29 septiembre,2020 5:34 am

Óscar Estrada Ayala, espíritu libertario, corazón rebelde y alma de poeta

Rogelio Ortega Martínez

 

No te vayas Óscar, porque aún hay muchas batallas que librar en esta terrible oscuridad, en la penumbra del túnel interminable de esta era apocalíptica del neoliberalismo despiadado.

Ya te fuiste Óscar, y ahora, déjanos para siempre tu voz sonora y elocuente, tus reflexiones libertarias, tu sonrisa carismática de “santo joven”, tu bigote mostacho y abultado como el de Miguel Enríquez; tu corazón rebelde como el de Zapata y Villa; como el de Genaro y Lucio; como el de los sandinistas Carlos Fonseca y Julio Buitrago;  el de Bautista Van Schowen, Luciano Cruz y el de Patricio Rivas (Gaspar o Pablo), emblemáticos referentes, amigos y compañeros miristas; el espíritu intelectual y estético de Ruy Mauro Marini y Rodolfo Reyes, tus maestros, nuestros maestros.

Conocí a Óscar Estrada en el lejano otoño de 1973 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Fue un día que lo vi treparse con agilidad al techo de la cafetería y la hemeroteca de la Facultad. Vestía un pantalón café de pana, una camisa beige y zapatos de gamuza color caqui en perfecta combinación con su bléiser de dril. Recuerdo sus cabellos largos y ondulados en pulcra armonía con sus expresiones corporales que acompañaban su voz armoniosa, con estilo agitativo, invitándonos a participar activamente en la reforma al plan de estudios de la Facultad. Hablaba de la lucha de clases y de la importancia de las ciencias sociales como herramienta de conciencia para hacer la revolución proletaria. Hablaba en representación del grupo de estudiantes denominado Brigada Ricardo Flores Magón. La empatía, identidad y coincidencias ideológicas fueron inmediatas. Más tarde conocí en los salones de clase y en los debates de la reforma a otros integrantes del Grupo. Así conocí con Lorenzo Ayora a Arturo Santamaría, a Juan Angulo Osorio, a Axel Didriksson Takanayagui. Luego, en el vertiginoso proceso de la dinámica de la necesaria unidad de las izquierdas mexicanas, se fusionaron con la Brigada Frank País y conocí a Enrique (El Güero) Laviada y a Eliana García Laguna; al Grupo Síntesis, encabezado por Saúl Escobar y Julio Moguel, con activistas de la Escuela Nacional de Economía como Alejandro Toledo, Francisco y Rosario Robles Berlanga, entre otros, para formar el Grupo de Izquierda Revolucionaria (GIR). Recuerdo que de inmediato se decantaron dos corrientes, la vinculada al maoísmo y la reivindicativa de la emergente izquierda revolucionaria latinoamericana, con especial influencia del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile (MIR). El grupo de Óscar, Juan y Axel rompó con los maoístas del GIR y fundaron el Grupo de Izquierda Revolucionaria-Espartaco, (GIRE).

Yo regresé a Guerrero y nos reencontramos con Óscar y el GIRE nuevamente en 1978, en Chilpancingo, en el segundo rectorado del Dr. Rosalío Wences Reza. Eran épocas vertiginosas, devorábamos el tiempo y bregábamos permanentemente a contracorriente en el torbellino del “asalto al cielo”.

Trabajábamos por la unidad de la izquierda independiente mexicana y fundamos el Comité 10 Años de Lucha Revolucionaria 1968-1978, y la Coordinadora Revolucionaria Nacional, CRN, junto con Raúl Álvarez Garín, Félix Lucio Hernández Gamundi, Salvador Martínez Della Rocca Pino y Marco Rascón, integrantes de la revista Punto Crítico; Leopoldo de Gives, Daniel López Nelio y Héctor Sánchez, de la Coordinadora Obrera Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI); Eleazar Manzano de la Unión Campesina Independiente de la Sierra Norte de Puebla y centro de Veracruz (UCI); Rubén Aguilar Jiménez, del Comité de Defensa Popular de Chihuahua, (CDP); Nuria Fernández y Ricardo Jiménez Ricárdez, de Cultura Obrera; Camilo Valenzuela, de la Corriente Socialista; Arturo Miranda de la Asociación Cívica Guerrerense (ACG); Juan Angulo Osorio, Axel Didriksson y Óscar Estrada, del GIRE; Rafael Aréstegui Ruiz, Luis Fuello y Maclovio Sautto Vallejo del Movimiento de Izquierda Revolucionaria Estudiantil, (MIRE) y; Guillermo Sánchez, Saúl López Sollano y Rogelio Ortega, de la Unión Estudiantil Guerrerense (UEG).

