La unidad como condición para avanzar en la transformación

En la vida de los pueblos hay momentos que ponen a prueba no solo la fortaleza de las instituciones, sino la madurez de quienes tienen la responsabilidad de conducirlas. Los procesos internos de los partidos políticos son uno de esos momentos: en ellos se mide la capacidad de conciliar la legítima competencia con el interés superior del proyecto colectivo.
El proceso que hoy vive Morena en Guerrero merece leerse precisamente desde esa perspectiva: como una oportunidad para demostrar que otra forma de hacer política es posible.
Nuestro estado fue el que registró el mayor número de personas inscritas para participar en la definición de la Coordinación Estatal de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. De ese amplio registro, hoy somos 17 las y los aspirantes que recorremos el territorio. Algunos podrían interpretar esta circunstancia como un signo de fragmentación. Yo, en cambio, prefiero verla como la evidencia de un movimiento vigoroso, profundamente arraigado en la sociedad, con una amplia generación de mujeres y hombres que desean servir a Guerrero desde los principios de la Cuarta Transformación: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo.
Los movimientos políticos se debilitan cuando dejan de convocar; se fortalecen cuando generan participación. La pluralidad, cuando está acompañada de reglas claras y convicciones compartidas, no representa una amenaza. Al contrario: constituye una de las expresiones más saludables de una organización democrática que ha sabido despertar la esperanza de millones de mexicanas y mexicanos.
Sin embargo, también es cierto que toda competencia despierta emociones intensas. Es natural que existan diferencias de visión, de trayectoria o de estrategia. Lo que no debe normalizarse es que esas diferencias deriven en golpeteo, descalificación o desgaste entre quienes compartimos un mismo horizonte de país. La historia política nos ofrece una enseñanza permanente: los proyectos colectivos rara vez son derrotados desde el exterior cuando conservan cohesión interna; suelen debilitarse cuando permiten que las disputas personales ocupen el lugar de las causas comunes.
Por eso conviene recordar con serenidad una verdad elemental: el adversario no está en casa. No está entre quienes hemos decidido caminar bajo los principios que dan alma a este movimiento iniciado por Andrés Manuel López Obrador y en proceso de consolidación con la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. El verdadero desafío sigue siendo combatir las desigualdades, ampliar las oportunidades para quienes menos tienen, consolidar un Estado cercano a la gente y preservar un proyecto nacional que ha colocado la justicia social en el centro de la vida pública.
En diversas ocasiones, la presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en una idea que merece asumirse como guía ética y política: por encima de cualquier nombre debe prevalecer la defensa del proyecto de transformación. Esa definición no minimiza las aspiraciones individuales; simplemente las ubica en la dimensión que les corresponde. Los cargos son temporales. Las causas, en cambio, trascienden generaciones.
Quien esto escribe ha dedicado su vida a la educación pública. Desde la Universidad Autónoma de Guerrero –a cuya rectoría solicité licencia para participar con transparencia en este proceso– aprendí que ninguna transformación verdadera se construye en solitario: se construye escuchando, sumando voluntades y poniendo el conocimiento al servicio del pueblo. Con esa misma convicción participo hoy en esta contienda interna.
Guerrero conoce mejor que nadie el valor de la unidad. Nuestra historia está escrita por mujeres y hombres que comprendieron que las conquistas sociales nunca fueron resultado de esfuerzos aislados. Desde las luchas por la educación pública hasta las demandas de justicia y democracia, cada avance ha dependido de la capacidad de construir coincidencias por encima de las diferencias.
Hoy, la defensa de la Cuarta Transformación y de nuestra Soberanía Nacional es una tarea colectiva que nos convoca a la unidad. Siguiendo el ejemplo de la gobernadora Evelyn Salgado Pineda –quien, con una política de territorio y no de escritorio y un profundo amor a su estado, ha sido pieza fundamental para consolidar el proyecto de nación en la tierra digna y combativa de Guerrero–, entendemos que el avance de nuestro estado requiere de la suma de todas y todos.
Esa memoria histórica debe acompañarnos en el momento que vivimos. Quienes participamos en este proceso tenemos la obligación de demostrar que es posible competir con firmeza, pero también con respeto; defender ideas sin descalificar personas; recorrer el territorio con entusiasmo, sin perder de vista que la confianza ciudadana se construye con congruencia y con ejemplo.
Por ello, expreso un exhorto respetuoso a las y los demás aspirantes, así como a quienes integran sus equipos: cuidemos el lenguaje, honremos las reglas del proceso, privilegiemos el contacto directo con la militancia y con el pueblo. La política encuentra su mayor legitimidad cuando escucha más de lo que confronta y cuando propone más de lo que descalifica.
Las y los guerrerenses esperan de quienes aspiramos a servirles una conducta a la altura del momento histórico: prudencia en las palabras, honestidad en los actos y serenidad frente a la competencia. Esa expectativa es una responsabilidad que ninguno de nosotros debe ignorar.
La verdadera prueba llegará cuando concluya la encuesta para decidir quién encabezará la Coordinación Estatal para la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Ese día conoceremos un resultado; al día siguiente comenzará una tarea todavía más importante: preservar la unidad del movimiento y fortalecer el compromiso con Guerrero. Quien resulte favorecido o favorecida tendrá la responsabilidad de convocar, incluir y construir. Quienes no, tendremos la oportunidad de demostrar que nuestro compromiso con la transformación nunca dependió de una posición, sino de una convicción profunda.
Las coyunturas pasan; los pueblos permanecen. Las responsabilidades cambian; los principios deben permanecer intactos. La política alcanza su mayor dignidad cuando entiende que el interés colectivo está siempre por encima de cualquier legítima aspiración personal.

