Para la memoria de los comunistas

Gran iniciativa de los compañeros Liduvina Gallardo, Tomás Bustamante y Rafael Trejo quienes en Guerrero se han echado a cuestas la tarea de promover la memoria colectiva de los comunistas y psumistas que recrearon la realidad social siguiendo la excitativa marxista de pasar de la contemplación a la acción.
Será interesante conocer tantas experiencias de militantes que actuaron en los diversos campos de la sociedad desde el siglo pasado, de los cuales, muchos han pasado a la historia como héroes anónimos y ahora podrán ser conocidos y reconocidos.
Desde el mes de mayo que surgió esta iniciativa que se difunde a través del artilugio del chat que funciona con la internet como un conversatorio en tiempo real, administrado por sus promotores, son ya varias decenas de nombres y comentarios que se pueden leer donde no faltan las diatribas entre compañeros con injurias y acusaciones que aun siendo parte de la realidad, quizá puedan alejarnos de los objetivos que se persiguen.
Hasta hoy las experiencias contadas tienen relación mayoritariamente con los hechos que se desarrollaron en el seno de la UAG donde se formó la mayoría de los militantes comunistas y cuya situación actual de entronización de los poderes fácticos que dominan Guerrero, ha desplazado de plano los valores democráticos que muchos considerábamos enraizados en la comunidad para impedir cualquier resquicio que pudiera servir a la derecha para hacerse dueña de ese bastión, con los métodos más repudiables del clientelismo y el uso patrimonialista del presupuesto, confirmando la importancia que tiene la educación permanente para hacer perdurable los valores democráticos del socialismo.
Por fortuna están apareciendo también los nombres de quienes impulsaron los derechos indígenas como el legendario profesor Othón Salazar desde la Montaña Roja acompañado del esforzado papel de los maestros de la CETEG, así como de aquellas mujeres que fueron pioneras en el reconocimiento de sus derechos como Rosa Isela Ojeda, las hermanas Méndez Bahena y desde luego la compañera Liduvina Gallardo.
Yo no fui militante comunista y mi cercanía como estudiante universitario fue con las formaciones políticas de otras corrientes de la izquierda en la ciudad de México, pero en el Auditorio Nacional conocí al profesor Othón Salazar que se me hacía el prototipo del comunista, en la versión más destacada que se le reconoce, como orador magnífico, que nos hizo poner de pie para aplaudir atronadoramente su discurso en el que, paradójicamente, hablaba de la importancia del partido para hacer la revolución cuando oficialmente desaparecía el PCM en el que había militado toda su vida.
Por ser un hombre agradecido Othón no dejaba de reconocer lo que significó el apoyo de su partido para dedicarse a la lucha social y permitirle conocer a la primera potencia mundial que representaba la fuerza de la utopía como guía en el quehacer de los comunistas.
Me contaba Othón que lo más sorprendente en su viaje fue conocer el dispositivo inventado por los soviéticos para irrigar sus campos de cultivo, semejante a un cañón que en vez de balas disparaba chorros de agua alcanzando grandes latitudes, quizá pensaba el profesor que inventos como ese requería la Montaña, su región, para irrigar las parcelas sembradas del maíz y el frijol tan descriados que con el milagro del agua podían producir en abundancia el alimento para acabar con el hambre de los indígenas.
Después tuve oportunidad de convivir con él y ser su anfitrión en sus recorridos por la Costa Grande donde sus visitas eran siempre esperadas para encabezar los mítines que, primero por curiosidad y después por convencimiento, acercaba a los costeños a la fila de la izquierda buscando conocer y saludar a ese hombre chaparrito que con la humildad de un cura era capaz de mover las conciencias más cerradas con un discurso en el que podía lo mismo enardecer de coraje contra los caciques explotadores y saqueadores de la riqueza común, que llevar hasta las lágrimas a cualquier persona que escuchaba las historias de la pequeña niña de ojos grandes nacida allá en la Montaña, enferma y condenada por la pobreza ancestral, que carente de todo seguramente así moriría, sin nadie que en su entorno conociera y reclamara sus derechos.
