A un mes de iniciada la campaña nacional de afiliación del partido Movimiento de Regeneración Nacional, mejor conocido como Morena, su dirigencia encabezada por Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán, anunció haber alcanzado un millón de afiliados que representa ya el diez por ciento de la meta propuesta de 10 millones de ciudadanos en todo el país cuya cifra, de acuerdo con la estrategia del partido, pretende ser el voto duro que sea garante del triunfo en las elecciones venideras, con afiliados organizados en 70 mil comités seccionales, con un modelo, guardando las proporciones, similar al partido de masas que le permitió al PRI su permanencia en el poder por siete décadas.
Pero en las condiciones optimas para formalizar la adhesión de la mayoría de los 36 millones que respaldaron el triunfo de la presidenta Claudia Sheinbaum, los dirigentes de Morena perecen estar perdiendo la perspectiva para construir en México el partido de izquierda moderno, poderoso e influyente, necesario para acompañar y dirigir los cambios que supone la construcción del segundo piso de transformaciones, teniendo como filosofía lo que ha dado en llamarse la doctrina del Humanismo Mexicano, modelo que pone por delante primero la atención de los pobres, cuyo fundador y dirigente histórico ha sido Andrés Manuel López Obrador.
El principal indicio de esa pérdida de perspectiva de Morena ha sido el exceso de pragmatismo en que ha caído, afiliando a un numeroso grupo de priístas con un negro y sucio pasado repudiados dentro y fuera del partido, con un desprestigio que ahora será Morena quien lo asuma, sin dejar clara la ventaja en términos políticos que eso tiene, pero creando bastante suspicacia en sus bases por la experiencia que esos afiliados tienen en corromper y traficar con influencias para saquear la riqueza de la nación y desviar los recursos destinados a combatir la pobreza y la desigualdad.
La falta de iniciativas para que la militancia no se relaje y continúe siendo útil al proceso de transformación corre el riesgo de que se convierta en una masa informe y obediente solo para tareas electorales como antes se usó a la base priísta, cuando más falta hace que se movilice y se haga notar para enfrentar las acometidas del presidente Donald Trump y para acompañar las acciones y decisiones de la presidenta cuando necesite el amplio respaldo popular.
Si bien se entendió y fue justificada la negociación con la veracruzana y panista familia Yunes para obtener el voto requerido para hacer mayoría calificada en el Senado, a cambio de darles protección contra las acusaciones que pesan en su contra por nepotismo y corrupción, logrado el propósito, la afiliación a Morena del senador Miguel Ángel Yunes se ha visto como un exceso porque con ello se busca cubrirle las espaldas aunque eso implique olvidar los ataques y agresiones que sufrieron tanto el propio López Obrador como la actual gobernadora Rocío Nahle. Y todavía más porque Miguel Ángel Yunes Márquez el titular de la senaduría veracruzana ahora ha recibido el premio de presidente de la Comisión de Hacienda.
Ese es el pragmatismo al que se debe poner un límite y no mencionar que ya el ex presidente López Obrador lo inauguró con su amplia estrategia de alianzas electorales en 2018 ampliamente criticada pero justificada porque en esa elección se trataba de ganar con una diferencia tal de votos que impidiera cualquier intento de nuevo fraude.
Sin embargo, después de afianzado en el poder, con una oposición política reducida a su mínima expresión, la situación para el partido de Morena es desahogada y bien pudo establecer desde el principio un filtro tal para prevenir las viejas y malas prácticas de personajes de la oposición que infiltrados en las filas de Morena puedan actuar como “quinta columna” cuando teniendo ya el carnet de Morena puedan crear grupos afines a la oposición y contrarios a la propia política de transformaciones a favor de la justicia y la igualdad. No olvidemos las consecuencias que ha tenido el error de invitaciones como la que en su momento aprovechó la desquiciante senadora Lilly Téllez.
Por eso antes de extenderles su credencial de afiliados y recibirlos con apapachos, convendría que se les cuestionara públicamente sobre su pasado para que en esa medida se les calificara si verdaderamente han mudado de parecer y de práctica como para sumarse a este proyecto político que tiene el serio compromiso de transformar la realidad de desigualdad que oprime a la mayoría de los mexicanos por culpa de los partidos tradicionales.
Estas coyunturas que estamos viviendo deberían ser aprovechadas para avanzar en la educación política y prevenir a los mexicanos de vanguardia contra los ataques ahora sofisticados del imperialismo encabezado por Trump quien embelesó a su pueblo igual como lo hizo Javier Milei con los argentinos, ambos creídos que nos engañan a todos con su idea fascista de que los ricos, supermillonarios lo son por inteligentes y que tienen la bondad de interesarse en un futuro para la humanidad, cuando han dado muestras bastantes de su formación clasista y su ignorancia que los lleva a oponerse y a negar la grave situación y riesgo que hoy padece el mundo como consecuencia de la falta de conciencia ambiental de parte de los dueños de las grandes empresas e industrias que han contaminado al planeta.
Ese es el debate principal en que deberían estar ocupados los mexicanos que son vanguardia en los cambios que se están realizando en nuestro país para convertirnos en una potencia mundial que enseñe y construya el camino por donde transiten los pueblos de ciudadanos que piensan que otro mundo es posible.
Recordemos que el sentido de estar organizados en un partido no solo se limita a votar y participar en las campañas para que ganen sus candidatos, sino a una serie de acciones para debatir y actuar modificando el entorno adverso que afecta a la mayoría.
Si en el estado de Guerrero se cuenta con una militancia abnegada no se ve la razón de que se tenga una dirigencia ocupada en promover su obediencia y poniendo límites a quienes lanzan iniciativas.
Sería una pena que el enorme esfuerzo de tantos mexicanos empeñados en construir un futuro de justicia e igualdad se vea traicionado por dirigentes que carecen de una visión amplia y no entienden que el partido es un órgano que pertenece a los afiliados, y que organiza, educa y dirige la energía para el cambio.
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Paseo a los morros
(Segunda parte)
El voto unánime para continuar nuestro paseo anual visitando playa Manzanillo no es casual porque es una de nuestras playas favoritas por tranquila, ideal para el snorkel, sombreada, con olas amables y no mucha profundidad, amplia para nadar y poco frecuentada por el turismo, a pesar de su proximidad con la bahía.
Le ayuda a este aislamiento el macizo rocoso del cerro de la Ropa que para formar un círculo casi perfecto avanza hasta donde el mar penetró a la bahía formando la bocana entre las puntas San Esteban y Garrobos, estrechándose a medida que se acerca a la playa Godornia y playa las Gatas.
Recuerdo que nuestra primera visita a Manzanillo fue a invitación de doña Helene Krebs, la fundadora de la Sociedad Protectora de los Animales de Zihuatanejo, en algún año de finales de la década de los años ochenta del siglo pasado, quien tenía la costumbre de escudriñar cada parte del entorno de la bahía donde sus hijos crecieron con la idea de que el mar se debería considerar como el espacio abierto a otra realidad, más que una frontera para los seres humanos.
En aquel paseo unos llegamos caminando y otros en lancha con las provisiones para un día. Nuestro amigo el finado Héctor Maciel era de los pocos lancheros que conocía el modo de acercarse a la orilla sin el riesgo de encallar su lancha en las filosas rocas puntiagudas bajo la superficie, y desde entonces quedamos encantados con aquella calma que reina en el lugar de manso oleaje y agua transparente, con diversidad de peces y mantarrayas abundantes, con sol y arena para los diferentes gustos y un bosque de árboles de manzanillo que dan sombra todo el tiempo, casi a propósito para colgar una hamaca.
Con aquel recuerdo volvemos ahora, todos expectantes porque será la prueba de nado para Atenea quien ha estado preparándose por meses para dominar el arte del nado. Viene la pequeña de ocho años un poco nerviosa porque dice que le impone el movimiento del mar comparado con el seguro nado en la piscina, pero le ayuda saber que tiene el apoyo de todos para vivir esta experiencia.
Con el ánimo dispuesto para disfrutar al máximo cada parte del paseo hacemos recuento de lo que cada quien olvidó, constatando que la desmemoria es un mal que todos padecemos, porque así como Alejandro no trae su snorkel y por eso se privará del buceo que tanto lo apasiona, yo mis binoculares que casi nunca me faltan para escudriñar más allá de lo que vemos a simple vista.
