La Bellavista, colonia con violencia de alto impacto que atenderá el gobierno federal

La cancha Acapulco, ubicada en la avenida con el mismo nombre, es el único espacio público para los vecinos de las simbióticas colonias Cuauhtémoc y Bellavista, esta última seleccionada para la estrategia Guerrero por la Paz Foto: Ramón Gracida Gómez

Ramón Gracida Gómez

La colonia Bellavista, una de las 10 zonas de Acapulco consideradas dentro de la estrategia de seguridad Guerrero por la Paz, tiene un historial de varios años de ser el escenario de hechos de violencia de alto impacto como cuerpos desmembrados o con huellas de tortura arrojados a la vía pública.
Ubicado entre las avenidas Ejido y Constituyentes, el asentamiento urbano tiene una simbiosis con la colindante colonia Cuauhtémoc, ambas sólo cuentan con una cancha como espacio de convivencia.
Vecinos consultados dijeron desconocer de la aplicación de la estrategia Guerrero por la Paz y de la realización del acto inaugural Feria por la Paz, el cual fue replicado en las otras colonias seleccionadas por la federación en coordinación con el municipio, de acuerdo con los funcionarios que dieron por concluida la primera fase de la estrategia el 28 de febrero pasado en la Unidad Habitacional Colosio.
Al igual que otras colonias descritas en estas páginas por motivo de la estrategia federal de seguridad que busca acercar los programas sociales y los servicios públicos a sus vecinos, esta zona céntrica del municipio era un ejido, en este caso el de Santa Cruz, cuyos terrenos fueron adquiridos por La Junta Federal de Mejoras Materiales tras el acuerdo presidencial del 28 de enero de 1947.
Un vecino recordó su llegada al área en 1971 después de comprarle un terreno al ejido, indicó que fue en el gobierno de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) en el que aumentaron los servicios públicos, y mencionó la presencia de una oficina del Plan Acapulco en aquellos años como parte de la política de urbanización del área.
Frente a la casa del vecino se encuentra la cancha Acapulco, conocida de tal manera porque se ubica en la avenida Acapulco una de las tantas que atraviesan las calles con nombres de números que caracterizan a las colonias cercanas a las avenidas Ejido y Constituyentes.
Hasta hace unos años, la cancha era más que la actual plancha de cemento con un par de canastas de basquetbol derruidas, era un “parque” con bancas para sentarse y jardineras alrededor, destacó el vecino, quien lamentó la modificación promovida durante las campañas electorales de hace una década.
No hay otro espacio público en el que se puedan reunir los vecinos de la Bellavista y Cuauhtémoc, sólo hay un mercado, la Escuela Secundaria Federal 4 y la Escuela Primaria Rubén Mora Gutiérrez.
Ambas colonias, separadas formalmente por la calle Ocho, también comparten la iniciativa del comité vecinal Bella Vista y Cuauhtémoc, que colocó varias mantas pidiendo a los vecinos mantener limpia la vía pública.
A las 4 de la tarde de ayer gran parte de las calles que conforman la Bellavista eran escasamente transitadas, no se notaba nada especial en la avenida Santa Cruz, donde el 23 de enero pasado un trabajador de la refresquera Coca Cola fue asesinado a balazos.
Entre otros hechos violentos de alto impacto está el ocurrido el 4 de octubre pasado, a una semana del paso del huracán John, cuando fueron arrojados entre las calles 2 y Emiliano Zapata dos cuerpos desmembrados por hombres armados que circulaban en un automóvil.
El 12 de noviembre de 2023, a pocas semanas del paso del huracán Otis, hombres armados arrojaron en la calle 8 el cuerpo de un hombre asesinado con torniquete en el cuello y atado de pies y manos.
El 7 de septiembre, los brazos y las piernas de un hombre fueron encontrados dentro de botes de plástico entre las calles Emiliano Zapata y 3, el resto del cuerpo fue encontrado en la glorieta de Aguas Blancas, a un kilómetro de distancia.
El 20 de agosto de 2021, un hombre asesinado a balazos fue arrojado por hombres armados en la calle Vicente Guerrero con un costal de la cabeza al abdomen.
Días antes, el 8 de agosto, fue localizado el cadáver de un hombre en estado de descomposición dentro de una bolsa negra de la que escurrían líquidos.
Un mes antes, el 2 de julio, fueron encontrados dos hombres asesinados, uno de ellos tenía torniquete en el cuello, tapado de los ojos, los tobillos amarrados y las manos atadas hacia atrás, y el segundo cadáver estaba del mismo modo con huellas de tortura.
El 14 de marzo del mismo año, un taxi fue incendiado entre la avenida Ejido y la calle 3 con dos choferes adentro, uno de ellos en la cajuela y el otro en el asiento trasero.
En la noche del 6 de diciembre de 2019, un hombre fue ejecutado a balazos en la avenida Constituyentes, un hombre asesinado con torniquete y huellas de tortura fue lanzado en la avenida México, entre las calles 6 y 7, y en la tarde del mismo día un joven de 20 años muerto por torniquete fue arrojado a la avenida Santa Cruz.
El 12 de noviembre el director administrativo de la Promotora y Administradora de Playas fue asesinado a balazos afuera de su casa en la calle 6 y el callejón Francisco Bocanegra, y el 27 de marzo dos integrantes de la Secretaría de Marina (Semar) fueron privados de su libertad por hombres armados, y luego fueron localizados entre las calles 4 y Lázaro Cárdenas con huellas de tortura y con impactos de balas en la cabeza.