Recuerdo que se intensificó nuestra amistad, empatía y coincidencias ideológicas en los intensos trabajos de Difusión Cultural en el proyecto de la Universidad Pueblo. Fue un periodo de esplendor de la revolución cultural universitaria. La revista Otatal inauguró una nueva era en cuanto al debate político, ideológico y estético de la época; el teatro, la música, la danza, la pintura, el cine, las brigadas de alfabetización y vinculación con los movimientos sociales y sus reivindicaciones de justicia; así como la lucha permanente por la defensa de los derechos humanos, la libertad de los presos políticos y la presentación con vida de los desaparecidos con el detonante de los bufetes jurídicos gratuitos, los servicios médicos y más de 20 casas de la cultura en todas las regiones de Guerrero.

Ya en plena hermandad ideológica entre la dirigencia y las bases del GIRE y la UEG, influenciados por el auge de la Revolución Sandinista, tomamos la determinación de enviar una brigada internacionalista a Nicaragua. Óscar Estrada encabezó al contingente de los compañeros del GIRE acompañado por Leonardo y Andrés y, Saúl López Sollano (Beto) a los de la UEG: Álvaro, Víctor, Mario y Daniel. Un mes después del triunfo de la Revolución Sandinista, el 19 de julio de 1979, me entrevisté con el Comandante de la Revolución Bayardo Arce y la Comandanta Guerrillera Mónica Baltodano, para acordar que la Brigada Internacionalista Genaro Vázquez Rojas se quedaría un año más: Óscar Estrada (Abel), Daniel y Andrés en Boaco, bajo la responsabilidad política del líder sandinista Harry Chávez; Víctor, en Paiwas; Saúl (Beto) y Leonardo en Jinotega con el Comandante Guerrillero Alfonso Porras; Mario y Álvaro en Somoto bajo la conducción de la extraordinaria lideresa sandinista Martha Cranshaw.

Un año después, 1980, Juan Angulo, Gregorio Albavera y yo viajamos en automóvil por la Carretera Panamericana, de Acapulco a Managua, para estar en los festejos del primer aniversario de la Revolución Sandinista y acordar respecto del retorno de nuestros compañeros. Óscar, asumió nuevas responsabilidades en Managua y al llegar Lucero y Enrique Polo a reforzar las tareas culturales de la Revolución Sandinista en el Ministerio de Cultura con Ernesto Cardenal y Rodolfo Reyes, se acentuó más su convivencia y fuerte identidad con el poeta trapense de Solentiname.

Cuando todos los integrantes de la Brigada Internacionalista Genaro Vázquez Rojas regresaron a México, ya estaban muy avanzados los trabajos para la unidad de varias organizaciones de la izquierda revolucionaria mexicana. Primero, en Guerrero se fusionaron la Asociación Cívica Guerrerense (ACG), dirigida por Arturo y Gelacio Miranda Ramírez; la Unión Estudiantil Guerrerense (UEG), conducida por Guillermo Sánchez (Sam), Saúl López Sollano, Alfredo Pineda y Rogelio Ortega; el Comité de Lucha de la Escuela Superior de Agricultura (CLESA), con la dirigencia de Palemón Castrejón, Juan Carlos Soto, Gregorio Sarabia y Marvey López; y el Frente Revolucionario Estudiantil Democrático Popular, FREDP, de Ometepec, dirigido por el profesor Eloy Cisneros Guillén. Luego, fusionados en la ACG, dimos inicio a la formación de la nueva etapa de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR). Ahí confluimos: con la Unión Revolucionaria Independiente, de Jalisco (URI), dirigida por Mario Saucedo y Germán Pintor; el GIRE con Óscar, Juan, Axel y Eliana; el Movimiento de Izquierda de la Laguna, MIL, de Humberto Zazueta, Lety Burgos, Enrique Saucedo (El Rifle), Jesús Luna y Laura Gaytán; el Grupo Revolución con Javier Hidalgo y David Cervantes; la Unión Estudiantil Revolucionaria de Sinaloa, UERS, entre otras organizaciones.