Ese era Othón quien lo mismo se emocionaba admirando los cerros cubiertos con las blancas flores de los bocotes en octubre, que con las flores de tulipanes relucientes como soles que doña María Luisa le presumía en el pueblo del Cabritero.
Siendo el artífice de los discursos más encendidos de la izquierda el profesor de la Montaña contaba su deslumbramiento por la oratoria de Vicente Lombardo Toledano que se contaba entre los más prestigiados intelectuales de izquierda en la década de los años sesenta del siglo pasado.
Yo como activo promotor de la unidad de la izquierda fui el último secretario general del PSUM en Guerrero que, como el PMS, tuvo una vida efímera por los momentos decisivos de los vertiginosos cambios políticos que vivimos los mexicanos a finales del siglo pasado.
Mi activismo lo desarrollé en la Costa Grande como miembro del Partido Mexicano de los Trabajadores desde 1979 siendo parte del PMT como miembros del comité delegacional de Coyoacán que terminó instalando sus oficinas en la colonia Copilco, junto a Ciudad Universitaria.
Dentro del PMT formé parte de la corriente campesinista que tenía núcleos organizados en la sierra tecpaneca en Guerrero, en la sierra del Tigre en Zacatecas, los Altos de Chiapas y en los valles del Yaqui y del Mayo en Sonora.
Llegué a Guerrero con los finados Darío Jesús de la Cruz de Nativitas y Pedro García de Ometepec.
Cuando se formó el PSUM vinieron también la compañera Alina Ruiz Moguel y Socorro Sánchez Sandoval. Con este equipo realizamos un trabajo campesino regional y promovimos la unidad de la izquierda buscando a los activistas que formaban parte del Movimiento Revolucionario del Magisterio dirigido entre otros por Iván García Solís y la Coordinadora Nacional del Magisterio del sacrificado profesor Misael Núñez Acosta.
Recuerdo que fue Tomás Bustamante el primer comunista guerrerense que conocí en la carretera de Zihuatanejo con la Unión. Yo venía de dar clases en el grupo periférico de la Prepa 13 cuando no había paga para los profesores. Me lo presentó el finado Luis Carbajal López de los activistas del magisterio que vivía en la colonia Emiliano Zapata de Zihuatanejo.
A partir de entonces me aboqué a contactar en toda la costa a los principales dirigentes comunistas a quienes distribuía Así es, el periódico heredero de El Machete que recogía en Chilpancingo, cuya vida fue de 1981 a 1987.
Nos tocó coordinar la campaña electoral del compañero Arnoldo Martínez Verdugo cuyo autobús bautizado como El Machete causaba gran impresión entre los costeños.
Desde el Rancho del Cura en Coyuca donde vivía un militante proveniente del PFCRN cuyo nombre se me pierde en la memoria, compañero de Patricio y de Pilar. Saludaba a la vieja guardia en Atoyac con don Juan Reynada y al profesor Otilio Laurel en El Ciruelar, a La Choca, El Jocoque y Rabadán el San Jerónimo y a Víctor Buenrostro y Rafael Ramírez en la cabecera municipal de Petatlán.
En Zihuatanejo donde instalamos nuestras oficinas regionales formamos la Coordinadora de Colonias Populares con el grupo que encabezaba el albañil Abad Villanueva Maceda, el comité para la Defensa de los Derechos Indígenas con Bernardo Benjamín y su esposa Marina Sánchez, promovimos el sindicalismo con la asesoría del abogado Homero Jaramillo que fue nuestro candidato a presidente municipal con las siglas de la UPG cuando del doctor Sandoval abanderó la candidatura a gobernador en 1984.

Ahora que Dios está de su lado

 

Aún está lejos el amanecer cuando en la banqueta de la avenida comienzan a formarse en una larga fila los derechohabientes del Seguro Social que van al servicio del laboratorio al hospital.
