Llamado a apoyar a Chavarría en el festejo por el 10 de mayo de la Sedesol

La directora de Asuntos de la Mujer, Esmeralda Hernández, dice que “fue una broma”. La regidora zeferinista Lourdes Ramírez critica: “No es momento de hacer proselitismo”

Magdalena Cisneros En un desayuno ofrecido a las empleadas de la Secretaría de Desarrollo Social con motivo del Día de las Madres, la directora de Asuntos de la Mujer y Grupos Vulnerables, Esmeralda Hernández Gutiérrez, llamó a apoyar al senador Armando Chavarría Barrera, precandidato del PRD a gobernador.

Al finalizar el acto, la regidora zeferinista María de Lourdes Ramírez Terán informó que al empezar su discurso Esmeralda Hernández dijo “como aquí es de política vamos a empezar con Armando Chavarría, vamos a apoyar a Armando Chavarría”, luego felicitó a las madres.

Esmeralda Hernández se negó a hacer declaraciones a esta reportera al respecto, y sólo dijo que el comentario en su discurso fue “una broma”, mientras que una de los asistentes dijo que fue “un chascarrillo, no fue insinuación” y otra de las trabajadoras dijo que de todos modos “cada quien tiene su candidato”.

La secretaria de Desarrollo Social, Rossana Mora Patiño, festejó ayer con un desayuno a unas 25 trabajadoras de la dependencia, en el hotel Qualton, y entre los asistentes también estuvieron las regidoras perredistas Ninfa Luna, María de Lourdes Ramírez, Alejandrina Javier e incluso la titular de la Procuraduría vecinal, Gema Téllez, quien negó que en el acto se haya hablado en favor del precandidato perredista.

La regidora Ramírez Terán mencionó que en el discurso “se hace un llamado al apoyo de Armando Chavarría, que eran cuestiones políticas, yo creo que a las madres se les tiene que respetar, no se trata de partidos políticos, se trata de un desayuno con mujeres, no es momento de hacer proselitismo, respetamos las ideas de cada uno de nosotros, pero era un desayuno, no venía al caso”.

Afirmó que “no se vale que están conviviendo con trabajadoras y se haga proselitismo, las intenciones que tuvo la secretaria Rossana Mora eran buenas pero se le quiso dar otra (intención) por parte de Esmeralda”.

Al finalizar la entrega de obsequios a las trabajadoras, Esmeralda Hernández fue consultada sobre la alusión al precandidato Chavarría en el desayuno, pero la funcionaria rechazó hacer comentarios.

–¿En el desayuno hubo un pronunciamiento en favor de un precandidato?

–Sin comentarios.

–¿Pero sí lo hubo?

–No, fue una broma.

En eso intervino la titular de la Procuraduría Vecinal, Gema Téllez quien dijo que no se habló de un precandidato.

–¿Entonces fue una broma el comentario? –se insistió a Hernández Gutiérrez

– Je, je.

–¿No hubo comentarios a favor de un candidato?

–¿Se escuchó?

–Le pregunto.

–No voy a comentar nada.

Por su parte, una de las trabajadoras dijo que fue “un chascarrillo” el nombrar a Chavarría Barrera, que Hernández Gutiérrez no lo mencionó para hacer política, y agregó: “no sé por qué salió eso, peor nosotros ya sabíamos que era un festejo”.

Otra de las empleadas de la dependencia dijo que el festejo era por el Día de la Madre y que “cada quien tiene su candidato”.

Una de las asistentes al desayuno fue Filadelfia Rosas, madre del alcalde Alberto López Rosas, como invitada especial al acto.

Festeja Aguirre Franco 46 años como sacerdote con religiosos y sin políticos

* Hoy viene a Acapulco el nuncio Bertello

 Karina Contreras * A un día de que sea nombrado Juan Navarro Castellanos como obispo auxiliar de la arquidiócesis. El arzobispo de Acapulco, Felipe Aguirre Franco, festejó 46 años de su ordenación sacerdotal y lo celebró con un desayuno privado con grupos religiosos y sin la presencia de autoridades o políticos.

El desayuno privado fue para unas 30 personas en el restaurante Flamingos. En el lugar se encontraron integrantes del grupo Club Serra, quienes forman parte de una asociación de laicos que promueven la vocación sacerdotal.

El vocero de la arquidiócesis, Miguel Contreras Aguilera,  comentó que Aguirre Franco agradeció a los presentes toda sus oraciones que le dedican. Cuando se le preguntó por qué no estuvieron políticos comento que fue un desayuno que les prepararon grupos religiosos.

Aguirre Franco tiene cuatro años que llegó al puerto. El 29 de junio de 2001 había sido nombrado por Juan Pablo II arzobispo de Acapulco. Entre las actividades relevantes de Aguirre Franco está haber sido formador de sacerdotes en un seminario de Guadalajara; estuvo como párroco en Sahuayo, Michoacán.