La UAGro rumbo a la Universidad de Cuarta Generación

Durante décadas, la Universidad Autónoma de Guerrero arrastró inercias que la mantuvieron en los últimos lugares de los indicadores educativos nacionales. En muy poco tiempo, con el esfuerzo colectivo de la comunidad, dejamos de resistirnos a la realidad para transformarla: hoy nuestra casa de estudios compite de tú a tú con las mejores universidades del país.
Pero ningún logro es definitivo si no se convierte en plataforma para el siguiente salto. Mientras otras instituciones se aferran a esquemas que el siglo XXI ya volvió obsoletos, en la UAGro hemos decidido proyectarla hacia la Universidad de Cuarta Generación (4GU), el modelo que define el futuro de la educación superior y la llave para que nuestra institución nunca más quede rezagada.

Un salto generacional para no repetir la historia

Para entender hacia dónde vamos, conviene recordar cómo evolucionó la universidad en el mundo. La primera generación se limitó a transmitir conocimiento enciclopédico; la segunda sumó la investigación científica a la docencia; la tercera tendió puentes con el sector productivo mediante la transferencia tecnológica y la innovación.
Son esquemas valiosos, pero insuficientes para un entorno marcado por asimetrías históricas, pobreza y urgencia de pacificación. Permanecer en cualquiera de esas etapas sería condenar a la universidad a la irrelevancia.
La Universidad de Cuarta Generación rompe esa inercia. Es un ecosistema vivo que trasciende la fábrica de títulos o patentes. Su esencia radica en un compromiso ético inquebrantable con el entorno: asumimos la cocreación del conocimiento junto con gobiernos, comunidades indígenas, organizaciones civiles y ciudadanos.
El conocimiento ya no fluye en un solo sentido; se construye de manera colaborativa, escuchando nuestras raíces y fundiéndolas con el rigor de la ciencia contemporánea. Así evitamos el peligro de modernizarnos en lo técnico mientras nos volvemos obsoletos en lo social.

Inclusión e impacto: los pilares que nos mantienen vigentes

El nuevo paradigma se sostiene en la inclusión y el impacto social medible. En ambos frentes, la UAGro ha marcado un liderazgo que explica su rápida escalada en los indicadores de calidad. No evaluamos nuestro éxito solo por artículos indexados en revistas de prestigio académico; lo medimos por la transformación en la calidad de vida de los guerrerenses. Nuestros investigadores hacen estudios con impacto social en Guerrero. Eso nos blinda contra la obsolescencia de las métricas vacías.
La otra vertiente es nuestra política de inclusión: reservamos un histórico 15 por ciento de la matrícula para estudiantes de comunidades indígenas, afromexicanas, discapacitados y de municipios con alta marginación. Al abrir la excelencia académica a quienes el sistema excluyó, no solo democratizamos el saber, sino que construimos el tejido social indispensable para la paz.
En la lógica de la cuarta generación, si un grupo de investigación desarrolla un modelo de gestión comunitaria del agua, el éxito no es publicar el artículo: es el día en que una comunidad rural autogestiona su recurso, reduce las enfermedades gastrointestinales y forma a sus propios líderes. El conocimiento que no se traduce en bienestar comunitario está condenado al olvido.

Tecnología con arraigo: digitalización sin desarraigo

La UAGro del siglo XXI abraza la digitalización integral y la internacionalización como herramientas de equidad. Estamos convirtiendo nuestros campus en nodos digitales donde el uso de macrodatos y el aprendizaje flexible preparan a nuestra juventud para profesiones que aún no existen. Priorizamos competencias como el pensamiento crítico, la empatía y la adaptabilidad, porque el verdadero riesgo de obsolescencia no está en la máquina, sino en la incapacidad humana de evolucionar con ella.
Gracias a la movilidad virtual y las redes globales, un joven de la Sierra podrá colaborar en proyectos internacionales sin abandonar su tierra: enriquecerá su visión del mundo mientras mantiene intacto su compromiso con su comunidad. Trabajamos para combinar el humanismo más profundo con la modernidad tecnológica y demostrar que la excelencia académica no está reñida con la sensibilidad social; al contrario, solo así se sostiene en el tiempo.

De la resistencia a la propuesta: el lugar que hoy ocupamos

Dejar atrás los últimos lugares nacionales y convertirnos en referente de resiliencia y vanguardia educativa ha sido un esfuerzo de toda la comunidad universitaria. La UAGro ya no es la universidad de la resistencia. Es la universidad de la propuesta, del desarrollo y de la innovación. Y precisamente por eso no puede permitirse el lujo de estancarse.

Un legado que no se mide en concreto

El legado para las nuevas generaciones se mide en la huella de una ciudadanía ética y solidaria. A nuestras y nuestros jóvenes les ofrecemos una universidad moderna, inclusiva y competitiva a nivel global, pero sobre todo una institución con conciencia social. La Universidad de Cuarta Generación es nuestra ruta para no quedarnos obsoletos y para evitar el regreso a los últimos lugares. Construir el Guerrero próspero y equitativo que merecemos, exige la audacia de sembrar hoy la educación del mañana.

