En Guerrero se violan constantemente los derechos humanos y no hay justicia, dice la Codehum ante abogados

El presidente de la Comisión Estatal de Defensa de los Derechos Humanos (Codehum), Ramón Navarrete Magdaleno dijo que los ataques del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, durante los que fueron desaparecidos 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa mantienen al estado “en el ojo mundial”.
Expuso que en Guerrero se violan los derechos humanos de manera constante y que las autoridades han descuidado la impartición de justicia, aunque también expresó que los guerrerenses no son los mejores a la hora de resolver los conflictos.
En la sesión del Colegio de Licenciados y Posgraduados en Derecho del Estado de Guerrero Julio César Hernández Serna en la que se nombró a los representantes de Chilpancingo, Navarrete Magdaleno expuso la ponencia Los Derechos Humanos en el Estado de Guerrero, en la que resaltó los más de 500 desaparecidos y recordó la noche del 26 de septiembre de 2014, cuando supo sobre los ataques en Iguala.
Denunció que en el estado no se cumplen los derechos básicos ya que en el tema educativo, los habitantes de las comunidades marginadas del estado no cuentan con escuelas cercanas, mientras que en salud el servicio no es gratuito si no que se cobra a los trabajadores mediante seguros médicos, tampoco se garantiza el derecho a la seguridad y a la paz, ya que de manera constante ocurren hechos violentos.
Dijo que la Codehum se creó hace 20 años con sustento constitucional, contrario a otro tipo de comisiones que eran del gobierno, además de que cuenta con “características únicas” como la Comisión del Ministerio Público.
Expuso que en Guerrero “deberíamos estar más adelante en el estudio de derechos humanos y no enfrascados en casos que nos llevan tiempo”, ya que la Codehum no cuenta con suficientes abogados como para resolver todos los casos de manera inmediata, aunque ha disminuido el número de quejas.
Dijo que cuando hay choques entre manifestantes y policías en alguna protesta, la Codehum tiene que escuchar a las dos partes, pero la versión de los uniformados es distinta a la de los inconformes, por lo que tiene que hacer una investigación de fondo para determinar qué fue lo que pasó.
Luego dijo que en Guerrero la violación a los derechos humanos es histórica y señaló como íconos de la omisión de los derechos la matanza de Aguas Blancas, el caso Ayotzinapa en el 2011 y luego en el 2014, el asesinato del líder guerrillero Lucio Cabañas, la desaparición del líder del Movimiento Revolucionario del Magisterio Jacob Nájera Hernández, y del líder social de Atoyac Rosendo Radilla Pacheco durante la guerra sucia que dejó más de 500 desaparecidos.
Navarrete Magdaleno recordó que estuvo en el acto del perdón en Atoyac en noviembre de 2011, cuando el Estado Mexicano reconoció su responsabilidad en la desaparición de Radilla Pacheco, pero “un perdón nunca será suficiente”.
En la ronda de preguntas se le pidió a Navarrete Magdaleno que mencionara cuál era el caso más representativo en la omisión de los derechos humanos en Guerrero, a lo que contestó que, pese a que evitar hablar Ayotzinapa en los foros de discusión porque es reiterativo su discurso, la desaparición de los 43 normalistas “nos ha marcado”.
Recordó que la noche del 26 de septiembre estaba cenando solo cuando supo de los ataques en Iguala, y de inmediato fue al lugar de los hechos, “en un arranque inexperto” ya que apenas 8 meses antes había asumido la presidencia de la Codehum”.
Dijo que acompañó a los normalistas y documentó los casos de los desaparecidos, pero hace más de dos años que no se esclarecen los hechos.
Agregó que hay quienes consideran que no debe haber más reformas a la Constitución, mientras que otros opinan que se debe crear una nueva, luego reflexionó “si el 90 por ciento de la población no la conoce (la Constitución) ¿para qué crear otra? Hay millones de mexicanos esperando justicia y paz”.
La sesión se llevó a cabo en el Salón Cuicalli y estuvo el presidente del Colegio de Licenciados y Posgraduados en Derecho del Estado de Guerrero Julio César Hernández Serna, Hugo Hernández Martínez, y unos 30 integrantes de esa organización.

