La Ciudad Perdida, un rincón de la calle La Noria olvidado en pleno centro de Acapulco

Estrechos callejones como laberintos, llenos de cables de luz colgando a poca altura, en la vecindad de la calle La Noria conocida como Ciudad Perdida, en el centro de Acapulco Foto: Carlos Carbajal

Ramón Gracida Gómez

En un callejón de la calle La Noria, en la colonia Centro, se esconde la Ciudad Perdida, una vecindad en la que viven vendedores ambulantes en condiciones precarias y con problemas de servicios públicos.
La colonia Centro es una de las 10 seleccionadas por el gobierno federal para aplicar en Acapulco la estrategia Guerrero por la Paz, que consiste en acercar los programas sociales y los servicios a los vecinos de estos asentamientos urbanos con alta incidencia delictiva.
Yolanda recibió a El Sur ayer en la tarde dentro de su vivienda, a la cual se llega después de caminar unos 20 metros en un callejón a un costado del restaurante Las Gaviotas, último lugar donde comer mariscos en la calle La Noria, reconocida hasta hace unos años por concentrar varios establecimientos para comer un buen pescado.
Actualmente la concurrida calle es un repositorio de ruinas de todos los locales abandonados con pedazos de paredes y techos esparcidos en la banqueta, sólo se sabe de los antiguos restaurantes por algunas puertas que siguen en pie.
Las calles aledañas tienen más negocios abiertos, principalmente cantinas y marisquerías, pero sólo basta con mirar hacia arriba para ver segundos pisos igual de afectados por muchos años sin mantenimiento pese a que ahí viven varias familias.
Una acumulación de bolsas negras de basura es la señal para ubicar el callejón que esconde la vecindad detrás de Las Gaviotas en la que Yolanda ha vivido sus 86 años de existencia, “de aquí me van a sacar muerta”, afirmó después de la pregunta que se le hizo sobre su vida en este rincón de Acapulco.
Yolanda recordó la evolución del entorno en el que creció, desde que era un espacio en la que los comerciantes de Chilapa dejaban sus caballos y sus bueyes hasta las canchas de lo que es actualmente el mercado El Parazal, a unos 200 metros de distancia.
También mencionó la abundante agua que había en la zona, los pequeños canales que cada choza de palma y bajareque tenían para distintos usos y las fosas sépticas utilizadas como baños.
La adulta mayor se esforzó por describir las huertas que había alrededor de lo que es actualmente el centro del municipio y la abundante fauna con la que los habitantes se alimentaban, principalmente el pescado.
“Yo viví mejor”, soltó sonriente con los pocos dientes que le quedan al comparar las condiciones en la que viven sus jóvenes vecinos, a quienes casi no conoce porque son personas recién llegadas a la Ciudad Perdida, una vecindad construida alrededor de un solitario pasillo por el que se entra a las demás casas.
Los cables de dos postes de luz rozan las cabezas de algunas personas y recostadas en las paredes se encuentran varias mangueras que fungen de tubería de agua.
Yolanda indicó que los que vivían en este pedazo de terreno eran personas pobres, como sus inquilinos, dos hamaqueros y un vendedor de zapatos, a quienes les renta un cuarto de madera y otro de cemento.
Todos son vendedores ambulantes que salen muy temprano de la casa de Yolanda y llegan en la tarde-noche, comen afuera y sólo utilizan sus pequeños cuartos para dormir.
Los otros dos pequeños dormitorios de los que se compone la casa tienen paredes y techos de lámina o madera y son ocupados por familiares de Yolanda, como una sobrina y su pequeño hijo que merodeaban en el pasillo que funge de cocina y lavadero.
El huracán Otis destruyó estos dormitorios y fueron reconstruidos con el apoyo que recibió la familia por el censo federal hecho tras el meteoro del 25 de octubre de 2023.
Lo que sí sobrevivió fue el pasillo que representa la cocina de Yolanda, esparcidos están las hojas del periódico El Sur que recibe diariamente, aunque no lo puede leer en su totalidad porque ha perdido poco a poco la vista.
Con dificultades para caminar por los dolores que tiene en las piernas, la adulta mayor mostró su dormitorio pegado a la puerta de su entrada pintada de amarillo por el gobierno de López Obrador como parte de la reconstrucción de Acapulco tras el huracán Otis, adentro está instalado el refrigerador del paquete de enseres domésticos, y una hamaca y ropa está colgada encima de su cama.
El techo de loza es cubierto por una gran lona verde, el impermeabilizante le sale caro, explicó Yolanda, quien vive de la renta de 500 o mil pesos que cobra –aunque entiende cuando no le pueden pagar porque son pobres, insistió–, de la pensión de adulta mayor y de la escasa venta de Coca Cola en envase de vidrio.
Dijo que el gobierno sólo acude a la Ciudad Perdida, bautizada así tras un incendio que sufrió hace muchos años, “cuando quiere el voto”, pero los vecinos sufren por el drenaje cuando se inunda y por la falta de agua que dura varios días.