Posteriormente, se ofreció para irse a la diócesis de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, ya que manifestó que en ese lugar había necesidad de Jesucristo. Aquí fue nombrado obispo auxiliar, en donde permaneció por 26 años.

El vocero Contreras Aguilera describió a Aguirre Franco como un verdadero pastor que está enterado del acontecer internacional. Asimismo, mantiene una relación cercana con todos los estratos sociales. Dijo que el prelado no mantiene distinción para nadie, ya que todo necesitan de Dios, incluso, los ricos.

Cuando se le preguntó que muchos no aprueban que el arzobispo opine de todo respondió: “Es un pastor que ha hecho sentir su voz ante los diferentes sectores de la sociedad y de la Iglesia”.

Por otro lado, informó que hoy a las cinco de la tarde se llevará a cabo la ordenación episcopal del nuevo obispo auxiliar de la arquidiócesis de Acapulco, Juan Navarro Castellanos en la explanada de la iglesia Cristo Rey.

En la ceremonia se espera la presencia del nuncio apostólico Guiseppe Bertello y otros 15 obispos del país. Así como unos cinco mil fieles.

El festejo del Santo Entierro en Xalpatláhuac, donde la buena suerte crece en un cerro

* Celebran en el tercer viernes de cuaresma la ceremonia religiosa

 Tlachinollan * En la comunidad naua de Xalpatláhuac es tiempo de veneración. Es el tercer viernes de cuaresma, día de la fiesta del Santo Entierro, y muchísima gente viene al santuario de este Cristo bajado de la cruz. Los visitantes empezaron a llegar la semana pasada y fueron creciendo hasta convertirse en este grupo numeroso que no se queda quieto ni un instante. Ya los carros no pueden entrar al pueblo. No caben. Y quedan estacionados, olvidados, en la carretera que los llevó hasta allí.

Hay que hacer fila para todo: para entrar a la iglesia, para pasar delante del nicho del Santo Entierro, para “pedir misa” y pagar los 60 pesos que ésta cuesta, y hasta para ir al baño. Hay personas por todos lados; mujeres, hombres, niños, jóvenes y ancianos que vienen tanto de pueblos cercanos, como de más alejados.

Aquí es necesario armarse de paciencia: la espera en una fila larga y retorcida de esas que parecen no tener fin, que atraviesan una puerta, bajan una escalera o cruzan un tianguis puede durar horas.

La iglesia está repleta y la hilera de feligreses no parece avanzar. Mientras aguardan, se acercan a los dos sacerdotes que se encuentran apostados en la puerta y que están ahí para bendecir lo que sea que le lleven.

El interior del edificio huele a cera de velas derretidas, a flores, a calor humano. Hay hombres y mujeres de pie; otros se hincan de rodillas en ese desorden de veladoras y pétalos muertos.

Mostrar la fe

Alberta es una mixteca de 30 años. Viene del municipio de Copanatoyac y trajo a sus cinco hijos a la fiesta del Santo Entierro.

“Le di vela para que los cuide”, comenta luego de haber rezado frente a la imagen. También compró flores “hasta allá afuera” y se las ofrendó.

Afuera del recinto, en la puerta lateral, hay una mesa en la que se exhiben “cordones” de colores, de distintos tamaños y materiales. Tienen impresa la leyenda “Santo entierro venerado en Xalpa”. “Cuestan 1 y 2 pesos y se ponen en su pescuezo”, informa la vendedora. “Protegen de enfermedad”, afirma.

Pero no todas las manifestaciones de fe ocurren allí. También hay otras muy fuertes fuera del santuario. Son las que tienen lugar en el Tlayoltepetl, el Cerro del Maíz.

Según la tradición, quien suba a ese lugar sagrado “puede encontrar su suerte para la cosecha”, cuenta un sacerdote originario de Xalpa que regresó a su pueblo para asistir a la celebración, Francisco Javier Sánchez Cruz.

Quienes suben hasta la cima para escarbar en la tierra polvorienta de la temporada seca creen que                         “por ahí atrás, rascando, sale tamo de maíz. Y si alguien encuentra el tamo, dicen que le va a ir bien en su cosecha, en su trabajo. Y si encuentran un pelo de chivo, entonces se van a multiplicar sus chivos”, explica este sacerdote católico de origen naua que aún habla su lengua materna.

Pero subir al Tlayoltepetl no es fácil. En el camino hacia su cumbre el sol parte la tierra y no hay dónde protegerse de él. Casi no hay vegetación, ni árbol que dé sombra, ni alero dónde esconderse de esos rayos implacables aunque más no sea por un rato. Alrededor todo es aridez, sequía, calor. Sin embargo, eso no detiene a las mujeres que caminan con sus hijos pequeños cargados en la espalda, a los campesinos o a los ancianos que, año tras año, se dirigen a este lugar con la esperanza de realizar un hallazgo que, según ellos, les traerá prosperidad para este año.