Apenas llegamos a Manzanillo y están anclando la lancha cuando en un intrépido lance ya Atenea se echó al mar y va nadando como en competencia directo a la playa, lo que nos obliga a lanzarnos tras ella para alcanzarla casi cuando está pisando la arena, muy cerca de los verdes y frondosos manzanillos de los que ha tomado su nombre el lugar. Carlos nos recuerda que la primera recomendación que recibió de su abuelo cuando conoció esta playa fue evitar jugar y menos probar los frutos de estos árboles que se caen de maduros, pequeños y redondos del tamaño y consistencia de un higo, porque le dijo que son venenosos, de manera que ni siquiera se atrevía a levantarlos del suelo, aunque siempre le parecieron atractivos.
Admirado por las bellezas del lugar me desconcierta la cantidad de piedras desnudas en las que antes no había reparado, y en un esfuerzo de memoria recuerdo que el trecho entre la última ola del mar y el bosque de manzanillos era más largo y de una blanca y fina arena que hacía resaltar los colores del entorno. Y la pregunta que repitió en mi cerebro fue de dónde llegaron las piedras y qué fue de la arena.
La respuesta la tiene Carlos y me la dice sin haberle revelado mi inquietud. Él que vive y conoce el ambiente de los lancheros nos platica que no hace muchos años hubo un tiempo que se puso de moda esa arena blanca para las peceras y el decorado de las residencias y comenzó a comercializarse a pesar de estar prohibido. Cuenta que se vendían viajes especiales para el saqueo, hasta que casi se la terminaron porque la reacción de las autoridades fue tardía.
Esa fue la explicación a mi inquietud porque, en efecto, no es que alguien acarreó las rocas a la playa, sino que el saqueo de la arena las descubrió y ahora se exhiben oscuras y desnudas cambiando el paisaje que antes conocí.
Tengo que dejar esas elucubraciones cuando alguien del grupo da la voz de alarma porque descubrió que el agua estaba plagada de medusas o aguas malas, unos pequeños animales marinos como manchas traslúcidas y la consistencia de una gelatina que pica la piel produciendo un intenso dolor. Por eso sin disponer de tiempo para lamentar el perjuicio ocasionado por el saqueo de la arena, mejor pensamos que las aguas malas, también llamadas lágrimas de mar, son un medio que tiene la naturaleza para defenderse por sí misma de la presencia de los humanos. Así que entendido el mensaje dejamos la playa Manzanillo acosados por las aguas malas pero con el ánimo de seguir incursionando en el mar hasta encontrar un lugar para nadar, lo que nos llevó a la playa Contramar, en el interior de la bahía, una de las más socorridas por los visitantes locales por la facilidad de acceder a ella en carro o caminando por las faldas del cerro de la Noria en el poniente, en la cual se disfruta una amplia alberca natural con un cerro rocoso que cubre del sol parte de la playa formada, la única en el interior con una atractiva alfombra de piedras de colores lisas como de río.
Apenas llegamos a tiempo para acomodarnos en el mejor lugar porque después de nuestro desembarque una avalancha de visitantes que van y vienen porque sus pasajeros más tardan en bajar que en volverse a subir, acicateados por las aguas malas que al parecer hoy decidieron tomar todas las playas.
Lo repudiable de este lugar lleno de encantos es el muro de piedra como contención construido en la zona federal para dejar a resguardo de las olas un restaurante de lujo que seguramente dispone de una concesión irregular debido a la obra de mampostería que ha modificado la playa y perjudicado el sombroso bosque donde antes los visitantes podían disfrutar a sus anchas.
En esta playa pasamos el resto del día mientras los de nuestro grupo aficionados a la pesca tuvieron la oportunidad de caminar sobre el intrincado contorno pedregoso para lanzar sus anzuelos con poca fortuna, lo que nos indujo a un final en el que terminamos devorando en tiritas el barrilete pescado en los morros.
En el resumen que hacemos de los atractivos del paseo los morros se llevan el mejor puntaje por las impresionantes moles de piedra rodeadas del inmenso mar azul y la variedad de animales marinos que los rodean, luego el paisaje del litoral visto desde el mar, con playas de todos tamaños, en la planicie o entre rocas, peñascos y acantilados, con una selva inusitadamente verde por las lluvias atípicas que cayeron durante el presente mes de noviembre.
Pero todos volvimos a reivindicar los atractivos de la playa de Manzanillo que para Anarsis lanzarse a sus aguas y nadar dice que es la mayor sensación de libertad que ella ha disfrutado y que puede definir.
Palmira en cambio está enamorada de las bellezas de Contramar a pesar de las dificultades que entraña caminar su pendiente que se convierte en movediza por la fuerza de las olas a veces suaves, a veces violentas que arrullan el sueño.
Despues todos hacemos votos para repetir en familia el mismo paseo para el año venidero.
Paseo anual a los morros de Potosí
(Primera de dos partes)
El paseo por mar hasta los morros de Potosí se ha vuelto una costumbre familiar durante el otoño como parte del festejo por el cumpleaños de la menor de nuestras hijas. Para el viaje nuestro amigo Audelino Maldonado, en su carácter de capitán de la embarcación, nos cita en la playa Principal de Zihuatanejo con la recomendación de estar puntuales para aprovechar lo fresco de la mañana evitando en lo posible los rayos del sol que en esta temporada pegan de frente.
Es domingo y amanecimos a 21 grados de temperatura. Estamos con luna gibosa menguante, con un cielo nublado.
Los diez pasajeros vamos puntuales y felices disfrutando el fresco de la temperatura que se acentuó con una llovizna de la madrugada y el relativo mar calmo que nos reservó la naturaleza.
Todos vamos con la idea de alimentar nuestro asombro admirando las seis grandes moles rocosas que emergen del océano como continuidad del cerro del Huamilule territorio del municipio de Petatlán en cuyos pies se encuentra la desembocadura de la laguna de Potosí que en este tiempo tiene abierta la barra que comunica la laguna con el mar, en un alarde asombroso de la naturaleza que hasta las ballenas jorobadas viajan desde los fríos mares del norte hasta aquí para retozar y reproducirse desde finales de noviembre y principios de enero.
Cuando recibimos los primeros rayos del sol ya estamos virando a la izquierda de la piedra solitaria, un promontorio de rocas que está enfrente de la bocana de la bahía y funciona como señal para los pescadores que buscan el rumbo de la playa.
Entre los diez pasajeros que llenamos la lancha van incluidos abuelos, hijos e hijas, yernos, nietas y un joven pretendiente.
A la hora de escoger su lugar en el que cada quien se acomoda, nadie le disputa a mi hija Anarsis la proa de la embarcación donde dice sentirse como el marinero Rodrigo de Triana quien en octubre de 1492 fue el primero en divisar tierra firme desde La Pinta, una de las tres carabelas en la expedición de Cristóbal Colón.
Carlos y Alejandro que son los aficionados a la pesca disponen desde el principio sus cañas con los señuelos que casi vuelan con la velocidad de la embarcación.
La más agraciada en el viaje descubriendo los ejemplares marinos es Atenea quien grita al divisar el cadáver inflado de una tortuga adulta flotando en la superficie y esparciendo en derredor el pestilente olor de la carne descompuesta.
Para distraernos de la pestilencia alguien llama la atención para que todos miremos el verde y llamativo color de la selva que en algunos lugares baja hasta la orilla del mar exhibiendo en esta temporada las manchas blancas de los bocotes floreados que algunos han dado en llamar la “nieve costeña” y otros como si se tratara de nubes asentadas en la fronda de los árboles, cansadas de levitar, o como orla de espuma que dejan imaginarias olas del mar.
Después de una hora de navegación llegamos a los morros que desde la playa se ven como cansados animales prehistóricos hundiéndose en el agua. Se trata de seis moles de piedra sólida. Las dos más grandes a la derecha y las otras cuatro al lado izquierdo, todas ellas separadas por unas rocas de escasa altura en el medio que desde lejos parecen un barco que zozobra.
Son las ocho y media de la mañana y estamos frente a los morros de Potosí cuyo nombre comparten con el de esta bahía inmensa acotada al poniente por el estero del ejido del Coacoyul, municipio de Zihuatanejo de Azueta, y al oriente por la laguna del mismo nombre que corresponde al territorio del municipio de Petatlán y en cuya extensión se encuentran playa Larga y playa Blanca las cuales, careciendo de nombres exóticos, tienen el atractivo de sus enormes olas de mar abierto y peligrosas corrientes ocultas, por eso caminando es una manera de disfrutarlas admirando las frecuentes manadas de delfines jugando con las olas, tan cerca de la playa que a veces da la sensación de que quieren salir para explorar más allá de su ambiente natural.
