Este 2024 se cumplen cien años del nacimiento de Truman Capote. Un autor cuyo nombre es tan famoso como una o dos de sus obras. Hacer alusión a él es hablar de frivolidad, alcoholismo y genialidad. Se dice que Capote era el rey de jet set en Nueva York, que se la vivía en estado de ebriedad y consumiendo pastillas y que tenía una memoria prodigiosa y que es posible que fuera uno de los autores más geniales de Estados Unidos y el mundo durante el siglo XX; y, en efecto, hasta donde sé, todo es cierto con Truman.
Además, a diferencia de muchísimos autores a quienes su nombre y fama devoró su obra, Capote escribió por lo menos dos libros que son parte fundamental de la literatura del siglo XX y XXI: A sangre fría y Desayuno en Tiffany’s son tanto dos obras cruciales para comprender y amar la literatura del siglo XX como para saber de dónde vienen algunas de las obras más deslumbrantes del siglo XXI. Son ejemplo y presencia de un prodigio literario.
Este 2024 me invitaron para platicar sobre Truman Capote a propósito del centenario de su nacimiento. Tenía yo fresca la lectura de A sangre fría, lo había leído en los últimos años con un brutal deslumbramiento. En esta novela se reúne lo más profundo y latente de la literatura del presente. La obra analiza la figura del asesino, ¿quién es y por qué llega a serlo? Lejos de tratarlo como un loco incomprensible, Capote lee en el periódico la noticia de un terrible asesinato y se lanza al pequeño pueblo en donde sucedió para saber qué es lo que había pasado; para saber cuál es el mundo “real”, el que no es el Nueva York frívolo y cómodo de su día a día para descubrir el latir del mundo y la naturaleza del asesino. A sangre fría es un libro tan potente que deslumbra a todo el mundo e ilumina la marginalidad, la soledad y la crueldad de los Estados Unidos de mediados del siglo XX. Describe nuestro mundo, me atrevo a decir. El true crime, la novela sin realidad que en cierta forma inventa y consolida Capote transforma para siempre la literatura: obras documentadas, fundamentadas en la realidad, en las cuales el autor va al lugar de la acción y luego de esto se pone a escribir sobre la historia teniendo en cuenta los rasgos técnicos de un cuento o una novela más la construcción de una escritura llena de estilo, de poesía. A sangre fría es tan potente y dolorosamente real, que Capote nunca más pudo volver a escribir como antes después de ella; no solamente se destruye a sí mismo por dejar la vida, cambia la historia de la literatura pues todos los libros que inmiscuyen realidad y ficción están influenciados por Truman Capote.
Esto es lo que yo sabía hasta la semana pasada, cuando me invitaron para hablar de Capote. La editorial me pidió hablar del autor y me mandó libros hermosos para que hablara de Truman. ¿Todo será tan genial como A sangre fría?, era la pregunta que quemaba mis labios. Recordaba haber leído Desayuno en Tiffany’s un poco por encima. Así que por ahí comencé. Mi sorpresa fue completa, la novela me quitó el aliento por su gracia, por la belleza de sus personajes y por la perfección técnica. La sensación es que el autor puede hacer lo que se le antoje. Es novela de formación, erótica, de humor, de amor, con un profundo sentido social con la pérdida de la juventud y del amor a las espaldas.
Luego entré en El arpa de hierba, una especie de fábula juvenil en donde un joven y dos personas de casi setenta años huyen de la mansión en que viven para refugiarse en una casa del árbol ubicada en medio del bosque. La novela va de lleno a las entrañas de la humanidad hablando del amor entre un adolescente, mujeres de setenta años y cazadores del bosque, sin que esté involucrado el erotismo; está en juego la amistad más profunda y el cuerpo, nada menos.
Finalmente, me acerqué a Música para camaleones, en donde Capote presenta el libro hablando de su obra, dice que siempre ha sido desigual y que la escritura de A sangre fría cambió su vida. Es honesto, brillante, provocador… La compilación trae textos periodísticos de color, una pequeña novela de true crime y entrevistas únicas, precisas, geniales… Es Capote y su música que hay que celebrar porque cambió de color la literatura contemporánea.
Truman Capote, Música para camaleones, Barcelona, Anagrama, 2023. 282 páginas.
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Ha-Joon Chang: la comida que explica el mundo
Entre los libros reseñados en esta sección que tengo el privilegio de escribir hace ya varios años, la enorme mayoría han estado dedicados a la literatura, cuentos, novelas, poesía y ensayo; son la constante porque es lo que, bien que mal, conozco; acaso se han colado algunas veces hermosos libros de filosofía que me han deslumbrado, y que, sobre todo, he logrado entender un poco. Lo que rige mi selección todo el tiempo es el deleite: libros que me encanta leer y que me parece preciso compartir para aprovechar el espacio y que la literatura se difunda todo lo que se pueda.