Todos con su carnet y la orden médica en la mano, aunque nunca falta alguien por las prisas olvidó algo, y no recuerda dónde, entonces tiene que regresarse a su casa sabiendo que irremediablemente perderá su cita.
Todos los solicitantes del servicio a quienes con sobrada razón más allá de su padecimiento físico les llaman “pacientes” saben dónde formarse, y solo algunos preguntan dónde termina la cola para ocupar su lugar porque el orden de la formación depende de la hora en que cada quien se integra a la fila con el cubre boca como pasaporte.
El otro día un joven sin nada con qué cubrir la nariz y la boca corría de una puerta a otra desesperado por conseguir permiso de los vigilantes no encontró otro medio que gritar a todo pulmón para hacerse escuchar gracias a que había quién corriera la voz.
Cuando la cola casi llega a la esquina el vigilante abre la reja y la fila penetra al patio interior del hospital con la luz del día que comienza a alumbrar. Entonces en la calle comienza el bullicio de la gente que se arremolina frente a la parada de combis comprando en los puestos de tortas, tacos, atoles y tamales para el almuerzo y luego hacer el transbordo a sus centros de trabajo.
Las golondrinas que duermen en los alambres de la red eléctrica se despiertan con su peculiar chillido mañanero ( o trisando dice el diccionario) y comienzan a revolotear preparándose para irse de aventura como lo hacen cada día. Entonces en el interior del hospital se encienden las luces que son la señal de que el servicio de toma de muestras de sangre inicia la jornada.
Los derechohabientes del IMSS dicen que el servicio del laboratorio es de los más eficientes y eso todo mundo lo puede ver cada mañana. Sus empleados comienzan labores antes de la hora oficial, como si su tarea de succionar la sangre de los pacientes no fuera un trabajo.
–¡Son unos buitres! –dice equivocadamente uno de los pacientes tratando de exaltar la labor de los químicos.
–Vampiros, más bien –le corrige otro aludiendo los piquetes que practican con la aguja en los antebrazos.
A veces el silencio generalizado de la sala lo rompe el encuentro entre algún familiar, amigos o conocidos y, callados, los demás están a la expectativa de lo que platican porque en ese ambiente no falta quien quiera dar su opinión para matar el tedio de la desmañanada y hoy no será la excepción porque la señora que encabeza la fila se encuentra con su sobrina y luego del saludo se queja con ella de las continuas visitas que hace a la farmacia tratando de surtir la receta para seguir su tratamiento.
Esa es la pauta para que la señora diabética platique su historia quejándose de lo que tarda la farmacia en surtir su medicamento.
–Nomás vengo de balde a gastar en pasaje lo que no tengo para que me digan que no hay nada, que me de otra vuelta. ¡Ya me traen mareada!
–Pues sí, la quieren atarantar, mejor llame por teléfono jefa, opina el vecino de la fila.
–Ni contestan niño, nomás sacan coraje.
–Y qué medicamento es? –tercia otro.
–Ha de ser uno caro para que la gente enferma gaste lo que no tiene para favorecer a la medicina privada, comenta otro en voz alta como hablando para sí mismo.
–Aquí traigo la receta porque quiero aprovechar que vine a lo de la sangre para preguntar.
–Citalopran –lee la sobrina.
–Oiga pero esa medicina no es para la diabetes –dice una mujer de las que luego saben más que los médicos.
–Pus yo no sé –responde la diabética. El médico me recetó dos medicinas, dijo que una era para curar la ansiedad, que eso es lo que tengo porque me preocupo de todo.
–Mire, esta es la otra receta –dice extendiendo el papel.
–Dopagliflocina.
–Ah, esa sí es para la diabetes porque yo también la tomo. Es que somos muchos diabéticos, por eso los medicamentos se acaban pronto. Yo la última vez tuve que suspender mi tratamiento por un mes. No tenía los más de mil pesos que cuesta en la calle.
–Con más razón no deben faltar –sigue hablando el que parece que lo hace para sí mismo, y agrega que eso es parte de las reumas.
–¿Qué reumas? –pregunta la enferma.