La transformación de la UAGro: rigor académico con sensibilidad humana

Hay imágenes que se quedan grabadas en la memoria. Recuerdo los años en que nuestros estudiantes tomaban apuntes en aulas improvisadas con techos de lámina o palma, desafiando el calor sofocante de la Costa Chica o el rigor de la Tierra Caliente. Durante mucho tiempo, la expresión “universidad de palapa” circuló como una descalificación hacia la institución pública más importante de nuestro estado.
Hoy podemos afirmar, con orgullo y sin triunfalismos, que esa etiqueta ya no describe nuestro presente; hoy representa el testimonio de un pasado superado a base de trabajo colectivo y de un compromiso irrenunciable con los estudiantes, quienes son nuestro motor para hacer las cosas mejor cada día.
La transformación de la Universidad Autónoma de Guerrero no comenzó en la comodidad de los escritorios, sino abajo, en el territorio, recorriendo un estado marcado por asimetrías históricas. Quien haya conocido nuestras unidades académicas a principios de este siglo recordará el panorama: aulas improvisadas donde las primeras lluvias de la temporada interrumpían las cátedras, laboratorios con equipos obsoletos y bibliotecas con acervos desactualizados. Esa dolorosa realidad no era un hecho fortuito: reflejaba la deuda histórica que el abandono institucional había sembrado en las comunidades de las entonces siete regiones.
Frente a este escenario, entendimos que la autonomía universitaria no debía ser un escudo para el aislamiento, sino un motor para la acción transformadora y la cohesión social. Nos propusimos una meta que trascendía la simple obra civil: dignificar el acto de enseñar y aprender, bajo la premisa de que la infraestructura educativa no es un lujo estético, sino la materialización del respeto que la máxima casa de estudios del estado debe a su juventud.
Bajo esta visión, hemos edificado una nueva realidad institucional durante los últimos quince años. Las aulas de palma han dado paso a complejos académicos de vanguardia, laboratorios equipados con tecnología de punta y centros de investigación de excelencia. Un ejemplo fehaciente de este impacto es la consolidación de nuestros campus regionales en la Montaña (Huamuxtitlán), la Costa Chica (Cruz Grande), la Costa Grande (Tecpan), la Zona Centro (Zumpango) y la Zona Norte (Taxco). Todos ellos han descentralizado el conocimiento, acercando opciones profesionales a jóvenes que hoy ya no tienen que desplazarse obligatoriamente a Chilpancingo o Acapulco.
Hoy, esta transformación trasciende nuestras fronteras: mediante una firme estrategia de internacionalización y la consolidación de convenios de cooperación e intercambio académico con instituciones del extranjero, estamos asegurando que el horizonte de nuestros estudiantes y docentes no tenga límites, proyectando el talento guerrerense hacia el escenario global.
No obstante, la verdadera excelencia de una universidad pública no se mide únicamente por sus muros de concreto, sino por su capacidad de abrazar la diversidad de su pueblo. Por ello, convertimos a la UAGro en una institución pionera a nivel nacional al institucionalizar la inclusión social educativa, garantizando por normativa que el 15 por ciento de nuestra matrícula total se reserve exclusivamente para jóvenes provenientes de pueblos originarios, comunidades afromexicanas, de la Sierra y estudiantes con discapacidad.
Este esfuerzo democratizador cobra un sentido profundamente humano cuando comprendemos que la educación superior es el antídoto más duradero contra la violencia, la pobreza y la exclusión que históricamente han asediado a Guerrero. La UAGro ahora no solo está mejorando sus indicadores educativos; está ofreciendo certezas de futuro y construyendo alternativas de paz frente a la adversidad.
Nuestros investigadores ya no trabajan en cubículos aislados; hoy desarrollan ciencia con pertinencia social, enfocada en la sustentabilidad de nuestros mares, el rescate de la biodiversidad y el mejoramiento de la salud pública regional, entre otros rubros. Somos, en los hechos, una universidad de excelencia con inclusión social, que demuestra al país que el rigor académico y la sensibilidad humana son dos caras de una misma moneda.
La verdadera riqueza de Guerrero no yace en el oro de sus entrañas ni en la explotación de sus recursos, sino en el potencial creador de las nuevas generaciones. Los jóvenes que hoy transitan por nuestras aulas no son sujetos pasivos de la historia: son líderes en formación, listos para transformar sus entornos comunitarios con un profundo sentido ético.
Por esta razón, nos concentramos en las soluciones de fondo que el estado nos demanda. Una sociedad que no invierte en sus universidades públicas condena su propia soberanía intelectual y perpetúa sus rezagos. El Guerrero próspero y equitativo que todos anhelamos no surgirá del azar, sino de la siembra constante de saberes y valores en el corazón de nuestra juventud.
Mirar hacia el porvenir nos obliga a preguntarnos con honestidad: ¿qué huella dejaremos cuando el tiempo reclame nuestro paso? El legado concreto que propongo y entrego a las nuevas generaciones de guerrerenses es una universidad fuerte, unida, madura y consolidada como el baluarte educativo y científico del estado.
Invito a toda la sociedad, a los sectores productivos y a las instituciones de gobierno a ver en nuestra máxima casa de estudios no solo un patrimonio social invaluable que salvaguardar, sino el motor estratégico y la plataforma indispensable para construir el desarrollo, el bienestar y la paz duradera que Guerrero demanda.

 