El debate sobre táctica y estrategia dividió a la ACNR, pero nos volvimos a encontrar de nuevo en la lucha electoral apoyando al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y el 5 de mayo de 1989 en la fundación del Partido de la Revolución Democrática, (PRD), donde Óscar asumió diversas responsabilidades en las que se pudo aprovechar su talento, sus cualidades profesionales, las de un consolidado cuadro revolucionario.

Óscar era audaz y osado; siempre revelaba en su sonrisa lo multifacético de su personalidad y su carácter: conspirador nato, sigiloso, congruente, reflexivo, intrépido, alegre y cordial; atento y amable siempre; amiguero y solidario.

Cuando falleció Ernesto Cardenal (01/03/20) intercambiamos con Óscar sentimientos y reflexiones a propósito de nuestras relaciones, experiencias políticas y de un viaje pendiente que había planeado tiempo atrás para regresar juntos a Nicaragua. Me envió un mensaje escueto diciendo: Estimado Rogelio, te envío un texto que publiqué esta semana en Proceso [07/03/20]… es sobre el poeta Ernesto Cardenal. Saludos. Está en la página 62. Luego le contesté: Óscar, querido hermano. Compañero Abel. Compré hoy la revista Proceso, luego de que me enviaste tu mensaje, para leerte en tinta viva. Me encantó ver la foto que te tomé en Managua en aquella casa de seguridad sandinista requisada a los somocistas, con tu Fusil Automático Ligero (FAL), y tu uniforme verde olivo. Luego, leí con mucha emoción y sublime añoranza tu prosa emotiva y bien templada, que da cuenta de tus excelsos recuerdos de aquel pasado glorioso de la Revolución de la Esperanza. Te felicito con mi voz más sonora e intensa desde la brisa de selva tropical y olas marinas, para que llegue hasta ti mi reconocimiento, por tu sublime homenaje al poeta trapense de Solentiname, el granadino, el sandinista, el nica, el guerrillero Ernesto, el Cardenal de la Revolución Sandinista. Agradezco la primicia, con mi saludo afectivo, cívico y revolucionario de siempre, Rogelio (Osvaldo). Me contestó: Muchas gracias, Rogelio (Osvaldo) por tus palabras. En cuanto me desocupe de temas laborales pendientes viajaré a Solentiname para terminar mis “encuentros con Cardenal”. Saludos. Invítame, le dije. Te aviso, respondió. Ok hermano. Espero con especial expectativa.

Siempre fue afectivo y solidario conmigo, especialmente cuando me tocó gobernar Guerrero en llamas. Recuerdo que puso a mi disposición su departamento en la Ciudad de México , con la grata y amable anfitrionía de Paty, su amada compañera, para reunirnos con Mario Saucedo y otros compañeros, siempre para conspirar, con la amistad y nuestras identidades ideológicas incólumes.

Perenemente estuvo orgulloso de Gaspard, su querido hijo. Me contaba de él, me enviaba sus artículos y yo los disfrutaba constantemente como si se tratara de la prosa más apreciada de un ser muy dilecto y ponderado, aún sin conocer a Gaspard personalmente.

El 13 de septiembre pasado me enteré por Mario Saucedo que estaba muy grave y le escribí: Querido hermano. Resiste, todavía tenemos muchas cosas que hacer en esta vida. Recibe mi abrazo efusivo y afectivo, con toda mi energía positiva para que pronto recuperes plenamente tu salud.

El viernes 18 de septiembre, le volví a escribir, con dolor y esperanza: Querido hermano Óscar. Recibe hoy, como siempre, mi saludo fraternal y muy afectivo desde Acapulco. Resiste hermano y regresa tu mirada a la vida, que todavía hay muchas batallas que librar y grandes entuertos por desfacer en estos tiempos apocalípticos donde la oscuridad y las tinieblas pretenden ocultarnos la luz; necesitamos tu sonrisa diáfana, tu optimismo y tu tesón para que renazca la esperanza y se vuelvan realidad tus sueños libertarios. Resiste y vuelve a recuperar tu fuerza y tu vital alegría para seguir contribuyendo en la creación del “reino de Dios en la tierra”. Te abrazo desde la manigua y el calor de la fragua tropical acapulqueña, donde se te quiere y se te reconoce por tu espíritu libertario, tu corazón rebelde y tu sutil alma de poeta, ayer, hoy y siempre.