Indemniza el gobierno a familiares de víctimas de Aguas Blancas tras 21 años de la masacre

 

 
En una reunión privada en el salón de la República de Casa Guerrero el gobernador, Héctor Astudillo Flores firmó el convenio para cumplir con la reparación integral de daños a familiares de las víctimas de la masacre de Aguas Blancas.
Ante la presencia del director de Atención de Casos de la Unidad para la Defensa de los Derechos Humanos de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación (Segob), Iván Gutiérrez, así como el presidentes de la Comisión de Defensa de Derechos Humanos (Codehum), Ramón Navarrete Magdaleno, y el secretario general de Gobierno, Florencio Salazar Adame, fuera de la agenda de actividades oficiales que Comunicación Social distribuye se hizo la entrega del dinero (cheque) correspondiente a las indemnizaciones para la reparación del daño a que se obliga el gobierno.
La entrega del dinero a los deudos de las víctimas de la masacre de Aguas Blancas se difundió a través de un tweet de la cuenta oficinal del gobernador cuyo texto anunciaba “Hoy hemos cerrado un ciclo. Después de los 20 años fueron atendidos debidamente los familiares del caso Aguas Blancas”.
En este primer tweet se muestra una fotografía en donde el gobernador se dirige a los familiares que estuvieron presente, así como aparece el fiscal general del estado, Xavier Olea Peláez y el subsecretario de Gobierno de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos, David Sotelo Rosas.
En un segundo mensaje en la misma cuenta de Twitter, el gobernador Astudillo Flores informó que se está ateniendo la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), por lo que se firmó el convenio de reparación integral de daños del caso Aguas Blancas, cuyo monto no se dio a conocer.
Como se recordará, el 28 de junio de 1995 en la sierra de Coyuca de Benítez, cerca del poblado de Aguas Blancas, fueron asesinados 17 campesinos y otros 21 fueron heridos por agentes de la Policía Motorizada y Judicial del Estado que pusieron un retén por órdenes del entonces gobernador Rubén Figueroa, para impedir una manifestación de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS).
Los campesinos se dirigían a Atoyac a exigir la presentación con vida de uno de sus compañeros, Gilberto Romero Vázquez, que estaba desaparecido, además de fertilizantes, láminas de cartón, despensas, herbicidas para familias pobres de comunidades de cinco municipios.
Más de 400 policías esperaban para detener a los campesinos en el vado del río de Las Hamacas, a 3 kilómetros de Aguas Blancas, encabezados por los principales funcionarios del área policiaca del gobierno del estado.
Figueroa ordenó la operación policiaca en el vado de Aguas Blancas que tenía como uno de sus objetivos a Benigno Guzmán, a él lo buscaban policías que participaron en la emboscada a los campesinos.
Por otro lado, a las 8:30 de la noche fue publicado en el portal oficial del gobierno del estado el comunicado en el que se detalló que se firmó el acta de cumplimiento y de reparación de daño, con lo que cumple con el informe del fondo 49/97 de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) y de la recomendación 104/1995 de la CNDH.
En el comunicado se informó que el gobernador calificó como un paso importante el cumplir con la promesa de apoyar a las familias, “estamos cumpliendo, fue algo que lastimó mucho a Guerrero”.

Sobrevivientes y viudas de Aguas Blancas protestan en Acapulco; exigen indemnización

 

Viudas y sobrevivientes de la masacre de Aguas Blancas hicieron una parada en la glorieta de la Diana Cazadora en la costera de Acapulco, para exigir al gobierno del estado la indemnización para 63 familias.
La parada fue de 40 minutos, participaron 10 familiares de las víctimas del 28 de junio de 1995, portaron una lona donde se leía “21 años de impunidad, masacre de Aguas Blancas. Gobierno asesino que mata a campesinos”.
En declaraciones la abogada de las familias, Wendi García Guajardo dijo que hace un mes se reunieron con el subprocurador de Derechos Humanos de la Procuraduría General de la República (PGR), Roberto Campa Cifrián, quien se comprometió a interceder ante el gobierno del estado para que las familias de las víctimas fueran atendidas por la autoridades del estado.
La abogada dijo que en tres ocasiones el gobierno del estado ha dado largas a las reuniones y no se han hecho, algunos sobrevivientes están muriendo, otros integrantes de familias de las víctimas están enfermos y la reparación no ha llegado a 21 años de los acontecimientos donde la extinta Policía Motorizada mató a 17 campesinos e hirió a otros 23 cuando se dirigían a una protesta a Atoyac.
La abogada afirmó que el gobierno “no se está haciendo responsable, está dando evasivas para la indemnización”. Al lugar asistió el visitador de la Comisión Estatal de Defensa de los Derechos Humanos (Codehum) en Coyuca de Benítez, Jorge Alberto Rosales Díaz.
Los manifestantes se trasladaron a las oficinas de la Promotora Turística en el bulevar de las Naciones donde serían atendidos por el asesor del gobernador, César Flores Maldonado.

