
Óscar Ricardo Muñoz Cano
Miles de personas, acapulqueños sobretodo, nos reunimos el pasado sábado por la mañana en la playa Papagayo para ver avioncitos volar sobre la bahía y olvidarnos por hora y media que vivimos en pobreza y pobreza extrema, que nuestra percepción de inseguridad sigue siendo elevada (78.9 por ciento) y que el agua es un sueño no necesariamente húmedo.
Usted podrá decirme: Ay, señor, qué pesimista, porqué empieza así su relato, mire nomás qué Sol, qué espectáculo, cuántos aviones, cuánta gente, todo bien bonito pero yo le diré: Estimado lector con qué poquito atole se llena usted porque mire, aquí, del otro lado de la calle está el parque al que el gobierno estatal le metió 96 millones de pesos y sólo se ve una nueva fachada con hartas lucecitas de colores y una lenta reforestación luego del madrazo del Otis.
No hay mallasombra, parasoles o pérgolas para proteger del sol a quienes venimos y tampoco se han recuperado las albercas, ni reconstruidas las islas comerciales, ni mejorado a la pista de roller y sus baños, oh, sus baños…
–Pinches baños sucios, –gritó molesta la hermosa princesa que pasó frente a su servilleta luego de ir a buscar donde orinar.
–No debes tomar agua si no hay donde miar, –contestó su valiente príncipe mientras la jalaba cariñosamente hacia la sombra que ofrecía un pedazo de árbol de una jardinera y que compartíamos como 17 y medio (un bebé de brazos).
Pero bueno, no nos desviemos. Cerca de las once de la mañana y bajo los rayos de un sol de más de 31 grados esperamos pues, lo mismo nosotros que otros cientos en otros lados de Acapulco, a que pasaran un grupo de avioncitos por el cielo que apenas y veríamos.
Junto al Asta Bandera, entre la multitud, pusieron unas bocinas para que escucháramos una bonita voz femenina diciendo algo así como: “Estamos muy contentos, estamos ya a unos minutos, a casi nada son las diez con 53, a escasos minutos de que inicie el Air Show 2025…”, que tenía siete años que no se presentaba en Acapulco.
–“¡Viva, viva, uh, uh!”, celebrábamos todas, todos, todes, (ajá, sí…) cuando de repente, un grupo de paracaidistas desde el cielo marcó el arranque oficial del evento.
“Vvvvvvzzzzhhhhwwww” del primer jet, “Vvvvvvzzzzhhhhwwww” del segundo y otro “Vvvvvvzzzzhhhhwwww” del tercero y cuarto y…
–¡Pa’ su mecha, Marimar!, pudo haber exclamado un viejito que ni de chiste vio a los Albatros L-39, el Edge 540 de la norteamericana Melissa Burns o el Pitts special del canadiense Jason Flood porque ya dormitaba bajo la sombra de aquel pedazo de sombra.
“No veo ni madres”, “no le pude tomar la foto”, “qué rápido van, mamá” “se oyen reduro”, fueron algunas de las primeras impresiones.
Aviones tipo Christen Eagle, Rv7 y Rv 8, Go EZ de doble ala y el Aero L-39 Pink Jet de Stephanie Goetz y Olga Sannikova –el domingo– pintado de color rosa brillante como símbolo de la lucha contra el cáncer de mama desfilaron después haciendo giros, recortes, piruetas, rizos, bucles, barrenas, picadas, tostadas, tamales…
¿Hambre? Por supuesto. ¿Sed? Claro que sí, mire nomás a aquellos turistas tumbados en las sillas junto al mar, sobre la arena, sudando al igual que uno y lo confieso, la triple cruda acapulqueña (la física por el alcohol, la económica por el varo que se perdió y la moral porque luego uno no sabe qué pasó –te debo el envase de caguama, Josué); mire nomás cómo devoran con harto gusto aquel coctelito, las pescadillas, el vuelve a la vida… Y las cervezas, mire usted qué claras, que frías que muertas están y yo que nomás no disfruto de nada.
Usted podrá decir que es mi trabajo, que para eso me rento, que debo aguantar bajo el rayo del sol, a pie firme, pero podría argumentarle que efectivamente para eso me rento pero soy humano como cualquiera, con dudas y soluciones, con defectos y virtudes, con amor y desamor, suave como gaviota, pero felino como una leona, que diga, león… Por cierto, ¿cómo va a parar lo de la Secretaría de Cultura de Guerrero? ¿Pedirán perdón por el homenaje que le hizo a aquel represor? Oh, Dios cuánta ansiedad…
Sería un grupo de paramotores el que cerraría el espectáculo, el primero del día y al que le seguirían otro más tarde y dos más el domingo con la inclusión de otros avioncitos como los de la Fuerza Aérea Mexicana que estaría presente con la Escuadrilla Águilas Aztecas con cinco aviones T-6C Texan II más uno de reserva y dos en exhibición estática, además de un avión Airbus Military C295 que apoyaría la exhibición del equipo de paracaidismo Guerreros Águila de la Brigada de Fusileros Paracaidistas de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Usted podrá decirme de nuevo: ¿Cómo es que supe qué tipo de aviones y pilotos y madre y media para hacer su relato? Bueno, le confesaré que minutos después de que empezó el show, después de las primeras impresiones y un pequeño recorrido mejor me fui a mi casita a verlo por televisión, cerveza en mano y con el aire acondicionado a 22 grados centígrados.
Más de 23 aeronaves, informó el boletín del gobierno del estado, incluyendo 10 aviones acrobáticos, cuatro jets de combate, un warbird (lo que sea que signifique) y aeronaves históricas, realizaron exhibiciones durante el fin de semana con la participación de pilotos de México, Canadá, Estados Unidos, Australia, Polonia, El Salvador y Guatemala.
Oiga, reclamará usted con justa razón, cómo es posible, no disfrutó del ambiente, no vio a la gente celebrar el paso de los aviones, el humo, el “Vvvvvvzzzzhhhhwwww” en vivo que usted describió; no se fijó en que además de los abuelitos que no vieron nada había cientos de niños emocionados, miles de gentes que apenas sortean la vida con lo poco, diría la compa Brenda Ríos, y fueron felices aunque sea ese ratito y yo le contestaré: Como sea. Al final del día no tuve que preocuparme mucho sobre cómo quitarme esos litros de sudor de los ojos, del cuerpo entero porque sí, seguimos sin agua. Y chínguele, ya es lunes.

