Asume Zidane como “un reto” para Real Madrid ganar hoy en Dortmund

El técnico del Real Madrid, Zinedine Zidane, asumió ayer como “un reto” intentar ganar en el campo del Borussia Dortmund, cosa que nunca hizo antes el equipo blanco, y aseguró que el encuentro de mañana puede ser “un punto de inflexión” para intentar mejorar los resultados.
“Es difícil jugar en todos los campos. Nunca ganamos aquí y es un reto. Es un reto intentar ganar. Aquí se respira Champions y futbol. Queremos jugar al futbol y queremos ver un buen partido”, aseguró en la rueda de prensa previa al encuentro, correspondiente a la segunda jornada de la Liga de Campeones.
Zidane contempla el choque como una buena oportunidad para despegar tras varios resultados inesperados en la Liga española.
“Puede ser un punto de inflexión este partido, pero cada tres días hay que demostrarlo. Pero no, no hablé con los jugadores del momento. Otro partido, otra competición”, contestó a una pregunta sobre una posible charla con su plantel sobre la irregularidad mostrada.
El técnico francés confirmó que el centrocampista Toni Kroos está para jugar tras superar unas molestias. “Está aquí con nosotros. Significa que está bien y lo vamos a ver. Sabemos la importancia que tiene en nuestro equipo”, afirmó.
Zidane deseó que su conjunto recupere la eficacia goleadora. “Ojalá que sea así. Siempre decía que lo importante es tener ocasiones de gol. Si fallas no puedes estar muy contento. Luego no significa nada, que el domingo hay otro (partido). Nosotros seguimos igual. Mañana es un buen escenario para mostrarlo”, destacó.
Según el entrenador, la falta de efectividad no tiene relación con una eventual desconfianza. “Nosotros confiamos en lo que hacemos. El fin de semana se nos puso el partido difícil, pero nos va a tocar cada tres días. Sabemos que cada partido será más difícil. No estoy preocupado con el juego”, subrayó.
Junto a él estuvo el lateral derecho Dani Carvajal, quien destacó la magnitud del rival de mañana, en una gran forma. “Desafortunadamente nunca he ganado aquí. Es un campo muy difícil y un gran rival. Tendremos que dar nuestra mejor versión para ganar”, explicó.

Inhabilitan al presidente de la Juventus

El presidente de la Juventus, Andrea Agnelli, fue ayer inhabilitado 12 meses de actividades relevantes de la directiva del club por el Tribunal Nacional de la Federación de Futbol Italiana (FIGC), en el proceso contra el máximo mandatario de la entidad turinesa por relaciones con los ultras.
El Tribunal de la FIGC, cuyos jueces estudiaron durante 10 días las propuestas de inhabilitación solicitadas por el fiscal Giuseppe Pecoraro, decidió además sancionar con una multa de 300 mil euros a Juventus, según informó el organismo judicial italiano mediante un comunicado oficial.
Agnelli, que fue recientemente elegido como presidente de la Asociación de Clubes Europeos (ECA), fue sancionado por mantener presuntamente contactos con algunos ultras pertenecientes a la Ndrangheta (mafia calabresa) y haber favorecido la reventa de boletos del estadio.
El dictamen del Tribunal Nacional de la FIGC prevé 12 meses de inhabilitación a Agnelli, más una multa de 20 mil euros, e involucró también a otros tres directivos de Juventus, también considerados responsables de esos contactos.
Así, el responsable de seguridad, Alessandro D’Angelo, y el anterior director de la taquilla, Stefano Merulla, fueron castigados con 12 meses de inhabilitación, más 20 mil euros de multa; mientras que el ex directivo Francesco Calvo recibió una suspensión de 15 meses, además de una multa de 20 mil euros.

