ESTRICTAMENTE PERSONAL

La conexión secreta  

Raymundo Riva Palacio  

Quien conozca a Carlos Ahumada –en mi caso, una experiencia de casi un año–, podrá dar fe que en la grabación que mostraron los cubanos donde el empresario revela que entregó los videos donde se ven figuras perredistas involucradas en actos de corrupción el empresario se ve como solía ser: hablador, relajado y con sus giros lingüísticos acostumbrados. No luce como el hombre hostigado por los cubanos que violan sus garantías individuales y que le extraen por la fuerza declaraciones falsas, como dijo al llegar a México deportado de Cuba.

Sus declaraciones ante la cámara cubana habían sido adelantadas en forma abierta por el gobierno cubano para responder a una serie de acusaciones de la administración foxista de injerencia en asuntos internos, al anunciar que iban a probar su dicho –expuesto en el comunicado de deportación–, de que Ahumada, en efecto, había reconocido la existencia de una conspiración política en contra del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador. El gobierno mexicano, mediante una nota diplomática transmitida a La Habana el martes, reculó de la beligerancia mostrada contra Cuba el fin de semana pasado, y pretendió restablecer un diálogo entre los dos gobiernos. ¿Por qué el tono oficial mexicano cambió radicalmente en 72 horas? ¿Quiso evitar que los cubanos aportaran pruebas incriminatorias del complot cantado inagotablemente por López Obrador? ¿Acaso tenían miedo?

En todo caso, el gobierno del presidente Vicente Fox debe tener razones de qué preocuparse. Ahumada declaró a los cubanos que entregó los videos a “altos cargos del gobierno mexicano, por intermedio de conocidos políticos, a cambio de protección legal… y ayuda económica”. Los cubanos editaron posiblemente los nombres de esos “altos cargos” y de los “políticos conocidos”, que es altamente probable que estén contenidos en las 40 horas de interrogatorios grabados con el constructor. La sugerencia despertó rápidamente la especulación. ¿Quiénes son? La respuesta la tienen los cubanos, Ahumada y los destinatarios del mensaje enviado desde La Habana. Sin embargo, a partir de las piezas que están apareciendo públicamente en los medios, se puede empezar a conformar el rompecabezas de la llamada conspiración. Veamos, a manera de hipótesis de trabajo:

1.- Ahumada declaró que aunque él no quería, le dijeron que los videos tenían que ser difundidos por la televisión. Esto demuestra, en primer lugar, que el manejo de los tiempos y la estrategia estaba desde el principio fuera de su control. Los videos devastadores contra la imagen de honestidad de López Obrador fueron transmitidos originalmente por Televisa, con quien el gobernante defeño tenía una alianza política sólida. ¿Quién tenía el poder para cambiar de un día para otro la política editorial de Televisa? Sólo alguien con quien Televisa tuviera un compromiso. El único compromiso público que se conoce a Televisa en los tres años de Fox, es con la primera dama Marta Sahagún, con quien arreglaron la derogación de un impuesto de 12.5 por ciento a las televisoras que venía desde hace más de 35 años. La política editorial de Televisa contra López Obrador, volvió a dar un giro inesperado cuando se empezó a manejar que su influyente vicepresidente Bernardo Gómez había recibido dos millones de dólares de Ahumada, como comisiones de pagos de propaganda del PRD a la empresa.

2.- Ahumada, es público, es amigo de Manuel Bibriesca, quien es el primogénito de la primera dama. Sin embargo, Bibriesca no es un “político conocido” en México. ¿Quién más en su entorno estaba cerca de la primera dama? Una clave se encuentra en la primera lista de personas que autorizó Ahumada a visitarlo en el Reclusorio Norte de la ciudad de México: Carlos Salomón, muy cercano a él y quien había sido asesor de la señora Sahagún cuando manejaba prensa en Los Pinos, a principio del sexenio de Fox. Salomón es una figura clave en el entramado político tejido en torno a Ahumada, y fue un enlace importante con la ex dirigente del PRD y amante del empresario Rosario Robles.