El día de hoy es diferente, pues, no es un libro ni de literatura ni de filosofía el que me propongo reseñar, es, sí (suena descabellado), de economía, materia que desconozco a tal grado que no fue sino hasta hace unos años, que estudiaba griego clásico, que supe que la etimología de la palabra es, según la sub voce de la RAE, “Del latín medieval oeconomia, y este del griego ????????? oikonomía, de ????? oîkos ‘casa’ y ?????? némein ‘distribuir’, ‘administrar’; confer latín, latino o latina oeconomia ‘disposición de una obra literaria’”. Es decir, que el origen de la palabra viene sobre la distribución de la casa. Me encantó saber esto y, además, que no es una ciencia exacta sino una humanidad. Esto lo explica, precisamente Ha-Joo Chang (Seúl, 1963) en su divertido y delicioso libro (sí, exquisito) de economía Economía comestible: un economista hambriento explica el mundo. En esta obra cuenta que la economía, al no ser una ciencia exacta, no puede aplicarse igual para todo el mundo; es una humanidad, por lo tanto, debe adaptarse a las diferentes sociedades. La forma económica en la que organizan los países debe ser humana y no menos números, ¿quién lo diría?
Ha-Joon va dando datos esclarecedores, los documenta y sobre todo describe el mundo a través de la comida. Quizá sea por esto que el libro se devora. Desde la introducción, estamos ante el prodigio y sofisticación de la comida, pienso en aquel libro del etnólogo belga Claude Lévi-Strauss Lo crudo y lo cocido, en donde dice que el inicio primario de la civilización es cocinar y condimentar la comida. Dicha introducción de Chang tiene el hermoso título Ajo: Donde el apestoso bulbo funda Corea, asusta a los ingleses y les explica por qué querrán leer este libro. Chang comienza a dar algunos datos sorprendentes y deliciosos como que Corea es el país que más ajo come en el mundo. Su consumo va de 8.9 kilos al año per cápita. El país que le sigue en el consumo de ajo es Italia, que no le llega ni a los talones con sus 720 gramos por persona al año. El autor nos cuenta que pasó toda la primera parte de su vida sin salir de Corea, y aunque pertenecía a una familia privilegiada, en su infancia las vacaciones no eran algo tan usual como ahora. Así, a los veintipocos años sale finalmente de Corea para ir a estudiar un posgrado a Inglaterra, lo cual suena muy emocionante hasta que no estuvo en el país de los fish & chips para descubrir que allí la comida no le sabía a absolutamente nada. El mundo ha cambiado muchísimo desde entonces, estaba mucho menos globalizado, así que encontrar comidas diferentes era muy difícil, incluso yendo a restaurantes de otras culturas como China o India. El ajo les era tan extraño a los ingleses, que cuando una habitación olía a ajo, decían que seguro un salvaje de esos países extraños había estado allí.
Los capítulos del libro son Bellota, Okra, Coco, etcétera, en donde a partir de estos alimentos va contando la historia económica del mundo los últimos doscientos años. Como el colonialismo y la trata de personas han sido definitivos en el crecimiento de los países ahora ricos, la producción de alimentos ha sido y es uno de los motores más importantes del mundo. Así que Economía comestible es un viaje, un aprendizaje profundo de cómo funciona el mundo. Y todo con el hambre de consumir los alimentos más exóticos y exquisitos.
Ha-Joon Chang, Economía comestible, Ciudad de México, Debate, 2023. 256 páginas.
Michiko Aoyama y los libros que son cajas fuertes
Es un lugar común pensar y decir que un libro cambiará tu vida. Te encuentras existiendo, y de un momento a otro lees algo que ayuda a descubrir que la vida no es lo que pensabas. Algo así como aquel personaje de Dashiell Hammett en El halcón maltés a quien camino a la oficina le cae a unos centímetros adelante una caja fuerte desde el piso 40. Medio paso más y hubiera perdido la vida. A partir de ese momento, cuenta el personaje, vio el esqueleto de la vida: la maquinaria desencarnada que mueve el mundo y no pudo volver a su vida; así que tomó un camino diferente y dejó atrás su trabajo, esposa e hijos para iniciar otra existencia.
Hay algunos libros que pueden ser como esa caja fuerte y demostrar que la vida es diferente a tal como la conocíamos hasta ese momento. Y entonces comienzan nuevos sueños y proyectos. De este modo, bibliotecas y librerías son lugares peligrosos porque son capaces de construir nuevos sueños, de modificar los deseos que ha formado el mundo en nosotros.
Pensaba en esto, en los peligros del trabajo de recomendar libros, mientras tenía entre las manos La biblioteca de los nuevos comienzos de Michiko Aoyama (Saitama, 1970). Sé que es muy romántico o ingenuo pensar que la recomendación de un libro puede cambiar a alguien, pero en esta novela de Aoyama, sucede. La obra está situada en Japón, país que es el rey de la melancolía y en donde la gente adora desaparecer. A través de la ficción nipona nos enfrentamos casi siempre a personajes con un riquísimo interior que todo el tiempo está cuestionándose su posición en el mundo, qué se hace en este mundo y si acaso las decisiones que se han tomado han sido las correctas. Si es esta vida la adecuada o se debe dejar todo atrás para un nuevo comienzo en donde se replantee por completo la vida.