Cuando estamos llegando al máximo atractivo dentro del mar una de las tres líneas de pesca que llevamos tendidas se tensa y rechina, la lancha se detiene y todos gritan ufanos porque ha picado un pez que por su cercanía con la caña le toca a Oliver pelear por él. Es la primera vez que tiene en sus manos una caña que casi lo hace caer por la borda antes que soltarla, por eso pone atención a los expertos que le indican levantarla para emitir un jalón a la cuerda y luego bajarla al tiempo de maniobrar para empezarla a enrollar acercando al pescado a la embarcación.
Se trata de un barrilete de unos tres kilos que emerge del fondo como una centella plateada. Ha peleado por su vida y cansado se deja subir, ignorando que será comido hecho tiritas.
Luego pasamos al espectáculo de los morros que, de acuerdo con los datos de los lugareños, en ellos habita el 60 por ciento del total de las aves marinas que hay en el litoral guerrerense, lo cual explica el tono blanquizco de las rocas debido a la enorme cantidad de excremento que reciben, aunque la ausencia de pájaros en esta hora pudiera poner en duda aquella afirmación.
A todos nos llaman la atención las cuevas cuya entrada se figuran a las puertas de una catedral, como si las manchas en sus paredes fueran signos e inscripciones de lenguajes desconocidos, no propias de humanos.
En el conjunto los morros pueden representar una tercera parte del volumen del cerro del Huamilule y podría alcanzar los cien metros de altura sobre el nivel del mar.
Estas moles de roca sólida que la geografía define como accidentes costeros dan pie a una gran discusión sobre su origen, y lo que llama la atención de los adultos es la opinión que escuchamos de los jóvenes preparatorianos que nos acompañan, quienes creen que la formación rocosa que admiramos se formó con el guano de los pájaros y aves a los largo de miles y quizá millones de años, y no se convencen de nada contrario cuando tratamos de explicarles la diferencia entre el excremento de las aves y pájaros con la solidez de una roca. Lo interesante del caso es que en el momento álgido de la discusión y como apoyo a lo que decimos cae literalmente del cielo un escupitajo en la pierna descubierta de Valentina y de su novio Oliver, la caca tibia de una gaviota que rápidamente lavaron y vieron diluirse con el agua del mar, pero ni siquiera mirando el fenómeno cambiaron de opinión, y eso me recordó que hace muchos años en una conferencia con alumnos de la misma escuela de mi nieta algunas estudiantes creían que el movimiento del mar y las olas lo ocasionaban los peces.
Hemos dado una vuelta a los morros y sentimos que es la hora del almuerzo, que por ser domingo lo haremos al estilo costeño, nuestro café con un bolillo de relleno de cuche como lo dicta la cultura de los zancas.
Ya con el estómago satisfecho la lancha se enrumba hacia la siguiente parada que por unanimidad se decidió que fuera la playa Manzanillo ubicada al oriente de la bahía a la que se puede llegar caminando por un largo trecho saliendo de la playa de la Ropa y pasando la Pedregosa y la Pedregosita. Gracias a su ubicación y a que las lanchas no pueden acercarse por el riesgo de encallar entre las filosas piedras sumergidas, Manzanillo tiene escasos visitantes.
Cocodrilos
En la Costa Grande nunca se habló de los cocodrilos como una amenaza para los seres humanos. Se supo de su existencia y abundancia en 1970, a raíz de la construcción de la marina turística en Ixtapa, sobre una zona de manglares y palmeras destruyendo su hábitat natural.
De esa época de desastre para los reptiles nació el chiste de que los cocodrilos, aparte de nadar, vuelan, eso a raíz de la discusión que se generó entre los defensores de los animales y los neoliberales. Mientras los primeros proponían inventariarlos y reubicarlos, los neoliberales, tan pragmáticos decían que había que dejarlos a la buena de dios, que cada uno buscara salvarse por sus propios medios.
Quien zanjó la discusión que se realizaba en la sala de cabildos fue el presidente municipal con el razonamiento pedestre de que se salvarían “los que puedan y los que no, no”.
–Lo que urge es que no se detenga la obra ni se gaste más de lo presupuestado. Metan los trascabos y las retroexcavadoras y van a ver que los cocodrilos con tal salvarse hasta van a volar.
–Cómo ves, (le dijo en son de burla el biólogo al secretario del ayuntamiento), que los cocodrilos vuelan.
–Jajaja, quien es el estúpido que dice eso.
–Tu jefe, el presidente municipal.
–Ah, bueno, sí vuelan pero bajiiito.
En efecto, los cocodrilos que no murieron aplastados o peleando con la maquinaria pesada que deforestó y desazolvó su hábitat emigraron para salvar sus vidas conquistando sus espacios en otros territorios.
Desde entonces en las noticias fue un hecho corriente la aparición de los saurios en cualquier parte de la ciudad, a veces atorados en alguna coladera del drenaje, a veces obstruyendo el paso en el patio de las casas, pero de lo que nunca se supo fue el registro de algún ataque a los humanos.
Recuerdo que en unas vacaciones de verano en el hotel del Fonatur en playa Linda el gerente recién llegado de Cancún me platicó todavía asustado que el lunes anterior una pareja de vacacionistas lo buscaron para despedirse y agradecer las atenciones del personal y que en la plática el señor le preguntó cómo le hacían para domesticar a los cocodrilos que deambulaban por el hotel.
–¿En qué parte? –inquirió el gerente.
–En la alberca, respondió la señora, le tomamos fotos con los niños.
El gerente que no daba crédito a lo que escuchaba, en cuanto despidió a los huéspedes corrió hasta la alberca donde un gigantesco cocodrilo tomaba el sol con desenfado y entonces su alarma aumentó pensando en el riesgo que corrían los huéspedes ante el ataque del imponente animal, luego llamó de urgencia al personal para que lo ahuyentaran, pero nadie sabía cómo, hasta que llamaron al jardinero quien con un palo en la mano fue guiando al animal a la salida del hotel y luego por su cuenta regresó a su madriguera en la desembocadura del arroyo.
Lo más cercano que se sabe del ataque a un humano fue la pelea que protagonizó una señora contra un cocodrilo. La abuela contó que en un descuido perdió de vista al niño y que lo descubrió cuando ya el cocodrilo lo iba metiendo al agua, entonces la señora corrió hasta alcanzarlo y lo arremetió a golpes hasta arrebatarle al niño.
En esta historia local es cierto que la crisis de los cocodrilos nunca alcanzó la atención social que recibieron las tortugas amenazadas con su extinción a principios del presente siglo como resultado de la sobreexplotación que vivieron desde 1957, año en el que se estableció la planta de Productos Pesqueros dedicada al aprovechamiento de la carne y la piel del quelonio.
En esa crisis severa que sufrieron las tortugas se articuló una campaña eficaz para educar a la población en el sentido de que carecía de fundamento la creencia de que el consumo de sus huevos mejoraba la potencia sexual en los hombres y gracias a una iniciativa de organizaciones protectoras de animales del norte del país, el Vaticano ayudó declarando que la carne de la tortuga era roja, no blanca como la de los peces, lo cual modificó la conducta de los católicos quienes en la idea de guardar los principios cristianos optaban por la carne de tortuga.
Desde entonces el consumo de carne de tortuga descendió y gracias a que se multiplicó en toda la costa su protección mediante el establecimiento de corrales para el cuidado de sus huevos la población de tortugas pronto se repuso.
En cambio la conducta de los seres humanos, prejuiciada por el color oscuro y rugoso de su piel y aspecto agresivo de su figura, es de temor y respeto. a respecto a los cocodrilos ha sido diferente, por eso la primera reacción frente a los saurios es de miedo y temor.
Sin embargo puede ser que los cocodrilos sean los animales más vistos que las tortugas por los visitantes y en ese sentido puede que tengan mayor valor turístico, pues en el caso del cocodrilario de Playa Linda, todos los días del año hay ejemplares expuestos y dispuestos para ser admirados y estudiados con detalle.
Pero en lo mucho o poco que la gente de Zihuatanejo conoce sobre los saurios debe reconocerse el papel de Tamakú, el Chanoc de la costa, un trabajador intendente de la SEP que se volvió legendario por conocer el lenguaje de los animales y sus habilidades para domesticarlos.
