Ramón Gracida Gómez
La estrategia Guerrero por la Paz debe desarticular las bandas delincuenciales que operan en las colonias de Acapulco para que tenga resultados, señaló la académica especialista en violencia y construcción de paz en el municipio, Javiera Donoso Jiménez.
La atención a las causas estructurales de la violencia debe representar una fuerte inversión a largo plazo de millones de pesos que incluya un “plan de desarrollo integral urbano”, diversificación de la economía, transporte y educación para los niños, planteó al ser consultada por la estrategia que atiende desde diciembre pasado a 10 colonias de Acapulco e igual número de Chilpancingo con alta incidencia delictiva.
Del llamado del arzobispo Leopoldo González González a la sociedad para no acostumbrarse a la violencia, la doctora en Investigación en Ciencias Sociales con mención en Sociología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) México, dijo por teléfono que la población no está acostumbrada, sino aprendió a sobrevivir por la “ausencia total del Estado”.
La subsecretaria de Desarrollo Democrático, Participación Social y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación (Segob), Rocío Bárcena Molina, planteó que la estrategia de seguridad se va a materializar con el acercamiento de los servicios y los programas sociales a las colonias para atender las causas de la violencia.
Donoso Jiménez, integrante del programa de Investigadores por México del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conacyht), secundó que las causas estructurales de violencia son “la ausencia del Estado”, que se materializa en la falta de servicios básicos: salud, educación, agua, oportunidades laborales, entre otras.
Señaló que estas condiciones no se proporcionan en Guerrero “hace muchísimo tiempo y ahora se ve mucho más plausible, yo ahora acabo de ir nuevamente y Acapulco se ve extremadamente pobre, la migración es masiva de los acapulqueños a distintos porque ya no hay forma de seguir subsistiendo en esta ciudad en las condiciones que se viven”.
La pobreza y la desigualdad “son motores importantes para que el crimen pueda permear la sociedad”, insistió la académica que ha hecho diversos estudios en análisis territorial, seguridad humana, discriminación y violencia en colonias de Acapulco.
Indicó que los niños de las colonias más pobres del municipio no van a las escuelas porque no hay maestros y se mantienen cerradas “y cuando los niños andan en la calle son, digamos, tentados permanentemente por el crimen a unirse a sus filas”, y los padres están trabajando.
El acceso a la educación también se ve afectado porque el transporte “está gobernado y cooptado por el crimen” y dificulta la movilidad de los jóvenes, por lo que la estrategia de seguridad también debe atender la conectividad de la ciudad.
Además, los niños no tienen asegurada la comida y no hay un control de los programas sociales para conocer si realmente se utilizan los recursos económicos transferidos para garantizar la alimentación.
Una de las demandas principales de la encuesta que aplicó el gobierno federal en las colonias donde intervendrá es el agua.
La falta de este servicio, explicó la académica Donoso Jiménez, es un detonante de violencia familiar debido a que las mujeres que se dedican al trabajo en casa son golpeadas por sus maridos en el contexto de “roles de género que están instalados tan tradicional como la de Acapulco”.
Por lo tanto, la atención a las causas estructurales de la violencia tiene que estar acompañada de un “plan de desarrollo integral urbano” para que las casas tengan los servicios básicos de agua y energía eléctrica.
Asimismo, el gobierno debe ofrecer oportunidades de trabajo porque actualmente no hay en Acapulco o son de salarios precarios “que te permiten más o menos sobrevivir, pero no terminen hacer grandes cosas”, entonces la población migra.
Criticó que el gobierno insista en el “error garrafal” de centrar la recuperación económica de Acapulco en el turismo, cuando debería de desarrollar otras fuentes de ingreso en el escenario de calentamiento global y el aumento del riesgo de huracanes destructivos.
Son millones de pesos y muchos años de inversión de atención a las causas por varios años, de acuerdo con un diagnóstico que efectuó la actual académica de la Universidad de Guadalajara con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para distinguir los principales problemas de seguridad en siete municipios de Guerrero y conocer las estrategias de la misma sociedad para repelerla.
Enfatizó que la construcción de paz debe estar acompañada de una estrategia de “inteligencia criminal” para desarticular las organizaciones criminales que operan en Acapulco “y tienen asfixiada la economía local” por medio de la extorsión.
“Aunque haya mucho esfuerzo, no se ven resultados porque rescatas un niño y entran dos al crimen”, señaló.
La falta de “sentido de pertenencia”
Otro problema es la falta de cohesión social en Acapulco debido a la falta de “sentido de pertenencia” en algunas colonias, donde la población tiene diversos orígenes geográficos o migra cuando tiene posibilidades.
La académica puso de ejemplo el desplazamiento de las colonias altas hacia la colonia Ciudad Renacimiento, una de las seleccionadas por la estrategia de seguridad, que “generó una desarticulación completa de los códigos sociales y de las formas de vida y mezclaron distintos tipos de personas en un solo lugar”.
Donoso Jiménez, quien participó en un estudio que analizó las ciudades de Acapulco y Medellín, expuso que en la ciudad colombiana se promovió el “sentido de propiedad e identidad hacia el territorio” por medio de un diálogo intergeneracional en el que los adultos mayores les enseñan a los jóvenes la historia, y “resignifican” lugares de las colonias a través del arte y la cultura.
La sociedad “no se acostumbra a la violencia, pero aprende a vivir en ella”.
En su mensaje de Año Nuevo, el arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González, pidió a los ciudadanos no acostumbrarse a la violencia.
Al respecto, Donoso Jiménez, quien vivió varios años en el municipio y lo visita frecuentemente, dijo que la sociedad “no se acostumbra a la violencia, pero aprende a vivir en ella y aprende a sobrevivir”.
“El problema es que como hay una ausencia total del Estado, la gente no tiene a quien recurrir, la gente no tiene a quien manifestar su malestar, no tiene a quien reclamarle, y al no tener a quién y estar a merced del crimen, uno mejor se calla”.
“Pero eso no quiere decir que el miedo haya desaparecido, que la molestia haya desaparecido, la angustia y la preocupación de que mañana me puede pasar a mí si estoy en el lugar incorrecto”, sostuvo.
