Ya no se lucha por la toma del poder, sino por el control de territorios específicos, señala investigadora

La investigadora de la UAG, Judith Solís Téllez; la coautora del libro, Patricia Cabrera López; los investigadores, Gil Arturo Ferrer Vicario y Maribel Nicasio González, durante la presentación del libro, Con las armas de la ficción. El Imaginario novelesco de la guerrilla en México, volumen II, en el auditorio de la Facaultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Guerrero Foto: Jesús Eduardo Guerrero

Lourdes Chávez y Redacción

Chilpancingo

La investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, Patricia Cabrera López, señaló que las luchas de autonomías como las de municipios de Guerrero  y Michoacán, incluso del EZLN en Chiapas, son ahora por territorios específicos, sin intención de tomar el poder del Estado ni cambiar la estructura social.
Sin embargo, es muy pronto para decir si van a prosperar porque los plazos de la historia son larguísimos, abarcan generaciones, precisó tras la presentación del libro Con las armas de la ficción. El imaginario novelesco de la guerrilla en México II, en el auditorio Jesús N. Samper de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAG, en el marco de los festejos por el décimo aniversario de la Maestría en Humanidades, que organizó también el Cuerpo Académico Consolidado Diversidad Cultural y Estudios de Género.
Cabrera López, coordinadora y coautora del libro, explicó esta línea de trabajo por su formación generacional, en los años 70, cuando el “episteme” era el marxismo, y por la cultura familiar, muy pronto supo de la revolución cubana de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara.
“Concretamente, la foto famosísima del Che Guevara, que todavía endiosó más al Che, fue como mi cadáver lleno de mundo, como decía el poema de César Vallejo. Desde el 86 comencé a hacer un fichero de narrativa de izquierda, leyendo novelas me convencí de que sí había una perspectiva de izquierda”.
Diez años después, cuando fue investigadora, su acervo seguía aumentado y en 2007, cuando comenzó este proyecto con la doctora Patricia Estrada, y con ayudantes de investigación hicieron una  taxonomía de las fichas que ya eran inmanejables.
Entonces, indicó que la hipótesis central era que la literatura participa de los debates políticos de su tiempo. Entendió que el debate de la izquierda en los años 60, desde el guevarismo, era si la lucha armada es o no la vía para alcanzar el poder del Estado y consumar la revolución.
“El debate incidió en la izquierda de una manera tremenda, al grado de dividir partidos comunistas. Aquí, en Guerrero, Lucio Cabañas y Felix Bautista eran comunistas (y), no es que hayan roto echando tierra, pero salieron” de esa formación política.
Entre otros casos, mencionó a Arturo Gámiz y Pablo Gómez, que eran del PPS, muy cercanos a Lombardo Toledano, y después encabezaron la guerrilla que asaltó el cuartel en el pueblo de Madera en Chihuahua; a los fundadores de la Liga Comunista 23 de Septiembre, como Raúl Ramos Zavala, que también venía de las juventudes del Partido Comunista. Pero ese fenómeno no sólo era de México, pues abarcó toda América Latina y algunos países europeos, recordó.
En esos contextos, enfatizó que la literatura participa con los medios que le son propios, en los grandes debates políticos de su tiempo.
Ahora, indicó que el escenario es muy diferente,  ya se tienen antecedentes de cómo terminó la lucha armada: por una parte todo el problema de la pobreza en Cuba, en Nicaragua que condujo a la eternización de una familia en el poder, y el derrumbe del socialismo real con la desaparición de la Unión Soviética.
Por ello, consideró que la lucha armada ya no es viable, “y no sólo eso, sino la cuestión del armamentismo, la brecha tecno-lógica es peor ahora. Ya ni siquiera hay luchas de ejército, todo se hace a control remoto. En Guerrero ya no hay dónde ocul-tarse” ante una guerra, precisó
“En las lecturas de las novelas, observo que mucho del movi-miento guerrillero, era tanto el hartazgo del autoritarismo, la impunidad, la muerte, Guerrero es especial en eso: las masacres, los asesinatos selectivos, que era la manera de gobernar del PRI. Por ese hartazgo se cayó en una especie de romanticismo”. Casi no hay críticas de los movimientos.
Advirtió que los guerrilleros no midieron el poder del Estado ni la intervención de Estados Unidos, con ejércitos que tenían el armamento, y la instrucción en la Escuela de Las Américas, que el imperialismo se concibió como un proyecto de largo plazo desde principios de los años 50, para evitar la experiencia de Corea que quedó dividida.
En la Escuela de las Américas enseñaban a torturar, y tuvieron una sucursal en Panamá, para abarcar desde el río Bravo hasta la Patagonia.
Señaló que ahora el “episteme”  es el feminismo. De aquel movimiento que la formó, sólo lo comparó con el caso del  EZLN que ya no apuntan a tomar el poder ni a transformar toda la estructura social, sino que se enfoca en terrenos pequeños, donde toda la gente está convencida.
“Lo que sí veo con las luchas de las autonomías es que se llevan a cabo por espacios bien delimitados, específicos, y que no tienen miras de llegar al Estado”.
Es el caso de los municipios Ayutla y Ñuu Savi, en Guerrero, Terán y Ostula en Michoacán, que proponen otras estructuras admi-nistrativas, pero es muy pronto para decir si van a prosperar.
Comentaron el libro los académicos Maribel Nicasio González, y Judith Solís Téllez, y como moderador Gil Arturo Ferrer Vicario.
En Con las armas de la ficción. El imaginario novelesco de la guerrilla en México II,  son también autoras la guerrerense Alba Teresa Estrada Castañón y María Elena Olivera Córdova.

