajo. La moto era para mandados rápidos y sobre todo para llevar a su hija a la escuela todas las mañanas.
Dejé de verlo a finales del año pasado, hasta que después de un paseo largo tuve necesidad de su servicio. Supe que su hijo mayor había muerto en un accidente de motocicleta en una competencia de carreras y pensé que aprovecharía para darle el pésame, por eso recurriendo a nuestro método para comunicarnos se me hizo fácil dejarle un mensaje de voz para que fuera a la casa a revisar el estado de una bomba eléctrica, pero se me hizo raro que se tardara en contestar. Al otro día vi un mensaje en el que decía que no era Heleodoro sino su hijo quien contestaba porque su papá no podía, que si me urgía el trabajo él podía hacerse cargo.
Como no tuve inconveniente, al otro día que llegó el hijo a la casa le pregunté por su papá y fue así como me platicó de la tragedia por la que había pasado la familia meses atrás.
Me dijo que su papá seguía con su rutina de llevar todos los días a su hija temprano a la escuela hasta que un día se le juntaron los compromisos, porque precisamente cuando debía llevar refacciones y su herramienta para el trabajo, su mujer le pidió que la llevara al mercado, por eso preparó el carro con anticipación, y luego de dejar a la hija en la escuela tomó el camino al centro del puerto pero no alcanzó a pasar el canal de aguas pluviales, porque justo al llegar al puente el semáforo se puso en rojo y en cuanto él se detuvo, un sujeto se le acercó y le apuntó a la cabeza con una pistola urgiéndole que se bajara y le entregara las llaves del carro porque se lo iba a llevar.
Con su calma habitual Heleodoro obedeció, bajó del carro con las manos arriba y le dijo que no había problema, que sólo le pedía que le permitiera a su mujer bajar la bolsa de mandado, que venía en el asiento trasero. Así que la señora asustada y nerviosa bajó del carro, pero no hizo los movimientos con la rapidez que ordenaba el malhechor quien ante la tardanza y el semáforo en verde comenzó a gritarle improperios para que se apurara. Eso fue lo que detonó el coraje de Heleodoro quien no soportó el maltrato a su mujer e indignado confrontó al asaltante con la idea de desarmarlo, recibiendo como respuesta toda la descarga de la pistola que lo dejó tirado junto a la puerta del carro, moribundo, sin poder llegar con vida al hospital mientras el homicida huía corriendo en sentido contrario frente al azoro de los transeúntes que hasta entonces se percataron del asalto.
Después de escuchar lo sucedido de la voz del hijo con la misma entereza que le conocí a su padre, le di el pésame no sin cierto consuelo de que su mamá haya muerto antes que él para no sufrir la pena de vivir el triste y dramático fin de su familia.

El sentido de pertenencia

Algunos estudiosos interesados en profundizar el conocimiento sobre el involucramiento de los jóvenes con los cárteles criminales, explican que más que la pobreza, es la falta del sentido de pertenencia que padecen en sus comunidades y en sus familias lo que les lleva a establecer esa nefasta relación.
Señalan que no es la pobreza y la vulnerabilidad social en la que vive la mayoría de las familias mexicanas lo que facilita el paso de la juventud a la delincuencia, y que son los cárteles quienes otorgan el buscado sentido de comunidad que la juventud encuentra perdida en la comunidad de la que proceden.
Si eso es cierto, significa que los programas de la 4T dirigidos a rescatar a los jóvenes de las garras de los cárteles, están incompletos a pesar de su propuesta de ir hasta la raíz de los problemas.
Si no son suficientes las becas, los programas culturales ni los apoyos económicos y sociales para corregir los disfuncionales hogares donde viven las víctimas, lo que se necesita es una intervención más eficaz y enérgica para separarlos de las garras de los malos. Hay en el país un ejército de jóvenes que han aprendido a matar sin miramientos ni remordimientos, como dicen los especialistas que pasa entre quienes después de su primera experiencia homicida normalizan el hecho y hasta lo justifican, teniendo a su lado a quienes se los reconocen y premian.