Dan un nuevo cargo a Orlando Soberanis, quien estuvo en la cárcel por Aguas Blancas

 

El ex “agente especial” de Gobernación del estado, Orlando Soberanis, quien fue encarcelado tras la matanza de Aguas Blancas, fue designado coordinador encargado de Gobernación estatal en la zona centro del estado, en sustitución de Dante Apátiga.
Soberanis Moreno era agente de Gobernación y chofer de la Policía Motorizada en 1995 cuando el 28 de junio de ese año ocurrió la masacre de los 17 campesinos en el vado de Aguas Blancas, municipio de Coyuca de Benitez y fue sentenciado a 8 meses, 7 días y 12 horas de cárcel por el delito de falsedad en declaraciones ante autoridad por el abandono de sus responsabilidades en ese sangriento episodio.
En la página de Internet del Gobierno del estado aparecía como jefe de Departamento de Norma-tividad, Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobierno.
Dante Apátiga fue cambiado a la Montaña Baja con cabecera en Chilapa.
En la zona centro del estado la actividad política se concentra y los representantes del gobierno del estado se tienen que desplegar para cubrir las movilizaciones de las agrupaciones sociales, y asimismo entre los grupos que acuden al Palacio de Gobierno a gestionar la solución de sus demandas.

Marchan en el 21 aniversario de la matanza de Aguas Blancas y llaman a la unidad

aguas blancas
Foto: Jesús Trigo
Unos 500 integrantes de organizaciones sociales, encabezados por algunos padres de normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, participaron en una marcha para conmemorar los 21 años de la masacre de los 17 campesinos en el vado de Aguas Blancas.
Aproximadamente a las 10:30 de la mañana marcharon desde el poblado de Aguas Blancas al vado del mismo lugar donde ocurrió la masacre e hicieron un mitin.
Durante los mensajes de los participantes, convocaron a la unidad de las organizaciones sociales porque “la división solo favorece al gobierno”,  y recriminaron que a 21 años de la masacre no se haya castigado a los responsables y estos continúen en la impunidad.
A nombre de los padres de los normalistas desaparecidos Emiliano Navarrete convocó a seguir unidos y respaldarse como organizaciones “porque separados nos matarán”.
La dirigente de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS)  Norma Mesino dijo que siguen demandando justicia a 21 años de la masacre y manifestó su solidaridad a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y pidió luchar juntos para echar abajo la reforma educativa.

Sigue la clase represiva en el Poder Judicial, dice el abogado de las viudas de Aguas Blancas

 

El abogado de las viudas de la masacre de Aguas Blancas, José Sánchez denunció que en la estructura de gobierno “se mantiene la clase rancia con actitud represiva”, ante la posibilidad de que el notario público, Robespierre Robles Hurtado sea magistrado del Poder Judicial.
El notario propuesto como magistrado por el gobierno del estado en el Congreso local, es hijo del fallecido José Rubén Robles Catalán, secretario general en el periodo de Rubén Figueroa Alcocer, cuando ocurrió la masacre del 17 de junio de 1995 en Aguas Blancas, perpetrada por policías estatales.
En entrevista telefónica, dijo que ven con preocupación que la vieja clase política está llegando a ocupar puestos de gobierno, porque el notario representa los mismos intereses de su padre; a los dinosaurios viejos de PRI.
El representante de las viudas dijo que nunca se castigó a nadie ni se deslindaron responsabilidades por la muerte de 17 campesinos, por esa razón se repitió la masacre de El Charco en 2000, así como los asesinatos y la desaparición forzada de 43 normalistas de Ayotzinapa en 2014. Ahora se dice que su hijo podría ser presidente del Poder Judicial.
Por otro lado, denunció que la subsecretaria de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobierno, Norma Saenz los citó ayer en la tarde en Palacio de Gobierno, y cuando llegaron encontraron las oficinas cerradas porque no hubo labores.
Recriminó que la funcionaria no haya tenido la atención de avisar a los familiares que no habría labores. Al buscar al enlace de Organizaciones, César Flores Maldonado, éste ni siquiera les atendió la llamada, contestó su secretario particular.
Ayer no fue un día inhábil, pero se dio el día a los trabajadores por acuerdo del sindicato. El luchador social dijo que encontraron una mala actitud de funcionarios de la nueva administración, “nos están desgastando, las viudas y sobrevivientes son gente muy pobre”.
Consideró que es un movimiento que ha sido muy reprimido y masacrado, pero que pide calma sin perder sus principios, debe ser atendido con dignidad. Demandó una mesa con el gobernador Astudillo Flores o con el secretario general de gobierno, Florencio Salazar Adame.
Recordó que a 17 años de las recomendaciones que emitió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por el caso de Aguas Blancas, no se han cumplido, tampoco no hay atención a las víctimas ni castigo a los culpables.
Agregó que, las víctimas a la fecha reciben sólo una mensualidad de 4 mil 800 pesos, y siguen viviendo en pobreza.