Durante largos años se dedicó Tamaku a alimentar a los saurios y dar exhibiciones de sus animales en las playas de Zihuatanejo e Ixtapa para que los turistas se fotografiaran con ellos, y sus anécdotas con los reptiles son memorables. Se cuenta que en una de sus exhibiciones en el lago del club de golf Tamakú se equivocó de cocodrilo y en vez de actuar una pelea con el domesticado lo hizo con otro ejemplar que habitaba el lugar que reaccionó violentamente contra el domador y le lanzó una tarascada en la espalda que rápidamente tiñó el agua de rojo, y el actor en un lance de sobreactuación tranquilizó a su público diciendo que todo estaba bien.
En el catálogo de experiencias que los zihuatanejenses viven resalta la de Margarita Arizmendi quien se familiarizó con los cocodrilos que viven en el estero de playa la Ropa en el tiempo que administró el hotel playa Real. Cuenta que en altas horas de la noche mientras hacía el balance del día veía pasar rumbo al mar a una cocodrila que abandonaba el estero y pasaba tranquila frente a su oficina hasta que una noche la miró haciendo un ritual llamativo en la arena para excavar hasta que descubrió sus huevos que estaban eclosionando, subió sus crías con el hocico en el lomo y se las llevó.
Cuenta Margarita que quizá por su cercanía con esos reptiles llegó a soñarlos y que eso la indujo al impulso de acercarse a la cocodrila para acariciarla sin que esta se molestara.
Frente a esa experiencia no deja de haber gente que se muestra preocupada por el riesgo que representan esos animales para los vacacionistas y apelan por medidas estrictas para controlarlos y limitar su movilidad impidiendo su acceso al mar.
Guerrero se debate entre males
La inseguridad y la violencia son un mal que se va agravando en Guerrero a pesar de que ha crecido en presencia el número de efectivos de los órganos de Seguridad y sus acciones en contra del crimen organizado.
Pero por los resultados que tenemos a la vista, quizá es temprano para interpretarlos, su impacto se parece al de un golpe al avispero si nos atenemos a la respuesta de la maña, pues aún cuando no parezcan acciones concertadas las ocurridas en la Costa Grande, en la zona Centro del estado, en la Costa Chica, en la Montaña y en Tierra Caliente, el nivel de violencia ha crecido en grados superlativos como respuesta contraria a los propósito del gobierno.
Pero no se trata de menospreciar la eficacia que han mostrado las fuerzas de Seguridad que enfrentan a los cárteles en el estado, sino de prever el futuro que nos espera en los daños colaterales que se produzcan en este combate.
A medida que las acciones de las fuerzas criminales crecen parece que el tamaño del gobierno del estado se achica, y eso no está para celebrarse, sobre todo cuando se mira que está derivando en la federación casi todo el quehacer que le corresponde para dar seguridad a la población, incluso tratándose de los delitos del fuero común.
Mientras la gobernadora se esmera atendiendo la zona turística y a los damnificados de Otis y John, el resto del estado se debate entre los altos niveles de violencia, y en vez de reconocer con humildad y autocrítica que es justo el malestar que provoca su actuación, responde con el gastado argumento de que tal malestar de la población no existe y que más bien se trata de una campaña mediática en su contra, tratando con ello de minusvalorar cualquier manifestación de malestar que exprese la población, a sabiendas de que sus declaraciones se inscriben en el plano de inhibir toda crítica.
Ciertamente la mayoría de la población no votó por la actual gobernadora pensando que sus dotes artísticos eran un bien que podría ayudar a traer la alegría a la tan entristecida sociedad, sino por su compromiso de retomar los postulados de la izquierda para combatir la violencia y la inseguridad, remarcando la raya que separa al crimen organizado del gobierno.
Ante la despreocupación de la gobernadora por la violencia cotidiana en el estado, parece que la opción inteligente que nos queda a los ciudadanos es consolarnos pensando que pudo haber sido peor si estuviéramos bajo el antiguo régimen donde la complicidad del poder con los cárteles era algo corriente.
Por eso es mejor “enfocarnos” en las mejores cualidades que tiene nuestra gobernadora, y no en las que la hacen deslucir, y esperarnos a que sean los responsables de la seguridad en el país quienes nos informen de los resultados de la investigación en torno al asesinato de las tres decenas de personajes que se han perpetrado durante el actual gobierno.
No debemos caer en la política del silencio para ocultar la ineficiencia en las investigaciones para dar con los miembros de las familias desaparecidas de Chautipan, Chilapa, algunas de ellas identificadas entre los cadáveres dejados en el bulevar de la capital como burla macabra contra el gobierno ante su amenaza de iniciar una búsqueda masiva de esos guerrerenses.
Las calamidades en Guerrero, aparte de que crecen y se diversifican entre disparos, vientos, truenos e inundaciones como males sociales y fenómenos naturales, perecen ilimitadas, por eso no se conoce que alguien pierda el tiempo imaginándose las soluciones que pudiera haber para alcanzar la paz de los años idos, cuando a pesar de la pobreza, desigualdad y marginación del modelo caciquil que dominaba en el estado, la gente vivía tranquila y podía andar los caminos sin riesgos ni temor.
Aunque ahora casi el 80 por ciento de la población proveniente del campo vive en el medio urbano, seguimos siendo pobres, ocupando el cabús en el concierto nacional del desarrollo. Eso confirman los datos que reporta el INEGI.
Guerrero ocupa el deshonroso octavo lugar en el nivel de inseguridad y violencia, lo que en el razonamiento del gobierno quizá deberíamos celebrar por quedarnos fuera del grupo que ocupa los cinco primeros lugares.
En todas las regiones del estado la gente vive en un ambiente de constante riesgo y temor, debido a que los asesinatos y las desapariciones son la constante y parece que no hay límite en la actuación de quienes se dedican a violar la ley a pesar de los miles de agentes diseminados por el estado.
La actuación de los malhechores en las condiciones actuales parece que les da la ventaja a sabiendas de que, en todo caso, una confrontación depende de quien inicie la escaramuza, eso a pesar de que ya han sufrido las consecuencias como en el caso de Tecpan.
Por eso los golpes certeros que ha recibido el crimen organizado deteniendo a líderes regionales de los cárteles parece que será la ruta que nos espera en el futuro si se trata de desterrar el mal que nos ha traído la aparición de la maña.
En todo caso y mirando el lado económico que tiene la penetración del crimen en la vida social todo se reduce a que éste dispone de parte del dinero público que la federación envía a los ayuntamientos, mientras que la otra parte, que bien podría aplicarse a los programas sociales, se destina al gasto militar para combatir al mismo crimen. Es decir que en el reparto del presupuesto los afectados somos mayormente los habitantes que estamos inermes en esa guerra que compromete a los cárteles del crimen y a los cuerpos de Seguridad.
No se olvide que durante muchos años se hizo natural que los ayuntamientos entregaran el manejo completo de las direcciones de Obras Públicas y de Seguridad a los malos, y aunque no sabemos si esas prácticas ya han sido desterradas, convendría saber si el ahora partido mayoritario ha podido marcar la diferencia, porque mientras ese problema subsista estaremos lejos de ver debilitado el poder de quienes utilizan la violencia para imponer su voluntad sobre los demás, porque nadie puede llamarse a engaño pensando que la línea tenue que separaba al gobierno del crimen organizado se ha repintado de manera natural con el cambio de gobierno, porque puede ser que ese cambio siga siendo solo un deseo, una aspiración para quienes quieren ver en el futuro una sociedad ajena a la violencia y también a la militarización.
Lo que debemos lamentar es que en Guerrero no se vislumbra la generalización de la protesta social que vimos manifestarse en Chilpancingo con el asesinato del presidente municipal Alejandro Arcos . Por desgracia siguen siendo pocos y testimoniales los grupos organizados que se atreven a protestar públicamente a pesar de los riesgos, pues la mayoría de quienes viven directamente algún hecho de violencia sufre calladamente sus consecuencias porque saben en carne propia la vulnerabilidad de la que son víctimas y temen mayores represalias porque han perdido la confianza en las autoridades responsables de prevenir el crimen y hacer justicia.
Esta es la tragedia que vivimos los guerrerenses donde el crimen y los fenómenos naturales se suman a la ineficiencia de su gobierno, haciendo de la oscuridad el futuro que quisiéramos brillante.