En esta disputa por el futuro de la juventud mexicana entre el Estado y La Maña quizá se deba ver como una expresión del avance que tiene su rescate el hecho de que los cárteles ya contratan a miembros de ejércitos extranjeros que han aparecido en los estados de Guerrero y Michoacán, seguramente porque aquí esa materia prima comienza a escasear, aunque eso cause malestar en las filas de la oposición que ahora unidos niegan, para el caso de Acapulco, que las balaceras contra las comandancias de la Policía Ministerial sea la respuesta del crimen organizado que ha entrado en pánico ante la acometida en su contra por las fuerzas de seguridad que les combaten.
Sin embargo, lo dramático es que tiene mucho tiempo el alejamiento de los jóvenes del resto de la familia. Sucedió como efecto del propio desarrollo del capital cuyo momento fue entendido como un avance en la liberación femenina que lanzó a las mujeres fuera del hogar para engrosar las filas de los asalariados.
Esa sí fue una necesidad económica para que el gasto alcanzara, lo que obligó a las familias a dejar solos a los hijos con bastante tiempo para que buscaran por sus propios medios ese calor y cercanía que el hogar les quitó. Ese fue el momento de la ruptura del tejido social del que ahora tanto se habla, sin dar con el hilo de su reconstrucción cuando ya chocamos con el otro problema de las redes sociales que aún cuando no hemos aprendido a cabalidad su manejo, su popularidad hace indispensable la adquisición de los teléfonos celulares donde los futuros jóvenes se entretienen y aprenden a manejar desde pequeños esos aparatos que los hacen tan dependientes que son capaces de cualquier cosa para tenerlos.
No olvidemos que las organizaciones criminales tienen ahora métodos tan sofisticados par engatusar a los jóvenes a partir de una campaña bien orquestada de valores que exaltan los bienes materiales, como si esa fuera la fuente de la felicidad. Toda la moda y lo que promueven está ligada a las campañas de los otros cárteles, de los legales, convertidos en empresas trasnacionales, las cuales se han adueñado hasta de nuestros gustos por la comida chatarra y la repulsión contra los alimentos sanos y nutritivos presentados como los da la naturaleza.
Así la música de moda, la ropa de marca y los accesorios para vestir, la troca, la moto, y el consumo de alcohol y droga junto con las distracciones, son parte esencial del funcionamiento del capital y de las empresas trasnacionales, dueñas de los medios de comunicación masiva y de los artistas que patrocinan.
Por eso ningún cártel es bueno, y todos operan del modo capitalista bajo el principio de la rentabilidad. Los asesinatos y la guerra entre ellos son parte de su naturaleza como también resultan los llamados daños colaterales.
De allí el peligro cuando esas organizaciones criminales se mezclan con los partidos y los gobiernos porque son los malos quienes con el control de la ley y los recursos que da el poder pasan a controlar toda la vida social, y por eso también se debe evitar que la iglesia católica pretenda erigirse como salvadora en el drama que nos ocupa, porque está involucrada hasta el cuello con La Maña como para venir a dar soluciones.
Pero ¿cuál es la realidad actual de Guerrero? El Inegi reporta que seguimos encabezando el segundo lugar con el ingreso familiar más bajo apenas después de Chiapas; siendo el promedio nacional de ingreso trimestral de las familias mexicanas de 77 mil 864 pesos, nuestro estado registra un ingreso promedio trimestral de 48 mil 548 pesos frente a 41 mil 084 pesos de Chiapas.
Como lo han dicho los economistas de la UAG, esto se debe a la llamada terciarización de la economía guerrerense, donde todo mundo está supeditado al turismo con negocios que no salen de la informalidad, y tampoco están en bonanza porque se registra una baja histórica del 1.21 en el nivel de consumo del turismo nacional, según reporta el mismo organismo.