Denuncian deudos de Aguas Blancas que desde hace un año Zeferino se niega a recibirlos




Viudas, deudos, familiares y sobrevivientes de la masacre de Aguas Blancas denunciaron ayer que el gobernador Zeferino Torreblanca Galindo se ha negado a otorgarles una audiencia, para demandarle directamente una respuesta a su pliego petitorio que entregaron hace un año.
En otro momento, llamaron a los electores de los distritos 04 y 09 de Acapulco, para que no voten por los candidatos del PRD, Ramón Almonte Borja y César Flores Maldonado, pues afirmaron que éstos exoneraron y protegieron a los autores intelectuales de la matanza de los campesinos del 28 de junio de 1995.
Propusieron hacer lo mismo con el candidato en el distrito 07 con sede en Chilpancingo, Carlos Sánchez Barrios, por haberles negado apoyo con proyectos productivos para los familiares, cuando éste fue secretario de Desarrollo Social.
De acuerdo con el abogado de los afectados, José Sánchez Sánchez, a más de un año de que asumió el cargo como gobernador, Torreblanca “no ha querido recibirnos, hemos solicitado audiencia tras audiencia y nada, sólo nos atienden funcionarios de menor nivel que no dan respuesta a nuestros demandas”.
“Queremos que nos reciba directamente el gobernador, para que nos escuche y resuelva nuestro pliego petitorio, que ya entregamos en sus oficinas”, indicó.
Precisó que entre las cosas que buscan plantear está el que siga su curso la investigación de la masacre y sean “castigados los autores intelectuales y se indemnice a los familiares, deudos y viudas, conforme a derecho. Pedimos una audiencia urgente”.
Acompañado de una veintena de campesinos, José Sánchez dijo que por separado, sus representados están convocando a los electores de los distritos 04 y 09 de Acapulco, así como del 07 de Chilpancingo, “para que no voten por los candidatos del PRD, porque no es posible que hayamos luchado para que saliera el PRI del Palacio de Gobierno y ahora estemos apoyando a priístas disfrazados”.
José Sánchez aclaró que dicho llamado es sólo para éstos, “más no para (el candidato Por el Bien de Todos) Andrés Manuel López Obrador, con los otros que la gente decida, pero lo más correcto es que se abstengan de votar por ellos. No podemos hablar de democracia si el caso Aguas Blancas no se ha resuelto”.

Campesinos y sobrevivientes de Aguas Blancas, en un retén informativo en Coyuca de Benítez