Águilas UAGro: el vuelo de la resiliencia y el orgullo guerrerense

Ver hoy a las Águilas UAGro en las semifinales del futbol profesional no es fruto de la casualidad. Es la cristalización de un anhelo gestado durante tres décadas que demuestra, ante los ojos de todo México, que en la Universidad Autónoma de Guerrero no solo formamos profesionistas de excelencia, sino también seres humanos con una voluntad forjada en la adversidad.
Desde 1995, cuando inicié este camino de gestión institucional, tuve la convicción de que el aula y la cancha debían ser espacios complementarios. Esa semilla germinó con mayor fuerza a partir de 2013, con la creación del programa de Talentos Deportivos. La apuesta era ambiciosa: convertir el deporte en herramienta de formación integral. Hoy, más de dos mil estudiantes provenientes de las siete regiones del estado han recibido becas deportivas, encontrando en la UAGro una plataforma para transformar sus vidas.
Aquel 17 de septiembre de 2015, cuando presentamos formalmente al equipo en el entonces Estadio Andrés Figueroa —hoy Estadio UAGro—, el objetivo declarado no era solo competir, sino trascender. Las cifras lo confirman: jóvenes formados en nuestra cancha ahora están en clubes filiales de primera división profesional, como América, Tigres y Pachuca o han sido contactados por figuras de la talla del técnico Tuca Ferretti. El talento guerrerense, cuando se le recluta y apoya, tiene alas propias.
Sin embargo, el valor de estas semifinales se mide también por lo que el equipo debió superar. El 25 de octubre de 2023, el huracán Otis no solo devastó hogares: arrasó con campos deportivos, transporte y material deportivo. En aquellos días de oscuridad, muchos pensaron que el proyecto se detendría. No conocían la casta de nuestros universitarios.
Entrenar en condiciones precarias, con jugadores que dividían su tiempo entre el balón y la reconstrucción de sus propias casas, fue la prueba más dura. Y la superaron. Esa resiliencia es la que hoy los tiene en la antesala de una final. Es la misma determinación que nos impulsó a modernizar el Estadio UAGro con césped sintético e infraestructura incluyente, reafirmando que el deporte es prioridad de esta administración 2023-2027, no retórica de campaña.
¿Por qué invertir en futbol y en otras disciplinas deportivas? La evidencia es clara: cada hora que un joven pasa en la cancha representa tiempo y energía sustraídos a la violencia, las adicciones y el desánimo. En Guerrero, donde la vulnerabilidad social es una realidad que no podemos ignorar, el deporte universitario es también política pública de prevención. El éxito no se mide solo en goles, sino en la disciplina, la salud y las oportunidades que estos jóvenes están conquistando.
Las Águilas UAGro están haciendo historia. Son el rostro más visible de una universidad que no se rinde. A la afición que llena las gradas con la pasión característica del pueblo guerrerense, les digo sin reservas: este equipo es de ustedes, porque nació de ustedes.
Seguiremos impulsando este proyecto. Ver a un joven universitario de Guerrero triunfar en el ámbito profesional no es solo un logro deportivo: es la prueba de que la transformación del estado también se construye desde la cancha.

 

La UAGro en Europa: educación y futuro para Guerrero

En un estado como Guerrero, donde durante años la conversación pública ha estado marcada por la desigualdad, la violencia y el rezago, cada avance institucional adquiere una dimensión política ineludible. La educación pública no es ajena a ello; por el contrario, es uno de los principales territorios donde se disputa el futuro.
Por eso, la participación de la Universidad Autónoma de Guerrero en la II Cumbre de Rectoras y Rectores México-España 2026, celebrada en la Universitat Jaume I de Castellón de la Plana, no debe verse como una simple gira académica ni como un acto protocolario más. Es un hecho con implicaciones profundas para la vida pública del estado.
La presencia de la UAGro en este foro internacional confirma que nuestra máxima casa de estudios ha alcanzado un nivel de reconocimiento que hoy le permite dialogar en condiciones de igualdad con universidades de prestigio en el espacio iberoamericano. Pero, más allá del simbolismo, lo relevante es el mensaje político que este paso envía: Guerrero también puede proyectarse al mundo desde la inteligencia, el conocimiento y la formación de su juventud.
Durante mucho tiempo, la internacionalización universitaria fue vista como un privilegio reservado para instituciones centrales del país o para sectores con recursos económicos suficientes para acceder a ella. Esa lógica comienza a romperse.
La firma de nueve convenios estratégicos con universidades europeas de primer nivel abre la posibilidad real de que jóvenes guerrerenses, muchos de ellos provenientes de contextos de alta marginación, puedan acceder a experiencias académicas internacionales que antes parecían inalcanzables.
Aquí radica el fondo político de esta decisión.
Cuando un joven de la Sierra, una estudiante indígena de la Montaña o el hijo de campesinos de la Costa Chica puede aspirar a una estancia académica en Europa gracias a su universidad pública, no solo se amplían sus oportunidades personales: se redefine el papel del Estado y de sus instituciones como instrumentos de movilidad social.
La educación deja de ser discurso y se convierte en poder transformador.
En ese mismo sentido, la decisión de aumentar al 15 por ciento el cupo para estudiantes en situación de vulnerabilidad representa uno de los pasos más significativos en materia de justicia educativa en México. No se trata únicamente de una medida administrativa; es una postura política clara frente a la desigualdad estructural que históricamente ha excluido a miles de jóvenes.
Abrir las puertas de la universidad a estudiantes indígenas, afromexicanos, habitantes de regiones apartadas y personas con discapacidad es reconocer que la igualdad formal no basta cuando las condiciones de origen siguen marcando el destino de las personas.
Por eso, la internacionalización y la inclusión no son agendas separadas. Forman parte de una misma visión: hacer de la universidad pública el principal motor de transformación social.
La UAGro ha construido en los últimos años una base institucional que le permite proyectarse con solidez. Calidad académica, investigación aplicada a los problemas del estado, fortalecimiento regional de infraestructura y orden administrativo son elementos que hoy sostienen esta nueva etapa.
En el contexto nacional, este proceso dialoga con la agenda educativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que coloca a la educación como eje de desarrollo y cohesión social.
Sin embargo, en Guerrero este desafío tiene una dimensión aún mayor.
Nuestra entidad necesita urgentemente cambiar la narrativa que durante décadas la ha definido solo por sus carencias. La universidad pública tiene la responsabilidad de encabezar esa transformación, no solo formando profesionistas, sino construyendo ciudadanía, liderazgo y visión global.
Ir a Europa para tender puentes académicos es, en realidad, una apuesta política por el futuro del estado.
La pregunta de fondo no es si la UAGro puede competir en el plano internacional. La respuesta ya está dada. La verdadera pregunta es si Guerrero está listo para asumirse como un actor capaz de generar conocimiento, talento e innovación con proyección global.
Desde la universidad, estamos convencidos de que sí.
La transformación de Guerrero también pasa por sus aulas, por sus investigadores y por su juventud. Y hoy, más que nunca, ese futuro ya no tiene fronteras.

 

Atribuye el rector el ataque a paristas a la violencia en Acapulco; llama a la unidad

Alina Navarrete Fernández y Karina Contreras

Chilpancingo

El rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), Javier Saldaña Almazán, afirmó que la violencia en Acapulco se ha salido de control y llamó a los universitarios a salvaguardarse, a estar unidos y condenar el ataque a tiros contra trabajadores de la institución, “actos de barbarie no deben que pasar”. Informó que el fiscal estatal, Zipacná Jesús Torres, le dio la certeza de dar seguimiento a la investigación de los hechos de la Coordinación la Zona Sur.