Las desapariciones ahora las comete el crimen para deslindar al Estado, señalan en Atoyac

Eneida Martínez Ocampo, acade?mica e hija de los integrantes del Partido de los Pobres, Pedro Marti?nez Go?mez y Rosa Ocampo Martínez habla a estudiantes de Ayotzinapa en el Zo?calo de Atoyac, en la semana de Lucio Caban?as Foto: Rosendo Betancourt Radillal

Ramón Gracida Gómez

Atoyac

En el tercer día de actividades por el 50 aniversario luctuoso de Lucio Cabañas se presentaron varios libros de testimonios y de análisis de la guerra sucia o terrorismo de Estado, donde familiares y académicos criticaron que la Comisión de la Verdad no dio resultados y que se sigan cometiendo desapariciones en esta época perpetradas por grupos del crimen organizado para deslindar al Estado.
Unos 30 estudiantes de la normal de Ayotzinapa acudieron ayer a Atoyac a rendir homenaje al líder guerrillero y egresado de esta escuela, lanzaron consignas y dijeron que Lucio es una inspiración para ellos por la lucha que dio.
La mañana de este viernes en el zócalo de esta ciudad de la Costa Grande se presentaron libros de hijos de guerrilleros de distintos grupos armados que dan cuenta de las dificultades que han vivido en sus vidas por la militancia de sus padres, pero también de los beneficios de buscar la historia de sus parientes.
Diego Lucero Estrada, hijo del líder del grupo guerrillero Los Guajiros, Diego Lucero Martínez, presentó su libro que lleva el nombre de este grupo armado, y contó cómo su padre, de la lucha armada urbana habló con Lucio de la lucha rural, para intentar unir el movimiento en el país.
Lucero Martínez fue ejecutado el 15 de enero de 1972 tras ser detenido en el intento de robo simultáneo de tres bancos en la Ciudad de Chihuahua, por lo que el libro de su hijo es un testimonio de “dolor y de tristeza”, pero lo escribió para conocer la historia y su “valor”.
Consideró que la Comisión de la Verdad creada por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador fue un “bodrio”, y lamentó que el actual gobierno federal a las víctimas “no nos pela” pese a que Claudia Sheinbaum reivindica el movimiento del 68.
En otra presentación, Eneida Martínez Ocampo Ocampo, académica e hija de los integrantes del Partido de los Pobres, Pedro Martínez Gómez y Rosa Ocampo Martínez, dijo que la investigación sobre la guerrilla de Atoyac le permitió conocer la historia de Lucio Cabañas y de sus propios padres.
“También descubrí cosas que no sabía de mi familia, no sabía de mi mamá, no sabía de mi papá ciertos pasajes de su vida y solamente en las entrevistas me fui enterando de cuáles eran mis raíces”.
El moderador de todas las presentaciones de ayer, el cronista Víctor Cardona Galindo completó la reflexión: “tú empezaste a investigar a Lucio y conociste a tu familia, los cronistas empiezan investigando a su familia y terminan investigando toda la historia del entorno de la familia”.
En una segunda intervención, Martínez Ocampo leyó una carta de su padre, autor del libro Brigada Campesina de Ajusticiamiento desde la trinchera, Partido de los Pobres, entrevistado por El Sur en febrero pasado, quien dijo que Lucio era un maestro que “se salía de los programas de enseñanza oficiales”, y lamentó que integrantes de esta guerrilla no fueran tomadas en cuenta para esta actividad.
El militante e integrante del Taller Casa del Mago, Jesús Elmer Rojas Campillo propuso ampliar la conmemoración de Lucio Cabañas por un año y apoyó la demanda de que el líder guerrillero sea inscrito en el Congreso de la Unión en letras de oro.