–Las del elefante responde sonriendo un muchacho de la tercera fila.
–Tiene que ir a reclamar a la Dirección de la clínica para que se la compren en la calle – dice enfática una muchacha joven.
De pronto la plática sobre el problema de la paciente se ha generalizado.
–Es más fácil ver al presidente de la República que al director –comenta alguien que no alcanzo a distinguir.
–¿Pus no dice el gobierno que los funcionarios deben estar más en el territorio que en el escritorio? –comenta el que comenzó la plática.
–Pero eso es nomás un decir, como no hay nadie que los acuse, aquí no llega el cambio.
La plática que ya está encaminada a la protesta se suspende porque a todos llama la atención una señora que entra con suma dificultad a la sala auxiliada por un bastón en cada mano, los cuales parecen no ser suficientes para su desplazamiento porque a falta de algún familiar la acompaña el vigilante que con timidez la toma del brazo.
que para justificar su salida de la fila dice en voz alta que no aguanta estar parado, que se tiene que sentar porque le duelen mucho las rodillas, lo dice a todos y a nadie, pero su vecino en la fila lo secunda, le dice amable que se quede sentado y que espere descansando a que lo llamen.
entonces comienza a divulgar su historia. Se trata de un comerciante de ganado, de esos que van ranchando por los pueblos de la sierra buscando becerros de oportunidad, y cuenta.
–Yo de veras sufro para caminar porque estoy enfermo de las piernas, las dos me duelen, no puedo estar mucho tiempo parado ni caminar. Así que estoy jodido de veras- le dice al que le sigue en la fila para que lo considere y respete su turno.
–¿Y por qué no va con el traumatólogo paisano?
–Ya me sacó todo el dinero que tenía, primero que 15 mil, después que 10 mil. Cada ahorrito que tengo nomás es para él.
–Pero, ¿por qué va usted con el privado? El IMSS tiene también ese servicio.
–Sí, pero es muy tardado.
–Pero vale la pena esperar porque esas operaciones son muy caras.
–Es cierto lo que dice –reconoce el hombre– en el IMSS me operaron de los riñones y salí bien. Ya había yo vendido mi camioneta que uso en el negocio porque pensé que hasta ahí llegaba mi vida, pero ahora que Dios se puso de mi lado quiero curarme de las piernas, pero no me animo.
–¿Por qué no se anima a que lo operen? –pregunta curioso su vecino.
–La verdad es que me da miedo la operación porque me platican que a muchos les va peor.
–¿Qué más peor le puede ir a usted si casi no puede caminar –le comenta secamente otro de la fila?
–Yo digo que le conviene arriesgarse que lo operen, más mal no le puede ir, anímese.
–Aproveche que ahorita Dios está de su lado para que todo le salga bien, le aconseja otro con sorna.
Con esos últimos consejos de consenso el señor del bastón que se ha quedado sin contestar escuchando las opiniones de consenso para que se opere se siente salvado cuando lo llaman por su nombre y entra al módulo con sus dos tubos de ensayo en la mano.

40 aniversario de la SPAZ

El día sábado primero de febrero la Sociedad Protectora de Animales de Zihuatanejo celebrará su 40 aniversario con un concierto musical organizado con el apoyo de la comunidad de extranjeros residentes en el puerto.
El concierto tiene como objetivo recaudar fondos para continuar con la tarea de prevenir la crueldad y el maltrato animal, considerando la esterilización de perros y gatos como el método más humanitario para evitar la sobrepoblación en perjuicio a la salud humana.
Será el primer evento recaudatorio anual después de que por efecto de la pandemia del coronavirus se suspendió por dos años.
El concierto de música tiene como meta reunir donativos suficientes para sufragar hasta una cuarta parte de los gastos anuales de la SPAZ que comprenden el sostenimiento del albergue, el servicio médico, las campañas de esterilización y las brigadas educativas que recorren las escuelas del municipio.