Y para seguir en el recuento de la situación en el estado, aparte del reporte de muertos que ha dado material de sobra para que desde la oposición se critique como ineficaz a la estrategia de seguridad en Acapulco, somos el tercer lugar de los receptores del mayor número de inmigrantes expulsados de Estados Unidos con 4 mil 282 paisanos.
Pero como consuelo, si se quiere, podemos agregar como dato curioso que mientras a nivel federal hubo una reducción en el envío de remesas de nuestros paisanos migrantes que tuvo una caída del 16 por ciento, en Guerrero fue lo contrario porque dichas remesas vivieron un incremento de 4.5 por ciento en el primer semestre del año pasando de 583.2 millones de dólares que recibía a mil 655, que resulta ser el más alto en la historia de Guerrero.
Agreguemos a esto que en nuestro estado contamos con una clase política de primera, que no se amilana ante los riesgos con La Maña porque le sobran personas con tal sentido de pertenencia que están dispuestas a sacrificarse corriendo toda clase de riesgos para mostrar, si el voto los favorece, que tienen sobrado conocimiento de la problemática que vive Guerrero y que como gobierno, se habrán de enfrentar con el clima de violencia e inseguridad buscando soluciones.

El baile del ocoxúchitl en 2025

Estamos a tres días de que inició la fiesta patronal del Señor Santiago en Quechultenango y en todos los pueblos mesoamericanos que lo recibieron como su protector y que al paso del tiempo lo adoptaron como el nuevo dios guerrero, capaz de hacer cuantos milagros sus fieles le pidieran.
Desde el jueves 24 de julio el ritual comenzó con la velación del Santo Patrón en la casa de la mayordomía, en la que participaron los miembros de la Hermandad de Santiago, los mayordomos y los 32 danzantes de las Cueras con sus músicos y público en general, los cuales, además de los rezos que repiten siguiendo el ritmo de las rezanderas, degustaron la tradicional cena de atole con tamales para luego dedicarse al baile que amenizan los grupos musicales del momento tocando gratuitamente como pago de una promesa. Esto como costumbre reciente, que ha desplazado del ritual las anécdotas, leyendas, historias y milagros del santo patrón.
A los ocho días de iniciado el festejo del santo, que en el ámbito religioso se le conoce como la Octava, el 2 y 3 de agosto, en Quechultenango será el multitudinario baile del Ocoxúchitl, ritual indígena que quizá sea único en Mesoamérica que ha prevalecido con todo su contenido pagano y que la mayoría de los fieles espera con ansia para pagar bailando algún favor recibido o esperado.
Se trata del más claro ejemplo de sincretismo religioso en el que se manifiesta la poderosa fuerza de la visión indígena frente a la religión foránea que la conquistó, adoptando al santo católico como la transfiguración de su deidad convertida en el santo guerrero como jinete que monta un caballo blanco de crines crispadas.
Ese cambio que no fue cualquier cosa en la religión se mira en el baile del Ocoxúchitl que comenzará el sábado próximo para concluir el domingo 3, como lo más popular dentro de la festividad religiosa en el que participan hombres y mujeres de todas las edades y de las más diversas condiciones económicas.
El Ocoxúchitl es pues un baile pagano o indígena y popular que se ejecuta dentro del templo católico, en un suceso pocas veces visto y explicado porque las autoridades eclesiales lo permiten y respetan a sabiendas de que se trata del ejemplo más claro de la coexistencia de las dos visiones cosmogónicas que porta cada pueblo y que se repite cada año con más adeptos cada vez que bailan al ritmo del teponaztle o tambor indígena, sin uniforme ni indumentaria especial, pero descubiertos, sin tocado ni sombrero en la cabeza, todos provistos de sendos ramos de ocoxúchitl o flor de ocote que agitan con ambas manos llevándolas por arriba de la cabeza a cada pausa que marca el ejecutante del tambor.