Rocío Luna Castro

Viudas, deudos y sobrevivientes de la masacre de Aguas Blancas, miembros de la Organización Popular de Productores de Costa Grande y ejidatarios de Lomas de Chapultepec, hicieron ayer un retén informativo en la carretera federal Acapulco Zihuatanejo, en Coyuca de Benítez, donde entregaron volantes a conductores, y se manifestaron pacíficamente en contra de la represión en San Salvador Atenco.
Además exigieron la libertad del dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), Ignacio del Valle, que el pasado jueves fue recluido en la cárcel de máxima seguridad La Palmar (Almoloya), así como de cerca de 200 detenidos.
El asesor jurídico viudas, deudos y sobrevivientes del caso de aguas Bancas, José Sánchez dijo que el retén informativo de este domingo es parte de las acciones de La Otra Campaña, coordinadas a nivel nacional.
Asimismo dijo que se solidarizan con la coronela Aurora del Ejercito Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), Gloria Arenas Agís, quien el 5 de mayo se declaró en huelga de hambre exigiendo la liberación de los presos políticos de San Salvador Atenco.
El dirigente de Organización Popular de Productores de Costa Grande –formada con campesinos que pertenecieron a la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS)–, Luis Olivares Enríquez explicó que el jueves las organizaciones tuvieron una reunión en Agua Caliente “donde se programó por Internet una acción simultánea a nivel nacional en apoyo a los presos de Atenco, con la finalidad de “parar la represión y que vea el gobierno también que hay respuesta a nivel nacional”.
Comentó que las organizaciones que participaron en el retén en Coyuca de Benítez son parte de La Otra Campaña, y el 16 de abril, durante la gira del subcomandante Marcos, se reunieron con él en la trituradora que los campesinos tienen tomada, en la carretera a Aguas Blancas, y ahí se habló de la unidad de los movimientos.
Por su parte el dirigente del Ejido de Lomas de Chapultepec, Lauro Torres Valeriano, dijo sobre la represión en San Salvador Atenco: “No estamos de acuerdo, no aceptamos ese tipo de gobierno no se vale valerse de la ocasión, no porque tengan el poder en sus manos hagan de él lo que a ellos se les venga en gana”.
Hizo una llamado a la “no represión”, y recordó que los campesinos de Lomas de Chapultepec fueron despojados de 940 hectáreas, que pasaron al Fideicomiso Fondo Nacional de Fomento Ejidal (Fifonafe).
José Sánchez dijo que enviará un documento tanto al dirigente estatal del PRD, Sebastián de la Rosa, como al dirigente nacional, Leonel Cota Montaño, recordándoles los principios y las condiciones con las que nació el partido y que “no se están cumpliendo”, porque donde gobierna el PRD se vive un “régimen represor”.

 

Plantón de viudas y deudos de Aguas Blancas para exigir indemnización y becas

Teresa de la Cruz Chilpancingo

Viudas, deudos y sobrevivientes de la masacre de Aguas Blancas, se plantaron ayer afuera del Palacio de Gobierno, en demanda de que el gobernador, Zeferino Torreblanca Galindo nombre a una comisión de funcionarios para que comience a fijar el monto de la indemnización que ofreció entregar la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) para reparar el daño.
Asimismo, pidieron el pago inmediato de las becas para los hijos de los 17 campesinos asesinados y las pensiones que recibían las viudas y sobrevivientes, porque desde hace un año, la actual administración les retuvo ese recurso.
Cerca de las 10 de la mañana de ayer, poco más de medio centenar de viudas, familiares, viudas y sobrevivientes de la matanza del 28 de junio de 1995, llegaron a la sede del Poder Ejecutivo y se plantaron en la entrada principal hasta que una comisión fue atendida por el subsecretario para Asuntos Políticos, Guillermo Ramírez Ramos y por el coordinador de Enlace con Organizaciones Sociales, Rubén Ponce.
Entrevistado antes de ese encuentro, el abogado, José Sánchez Sánchez dijo que a propuesta del secretario particular de Torreblanca, Julio Ortega, Aguirre Ponce y Ramírez Ramo, debía de dar una respuesta a su petición del pago de becas y pensiones.
Sin embargo, afirmó que decidieron plantarse para que el gobernador nombre a una comisión de funcionarios estatales que se encarguen de determinar el monto que habrán de recibir sus representados, por concepto de indemnización, porque la Femospp dijo que estaba dispuesta a pagar.
Luego de la reunión, dijo que los funcionarios estatal es se comprometieron que entregarán proyectos productivos a los sobrevivientes y viudas; en tanto que la próxima semana les avisarán cuándo los atenderá personalmente el gobernador.

Amplio espacio a la matanza de Aguas Blancas en un libro de ex corresponsales del New York Times

 

 En Estados Unidos y Canadá comenzó a circular el libro Opening Mexico. The making of a democracy, que puede traducirse como La apertura en México. La construcción de la democracia, de los periodistas Julia Preston y Sam Dillon, que le dedican un amplio espacio a la matanza de Aguas Blancas.

Entre 1990 y 1995 ambos fueron corresponsales en México del influyente diario estadunidense The New York Times, y ganaron el prestigioso premio Pulitzer por un polémico trabajo sobre el narcotráfico en México.

Platiqué con Julia varias veces por teléfono, y Sam vino a Acapulco en un par de ocasiones en las cuales me hizo preguntas en torno a la matanza de Aguas Blancas y sobre Guerrero, lo mismo que a la reportera Maribel Gutiérrez.