Es el tema que se pone sobre la mesa en La biblioteca de los nuevos comienzos: llevar una vida con la incertidumbre de saber si en verdad es la vida que se desea. Los sueños se expanden en la cotidianeidad de la oficina del transporte público y la oficina, pueblan el día a día, pero son relegados por la realidad de un mundo que exige pagar una renta y tener el dinero para comer diario. Así que los sueños deben quedarse en el mundo de la imaginación mientras la realidad cada vez está más llena de tedio y soledad.
Así comienza el primer relato de esta novela, con una joven que es dependienta en un establecimiento de ropa. Se la pasa lidiando con los clientes e ingiriendo comida instantánea. Migró de su pequeño pueblo a Tokio, pero hasta ahora sólo ha conseguido sobrevivir en ese trabajo. Hasta que un buen día, se pone a estudiar Excel, en el lugar que lo hace hay una biblioteca, la profesora le recomienda un manual para que profundice en el programa, así que va a la biblioteca en donde una mujer, la bibliotecaria, le otorga los libros y le pregunta si quiere otro libro. A lo que la chica le dice que no sabe, que ella es una mujer que no sabe tomar decisiones, a lo que la bibliotecaria le dice que claro que toma decisiones, que para llegar a donde está, ha tomado muchas decisiones, como irse de su pueblo y trabajar en la tienda de ropa. La chica se queda sorprendida de la respuesta de la bibliotecaria, quien luego de hablar con ella, se sienta en la computadora y comienza a teclear a toda velocidad y, entonces le recomienda un libro para niños, y le regala un pequeño sartén. Para la chica resulta enigmático, pero se pone a leer el libro y su vida cambia.
La biblioteca de los nuevos comienzos cuenta las historias de diferentes personajes que se sienten perdidos en el mundo y a partir de la magia de la bibliotecaria y de los libros que les recomienda, descubren todo lo que han hecho bien en sus vidas, que tan sólo hacía falta que leyeran un libro que les enseñe cosas sencillas como cocinar o el conocimiento de las plantas, para creer en sí mismos y vivir la vida de sus sueños.
Michiko Aoyama, La biblioteca de los nuevos comienzos, Ciudad de México, Planeta, 2024. 301 páginas.
Alice Munro: contar con el silencio
El pasado 13 de mayo el mundo sufrió la triste pérdida de Alice Munro (Canadá 1931?2024). Mujer que ganó el Premio Nobel de literatura en 2013 y quien odiaba escribir novelas y, más que nada: amaba escribir relatos, algunos casi tan largos como una novela corta y otros breves en el más puro estilo del cuento que, según Julio Cortázar, siempre debe ganar por nocaut.
Desde hace ya varios años el Nobel no es entregado a los autores más célebres, un reconocimiento a los más famosos que daba la impresión de poner el laurel a quien la Academia sueca consideraba el mejor del mundo. Ahora, más bien, el Premio busca encender una lámpara para descubrir nuevos autores y nuevas literaturas. Fue el caso de Munro, quien era una autora reconocida, pero a la que nadie consideraba que le fueran a otorgar el Nobel, mucho menos ella misma, por supuesto.
Fue un gran descubrimiento, porque la autora canadiense traía muchas sorpresas bajo la manga: ser una escritora que durante buena parte de su vida fue ama de casa, escribiendo en los pequeños momentos entre las labores del hogar y cuidar a los hijos. Gracias a esto, premios a genias como Munro, han visibilizado a autoras tan deslumbrantes como Lucia Berlin, tan sólo por dar un ejemplo. Munro también mostraba un país, Canadá que ya había recibido un Nobel, Saul Bellow, pero cuya literatura no está, estaba, en los grandes reflectores. La Nobel contaba historias de pequeños poblados, de niñas, luego mujeres y después personas mayores, que vivían en estas pequeñas locaciones. Experiencias del descubrimiento de la vida adulta desde la infancia, historias de amor casi siempre imposibles desde el matrimonio y reflexiones desde la vida adulta sobre lo efímero de la existencia. Además de todo esto, Munro traía la mejor sorpresa: era cuentista, no novelista. Decían los de la Academia sueca que recordaba a Antón Chéjov y sí, así es: hay en ella esa sutileza para captar la inefable esencia de la vida que habita la narrativa del autor de El beso. Esos inigualables silencios luego de contundentes sentimientos que apenas y se expresan en palabras y actos.
Alice Munro cuenta que nunca se sintió confrontada por ser mujer y ser escritora, que en el pueblo donde creció era usual que las mujeres escribieran, y que el primer impulso de tomar la pluma vino después de leer La sirenita, de Hans Christian Andersen, porque le pareció extremadamente triste y le pareció injusto que terminara así, por lo que decidió reescribir la historia, pero con un final feliz. A partir de ahí siguió escribiendo, descubriendo a diferentes autoras y autores, no siempre con finales felices y, siendo feminista, dice ella, mucho antes de saber que lo era. Munro cuenta que tan sólo le natural que las mujeres escribieran y fueran protagonistas de sus historias.
