Los programas sociales no deben usarse para proselitismo electoral, dice el obispo auxiliar

Pide Juan Navarro a partidos pensar en el pueblo

 Con enfrentamientos no se avanza, dice al opinar sobre la disputa entre el presidente Fox y el jefe de Gobierno López Obrador

 Magdalena Cisneros

El flamante obispo auxiliar de Acapulco, Juan Navarro Castellanos, indicó que no deben utilizarse los programas de los tres ámbitos de gobierno para provecho de un partido político, “que no haya corrupción, que se respeten las cosas para las que están destinadas, pues los recursos deben orientarse hacia lo que está programado”.

En sus primeras declaraciones de prensa desde que llegó al puerto, Navarro aseguró que los mexicanos desean que termine ya el enfrentamiento entre el presidente de la República, Vicente Fox Quesada, y el jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, “esperamos que piensen en el pueblo para promover el progreso y bienestar de la gente, es lo que deseo”, porque con confrontaciones “no se avanza”.

Navarro Castellanos dio la misa de ayer en la catedral de Nuestra Señora de la Soledad, en lugar del arzobispo de Acapulco, Felipe Aguirre Franco –quien celebró 30 años de ordenación sacerdotal–, el cual estuvo en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en un festejo religioso.

Consultado por reporteros después de la misa sobre los procesos internos que llevan a cabo los partidos políticos y donde se han dado varios conflictos, el obispo auxiliar opinó que es “natural ese estira y afloja”, no obstante las personas desean “que no se retrasen los programas, la democracia, sino poco a poco vayan saliendo”.

Pidió que los programas de los gobiernos federal, estatal y municipal no se utilicen con fines proselitistas, “que no haya corrupción, que se respeten las cosas para las que están destinadas, los recursos deben orientarse hacia lo que está programado, que no se aprovechen de eso”.

Indicó que es necesario buscar la justicia y que se piense en la población “pueden surgir otras inquietudes, polémicas, todo lo demás, pero nosotros sabemos que la política debe estar orientada al bien común”.

Agregó que no se necesita ser “ingenuo y pensar que las cosas se pueden dar fácilmente, pues hay mucha competencia, agresividad, la misma democracia se mueve en medio de muchas opciones y no es fácil para ellos (partidos políticos) salir adelante, el ideal es que la gente piense en el pueblo”.

Aseguró que cuando hay confrontaciones “no se avanza, siempre se complica más la relación, la polémica; debe buscarse los caminos para superar a las confrontaciones y llegar a soluciones por el bien del pueblo”.

Navarro Castellanos mencionó que los mexicanos saben que detrás de los conflictos entre Fox Quesada y López Obrador “la gente percibe que ya están pensando en las siguientes elecciones; el pueblo ve todo esa polémica, es lo que todos entendemos, ojalá que vayan pensando más en el pueblo, cada partido está haciendo su esfuerzo y se está ubicando hacia el futuro también”.

El nuevo auxilar, Juan Navarro, otro obispo del Grupo Jalisco en Acapulco

* Magnificencia de un ritual al que asistió gente bien

 Aurelio Peláez * Una larga alfombra roja condujo a Juan Navarro Castellanos, desde ayer obispo auxiliar de Acapulco, a la plataforma desde donde en asamblea litúrgica se le ordenaría en su nuevo cargo. Unos 2 mil católicos presenciaron el rito, entre ellos, feligreses y una camarilla eclesiástica que le acompañó desde Jalisco. En concreto, desde San Juan de los Lagos, de donde era vicario parroquial de la rica y poderosa iglesia.

Oriundos de Jalisco son ahora el arzobispo, Felipe Aguirre Franco, y el nuevo obispo auxiliar. El Grupo Jalisco también es uno de los que parten el pastel a la hora de decidir cargos y ascensos dentro de la Iglesia católica mexicana.

Alguna vez, refiere Ignacio Retes, en su libro Nostalgia de la Tribu, hubo una ruta religiosa-militar entre Guerrero y aquél estado de occidente durante la Guerra Cristera. La Iglesia católica es otra y desde el periodo de gobierno de Carlos Salinas, con la reforma al artículo 130 que actualiza la relación de la Iglesia con el Estado, el ejercicio de la liturgia es cada vez más abierto.