Encontrar la suerte

Eufemia es una indígena naua de 68 años y llegó desde Quechultenango. Está sentada en el suelo y hace un hoyo ayudándose con un palo de madera. No parece importarle que su vestido celeste se ensucie de polvo. Sus pies están descalzos y descansan un rato de la dureza de los huaraches, luego del cansancio de haber subido al cerro. Busca pelos de burro, de chivo o de puerco. Explica que, si encuentra un pelo de puerco, por ejemplo, significa que debe comprar uno y que le irá bien y que el animal será sano y no se enfermará.

“El pobre tiene que buscarse su suerte”, argumenta esta mujer de piel oscura y cabellos blancos.

A su lado se encuentra Paulina, otra indígena naua. Ella hizo un agujero más profundo todavía, de unos 15 centímetros, y sólo encontró piedritas. Sin embargo, las guarda en un monedero pequeño. Tal vez más tarde reflexione acerca del significado de su descubrimiento y de la incidencia de éste en su futuro cercano.

A unos pasos de estas mujeres se encuentra Nimorio, un campesino tlapaneco que vino desde el municipio de Malinaltepec a hurgar en la tierra de Xalpatláhuac.

“Cada cuál encuentra su suerte”, dice, pero él no encontró nada, pese a que estuvo arrodillado un rato, absorto en la búsqueda de algo que le sirviera de indicio, que le diera una pista de qué animales comprar para criar en los próximos meses.

“Esta costumbre no sé cuántos años tiene, por lo menos desde que tengo uso de razón la gente sube ahí arriba y empieza a rascar”, rememora Sánchez Cruz.

En la cima también hay una capilla dedicada a San Marcos. Allí van los peregrinos a pedir una buena temporada de trabajo. Los sacerdotes indígenas, los “ofrenderos”, son quienes los esperan.

“Ellos reciben la flor, la limosnita, y ya la ofrecen al patrón, en este caso, San Marcos. Y piden por la persona, por su salud, por su trabajo o, incluso, por un difunto. Su trabajo es pedir por los demás, interceder”, cuenta Sánchez Cruz.

“Mucha gente, cuando le va bien en su cosecha, trae su mazorca y la deja como ofrenda. Otras personas vienen y le dicen al ofrendero ‘quiero que me dé ese maicito’ porque, al llegar la ofrenda con el santito, se convierte en la mazorca del santo, y la persona se lo lleva y lo siembra para que le vaya bien en su cosecha”, agrega con respecto a la labor desempeñada por estos ancianos que son principales en su comunidad.

En el interior de la precaria capilla hay una charola para limosnas. En ella los campesinos dejan sus monedas. Ese dinero se utilizará para celebrarle “misa al santito, o para comprarles flores durante el año o para hacerle su fiesta y comprarle su castillo y sus cohetes”.

En esta fiesta religiosa de indígenas y de mestizos se funden (una vez más, como tantas veces en esta montaña) ingredientes de distintas culturas indígenas y del cristianismo.

Los pueblos indígenas ya creían en Dios desde antes de la llegada de los colonizadores y sus imposiciones. Los misioneros católicos, cuando veían que los indígenas subían a los cerros a quemar velas y a llevar aguardiente para dejarla en las cuevas, pensaban que lo hacían para adorar a las fuerzas del mal.

“Porque no entendían la lengua y pensaban que los indígenas le hablaban a Satanás. En realidad, le hablaban al dios de la vida, que les dio la vida, la salud, para que los protegiera de todos los males, de las envidias, de los enemigos; puras cosas buenas que les pedían a dios”, aclara el sacerdote.

Ya de nuevo en el pueblo, cerca del mediodía, hay una misa en la iglesia. Al finalizar la liturgia, bajan la imagen de Jesucristo sepultado y lo llevan a recorrer el centro de Xalpatláhuac. Lentamente, la procesión transita por las principales calles y circula con paso cansino por las orillas del río Jale.

Cuando termina, los visitantes se retiran y el Santo Entierro vuelve al lugar del que salió.

Dentro de 8 días lo sacarán nuevamente porque habrá otra procesión. Los peregrinos serán otros. Nuevos, descansados, recién llegados. Arribarán al pueblo que alberga al Cerro del Maíz para celebrar el cuarto viernes de Cuaresma en ese lugar donde las creencias indígenas no se dejaron subyugar por los prejuicios de los colonizadores, sino que supieron perdurar de manera insistente, ofreciendo su silenciosa resistencia hasta nuestros días.