Lenin Ocampo Torres
Taxco
Taxco vive su fe, entre penitencias, historia y devoción. La ciudad cobijada por edificios coloniales, calles empedradas y bajo la imponente silueta de la Parroquia de Santa Prisca, el pueblo mágico revive una de las manifestaciones religiosas más intensas y arraigadas de México: Semana Santa.
Una tradición que se remonta a finales del siglo XVII, cuando frailes franciscanos del convento de San Bernardino comenzaron a trabajar con la población ya evangelizada para representar el viacrucis. Con el paso del tiempo, los habitantes buscaron profundizar su experiencia espiritual, dando origen a las penitencias o mortificaciones, una fusión de influencias indígenas y españolas, que hoy distingue a Taxco dentro y fuera del país.
“A pesar de haberse interrumpido en momentos históricos como la Guerra Cristera y recientemente durante la pandemia, la tradición ha resurgido con fuerza”, comentó a El Sur el guía turístico certificado Romeo Hernández, en un recorrido de este viernes por la ciudad.
Durante la Semana Santa, las calles de Taxco se convierten en escenario de profundas expresiones de fe. Hombres y mujeres participan en distintas formas de penitencia organizadas en cofradías.
En esta ocasión de nueva cuenta salieron a las calles los encruzados, flagelantes y las ánimas. Acompañaron primero la Pasión de Cristo, que al mediodía fue crucificado en ex Convento de San Bernardino de Siena y por la tarde la reflexión del Descendimiento de Jesús, que terminó con una procesión del Santo Entierro que recorrió las calles.
“Es impresionante la devoción de la gente, la flagelación de los (hombres) que se golpean la espalda y le queda al rojo vivo, da cosa ver sus heridas, pero impresiona la fe con lo que lo hacen”, expresó Luis, un turista de Ciudad de México que llegó desde el miércoles para vivir la Semana Santa en Taxco.
En la ciudad platera hay al menos diez hermandades de hombres y las mismas de mujeres. Cofradías que viven en el anonimato y preparan a los penitentes que año con año caminan las parroquias.
“Para poder hacer ese tipo de penitencia tienen que inscribirse en esas hermandades. Ya que se integran a estos grupos, tienen que empezar a trabajar con ellos con los evangelios cada ocho días. Se reúnen para leer citas bíblicas, para que ellos la puedan comprender, estudiarlas y de esta manera trabajar todo lo que conlleva su fe”, explicó Romeo Hernández.
“También hacen dos retiros: un retiro de convivencia, que es en agosto y un retiro tres días antes de Semana Santa, en un monasterio que tenemos muy cerca de Taxco, llamado Betania”.
Los penitentes no son improvisados. Antes de pisar las calles se preparan mental y espiritualmente. “No puedes ser flagelante si antes no fuiste encruzado”, reveló el guía.
Los llamados encruzados cargan pesados rollos elaborados con varas de zarzamora, cuyo peso puede alcanzar hasta los 110 kilogramos. Estos son sostenidos con la ayuda de un lazo, confeccionado con materiales como pelo de cola de caballo, que permite soportar el peso durante recorridos de entre 4 y 6 kilómetros.
Otro grupo significativo es el de los flagelantes, quienes llevan su devoción a un nivel extremo. Mientras caminan en procesión, rezan el rosario y en determinadas estaciones se arrodillan para realizar autoflagelaciones, con instrumentos elaborados con cuerdas y puntas metálicas.
“Esta práctica tiene inspiración en figuras religiosas como San Nicolás de Tolentino, quien utilizaba la mortificación como forma de acercamiento espiritual”, platicó Romeo.
Las mujeres también participan en activo, en especial como “encorvadas”, caminando en posición inclinada, encadenadas de los tobillos y portando velas que simbolizan la fe y la intercesión por las almas del purgatorio.
Su vestimenta negra cubre todo el cuerpo y, al igual que los hombres, utilizan capirotes para preservar el anonimato, “ya que el objetivo no es el reconocimiento público, sino la entrega espiritual”.
A muchos de los penitentes, además de la fe, los mueven los juramentos realizados o mandas hechas a una divinidad, “solicitando un favor, muchas veces pidiendo salud o protección”, expresó uno de los penitentes antes de salir del ex convento en procesión de las 5 de la tarde.
“En mi caso es personal, es una manda que le hice a nuestro Señor. Yo sólo me preparo en lo mental, no físico, más que nada es tener la conciencia tranquila”, explicó el joven que lleva al menos tres años en esto.
Familias enteras participan año con año, iniciando su preparación desde el Miércoles de Ceniza y prolongándola hasta el Pentecostés, cumpliendo así con el calendario litúrgico.
El impacto emocional en los visitantes es evidente. Momentos como la representación de las Tres Caídas generan escenas de profunda conmoción, donde no es raro ver a turistas con lágrimas en los ojos, conmovidos por la intensidad de la fe que se manifiesta en cada paso de las procesiones.
La Semana Santa en Taxco no solo representa un atractivo turístico, “sino una experiencia espiritual única que combina historia, cultura y devoción”, finalizó diciendo el guía de turistas Romeo Hernández.
Así, entre silencio, incienso, rezos, velas y el eco de pasos sobre piedra, Taxco sigue siendo un lugar emblemático del catolicismo en México, donde cada año la fe se convierte en experiencia viva a pesar de los hechos de violencia que se han vivido en la última década.
Los penitentes descansan, pero la Semana Santa continúa hoy, con el Sábado de Gloria, y culmina mañana a las 5 de la tarde, con la Procesión de la Resurrección de Jesús.