Como la Iglesia católica mira y entiende el baile como un ritual indígena y pagano, deja el templo el primer sábado y domingo de agosto en manos de la Hermandad del santo patrón que se hace cargo del ritual y de todos los pormenores, especialmente el de recibir las limosnas de los fieles que suman cientos de miles de pesos durante los dos días de baile.
El rito que antes se efectuaba en la calle, frente a la casa de la mayordomía, se trasladó al templo en los años 1940 para bailar bajo techo, evitando de ese modo su constante interrupción por las lluvias frecuentes de la temporada.
Debo anotar como un detalle el asombro que causó entre los antropólogos europeos, estudiosos de los pueblos y costumbres mesoamericanas, que en Chichicastenango, Guatemala, el templo católico construido sobre el indígena maya, fuera tomado un día en el año para el festejo de la Santa Cruz Tun, un símbolo de su cultura, cuando en Quechultenango esa práctica se sigue repitiendo aquí a favor del dios rojo que monta a caballo.
El flujo creciente de fieles que participan del ritual, desde la década de los 60 del siglo pasado se aumentó un día de baile debido a la creciente demanda, sobre todo de los fieles foráneos que madrugan y hacen largas filas para ocupar un lugar dentro del templo.
Ahora el baile del Ocoxúchitl se efectúa el sábado y domingo, y como una concesión de los vecinos, la Hermandad determinó que el baile del sábado se destinaría para los visitantes y el domingo para los locales quienes defendieron su derecho a respetar la costumbre de que el baile para ellos se siguiera efectuando el día domingo porque, decían, era de mayor significado en el sentido de que respetaba la tradición.
Quechultenango es también el único lugar del estado donde se preserva este peculiar ritual indígena como parte de la festividad católica, preservando para ello el cuidado como reliquia del teponaztle o tambor prehispánico, construido hace más de 500 años del tronco ahuecado de un nogal que se toca con dos baquetas de madera para producir el sonido único que parece desenterrado de los más remotos tiempos y que a los castos oídos de los españoles les parecía que se trataba de una música diabólica, al grado de que la prohibieron.
De allí la importancia de venir a escuchar esa música guardada en la memoria de dicho instrumento a la que uno puede acceder en esta fecha próxima y sumarse al ritmo que toca para probar que es verdad que los participantes salen renovados del templo después de media hora.
Esa música que produce el instrumento sagrado, guardado y cuidado con gran celo por la Hermandad del santo patrón de Quechultenango es el valor que tiene el ritual porque su sonido toca las fibras más sensibles de las personas que al bailar entran en transe, ríen y lloran y se desahogan, finalizando como personas renovadas.
El baile indígena milenario y multitudinario con el que se expresa la profundidad de las raíces más profundas de la religión indígena, antes era acompañado de un canto en mexicano o náhuatl que quedó en desuso a raíz de la muerte del cantor ocurrida en el año 2016 quien nunca pensó en preparar un relevo para preservar dicho canto.
Ahora la música del teponaztle es acompañada de una trompeta y un coro de jóvenes que canta en español una larga loa a Santiago con versos un poco forzados para hacerlos rimar, mencionando que este lugar después de ocupar el nivel político de ”estancia” se convirtió en “congregado” por petición de los catequistas a la corona española para que se adhirieran a él pueblos vecinos y menos numerosos porque la ubicación de Quechultenango les pareció estratégica para cumplir con su encargo de vigilar que los vecinos respetaran la prohibición de seguir realizando sus rituales paganos con sacrificios humanos.
