
Lourdes Chávez y Redacción
Chilpancingo
La investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, Patricia Cabrera López, señaló que las luchas de autonomías como las de municipios de Guerrero y Michoacán, incluso del EZLN en Chiapas, son ahora por territorios específicos, sin intención de tomar el poder del Estado ni cambiar la estructura social.
Sin embargo, es muy pronto para decir si van a prosperar porque los plazos de la historia son larguísimos, abarcan generaciones, precisó tras la presentación del libro Con las armas de la ficción. El imaginario novelesco de la guerrilla en México II, en el auditorio Jesús N. Samper de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAG, en el marco de los festejos por el décimo aniversario de la Maestría en Humanidades, que organizó también el Cuerpo Académico Consolidado Diversidad Cultural y Estudios de Género.
Cabrera López, coordinadora y coautora del libro, explicó esta línea de trabajo por su formación generacional, en los años 70, cuando el “episteme” era el marxismo, y por la cultura familiar, muy pronto supo de la revolución cubana de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara.
“Concretamente, la foto famosísima del Che Guevara, que todavía endiosó más al Che, fue como mi cadáver lleno de mundo, como decía el poema de César Vallejo. Desde el 86 comencé a hacer un fichero de narrativa de izquierda, leyendo novelas me convencí de que sí había una perspectiva de izquierda”.
Diez años después, cuando fue investigadora, su acervo seguía aumentado y en 2007, cuando comenzó este proyecto con la doctora Patricia Estrada, y con ayudantes de investigación hicieron una taxonomía de las fichas que ya eran inmanejables.
Entonces, indicó que la hipótesis central era que la literatura participa de los debates políticos de su tiempo. Entendió que el debate de la izquierda en los años 60, desde el guevarismo, era si la lucha armada es o no la vía para alcanzar el poder del Estado y consumar la revolución.
“El debate incidió en la izquierda de una manera tremenda, al grado de dividir partidos comunistas. Aquí, en Guerrero, Lucio Cabañas y Felix Bautista eran comunistas (y), no es que hayan roto echando tierra, pero salieron” de esa formación política.
Entre otros casos, mencionó a Arturo Gámiz y Pablo Gómez, que eran del PPS, muy cercanos a Lombardo Toledano, y después encabezaron la guerrilla que asaltó el cuartel en el pueblo de Madera en Chihuahua; a los fundadores de la Liga Comunista 23 de Septiembre, como Raúl Ramos Zavala, que también venía de las juventudes del Partido Comunista. Pero ese fenómeno no sólo era de México, pues abarcó toda América Latina y algunos países europeos, recordó.
En esos contextos, enfatizó que la literatura participa con los medios que le son propios, en los grandes debates políticos de su tiempo.
Ahora, indicó que el escenario es muy diferente, ya se tienen antecedentes de cómo terminó la lucha armada: por una parte todo el problema de la pobreza en Cuba, en Nicaragua que condujo a la eternización de una familia en el poder, y el derrumbe del socialismo real con la desaparición de la Unión Soviética.
Por ello, consideró que la lucha armada ya no es viable, “y no sólo eso, sino la cuestión del armamentismo, la brecha tecno-lógica es peor ahora. Ya ni siquiera hay luchas de ejército, todo se hace a control remoto. En Guerrero ya no hay dónde ocul-tarse” ante una guerra, precisó
“En las lecturas de las novelas, observo que mucho del movi-miento guerrillero, era tanto el hartazgo del autoritarismo, la impunidad, la muerte, Guerrero es especial en eso: las masacres, los asesinatos selectivos, que era la manera de gobernar del PRI. Por ese hartazgo se cayó en una especie de romanticismo”. Casi no hay críticas de los movimientos.
Advirtió que los guerrilleros no midieron el poder del Estado ni la intervención de Estados Unidos, con ejércitos que tenían el armamento, y la instrucción en la Escuela de Las Américas, que el imperialismo se concibió como un proyecto de largo plazo desde principios de los años 50, para evitar la experiencia de Corea que quedó dividida.
En la Escuela de las Américas enseñaban a torturar, y tuvieron una sucursal en Panamá, para abarcar desde el río Bravo hasta la Patagonia.
Señaló que ahora el “episteme” es el feminismo. De aquel movimiento que la formó, sólo lo comparó con el caso del EZLN que ya no apuntan a tomar el poder ni a transformar toda la estructura social, sino que se enfoca en terrenos pequeños, donde toda la gente está convencida.
“Lo que sí veo con las luchas de las autonomías es que se llevan a cabo por espacios bien delimitados, específicos, y que no tienen miras de llegar al Estado”.
Es el caso de los municipios Ayutla y Ñuu Savi, en Guerrero, Terán y Ostula en Michoacán, que proponen otras estructuras admi-nistrativas, pero es muy pronto para decir si van a prosperar.
Comentaron el libro los académicos Maribel Nicasio González, y Judith Solís Téllez, y como moderador Gil Arturo Ferrer Vicario.
En Con las armas de la ficción. El imaginario novelesco de la guerrilla en México II, son también autoras la guerrerense Alba Teresa Estrada Castañón y María Elena Olivera Córdova.