Resiliencia
El único puente de Quechultenango que había quedado en pie después de la creciente del río Huacapa que lo inundó en el año 2013 debido a la lluvia y el viento de los huracanes Ingrid y Manuel, ahora sucumbió frente a los efectos de John. Con ello volvimos a los años setenta, obligados a mojarnos los pies para cruzar el río por alguna necesidad de llegar al pueblo, o de plano quedarnos aislados hasta que su nivel permita pasarlo caminando.
La diferencia hoy con aquellos tiempos pasados es que entonces eran tres familias las que vivíamos más allá del río, pero hoy la colonia Españita y la Insurgentes del Sur suman cientos de habitantes y aunque la gran mayoría está a salvo de cualquier inundación, sufren por la carencia de agua y alimentos, aunque claro que su situación es menos grave de la que viven los habitantes de muchas colonias en el puerto de Acapulco y, en general, de la Costa Chica, Costa Grande, de la Sierra y la Montaña.
Claro que si se tratara de echar culpas de las catástrofes no acabaríamos, empezando los inversionistas privados que se han enriquecido con los negocios inmobiliarios abusando de tantos que tienen necesidad de una vivienda y de funcionarios que pasan por alto la reglamentación establecida para los asentamientos humanos.
En su artículo del jueves en este periódico Efrén García Villalvazo vuelve a exponer en un lenguaje casi poético el futuro que nos espera como habitantes desentendidos de las medidas preventivas de desastres en general.
En su artículo El caballo de los mil Li el oceanólogo toca de fondo el origen de los desastres en Acapulco, recordándonos el sabio papel de la naturaleza que en un determinado territorio interactúa como un mosaico en el que cada pieza o polígono tiene una función particular dentro de todo el conjunto, el cual cuando se modifica arbitrariamente con el crecimiento de las ciudades afecta al conjunto dando lugar a los desastres provocados por fenómenos naturales como los huracanes, porque no se toma en cuenta la visión de territorio. Los funcionarios algunas veces por complicidad en la ambición y codicia de quienes comercian con los terrenos en complicidad con funcionarios negligentes que piensan para el corto plazo, y otras por la falta de previsión de quienes tienen oportunidad de hacerse de un terreno sin investigar si no son vulnerables.
Recuerdo que cuando Manuel Barros Nock fue nombrado director de Indesur reclamaba a los invasores de predios por qué ya decididos a violar la ley no ocupaban las mejores zonas para edificar sus viviendas y levantaban sus carpas en las barrancas y lechos de los ríos, porque a la hora de regularizar esos asentamientos resultaba más complicado.
El caso del puerto de Acapulco es dramático porque sus habitantes parece que viven en una de las trampas mejor planificadas por los desarrolladores inmobiliarios y las autoridades negadas para aplicar la legislación vigente. Gastar en la reconstrucción sin atender de fondo la problemática tan claramente expuesta por los técnicos y conocedores de ese territorio es trabajar para el corto plazo con el riesgo de que el fenómeno de las inundaciones y desplazamiento del suelo se repitan.
Sin embargo, en el caso de la cañada del río Huacapa que cruza Chilpancingo, existe la presa Cerrito Rico como protección de la ciudad que impacta a todos los pueblos en el trayecto hasta el nacimiento del río Azul porque recoge toda el agua de ese territorio que viaja por las profundas barrancas a lo largo de 40 kilómetros con una pendiente que alcanza los 400 metros donde son diez pueblos que se comunican mediante puentes, empezando por Tepechicotlán, delante de Petaquillas.
Como nos enseña la historia, los ciclos y desastres cada vez se acortan más o son más frecuentes. En el año 2013 la cabecera municipal de Quechultenango se inundó por segunda ocasión desde que existen registros y después, en el lapso, se reconstruyeron tres puentes con obras accesorias para prevenir cualquier desborda-miento.
Trece años después se repite el desastre, la creciente del Huacapa derriba todos los puentes y acaba con el balneario del Borbollón que era el principal atractivo turístico para los habitantes de la capital.
En nuestra casa el río penetró hasta el patio con la ayuda del puente que se convirtió en obstáculo. No se llevó la obra del encauzamiento en esa parte pero lo desbordó y la corriente se llevó la cerca y todos los árboles que repusimos hace once años. Solo la cincuentenaria parota soportó la corriente del río, pero nada pudo hacer para ayudar a los robles, cedros y papelillos alineados con ella.
Nuestro puente de concreto afamado por su resiliencia frente a los demás se convirtió en serio obstáculo para la fuerza y el enorme caudal que juntó John en cuatro días de lluvia. La corriente abrió brecha a los lados del puente y nos dejó incomunicados.
Hace cuatro años cuando mi madre miró la obra que los ingenieros hicieron para prevenir nuevas inundaciones se sonrió y dijo que de nada serviría el encauzamiento construido. “Estos ingenieros no han visto las crecientes del río”, nos dijo.
Frente a este nuevo desastre yo vuelvo a mis argumentos del 2013 sobre la responsabilidad de las autoridades en la gestión de la presa que tiene la capital.
Es la segunda vez que se desahoga la presa Cerrito Rico sin calcular el impacto del volumen de agua liberado. Alguien tiene responsabilidad por los socavones en Chilpancingo, la destrucción de las obras de infraestructura y la caída de los puentes en todo el trayecto de la cañada.
Nadie ha dado ninguna explicación al respecto pero está muy clara la negligencia, no sé si de la Conagua, de Protección Civil, de la Capach o de los tres organismos que hace once años aceptaron su falta de coordinación cuando ocurrió aquel desastre.
¿Por qué volvieron a esperar hasta el último minuto para desahogar la presa? ¿No se puede calcular la cantidad de agua a liberar para no desbordar el cauce?
¿No hay responsabilidad de estos organismos?
Vuelvo al tema porque hace once años ante la insistencia de los colonos vecinos de la presa para que se conociera el modo en que opera solo hubo acusaciones mutuas entre dependencias. Cuando Protección Civil pidió la intervención de la Conagua en aquel año esta dependencia federal adujo que en represas pequeñas como la de la capital la gestión corresponde a la Capach, falta saber ahora la explicación de Protección Civil.
Estamos ante un hecho delicado porque los daños del Huacapa pueden estar ocultando una negligencia que de no atenderse ahora se repetirá en el próximo evento. El problema ha quedado expuesto ante los ojos de los capitalinos dentro de su propia ciudad como una absoluta falta de resiliencia.
El sueño posible
Con tanto sol y calor previo a la temporada de ciclones, en la Costa Grande recibimos gozosos los primeros días de lluvia cuya cantidad pronto rebasó la capacidad de las barrancas, ríos y arroyos que crecidos dieron cuenta de puentes, vados y carreteras con pérdidas de vidas humanas donde llovió sobre mojado.
El lado amable en esta temporada lluviosa es que nunca nos quedamos sin luz ni tuvimos fallas de la internet. En ese ambiente tuvimos la oportunidad de ver las últimas conferencias mañaneras de Andrés Manuel López Obrador recordando las curiosas coincidencias de la vida relacionadas con este hombre fuera de serie que nos permitió ver convertido en realidad el sueño por el que vivimos.
Andrés Manuel tiene la misma edad que yo, es un hombre sano y deportista, al que le quedan muchos años de vida por delante, y por eso se equivocan quienes lo quieren ver acabado. Tendrá tiempo para disfrutar sus grandes pasiones, leer y escribir en el mejor lugar, rodeado de naturaleza, bajo sus árboles añosos en compañía de las ruidosas y alegres guacamayas y los gritos de los monos.
Estudiamos en la UNAM la misma carrera de politólogos, y aunque no nos conocimos porque él asistía en el turno de la mañana y yo en el de la tarde, compartimos los mismos salones y maestros, caminamos por los mismos pasillos y usamos la misma biblioteca.
Somos también el mismo origen rural aunque la diferencia es que él estaba becado, dedicado al estudio, y yo tenía que repartir mi tiempo en trabajar para poder ir a la escuela.
Desde un principio nos identificó el apego a la pol{itica aunque él dentro del PRI y yo en la izquierda, en el PMT que dirigía el ingeniero Heberto Castillo.
Pero todavía más, cuenta Andrés Manuel que como estudiante vivió en Copilco el Alto, en el mismo rumbo donde estaba el local que ocupábamos como oficina de nuestro partido.
