Una esperanza de nombre Kamala Harris

Hace casi un mes que le regresó “el alma al cuerpo” al mundo occidental que cree en ciertos valores democratizantes y democráticos, gracias al retiro del presidente Joe Biden, aspirante a reelegirse en la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, y a la llegada de Kamala Harris como la nueva candidata presidencial del Partido Demócrata. Aunque apenas hace unos días, mediante la Convención Nacional Demócrata, la estafeta fue oficialmente tomada por la abogada Harris, desde el anuncio de Biden subieron los ánimos positivos para que, quizá, la población estadunidense quiera y pueda vencer a un Donald Trump odiador de inmigrantes y mexicanos, según se traduce en sus discursos.
Harris ciertamente ha infundido un aire de entusiasmo a las mujeres del mundo; a las mujeres jamaiquinas, afroamericanas, indias o provenientes de otras naciones y nacidas estadunidenses, fruto del esfuerzo y del trabajo de sus padres, de sus madres y de ellas mismas. El ambiente de esperanza se basa en datos duros, sutiles y concretos:
Optimismo. Las encuestas difundidas este año no arrojaban la menor posibilidad de que Biden pudiera repetir, ganar. El atentado a Trump, que lo había posicionado como mártir entre sus seguidores, junto con la fuerza que tomaba su campaña, lo daban de facto como ganador.
Cuidado. La biografía de Kamala Harris (The Truths We Hold) ha sido una de lucha profesional, ejercicio de respeto a la ley y cultura del cuidado hecha actos.
Justicia. La candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos es licenciada por la Universidad de Howard y es doctora por la Escuela de Derecho de Hastings de la Universidad de California. Cree en la justicia y en la ley para todas y todos.
Igualdad. Harris ha defendido el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo; el respeto a toda preferencia sexual por igual; ha luchado porque no se haga distingo alguno, a nadie, diferente.
Respeto. A Harris le importa el respeto a las personas, a las mujeres, a los y las inmigrantes, al propio presidente Joe Biden, a quien ha reconocido y agradecido. El discurso de Harris no está lleno de odio ni de señalamientos, está lleno de entusiasmo por el respeto.
Oportunidad. El voto por alguien que está académicamente preparada, políticamente acreditada, que tiene experiencia y trato, se convierte en la oportunidad para que el país vecino del norte, por primera vez en la historia, tenga una mujer al frente, una mujer presidenta y además una mujer no blanca, una mujer hija de inmigrantes que aprovecharon las oportunidades que ese país ha dado a millones para crecer y evolucionar, para consolidar una nación que ha sido durante décadas la más poderosa del planeta.
Diversidad. Que llegara Kamala Harris a la presidencia implicaría, como ocurrió cuando llegó Barack Obama a ese cargo, que un sector enorme de la población de ese país piensa que sí se puede, que el poder y el honor no solamente pertenecen a las personas con muchos recursos financieros y una tez blanca.
Derechos humanos. La historia profesional de Harris se ha involucrado directamente con la defensa de los derechos civiles, las libertades de todas las personas en todas las circunstancias y, si el futuro, si este siglo trata sobre la igualdad y los derechos humanos sobre todas las cosas, puede ser muy motivadora su sola presencia en el escenario político.
Desarrollo sostenible. Kamala Harris ha impulsado activamente medidas para frenar el cambio climático, cuestión fundamental para, en todo caso, asegurar la supervivencia del planeta y de los seres que lo habitan, esto es, la humanidad.
Alegría. Muchas de las jóvenes, niñas, mujeres, diversidades, demócratas, que habían tenido algo de pesimismo frente a la campaña republicana que aparentemente aplastaba, ahora se ven llenas de alegría y júbilo. Indicador de esto es que Harris ha sido criticada por los republicanos por su risa, su sonrisa y su manera de mostrar alegría.
A Kamala Harris la señalan los republicanos como “ultra DEI” (en favor de la diversidad, equidad e inclusión); llegue o no a la presidencia de EU, y a esas apuestas solas, encarnadas por una mujer sólidamente capacitada, honesta y jovial, valen la pena vivirse en estos meses de campaña. Que Kamala Harris esté en campaña significa que una mujer puede ser la titular del puesto político más importante del mundo; significa que puede no repetirse la presidencia de Trump. Y esto, a muchas personas, nos da ilusión, nos hace sonreír.

