Los vecinos de Ayotzinapa, Tlapa, son jornaleros desde hace décadas porque no hay trabajo, relatan

Una mujer nahua de la comunidad migrante de Ayotzinapa, municipio de Tlapa, en sus actividades cotidianas como ir a comprar o al molino para hacer sus tortillas Foto: Antonia Ramírez

Carmen González Benicio (primera parte)

Ayotzinapa, Tlapa

Desde lo alto en una de las curvas de la carretera de terracería se ven los rayos del sol reflejándose en las láminas de metal que cubren las viviendas de la comunidad jornalera de Ayotzinapa, municipio de Tlapa, enclavada en las faldas de montañas que antes tuvieron encinos y pinos.
Conforme se desciende se escuchan los sonidos de gallos, puercos y burros. Hay personas que recogen el zacate en sus parcelas donde sembraron maíz.
Ayotzinapa es una comunidad jornalera de varias generaciones, algunos vecinos resumen los años diciendo que desde que abrieron los ojos ya se iban a Culiacán, en el estado de Sinaloa.
Al paso de los años salieron a otros estados del norte y centro del país que requieren mano de obra.
Actualmente un buen número de familias se va a Guanajuato, como el caso de una familia que vino a la comunidad a pasar las fiestas de diciembre, y ya usan placas en la camioneta en que se trasladan de otro estado.
Aunque el grueso de la población salió en noviembre luego de celebrar a los Fieles Difuntos, la vida transcurre de manera cotidiana para quienes se quedaron.
Entre las personas obligadas a quedarse están las autoridades municipales, la saliente y la entrante y las adultas mayores porque en los campos ya no las aceptan, otras porque trabajan en los programas federales, además hay quienes decidieron no ir esta vez.
El comisario Cruz Salgado Paris contó que durante un año dio su servicio para encargarse de las gestiones de servicios, apoyos, atender casos particulares y las festividades religiosas que en la comunidad tres son las más grandes: el Sábado de Gloria, la Semana Santa, el 22 de mayo, la Virgen de Juquila y el 4 de octubre, y de ahí cerca de una veintena de festejos que hacen los mayordomos que tampoco migran.
Cruz Salgado ahora espera la toma de protesta del nuevo comisario que ya eligieron en noviembre, El Día de Muertos, y será Lucas Díaz.
Se le preguntó si las mujeres participan en el cambio de la autoridad y respondió que no lo tenían prohibido, “se les deja, no se rechazan”, pero no acuden porque ese día están ocupadas haciendo la comida o lo que se necesita en las ofrendas. Participan los hombres y de ahí sale la propuesta por usos y costumbres.

La migración no se detiene

El comisario ha sido jornalero, sus hijos siguen sus pasos aunque buscando diversas formas, uno está en el extranjero dentro de un programa de contrato de mano de obra de la Secretaría del Trabajo.
A sus 69 años dice que la migración no la van a detener mientras no haya empleos suficientes y bien pagados, “está duro que la detengan mientras no haya trabajo para todos”.
Para la autoridad la migración aumentó en la comunidad. Esto se ve más después de noviembre en que se va más del 80 por ciento de la población, y pasando diciembre se van otros “hace unos días se fueron cuatro familias”.
Mencionó que por eso se ven casas cerradas, que así como las dejan así las encuentran porque todos saben que se fueron a trabajar.
Aunque algunos se van y otros vienen a pasar diciembre y en ese tiempo aprovechan para hacer mejoras a sus casas, levantan paredes de concreto, le ponen las láminas a los techos inconclusos o le ponen losa con los ahorros de su trabajo en los campos.
Para él las personas salen a buscar la vida, y por eso la migración no va a parar porque algunos jóvenes que salen por primera vez al ver que ganan dinero deciden seguir, “como cada semana reciben dinero, eso les gusta”.