Sismo mortal, cisma ciudadano

Apenas unos días después del terremoto que sacudiera al istmo de Tehuantepec, un nuevo movimiento telúrico cimbró las entrañas de la patria. En este mismo espacio habíamos hablado acerca de la necesidad de ser mucho más pertinaces en temas de protección civil y prevención de desastres.
El sismo ha dejado un damnificado mortal que es el viejo sistema político bajo el cual se venía articulando el esfuerzo de los mexicanos. Al igual que en 1985, México no volverá a ser igual después de este 19 de septiembre.
Una vez más, los tres órdenes de gobierno fueron superados por la inmensa movilización y solidaridad ciudadana. No significa que los gobiernos no estén cumpliendo con su mandato, significa que cuando los problemas son colosales, la sociedad civil –ese gran gigante dormido–, despierta y toma el control de la situación. Un maestro del Colegio de México, citado por el investigador de la UAM-Xochimilco Mario Rufer, afirma que “el Estado administra un Habitus. Por eso nunca puede administrar una tragedia. Eso sólo lo puede hacer el pueblo”.
Los mexicanos han evidenciado que no necesitan ni deben de esperar a que el Estado resuelva todos los problemas. Lo hemos dicho reiteradamente, únicamente la sociedad organizada puede hacerles frente a los desafíos que rebasan cualquier capacidad gubernamental.
A lo largo de los días, ha crecido el clamor popular para que los partidos políticos empleen el dinero de la campaña electoral del 2018 en ayudar a los damnificados. Nada es más acertado.
Pero esta demanda no debe de quedar ahí solamente. Es necesario que se revise todo el Presupuesto de Egresos de la Federación para terminar de una buena vez con ese y con otro tipo de gastos innecesarios, suntuarios y onerosos. Hablo por ejemplo del gasto en medios de comunicación que de acuerdo con datos de la cuenta pública 2016 fue de 8 mil 500 millones de pesos. A este gasto federal habría que sumar el estatal, el municipal y el de diversos órganos del Estado mexicano y seguramente la cifra llegará a los 20 mil millones. Hablo del gasto en obra pública sin supervisar y de mala calidad como quedó acreditado con el socavón del Paso Exprés en Cuernavaca.
Los ejemplos son cientos. Pero aquí lo más relevante es que la gente se empodere y exija a los gobiernos que sean responsables y que rindan cuentas.
Hasta hoy parecía que las redes sociales sólo eran la forma de expresión de una generación que muchas veces fue vilipendiada y señalada como apática. Los llamados Millenials han resultado no sólo no ser apáticos, sino que están poniendo el ejemplo al coordinar y ponerse al frente de las acciones de rescate.
Las redes han demostrado que son liberadoras, que transparentan, que democratizan, que exhiben y que rebelan. Ay de aquel que se atreva a intentar esconder una despensa, a realizar un montaje mediático, a exhibir en público la ayuda que debería de ser privada porque las redes lo habrán de cazar y lo habrán de vapulear.
La onda sísmica ha golpeado severamente a la clase política dominante. Es una externalidad que cambia por completo el panorama del 2018. Aunque aún es pronto para saber el alcance real del impacto, a nueve meses de las elecciones, sin duda habrá consecuencias y cambios en el tablero político. Si ya los partidos tenían una aprobación muy baja entre la sociedad, la ira, la solidaridad, el saber que se puede tomar las calles pacíficamente y organizar a la masa, hará que veamos sorpresas el año venidero.
Los políticos no han sido capaces de escuchar a la gente. Están más preocupados en hablar que en oír. Están más preocupados lavando la ropa sucia que aclarando las obras, acciones y presupuestos. Están más preocupados en la repartición de curules que en la repartición de ayuda.
La agenda política del país ha cambiado por completo. Miguel Mancera ha anunciado ya que no dejará el gobierno de la Ciudad de México para buscar alguna aventura electoral. Lo mismo deberán de hacer Graco Ramírez, gobernador de Morelos; Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación y encargado del Sistema Nacional de Protección Civil; y Aurelio Nuño, secretario de Educación en medio de la crisis del Colegio Rebsámen que se convirtió en símbolo del dolor y del fiasco de “Frida Sofía”.
De entre los escombros comienzan a surgir las propuestas puntuales. Enrique Krauze ha planteado la creación de una Comisión de Reconstrucción con participación ciudadana mayoritaria de empresarios, académicos, intelectuales, periodistas, religiosos y jóvenes. Traes el rescate comenzará la reconstrucción no sólo de las casas y edificios colapsados, sino de un sistema político que no responde ya a las necesidades actuales. Aquellos políticos que pretendan seguir jugando con las reglas de un sistema caduco, se unirán pronto a la lista de damnificados.
México no será el mismo. De entre las ruinas y los escombros, puede surgir una nueva forma de organización social horizontal, democrática, participativa y transparente. Una nueva ciudadanía. Que así sea.