De jueves a domingo hubo nueve eventos violentos en Acapulco, subraya el rector

Este domingo la maestra trabajadora eventual de la Facultad de Odontología, Ivonne Hernández, fue asesinada, mientras que el delegado sindical del Laboratorio de Análisis Clínicos de la UAG en Acapulco, Flavio Herrera Mejía, y Ángela Cantú Martínez resultaron heridos, durante un ataque armado frente a la Coordinación de la Zona Sur, ubicada en la colonia Vista Alegre.
Mediante una llamada a Radio UAG ayer alrededor de las 7:30 de la mañana, durante el noticiero que conduce el periodista y director de la emisora Sergio Ocampo Arista, el rector declaró que el hecho violento “es algo que lamentamos y condenamos, es algo que no debe pasar en ningún momento”.
“Es importante que sepa la comunidad universitaria que desde el jueves (16 de abril) hasta ese evento (del domingo), ha habido nueve eventos violentos en Acapulco y algo raro es que en esa calle, que se llama Río Balsas, en la parte de abajo, en la mañana, dejaron a una persona fallecida también y en la parte de arriba, donde está Aurrera, que era antes Comercial Mexicana, en medio de la calle que baja a donde estaba la Coordinación vieja, también dejaron a otra persona, la aventaron ahí, fallecida”.
Aseguró que “es una situación que se ha salido (de control) muy fuerte, que lamentamos mucho y pido a los universitarios, espero que estén muy atentos, que se salvaguarden y también que estemos unidos”.
Informó que el video del ataque que circuló en redes sociales fue captado por una cámara de vigilancia de la Coordinación de la Zona Sur, “una que servía porque las otras las habían quitado los compañeros que estaban ahí en paro”.
Puntualizó que “soy un rector que no se conflictúa con ninguno” y que su filosofía es que “si un bien no te hago, un mal jamás, eso me ha permitido mantener unida a la institución, lo que sí es cierto es que al Consejo Universitario informé, de manera detallada, de cómo estaba el asunto” con los paristas.
Destacó que “una persona con un carro rojo” estuvo permanentemente en el paro, “según era de Gobernación”, pero no es cierto; se trata de un hombre con gorra que el día del ataque “no apareció”, por lo que ya proporcionó a las autoridades este dato.
Pidió a las autoridades que “tomen nota, que investiguen y que lleguen hasta las últimas consecuencias, lesionaron a un universitario, pero ya estuvo bien, rechazamos cualquier tipo de violencia, no solamente contra los universitarios, si no contra los ciudadanos en general”
Resaltó que al lugar llegó “rápido” personal de la UAG, “hemos apoyado económicamente a la persona que falleció, que no era trabajadora de la universidad, le han dado todas las facilidades, también a la otra persona que está en un hospital público”; así como a “un compañero que sí es de la universidad, que tiene Seguridad Social” y “estamos apoyando a las personas afectadas”.
“Reclamamos justicia y condenamos los hechos, es algo que no está en nuestra filosofía andar en estas situaciones, yo a la brevedad informaré, más tarde, cuáles son las pesquisas, lo que está haciendo, hemos entregado las cámaras a las autoridades correspondientes, todos los datos que nos han pedido”, abundó.
Señaló que los directores de todas las escuelas y organizaciones sindicales de la UAG ya se pronunciaron al respecto, “condenamos estos actos de barbarie que no deben de pasar en una sociedad civilizada”.

Compete a los tres niveles de gobierno prevenir la violencia

Antes, mediante un video difundido en sus redes sociales, a las 3 de la madrugada de este lunes, el rector habló del caso y, aunque “no sabemos el fondo”, afirmó que “son hechos que lastiman mucho, no solamente a la UAG sino también a Acapulco y al pueblo de Guerrero”.
Manifestó que “la prevención de estos actos corresponde al gobierno, para no desviar la atención, la prevención de estos actos corresponde a los tres niveles de gobierno y ellos tienen que garantizar el libre tránsito, los derechos de todas las personas”.
“Incluso se les ha permitido cuando ha habido algún tipo de manifestaciones, en la UAG respetamos, somos tolerantes, somos hermanos porque vivimos bajo el mismo sol y en la misma tierra”, expresó.
“Condenamos estos hechos violentos, estamos ayudando a los deudos, seguiremos informando y exigimos a las autoridades el castigo a las personas que atentaron con la integridad y la vida de esta persona que no es trabajadora, según me dicen los sindicatos y otro que sí es trabajador”, dijo.
Añadió que “no vamos a estar nunca a favor de la violencia, siempre todo por el diálogo y bajo el marco de la ley”.

“Es visible que hay una pugna de los grupos”