3.- Salomón frecuentaba a Ahumada y Robles, y los tres participaron el 30 de diciembre pasado en una cena en Cancún con el alcalde de la ciudad, Juan Ignacio García Zalvidea. Según una persona que conoció los detalles de ese encuentro, Ahumada llamó por el teléfono celular a Los Pinos preguntando por la primera dama. A los cinco minutos aproximadamente se reportó ella, y Ahumada, según cuentan, le dijo que sólo le hablaba para saludarla y le pasó a cada uno de sus comensales. Desde que el equipo original del periódico de Ahumada El Independiente rescindió su contrato por el daño que generó el escándalo de los videos, la publicidad del diario se cayó brutalmente. No obstante, una de las muy escasas publicidades que han aparecido en las últimas semanas en el periódico son del municipio de Cancún, y del gobierno de Quintana Roo, cuyo gobernador Joaquín Hendricks también tiene como asesor a Salomón.

4.- De manera que todavía no está claramente explicada, Ahumada estableció una relación política con la señora Sahagún. Llegó a ser de tal naturaleza que un multicitado encuentro de mujeres políticas en la casa de Robles tuvo la participación estelar de la primera dama. El encuentro, ahora se sabe, fue ideado y organizado tras las sombras por Ahumada. Dentro del foxismo, el otro personaje cercano a Ahumada, por una relación establecida en Guanajuato por la vía del equipo de fútbol León, es Ramón Martín Huerta, subsecretario del ramo de Gobernación, y el ariete foxista al secretario Santiago Creel.

¿Es posible que sea la primera dama la que ofreció protección legal, económica y política a Ahumada? Absolutamente. Todos los caminos públicos conducen a su oficina en Los Pinos, salvo por un dato que, si fuera cierta la hipótesis, rompe con el sentido común. ¿Por qué se fue Ahumada a refugiar a Cuba? No solamente hay otras naciones donde no existen tratados de extradición que podría haber escogido, sino porque se puso en manos de un gobierno con el cual el foxismo tiene 18 meses de agravios y cuentas pendientes en La Habana. Cuba no era un país confiable para esta trama salvo que, como ha sucedido con este gobierno, la torpeza, falta de visión y sentido político, les haya inyectado mayor ingenuidad olvidando que un búmeran lanzado, siempre regresa.

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CARTAS (Toda una sociedad, a juicio)

ESTRICTAMENTE PERSONAL  

 

Raymundo Riva Palacio  

Los prisioneros en la cárcel regiomontana de Topochico deben estar muy contentos estos días. Desde que ingresó al penal la semana pasada Miguel Nazar Haro, el ex jefe de la policía política acusado de torturas y desapariciones forzosas, están comiendo muy bien. Ricas viandas han abrumado a los inquilinos del reclusorio, enviadas por algunas de las familias más pudientes de Monterrey, encabezadas por los Garza Sada. Están muy agradecidos por servicios prestados en el pasado, como cuando Nazar Haro detuvo a los integrantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre que secuestraron y mataron al fundador del Grupo Monterrey, Bernardo Garza Sada, a principio de los 70. Los empresarios norteños no están solos. Hay un segmento muy poderoso de la sociedad mexicana que en Nazar Haro no ve al demonio, sino a una persona para la cual sólo tienen reconocimiento.

Nazar Haro se define como un hombre que sirvió a la nación. Y en efecto, el ex policía político fue más que eso. Guardián de la seguridad y la certidumbre de los pilares del Estado Mexicano, cobraba en la nómina del gobierno, pero su trabajo rebasaba los intereses puros de la administración. Cuidaba de la seguridad gubernamental, que incluía proteger los intereses en México de Estados Unidos –espiando a los países del bloque socialista–, y los de las élites dominantes de México. Cuando tenían problemas, o le secuestraban a un familiar, el gobierno siempre enviaba a Nazar Haro a resolverlos. Él mismo cuenta haber solucionado más de 90 casos de secuestros, fundamentalmente de empresarios. En algunos casos los encontraba vivos y hasta recuperaba recompensas; en otros encontraba a los culpables de sus muertes.

Al frente de la Dirección Federal de Seguridad y como fundador de la negativamente famosa Brigada Blanca, Nazar Haro representaba una garantía.