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Matar con 140 caracteres

La desconfianza hacia las instituciones ha tenido un alto costo. La forma como el gobierno de Morelos detuvo torpemente la ayuda ciudadana para las víctimas del sismo del 19 de septiembre, incendió, con justa razón, las redes sociales. La crítica fue directa contra el responsable político del atropello, el gobernador Graco Ramírez, a quien acusaron de lucrar con los víveres que detonó el repudio que se fue ampliando como un tsunami digital que, horas después de iniciado, detuvo la ayuda ciudadana en la Ciudad de México. La contaminación morelense paró en seco las donaciones y dejó de llegar ayuda a los centros de acopio, al comparar a todos los gobernantes con Ramírez. En las zonas más pobres del oriente de la capital se agudizó la crisis, pero continuaban sacando a sus muertos de entre los escombros.
Xochimilco, una de las zonas más afectadas, fue un caso paradigmático. Cuatro comunidades a las que partió la onda sísmica del martes, prácticamente fueron abandonadas. San Gregorio Atlapulco, Santa Cruz Acalpixtla, San Marcos y Santa María Nativitas, tuvieron atención los primeros días del sismo, pero después vino el olvido. En lo alto de los cerros, otras comunidades quedaron aún peor, porque la poca ayuda que alcanzó a llegar el viernes, no fue posible transportarla hacia ellos. La atención se concentró en los grandes núcleos urbanos de la capital, los segmentos de clases medias, perfectamente urbanizados, de fácil acceso y foco de atención mediática. En la zona xochimilca, de origen prehispánico, pobre y marginada, la ciudadanía pasó la factura política a los más pobres.
Un hecho, el que la policía de Morelos detuviera el viernes los camiones de ayuda que salían de los centros de acopio, galvanizó la desconfianza ciudadana en los políticos y las instituciones. No fue un invento o producto de la maledicencia de quienes tomaron Facebook y Twitter como sus armas. Existen experiencias claras desde 1985 de que ayuda para necesitados varias veces jamás llega a su destino. Han habido casos en el pasado donde se descubre que ropa, casas de campaña y alimento para víctimas de un siniestro, terminaron en venta de garaje de autoridades ladronas. Han habido otros donde la desorganización en el manejo de la ayuda y la ineficiente logística, dejó por años donaciones para inundaciones o sismos sin ser entregadas. En ocasiones más frecuentes de las que uno quisiera ver, se detiene la distribución para que el gobernante en turno y su gabinete se tomen fotografías junto a la ayuda y sean ellos quienes la repartan. No importan las necesidades urgentes, sino transmitir que las están atendiendo.
Estas imágenes en la mente colectiva crean condiciones para que, además de los hechos objetivos y las denuncias factuales, corran todo tipo de versiones. Dos organizaciones, Horizontal, que es un colectivo multidisciplinario dirigido por dos periodistas, y Bicitekas, que además de organizar paseos en bicicleta por la capital busca influir en las políticas públicas sobre movilidad y medio ambiente, lanzaron en las redes sociales #Verificado19S, mediante el cual intentan contrarrestar con información real la falsa y los rumores que corren con impunidad por el mundo virtual, generando desinformación y contra información. Los rumores, aquellos de personas bien intencionadas que responden a emociones sin corroborar la veracidad de lo que difunden, y de los que impulsan intereses políticos o incuban rencores, desestabilizan, desvían la atención, agotan y obstaculizan la respuesta rápida en momentos de crisis. La mezcla de verdades y mentiras, desatadas por la acción del gobierno de Ramírez en Morelos, inyectó combustible a una sociedad empapada de ansiedad y temor frente a lo incierto de la naturaleza y a su certidumbre de que todo lo oficial apesta, es corrupto y, por definición, hay que rechazarlo.
La realidad no es maniquea. La vida no se mueve únicamente entre extremos, donde uno es bueno y el otro es malo, o blanco o negro. “La polarización de la sociedad con medios que la alimentan, sólo crea más polarización”, dijo Sudeep Reddy, director editorial del respetado portal estadunidense Politico, en una conferencia en el Texas Tribune Festival en Austin. “Estar bajo el ataque de los extremistas es muy difícil de enfrentar. Son ataques retóricos por la batalla de los políticos”. Los ataques superan a la información verificada y aplastan al debate informado. “Hay mucho ruido en las redes”, secundó Peter Hamby, director de noticias de Snapchat, y conductor de su popular programa Good Luck America.
Los 140 caracteres de Twitter, la poderosa y rápida plataforma de información, desinformación, rumores, pasiones, sensaciones y odios, no crean información ni desenmarañan las complejidades de la realidad. No dan contexto ni explicaciones. “Gritan”, abundó Reddy. Las redes sociales han reducido los periodos de atención en las plataformas digitales, y son fáciles de hacerlos explotar. Al cruzarse con tragedias, todo se complica, como sucedió con los miles afectados por lo sismo, donde hubo actitudes que sin pretenderlo se volvieron letales, y aquellos que escondidos en el anonimato, trataron de tensionar y romper el tejido social.
Lo que sucedió el viernes y sábado con las víctimas del sismo es un ejemplo. Parar la ayuda en la Ciudad de México en rechazo a las instituciones, no debía pasar y pasó. La gente reaccionó ante la sandez de las autoridades morelenses y cobraron facturas a quienes menos debían. Es cierto que la autoridad ha abusado por años de los gobernados, pero no deja de haber responsabilidad en aquellos incapaces de discernir o que, entre tanto alboroto, buscan sacar raja política bajo la máscara de la ciudadanía.