Se trata de una autora bastante prolífica y tiene muchísimos cuentos deslumbrantes. Pienso en Llegar a Japón y en Las niñas se quedan. Ahora, tengo sobre mi mesa Danza de sombras, un conjunto de relatos escritos durante los años sesenta. La antología abre con El vaquero de la Walker’s Brothers en el cual una niña cuenta la experiencia de una niña que acompaña a su padre en su recorrido diario de trabajo durante los años treinta. Hace lo usual, vende la mercancía de casa en casa mientras ella lo disfruta, le aprende y él le cuenta su cotidianeidad, que es rota por una extraña visita que decide hacer el padre, alejándose del camino usual decide ir a ver una vieja amiga. Una mujer solitaria que vive con su anciana y ciega madre. Munro tiene el talento deslumbrante de crear la extrañeza a partir de esa visita, todo está visto desde los ojos de la niña, límpidos y abiertos de par en par. La casa, el atuendo de la mujer que cambia por un vestido que deja ver su pecho prominente, y, sobre todo, la extraña relación que tiene con su padre, hecha de recuerdos del pasado, comentarios ambiguos y miradas sostenidas.
Munro, al igual que Chéjov puede contar apasionantes aventuras con discretas insinuaciones. Reúne las virtudes totales de una cuentista: la magia de contar con el silencio.
Alice Munro, Danza de sombras, Ciudad de México, Lumen, 2022. 295 páginas.
La revuelta de Irvine Welsh
Para Fernanda Ramírez Serret.
Hay personas entrañables con mecha corta, de las que se disfruta su fuerte personalidad y su fuerza para decir siempre lo que piensan; son increíbles para quienes las queremos, pero normalmente no la pasan tan bien, pues se la viven de un pleito a otro y en cuanto uno se descuida se las puede ver discutiendo a la menor provocación con quien haga falta. Dentro de la literatura hay muchos personajes así, y una mayoría habitan las novelas de Dostoievski y las del realismo sucio norteamericano.
Es el caso de Begbie –uno de la plantilla protagonista de la famosa novela luego llevada el cine Trainspotting– para quien la vida es tan sólo un pretexto para agarrarse a golpes. La novela de Irvine Welsh (Leith, 1958) y luego la película fueron un paradigma de vida y música para mi generación. Sus personajes salieron de la pantalla para formar parte de nuestras vidas, y así, cualquier persona de mecha corta era llamada Begbie.
Recuerdo que en una ocasión tuve la oportunidad de ser el intérprete de Irvine Welsh, hace ya varios años. El evento sería en el Museo del Chopo, en la colonia Santa María la Ribera. El auditorio estaba abarrotado por más de 600 personas, y, para mi sorpresa, el autor escocés de más de uno noventa, calvo y botas militares, estaba bastante nervioso. Así que me dijo si lo podía acompañar a dar una vuelta por el barrio para relajarse un poco. Salimos a una tarde gris en la Santa María, la colonia aún estaba sin gentrificar así que caminamos por calles semi desiertas en donde tan sólo había vecindades, tiendas de abarrotes en las esquinas y coches abandonados. Welsh pareció respirar tranquilo en ese entorno y me dijo que siempre lo ponía muy nervioso hablar con mucha gente en público. Le dije que lo entendía e hicimos el resto del camino en silencio. Hasta que poco antes de llegar, recuerdo que se veían sobre nosotros las afiladas torres del ahora museo, antes fábrica, y le dije eso de que Begbie era un personaje muy importante para mi generación; Welsh me miró un rato y luego me preguntó si además de ver la película había leído la novela, le dije que sí y me preguntó. ¿Y ves alguna diferencia entre el Begbie de la novela y el de película? Le dije que claro, que el de la novela daba la impresión de ser corpulento, violento y furioso, sin ser tan divertido o patético como lo es en la película. Me dijo que sí, que eso pasaba, y que se sentía tan en desacuerdo con el personaje de la película, que justo en ese momento estaba escribiendo una novela sobre Begbie, para rectificarlo, de cierta forma.
Es, precisamente El artista de la cuchilla, que comienza con un Begbie completamente reformado, a tal grado que se cambió de nombre y ahora vive en Estados Unidos, está casado con una joven inteligente y bella con quien tiene dos hijas. Además, para sorpresa de todos, es un prestigioso escultor. Dejó las drogas y el alcohol y vive feliz en California, cerca de la playa.
Pero, como era de esperarse, el destino lo alcanza. Welsh no se anda por las ramas con su personaje, pues, un buen día lo llaman desde Escocia para decirle que debe volver, la razón es que a uno de sus hijos, que nunca deseó y abandonó por completo, lo han asesinado a puñaladas. Así que con todo el dolor de su corazón debe dejar a sus amadas hijas, adorable esposa y soleado California, para volver a las calles de Edimburgo, y sobre todo Leith, que detesta con todo su corazón. El ejercicio literario de la vuelta es fantástico. El hombre que luchó, que se transformó en otra persona para salvar su vida, debe volver. Y desde sus ojos no es la bella y románticamente lluviosa Escocia con la que soñamos desde la música de Travis; para Begbie es el lugar en donde estuvo en la cárcel, donde siempre estaba borracho, agarrándose a golpes y en donde no tiene sentimientos por nadie, ni por sus hijos. Así que ahora está ahí de vuelta Begbie, sobrio, violento, resentido, pero ahora ya no es el mismo, es un artista capaz de hacer esculturas que cambia y violenta, con el filo de su cuchilla. Debe hacer una revuelta furiosa, pero en sí mismo, para no ser Begbie de nuevo.