Un pueblo casi abandonado

La población de Ayotzinapa es de aproximadamente mil 300 personas.
En la temporada alta de migración jornalera, de acuerdo al registro que tiene el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan del 2022, salieron del poblado 23 autobuses, llevándose consigo un aproximado de 40 pasajeros cada vehículo, lo que representaría 920 mujeres y hombres, entre adultos, jóvenes y niños, sin contar los que migran por su cuenta, sin enganchadores.
El grueso de los jornaleros y jornaleras salió el 6 de noviembre en 14 autobuses contratados por la empresa Agrícola Golden Fields (antes Buen Año) para trasladarlos a la comunidad de Costa Rica, municipio de Culiacán en el estado de Sinaloa, antes salieron dos y el resto en el transcurso de noviembre y diciembre.
Es por eso que las calles están vacías, uno que otro niño se asoma. Las viviendas tienen las puertas cerradas y sus corrales cercados.
Ante su vocación jornalera dice el comisario que la mayoría de la gente mejor no cría animales porque luego no tiene con quién dejarlos para su cuidado.
Los que han dejado de hacerlo tienen unos cuantos chivos, vacas, burros que llevan al campo diariamente para su alimentación o bien para traer leña.
De esa ruta salieron otros 11 camiones entre las comunidades de Chiepetepec, municpio de Tlapa, Cacahuatepec, de Copanatoyac y Tlatlauquitepec de Atlixtac, ambas comunidades nahuas, llevándose a unas 440 personas.

Las actividades del campo son las que prevalecen

El trabajo para las familias nahuas no cesa, quienes se quedaron son los encargados de desgranar la mazorca para sacar el maíz que usarán para su consumo durante el año, y algunos lo venderán.
El periodo de desgrane es de noviembre a febrero, después de recoger la mazorca en sus parcelas y llevarlas a sus casas para secarlas en los techos, quienes tienen casa de concreto en el patio, para los que no en el cuescomatl, una especie de caja construida con varas o tablas en lo alto, para evitar que alguna lluvia imprevista la moje.
“Le estamos echando ganas porque siempre llueve a finales del año o los primeros días de enero”, dijo Rocío Ramírez Domínguez.
El desgrane es uno de los trabajos que tendrán los integrantes de la familia, pero recaerá más en las mujeres que se quedan en casa para sacar lo que cosecharon.
Rocío, jornalera desde niña, no salió a trabajar a los campos, “aquí también tenemos mucho trabajo aunque no recibimos paga, ahorita hay que desgranar, sacar las semillas de la calabaza, ir por el zacate, los quehaceres de la casa”.
“Aunque muchos dirán que los flojos nos quedamos ahora”, dice mientras se ríe y amamanta a su hijo Ernesto.
Rocío, sentada en medio de granos de maíz y mazorca blanca contó que eso no era suyo sino de su tío quien le encargó hacerlo y le va a pagar por ello, porque él se fue con su familia a trabajar a Sinaloa. Se encarga de cuidar que se seque, no se moje y cuando se desgrane quede limpio el maíz por si quiere venderlo.
Es por eso que para sacarlo usan piedras donde liman la mazorca, así le quitan los granos podridos y pequeños que van a usar para comer, y con ayuda del aire le soplan para que se limpie y quede listo para guardarlo, “ya llenamos un rotoplas y vamos a ver cuánto más sale”.
Bajo la sombra de una lona, Rocío platicó que desgranar la mazorca es un empleo temporal en la localidad, porque algunas familias las alquilan para hacerlo y terminar pronto, se pagan 100 pesos y les dan comida y un refresco. “Ahorita ya me voy a ganar unos mil pesos por todo”, dijo.
Se dijo floja porque ya no salió como jornalera, aunque ahora tiene sus razones, sus tres hijas y su hijo varón que amamanta y porque su marido entró al programa Sembrando Vida, y le dan 5 mil pesos mensuales.
Sobre eso dice que es poco porque viaja, pero al menos están todos juntos.
Mencionó que extrañar irse, porque no va a tener un ahorro porque en la comunidad no hay forma de generar ingresos, pero está tranquila porque descansa de las duras y largas jornadas.
Por ejemplo, no se tiene que levantar a las 4:00 de la mañana a preparar los alimentos, las cosas para llevar a sus hijas a la guardería y luego irse al campo. Estar ahí hasta las 6:00 de la tarde para completar su jornada.
Además pasar por sus hijas y llegar a las galeras de lámina, hacer su cena, lavar los trastes, la ropa, bañar a sus hijas y cerrar el día “con mucho dolor en mi cuerpo”. Así los más seis meses que dura su contrato con la empresa.
Sus ingresos los completa con la beca Benito Juárez que recibe su niña, porque ahora aunque tiene dos estudiando, sólo le dan a una y es poco, dijo.