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¡Híjole! Mantener viva la esperanza

Religioso o no, lo último que cualquier persona mantiene a lo largo de su vida es la esperanza de que el pasado y el presente sean mejores en el futuro, ya sea por un acto de la Providencia o porque el destino cambia los signos del infortunio o los malos momentos. El país y el estado de Guerrero han vivido muchos malos momentos en los últimos tiempos. Sus gobernantes carecen de reconocimiento y de la confianza de la gente y solamente sus grupos de incondicionales o sus pandillas de cómplices, en algunos casos, siguen creyendo en ellos y que “todo va bien”.
En la realidad ciudadana los asuntos públicos lejos de mejorar empeoran, tanto que la percepción popular califica, sin distinción, como “incapaces y corruptos” a prácticamente todos los funcionarios públicos. Es sorprendente que ni en las propias familias se mantenga el respeto por la autoridad gubernamental; de ese tamaño han sido sus equivocaciones, sus abusos en los últimos tiempos.
Ser funcionario o empleado gubernamental es difícil en estos tiempos. Existe un denominador común: muy pero muy pocos de quienes trabajan en las oficinas públicas se sienten orgullosos o satisfechos, Åbien porque sus comentarios y opiniones no son escuchados, o también porque se les obliga a convertirse en cómplices de ineficacia y corrupción. Este fenómeno se agudiza en momentos como los que vive Guerrero, Morelos, Puebla, Oaxaca, Chiapas, Tabasco y la CDMX, especialmente, las entidades que sufrieron más daños por los temblores ocurridos en los últimos días, y también por la presencia del huracán Max y las difíciles condiciones meteorológicas que ha vivido el país.
“El gobernador del estado, Héctor Astudillo Flores, informó que hay un registro aproximado de 6 mil casas afectadas por el sismo del martes y que los daños ascienden a mil millones de pesos” y precisó que por las inundaciones a casas y cultivos por el huracán Max “los daños aumentaron a 350 millones de pesos, cuando antes había ubicado ese monto entre los 200 y los 250 millones de pesos”, publicó El Sur en su edición de ayer. “Ahí, pues qué les podemos decir, en qué número vamos, híjole, yo creo que iremos en este momento, yo creo que ya en unas aproximadamente, en más de 6 mil casas de acuerdo al informe que tenemos de la Montaña, hubo 6 mil casas, por supuesto también escuelas y una gran cantidad de iglesias, si ustedes me preguntaran a cuanto creo que asciende el paso del sismo por Guerrero, yo les diría sencillamente a más de mil millones de pesos hasta ahorita”…  En Taxco reiteró que es donde mayor afectación se registró por el sismo del martes pasado, en la colonia Ruffo Figueroa, que de ser considerada a sin riesgo pasó a ser una zona de alto riesgo”, se lee en la misma nota.
El grave mal de los servidores públicos está vinculado a su insaciable ambición de reconocimiento, dinero y poder. La mayoría solamente piensa en función de procesos electorales y candidaturas y, muy poco o sólo por excepción, en el genuino bienestar de la población, mucho menos en las clases más desamparadas o en las comunidades más alejadas, ambas condenadas al abandono y la marginación.
