* El caso de un indígena estafado por una empresa poderosa
Tlachinollan * Félix Galena Neri es un indígena tlapaneco de 51 años. Tiene seis hijos y vive en la comunidad de Tilapa, municipio de Malinaltepec. De ahí partió, la madrugada del miércoles 18 de febrero, rumbo a Acapulco. En el bolsillo de la camisa llevaba una ilusión con forma de taparrosca de Pepsi. Días atrás, al destapar una botella de esa bebida de cola, le había tocado el premio mayor de la promoción destape millonario: un millón de pesos.
Antes del mediodía llegó a la planta embotelladora de dicha empresa en Acapulco. Allá por el rumbo de Puerto Marqués. Su sorpresa fue grande cuando, sin siquiera permitirle el ingreso al establecimiento, los empleados encargados de la seguridad del lugar, sin el menor tacto, le informaron que su taparrosca era falsa. Rechazaron su pedido de entrevistarse con la persona encargada de recibir a los poseedores de taparroscas ganadoras y, en un intento de convencerlo, le mostraron una taparrosca que, según ellos, era auténtica.
Además de los policías, en la entrada de la embotelladora se encontraba un supuesto vendedor de libros, que abordaba a los clientes que llegaban a reclamar sus premios y trataba de desanimarlos afirmando, él también, que esas taparroscas no eran legítimas.
En la misma situación que Félix Galena Neri, estaban cinco personas más. Tres de ellas ostentaban taparroscas ganadoras con valor de un millón de pesos; las 2 restantes, de menor cantidad. Luego de esperar y de mantenerse firmes en su decisión de exigir ser atendidos por personal competente, lograron que un empleado de la embotelladora, Hugo Palacios, se acercara a la puerta para notificarles que los recibiría, pero de uno en uno.
Una vez reunido con Palacios, Galeana Neri escuchó por tercera vez, en lo que iba de esa mañana, que su taparrosca era hechiza. Para hacerlo desistir de su exigencia de recibir el premio, otra vez le mostraron una taparrosca verdadera. Nuevamente era una con la inscripción paupérrima del premio menor de dos pesos. Igual a la que habían usado en la puerta para que se le fueran las ganas de entrar a reclamar. Lo novedoso del argumento de este empleado fue que incluyó una alusión a los “vivos que están falseando” los productos de Pepsi. Además de una justificación basada en el hecho de que, según él, no es tan difícil tomar los envases vacíos de esta marca de refresco, llenarlos con la bebida y ponerles una taparrosca alterada.
Si esto fuese posible, ¿entonces qué confianza se puede tener en el control de calidad de la bebida Pepsi Cola? ¿qué garantías tienen los clientes de que el refresco que consumen es el que creen y no uno cualquiera, puesto en una botella vacía que ya fue usada con anterioridad? ¿cómo pueden estar plenamente seguros de que el envase de Pepsi que están abriendo para darle de beber a sus hijos no fue antes abierto y alterado por uno de esos vivos que andan por ahí?
Palacios también le comentó a Neri que la empresa ya está difundiendo a nivel nacional un comercial televisivo en el que le avisan al público de estas taparroscas falsas, el cual le aconsejó que viera. Esos fueron todos los argumentos que recibió Galeana Neri, en lugar del millón de pesos que presume su taparrosca gris, obtenida de una botella de Pepsi comprada en la tienda de abarrotes de su pequeña comunidad tlapaneca, lugar en donde no hay posibilidades de falsificar taparroscas por el simple hecho de que no se encuentran allí los materiales necesarios para tal fin.
A la salida del edificio, un vecino del lugar le dijo a Galeana Neri que tuvo suerte, porque a la mayoría de los dueños de taparroscas los policías ni siquiera los dejan ingresar a entrevistarse con el funcionario competente (por llamarlo de algún modo) en el tema.
La excursión a la ciudad playera fue un fracaso. Galeana Neri, que es miembro del Comité de Enlace de la Policía Comunitaria de Laguna Tres Marías de Malinatepec, regresó a su comunidad con las manos vacías. El “Atrévete a más” no funcionó para este indígena tlapaneco que gastó 800 pesos en un viaje que no le redituó nada.
Sin almorzar, con el calor a cuestas y con la tristeza de sentirse estafado por alguien más grande, más rico y más poderoso que él buscó el camión urbano que lo llevara a Las Cruces, para volver a su casa a contarle a su familia, amigos y comunidad que no le dieron ni un peso. Mientras tanto, esta empresa transnacional probablemente continuará celebrando sus altas ventas en este país, aprovechándose de las ilusiones colectivas y de la necesidad de su gente.