Saldaña Almazán informó que habló con el fiscal del estado, Zipacná Jesús Torres Ojeda, quien le dio la certeza de dar seguimiento a la investigación de los hechos de la Coordinación la Zona Sur.
Informó que habló con los dirigentes de los sindicatos a quienes les pidió reprogramar la marcha por la paz anunciada para hoy para no exponer a los universitarios. “Es visible que hay una pugna por los grupos y no queremos exponer a ningún joven a que se arriesgue. Uno sabe cuándo inicia un problema, pero no sabes cuándo acaba; no queremos que le vaya a pasar algo a los universitarios. No echemos problemas a los que ya hay, lo que debemos es confiar en nuestro fiscal y que va hacer las investigaciones correspondientes”.
El rector pidió estar unidos y cohesionados y “que confiemos en las autoridades y se reprograma la marcha hasta nuevo aviso”. Dijo que lo que no se necesita es usar la vida de una persona para usarla como bandera política, “pido a todos ser responsables y nos unamos para trabajar en torno a la universidad y a los guerrerenses trabajar en torno a la gobernadora”.
El rector aseguró que la gobernadora Evelyn Salgado Pineda los ha estado apoyando con la atención médica para las personas heridas, “nos ha dado todas ls facilidades para el tratamiento”. En un mensaje por Wattsapp a los universitarios, dijo el rector que habló con el fiscal quien “ha ofrecido todas las diligencias correspondientes y confío en su profesionalismo, y en la palabra de la gobernadora”.
Señaló que lo que más se necesita es prudencia, paciencia, confianza en las autoridades resuelva el tema. El rector aseguró que a los manifestantes se les dijo que se les habría la coordinación por lo que sugirió que de ahora en adelante los que quieran hacer una movimiento lo hagan dentro de las instalaciones. Aseguró que en la universidad “hay libertad de expresión, nunca se a coartado, yo he sido de las personas de la filosofia de que si no te hago un bien, un mal jamás”.
En una conferencia a mediodía, el dirigente del STAUAG, Francisco Hernández Herrera y del STTAISUAG, Brenda Alicia González, anunciaron una marcha por la paz para este martes, pero por la tarde se anunció su cancelación. La secretaria en Facebook escribió en decidieron suspenderla “tras sostener un diálogo el rector Javier Saldaña con el fiscal del estado y derivado de los acuerdos alcanzados durante el diálogo”. Dijo que siguen firmes para el esclarecimiento de los hechos y que continuarán atentos al desarrollo de las investigaciones, “privilegiando siempre la vía institucional y el bienestar de nuestra comunidad”.

Las universidades: la reserva moral y el poder de la confianza ciudadana

En tiempos de incertidumbre global y de una evidente erosión en el tejido de las instituciones tradicionales, la confianza se ha convertido en el activo más escaso y, por ende, en el más valioso de la vida pública. No es un regalo de la historia ni un cheque en blanco; es un edificio que se construye ladrillo a ladrillo, con resultados y, sobre todo, con una cercanía inquebrantable hacia las aspiraciones del pueblo.
El pasado 25 de marzo, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) celebró 76 años de existencia. Más que un aniversario burocrático, esta fecha conmemora la historia viva de generaciones de universitarios que apostaron por la autonomía y la excelencia académica.
En Guerrero, entendemos bien este legado: la ANUIES ha sido el escudo institucional que ha permitido a las universidades públicas navegar los vaivenes de la política coyuntural sin perder el rumbo de nuestra misión social.
Esta labor histórica tiene hoy un respaldo social contundente. Los resultados de la encuesta nacional México Elige, levantada entre el 4 y el 10 de marzo de 2026, arrojan datos que deben movernos a una profunda reflexión de Estado. En un país donde la credibilidad de muchas instituciones flaquea, las universidades nos ubicamos en el primer lugar del índice de confianza institucional con 62.4 puntos sobre 100.
No es un dato menor. Las universidades superamos en confianza a instituciones tradicionalmente respetadas como el Inegi (58.0) y el Banco de México (57.4). Incluso nos situamos por encima del Ejército Mexicano (53.4) –institución que, cabe destacar, ha realizado una labor extraordinaria en este periodo bajo el mando de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, y la visión estratégica del secretario Omar García Harfuch– y de la Iglesia Católica (50.2).
La brecha se vuelve abismal cuando comparamos la confianza en las aulas frente a los partidos políticos (30.9) o las corporaciones policiales (26.9). ¿Por qué los mexicanos confían en sus universidades? La respuesta no está en los discursos, sino en los territorios. La ciudadanía nos otorga este primer lugar porque las universidades públicas no abandonamos a la gente cuando las circunstancias se vuelven críticas. Somos nosotros quienes, a través de la investigación, la extensión universitaria, los servicios de salud y la formación de profesionales, transformamos la realidad inmediata de las comunidades más vulnerables.
Sin embargo, este reconocimiento social contrasta dolorosamente con la evaluación de las instancias normativas. La misma encuesta señala que la Secretaría de Educación Pública (SEP) obtiene apenas 15.2 puntos en aprobación ciudadana, ubicándola en el último lugar del gabinete federal. Existe una distancia de más de 47 puntos entre la confianza que el pueblo tiene en sus universidades y la percepción que tiene de la autoridad que las coordina.
Como rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), y como universitario de carrera, esta cifra me genera una genuina preocupación institucional. Este contraste es un mensaje político potente que el Estado mexicano debe escuchar: los ciudadanos confían cuatro veces más en el trabajo directo de sus universidades autónomas que en la gestión de la burocracia educativa federal.
Este escenario nos obliga a replantear nuestras relaciones. Las universidades autónomas no solicitamos privilegios ni canonjías; exigimos respeto irrestricto a la autonomía constitucional y un financiamiento suficiente que sea visto como una inversión en estabilidad social, no como una carga presupuestaria. Pedimos que la autoridad educativa comprenda que su función primordial es facilitar las condiciones para que la academia florezca y siga sirviendo de puente entre el desarrollo y la justicia social.
En Guerrero, la UAGro es la columna vertebral de la educación y el progreso. Con presencia en las ocho regiones y una matrícula que supera los 90 mil estudiantes, somos parte activa de ese sistema de universidades públicas que hoy goza del mayor respaldo popular en México.
Ese primer lugar nacional en confianza ciudadana lo sentimos propio, porque sabemos que en cada rincón de Guerrero, la “Universidad del Pueblo” es una puerta abierta hacia un futuro distinto.
La ANUIES nació hace 76 años para que las universidades tuviéramos una voz propia y firme ante el gobierno federal. Hoy, esa voz es más necesaria que nunca para recordar que la educación superior es la reserva moral de la nación. Mientras sigamos siendo espacios de pensamiento crítico, de rigor científico y de servicio a los que menos tienen, la confianza ciudadana seguirá siendo nuestro mayor escudo. Es nuestra fortaleza, pero sobre todo, es nuestra responsabilidad más sagrada con el futuro de Guerrero y de México.