Al país le faltaban recursos para enfrentar rezagos, pobreza y servicios públicos cada vez de menor calidad, especialmente salud y educación. Hoy esa insuficiencia se agravó por los fenómenos meteorológicos que azotaron a distintos estados de la República. Unos más, otros menos, algunos con más recursos, otros con menos. Guerrero es de los más marginados y de los que menos tienen. Con el huracán Max y con los dos temblores que afectaron algunas ciudades y poblaciones del estado, hoy tiene menos.
Sin embargo, la esperanza de la población sigue viva. Desafortunadamente no en el gobierno del estado, sino en los milagros sobrenaturales atribuidos a Dios, para superar las urgencias y las graves carencias. El fin de semana Acapulco tuvo menos del 30 por ciento de ocupación. Hay quienes podrían ver el vaso medio lleno, pero la realidad es que para los sufridos empresarios y para quienes padecen el desempleo y la poca actividad económica estos datos son otra voz de alerta.
No obstante, los funcionarios gubernamentales intentan tapar el sol con un dedo y hacer creer a los ciudadanos que subsiste la capacidad para enfrentar los problemas que se agravaron. ¿Con qué recursos se rehabilitarán escuelas y hospitales dañados por los temporales meteorológicos o por los sismos?
El secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Rural (Sagadegro), Juan José Castro Justo, informó que hay un listado de productores afectados, tanto de los asegurados como de los que no tienen seguro.
Sin embargo, afirmó que “está garantizado el pago a  279 productores con superficie de 550 hectáreas, lo que representa una amortización de 412 mil pesos para comunidades como Altos de Ventura y Estero Verde. Los pagos se harán el jueves o viernes. Reconoció que en la zona y de acuerdo con el censo hay 20 productores de calabazas que tampoco tenían seguro, pero se buscaría incluirlos. En el caso de la laguna, expuso que se entregarán en coordinación con el municipio notificaciones a pescadores para iniciar proyectos productivos. Detalló que a las seis cooperativas se entregarán 22 mil pesos a cada una”, informó este periódico.
¡Ojalá cumpla!
El escepticismo impera en quienes ya no creen en las promesas, de tantas veces que han sido engañados.
Así el catálogo de necesidades creció por un sismo y un huracán. Ya el pueblo sabía que su gobierno está rebasado, era incapaz de atender el momento que le ha tocado con una problemática agravada por la corrupción, la irresponsabilidad y la tontería. Hoy es más grave aún.
Por eso resaltan los esfuerzos de coordinación y organización de la llamada sociedad civil para atender las secuelas de los temblores y los huracanes. Sobrevive la esperanza y ojalá este despertar tenga largo aliento y culmine con mejores condiciones de vida para quienes viven hoy la tragedia, la desazón y el miedo a que la naturaleza continúe sus manifestaciones interpretadas por muchos como de furia o de enojo.
Pero también que ojalá se geste el milagro de que algunos líderes o funcionarios de gobierno dejen de ver y perseguir sus intereses o sus ambiciones y se dediquen única y exclusivamente a trabajar por el pueblo. Pero esto casi nadie lo cree, aunque no debe perderse la esperanza.