El ritual del baile del Ocoxúchitl en el que la gente sale renovada después del ir y venir, desde la puerta del templo hasta el altar, mirando siempre de frente, bailando en comparsas de cuatro personas, al ritmo del teponaztle, tiene su atractivo en sí mismo porque en esa experiencia, no se sabe si por la agitación de las manos en un ambiente en el que se mezclan el olor del copal, el sudor y el llanto de la gente, se viven dos hechos que son relevantes, uno que la gente sale del templo renovada y dos, que los ramos de hierba conocidos también como “flor de ocote” que por naturaleza son inoloros, al final del día destilan un aroma único que los fieles califican de milagroso por eso se lo llevan y lo deshidratan, y algunos hasta lo usan para preparar un té que dicen que cura y sana todo, por eso con este baile que tiene el artilugio de liberador termina la fiesta patronal que cada día tiene más asiduos.
En el programa de la festividad del santo patrón se establece que si el siguiente fin de semana del 25 de julio queda demasiado alejado o muy cerca del primer fin de semana de agosto, el calendario se recorre para que el baile se efectúe siempre respetando los días sábado y domingo para mayor facilidad de los fieles que trabajan. Por lo tanto, en este año el baile del Ocoxúchitl tendrá lugar los días sábado y domingo, 2 y 3 de agosto. Todos serán bienvenidos.
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En el día más importante de la fiesta patronal

 

Sin duda alguna el día religioso más importante de la fiesta patronal de Quechultenango es la visita del obispo quien preside la misa de tres ministros dedicada a Santiago Apóstol.
Llega con su comitiva de sacerdotes y misioneras el día 25 de julio por la mañana, y la recepción de tan alto dignatario es en la entrada del pueblo a cargo de las autoridades religiosas de la comunidad, el cura de la parroquia, los mayordomos, la Hermandad de Santiago, las cantoras y rezanderas, sin faltar la música de viento y las danzas, principalmente –Las Cueras– que es la exclusiva del santo patrón.
Desde temprano la comunidad católica comienza a reunirse en El Pochote, un punto a la salida y entrada del pueblo, conocido por el gigantesco árbol de ceiba que creció en el patio de don Filogonio y doña Margarita, una familia campesina muy conocida, cuya casa de chinantli con techo de palma era la primera que se veía en la entrada a Quechultenango hace ya muchos años.
En esa sombra a la que ayudaba un árbol de guamúchil, la gente recibía al visitante con gran rebumbio, con una diana que tocaba la banda del chile frito, la descarga de cohetes que surcaban el cielo en racimos y el tan-tan-tan de las campanas.
Después de colgarle al obispo las acostumbradas cadenas de flores en el cuello y llenarlo de confeti, los feligreses lo saludaban con un beso en la mano al tiempo que flexionaban la rodilla en gesto de sumisión esperando ser bendecidos.
Luego se organizaba la procesión que el obispo encabezaba entre el perfume de copal que le daba el toque místico al momento avanzando por la calle principal hasta la entrada de la iglesia.
Los fieles que no pudieron asistir al encuentro llegan apresurados a la iglesia abarrotada ya de padrinos y ahijados haciendo valla desde la puerta del atrio al templo para dar paso al obispo que va directo a la sacristía de donde luego sale vestido para la ocasión con su ropaje violeta y su mitra de dignatario en la cabeza para dirigir la misa en cuyo sermón se explaya hablando sobre la bondades y milagros del santo patrón.
El templo está totalmente lleno porque hasta los que han dejado de ir a misa los domingos quieren estar presentes para la bendición del obispo. Todos sudan y se acongojan por el calor y el llanto de los niños que van a bautizar.
Hay gente que habla de que el distinguido visitante no viene precisamente por su devoción a la fiesta del santo, que en la iglesia tiene mucho de pagana, sino porque le deja una copiosa cantidad de limosnas que sirven para el sostenimiento de los gastos de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa. El caso es que desde la época de la Colonia este día de fiesta fue dedicado al bautizo de los nuevos conversos quienes abrazando la nueva religión recibían también nuevos nombres copiados del santoral católico.
Aquí permítaseme hacer una acotación para resaltar el papel relevante que mi familia ha tenido en la preservación del ritual de la fiesta y de las tradiciones, desde las muy diversas visiones que tiene cada uno respecto de la religión.