 

Se van en autobuses familias indígenas de la Montaña a trabajar al campo en Sinaloa

Jornaleros migrantes nahuas de Ayotzinapa, municipio de Tlapa, en el crucero de su comunidad en la carretera federal Tlapa-Chilapa abordan los autobuses que los llevarán a los campos agrícolas de Sinaloa Foto: Antonia Ramírez Marcelino

Carmen González Benicio

Ayotzinapa, Tlapa

Decenas de familias nahuas de la comunidad de Ayotzinapa, municipio de Tlapa abandonaron sus hogares para irse a trabajar a los campos de cultivo del estado de Sinaloa, ante la falta de trabajo remunerado.
Desde los primeros minutos de este domingo llegaron 14 autobuses al crucero de la comunidad de Ayotzinapa, sobre la carretera Tlapa-Chilpancingo para llevarse a los pobladores, que un año más refrendaron trabajar con la empresa china, la agrícola Buen Año o Gold Field, ubicada en la comunidad de Costa Rica, municipio de Culiacán, Sinaloa, a donde llegarán en tres días de recorrido, si no se descompone el autobús, dijeron.
Las familias, como la de Juana, que tiene 37 años de edad y más de 10 años como jornalera, primero guardaron las cosas que podían dejar como el maíz, frijol, la calabaza y otros frutos que cosecharon durante la temporada de siembra.
Los animales como las aves o chivos fueron encargados con la familia que se queda, en su mayoría personas adultas el padre, la madre, abuelos, tíos o hermanos.
Y las cosas personales como la ropa, las cobijas las echaron en costales o bolsas que guardaron en las cajuelas de los autobuses estacionados para su arribo.
La familia de Juana se compone de cinco hijas, tres menores de 18 años por lo que sólo trabajará ella, su esposo y dos hijas. La menor entrará a la guardería y la otras al Conafe para seguir sus estudios de primaria.
Agregó que en el campo espera ganar de mil a mil 500 pesos a la semana por el corte de las hortalizas, por más de seis horas de trabajo, el cual realizan agachados o de rodillas porque son muy pequeñas.
Dijo que la empresa ahora los ha tratado bien porque les dan dónde dormir y algunos servicios durante su estancia de cerca de seis meses porque no volverán hasta el mes de mayo.
De la comunidad al crucero son 4 kilómetros por lo que las decenas de familias nahuas fueron trasladadas en camionetas por los mayordomos encargados, es decir la persona que los “invitó” a irse con esa empresa y con quien tratan los desacuerdos.
De las camionetas o Combis descendían mujeres, hombres, niñas, niños, adolescentes, en su mayoría población joven, que descargaban los costales con sus cobijas, agua, trastes para cocinar, escobas, petates; algunos ventiladores o televisiones. Agua para el camino.