La Sociedad Protectora de los Animales de Zihuatanejo es una organización sin fines de lucro que no recibe subsidio del gobierno y se sostiene con el apoyo de personas y organizaciones de la sociedad civil que comulgan con los principios de que el planeta tierra es un bien de todos los seres vivos que la pueblan, correspondiendo a los seres humanos velar por el respeto a la biodiversidad, apoyando a las especies más vulnerables.
La mayoría de los integrantes de la SPAZ aportan gratuitamente su fuerza de trabajo que consiste en recibir animales sin dueño,
lastimados o enfermos, dándoles albergue, alimentación y atención médica mientras buscan a quienes quieran recibirlos en adopción.
Aparte de los perros y gatos que se entregan en adopción completamente sanos, vacunados y esterilizados, la SPAZ ha recibido para su curación cocodrilos y tortugas terrestres lastimados por conductores de vehículos descuidados, pelícanos y pájaros bobos heridos por anzuelos que se han tragado al perseguir ejemplares que han sido pescados, también mapaches, tejones, osos hormigueros, una víbora de cascabel, un halcón que murió de viejo en el albergue, un borrico atropellado y un cerdito sin dueño que aprendió a ladrar sintiéndose parte de la jauría; una ave de pantano pico de canoa, una lobo de mar lastimada por los pescadores, un jaguarundi atropellado y un tecuán o jaguar.
La meta en la que está empeñada la SPAZ es alcanzar a esterilizar el 10 por ciento de la población de perros y gatos que hay en Zihuatanejo para que su población comience a descender como dicen los estudios técnicos del tema.
La SPAZ considera que puede alcanzarse la meta del 10 por ciento de animales castrados si se mantiene el ritmo que esa asociación ha alcanzado con un promedio de 2 mil 800 cirugías anuales y para ello reportan que en el año pasado dieron en adopción 178 animales entre perros y gatos y se practicaron 1 mil 74 esterilizaciones con todo y las limitaciones que impuso la pandemia.
La Sociedad Protectora de los Animales de Zihuatanejo es una organización fundada a principios de los años ochenta por la señora Helene Krebs Posse, una mujer norteamericana excepcional, llegada a Zihuatanejo en la década de los sesenta, con una numerosa familia cuyo difícil sostenimiento no le impedía condolerse y recoger los animales sin dueño que deambulaban enfermos y hambrientos por las calles de la ciudad.
Doña Helene se dedicó a recibir y dar alojo, comida y curación a todos los animales que llegaban a su casa, involucrando a sus hijos desde pequeños en esa tarea que asumieron como propia haciéndose adultos.
La Casa Marina de Zihuatanejo como sede de la SPAZ es uno de los lugares más conocidos en la comunidad como santuario de los animales, localizada frente a la playa principal, a un costado de la plaza municipal.
En cuarenta años de trabajo incansable la Sociedad Protectora de los Animales de Zihuatanejo ha cambiado radicalmente la cultura local respecto al trato que se dispensa a los animales.
Con la SPAZ se confirma que para lograr cambios positivos en la sociedad debe haber constancia y compromiso con los principios que lo animan, sin esperar otra recompensa que estar bien con la conciencia haciendo lo que se considera correcto.
En Zihuatanejo ha sido el trabajo constante y permanente de la SPAZ lo que ha hecho escuela en la educación local.
Los cambios generados son muchos y visibles empezando porque las calles del centro están limpias del calamitoso deambular de los perros y gatos sin dueño, hambrientos y enfermos, convertidos en un riesgo para la salud e integridad de las personas, y aunque parezca un contrasentido, ahora se observa un desfile cotidiano de mascotas que pasean orondas tras sus dueños asidos con su correa.
Esos dos hechos ya de por sí significativos y notorios son una cualidad que se ha agregado a la ciudad como un activos más de sus recursos turísticos.
Ese avance en la cultura y educación local que los miembros de la SPAZ pueden presumir es que a diferencia de hace unos diez años cuando parecía que predican el en desierto con las campañas de esterilización en colonias y pueblos, ahora no hay un día en que falte la presencia de un vecino en la SPAZ llevando un animal perdido, enfermo o con su mascota para esterilizar.