Irvine Welsh, El artista de la cuchilla, Barcelona, Anagrama, 2021. 263 páginas.
Leila Guerriero y su reinado en la crónica
La Feria del Libro de Guadalajara es un monstruo con miles de eventos, siempre es preciso escoger entre algunos fantásticos, dejar unos para ir a otros. Así, en una ocasión vi que iba a estar Leila Guerriero (Junín, 1967) y no lo dudé y fui a verla. Participaría en una mesa sobre la crónica latinoamericana al lado del cronista y novelista venezolano Alberto Barrera Tyszka y el colombiano Felipe Restrepo. Me sorprendió y emocionó mucho estar frente a tales autores y. sobre todo, me impactó que tanto Tyzka como Restrepo dijeran que más que dar un punto de vista particular sobre la crónica, estaban ahí para decir que admiraban mucho a Leila Guerriero, que fuera lo que fuera lo que ella dijera, la apoyarían porque ella es la reina de la crónica.
Sucede que Guerriero es uno de los nombres más importantes en la famosísima crónica latinoamericana al lado de los de Juan Villoro, Alberto Salcedo Ramos o Martín Caparrós; Guerriero se ha erigido de un potente nombre por haber escrito brillantes crónicas breves en los periódicos más importantes de habla hispana y por obras de largo aliento como Los suicidas del fin del mundo. Una crónica apasionante sobre habitantes muy marginales de la Patagonia para quienes el suicidio es una de sus aspiraciones más reales.
A inicios de este año Guerriero publicó su más reciente entrega La llamada: un retrato en donde cuenta la historia de Silvia Labayru, una mujer de clase alta que formó parte de los Montoneros en la Argentina de los años 70. Un momento histórico crucial en la historia reciente del país de Borges. Guerriero se enfrenta a la tradición de escribir sobre momentos cruciales en un país haciendo literatura, como ya lo hizo Rodolfo Fogwill o más recientemente Eduardo Sacheri con Nosotros dos en la tormenta.
Los años 70 en la Argentina, los Montoneros, peronistas, y el ERP, marxista, es una de esas épocas axiales, momentos cruciales, cada uno particular pero que se relaciona en Latinoamé-rica y España en cuanto a que han cambiado el rumbo de algunos países y que han sido retratados en extraordinarias novelas como Conversación en la Catedral de Vargas Llosa en el Perú, Juan Gabriel Vázquez con La forma de las ruinas en Colombia o Javier Cercas en Anatomía de un instante en España. Así, con este peso y compromiso a las espaldas Guerriero se lanza a entrevistar a Silvia Labayru, está la pandemia de Covid-19 en su apogeo y hay toque de queda en Buenos Aires; nadie puede salir después de las 8 de la noche o será arrestado, lo cual recuerda algunos de los años más oscuros de la dictadura posterior al movimiento de los Montoneros.
Labayru siempre fue una joven rica que creyó en la revolución. Guerriero se lanza a entrevistarla 50 años después, en busca de la verdad, por supuesto, pero también con el ánimo de saber quiénes son hoy en día aquellas personas que arriesgaron sus vidas y pusieron bombas. Labayru sigue siendo una persona privilegiada, vive la mayor parte del tiempo en España y cuando va a Argentina se aloja en barrios de clase alta.
Han pasado los años, en efecto, Guerriero se enfrenta a una mujer para quien la revolución pasó de ser un ideal de juventud, a uno de los momentos de sufrimiento más profundos de su vida. Pues fue atrapada por los militares, ella estaba embarazada, tuvo a su hija sobre una mesa de torturas de la ESMA. Luego Labayru fue violada reiteradamente por un oficial y forzada a representar un papel para infiltrarse en la organización de las Madres de la Plaza de Mayo. Así que además de los terribles sufrimientos que vivió, después se enfrentó a ser repudiada por muchas personas al ser acusada de colaborar con los militares.
Guerriero va penetrando con inteligencia en la historia, que se va desgranando, poco a poco, mientras platica con Labayru y personas cercanas a ella; y, paulatinamente, se va descubriendo la verdad, el horror que revelan confesiones que sólo puede mostrar Leila Guerriero: la reina de la crónica.
Leila Guerriero, La llamada: Un retrato, Ciudad de México, Anagrama, 2024. 430 páginas.