Mi hermano Hugo, el menor de la familia, tenía menos de 15 años en 1978, y desde los 12 años se sintió atraído por la música en general y de la danza de Las Cueras en particular. Su conducta no era como la de los otros niños que se aficionaban a la flauta y el tambor solo durante la fiesta. Él lo hacía todo el tiempo. Se pasaba los días siguiendo la danza y memorizando los sones de la flauta y todo el tiempo en eso se ocupaba, por eso mi madre, quien siempre apoya las inquietudes de sus hijos, habló con el pitero, Miguel El Sordo, músico oficial de la danza, para que le enseñara a tocar, con el ofrecimiento de pagarle las clases. Migue le dijo que sí pero nunca le dijo cuando, y se entiende porque ningún músico va a crear a su mismo competidor para disputarle luego las prebendas que tiene dicho oficio como la comida, la bebida gratis y a veces, el pago.
Pero mi hermano no cesó en su empeño por aprender a tocar la flauta, atenido a sus propias dotes, aguzando el oído para memorizar los sones de la danza y mirando los detalles del instrumento, su tamaño, grosor y coyunturas del carrizo con el que está hecha la flauta para hacerse una igual.
Mi hermano Hugo no tenía otra ocupación durante la adolescencia que buscar y probar las herramientas más afines para fabricar sus flautas cuya colección aumentaba cada día, hasta que de ensayo en ensayo terminó aprendiéndose los sones que Miguel El Sordo tocaba, hasta que lo oímos tocar los más laberínticos y dificultosos sones. Por eso esa música se incorporó a nuestra educación y memoria. Entonces ya no le importó a mi hermano el desdén del pitero quien seguía ignorándolo.
Por su parte no recuerdo haber sabido que mi hermano soñara en convertirse en el flautista oficial de la danza, pero fue en ese año de 1978 cuando sucedió el milagro. Ese 25 de julio de 1978, que cayó en día martes, mi hermano jugaba un partido de futbol enfrente de donde la gente se reunía para esperar al obispo, cuando entraron a la cancha dos de los animadores de la danza, buscándolo. Y cuando lo encontraron fue este el diálogo:
–Hugo –le dijo don Cástulo Chavelas, el más viejo animador de la danza– nos dijeron que sabes tocar la flauta, por favor ayúdanos. Fíjate que Miguel el pitero está enfermo y nadie más sabe tocar. Ya no tarda en llegar el obispo. Si quieres ayudarnos vente con nosotros.
Hugo, sorprendido, ni siquiera tuvo tiempo de cambiarse de ropa, y ya cuando caminaban se acordó que no tenía su flauta.
–Oigan pero no tengo mi flauta.
–Nosotros la traemos, respondió don Cástulo sacándola del morral. Mi hermano se quedó boquiabierto mirando que le extendían nada menos que la flauta que hoy se considera milagrosa y propiedad del santo.
Cuando llegaron al lugar de la reunión ya lo esperaba el tamborilero quien en cuanto lo divisó comenzó a tocar el tambor y entonces Hugo lo siguió con la flauta como si no fuera la primera vez. Se acompañaron con tal coordinación que en ese momento nadie reparó en el cambio, quizá porque también hacía su arribo el obispo.
Pero como nadie se sorprendió al oír el sonido de la flauta, se entiende que no encontraron variación alguna en la música, pero lo que sí causó revuelo fue ver en esta danza, siempre integrada por gente grande y marginal, al estudiante adolescente vestido con ropa deportiva tocando el instrumento.
Sin embargo, la sorpresa no fue tan grande como la que vivió mi propio hermano quien contó que en cuanto sopló la flauta, un poco nervioso en ese acto tan importante para la iglesia, en cuanto la manipuló y sopló tuvo la impresión de que tocaba sola, como si hubiera tenido grabadas las notas que componían cada uno de los sones y solo le faltara soplar para que el sonido reprodujera lo que él quería escuchar.