Llegó a la Dirección Federal de Seguridad a fines de los 50, donde fue escalando posiciones por méritos en el campo de batalla, en ese entonces el de la Guerra Fría. Su historia policial está salpicada de momentos cúspide, cuando se ve en retrospectiva. Junto con Fernando Gutiérrez Barrios, estos jóvenes agentes de entonces vigilaron los pormenores de la revolución cubana, espiando la casa de la bella Orquídea Pino, donde se reunían los conspiradores. Casi una década después le encargaron la integración de la Brigada Blanca, que organizó con elementos de la propia Federal de Seguridad y del Ejército, pero también con policías judiciales de varias entidades, particularmente del centro del país, a quienes agrupó como cuerpo civil bajo un mando civil en esa dependencia. Llegó en el gobierno de José López Portillo a la dirección de ese cuerpo, al cual revigorizó. Le impuso un mote, Tigre, y adquirió un tigre real para que sirviera de mascota. Renovó con agencias de inteligencia extranjeras viejas técnicas de intercepción telefónica, vigilancia y operaciones encubiertas, buscando una mayor profesionalización de sus cuadros. El tiempo de Nazar Haro en el gobierno se acercaba a su fin, como el de la propia corporación, finiquitada en el gobierno de Miguel de la Madrid. Es cierto que estaba bajo las órdenes del secretario de Gobernación y del Presidente de la República. Pero si bien se puede enmarcar el área de responsabilidades bajo esos mandos, no así los servicios prestados. Durante toda la existencia de la corporación, pero muy particularmente en los tiempos de Nazar Haro, parte más álgida de la llamada guerra sucia, los servicios prestados al gobierno estaban directamente relacionados con la defensa de los intereses de todo el establishment nacional. Nazar Haro no fue sólo un policía que sirvió al gobierno. En efecto, fue el policía del Estado Mexicano, que nunca, por cierto, se desprendería de él.

Cuando Carlos Salinas llegó a la Presidencia recuperó para su administración a varios de los policías que habían sido claves en los años previos. Nombró a Gutiérrez Barrios secretario de Gobernación, a Javier Coello Trejo, formado en la escuela del policía hoy preso como subprocurador general, y a Javier García Paniagua, que también había sido director de la Federal de Seguridad, lo envió a manejar la policía del Distrito Federal, bajo las órdenes del entonces regente Manuel Camacho quien, adicionalmente, llevó a Nazar Haro a dirigir la inteligencia capitalina. La indignación pública contra Nazar Haro los obligó a retirarlo de un cargo público, pero no dejó de estar cerca del gobierno. Informalmente participó por instrucciones de Salinas en investigaciones especiales, como las del PROCUP, a cuyos dirigentes llegaron por una investigación de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal tras el asesinato de dos trabajadores de La Jornada. La relación de Nazar Haro con todos ellos era totalmente estrecha, y varios de ellos tenían vínculos muy poderosos en Los Pinos, por fuera de los canales oficiales. Tal era el caso de Coello Trejo, quien acordaba directamente en la Presidencia, a la que solía frecuentar en compañía de otra hechura de Nazar Haro, Guillermo González Calderoni, quien años después, convertido en narcotraficante e informante de la DEA, se dedicó a atacar públicamente a la familia Salinas.

En el gobierno de Ernesto Zedillo, Nazar Haro tenía ya una especie de concesión sobre la supervisión y control de la mayoría de las agencias privadas de seguridad, y los trámites para la portación de armas. Desde el sexenio de Salinas realizaba trabajos externos para el gobierno pero sobretodo para empresarios, algunas de cuyas firmas le concedieron a él y a Coello Trejo asuntos tan importantes como el cobro de facturas. Nazar Haro nunca dejó de servir, particularmente, desde el ámbito privado, al Estado Mexicano en su acepción más amplia. Sus relaciones fueron muy estrechas, además de los empresarios del país, con los jerarcas de la Iglesia, con los principales medios de comunicación, con los actores políticos centrales del momento, para quienes les trabajó, desde sus asuntos particulares, hasta los privados. La confianza depositada en él siempre fue enorme.

Por eso no extrañan los cuidados que le procuran en la cárcel de Topochico. De hecho, se puede argumentar que el juicio que se realizará contra él no será contra el ex policía político, sino que se pondrá en el banquillo de los acusados a toda una sociedad política que aplaudió por lo que hoy lo fustigan, y avaló todos sus métodos y acciones porque ellos les representaban una tranquilidad material y social. En su juicio también está cuestionándose al Estado Mexicano, al poder político, económico y social que nunca ha dejado de actuar en forma homogénea. No están apuntando desde el gobierno foxista al pasado, sino también al presente. Los poderosos de aquél entonces lo siguen siendo hoy. Quienes estuvieron agradecidos con él antaño, lo están en la actualidad. Actuar en su contra puede tener consecuencias que no se ven a simple vista. Es algo que al gobierno bien le valdría estar analizando.

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