Haruki Murakami: las letras son ciudades
El escritor francés Gustave Flaubert, célebre por supuesto por haber escrito Madame Bovary y también famoso por amar la escritura, le dijo en una carta a su amante Louise Colet que tomar la pluma, para él, era una orgía perpetua. Lejos de ser una mera metáfora de su pasión literaria, es preciso pensar que cuando el autor normando decía esto hablaba completamente en serio. Baste saber que su relación, emocional y erótica, con Colet fue por completo epistolar. Pues apenas y se vieron algunas veces y su pasión explotó y tuvo su más profundo clímax en las palabras de páginas y más páginas que redactaban a solas en donde se descubrían totalmente. Acaso como nunca lo hubieran hecho de manera física.
La escritura, su erotismo y posibilidades amorosas son exploradas precisamente en la más reciente novela de Haruki Murakami (Kioto, 1949) quien no ha recibido el Nobel de literatura, pero que es sin duda uno de los autores más leídos en el mundo. Cada nueva novela suya abarrota librerías y es devorada por sus fans.
Es el caso de su más reciente entrega La ciudad y sus muros inciertos. Obra que no defrauda por sus atmósferas que envuelven en otros mundos y son capaces de redimensionar la realidad al más puro sello de la casa Murakami con melancolía, amores imposibles y una profunda soledad.
La ciudad y sus muros inciertos es la historia de un joven y una joven que se conocen al final de la adolescencia. Participan en un concurso escolar y la personalidad retraída de ambos los hace sentirse atraídos. Pero, como es Japón y Murakami las cosas nunca serán sencillas; su atracción tendrá que vencer la timidez, la cultura japonesa y la distancia de vivir en distintas cuidades. Sin embargo, comienza a haber entre ellos un extraño lazo que cada vez se va entretejiendo con más fuerza: la escritura. La lejanía los hace mandarse cartas y allí es donde se van conociendo con más fuerza, acaso, me pregunto si no de manera más profunda que tocándose físicamente a la manera de Louise y Gustave. Pues la fuerza del cuerpo ciega el tacto que puede haber entre dos espíritus e imposibilita tocar y observar el interior.
Su comunicación epistolar es tan profunda que cuando se encuentran comienza a pesar cada vez más entre ellos la escritura, pues la chica le dice en algún momento, cuando están frente a frente, que hay una ciudad amurallada, ellos la ven al fondo, pero existe sobre todo en sus cartas, en esa ciudad, dice ella, está su verdadero ser. Agrega que a quien ve en ese momento, no es real sino una imitación; que su versión auténtica se encuentra dentro de esa ciudad amurallada, habitada por unicornios y seres sin sombra, a la cual él, el enamorado, debe ir para hablar con la versión auténtica de la chica. La misión de él es entrar a esa ciudad, ir a la biblioteca, acercarse a la chica para decirle que él es un lector de sueños, deberá despojarse de su sombra e ir aproximándose poco a poco a ella para hacerse lo más cercano posible. Todo esto es difícil, porque para la versión auténtica de ella que vive en la ciudad amurallada, él es un completo desconocido.
Con esta entrega Murakami demuestra que es el gran autor de un solo libro, su obra se consolida en cada novela. Es preciso amarlo u odiarlo, no hay puntos medios en este autor que es capaz de cambiar la realidad con cada una de sus novelas y que, con La ciudad y sus muros inciertos deja claro que el amor más profundo es la imaginación y la pasión que se consolidan con la escritura.
Haruki Murakami, La ciudad y sus muros inciertos, Ciudad de México, Tusquets, 2023. 560 páginas.
Gurnah Abdulrazak: hemos venido aquí a civilizarlos
El pensamiento tiene la costumbre de distinguir: esto pertenece a este grupo y esto a aquél. La crítica literaria consecuencia del pensamiento hereda ese hábito de separar o unir corrientes. Por lo tanto, en el presente se pueden encontrar a grandes rasgos dos tipos de obras literarias cuando se entra a una librería: las que funcionan por sí mismas, por su estilo, la fuerza de su trama y personajes, libros autónomos, se puede decir; y las que están conectadas directamente con el presente, con los cambios ecológicos, movimientos sociales y políticos, las que se pueden llamar postautónomas, según Josefina Ludmer. Obras que, por supuesto, no carecen de estilo, trama y personajes, pero que su atractivo, en estos días precisos, consiste en la agencia política a la que se adecuan. Lectoras y lectores ya no son solamente exégetas de corrientes literarias; ahora también son activistas.
Entonces, hay obras radicales que buscan ubicarse en lo más puro de la literatura, que su estilo, trama y personajes sean tan potentes que logren ser completamente autónomas a la realidad. Mientras que hay otras que se ubican en el polo opuesto y su búsqueda más potente es hacer de manera activa una denuncia. Claro que no todas las obras son radicalmente lo uno o lo otro, quizá más bien se muevan en el rango hacia el centro la mayoría: conectadas con el presente que al mismo tiempo buscan una gran fuerza de estilo trama y personajes. En ese potente y complicadísimo punto medio, reservado a los genios y genias, se encuentran varias de las y los más recientes Premios Nobel de Literatura.