Él como yo fuimos alumnos del Seminario del Capital que impartía el profesor Raúl Olmedo, seguidor del intelectual francés Louis Althusser y luego curiosamente convertido en funcionario de Gobernación durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Estudiamos con lo más avanzado que había en materia de la economía política y filosofía marxista.
A quien conocí en la escuela a pesar de que poco asistía a las clases fue a su compañera de partido Beatriz Paredes, una mujer muy guapa e inteligente quien ya entonces era dirigente estatal de la CNC en Tlaxcala y luego gobernadora.
Andrés Manuel pronto consiguió acomodo en el gobierno como delegado estatal del INI en su natal tabasco del que en 1988 fue candidato del FDN a gobernador durante las presidencias partidistas de Porfirio Muñoz Ledo y su ideólogo Jesús Reyes Heroles.
Yo llegué a Zihuatanejo a fundar el PSUM, el PMS y luego el PRD. En 1989 recibimos en la plaza del puerto a Amalia García, Porfirio Muñoz Ledo y Gregorio Urías, los primeros diputados del FDN. Aquí fui candidato a diputado federal del PSUM y a presidente municipal. En 1996 fui regidor del PT el único cargo de elección popular que tuve en la vida.
En 1994 cuando una comisión de perredistas entre los que se contaba el propio Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel visitaron en Chiapas al subcomandante Marcos del EZLN, en Zihuatanejo una treintena de militantes del PRD habíamos firmado nuestra carta de renuncia víctimas de una maniobra anti estatutaria de la dirección estatal que violaba nuestras derechos y traicionaba los principios partidistas.
En el 2006 recibimos al subcomandante Marcos en Zihuatanejo apoyando sus reivindicaciones de los derechos indígenas. Descreímos de los partidos pero no de seguir luchando por el cambio y fue hasta el 2011 cuando muchos de mis compañeros se afiliaron a Morena.
Conocí a AMLO cuando llamó la atención nacionalmente encabezando la toma de los pozos petroleros en Tabasco demandando indemnización para los Chontales por los daños ocasionados por Pemex en la extracción de petróleo y luego el éxodo por la democracia como se conició la marcha de Tabasco a la Ciudad de México contra el fraude electoral.
Nos llamó la atención desde entonces el odio en su contra de quienes habían sido sus compañeros de partido, solo explicable porque había logrado la visibilización de sus paisanos indígenas chontales cuya existencia era una afrenta para los tabasqueños que negaban su existencia.
A la rancia clase política tabasqueña le pareció un reto y una usurpación que aquel joven estudiante pudiera aspirar a ocupar un lugar en la política local sin el permiso de los caciques que la monopolizaban.
Fue el Frente Democrático Nacional, el sector rebelde del PRI el que lo proyectó nacionalmente, primero como dirigente del PRD y luego como jefe de Gobierno de la Ciudad de México.
Una característica que compartimos como lección de política fue llevar la iniciativa en el trato con la clase política y los miembros de los poderes fácticos al tutear a sus interlocutores. Nada de don ni de señor, sino de tú, una manera nueva de relación para desmitificar el poder y desacralizarlo poniéndolo a la altura del pueblo.
Los políticos y funcionarios se incomodaban ante la actitud de un plebeyo que rompía con los cánones establecidos. Eso fue el principio de incorporar a las masas al quehacer político dejando de lado la idea rancia de que la política era una ocupación de especialistas.
En adelante lo avanzado en la política es preguntar al pueblo para no equivocarse, y de sostenerse en él para tampoco marearse, esos son los mayores aportes del obradorismo.
Como jefe de Gobierno mostró su altura de miras, sorprendiendo a los capitalinos con sus iniciativas tan alejadas del provincianismo, primero estableciendo sus programas sociales de apoyo directo a los sectores menos favorecidos, luego modernizando a la ciudad con el famoso segundo piso que le dio mayor movilidad a los capitalinos.
El odio que se ganó de parte del PRI se extendió a los panistas quienes muy pronto lo vieron como el enemigo a vencer frente a las coincidencias que esos dos partidos compartían, por eso la campaña feroz que se agudizó cuando desnudó a las corporaciones de radio, prensa y televisión que actuaban como un real cuarto poder que tenía secuestrado al gobierno.
Retirarles los cuantiosos contratos de publicidad fue un acto de congruencia y valentía porque no solo les redujo sus ganancias, sino que enfrentó a todo el séquito de comentaristas supuestamente objetivos que formaban parte de esa patraña que definían como democracia.
Fue su tozudez para agotar la vía electoral y pacífica para conquistar el poder la mayor lección para la izquierda en general que negaban la posibilidad de cambio democrático sin la intromisión de los norteamericanos, a condición de que el triunfo electoral fuera rotundo y capaz de cuestionar sus hipócritas principios democráticos.
Su conducta frente al gobierno norteamericano solo es comparable con la valentía del general Cárdenas y el presidente Juárez. Esa es la muestra de su verdadera dimensión de estadista, por eso ante tanto alboroto del gobierno español porque no se invitó a su rey a la ceremonia de toma de posesión de nuestra futura presidenta.
Una pregunta en la conferencia de despedida dio pie a otra revelación que muestra el carácter del presidente. Alguien le preguntó si había pensado en lo que pudo haber ocurrido en el país si no le hubieran hecho fraude y más pronto hubiera ascendido al poder.
“Pensaba mandar al carajo todo y jamás volver a competir para que no siguieran diciendo que estaba enfermo de poder. Aunque al mismo tiempo pensaba: pero si renuncio harán fiesta mis enemigos, entonces decidí no darles ese gusto”.
Por eso nuestra despedida no puede ser otra, Gracias por hacer realidad nuestro sueño.
Viaje a la península del sureste
(Segunda parte)
Es importante repetirlo, el turismo puede potenciar sus efectos positivos en el desarrollo si incorpora a sus bellezas naturales, clima y hospitalidad la riqueza cultural que nos identifica como pueblo. Nunca había tenido tan claro lo anterior hasta que conocí el programa México Espectacular en Xcaret como repaso de nuestra historia contada mediante la danza, el canto, el baile y la música por 300 artistas que hacen inolvidable la visita de quienes acceden a ese parque de Quintana Roo que se localiza a poco más de una hora de Cancún.
El sonido del caracol como instrumento musical en medio de la selva y las danzas prehispánicas en todo su esplendor son un espectáculo único cuya experiencia de quien lo vive es suficiente para justificar un viaje hasta la península.
Mi hija, como muchos de los presentes, se emocionó hasta las lágrimas mirando la representación del origen del mundo según las creencias de nuestros ancestros, y su modo de vida, la conquista española y la imposición de su religión a los pueblos originarios, luego la lucha por la independencia, la revolución y hasta el México actual con lo mejor de su folclor que nos identifica como pueblo.
El programa comienza con la presentación de los Voladores de Papantla, el ceremonial totonaco de la petición de lluvia que ejecutan 4 danzantes en la punta de un poste de madera, a 20 metros de suelo, desde donde descienden como pájaros al ritmo de la flauta, simulando la caída de la lluvia que propicia la fertilidad del suelo.
Aquí también se aprecia el juego de pelota mesoamericano con la técnica de pasarla por el aro de piedra utilizando únicamente la cadera, y el balón de fuego que en llamas se juega con una vara como bastón con la que se controla y acarrea para encestarla en una olla donde hierve el chapopote.
Son diversas las emociones que despierta el espectáculo, a cual más aleccionador porque facilita la interpretación y comprensión de la evolución de nuestro país para valorarlo y apreciarlo.
Los visitantes disfrutan dos horas del original espectáculo que derrocha energía y creatividad con el empleo de moderna tecnología, en un espacio techado, con las tribunas protegidas de la lluvia y del sol, una plataforma que se oculta y levanta para cambiar el escenario con rapidez dando agilidad al programa.
Aunque supongo que la mayoría de espectadores son nacionales, aquí disfrutan de los más notables de cada estado como los tamborileros de Tabasco, los jaraneros de Yucatán, el Mayapax de Quintana Roo y la Muerte de los mayas.
Los espectadores ríen, bailan, cantan y aplauden todo el tiempo, y se sorprenden con los Viejitos de Michoacán quienes después de ejecutar su baile por más de media hora con enjundia y sobrada agilidad se presentan sin la máscara y entonces reciben un aplauso atronador porque todos ellos efectivamente son unos viejitos. Nosotros como la mayoría del auditorio nos quedamos con esa idea de su sorprendente vitalidad hasta que una de nuestras nietas descubrió la treta que celebramos entre risas.