Concejo Indígena de Gobierno, el día más grande de nuestra historia

Día 1. Cideci Unitierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
Del 26 al 29 de mayo pasados se reunió el Congreso Nacional Indígena (CNI) y se instauraron tres mesas de trabajo para lograr los resolutivos del primer Concejo Indígena de Gobierno. Delegados de todas partes del país iban y venían por las instalaciones del Centro Indígena de Capacitación Integral Fray Bartolomé de Las Casas AC-Universidad de la Tierra (Cideci-Unitierra). Wixárikas, chontales, cocas, rarámuris, yaquis, sioux, zapotecos, nahuas… Entre todos ellos y ellas, eran, sin embargo, los rostros encapuchados del EZLN los que atraían las lentes de las cámaras. En los siguientes días, los medios reproducirían el error de referirse a María de Jesús Patricio –vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG)–, como la “vocera del EZLN”.
Durante un fin de semana en el Cideci se congregó una de las mayores reservas morales en resistencia de México. Llegaron, poco a poco, adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, delegados, zapatistas y representantes de otras luchas en apoyo al CNI, como Atenco, Los Pedregales y las familias y alumnos de Ayotzinapa.
La de los pueblos indígenas es una lucha a contrarreloj frente al despojo neoliberal que asume diferentes formas de necropolítica, pero a las que ellos llaman con un mismo nombre: capitalismo. Es una lucha a contrarreloj, por tanto, por la vida.
“No vamos con el fin de llevar votos, de ir a sentarnos allá, a la silla maliciada. Más bien nuestra participación es por la vida, es por la organización, es por la reconstrucción de nuestros pueblos que han sido golpeados por años”, dijo María de Jesús Patricio Martínez, recién nombrada vocera del Concejo Indígena de Gobierno.
“El CIG será el que en realidad encabece esta campaña. Como la ley no permite que se pueda registrar un concejo, vamos a presentar a nuestra vocera”, intervino Mario Luna, concejal yaqui. “Éste es un proceso que no empieza con el Concejo Indígena de Gobierno y que tampoco termina con el proceso electoral. Esto es una invitación a la sociedad para organizarse”.
Tomó la palabra después Filo, concejal nahua de la mixteca poblana: “En el mundo nahua hay una escena en la que un abuelo, antes de morir, le dice a su nieta: ‘Nuestro día tú sí lo verás, tú sí lo vivirás’. Pues de eso trata todo esto. Ese día llegó. No se confundan: ésta no es una vulgar lucha por el poder; es un asunto civilizatorio”.
“Quinientos años hemos vivido en un sistema de castas. Queremos sustituir ese sistema de castas por una sociedad igualitaria”, dice Mariela Vázquez, concejal tzeltal. “En tzeltal, respeto se dice yich’el ta muc’: hay que aprender a mirar la grandeza del otro.”
“Les cuesta trabajo creer que, a partir de hoy, nosotros somos los protagonistas de la historia nacional –siguió Filo–. No lo creen. Pero nuestro objetivo es claro: queremos acabar con el sistema capitalista. Porque es el único responsable de toda esta guerra, de toda esta muerte, de toda esta destrucción, de todos los desaparecidos… Y no vamos a detenernos hasta que el CIG esté parado sobre el cadáver de la hidra capitalista. Es entonces cuando vamos a poder decir: hemos cumplido, hemos vencido”.
Día 3. Después de largas horas de espera, los invitados fuimos convocados al auditorio del Cideci.
“Apaguen sus cámaras. Éste será un momento que deben guardar sólo en sus corazones”, fue la petición que nos hizo el representante del pueblo tohono o’odham al dirigir el ritual ceremonial de presentación y la entrega del bastón de mando a María de Jesús Patricio, Marichuy, la vocera del recién instaurado CIG, ante los casi mil 500 invitados. En torno  a Marichuy, los 71 concejales indígenas presentados minutos antes. El auditorio se puso de pie y el tambor ritual empezó a percutir como un corazón batiente al mismo ritmo que los nuestros.
Por las miradas de los subcomandantes Galeano –antes Marcos– y Tacho, han pasado los años: atentos a la ceremonia desde un discreto segundo plano, en un rincón del auditorio, muy lejos del proscenio pero inesperadamente cerca de mí. En esa delegación del EZLN con la que me encontraba, nadie se atrevió a hablar por miedo a romper el silencio ritual. No había necesidad de decirlo, el sentimiento dominante era uno solo: la certeza de estar viviendo un momento histórico.
Era, en efecto, un instante para guardar únicamente en nuestros corazones.
El tambor calló. Los aplausos y las consignas estallaron entre los zapatistas y entre los asistentes.
“¡Viva el CNI! ¡Viva el EZLN! ¡Viva la lucha anticapitalista! ¡Vivan nuestros pueblos! ¡Viva México! ¡Vivan las mujeres!”.
“El día de hoy es el día más grande de nuestra historia –dijo Filo–. Veinte años nos tomó conocernos, escucharnos, mirarnos, los pueblos indígenas que durante siglos estuvimos en resistencia. Y llegamos a esto. Se trata de un alzamiento indígena. El alzamiento indígena más grande de la historia de México. Y es un alzamiento no violento”.

