
Lenin Ocampo Torres
Coyuca de Benítez
En Coyuca de Benítez, el segundo municipio devastado por el huracán Otis, cuatro semanas después los pobladores continúan con la limpieza de sus comunidades, levantando los escombros y colocando los techos reciclados en sus viviendas. Lo hacen sin apoyo de las autoridades.
Ayer, en un recorrido por San Isidro, Cerrito de Oro, Ejido Viejo, El Conchero, Bajos del Ejido, El Embarcadero, El Bordonal, Rancho del Santo, San Martín y la cabecera municipal de Coyuca, se pudo observar que no hay una sola comunidad que se haya salvado de la fuerza de Otis, que trajo vientos de más de 300 kilómetros por hora, desbordó ríos y arroyos que inundaron cientos de viviendas.
Las poblaciones se encuentran a pie de la carretera Acapulco-Zihuatanejo (excepto Ejido Viejo), donde la gente continúa sacando el lodo que dejó sepultadas sus casas; poniendo los techos con láminas rescatadas de los escombros y cortando árboles, palmeras que sucumbieron ante Otis, que dejó una zona devastada y olvidada.
“Nunca en mis 66 años había visto eso. Aquí fue como la muerte: fue pareja. Primero fue el aire y después el río, que hizo un socavón y nos dejó incomunicados, tuvieron que venir a apoyarnos gente de Atoyac para abrirnos paso con motosierras, estuvo de la chingada, mucha gente quedó traumada psicológicamente, la gente está intensa, sigue teniendo miedo”, contó Marcos Aguirre Moreno, marino de la Armada de México retirado y vecino de Ejido Viejo.
“Ejido Viejo fue el más afectado de todos los pueblos, yo estoy acostumbrado a estos siniestros, las adversidades de los vientos los he capoteado (dentro del mar), pero jamás había visto eso, yo estaba acostado en la hamaca, ya el aire había tumbado el techo de lámina de la azotea, cuando de repente la fuerza del arroyo me tumba la puerta y la casa se comienza a inundar”, platicó mientras mostraba la destrucción que dejó Otis en esa comunidad de Coyuca.
En esa localidad que se encuentra a 20 minutos de Acapulco, del lado de la Costa Grande, el pequeño arroyo se convirtió en un río, que desvió su caudal después de que hizo una represa y comenzó a inundar todas las casas del poblado donde habitan mil 200 personas. La corriente se llevó animales, carros, refrigeradores, estufas, piedras y todo lo que encontraba a su paso. Mientras, que el aire se encargaba de podar parotas, robles, ceibas, palmeras y dejar sin techos la mayor parte de las casas.
“Todos tuvimos que salir y buscar casas con techos de concreto, salimos pasadas las 2 de la mañana, ya el agua nos llegaba al estómago, el refugio que habían puesto era la comisaría, pero no aguantó el viento y se quedó sin techado, así que como pudimos buscamos lugares seguros, la iglesia quedó destruida y el centro de salud quedó bajo el agua, no había forma de protegerse”, narró Eduardo Loeza Castro, trabajador del Parque Papagayo, que desde el 25 de octubre no pisa Acapulco y desconoce que su centro de trabajo está destruido.
“Llevo tres semanas intentando sacar el lodo y limpiar la casa, donde vivimos con mis padres y hermanas, hace unos días nos ayudó una máquina de un particular que nos rentó la hora, porque andábamos a pico y pala, el gobierno no se vino a parar, hasta antier (lunes) vino el presidente (Osiel Pacheco) y dio el banderazo que dizque para desazolvar” señaló Eduardo.
En la comunidad hay presencia del Ejército, que instaló un comedor comunitario en la cancha de basquetbol. Las despensas y alimentos que les llegan son de organizaciones y fundaciones que desde los primeros días han traído ayuda humanitaria, pero no a todo el pueblo. La mayoría de los pobladores coinciden en que ninguna autoridad oficial les ha ayudado para rehabilitar Ejido Viejo.
“El lunes vino el alcalde, trajo unas máquinas para limpiar, ya había venido hace dos semanas, pero la gente lo corrió, traía sólo tres despensas, pero fuera de eso lo que necesitamos es levantar el pueblo, ya nos censaron, estamos esperando la ayuda del gobierno para poder abrir la primaria, la telesecundaria, el centro de salud y levantar el lodo de las calles”, dijo una mujer afectada por la tormenta.
En Ejido Viejo sólo se reportó la muerte de un señor que “murió de un paro cardíaco por la impresión” de Otis.
La colonia Zumpango
En Coyuca de Benítez la gente coincide en que el aire hablaba, parecía gente chiflando, pidiendo auxilio, un sonido tétrico que lastimaba los oídos y entraba a las entrañas. Todos coinciden con todos los que escucharon a Otis, todos dicen que nunca habían sentido algo igual.
Los vecinos de la colonia Zumpango, de la cabecera municipal, fueron de los pocos habitantes que pudieron escapar a la fuerza del huracán, pues ahí llegaron la noche del 24 de octubre los elementos de la Marina a desalojar y llevar a la gente a los refugios.
Sergio Andrés García es soldador, tiene 60 años y el día después del huracán regresó a la calle Universidad, donde encontró todas las casas bajo el lodo, sin techos y sin nada.
“Desde el lunes comencé a limpiarla, yo ya le sé más o menos a esto, primero dejo secar el lodo y después lo levanto, pesa menos y es menor el desgaste, la gente comete el error de todavía echarle agua y se queda muy pesado, después para sacarlo de las casas es muy difícil, pero poco a poco ahí la vamos levantando”, comentó el soldador.
“Así como me ve, así andan todos, ningún gobierno ha venido a ver qué necesitamos, todos hemos sacado nuestros escombros, vinieron unas máquinas de Petatlán a apoyar y nos ayudaron a juntar el lodo y la basura que ahí sigue, el Ayuntamiento no ha ayudado, ya nos censaron, mi casa salió como pérdida total, estamos esperando el apoyo”, reveló.
La colonia Zumpango queda al lado del río Coyuca, ese día del huracán creció su caudal y se desbordó; dejó bajo el agua todas las viviendas que ya se habían quedado sin techos.
“Yo no me salí, me quedé en la casa, casi me ahogaba, entró la corriente y me tuve que subir con ella, logré colgarme del techo y permanecer ahí toda la madrugada, el agua subió más de 3 metros, mi casa está alta, por un momento sentí que no la iba a librar, durante el paso de la noche el agua comenzó a bajar”, comentó don Antonio, que colocaba su techo con las tejas que pudo rescatar.
“Sólo ocupamos un poco de ayuda, sabemos que el huracán fue grande y destruyó todo a su paso, que las autoridades no pueden con todo, pero ya vamos para un mes y nosotros seguimos intentando rescatar lo poco que teníamos, intentamos limpiar para volver a regresar a vivir aquí”, finalizó Antonio, afectado por la devastación que dejó el paso de Otis por Coyuca de Benítez.