Lo que realmente sucede es que los jóvenes actores al terminar se cambian por otros de avanzada edad en un momento en que desaparecen del escenario y hacen el cambio con una rapidez pasmosa para regresar nuevamente al escenario donde se muestran como ya lo he dicho. Ese truco ingenioso hace que los espectadores lo celebren con entusiasmado y emocionado aplauso.
La experiencia de México Espectacular confirma las bondades de incorporar la riqueza cultural de nuestro folclor a un modelo de turismo que conozca y valore lo que somos.
Con ello no solo aumentaría el catálogo de las ofertas para los visitantes, sino que se crearía una alternativa nueva de ocupación profesional para tantos jóvenes de provincia con habilidades artísticas que carece de oportunidades de trabajo para desarrollarse y destacar haciendo lo que les gusta.
El turismo que es una actividad que crece en el país estaría canalizando toda la energía y creatividad de los pueblos que por falta de recursos van perdiendo sus fiestas y tradiciones. Ese es el cercano caso de la danza del Cortés en Zihuatanejo y el baile de Artesa en Coahuayutla.
Quien no disfrutaría mirando que las mujeres pobres pueden beneficiarse de sus trabajos de bordado y costura que ofrecen y mal venden como si se tratara de un producto ilegal ofrecido a discreción como sucede en Mérida con las vendedoras de servilletas y pañuelos.
El turismo como destino. Cancún, capital de Quintana Roo es hoy el principal destino turístico del país. Tiene la misma edad y parecido que el modelo de Ixtapa Zihuatanejo. De hecho los dos destinos fueron obra del Fonatur y casi al mismo tiempo, durante el gobierno de Luis Echeverría y aunque sus dimensiones y espacios no sean comparables, cuando Cancún inició su desarrollo en Zihuatanejo se decía que era una competencia desleal, que casi casi se había inventado aquel desarrollo en la península para darle en la cabeza a nuestro joven destino, pero su viabilidad comenzó a ser tan notoria que ahora recibe el 45 por ciento de los turistas que llegan al país y el último dato oficial que se dispone dice que en el último año Cancún recibió 8 veces más turistas que Ixtapa Zihuatanejo.
Pero en ambos casos estamos hablando del mismo turismo excluyente cuyo desarrollo nunca comienza por la integración de los pueblos originales, provocando un modo particular de protesta y rechazo parecido mucho a la indolencia y el conformismo que se expresa en la afirmación de los lugareños de que aquello pertenece a los extranjeros.
Pongamos por ejemplo Tulum y Bacalar que crecieron de manera dispar con Cancún en la zona oriental de la Riviera Maya.
Ambos lugares tienen un crecimiento explosivo en el que los llamados desarrolladores han impuesto su ley como en el resto del país. No hay orden y tampoco cuidado de la imagen urbana, la infraestructura y servicios públicos.
Igual que Acapulco, tanto Cancún como Mérida dan muestra de envejecimiento con tanto edificio abandonado que las afea. No sé a qué se deba el abandono de tanta obra moderna, quizá tenga que ver con el incumplimiento de sus dueños en el pago del impuesto predial y los servicios públicos, permitiendo que los embarguen, pero en todo caso falta la autoridad que cuide la imagen urbana. Sobre el mismo caso pero a la inversa podríamos hablar de San Francisco de Campeche, el bello puerto que mira al golfo de México con una población de un cuarto de millón de habitantes. Todo su centro histórico se ve el mejor conservado que Cancún y Mérida, lástima del ínfimo turismo que recibe porque es un lugar de gran atractivo con su malecón espectacular de poco más de 5 kilómetros, por su arquitectura barroca y su amurallada construcción militar.
Cocos
El hombre va sentándose en su silla de huevo bajo la sombra del guamúchil cuando descubre mi presencia, y tiene intención de levantarse para atenderme con la falsa idea de que soy su primer cliente, pero se reacomoda en su asiento cuando entiende que no demando su producto y que solo quiero saludarle.
Se trata de uno de los tres vendedores ambulantes de agua de coco que había muy cerca de mi casa, de los cuales solamente al que tengo enfrente continúa en el negocio, los demás han desaparecido.
El vendedor que despacha el agua de coco y la pulpa en bolsas de plástico provistas de un popote, lleva su puesto ambulante en la caja de una vieja camioneta en la que transporta, además de sus cocos, los utensilios necesarios para la venta, el tronco de madera donde apoya la fruta esférica mientras la abre a machetazos, primero haciéndole un hoyo para vaciar su agua a un recipiente, y luego partiéndolo a la mitad para sacarle la copra o la pulpa que también agrega a la bolsa.
Me ha llamado la atención lo exiguo de su cargamento que no hace mucho se desbordaba en grandes racimos y casi no quedaba lugar para acomodar el bonote, estopa o cáscara del coco, ese excelente combustible para avivar el fuego de la chimenea.
Por eso inicio la plática preguntándole del estado del negocio mientras hago recuento de los demás utensilios, una hielera en la que se mantiene fría el agua que despacha, y una especie de cuchara filosa para despegar la pulpa del hueso del coco, y el infaltable y afilado machete que se prefiere mocho, sin punta para hacer menos riesgoso su manejo, sin faltar los recipientes con agua para lavarse las manos, ni la silla para descansar, ni la sombrilla de lona para dar sombra a la mercancía.
Atento y respetuoso el vendedor que afirma casi con vehemencia que nunca fue a la escuela pero la vida le enseñó a tratar bien a las personas, me responde interesado lo que le pregunto.
Me dice que contrario a lo que se puede suponer por el calor y la afluencia de los visitantes que se adelantan a las vacaciones de Semana Santa, la venta ha bajado drásticamente porque los clientes no quieren pagar el aumento al litro de agua para que siga siendo negocio y me explica la grave situación en la que ha caído este giro comercial que popularizó el consumo de agua de coco llevando su precio de 15 a 30 pesos, lo que dio un nuevo ímpetu a los dueños de huertas abocándose a su rehabilitación con la mano de obra estacionada por la depresión de tantos años.
Continúa diciéndome que la mayoría de los vendedores ha dejado el negocio y que esa es la razón de que ahora esté instalado en el lugar concesionado a uno de sus compañeros, muy cerca de un colegio particular y en esquina con el bulevar de Zihuatanejo, a la altura de la glorieta de la Fuente del Sol que hace tiempo permanece seca.
“No toman en cuenta, me dice refiriéndose a los clientes, que ahora en vez de uno se requieren dos cocos para sacar el mismo litro de agua y eso es lo que encarece el producto y lo hace incosteable, me dice, porque ni el dueño de la huerta y menos los tumbadores quieren compartir la pérdida.
La caída en el rendimiento de agua de los cocos, explica el vendedor, se debe a la sequía que vivimos por la escasa lluvia que hubo en la temporada pasada, y pone como ejemplo lo que pasa en Zihuatanejo donde las autoridades reparten en la ciudad el agua por tandeos para que llegue a todas las colonias cuando menos una vez a la semana, pero cree que la crisis se agravará afectando no solo a negocios como el suyo “como ya estamos viendo el caso de Petatlán, ciudad que cuando llueve el río se desborda y cuando hay sequía la gente se queja por la falta de agua, por eso desde el año pasado el gobierno municipal se puso a construir represas a lo ancho del río para almacenar todo el escurrimiento de agua que antes llegaba hasta el mar, dice muy enterado y agrega que no estamos lejos en que la pelea por el agua llegue a otros niveles pero ya hace tiempo, asegura, que “en las huertas a cual más desazolva y profundiza sus norias para alcanzar el agua que se ha ido lejos”, pero dice que desgraciadamente las palmas no pueden cambiar de dirección sus raíces que son muy extensas pero superficiales y el agua cada vez se encuentra más abajo. “esa escasez de agua o sequía es la que impide el buen desarrollo de la producción, pero eso dice que ahora los cocos son tan chicos que se necesitan dos para hacer un litro de agua, se queja.
Ha sido la caída en las ganancias de todos estos vendedores que abrieron y popularizaron el mercado del consumo del coco en fruta lo que explica su desaparición.
