Denuncia que a cinco meses de que su esposo la sacó de su casa aún no actúan las autoridades

Verónica Laurel Pérez dijo que hizo todo lo que estuvo a su alcance para resolver el conflicto con su esposo, Enrique, después de cinco meses de que la sacó con violencia de la casa que compraron juntos, sólo con la pijama que llevaba puesta, y no hay avances en la denuncia que presentó entonces ante el módulo de violencias de la Fiscalía Regional de Acapulco.
“Si algo me pasa, que se conozca, hice lo que tenía que hacer, alcé la voz y nadie me ayuda, todo ha sido muy cansado. Para judicializar mi denuncia sólo falta el peritaje que no han realizado”.
Consideró que para las autoridades de nada sirven las marchas y las protestas contra la violencia feminicida el 8 de marzo, “todo es en vano si las autoridades no hacen el trabajo que les corresponde en tiempo y forma”, dijo en denuncia para El Sur.
Advirtió que un familiar cercano de su agresor trabaja en la Fiscalía Regional y quizá haya estado obstruyendo el proceso.
Asimismo señaló que la semana pasada su suegra le envió mensajes de celular a su mamá con fotografías de Verónica en la calle, donde le decía que iba a ser su culpa si algo le pasaba a Enrique, porque pasó cerca de su trabajo, en Pemex. También recibió llamadas del número de su cuñado, que no atendió.
“No me siento con la tranquilidad de ir a ningún lado, porque van a decir que lo estoy siguiendo, o no sé si me están siguiendo a mi. Tengo miedo de salir a la calle, y de ir al panteón a visitar a mi hija, porque no quiero encontrarme con ninguno de ellos”.
Indicó que vivieron ocho años juntos, y cuando se embarazaron, Verónica dejó su trabajo para atender a su hija que nació con problemas de cardiopatía y síndrome de Down. El finiquito de su empleo lo puso para el adelanto de la compra de la casa que sacaron a nombre de su suegra.
Señaló que ella cuidó prácticamente sola a la niña porque su esposo trabajaba. No lo supo enseguida, pero en esa época él comenzó a drogarse y llegó a golpearla por celos, que ella justificó.
Recordó que no pudo vivir el duelo de su hija por cuidar a Enrique, que terminó hospitalizado tras el entierro. Poco después se fue porque dijo que no podía verla así. Se suponía que le dejaría la casa, donde tenían los recuerdos de su hija.
Después de tres años, el 14 de octubre de 2025, muy temprano, Enrique llegó con su hermana y un cerrajero, a decirle que debía desocupar la casa, le quitó el celular cuando ella intentaba pedir asesoría y ayuda para sacar sus pertenencias.
La dejó incomunicada mientras ella le reclamaba su celular. Se lo devolvió cuando estuvo en la calle, sin nada, y la amenazó con demandar por robo si regresaba. Ahora, decía que no le tocaba nada porque no tenían hijos juntos.
Por recomendación de sus conocidos, fue directamente al MP a interponer una denuncia, vulnerable para un trámite de seis horas, de las 2 de la tarde a las 8 de la noche, y es la fecha en que el perito no ha ido a hacer el peritaje que se necesita para judicializar el caso.
Indicó que desde diciembre el módulo de violencia de la Fiscalía ha estado en remodelación, nadie está trabajando, la agente del MP sólo va un momento al día a recoger los pendientes, y no se habían tramitado sus medidas cautelares. Tampoco se ha notificado formalmente su denuncia. (Lourdes Chávez / Chilpancingo).