Es el caso prominente y deslumbrante de Abdulrazak Gurnah (Zanzíbar, 1948) a quien le fue otorgado el premio sueco en el 2021. Conjunta de manera única humor, frivolidad, paternidad, amor, sensualidad, estallidos sociales, historia, colonialismo, oriente, occidente y un largo etcétera, en obras que van directo a las entrañas e intelecto.
La primera novela que leí de Gurnah fue A orillas del mar, me sorprendió porque no era para nada lo que me esperaba al leer las reseñas. Da un giro de humor y frescura a temas tan brutales como el colonialismo. Recuerda a otra autora del mismo continente, a Chimamanda Ngozi Adichie, quien está dotada de ese talento único para en un libro tocar con humor y frescura temas como el racismo y clasismo; para al siguiente cambiar de tono y con un estilo avasallador denunciar y contar la historia de su país. Es el caso preciso de La vida, después, de Gurnah, quien en esta novela cuenta la historia de Tanzania durante la primera parte del siglo XX en la cual fue codiciada por Alemania, Inglaterra, Francia, Bélgica y Portugal, países que se dividían y peleaban el África Oriental para saquearla y explotarla al máximo; invadían de manera impune cualquier territorio sin el mínimo grado de humanidad hacia sus pobladores y que, además, decían que habían llegado para civilizarlos.
Bajo este duro escenario, Gurnah tiene el talento para contar historias de una belleza estremecedora. Las diferentes vidas de algunos habitantes de Zanzíbar y alrededores que no se revictimizaban, ni lamentaban; sorteaban sus vidas, unos en el ejército, otros comerciantes y, en el caso de las mujeres, en el núcleo apretado de sus barrios y espacios domésticos.
Gurnah demuestra, como los grandes novelistas, que entre todas estas historias de violencia, la vida sigue; sus personajes habitan sus páginas con dignidad: ese es uno de los valores más potentes de este autor, que mientras el mundo se viene abajo, hay personas que resisten con humildad.
La vida, después, tiene esa fuerza de ser más que un bello relato que cuenta y hace tomar conciencia de momentos brutales de la humanidad. La novela es una experiencia de vida que, al leerla, se tiene la esperanza, el deseo, de ser una mejor persona.
Abdulrazak Gurnah, La vida, después, Ciudad de México, Salamandra, 2022. 350 páginas.
Ali Smith: revelar la primavera interior
Ali Smith (Inverness, 1962) es una autora británica que suena para el Premio Nobel. Sucede que su escritura mezcla elementos que la hacen particularmente confrontante y original, pues por un lado es una obra comprometida, escribe sobre asuntos sociales como el activismo por los derechos laborales y sobre temas políticos como el Brexit; al mismo tiempo que construye una obra planeada como un diseño arquitectónico, ya que se ha hecho célebre por su tetralogía sobre las estaciones del año llamada Cuarteto estacional.
Hasta ahora he leído Otoño ?y me pareció una novela melancólica, ligera y muy literaria, con una prosa casi táctil y personajes que parecen seguir viviendo fuera de las páginas del libro. Y recientemente leí Primavera que me ha resultado deslumbrante por la capacidad de tocar diferentes asuntos en una misma trama que, por momentos, apenas y se rozan las historias. Todos tratados de manera original, revelando primaveras sorpresivas.
Una de las tramas es la de Brit, una joven activista que, de manera natural, casi mágica logra en las empresas lo que nadie: baños limpios y mejores condiciones laborales en general. Lejos de un conservadurismo la activista no vive en un mundo puro, sino más bien sabe con quienes trata, dice: “qué más da, si al final nadie va a escuchar ni le importa lo que piensen los demás, a menos que piensen y crean lo mismo que ellos”.
La otra historia sucede a manera de marco, pues otros personajes la leen, es la historia de amor, momentánea, intelectual y apasionada entre la escritora neozelandesa Katherine Mansfield y el poeta bohemio Rainer María Rilke, quienes se encontraron en Suiza y vivieron un amorío, y lo mejor es que una dejó sus diarios de esos días, en donde estaba con tuberculosis, moribunda, pero con un gran sentido del humor resaltado por una brutal inteligencia; y el otro que dejó hermosos poemas de esos días. Todo esto lo sabemos por uno de los personajes, Richard Lease, quien leyendo un guion, diarios y poemas se entera de todo esto. Es la historia de un hombre, Richard, que recientemente ha perdido a su mejor amiga. Es aquí en donde la novela se vuelve fenomenal. Pues el duelo normalmente es vacío y doloroso, pero Smith tiene la fuerza de transformar estos sentimientos. Lo hace cuando el personaje comienza a leer cartas de esa mejor amiga perdida y recuerda sus momentos juntos. El sentido del humor ante todo era el centro de su amistad; en ser siempre lo suficientemente listos para no tomarse en serio. Recuerda el personaje, por ejemplo, las veces en que su amiga y él llegaron a tener sexo. La primera vez fue la experiencia tan mala que tuvo que pasar mucho tiempo para que se volvieran a animar; y la segunda vez fue muy buena y por consecuencia decidieron no arruinar ese buen recuerdo volviéndolo a hacer.