Los mayordomos

Eusebio Díaz Sánchez fue jornalero y mayordomo en su tiempo, ahora ya no migra, pero sigue siendo el enlace y reúne gente para que se vaya como jornalera. Conoce a todos y acudió a apoyar a la trabajadora social de la empresa Buen Año, Nancy Ofelia Leyva Beltrán.
Informó que hoy salieron 14 autobuses y otros tres hace días y el próximo 20 de noviembre saldrán otros tres por lo que se habla de 20 autobuses sólo de Ayotzinapa.
Y que eso se debe a que es una de las empresas que paga un poco mejor las cajas que llenan en la jornada.
Para Díaz Sánchez la migración jornalera de los pobladores ha sido para subsistir ante la falta de empleos en la región que permitan que las familias tengan ingresos económicos ya que los trabajos son más de autoconsumo, no remunerados.
Y que antes, Ayotzinapa quedaba vacío porque se iban todas las familias, pero eso ha cambiado en los últimos años, pero quienes se quedan son los mayores de edad. Algunos porque sus hijos les mandan el dinero, otros por la edad o las enfermedades.
Contó que las enfermedades que ve en sus paisanos son las de dolores musculares porque luego no se pueden agachar por el dolor de rodillas, pies o manos “son las reumas o también dicen enfermedad asiática” y que eso es porque su trabajo lo hacen agachados en cuclillas o rodillas porque la planta china que cortan es muy pequeña.
Dijo que hay jornaleros que no se regresan o vuelven, pero ya de manera independiente se van a otros campos en los estados de Nayarit o Guanajuato.
En el lugar se observaron mujeres jóvenes con listados en las manos que revisaban quienes se subían a los autobuses, ayudaban a sus papás, los mayordomos. En cada autobús va al frente un mayordomo que se hace responsable de los cerca de 40 pasajeros o más si es que llevaban menores en brazos
En los 14 autobuses que llegaron a Ayotzinapa, uno de los pueblos de Tlapa de donde salen en masa como jornaleros, se fueron más de 600 personas, aunque el censo real lo tendrá el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan que realiza el registro en la Unidad de Servicios Integrales (USI) del Bienestar que se encuentra en Tlapa, donde acudieron y se les ofreció alimento mientras esperaban su salida.
Ahí también estuvieron enfermeras y doctoras para darles pláticas de cuidados y revisarlos si llevaban algún malestar. Les dieron folletos sobre obesidad y la presión arterial.
Tlachinollan les dio folletos sobre sus derechos como jornaleros migrantes.

Empresa con prestaciones, dice la trabajadora social

La trabajadora social de la empresa Buen Año, Nancy Ofelia Leva Beltrán comentó que les brindan las prestaciones laborales correspondiente a los jornaleros y como muestra es que ellos acuden a la comunidad para acompañarlos durante el recorrido de tres días hasta los campos de cultivo.
En el trayecto se hacen cargo de la alimentación y de atender los inconvenientes, sobre todo con los agentes de Tránsito, aunque éstos sólo les piden los papeles y les piden saber dónde van.
En los campos cuentan con guardería para los menores y el módulo del Conafe para aquellos que dejan sus estudios en la comunidad y le den seguimiento; así como la dotación de los servicios elementales como el agua, salud.
Y si alguna persona adulta muere por accidente en el trabajo se hacen cargo de su traslado a su comunidad, pero si es un menor de edad, se quedan en Sinaloa donde ya compraron un terreno para eso.
Sólo trabajan los mayores de 18 años.
La empresa lleva a jornaleros de otras comunidades de Tlapa como Chiepetec, la segunda en población jornalera que sale durante la temporada alta de migración de septiembre a enero.
Las comunidades nahuas de Cacahuatepec del municipio de Copanatoyac y Tlatlauquitepec, del municipio de Atlixtac; salen también de Chilapa.

Falta de atención
de los gobiernos

De Tlachinollan, Paulino Rodríguez lamentó la indiferencia de las autoridades municipales de Tlapa para atender a la población jornalera porque no han cumplido ni con los servicios básicos como enviar el agua que se usa para los baños, para lavar los trastes o algunos sus ropas o bañarse mientras esperan.
Así como la recolección de la basura que se va acumulando y que tienen que pagar de 300 pesos o más cuando esperan el servicio público que no pasa; o la seguridad en la zona y el tránsito municipal porque los autobuses ocupan los espacios.
En el caso del gobierno estatal, de Evelyn Salgado Pineda tampoco se han atendido las necesidades planteadas como el dotar de insumos para el funcionamiento eficiente del comedor que permita darle alimentos calientes durante su estadía en la USI.
Las secretarías que han sido involucradas como la de Asuntos Indígenas, de Migrantes, de Salud sólo han manifestado intenciones de apoyo sin que esto se materialice porque no se ha instalado la Comisión Intersecretarial para saber a quién le toca atender a los jornaleros.
Ante esa situación exigió a las autoridades que asuman su responsabilidad y atiendan la agenda que les fue entregada desde que asumieron el gobierno y a un año no se ve reflejado el interés en los jornaleros.