Ayer la ordenación de Juan Navarro fue al aire libre, aunque dentro del recinto del templo de Cristo Rey. Pero fue una ordenación como no la hubo hace tres años, cuando Felipe Aguirre Franco llegó a sustituir a Rafael Bello Ruiz, quien hace 30 años fue ordenado como arzobispo y tampoco llegó a su encargo en un ritual con la magnificencia de la que se invistió ayer, presidido por el Nuncio Giuseppe Bertello.

El sol aún quemaba y de la plancha de cemento se elevan vapores calientes, como preámbulo al inicio del ritual de ordenación. Señoras y damas de edad, gente bien, son los asistentes. Nada de clase popular. De las escuelas, alumnas de La Salle; también monjas, integrantes de diferentes congregaciones religiosas. Un coro de música de unos 200 jóvenes a un extremo de la plancha. Enfrente, dos plataformas con sillas que esperan a unos 150 sacerdotes (los curas, pues), que asisten a participar en la ordenación. Detrás, al fondo, una amplia pantalla en donde apenas se percibieron imágenes, porque el acto se realizó, en su mayoría, aún a la luz del día.

La liturgia de ordenación se abre a los laicos, a la grey religiosa. Antes de la asamblea, Bertello devela la primera piedra de la futura y renovada iglesia de Cristo Rey (una placa de mármol con su nombre, el de Aguirre Franco y el de Sánchez Castellanos); una escultura del Papa hecha en arena y en donde alguien tropezó y le botó un pedazo en la base, y el timbre postal conmemorativo por los 25 años de papado de Juan Pablo II que se vendía a 12 pesos.

Luego, el paso de nuevo por el pasillo de la iglesia para salir al atrio, en donde le esperaban los asistentes a la ordenación: cantos religiosos les acompañan en el lento caminar. Entre los pocos políticos asistentes, está la secretaria de Turismo, Guadalupe Gómez Maganda, quien asiste con su madre. La funcionaria se hincó cuantas veces se pidió en el ritual. A su lado, el síndico Fernando Donoso Pérez, y tras ellos, el ex candidato del PRI a la diputación federal por el distrito 10, Jorge Ochoa Jiménez.

Al principio el vicario de la diócesos, Blandino Bárcenas, leyó la bula papal en donde se acepta la petición de Aguirre Franco para que a la Diócesis de Acapulco se le designara un obispo auxiliar. Entre las bocinas de un ala del equipo de sonido, sale bajito el sonido de un noticiero radiofónico del DF: “es el de Pepe Cárdenas”, dice un reportero.

Aparece en el estrado el obispo emérito de Acapulco, Rafael Bello Ruiz, quien dice a Juan Navarro que el de la diócesis de Acapulco “es un pueblo sencillo, devoto, humilde y leal”. La asamblea sigue con el consabido acto de penitencia: “Yo confieso que he pecado mucho, de pensamiento, acción, omisión… por mi culpa, por mi culpa…”, sigue la letanía, a la que envuelve el humo y el olor del copal.

Juan Sánchez escucha la misa, aún con el solideo en la cabeza; en una hora recibiría, como parte de la misma liturgia, la biblia, el anillo, la mitra y el báculo que le investirían como obispo de Acapulco. Antes, el arzobispo emérito de Acapulco, Rafael Bello Ruiz, le diría que en esta arquidiócesis “vive un pueblo sencillo, devoto y leal”.

Fuerte fue la homilía del arzobispo de San Juan de los Lagos, Javier Navarro Rodríguez.

“Han aparecido signos que provocan descomposición en nuestra sociedad en general, a la vida política, como todas las demás actividades humanas, debe ser confrontada con los valores del evangelio, y esta es una tarea que compete especialmente a los pastores de la Iglesia. No hacerlo, por temor a la crítica, por las malas interpretaciones, por la aparente, momentánea impopularidad, sería una grave omisión que reportaría graves consecuencias para la Iglesia que predomina en México. Hay de nosotros si no envangelizamos”.

En la parte de los regalos, tras la imposoción de manos y la entronización del nuevo obispo, vinieron los regalos de la feligresía de San Juan de los Lagos y de las 12 regiones de Acapulco: abre una botella coñaquera; una canasta de esferas, varias canastas de frutas; otra de panes; un cuadro de la Virgen de Guadalupe, un cuadro collage con dos remos pegados. y una lancha de madera de dos metros repleta de frutas y que a duras penas cargan una docena de voluntarios.

Siguen los cánticos. Alguien extraña los mariachis de Tlaquepaque.