La confección del sombrero de palma, labor de sobrevivencia en Xalpatláhuac




foto La importancia de la elaboración del sombrero de palma en la comunidad nahua de Xalpatláhuac no radica en la ganancia económica inmediata, si no en que representa un medio para que los indígenas de este lugar de La Montaña puedan pagar el frijol, el arroz, el refresco o el molino, donde muelen el nixtamal para obtener la masa y hacer las tortillas, base de su dieta diaria.
Es el trueque que continúa arraigado en las costumbres de este lugar de cerca de 5 mil habitantes y a 50 minutos de Tlapa, que se combina con la venta de sombrero como una forma de subsistir ante la falta de fuentes de trabajo.
Así, la elaboración del sombrero de palma en greña, porque no está procesado, sea masayo o tlapeño, masayo calado o masayo grande resulta de gran importancia para la economía de la comunidad nahua, afirma Arturo Tapia Bravo, regidor de Educación.
Además de ser la actividad más fuerte que se realiza a lo largo del año y que aumenta al término de la cosecha porque la gente le dedica tiempo cuando platica, descansa o sale a caminar, en tanto, sus manos tejen una a una las palmas hasta formar el sombrero sin entorpecer la charla o el saludo.
Una persona hace de dos a cuatro sombreros por día, dependiendo de lo rápido que sea y del tiempo que les destine, afirma una mujer nahua de la comunidad. Agrega que ella sólo hace dos por día ya que tiene que combinar los quehaceres del hogar y el campo con la elaboración del sombrero.
La ruta comercial del sombrero de palma comienza en este lugar, luego va hacia Tlapa y después a Tehuacán, Puebla, de donde lo exportan a los Estados Unidos, ya sea en su forma original, en greña, o procesado.
Tapia Bravo dijo que el tejido del sombrero se está perdiendo porque las nuevas generaciones ya no lo practican y prefieren irse a los Estados Unidos que hacer sombreros.
Lamentó la falta de apoyos de las instituciones gubernamentales como Fonaes y de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) para preservar, comercializar o procesar esta artesanía que a varias familias les proporciona el sustento.
Aunque Tapia Bravo reconoció que hace tiempo se distribuyeron recursos para apoyar la compra-venta y producción de sombrero de palma, éstos fueron mal usados por los beneficiarios quienes los destinaron para otras cosas y dejaron el trabajo del sombrero a medias, pero justificó: “eso fue por la falta de seguimiento y fiscalización de las instituciones a los proyectos”.
El regidor confió en que los nuevos apoyos que logren se utilicen de manera eficaz y ahora sí cuenten con todo el apoyo de las instituciones ya que no se le ha dado el impulso a la comercialización, lo cual hace que algunos intermediarios se aprovechen y engañen a sus paisanos con los precios.
Una de las habitantes del lugar que se dedica a la confección del sombrero, doña Marina, comentó que el precio del sombrero era muy bajo por lo mucho que le invertían ya que todavía tenían que comprar la palma, pero lo que les daban les servía para solventar algunos gastos de su casa o para resolver de manera más rápida la falta del arroz o frijol llevando el sombrero a la tienda.
Lamentó que los precios del sombrero bajaran porque “con uno no nos alcanza ni para el refresco”.
Otra persona que se dedica a la compra de sombrero o intermediario que se encontraba en la comunidad dijo “esta es mi fuente de trabajo y uno tiene que buscarle para ganarse unos pesos”.
Negó que como intermediaros se aprovecharan de las personas porque “nosotros también pagamos en función de cómo esté el mercado” y que si a ellos les daban bajos precios eso repercutía en la compra en las comunidades.
El intermediario argumentó que en este caso, le gana un peso por cada docena de sombreros que compra en sus tres variedades: masayo o tlapeño, masayo calado o masayo grande. El costo del primero es de 32 pesos por docena, el segundo de 35 y el tercero de 40 pesos.
Agregó que al comprar el sombrero por gruesa –una unidad de medida que se compone de 12 docenas–, la gente de la comunidad se ve más beneficiada porque a la suma de las docenas se le agregan otros 10 o 16 pesos dependiendo del tipo de sombrero.
“Le ganamos muy poquito”, dijo. Me convendría llevarme más gruesas por viajes, pero “hay mucha competencia”.
Tan sólo aquí vienen a comprar más de cinco personas. Unos somos de la región y otros vienen de Tehuacán, Puebla, y de Nochistlán, Oaxaca, concluyó.