2024: derechos de las audiencias, derechos humanos

AMERIZAJE

En agosto de 2023, este Amerizaje ponía el acento en los derechos de las audiencias y sus defensorías. Hoy resurge la coyuntura para no quitar el dedo del renglón en el tema. Esta autora es defensora de las audiencias de Radio Educación desde 2019 y su segundo periodo en el cargo termina en abril de 2025.
Hasta ahora, en estos casi seis años de ser defensora, poco ha cambiado respecto del limbo jurídico en el que se acabaron dejando –después del gran acierto de colocar el espacio radioeléctrico a nivel constitucional como uno de interés público (reforma de telecomunicaciones de 2013)– los detalles y la operación de los derechos de las audiencias.
También, más de 10 años después, poca variación vemos en el conocimiento masivo, por parte de las audiencias, sobre cuáles son sus derechos y por qué son sujetas de derechos frente a los contenidos que ofrecen la radio y la televisión en México.
Si se pidiera un solo mensaje atomizado sobre la importancia del tema, los derechos de las audiencias y sus defensorías, se redactaría en el sentido de que cada persona tiene el derecho de no ser discriminada, ofendida, excluida, adoctrinada o engañada por la vía de los contenidos de la radio y la televisión.
Sin embargo, el camino es largo y sinuoso, jurídica y prácticamente. Lo es porque tiene que ver con poderes poderosos –vale la redundancia–, con ideologías, con derechos humanos y las posibilidades de defenderlos, con pluralidad de miradas en un ambiente aún muy polarizado.
En estos días, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), que está en la mira de transformarse o extinguirse –de una manera aún no precisa–, abrió la consulta pública de los Lineamientos Generales para garantizar los Derechos de las audiencias, como procedía a raíz de una victoria de la Asociación Mexicana de Defensorías de Audiencias (AMDA), que ganó un amparo resultante en la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para que se publicara lo que se esboza en ese anteproyecto*.
Dice el comunicado de este mes de la AMDA**:
“Valoramos el avance que representa la consulta pública sobre el Anteproyecto de los Lineamientos Generales para garantizar los Derechos de las audiencias, que el Instituto ha puesto en marcha. Sin embargo, consideramos como asociación vigilante y comprometida con los derechos humanos en todas sus dimensiones, que la propuesta de Lineamientos puestos a consulta es insuficiente y deberá ser mejorada y ampliada considerando una mirada transversal precisamente de los derechos humanos, cuyo respeto debe ser el eje que oriente los mecanismos para la garantía de los derechos de las audiencias, en particular…”.
Las propuestas que consideró la AMDA, el pasado 7 de agosto, deben tomarse en cuenta para la construcción más pulida de los Lineamientos son:***
“Fortalecer el enfoque de derechos humanos, de los cuales forman parte los derechos de las audiencias.
“Asegurar la inclusión y participación de todas las personas en su papel de audiencias, como sujetos de derecho.
“Concretar y fortalecer los derechos de la comunicación, incluidos los derechos como audiencias, de las infancias y adolescencias, así como garantizar el principio de interés superior de la niñez en materia de comunicación.
“Fortalecer la perspectiva de género y promover la accesibilidad universal, en atención a las personas con discapacidad.
“Establecer con precisión los procedimientos que deberán ponerse en acción para su atención y las consecuencias o responsabilidades en que se incurrirá de no ser atendidos”.
Lo desconcertante es que toda esta discusión queda rebasada o dependiente del destino político y de la agenda pública que coloca al órgano regulador (IFT) en un estado indefinido de existencia o autonomía.
Una cultura de derechos humanos, no obstante, requiere de un amplio abanico de acciones permanentes, como la conversación y discusión de los propios derechos humanos y la viabilidad de respeto a ellos. Esta misma consulta abierta sobre los Lineamientos abona en la difusión de los derechos de las audiencias y sus defensorías, en el papel del IFT, en la responsabilidad social que toca a los medios de comunicación masiva (televisión y radio) en la vida nacional. Que esta consulta de algo sirva para la comprensión de los derechos de las audiencias que son derechos humanos.