En la primera oportunidad algunos de los danzantes fueron a saludar al nuevo pitero que en adelante se convertiría en el más completo conocedor del ritual que compone la danza y una autoridad de la festividad.
Pero su verdadera prueba de fuego, después de acompañar al obispo hasta el templo, fue tocar completa la danza en la casa de la mayordomía, uno a uno de los sones como el del chinantli, la rueda y la batalla. Su desempeño fue rubricado con el aplauso del público y de los propios danzantes.
Miguel, el pitero sordo, todavía tocó alternadamente algunos años con mi hermano, hasta que murió.

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La junta de la cera

La fiesta patronal en Quechultenango poco ha cambiado con el paso de los años, lo esencial se sigue conservando, a pesar de la influencia externa que presiona sobre las tradiciones religiosas.
Cuando en 1972 participé en la danza de las Cueras, sólo la gente de “antes” mantenía vivas las tradiciones. Los jóvenes habían dejado a un lado las creencias de sus padres “porque sí” pero no había nadie que analizara la razón de lo que ocurría. Los curas católicos abonaban negativamente el acercamiento de los fieles a la iglesia porque las misas se convertían en regaño cada domingo. Como que todo envejecía a los ojos de los jóvenes estudiantes preparados para buscar otros horizontes, pues no hacía muchos años, en 1960 se había producido una revolución social y cultural que pocos apreciaron, pero el hecho es que en ella perdió presencia la Iglesia y ganó el libre pensamiento, porque se removieron todas las estructuras caciquiles y la gente se liberó de su dominio mirando con nitidez la intrincada red de intereses y complicidades que los sometían en beneficio de unos pocos.
En unos cuantos años una revuelta, mayoritariamente de mujeres, echó a la basura de la historia el poder del subrecaudador que usaba el dinero público en beneficio privado, en alianza con el cura que negociaba con el cobro del diezmo auxiliado por la fuerza pública, mientras la directora de la escuela manipulaba a los padres de familia que nunca veían un certificado de los estudios de sus hijos.
Los tres imponían y tenían secuestrado al presidente municipal y entre todos mantenían al pueblo en el oscurantismo.
El cambio que se produjo implicó la renovación de la plantilla de profesores en la escuela primaria y la creación de la secundaria que hizo toda la diferencia.
Yo formaba parte de la tercera generación de estudiantes que, completa, salió de Quechultenango a estudiar a la ciudad, y fui el primero en regresar nada menos que a cumplir la manda religiosa de participar en la danza de las cueras para honrar al santo patrón.
Llegué de regreso a mi pueblo a los 19 años portando la influencia del movimiento estudiantil del 68, mi experiencia en el multitudinario festival de rock en Avándaro y como activista en la organización sindical Ricardo Flores Magón en la Cdmx al tiempo que estudiaba en la preparatoria 5 de la UNAM.
Por eso mi regreso fue como una vuelta al pasado, visto por ojos distintos, 4 años después de mi ausencia.
El clima lluvioso y sus noches de intensa oscuridad apenas alumbradas por una tenue luz de los focos en los postes del alumbrado público parecían detener el tiempo.
Cuando crucé el río camino a mi casa recordé los largos años, harto de mojarme los pies para pasar al pueblo rumbo a la escuela y a los mandados.
Recordé también que mis hermanos y primos habíamos desarrollado tal sensibilidad sobre el medio que con solo oír el ruido de la corriente del río podíamos identificar su tamaño, corroborándolo con la vista que nos permitía el destello de luz de los relámpagos.
Hábiles para cruzar el río crecido lo pasábamos casi corriendo y gritando para darnos valor, con la ropa envuelta sobre la cabeza y caminando en línea recta, de arriba hacia abajo, para prestar menos resistencia a la corriente.
Preferíamos esa aventura riesgosa en vez de molestar a la familia del pueblo pidiendo posada, claro que algunas veces recurríamos a la casa de mis abuelos cuando era evidente que no podíamos pasar por el río crecido. Mi abuela Aurora nos socorría con atole de maicena y un pedazo de pan.