Saber UAGro: educación sin límites

La Universidad Autónoma de Guerrero lanzará una plataforma de microcredenciales que rompe el modelo tradicional: educación flexible, actualizada y accesible para cualquier etapa de la vida profesional.
Porque cada día se generan en internet cantidades masivas de información, la inteligencia artificial generativa se ha vuelto cotidiana, el conocimiento se renueva a velocidades inéditas y las profesiones cambian antes de que termine una generación universitaria.
En este contexto, las universidades públicas enfrentamos una pregunta central: ¿cómo seguimos siendo relevantes en una sociedad que aprende, trabaja y se transforma constantemente?
En la UAGro hemos sostenido como principio rector que somos un bien común de Guerrero. No solo un espacio físico de aulas y laboratorios, sino un punto de encuentro cultural, ideológico y étnico cuya función principal es ampliar las oportunidades educativas para todas las regiones y todos los sectores de nuestro estado.
Durante seis décadas construimos una institución sólida que hoy atiende a decenas de miles de estudiantes desde la Montaña hasta las costas. Hemos ampliado cobertura, regionalizado la oferta educativa y modernizado procesos académicos. Pero sabemos que los retos actuales no se resuelven únicamente con más aulas o más carreras tradicionales.
El mundo del trabajo demanda profesionales que se actualicen constantemente, que dominen competencias emergentes y que puedan adaptarse a contextos laborales en permanente mutación.
Aprender ya no es privilegio exclusivo de jóvenes de 18 a 23 años. Hoy, cualquier persona en cualquier etapa de su vida profesional necesita espacios formativos que renueven sus habilidades.
Un egresado de hace diez años requiere actualizarse en tecnologías que no existían cuando estudió. Un profesional en activo necesita certificar competencias específicas sin abandonar su empleo. Una madre de familia que pausó su carrera merece retomar su formación con flexibilidad.
Por eso lanzamos Saberes UAGro, una plataforma institucional de microcredenciales y trayectorias formativas flexibles que representa nuestra respuesta a la revolución digital educativa. Se trata de bloques específicos de conocimiento –cortos, intensivos, certificables– que pueden cursarse de manera independiente o integrarse a procesos más amplios de formación profesional.
Muy pronto, la Universidad del pueblo de Guerrero verá nacer una plataforma dinámica de saberes: rutas formativas breves con recursos visuales, auditivos y didácticos que mostrarán una nueva forma de acceder a la Universidad, limitada únicamente por la voluntad de mantenerse actualizado. Desde diseño gráfico digital hasta análisis de datos, desde gestión de proyectos hasta comunicación estratégica, los saberes estarán disponibles para quien los necesite, cuando los necesite.
Las microcredenciales democratizan el conocimiento. Permiten que quienes ya trabajan actualicen sus competencias sin abandonar sus empleos. Ofrecen a jóvenes egresados certificaciones complementarias que aumentan su empleabilidad. Abren la Universidad a sectores históricamente excluidos por horarios rígidos o costos prohibitivos.
Para una institución pública con vocación social como la nuestra, este proyecto redimensiona el significado mismo de “Universidad”. Durante décadas fuimos el espacio donde los jóvenes guerrerenses obtenían un título profesional y partían al mundo laboral. Ahora nos transformamos en un espacio de aprendizaje permanente, un recurso educativo que acompaña a las personas a lo largo de toda su vida profesional.
Esto no significa abandonar nuestra función esencial. Las universidades seguimos siendo espacios insustituibles para la formación integral, el pensamiento crítico y la construcción colectiva del conocimiento. Pero los nuevos tiempos exigen adaptación. La presencia de la UAGro en métricas internacionales, el impulso a la ciencia y la innovación en procesos institucionales responden precisamente a esta voluntad de evolucionar sin perder identidad.
En Guerrero estamos convencidos de que la educación superior es un derecho innegable, un bien público y una herramienta fundamental para la justicia social. Saberes UAGro es nuestra apuesta porque ese derecho no termine con la entrega de un título, sino que se extienda como un compromiso permanente de la Universidad con su comunidad.
La tarea que nos corresponde seguirá rigiéndose por el trabajo, la responsabilidad y el compromiso de siempre. Pero ahora con una certeza adicional: en la era del conocimiento acelerado, la educación pública debe ser tan flexible y dinámica como la sociedad que transforma. Ese es el horizonte que hoy se abre para Guerrero desde su Universidad.

Titulación de profesionistas, deuda con Guerrero

Más de 10 mil guerrerenses recibieron su título universitario gracias al programa “Ponte Águila y Titúlate” de la UAGro. No es un trámite: es justicia social en acción.
Durante décadas, la Universidad Autónoma de Guerrero ha sido mucho más que un centro de estudios: es el refugio de esperanza para miles de jóvenes de las ocho regiones que confían en la educación como único camino hacia una vida digna. Pero esa esperanza, demasiadas veces, quedaba trunca no por falta de talento, sino por las mismas barreras que castigan a los más vulnerables: la pobreza, la urgencia de trabajar o la distancia geográfica.
Por eso lanzamos el programa “Ponte Águila y Titúlate”. Y no fue un acto de generosidad institucional, sino el cumplimiento de una deuda histórica con quienes estudiaron en nuestras aulas, aprendieron, se formaron, pero no pudieron completar el trámite final de titulación. Miles de guerrerenses llevaban años ejerciendo sus profesiones sin el documento que validara legalmente su esfuerzo. Tenían el conocimiento y la experiencia. Solo les faltaba el papel.
Los resultados superaron nuestras proyecciones más optimistas: más de 10 mil profesionales titulados en la primera etapa del programa. Diez mil hombres y mujeres que hoy compiten en mejores condiciones laborales, que emprenden con respaldo legal, que lideran proyectos en sus comunidades. Desde la Costa Chica hasta la Costa Grande, desde Acapulco hasta Tlapa, estos nuevos profesionistas están escribiendo una historia distinta para Guerrero.
Un título universitario no es un adorno de pared. Es la certeza jurídica de que quien lo porta cuenta con una formación avalada por una institución pública autónoma. Es el cumplimiento de la promesa que hicimos a los padres y madres de familia que, con enormes sacrificios, enviaron a sus hijos a estudiar. Es también un acto de justicia: devolver a la sociedad guerrerense el talento que formamos con recursos públicos.
Nuestra visión de “Universidad de calidad con inclusión social” no es retórica vacía. Se articula directamente con el proyecto de transformación que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y que en Guerrero impulsa la gobernadora Evelyn Salgado Pineda. Coincidimos plenamente: sin educación no hay desarrollo equitativo, y sin este, cualquier discurso de progreso es mera simulación. Al eliminar barreras burocráticas para la titulación, ponemos a la institución donde debe estar: al servicio de la población.
La UAGro seguirá siendo una institución profundamente comprometida con la población y las comunidades que la sostienen.
Cada profesionista que titulamos es un agente multiplicador del cambio. Transforma su entorno familiar, dinamiza su comunidad, fortalece el tejido social de su región. Si logramos que nuestros jóvenes cuenten con las herramientas académicas y legales para prosperar, Guerrero avanzará hacia la paz y el desarrollo sostenido.
Ese es nuestro compromiso con la tierra que nos vio nacer y con la generación que construye el futuro. La titulación no es el final del camino universitario: es el principio de la transformación que Guerrero necesita y merece.