La cultura local en este tema se ha extendido tanto en la población que hablar ahora de esterilización de las mascotas es algo común, porque veinte años atrás se consideraba una exquisitez de gente sin quehacer porque se vivía en la idea de que la medicina e intervenciones quirúrgicas eran solo para los seres humanos. Los animales podían vivir y morir sin ser tema de preocupación para los seres vivos.
Esa es una gran diferencia que ahora se vive en la ciudad donde se puede ver la proliferación de comederos para perros y gatos sin dueño que los vecinos proveen.
En ese hecho se fijó la SPAZ para medir el grado de eficacia que tienen las visitas a las escuelas para promover el respeto de niños y jóvenes a los animales llevándoles algunas mascotas para que los estudiantes se familiaricen con ellas mientras escuchan las pláticas de concientización sobre el cuidado animal. Así lo han entendido algunos concesionarios de radio que han facilitado tiempo en su programación para que una hora a la semana se escuche la voz de los defensores de animales.
A 40 años de su fundación todos esperamos que crezca el número de donantes en el festejo de la SPAZ el primer día de febrero y que viva muchos años más realizando ese trabajo que nos convierte en más humanos. Felicidades!

El club de atarrayeros

Ayer fue luna llena y por eso antes de amanecer se mira desvelada y opaca en el poniente.
A esa hora, desde las inmediaciones de la playa de la Madera y hasta el muelle municipal se mira a los pescadores de atarraya formados hasta en doble fila con el agua arriba en la cintura.
La bahía está “tirada” como dicen los pescadores para referirse a que tiene la calma de una laguna.
Los pescadores parecen en competencia, la mayoría formados a lo largo de las dos playas con su atarraya en ristre esperando la picazón, mientras otros en sus lanchas y pangas reman frente a ellos con el mismo objetivo de pescar. Unos por necesidad, otros como diversión y unos más por deporte, el caso es que en el espectáculo no faltan los pescadores con sus cañas acomodados desde el Paseo de Pescador, mientras subidos en las piedras hay una decena de quienes pescan con cuerda.
El espectáculo de esta clase de pesca es algo sorpresivo al finalizar el año.
Todas las mañanas desde el mes de diciembre se mira llegar a los atarrayeros acompañados de sus familiares para ayudarles a recoger y cuidar los cocineros, ojotones, jureles y uno que otro pez gallo que se aproximan hasta las inmediaciones de la playa atraídos por la infinidad de pequeñas sardinas que en cardúmenes buscan el lugar propicio para desovar sus huevecillos.
Se trata de sardinas “rojas” que cada año realizan el ritual de la reproducción acudiendo a las playas como lo hacen las tortugas, aunque ellas en lugar de la arena dejan sus huevecillos en los pedregales que también les sirven de protección frente a la voracidad de los grandes peces que se comen a los pequeños, tal y como dice el dicho.
Parados y silenciosos los pescadores ocupan su lugar conforme van llegando a la playa. No importa que unos estén detrás de otros porque cuando se trata de lanzar la atarraya todos le reconocen a cada quien su derecho de probar suerte.
Los pescadores llevan gorra o sombrero, no así muchas de sus mujeres que aguantan estoicas los rayos del sol que se reflejan en la superficie del mar. Por fortuna a esa hora los madrugadores que ya probaron suerte dejan el puesto a los que llegan tarde.
En la fila de los que están parados dentro del agua miran atentos a que aparezca la picazón de peces en la superficie como sucede cuando en el gallinero los pollos se amontonan peleando el alimento.
Ese es el momento en que los grandes peces se han acercado demasiado a la playa persiguiendo y devorando a los pequeños sin imaginarse que ellos a su vez son esperados como platillo que apetecen los pescadores de tierra firme.
Las aves que viven de la pesca están de fiesta revoloteando sobre las cabezas de los atarrayeros.
Las garzas con su cuello estilizado pasean su plumaje blanco que compite con la espuma de las olas mientras los cormoranes o pájaros buzos con su pescuezo retorcido buscan a su presa.