*https://amda.unam.mx/
**Op. cit.
***Ídem.

 

Desconexión como práctica urgente

AMERIZAJE

Ana Cecilia Terrazas

Una persona cualquiera, conectada, en cualquier momento se siente obligada a atender, a través de su teléfono, computadora, tableta u otros aparatos con internet, la conversación con el mundo entero o con ciertas personas en lo particular.
Lo anterior no es un decir nada más, es una lamentable realidad. Papás, primos, tíos, conocidos, amistades cercanas, profesionales que están al habla, familiares cercanos, hijos y todos los grupos a los que pertenecemos en algunas redes sociodigitales; por ejemplo, los de la universidad, ex escuelas, gremiales y hasta los primos segundos… enviamos mensajes.
A lo anterior, hay que agregar la información general; esto es, las noticias locales e internacionales, las ocurrencias de coyuntura, los lindos mensajes y memes, las creaciones y publicidades disfrazadas, el todo que abarca a las comunidades segmentadas a las que dirige su negocio internet vía los buscadores que nosotros nutrimos. Ninguna plataforma, esto quizá ya lo sabe toda la gente, es inocua: Facebook, Whatsapp, Instagram, Tik Tok, Google, ChatGPT, X, nadie se salva de ser algoritmeado con alta precisión.
Vía internet, estamos detectados por empresas y marcas porque gratuitamente decimos quiénes somos o quiénes queremos ser; aseguramos qué nos gusta, qué nos desagrada, a qué aspiramos. Toda nuestra información puntual, hasta en detalle a veces, la colocamos a disposición de quien quiera comerciar con ella. Esto solemos hacer cuando reportamos al universo, por ejemplo, vía Facebook, que viajamos o que estamos en tal o cual lugar y nos gusta x o y comida.
La cantidad de información y bombardeo a través de nuestras pantallas es demasiada, nos pasamos, ya es inmanejable. El día no alcanza para responder y dar seguimiento y la concentración aún menos. Las mentes que tienen problemas respecto del umbral de atención que manejan, armadas de un teléfono inteligente con plataformas activas, se pueden perder definitivamente y nunca más poderse concentrar.
De manera sencilla, con mucha mayor precisión técnica, el politólogo, periodista y docente Mario Campos lanzó hace unos meses, con el sello de Aguilar, su texto Batalla por la atención. Cómo dejar de perderse entre pantallas y redes sociales. Después de algunas semanas de estar agotado, el libro puede volver a conseguirse. La gente responde bien porque la amenaza se siente, se intuye, se conoce y no necesariamente hacemos algo para detenerla y, como dice el autor en la conclusión, “recuperar el control sobre nuestra atención es uno de los desafíos más grandes de nuestro tiempo”.
El libro recorre la problemática, los porqués, los cómos, estrategias para poner un freno a las plataformas en nuestra vida y recuperar la atención. También desglosa propuestas generales para que haya una incidencia social-cultural, global en este tema. Es una publicación muy valiosa porque todos nos sentimos y sabemos atados, adictos, pero difícilmente se nos dice explícitamente cuán tóxico puede ser la imposibilidad de recuperar el modo de vivir desconectados.
El valor de estar desinformado, en pausa, desintoxicado, ha sido arduamente explorado en años recientes por académicos que se han adentrado en el mundo de la conciencia plena o el mindfulness.
De acuerdo con el Programa de Embajadores de Mindfulness (PEM) de la UNAM*, “surge cada vez más evidencia científica que indica que la práctica regular de la atención plena o mindfulness tiene numerosos beneficios psicológicos, terapéuticos y de salud; y como resultado su entrenamiento se ha extendido recientemente al campo de la educación. Las reciente investigaciones basan la eficacia de mindfulness en el principio de neuroplasticidad, lo que significa que el cerebro cambia continuamente modificándose con las experiencias a las que es expuesto y a través de actividades o entrenamientos repetitivos; lo que significa que se pueden adquirir nuevas habilidades y transformar nuestros comportamientos a lo largo de la vida”.
La propuesta concreta para este agosto 2024 y para el resto de nuestras vidas es tomar unas vacaciones de las pantallas, redes sociales, plataformas y del mundo digital, por difícil que parezca.
Pausar, ver la nada, practicar el ocio, disfrutar los sonidos naturales y los paisajes audiovisuales que se puedan ver a simple vista, con nuestros ojos y oídos. En una de esas, esa dieta nos arroja a escuchar de cuerpo entero a otra persona, a estar realmente con ella, acompañarla, disfrutarla.