Sam Dillon atendía, además, a diversas iniciativas de periodistas mexicanos para analizar la situación de nuestro oficio. Siguió de cerca la creación de la, a la postre efímera, Sociedad de Periodistas, en la que partipé junto con Jesús Blancornelas, Raymundo Riva Palacio, Jorge Zepeda Patterson, Rossana Fuentes-Beraín y varios compañros del gremio. Para su despedida del país, Preston y Dillon organizaron un reven en la casa de la Corresponsalía en las Lomas de Chapultepec, en la que vi a mis amigos de los albores de La Jornada: el reportero Víctor Avilés –el coordinador de Comunicación Social del IFE en los tiempos de Woldenberg et al.; el fotógrafo Pedro Valtierra, quien mantiene en lo alto a su agencia Cuartoscuro; al reportero Ignacio Rodríguez Reyna, ahora director general editorial adjunto de El Universal, y director general de La Revista; y a Viétnika Batres, quien me introdujo –jovencísima en 1985– en el arte de la corrección de galeras –mi primer trabajo en un periódico– y que está ahora asimismo en La Revista con Nacho.

También estaban el ya mencionado Jorge Zepeda y Dennise Dresser, y la comunidad de corresponsales extranjeros.

Nuestro articulista Cuauhtémoc Sandoval Ramírez –quien por su trabajo en el área de relaciones internacionales del CEN del PRD viaja seguido a Estados Unidos– nos regaló un ejemplar del libro de Preston y Dillon. Es una obra periodística, dirigida a un amplio público estadunidense más que a los académicos. No he tenido oportunidad de leer completo un libro que será de lectura obligada en el país ahora que se traduzca, por el perfil profesional de sus autores.

El mismo Cuauhtémoc Sandoval –siguiendo el dicho de con el remedio dar el trapito– se ocupó de enviar una traducción libre de la obra editada por Farrar, Straus and Giroux, con sede en Nueva York, de parte relativa a la matanza de Aguas Blancas. Aquí publicamos una primera parte, con una corrección adicional mía, incluidos los paréntesis y la nota final de contexto. (Juan Angulo Osorio).

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Le llamaban Aguas Blancas por el arroyo que fluía desde una presa enmalezada durante la temporada de lluvias y cruzaba el camino empedrado. Sólo en un país de campesinos tan pobres como los de las calurosas cuestas de la sierra de Guerrero, en donde cada pizca de tierra era examinada por campesinos para ver si había posibilidades de sembrar, un sitio tan solitario podría tener un nombre. La ciudad más cercano era Coyuca de Benítez, un pueblo pobre en donde los habitantes habían vivido por generaciones en un estado de levantamiento en contra del régimen del PRI. En los años 90 su resistencia había tomado la forma de un grupo llamado Organización Campesina de la Sierra del Sur (conocida por sus siglas en español como OCSS), la cual tuvo enfrentamientos con el gobierno por la posesión de la tierras, los salarios de los profesores, la violencia de la policía, la tala incontrolada, y arrestos arbitrarios de los ciudadanos que protestaban por cualquiera de las razones arriba mencionadas.

El gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa Alcocer fue otro verdugo del sistema: cuatro de sus ascendientes habían servido como gobernadores de Guerrero. Ellos regían al estado como si fuera un rancho y cuando en los años 70, un grupo de campesinos y maestros de escuela tomaron las armas en rebelión, Rubén Figueroa Figueroa, el cuarto y más poderoso de ellos, llamó a los militares y los aniquiló. Figueroa Figueroa viajaba alrededor del estado con un sarape y un sombrero de fieltro de ala ancha. Le gustaba que le tomaran fotos cargando su rifle junto a seis pistoleros antes de encontrarse con electores durante su recorrido.

Para resumir su doctrina antiinsurgente, Figueroa Figueroa solía decir: “Hay un dicho mexicano que dice que cuando tu matas a un perro rabioso, matas la rabia. Bueno, cuando tu matas a un guerrillero, matas a la guerra de guerrillas”. En una ocasión fue secuestrado por rebeldes (se refiere a la guerrilla de Lucio Cabañas) con quienes se había reunido para lograr una negociación de paz. El secuestro fue considerada como una traición que endureció la actitud de su hijo Rubén hacia los opositores al gobierno priísta.

Rubén Figueroa Alcocer, el más joven, guiaba su gobierno por el principio “mucha policía, poca política”, según el periodista Juan Angulo, uno de los pocos editores en el estado que se atreve a criticar regularmente a los Figueroa. A Figueroa Alcocer le gustaba pregonar como atributo que era compadre del presidente Ernesto Zedillo. Normalmente eso significaba que Zedillo había bautizado o era padrino de hijos de Figueroa o viceversa; pero en el caso del gobernador de Guerrero, parecía ser que Zedillo había asistido en una ocasión a una boda de la familia Figueroa. En todo caso, Zedillo nunca contradijo a Figueroa, y los líderes del PRI creían que el presidente admiraba en secreto lo que pensaba que era el toque especial de Figueroa, tan diferente al suyo.