Pero el regreso a mi pueblo tuvo una gran repercusión en lo personal y en lo social. Yo dirigía entonces un comité de quechultenanguenses radicados en México, rescatado de sus fundadores que eran todos priistas.
Así llegó el pensamiento de izquierda a mi pueblo en una temporada lluviosa como la actual en la que se pusieron de moda las tardeadas juveniles con la música de Jimi Hendrix, el rockero estadounidense muerto dos años antes. Los jóvenes de mi pueblo aprendieron el mensaje y también a bailar con la pareja suelta.
La mirada juvenil de las tradiciones religiosas cobró entonces nuevo significado para nosotros, que antes sólo veíamos repetirse año con año sin que hubiera alguien explicando su contenido.
Como danzante abracé desde entonces esa tradición, más indígena que católica, al transfigurarme con la máscara y la vestimenta puestas para bailar, frenéticamente el ritmo musical de origen antiquísimo, sin pena alguna por el escrutinio público que se desvanecía con el disfraz del danzante.
De ese modo el festejo de Santiago, convertido en guerrero capaz de vencer al ejército pagano adquirió nuevos bríos con la participación de más jóvenes, hasta que llegó el tiempo que sin proponérselo todos los danzantes eran jóvenes y aparecían uniformados, con sus pantalones de mezclilla azul, acampanados, y zapatos tenis, a cual más luciendo los modelos y marcas de moda.
Como danzante superé con creces, durante los intenso ensayos del mes, la dificultad que entraña para todos los principiantes adquirir la condición física que se necesita para aguantar la repetición del ritual de dos horas durante todo el día.
Recuerdo que cuando me entregaron el vestuario de danzante llegué muy contento a mi casa, y no sin entusiasmo preparé mi machete de estreno que por fin podría oír en su choque el sonoro y atractivo sonido anunciando las batallas.
El día más importante de mi vida como danzante llegó el 24 de julio. Muy temprano nos citaron en la mayordomía. Recuerdo que todos nos sentimos importantes por el trato casi distinguido que nos daban. Primero fue el desayuno con café y pan dulce, luego nos vestimos para encabezar la ceremonia de juntar la cera.
Todos caminando de dos en fondo con el danzante en el papel de Santiago, encabezando la fila con el final la larga cola de los macehuales con el rojo chillante de sus vestidos recibiendo el aplauso de los vecinos que salían de sus casas a festejarnos.
La ceremonia consistía en pasar casa por casa a recoger las velas que los vecinos donan para alumbrar el altar de las imágenes del santo veneradas con su luz a lo largo del año, y también los toritos de luces pirotécnicas que cuentan como manda y que se queman junto al castillo todas las noches dentro del atrio de la iglesia.
Pero llegó el medio día con el calor sofocante que me hizo crisis al sentir lo opresivo de la máscara que me impedía respirar y casi me asfixiaba, al grado de querer abandonar en el acto la manda. Por eso acudí por ayuda ante el animador de la danza más antiguo, quien me salvó del trance.
–Tómate un trago de mezcal, eso ayudará a tranquilizarte. Sentirás que te relajas y te dará bríos para bailar sin cansarte.
Y así fue. Después del generoso trago pasé todo aquel día relajado y sin cansancio caminando todo el tiempo en la “junta de la cera” colgando de un travesaño cada una de ellas, exhibiéndolas entre los vecinos, quienes viendo la cantidad que se juntó, inmediatamente saben si la fiesta valdrá la pena.
Después todos los donativos recogidos se llevaron a la mayordomía y los danzantes pudimos irnos a descansar a nuestras casas con la advertencia de no faltar al día siguiente que era el más importante en el ritual, porque se trataba de la recepción del señor obispo quien para honrar al santo patrón llegaría a Quechultenango para oficiar la misa de tres ministros con la iglesia llena.