La novela va reconstruyendo una amistad, esos momentos tristísimos que pueden convertirse en alegría cuando se recuerda la originalidad de una persona. El personaje recuerda una etapa triste de su vida cuando no podía ver a su hija, a lo cual su mejor amiga le dijo que hiciera como si estuviera con ella, que fuera al teatro, al cine y al zoológico como si la llevara, aunque fuera solo. Al principio le pareció una locura, pero se sorprendió que funcionara: hacer cosas para su hija, y la idea de su presencia, sin que ella estuviera físicamente, lo ayudó muchísimo, al grado que mientras recuerda a su mejor amiga está charlando con la versión imaginaria de su hija que es parte de su presente.
La escritura de Ali Smith está lejos de los lugares comunes, talento infrecuente que sólo tienen plumas maestras para tocar la realidad, mostrarla y aún lo mejor: encontrar la luz en lo oscuro, la alegría en la tristeza; desdoblar la primavera interior que habita en la originalidad para contar una historia.
Ali Smith, Primavera, Madrid, Nórdica, 2021. 279 páginas.
Paul Auster: hay otros mundos, pero están en este
Hay autores que se vuelven la inspiración de una generación, pienso en Julio Cortázar, Gabriel García Márquez o Milan Kundera. Pues sus obras han sido clave en la decisión de varias personas, no sólo para volverse lectoras, también han sido definitivas para animarse y dar el osado paso de volverse escritoras. Es el caso, por supuesto, de Paul Auster (Nueva Jersey, 1947), quien a inicios de este siglo era el autor obligado para quienes devoraban un libro tras otro y querían escribir.
Sucede que Paul Auster es parte de sus libros, no sólo por haberlos escrito sino porque en ellos siempre hay algo de él. El caso, por ejemplo, de una de sus novelas de La trilogía de Nueva York, Ciudad de cristal; un personaje misterioso se llama Paul Auster y cuando lo van a ver, resulta que se trata de un escritor que en ese momento tiene una pluma en la mano. Es un homenaje a Cervantes: un divertido juego de metaficción que hace pensar que quizá esa persona con la pluma en la mano está escribiendo precisamente la historia que leemos. O que es probable que nuestras vidas estén siendo decididas en este justo momento por alguien que esgrime un bolígrafo.
Auster ha escrito más de una decena de novelas, algunas muy célebres como El palacio de la luna o La invención de la soledad, por tan sólo citar algunas. Una gruesa compilación con su poesía, ensayos, guiones cinematográficos y textos autobiográficos. Hay una constante en la mayor parte de su obra: el hombre solitario neoyorquino, obsesionado con su padre o su hijo, flâneur, amante y crítico de su ciudad; abandonado, viudo, melancólico con spleen y siempre escribiendo en un pequeño cuarto.
Hasta antes de su más reciente entrega, Baumgartner, adentrarse en los libros de Paul Auster era entrar en la cotidianeidad del citadino moderno con su vida monótona feliz o infeliz que un día se ve trastocada y transformada definitivamente por el azar. Esa obsesión total de Auster, lo que puede pasar sin ninguna causa y sentido que cambia nuestras vidas para siempre de un momento a otro. Es entonces cuando Auster es el maestro de la extrañeza, de estar en este mundo para descubrir que nada es para nada lo que pensamos. Que la pérdida es tan contundente que aquello que considerábamos parte intrínseca de la vida, padres, hijos y amigos, no es otra cosa que un milagro. Que más bien el caos, el sinsentido y la soledad son la vida. Ese es el gran talento de este autor. La fuerza para demostrar que cada edificio, calle o árbol son extraños, únicos, originales según los observemos; es posible ver en sus libros la grieta brutal en donde la cotidianeidad se puede volver tan fabulosa y extraña como estar en Marte. Pero con Baumgartner da una vuelta de tuerca a su obra.
En años recientes se supo que Auster, el héroe de toda una generación, ha padecido un tortuoso cáncer que ha llevado con estoicismo. Para fascinación de quienes disfrutamos de sus libros nos enteramos que el año pasado sacó la novela mencionada y fuimos felices. Con Baumgartner nos tenía preparada una sorpresa muy especial, pues la trama del libro es exactamente la misma de sus constantes: un hombre viudo, intelectual, de New Jersey… atrapado en una profunda soledad. El asombro al leer esta novela es que Auster no recurre a sus dominados artificios literarios de atmósferas de extrañeza; el libro parece escrito por otro autor. Ya no hace falta que intervenga el azar para transformar nuestras vidas, sino que es el propio paso del tiempo el que nos va a transformar en viejos de manera ineludible, y, entonces todo será diferente. Auster descubre que la soledad, la viudez, el dolor, la vejez y la desesperación no dependen de la suerte, sino que nos acechan a todos.
De manera natural, porque las paradojas son parte intrínseca de la literatura, lo que hay en este libro es amor, juventud, deseo, libros, poemas y amistad. Todos esos mundos que están en este y nos ayudan a sobrevivir el futuro.
Paul Auster, Baumgartner, Ciudad de México, Seix Barral, 2024. 261 páginas.