En la mañana del 28 de junio de 1995, dos docenas de campesinos de la OCSS, junto con, tal vez, una docena de pasajeros, se agolparon en la parte trasera de una camieneta azul para ganado con el propósito de dirigirse a un pueblo cercano (Atoyac) para protestar. Al llegar a Aguas Blancas, encontraron el camino bloqueado por docenas de policías estatales en uniformes negros, armados con rifles de combate, quienes salían de los arbustos de los alrededores. La policía ordenó a los campesinos que se bajaran de la camioneta, y éstos comenzaron a brincar de la misma. De repente se escucharon tiros, y la policía comenzó a disparar. Entonces se inició un tiroteo con rifles, tan denso como si hubiera sido una explosión.

Al término del tiroteo, la sangre escurría de la camioneta, y cuerpos inmóviles yacían en el camino. Eran 17 los muertos. Otras 20 personas estaban heridas, algunas gravemente pero sobrevivieron, y otros tantos pasajeros no sufrieron heridas.

Los testigos dieron                                     detalles del tiroteo a los reporteros. Coincidían en que ninguno en el camión había disparado pistola alguna y que incluso, no iban armados. La policía había iniciado el fuego para matar, siguiendo una orden precisa. Los sobrevivientes reconocieron a algunos altos policías del estado y funcionarios de la Procuraduría entre quienes comandaron la operación. También vieron que Mario Arturo Acosta Chaparro, un general del ejército bien conocido por los campesinos por su papel en el aplastamiento de la guerrilla en la generación anterior, llegó en helicóptero para inspeccionar la escena después del tiroteo. Varios de los heridos también recordaron al hombre que se inclinaba hacia ellos no para ayudarlos mientras sangraban, sino para filmar sus heridas con una cámara de video.

Por la tarde, el gobernador Figueroa había mandado un comunicado a la televisión local y nacional, un video borroso apoyando su                                     relato de lo sucedido. El video muestra un hombre en camisa blanca, visto desde atrás, dirigiendo una pistola hacia un policía uniformado: el campesino del grupo radical, decía la voz que relataba. El video de Figueroa no incluye la película del verdadero tiroteo, pero tiene imágenes de campesinos muertos tendidos a lo largo del camino con pistola en mano. Figueroa dijo que él había enviado a la policía a Aguas Blancas para comprometer a los campesinos al diálogo y “disuadirlos de su misión” de asistir a la manifestación en contra del gobierno. El tiroteo había comenzado, dijo, con una “agresión” en contra de la policía.

En las primeras horas del día siguiente comenzó a deshacerse esa versión del gobernador. El Sol, un periódico de Acapulco, publicó dos grandes fotografías en su portada. Una a color, tomada por un fotógrafo del mismo periódico (Martín Gómez Muñoz), el primero en llegar a la escena, y que presentaba a un campesino asesinado extendido boca abajo en el lodo. La otra era blanco y negro del mismo hombre retratado horas después, pero en su mano ahora portaba una pistola. El Sol nunca se había caracterizado por sus reportajes críticos, pero en esta ocasión hasta sus complacientes reporteros se habían sentido ofendidos                                     y decepcionados por la acción de las fuerzas de seguridad.

La maquinaria del PRI se puso a trabajar para difundir la versión de Figueroa, sobornando a la prensa y hostigando a los testigos, cuyos relatos fueron enterrados rápidamente. Figueroa le entregó la investigación del caso a un fiscal que era su socio de negocios y que era comandante de la policía (Adrián Vega Cornejo). Este primer fiscal le dio carpetazo a la indagación en tres dias, arrestando a 14 policías del estado del rango más bajo y sustentando la tesis de que la policía había actuado para repeler el ataque.

El presidente Zedillo declaró que la masacre era un asunto de las autoridades del estado, y que, consistentemente con sus principios, él había prometido no interferir.

Fue entonces cuando Samuel del Villar se involucró en el asunto. Abogado y profesor de derecho con un doctorado en la Escuela de Leyes de Harvard, Del Villar había actuado desde 1988 como asesor legal de Cuauhtémoc Cárdenas y del PRD. Del Villar creía, al igual que Zedillo, que México necesitaba reforzar el dominio de las leyes, pero él había llegado a esa convicción decadas antes que el presidente. Cuando Del Villar regresó a México de Cambridge en 1971, a los 26 años, comenzó a pensar que la forma de cambiar a México era fortaleciendo a la Suprema Corte. Su mentor era Jesús Reyes Heroles, el distinguido político del PRI quien luego se convertiría en secretario de Gobernación.

