No acostumbrarse a la violencia, pide el arzobispo de Acapulco a los ciudadanos

El arzobispo en su mensaje de Año Nuevo sobre la construcción de la paz y la esperanza en el futuro Fotograma tomado Facebook

Yee Trujillo

En su mensaje de Año Nuevo, el arzobispo de Acapulco Leopoldo González González, señaló que la inseguridad acentuada por ejecu-ciones, robos y “el tan generalizado” cobro de cuota, hace anhelar con mayor intensidad la paz. Llamó a no acostumbrarse a los crímenes, a orar por las víctimas y las autoridades encargadas de la seguridad.
En un video publicado el martes en Facebook titulado Peregrinos de esperanza, artesanos de paz, convocó a mirar el camino recorrido, valorar las decisiones tomadas y convertir en sabiduría los acontecimientos vividos, a mirar el futuro con más esperanza, porque “Jesús no nos ha dejado solos”.
“No nos acostumbremos a los crímenes y delitos, no disminuya nuestra indignación y condena de estos actos, acerquémonos a las víctimas y a sus familiares”, y llamó a orar por ellos y las autoridades que tienen a su cuidado la seguridad para que sigan en la búsqueda de estrategias que, conforme a derecho, puedan garantizarla.
A quienes perpetran los crí-menes “que tanto dañan a la so-ciedad” los invitó a escuchar el llamado de Dios a la conversión, reparar en la medida de lo posible el daño hecho y ser una bendición, y recordó que se vive la Jornada Mundial de la Paz.
El prelado católico expuso que el mensaje del papa Francisco es de paz y esperanza, en especial para quien ya no logra divisar ninguna perspectiva a su vida, que este es un año de gracia, y el jubileo impulsa a buscar “la justicia liberadora de Dios sobre toda la tierra”.
Añadió que el deseo de la paz está enraizado en los seres humanos, que Dios los ha creado necesitados unos de otros y no de un mal, que ha puesto en nuestro ser la base para convivir en la verdad, la libertad, la justicia y el amor, que son el fundamento de la paz.
Llamó a no excluir a Dios de la vida de las personas porque cuando alguien lo ignora comienza a albergar la idea de que las relaciones con los demás pueden ser go-bernadas “por una lógica de ex-plotación “donde el más fuerte pre-tende tener el derecho de abusar del más débil; el cambio cultural y es-tructural para superar esta crisis se realizará cuando finalmente nos re-conozcamos todos hijos del padre y ante él nos confesemos todos deu-dores, pero también todos nece-sarios, necesitados unos de otros”.
Dijo que no se puede hablar de paz donde no se respeta la vida desde su concepción hasta la muerte natural, ni se puede pretender cons-truir la paz, el desarrollo integral de los pueblos o salvaguardar el medioambiente si no se custodia el derecho a la vida de los más débiles.
También expuso que para construirla se debe cuidar de manera más responsable el poder decisivo en la sociedad de la familia, porque ahí se construyen los promotores de una cultura de paz, los principios morales, la búsqueda de la justicia sin odiar ni buscar venganza, se aprende a reconocer las propias culpas, pedir perdón y perdonar.
El arzobispo señaló que la inequidad en la distribución de los bienes “es una grieta que hace muy difícil construir una paz estable”, que el Papa ha pedido condonar o disminuir la deuda de los países más pobres, que los recursos destinados a fines bélicos vayan a un fondo para acabar con el hambre y que los im-puestos se apliquen de manera trans-parente y como apoyo subsidiario a los más necesitados para que salgan adelante por ellos mismos.
Subrayó que los ciudadanos deben poner su esfuerzo para no agrandar la brecha social “entre muy pocos que tienen casi todo y muchos que tienen casi nada” y compartir con quien carece de lo necesario. También llamó a las personas a cuidar de sus trabajos por el bien común.
Explicó que todo esto ayudará a continuar el esfuerzo de reconstrucción luego de los grandes estragos causados por los huracanes en las personas, el campo, pueblos y ciudades, y los más dañinos que deja el crimen, el delito y la violencia, y como dice el Papa, para eliminar todo pretexto que lleve a los jóvenes a imaginar su futuro sin esperanza o como una expectativa para vengar la sangre de sus seres queridos, porque el futuro es un don para superar los errores del pasado y construir nuevos caminos de paz.