@anterrazas
*https://ec.filos.unam.mx/programa-embajadores-de-mindfulness-desarrollo-de-habilidades-socioemocionales/

El hoy que nos ocupa improvisar

Muy diversas razones –nacionales, internacionales o planetarias– relacionadas con la premisa “por primera vez”, nos invitan a improvisar. Improvisar, claro, ensanchando, desfondando y optimizando el vocablo, sus significantes, su significado.
Tan sólo en México tenemos las siguientes situaciones inéditas a la mano: se aproxima la primera administración de una presidenta mujer; se dio la elección más nutrida de la historia; existe una polarización a todo pulmón; los niveles de violencia parecen irrefrenables. En el mundo: persiste una condición de desarrollo sostenible en franca convulsión; se imponen ideologías extremistas retomando el timón de muchas naciones; surge una multiproducción comunicacional a velocidades que nos rebasan.
En medio de esto –eco de otro coloquio en 2016, titulado “Improvisar en tiempos atroces”–, hace una semana el 17, Instituto de Estudios Críticos realizó desde la Fonoteca Nacional su XXXVII Coloquio Internacional Máquina productora de silencio. La improvisación en y más allá de la música y las artes.
Con excelente tino y aliados inigualables, Benjamín Mayer Foulkes, director del 17, Instituto de Estudios Críticos, logró convocar a decenas de paladines nacionales e internacionales de la improvisación, en conjunto con Ricardo Lomnitz Soto, cocoordinador del área Estudios de la Improvisación de ese instituto. (Todo lo acontecido en la semana del 24 al 29 de julio puede revisarse en https://diecisiete.org/portadas/maquina-productora-de-silencio-la-improvisacion-en-y-mas-alla-de-la-musica-y-las-artes).
En los coloquios del 17 –como se le conoce familiarmente–, las palabras cobran formas de mucho mayor calado y profundidad; lo simple se puede volver complejo a fuerza de explorarlo con la lupa de los estudios críticos. Se procura mirar y releer, hablar, pensar y “problematizar” lo que está –como dijo Mayer Foulkes en la mesa introductoria– “en nuestras narices”. Por eso, hablar de improvisar, desde los estudios críticos, resulta tan luminoso y congruente, tan “relacionado con la resiliencia desde el acto”, como mencionó Lomnitz Soto en esa misma mesa, porque esa acción de improvisar se coloca bajo los reflectores del saber y del pensar de muchas y muy variadas personas, en contextos y entornos nuevos, que sorprenden y provocan azoro. Improvisar, de hecho, es una suerte de camino único a tomar ante todos esos sucesos que ameritan “toquemos de oído”, fuera de la costumbre, ayunos de la estructura o la norma.
Vivir –suena un tanto obvio– es improvisar. Improvisar entonces es lidiar con aquello que no controlamos y con circunstancias que procuramos leer, pero que aún no hemos vivido.
Tomado en resonancia el desgrane del concepto, cabe subrayar como características de la improvisación las siguientes: activa la cotidianeidad, lidia con lo no conocido; nos conecta con lo otro, con los otros, con eso nuevo circundante; fuerza la imaginación y la creatividad; es pasaporte para abordar un tren andando; requiere nos detengamos a tratar de comprender los alrededores; urge nuestros saberes experienciales, teóricos, de instinto y de rebote; obligadamente nos vincula; nos desentiende de lo común.
Dice el 17 en su introducción al coloquio*:
“Llamamos a instalar los Estudios de la Improvisación en los territorios de la ñ. Ahí donde se denosta a los improvisados, afirmar el carácter originario y fundante de la improvisación –que también damos en llamar extemporización–, entendida como la capacidad para negociar con gracia la diferencia entre el conocimiento y sus límites, los planes y la vida. Tal como hace falta en todos los campos de la cultura, la sociedad, la política, la ciencia, la técnica y el medio ambiente. Sin excepción. De donde se desprende que, en nuestro tiempo, cuando una vez más se apuesta a calcularlo todo, es fundamental responder con una relación con la improvisación que sea afirmativa…”.
En lugar de hundirnos en la preocupación existencial, la propuesta es armarnos y ocuparnos de improvisación para crear, actuar, comprender y atajar estos tiempos y las nuevas coyunturas. Improvisar es lo que toca también cuando se quiebra el plan o lo planeado. Una cualidad fundamental de la improvisación, que redondea esta práctica presente y singular para encarar el futuro desconcertante, es su exigencia de una escucha redonda, completa, total. Es forzoso un silencio muy atento para poder coordinarse con los instrumentos contiguos. Y sí, sólo así se puede, a partir de la improvisación, generar alguna pieza afirmativamente nueva ante nuevos escenarios.