 

Ciencia, liderazgo y futuro: el hito histórico del posdoctorado en la UAGro

La historia de Guerrero no puede entenderse sin el pulso de su Universidad Autónoma. Durante 65 años, nuestra máxima casa de estudios ha sido el termómetro de las aspiraciones sociales, el refugio del pensamiento crítico y, sobre todo, el principal motor de movilidad social en el estado. Hoy, nos encontramos en la antesala de una nueva era académica que trasciende las aulas para instalarse en el terreno de la alta especialización: por primera vez en su historia, la UAGro ha entregado reconocimientos de posdoctorado.
Este acontecimiento, impulsado con determinación desde el Centro de Investigación y Posgrado en Estudios Socioterritoriales (CIPES) en Acapulco, no es solo un logro administrativo o un diploma más en la pared de un investigador. Es, en esencia, una declaración de principios. Estamos diciendo, con hechos, que en Guerrero no solo somos receptores de conocimiento, sino generadores de ciencia de frontera capaz de dialogar de tú a tú con el mundo.
¿Por qué es relevante hablar de un posdoctorado en un estado con retos tan profundos como los nuestros? La respuesta es sencilla pero contundente: porque los problemas complejos de Guerrero –la desigualdad histórica, la vulnerabilidad climática, las tensiones en el tejido social y los desafíos de gobernanza– se resuelven con inteligencia aplicada y rigor científico.
El Posdoctorado en Estudios Políticos y Sociales de América Latina nace con esa vocación. Al ser la etapa más avanzada de la especialización académica, el posdoctorante no asiste a clases para cumplir un currículo; se dedica de cuerpo y alma a la investigación pura, a la innovación y al liderazgo intelectual. Al fomentar este nivel de excelencia, la UAGro está formando los cuadros que diseñarán las políticas públicas del mañana, dotando al estado de una brújula basada en la evidencia.
Este logro histórico es el fruto de más de una década de transformación institucional sostenida. Recuerdo que hace poco más de diez años, nuestra oferta de posgrados era limitada, con apenas cinco programas. Hoy, la realidad es radicalmente distinta: contamos con 70 programas de posgrado de alta calidad. Este crecimiento no ha sido inercial, sino planeado bajo una visión de competitividad nacional. Actualmente, 405 científicas y científicos de nuestra universidad integran el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), un capital intelectual que hoy está al servicio de las ocho regiones del estado.
La universidad pública, desde mi perspectiva, no tiene razón de ser si se mantiene como un espectador impasible de la realidad social. Su misión es ser el núcleo estratégico del desarrollo. Por ello, hemos impulsado 34 proyectos de investigación financiados en áreas críticas como la salud pública, la productividad del campo, los derechos de nuestros pueblos originarios y la prevención de desastres. Cada peso invertido en investigación es una semilla de estabilidad para Guerrero.
El CIPES en Acapulco se ha convertido en ese semillero donde la academia abraza las necesidades globales y locales. Es ahí donde se gesta la vinculación internacional, pero con una mirada profundamente guerrerense. Porque investigar lo que ocurre en América Latina nos permite entender nuestro propio lugar en el mundo y proponer soluciones a la inseguridad comunitaria o a la gestión del territorio con una óptica interdisciplinaria.
Sin embargo, la excelencia académica debe ir siempre de la mano con el compromiso social. No nos interesan los investigadores encerrados en torres de marfil. Queremos, y estamos logrando, científicos comprometidos con la cohesión social y la gobernanza local. Un Guerrero próspero requiere de una universidad fuerte, pero también de una sociedad y una clase política que apoyen la educación superior porque es la inversión más rentable para la paz y el progreso.
Al entregar estos primeros reconocimientos de posdoctorado, enviamos un mensaje de esperanza: Guerrero tiene talento, tiene capacidad y tiene visión de futuro. La transformación del estado pasa necesariamente por el fortalecimiento de sus instituciones educativas. No hay atajos hacia el desarrollo que no incluyan la ciencia y la cultura.
Sigamos trabajando en unidad, con la mirada puesta en el horizonte, para que cada nuevo proyecto de investigación se traduzca en una mejor calidad de vida para nuestras familias. La UAGro seguirá siendo el faro intelectual de nuestro estado, siempre firme, siempre propositiva y siempre al servicio del pueblo guerrerense. Porque cuando invertimos en el conocimiento de nuestra gente, estamos asegurando el destino de nuestra tierra.

* Rector de la Universidad Autónoma de Guerrero