¿Temblores de parto? Un nuevo acuerdo

Del miedo de la gente al miedo a la gente

A las 3:02 del 20 de septiembre de 2017 la brigada de Los Topos denunció que había “45 puntos de la Ciudad de México donde está atrapada la gente, el Ejército y la policía no dejan que la gente ayude, que los miles de personas cooperen donde están las personas atrapadas, ni siquiera para hacer cadenas humanas para acarrear escombros”. En un México afectado en el centro y sur, en su ciudad mayor, en Puebla, Morelos, Tlaxcala, Estado de México, los primeros en llegar a los siniestros fueron los vecinos y parientes, el Ejército y la Marina tardó entre cuatro y seis horas, cuando aparecían. Pero a diferencia de 1985, donde el gobierno se eclipsó, ahora intentó tomar el control y desalojar a la gente solidaria. Junto al dolor y la destrucción de edificios aparecía una cuarteadura simbólica. En lugar del trabajo conjunto, se impuso la pugna y el desplazamiento temeroso. Ante el riesgo de que resurgiera el mito movilizador de la “sociedad civil” del ciudadano común, del “pueblo” que se cohesiona en la acción, el gobierno apresuró la marcha para “normalizar”. Cada quien a su asunto, nada de organización civil autónoma como en 1985.

Las diferentes maneras de comunicar en el desastre

Los jóvenes se multiplicaron en las labores de rescate, vigilancia y abasto. Luego en la defensa espontánea de lugares siniestrados donde intentaban introducir maquinaria pesada. O bien para obligar a una atención gubernamental errática y lenta. El whatsapp resultó el medio eficaz incluso en el instante del gran sismo del 19. La comunicación ciudadana empujaba la acción humanitaria. Se logró con esa presión que atendieran, que reconsideraran la presencia de topos y organizaciones de rescate, que echaran para atrás las demoliciones. La comunicación de gobierno y de las grandes corporaciones, Televisa y TV Azteca, exhibieron sus viejos vicios: limpiar a percudidos personajes, crear burbujas informativas como la niña Frida para recuperar audiencias y magnificar la acción de la Marina y al impresentable de Nuño. Naufragaron. Pero inició desde el día 21 una guerra en las redes digitales para generar desconfianza hacia la información ciudadana. La reacción ciudadana no tardó en revirar: se creó un centro de verificación de información ciudadano en la página www.verificado19s.org.mx.

Consumidores sin vida pública

Ahora viene la lucha por la reconstrucción. El supuesto presidente de esta República ya avisó sus medidas empresariales y de clientelas políticas: el damnificado recibirá una tarjeta para que compre lo que necesita, si, como el Monex electoral. Los fondos previstos para desastres más un préstamo del Banco Mundial anuncian negocios a la vista. Los grandes corporativos se frotan las manos. De seguro repuntará la bolsa, pues es un estímulo inmediato a los mercados de la construcción. El PRI ya tendrá listo el padrón y los mapas calle por calle donde viven los beneficiados para recordarles el 2018 que tienen que votar de cierta manera. Viva el individuo consumidor y cliente del oficialismo. No hay propuesta para atender las urgentes necesidades de educación, de salud, de trabajo, de mejora salarial para los miles arrojados a la calle. No hay propuesta para crear instancias de diálogo y acuerdo con barrios, colonias y pueblos. No hay reconstrucción de la vida pública. Hay estímulo al mercado, y vaciamiento de la República.

