Organizan familiares oración colectiva en honor de tripulante desaparecida

Familiares y amigos de Abigail Andrade Rodríguez, tripulante del yate Litos que se encuentra desaparecida desde el paso del huracán Otis, en la ceremonia que realizaron la tarde ayer en la playa Carabalí Foto: Carlos Carbajal

Ramón Gracida Gómez

“¡Abi, te estamos esperando!”, exclamaron frente al mar unos 25 familiares de Abigail Andrade Rodríguez, hostess del yate Litos, durante una oración colectiva que se realizó en playa Carabalí la tarde de este jueves, a 37 días de su desaparición tras el paso del huracán Otis.
La emotiva ceremonia religiosa empezó a las 6 de la tarde. Los asistentes, casi todos vestidos de blanco, formaron un círculo y pidieron a Dios que la joven Abi, madre de tres niños, regrese a su casa.
El yate Litos es una de las embarcaciones con más tripulantes desaparecidos. Son cuatro: el capitán Ulises Díaz Salgado, los marineros Fernando Parra Morales y Alejandro Sandoval Ugarte; y la hostess Abigail Andrade Rodríguez, quien se dedicaba desde hace ocho años a mantener limpias las instalaciones para los invitados.
La cifra oficial de desaparecidos es de 30 personas y de acuerdo con un recuento de El Sur, son 25 las personas que no han sido localizadas en el mar, cuya última ubicación es la embarcación donde laboraban, principalmente en el Club de Yates, La Marina de Acapulco o Marina de Puerto Marqués, como es el caso del yate Litos. Los otros cinco desaparecidos son de los hogares que fueron arrastrados por la lluvia y el viento.
Una mujer fue la encargada de guiar las oraciones y las peticiones, para que la hostess desaparecida, de las pocas mujeres no localizadas en el mar por los estragos que ocasionó el meteoro en las primeras horas del 25 de octubre, sea hallada.
Un joven cantó con su guitarra otros rezos, lo que emocionó más a los familiares de Abigail y algunos empezaron a sollozar. A otros se les humedecieron sus ojos y otros tantos abrazaron a los que tenían a su costado.
Una de las hermanas de Abigail, quien tiene tres, un hombre, Enrique, y dos mujeres, abrazó a los niños que estaban en medio del círculo durante un lapso de varios minutos. Un largo silencio, después de uno de los cantos, resaltó el ruido de las olas que rompían a unos metros de los asistentes y el agua llegó a los pies de algunos de ellos.
Un fuerte color naranja iluminó el cielo. Ya no se veía el sol por las nubes y el atardecer empezó a avisar que el día acababa y comenzaba la noche. Algunos hombres corrían en la playa, otra pareja observó desde unos metros de distancia la ceremonia, y una señora, de tez delgada y pelo cenizo, intentaba pescar con un hilo.
En una realidad totalmente opuesta a la lúgubre, pero esperanzadora oración colectiva, decenas de personas bailaban en el restaurante Carabalí, en el regreso del tradicional jueves pozolero, con música en vivo y show de imitadores, que se escuchaba a unos 150 metros de distancia.
Alrededor de las 6:30 de la tarde, los familiares rompieron el círculo de oración y formaron una hilera frente al mar, cuyo oleaje se intensificó en pocos minutos. Al fondo, prácticamente afuera de la bahía, se veía un barco. No había gente dentro del mar a muchos metros a la redonda.
Una familiar no contuvo más el llanto y lo soltó de un solo golpe, era la tristeza de no encontrar a Abigail a un mes y una semana del paso del huracán Otis. Otras dos personas empezaron a fumar.
Por turnos, cada uno de los asistentes se adentro unos dos metros al mar, decía algo en voz baja y luego tiraba una flor blanca, algunos de ellos realizaron el pequeño acto simbólico de manera solitaria.
Otros, en pequeños grupos de dos o tres personas, acudieron a tirar varias flores, como fue el caso de Enrique, quien ha bloqueado la Costera por varias horas, para exigir a las autoridades que amplíen la búsqueda de los marineros desaparecidos.
Una de las tías de Abigail, Tere, vecina de la popular colonia La Laja, donde creció Abi, animó a los asistentes con la solicitud de gritar el nombre completo de su sobrina tres veces: “¡Abigail Andrade Rodríguez!”, y luego empezó el coro: “¡Abi, te estamos esperando!”.
Los familiares de la marinera se quedaron viendo la enorme bahía de Santa Lucía, de donde esperan que salga Abigail. Algunas flores flotaban en el mar, otras se deshicieron con el rompimiento de las olas y los pétalos regresaban a la arena.