* https://17instituto.org/maquinaproductoradesilencio/

@anterrazas

 

Arquitectura de nuestros destinos

AMERIZAJE

Construir una sociedad con una cultura amplia en derechos humanos pareciera tarea fácil. No lo es. Para empezar, los derechos humanos suelen no resultar tan atractivos para defender, cuando se trata de los derechos humanos de quien no comparte los mismos valores o quien está en contra de las creencias de alguien. Así ocurre con este tema, es humanamente lógico, aunque evitable. Sin embargo, esto significa que, la primera regla para que puedan existir los derechos humanos es aceptar, además de su existencia e importancia, su validez más allá de las preferencias subjetivas o personales.
Esta columna resulta de una plática con el prominente arquitecto mexicano Manuel Herrera Gil, quien logró –y logra en la vida cotidiana–, con suma facilidad, hacer un puente directo entre los derechos humanos y la arquitectura.
Tanto Herrera Gil como la autora de esta columna consideran que el punto de partida que nos une al hablar de un diseño arquitectónico, o los derechos de las audiencias de radio y televisión, es que ambos trabajan desde, en, para, por el espacio público.
Antes de continuar desgranando los símiles, metáforas y lecturas simbólicas halladas entre ambos mundos, vale la pena recordar lo que dice la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, desde la reforma que consignó en 2013 a las telecomunicaciones, hasta el día en que este texto se publica, en su Artículo 6º, al final del apartado B sobre radiodifusión y telecomunicaciones (con la adición del 11 de junio de 2013):
“III. La radiodifusión es un servicio público de interés general, por lo que el Estado garantizará que sea prestado en condiciones de competencia y calidad y brinde los beneficios de la cultura a toda la población, preservando la pluralidad y la veracidad de la información, así como el fomento de los valores de la identidad nacional, contribuyendo a los fines establecidos en el artículo 3º de esta Constitución”.
Párrafos como el anterior son fruto de años de lucha de profesionistas y académicos de la Comunicación pública –con C mayúscula–, quienes creen en la diversidad, la transparencia e independencia de los medios públicos de comunicación. Léase aquí medios públicos, como todos los medios expuestos al público, los que tienen nombre de empresa o marca particular y los que son subsidiados por el erario, es decir, que viven de nuestros impuestos.
Aquí, los subtemas de coincidencia literal, metafórica y simbólica entre la arquitectura y los derechos de las audiencias, que son derechos humanos, que son derecho a la información –libertad de expresión, derecho a solicitar información y derecho a ser informado– y que se concretan en el espacio público:
• Desde la escuela. Si no se enseñan los derechos humanos, su relevancia, cómo defenderlos, cuáles son y por qué no deben ser vulnerados desde las aulas o universidades, como materia básica para toda disciplina, estamos en desventaja para aprender a respetarlos y a ejercerlos.
• Diseño. Tanto programas radiodifundidos como las propias casas habitación, plazas públicas, edificios y todo tipo de construcciones, deben estar pensadas e imaginadas, desde sus inicios, en función del respeto a los derechos humanos.
• Inclusión. Como derecho fundamental y básico; nada habitable o vivible debe voltear la cara a la inclusión, esto es, a que todas las personas puedan acercarse, hacer uso o gozar de ellos. Si expulsan o discriminan, si no aceptan al otro o a la otra, no están bien diseñados ni en sintonía con la pluralidad y la inclusión.
• Servicio. En los espacios de interés público la ciudadanía, las sociedades democráticas, quieren encontrar la posibilidad de satisfacer necesidades, ser atendidas, que ahí haya servicios para todas las personas. Esto puede ejemplificarse desde poder encontrar un bebedero o un baño dignos, que funcionen, en un parque público –si hablamos de arquitectura–, hasta poder escuchar una orientación elemental sobre cómo combatir una enfermedad nueva, en un programa de televisión o de radio públicas.
Apertura, accesibilidad, no discriminación, funcionalidad, estética, calidad, respeto, independencia. Ambos universos, arquitectura y radiodifusión, tienen mucho en común porque en el fondo siempre somos responsables de la forma: de todo el proceso de construcción o destrucción de estas sociedades en las que vivimos.