Un día Del Villar le preguntó a Reyes Heroles: “¿Por qué no buscas ser el pesidente de la Suprema Corte?”. Imaginaba que un hombre brillante como Reyes Heroles podría jugar el papel de John Marshall en el siglo XIX en Estados Unidos, quien conquistó la independencia para el poder judicial y le dio influencia en la sociedad.

Pero Reyes Heroles únicamente se rió. “¿Estás loco?” le preguntó. “Estar en la Suprema Corte es estar en ningún lado, en el limbo”. Fue entonces cuando Del Villar se dio cuenta del escaso valor de la ley en la cultura mexicana.

Aunque Del Villar se unió al PRI, como comúnmente lo hacían los mexicanos ambiciosos, en los años 70 escribió una serie de ensayos sobre los efectos corrosivos del sistema autoritario sobre el tejido legal de la sociedad. Basándose en los escritos de Del Villar, Miguel de la Madrid lo nombró en un cargo como quien pudiera ser el primer zar anticorrupción en México. Pero el compromiso de De la Madrid con la causa pronto cesó y Del Villar dejó el gobierno federal. En 1988 se unió a las fuerzas de Cuauhtémoc Cárdenas, movido por el aire natural de probidad de éste.

Para 1995 Del Villar se había convertido en un disidente intelectual cincuentón, un fumador cuyas palabras se divulgaban                                     cuando se trataba de algún tema que lo intrigara. Como profesor, era filosófico y generalmente muy gracioso, pero en la práctica legal era notoriamente necio.

Designado por el PRD para representar a                                     las viudas de las víctimas, Del Villar viajó a Guerrero para entrevistar a testigos en las humildes casas donde vivían. En esa ocasión Del Villar concluyó que se estaba enfrentando a dos crímenes premeditados: asesinato masivo y encubrimiento, y que ambos probablemente involucraban al mismo gobernador Figueroa. “Lo que le hicieron a esos hombres fue un fusilamiento”, dijo del Villar, “una ejecución simple y llanamente”.

El 7 de julio presentó un reporte en la oficina del procurador general en la ciudad de México, tratando de persuadir a los    investigadores federales de que intervinieran en el caso. Su petición fue rechazada en cuatro días sin explicación alguna. Sin embargo, un mes después, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (creada en el gobierno de Salinas) publicó un reporte que apoyaba el punto de vista de Del Villar. La investigación probaba que la policía había sembrado pistolas a las víctimas, destruyendo la tesis de Figueroa de que las víctimas habían sido los agresores. La Comisión recomendó que el fiscal original de Guerrero fuera juzgado por encubrimiento. Pero se abstuvo de hacer cargos contra el gobernador Figueroa.

Los meses pasaron y varios fiscales especiales en Guerrero, todos nombrados por Figueroa, fueron y vinieron. Del Villar archivó cada petición, informe y queja que pudiera utilizar en el estado y en los tribunales federales, mostrando toda su imaginación legal para tratar de forzar a las autoridades de expandir la investigación y alejarla de la influencia de Figueroa. Viajó al estado alojándose en hoteles de los pueblos, reuniendo documentos e interrogando a testigos. Descubrió, por ejemplo, que Figueroa se había reunido en privado con empresarios de Guerrero en el Palacio de Gobierno dos días antes de la masacre, en donde dijo que tenía informes de inteligencia que indicaban que líderes de la OCSS estaban organizando clandestinamente una nueva guerrilla y que ésta se financiaría a ella misma mediante secuestros. Figueroa había asegurado a los empresarios que él estaba tomando medidas para enfrentar la amenaza.*

* Se refiere a una reunión reportada por el diario de circulación nacional El Financiero. En la nota de la reportera Claudia Villegas se destacaba la presencia en el encuentro del general Acosta Chaparro y del que fue poderoso secretario de Finanzas en el gobierno de José Francisco Ruiz Massieu, Edgar Elías Azar.

El mismo periódico Novedades de Acapulco informó de la reunión ocurrida dos días antes de la matanza, y resaltó que Edgar Elías salió corriendo y que se negó a responder a preguntas de reporteros que merodeaban en el Palacio de Gobierno.