La gran brecha

Y eso en el momento de mayor desprestigio de la política institucional y oficialista donde cualquier político que asoma a la calle de inmediato es repudiado. Osorio Chong no pudo ni acercarse a unas fábricas siniestradas en la colonia Obrera pues los ciudadanos que laboraban en el rescate lo abuchearon y lo obligaron a tomar las de Villadiego. Y lo mismo le pasó a los ex presidentes panistas, Felipe Calderón y Vicente Fox, que dejaron de tuitear sus “ideas” ante la reacción irónica de las audiencias digitales. Ante esa brecha creciente de la gente y los partidos y donde prosperó el hashtag #PartidosDenSuDinero para la reconstrucción; ahora resulta que quieren donar hasta el 100 por ciento de las jugosas partidas de nuestros impuestos cuando ya inició el plazo de la campaña electoral y bien se sabe que no se puede legalmente hacer nada.

Dos temblores y dos visiones

Hace 32 años cuando se vivió el terrible sismo de 1985, Carlos Monsiváis escribió en Proceso: “Por eso, no se examinará seriamente el sentido de la acción épica del jueves 19, mientras se le confine exclusivamente en el concepto solidaridad. (…) El 19, y en respuesta ante las víctimas, la ciudad de México conoció una toma de poderes, de las más nobles de su historia, que trascendió con mucho los límites de la mera solidaridad, la conversión de un pueblo en gobierno y del desorden oficial en orden civil”.  Ahora, cuando los valores empresariales dirigen naciones y conciencias, Enrique Krauze escribió en El País: “El terremoto del 19 de septiembre de 1985 fue el dramático bautizo de la sociedad civil. El terremoto del 19 de septiembre de 2017 debe ser el bautizo de una nueva era de solidaridad.” Para esa nueva era, nos dice, hay que crear una Comisión Ciudadana de Reconstrucción. “Esta Comisión debe tener una participación ciudadana mayoritaria. Bastará que se animen una decena de empresarios, intelectuales, académicos, periodistas, religiosos. Nombres sobran”. Los Notables, desde el siglo XIX, son una honrosa minoría familiar, dicen. De ambos temblores nació un valor simbólico: la gente convertida en ciudadano que participa y exige, su colaboración y presión hacia gobierno y constructoras como “sociedad civil”. Y con ello la lucha para apropiársela, sea como valor para la estabilidad del orden actual o bien para su transformación. Esa es la diferencia entre Monsiváis y Krauze.

Levantar viviendas y levantar a la República debe ser lo mismo

Pero el daño nacional supera la administración moral de los recursos, en el supuesto dudoso de la moralidad empresarial que se niega a subir salarios en la negociación del TLC y hace negocios oscuros con la obra pública. Los tres sismos de septiembre (7, 19 y 23) hicieron aflorar las cuarteaduras de la Nación. El sur y la región del istmo apenas atendida. Los poblados rurales de Morelos, Puebla y Estado de México invisibles. La pobreza extendida de las poblaciones con un pie en la migración. La desconfianza intensa hacia la autoridad política que debería coordinar y cohesionar. La corrupción institucional galopante que intenta aprovechar donaciones y recursos para los damnificados.
Como en otras ocasiones, del dolor y el esfuerzo de la gente nace la esperanza. Atender a los damnificados tiene que ir sembrando la simiente de otra República con poderes sociales reconocidos para exigir y revocar mandatos, con instituciones responsables y gobernantes atados a la rendición de cuentas. Pasar del terror del temblor a la esperanza del parto.  Deben proliferar las comisiones donde se anude el esfuerzo colectivo ahora mostrado con la planificación conjunta de la reconstrucción no de viviendas sino de la vida pública y del bienestar con trabajo digno. El orden civil debe contener el desorden e impudicia del orden institucional y del mercado. Este orden injusto se volvió enojo y acción de miles que se confrontaron con él en la tragedia de los sismos. Las brechas con la gente común ya no se tapan con parches. Las fracturas entre los que pretenden gobernar y los que a veces dicen que se dejan gobernar aumentan. Se abrió un tiempo posible para que los mexicanos discutamos y reflexionemos sobre nuestra manera de convivir en República. Así, ya basta.

* Profesor investigador del Semi-nario de Historia Contemporánea del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).