 

Son nueve las víctimas del deslave de piedras y tierra en la parte alta de la ciudad y aún no hallan un cuerpo

Cruces en la casa en dónde miembros de una familia murieron enterrados por un deslave de tierra provocando por el huracán Otis, en la colonia Revolución del Sur Foto. Carlos Carbajal

Ramón Gracida Gómez

Fueron nueve las personas que murieron por un derrumbe de piedras, que destruyó distintas casas de la calle Constitución, de la parte alta de Acapulco, y todavía no ha sido encontrado el cuerpo de uno de ellos, Francisco Chinito Santos.
El Sur publicó, en su edición del 27 de octubre, que seis integrantes de una familia murieron sepultadas en su casa, por el alud de piedras que le cayó encima a su hogar. Las víctimas son Gloria, sus dos hijas y tres nietos.
Es una de las viviendas destruidas completamente de la calle Constitución, de la colonia Revolución del Sur, que se encuentra entre la Francisco Villa y la quinta etapa del Infonavit Alta Progreso. Vecinos de esta zona de Acapulco también conocen a este asentamiento como Ciudad Perdida.
Las viviendas devastadas se encuentran a un lado del cerro, donde cayeron las piedras y la tierra que aplastó a los vecinos de esta zona alta del anfiteatro de la ciudad.
Además de los seis integrantes, que murieron sepultados, otra familia fue afectada por el derrumbe y murieron tres personas, de esta casa de madera y techo de lámina, que ahora se encuentra demolida.
Ahí vivía Cirila Santos junto con su hijo Francisco Chinito Santos. Ambos se dedicaban a hornear bolillos en una parte de su hogar, negocio en el que también trabajaba Sergio Rivera Alarcón, pero era conocido como William.
La señora Cirila fue encontrada el miércoles 25 de octubre, después del paso del huracán Otis, metros más abajo de la casa en la que murieron seis personas, a la par del hallazgo de estas mismas víctimas.
El cuerpo de Sergio, de 35 años, fue encontrado unos 200 metros más abajo de la misma calle Constitución, que consiste en varias curvas. El cadáver quedó atorado en un tapón hecho del arrastre de la lluvia de carros, ramas y lodo.
Es una pared de tres metros que cierra totalmente el paso de una calle. Sergio también fue hallado los primeros días después de la catástrofe natural.
Por la forma que encontraron a Sergio, las autoridades buscaron a Francisco también en el tapón, pero su cuerpo no ha sido hallado dos semanas después del huracán de categoría 5.
La otra hipótesis es que fue arrastrado metros más abajo de la misma calle Constitución, donde una máquina retroexcavadora quitaba tierra este martes. Dos peritos de la Fiscalía General del Estado (FGE) buscaban con una unidad canina, que olfateaba la tierra.
Una parte de esta vía, unos 50 metros, tiene tanta tierra y piedra amontonada que se ha formado un tepetate de tres metros sobre la calle, que desemboca a la avenida Ruiz Cortines, en los arcos que dan la bienvenida a la colonia Francisco Villa.
La evidencia de la magnitud del deslave concentrado en la calle Constitución es un carro estacionado, dentro de su casa, y que está completamente enterrado, sólo se nota un poco del espejo frontal.
Algunas familias estaban reunidas en el patio de sus casas la tarde de este martes. Una pared de ladrillos de una vivienda que parece abandonada, tiene encima dos carros apilados.
Se percibió un ambiente tenso en la colonia Revolución del Sur, por la cantidad de muertos que concentra este pequeño asentamiento urbano. Un vecino le reclamó al grupo de reporteros su presencia en el lugar, “ya dejen de grabar, esto no es un juego”.
Familiares del no localizado Francisco Chinito Santos no quisieron dar su testimonio. Su hermano les dijo a los reporteros que va a hablar “sólo si van a dar algo”.
Se entiende por la gravedad del suceso, justificaron vecinas, que compartieron algunos datos de la colonia para contextualizar la muerte de sus nueve vecinos. Durante su relato, reiteraron varias veces la necesidad de que llegara la ayuda a la colonia.
Revolución del Sur fue fundada hace 34 años, casi todas los vecinos llegaron al mismo tiempo de su creación. Las vecinas reconocieron que es una zona de riesgo, pero “la necesidad” las orilló a construir su patrimonio ahí. Con el huracán Paulina también cayeron piedras, pero no afectaron a las casas, dijeron.
Contaron que las víctimas gritaron en la noche del huracán, “ayuda, ayuda”, pero no pudieron hacer nada, porque ellas también corrían peligro. Una de ellas perdió su casa, pero salió hacia la casa de otra familiar antes de ser demolida por las piedras.
Destacaron que la presidenta Abelina López Rodríguez acudió después de la noche del huracán y ayudó con las gastos funerarios de las víctimas. También ordenó la búsqueda de los cadáveres.
Dijeron que Francisco Chinito era una persona tranquila, “no se metía con nadie”. Describieron por dónde pasó la corriente que arrastró los cuerpos de Cirila, su hijo Francisco y su trabajador Sergio, alias William. Una casa de material que sobrevivió al deslave es la única referencia.