
Jacobo Silva Nogales, el comandante Antonio del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), señaló que la nueva ley de amnistía debe incluir al preso político de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), Gonzalo Molina, a los presos del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota (Cecop) y toda aquella persona presa por la lucha social aunque forme parte de grupos armados.
En declaraciones posteriores a la presentación de su libro en el Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados (IIEPA) ayer, el ahora escritor dijo que el Estado mexicano debe de hacer justicia en la masacre de El Charco mediante el castigo a los asesinos.
Silva Nogales, el comandante Antonio que fue el principal dirigente del ERPI, desde su formación como una escisión del EPR en 1998 hasta que fue encarcelado en 1999 durante 10 años, presentó su libro Los Rasgos Esenciales del Estado, ayer en un aula del IIEPA de la UAG ante un auditorio conformado esencialmente de alumnos de la misma escuela, el director Marco Adame Meza, profesores y el ex presidente del Consejo Nacional del PRD, Camilo Valenzuela.
Después de la presentación se le preguntó qué debe hacer el nuevo gobierno federal de Andrés Manuel López Obrador ante sucesos como la masacre de El Charco, municipio de Ayutla, en donde el Ejército asesinó a 10 campesinos y a un estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el 7 de junio de 1998. También hubo cinco heridos y 22 detenidos.
Contestó que ante este hecho y otros similares el nuevo gobierno federal “debe de hacer justicia y esto implica el castigo de los asesinos porque esta parte siempre se ha eludido en cualquier proceso similar. Se investiga pero el castigo está ausente.”
También se le pidió su opinión de la recién propuesta de ley de amnistía. Dijo que “en mi experiencia sobre las leyes de amnistía, sobre todo las que se han expedido aquí de Guerrero, son muy limitadas y no se aplican a las personas que cometieron delitos supuestamente graves. Lo que yo esperaría es que se les aplicara también a esas personas”.
Señaló que debe estar incluido el promotor de la Policía Comunitaria de Tixtla, Gonzalo Molina, los presos de la Cecop “y en general todo aquel preso que haya caído en la lucha social y no importa que haya caído desarrollando la lucha legal o la lucha armada porque también debe de aplicarse la ley de amnistía si es que en verdad se pretende hacer un cambio”.
Durante la presentación de su libro, Silva Nogales dijo que debido a que vivió “un estado súper represivo dentro de la cárcel” en los años que estuvo preso –1999 a 2009–decidió escribir este libro.
Con mucho tiempo para pensar y después de haber leído muchos libros, desde teóricos sobre el Estado hasta literatura universal, decidió teorizar sobre el Estado desde la práctica y no con una visión académica. Mencionó que no estudió en la universidad porque se siente responsable de haber sacado de la escuela a varias personas para invitarlas a la guerrilla.
Indicó que el Estado tiene 25 rasgos, según él, entre los que se encuentra el monopolio de la violencia que actualmente es disputado por otros grupos como el crimen organizado; instituciones legales e ilegales como los “ejércitos secretos” que sirven de asesinos del gobierno. Mencionó que un compañero de celda en la cárcel le confesó que era un “halcón” que participó en la matanza del 10 de junio de 1971 y lanzó la pregunta: ¿qué va a hacer Andrés Manuel López Obrador con ese ejército?
En la sesión de preguntas, la profesora Rosa María Gómez Saavedra le pidió que ampliara la semblanza que se había dicho previamente a su participación para que los estudiantes conocieran su participación política.
Dijo que no le gusta hablar de sí mismo, sobre todo porque “hay unas cosas no tan bonitas” que vivió, pero mencionó que a él le tocó ser joven en la década de los 70´s, cuando habían pasado las matanzas del 68 y el 71, existían las guerrillas de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. También había triunfado la revolución en Cuba que había “impuesto una moda” de barbas largas y vestimenta militar verde olivo. Se escuchaba “música de izquierda” pero lo que verdaderamente lo impulsó a ser guerrillero fue la ayuda que le dio una señora de San Luis Acatlán a donde había ido para conocer la zona por donde estuvo Genaro Vázquez.
Posteriormente se incorporó al Ejército Popular Revolucionario (EPR) y luego al ERPI. Cayó preso el 19 de octubre de 1999 en la Ciudad de México a donde había ido a conocer a otro grupo armado. Fue torturado y posteriormente llevado al penal de máxima de seguridad Almoloya. La abogada Pilar Noriega fue quien lo defendió y luego él mismo lo hizo. Fue liberado en 2009 y a partir de entonces se dedica a escribir y a ser tallerista.