Hubo un desmantelamiento de movimientos con López Obrador

Un estudiante de Ayotzinapa dio un largo discurso en el que reivindicó a los guerrilleros caídos como sus “maestros”, criticó la represión que se mantiene y el desmantelamiento de los movimientos con López Obrador, además de la falta de ejercicio pleno del artículo 3 de la Constitución mexicana que garantiza la gratuidad de la educación.
Pablo Cabañas les recordó a los jóvenes que su hermano Lucio fue estudiante de Ayotzinapa y luego los estudiantes lanzaron consignas en favor del líder guerrillero, y contaron del 1 al 43 por los normalistas desaparecidos en Iguala.
Una tercera presentación se llevó a cabo con la misma Ocampo Martínez y el también académico Abel Rosas para hablar de su libro colectivo Los maestros en los movimientos armados y en las luchas de resistencia, que incluyen las historias de Arturo Gámiz, Lucio Cabañas y Othón Salazar, entre otros.
El programa continuó a las 4 de la tarde con la presentación de México en los setenta: Guerra sucia o Terrorismo de Estado, de las académicas Claudia Lozano de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), y Evangelina Serrano de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El Ejército cuenta con inmunidad e impunidad: OCSS

La presidenta de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS), Norma Mesino, dijo que en Atoyac hay cientos desaparecidos de 1970, entre ellos sus tíos Alberto y Julio Mesino de la comunidad El Escorpión.
Señaló un “pacto de impunidad” entre el PRI y el presidente Vicente Fox para crear la Fiscalía Especial para los Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) y la Comisión de la Verdad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue una “buena intención”.
Afirmó que el Ejército tiene “inmunidad e impunidad”, se siguen cometiendo crímenes, “se siguen cometiendo desapariciones, ahora es peor porque se están haciendo a través de grupos criminales y se deslinda al Estado”.
Evangelina Serrano criticó que la Comisión de la Verdad de López Obrador no dio resultados y Claudia Lozano dijo que el Estado mexicano es “necropolítico”, por la gran cantidad de desapariciones forzada.
El último libro expuesto a las 6 de la tarde fue De Naos de Olvidos Altares sin tumbas e imaginarios de la guerrilla, de la académica de la UAG Judith Solís Téllez, el cual fue comentado por las académicas Patricia Cabrera, Rosalba Díaz y el periodista David Espino.