Los pelícanos de largos picos miran desde una lancha, satisfechos y con desdén, a sus competidores mientras las gaviotas sobrevuelan para identificar a sus presas y bajan en picada para capturar a sus presas.
Los pescadores atentos en su objetivo lanzan sus atarrayas dibujando un gran círculo en el aire dentro del cual desean ver a los peces cuando sus redes se hunden en el mar.
Con maestría el pescador que hemos visto hacer su lance jala poco a poco su atarraya y por el jaloneo que siente pronto se da cuenta si algo pescó. Entonces abraza con ambas manos su arte de pesca y sale presuroso a tierra firme donde la abre y descarga emocionado frente a sus ayudantes que rápidamente recogen los pescados y los guardan en el bote de plástico que hace las veces de hielera.
Don Javier acompañado de su mujer y su hijo ha tenido suerte en su pesca. Cuando lleva a vaciar el segundo viaje de su atarraya le dice a su hijo que ya está cansado y asoleado.
Mientras come el almuerzo, un bolillo todavía caliente relleno de aguacate y queso fresco dice que ya no hay tanta sardina y que la temporada está finalizando.
El ignora que el espectáculo de la pesca es un atractivo para vecinos y vacacionistas porque estamos frente a una de las maneras en que los que habitamos en tierra firme nos relacionamos con la otra mitad del mundo que está lleno de agua con sus múltiples variedades de vida.
Me sorprende particularmente el comportamiento de los pescadores de atarraya que parecen respetuosos en extremo. Aunque no se ve que hablen porque parte del ritual consiste en estar callado, cada quien guarda su distancia como si de antemano alguien los hubiera ubicado en cada lugar.
Nadie se pelea ni reclama, y menos grita. Todos saben que la pesca es un derecho común que alcanza para todos.
Eso sí, cuando alguien pierde su atarraya debido a un mal lance en terreno que le es desconocido lo dejan sólo a cargo de la situación, nadie se entretiene ni pierde tiempo ayudando a desatorar la red atrapada en alguna piedra.
Entre la playa de La Madera y la Boquita hay una zona pedregosa donde los atarrayeros se concentran en doble fila porque en ese lugar se concentra la riqueza de la pesca, con el inconveniente que no se ven las piedras, erguidas bajo el mar y que constituyen un riesgo.
Fidel Visoso es un hombre de 70 años que ha hecho su vida siempre junto al mar. Es un pescador ribereño consumado, que conoce cada rincón del océano. Fue ayudante del legendario buzo Oliverio Maciel quien lo guio en el arte del buceo, la pesca y también el tejido de atarrayas. “Aprende bien lo que te enseño para que sepas ganarte la vida cuando yo ya no pueda moverme” recuerda que le decía aquel afamado costeño de Zihuatanejo.
En esta temporada Fidel aceptó de buen grado la invitación a pescar en esta época en que desova la sardina roja. A manera de broma les preguntó si cabría en el lugar el titánic en el que pensaba llegar, y todos se carcajearon cuando lo miraron flotando sobre una cámara de llanta de camión con sus aletas puestas y la atarraya en su hombro derecho.
Fidel fue directo hasta la pedreguera, lo que provocó suspicacia entre los pescadores pensando que el invitado con su embarcación hasta cierto punto ridícula desconocía el terreno bajo sus pies.
Pero Fidel, seguro de lo que hacía, con un pie mantenía el equilibrio de su embarcación y con el otro la dirigía al lugar indicado.
Era cuestión de tiempo, pensaban los pescadores, para verlo fracasar en el intento, pero diestro en ese quehacer Fidel aprovechó la picazón de peces al alcance de su red para lanzarla en el preciso momento en que la ola del mar se retraía, y fue tan eficaz su lance que quienes esperaban verlo caer jalado por la red enredada se sorprendieron cuando, en son de broma, con ademanes pedía ayuda, pero no para desatorarla, sino para cargarla repleta de tantos pescados. Con un solo lance de su atarraya Fidel dio por concluida su pesca.