La Ciudad Perdida, un rincón de la calle La Noria olvidado en pleno centro de Acapulco

Estrechos callejones como laberintos, llenos de cables de luz colgando a poca altura, en la vecindad de la calle La Noria conocida como Ciudad Perdida, en el centro de Acapulco Foto: Carlos Carbajal

Ramón Gracida Gómez

En un callejón de la calle La Noria, en la colonia Centro, se esconde la Ciudad Perdida, una vecindad en la que viven vendedores ambulantes en condiciones precarias y con problemas de servicios públicos.
La colonia Centro es una de las 10 seleccionadas por el gobierno federal para aplicar en Acapulco la estrategia Guerrero por la Paz, que consiste en acercar los programas sociales y los servicios a los vecinos de estos asentamientos urbanos con alta incidencia delictiva.
Yolanda recibió a El Sur ayer en la tarde dentro de su vivienda, a la cual se llega después de caminar unos 20 metros en un callejón a un costado del restaurante Las Gaviotas, último lugar donde comer mariscos en la calle La Noria, reconocida hasta hace unos años por concentrar varios establecimientos para comer un buen pescado.
Actualmente la concurrida calle es un repositorio de ruinas de todos los locales abandonados con pedazos de paredes y techos esparcidos en la banqueta, sólo se sabe de los antiguos restaurantes por algunas puertas que siguen en pie.
Las calles aledañas tienen más negocios abiertos, principalmente cantinas y marisquerías, pero sólo basta con mirar hacia arriba para ver segundos pisos igual de afectados por muchos años sin mantenimiento pese a que ahí viven varias familias.
Una acumulación de bolsas negras de basura es la señal para ubicar el callejón que esconde la vecindad detrás de Las Gaviotas en la que Yolanda ha vivido sus 86 años de existencia, “de aquí me van a sacar muerta”, afirmó después de la pregunta que se le hizo sobre su vida en este rincón de Acapulco.
Yolanda recordó la evolución del entorno en el que creció, desde que era un espacio en la que los comerciantes de Chilapa dejaban sus caballos y sus bueyes hasta las canchas de lo que es actualmente el mercado El Parazal, a unos 200 metros de distancia.
También mencionó la abundante agua que había en la zona, los pequeños canales que cada choza de palma y bajareque tenían para distintos usos y las fosas sépticas utilizadas como baños.
La adulta mayor se esforzó por describir las huertas que había alrededor de lo que es actualmente el centro del municipio y la abundante fauna con la que los habitantes se alimentaban, principalmente el pescado.
“Yo viví mejor”, soltó sonriente con los pocos dientes que le quedan al comparar las condiciones en la que viven sus jóvenes vecinos, a quienes casi no conoce porque son personas recién llegadas a la Ciudad Perdida, una vecindad construida alrededor de un solitario pasillo por el que se entra a las demás casas.
Los cables de dos postes de luz rozan las cabezas de algunas personas y recostadas en las paredes se encuentran varias mangueras que fungen de tubería de agua.
Yolanda indicó que los que vivían en este pedazo de terreno eran personas pobres, como sus inquilinos, dos hamaqueros y un vendedor de zapatos, a quienes les renta un cuarto de madera y otro de cemento.
Todos son vendedores ambulantes que salen muy temprano de la casa de Yolanda y llegan en la tarde-noche, comen afuera y sólo utilizan sus pequeños cuartos para dormir.
Los otros dos pequeños dormitorios de los que se compone la casa tienen paredes y techos de lámina o madera y son ocupados por familiares de Yolanda, como una sobrina y su pequeño hijo que merodeaban en el pasillo que funge de cocina y lavadero.
El huracán Otis destruyó estos dormitorios y fueron reconstruidos con el apoyo que recibió la familia por el censo federal hecho tras el meteoro del 25 de octubre de 2023.
Lo que sí sobrevivió fue el pasillo que representa la cocina de Yolanda, esparcidos están las hojas del periódico El Sur que recibe diariamente, aunque no lo puede leer en su totalidad porque ha perdido poco a poco la vista.
Con dificultades para caminar por los dolores que tiene en las piernas, la adulta mayor mostró su dormitorio pegado a la puerta de su entrada pintada de amarillo por el gobierno de López Obrador como parte de la reconstrucción de Acapulco tras el huracán Otis, adentro está instalado el refrigerador del paquete de enseres domésticos, y una hamaca y ropa está colgada encima de su cama.
El techo de loza es cubierto por una gran lona verde, el impermeabilizante le sale caro, explicó Yolanda, quien vive de la renta de 500 o mil pesos que cobra –aunque entiende cuando no le pueden pagar porque son pobres, insistió–, de la pensión de adulta mayor y de la escasa venta de Coca Cola en envase de vidrio.
Dijo que el gobierno sólo acude a la Ciudad Perdida, bautizada así tras un incendio que sufrió hace muchos años, “cuando quiere el voto”, pero los vecinos sufren por el drenaje cuando se inunda y por la falta de agua que dura varios días.