Muchos han cambiado de giro porque todavía son jóvenes y pueden encontrar a un patrón que los alquile, dice este hombre de edad avanzada, lamentándose porque como diabético tiene la necesidad de comprar su medicina. Luego pasa a platicarme su constante lucha para que las autoridades municipales lo dejen vender en un lugar donde no tenga que andar buscando a los clientes. Se queja de que mientras hay muchos negocios que tienen acaparadas las banquetas y ya mero bloquean las calles, a él lo acosan dondequiera que se pone y espera en vano que alguien le ayude, porque dice que ha ido a la dirección de Reglamentos y hasta ha salido mal con ellos porque lo acusan de ser una persona problemática porque no se conforma ni está satisfecho con el trato y pone como ejemplo que le asignaron un lugar para su puesto en la zona de la “Puerta” muy populosa, “donde es cierto que hay mucha gente pero que no es la que va a gastar 30 pesos en el agua de coco porque ya está acostumbrada a los refrescos de cola” dice desconsolado.
Para colmo, platica que salió mal con el director porque le reclamó que en el reporte de los inspectores se dice que los llenó de injurias y amenazas cuando asegura que lo único que hizo fue advertirles que no pasaran sobre sus derechos porque dice que uno de ellos quiso meterse a su camioneta, sin medir las consecuencias, “hasta que me vio con el machete en la mano dispuesto a defender mi propiedad” pero al director poco le importó mi respuesta y dio el caso por cerrado”.
La escasez y carestía del agua de coco y la falta de alicientes por parte de la autoridad para fomentar ese giro explican la situación actual de esa realidad que no hace mucho empezó a delinearse en Zihuatanejo con el carisma muy particular de la costa Grande.
Quizá otro tiempo venga con la oferta de esa bebida que hizo muchos adeptos y alentó un cultivo que fue el sustento durante muchos años de la economía regional.
Todo eso voy razonando cuando me despido del vendedor, no sin cierta pena por la dificultad de decir algo en abono al optimismo de este hombre que resiente y resiste la crisis.
Al santo no se le roba
(Segunda parte)
Eran principios de junio del 2023 con el campo reseco, los animales sedientos y el calor en Quechultenango como nunca lo habíamos sentido.
Lo que permanecía era la costumbre de despertarse todas las mañanas con los anuncios de lo que habrá para almorzar en el mercado y en los domicilios particulares.
Desde los altoparlantes que son equipos de sonido compuestos por bocinas, micrófono y amplificador diseminados por las partes altas de la cabecera todos los vecinos se enteraban de las noticias y anuncios del día.
Y así como se sabe si habrá guisado de ciruelas amarillas, uno se entera que ya puede pasar por su atole blanco con torrejas en la entrada del mercado.
Por ese eficaz medio de comunicación que a veces se complementa con lo que dicen los vecinos porque de plano no siempre se entiende, uno se siente satisfecho y se pone al día del acontecer cotidiano en el pueblo.
La ventaja de los altoparlantes, dicen muchos, es que uno escucha sin dejar de “trajinar”. Algunas veces de un fallecimiento se conoce por esa vía antes de escuchar el “doble” en las campanas de la iglesia.
Pero aquella mañana fue el tono de la noticia lo que despertó la atención de los vecinos.
La muchacha del micrófono informaba que el día anterior se había denunciado el robo de una cámara fotográfica profesional marca Nikon que alguien sustrajo del cuarto que ocupaban los trabajadores contratados por la mayordomía para repintar la imagen del santo patrón.
Que el robo en sí era detestable porque en el pueblo esas cosas (ya) no se acostumbraban.
Que lo peor era la ofensa que se le hacía al santo porque el robo de la cámara afectaba a sus dueños porque en ella guardaban las evidencias fotográficas de la restauración de la pintura e imagen del santo en la que trabajaban bajo la supervisión del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Que se llamaba a la conciencia de los ladrones para que devolvieran esa cámara ya que de lo contrario (la muchacha enfatizaba para dar el tono de amenaza a su dicho), estaban metiéndose en un problema grave porque se trataba del santo.
Curioso del desenlace que había tenido el robo de la cámara se me ocurrió acudir al templo para ver los trabajos de restauración de la imagen del santo y aprovechar para indagar sobre lo que ya “no se acostumbra en el pueblo”.
Desde nuestra llegada me llamó la atención el indígena vestido de calzón de manta y descalzo que estaba de pie recargado en el marco de la puerta, de espalda al altar. En el interior, brigadas de trabajadores terminaban de pintar en silencio las paredes de la nave principal para no interrumpir la devoción de las personas que hincadas a esa hora rezaban.
Al preguntar por los restauradores o curadores de la imagen del santo un trabajador nos llevó diligente hasta la banca donde en animada plática estaba un grupo de personas que, después supimos, eran de la mayordomía y del grupo de curadores que esperaban la llegada de los representantes del INAH para recibir el trabajo encomendado.
Mientras tanto, luego de presentarnos con ellos y de saber que el indígena de la puerta era nada menos que el maestro Margarito quien tenía a cargo el trabajo fino de la restauración, les preguntamos sobre el robo y cuando comenzaban a explicarnos con lujo de detalles que por descuido habían dejado mal cerrada una de las ventanas del cuarto por donde suponen que se introdujo el o los ladrones que sustrajeron la cámara y que cuando se percataron del hecho dieron aviso a las autoridades las cuales habrían contratado los anuncios que habíamos escuchado por el sistema de altoparlantes.
Pero en lo más interesante de la plática nos causó alarma que de pronto todos se levantaron como si nuestras preguntas les incomodaran, y todavía más nos sorprendió que caminaran de prisa hacia la puerta de salida, hasta que por nuestra cuenta entendimos que la interrupción de la plática fue provocada por la llegada intempestiva del personal del INAH que con impaciencia estaban esperando, esa era la razón de la presencia en el atrio del propio párroco que sin duda formaba parte de la comisión que supervisaba el trabajo de restauración de la imagen, cuando faltaba exactamente un mes para el inicio de su fiesta anual.
De manera que el final de la plática quedó pendiente y muy a propósito para retomar el tema origen de este relato.
En Quechultenango mi familia tiene fama de cierta cercanía con la religión aunque para ser precisos lo somos más de la tradición, sin obviar que tuvimos un primo que terminó la carrera del sacerdocio aunque nunca la ejerció, y mi propio hermano Vicente la abortó, aunque después de muchos años se hizo diácono y va dondequiera que lo solicitan para hacer una misa o dar los santos óleos para unción de los enfermos.
Mis hermanas mayores, Salomé y Estela son catequistas que preparan a los jóvenes para hacer su primera comunión. Saben cantar y rezar el rosario.
Después seguimos los librepensadores que conscientemente hemos tomado distancia de la religión y la criticamos en todas sus formas, descreídos de dios, aunque somos tolerantes y respetuosos de los practicantes que creen en que las reliquias tienen cierto valor y protegen a quien las porta como escapularios, palmas, agua bendita o un pedazo de tela bendecida que muchos de mis familiares ponen en la entrada de sus casas, las usan como insignias en sus automóviles o las portan en sus carteras. Son como el común de los católicos que van a misa los domingos, algunos comulgan, otros hacen ayuno.
Si mi hermano Hugo aprendió de niño la música de la danza sagrada de Santiago por su cuenta, convirtiéndose en el salvador de esta tradición después de la muerte de Miguel El Sordo, único músico del que dependía ese conocimiento ancestral que quería guardar para siempre.
Hugo Pacheco no solo aprendió a tocar con su flauta la música de la danza, sino que todavía joven rescató los sones perdidos gracias a la memoria providencial de mi abuelo Juventino León Corona que lo indujo a urgar en la memoria de Miguel El Sordo hasta que recordó los tres sones que había recortado para evitar el cansancio.
Mi tía Gaudencia fue la primera mujer admitida como danzante y después la ahora esposa de mi hermano Hugo, Nury Morales con sus amigas Maricruz Alejo, Graciela Rocha Mora, Minerva Urías y Lilia Moras. Con ellas se canceló la participación de las mujeres porque la danza exigía un esfuerzo físico más allá de las costumbres femeninas.
Mi hermana Indalecia por su parte, se desempeñó en dos ocasiones como mayordoma y en 1998 innovó en el ritual del festejo con la propuesta secundada por el párroco de replicar el europeo Camino de Santiago, procesión que se ha hecho tradicional desde entonces con la imagen del santo patrón al frente, la única vez en el año que baja de su pedestal y camina por las calles para conocer la situación en que viven sus feligreses y recoger sus peticiones.