 

2 de junio, sin salirnos de nuestras casillas

Las cifras de la pasada jornada electoral son brutales, descomunales, inéditas, con un estimado superior a 60 millones de personas votantes; instalación total de más de 170 mil 292 casillas; impresión y uso de más de 317 millones de boletas electorales; casi 50 mil personas entre capacitadores-asistentes y supervisores electorales y –para quien está dedicada esta columna– una participación honorífica de más de 1.5 millones de personas, ciudadanas, funcionarias de casilla.
Todo un triunfo a nivel humano, de equipo, éxito socioantropológico, reto funcional. Nuestra muy mexicana y disímbola maquinaria social, coordinada por el Instituto Nacional Electoral, permitió que se llevara a cabo quizá la jornada electoral más nutrida de la historia.
En el detalle, adentro de cada casilla, estaban las admirables personas funcionarias ya sea ocupando la presidencia, las secretarías, el puesto de escrutadoras o de suplentes. Esta columna reconoce y agradece ampliamente a quienes ofrendaron, en promedio, no menos de 18 horas de esfuerzo corporal, mental y emocional, el pasado domingo 2 de junio de 2024, en favor de todas y todos los demás, por la patria. Estas personas que no rehuyeron su responsabilidad cívica, para que se pudiera llevar a cabo la jornada electoral: estudiaron dos guías completas; asistieron a la capacitación en línea y al simulacro físico; llegaron a las 7 de la mañana para poder tener todo listo a las 8; aguantaron la angustia de ver cómo suplirían a quien no llegaba o llegaba tarde y, en algunos casos, ante las ausencias definitivas, suplicaron a los primeros formados en la fila le entraran con ellos a este trajín agotador. Armaron mamparas, mesitas, urnas y carpas, aunque no supieran cómo (aunque faltaran piezas y a pesar de que los modelos muestra en los que practicaron fueran totalmente distintos). Vencieron el reto gravitacional –había que voltear los recipientes a tiempo y esperar a que bajara el líquido– para que la tinta del cojinete y la del sello digital realmente llegara a los destinos que habría que entintar.
Escribieron y escribieron incidencia tras incidencia tras incidencia. Contestaron mil preguntas, de todas, de toda la gente y de todo tipo. Fueron regañadas, carrereadas, felicitadas o ignoradas por miles y miles de votantes.
Vieron derretirse de calor a las crayolas. Se aguantaron la sed, las ganas de ir al baño, las ganas de sentarse otro ratito, el hambre y lo vencido del cuerpo, del pensamiento, de las articulaciones. No pudieron distraerse, prácticamente, ni un momento. Tuvieron que acomodar y coordinar el paso de multitudes, de filas de votantes, amables, rijosos, de todo. Hicieron equipo con quienes les simpatizaran o no; y se adaptaron a la diversidad de caracteres, temperamentos y maneras de ser y de pensar. Atendieron con especial cuidado a personas adultas mayores y a personas con discapacidad. Se inventaron formas, métodos, estrategias y líneas de producción para resolver lo que parecía imposible. Buscaron qué ponerse para vestir de colores neutrales y no incurrir en la promoción subliminal del voto. Sus manos se cansaron y les dolieron de tanto y tanto escribir y apoyar, de tanto perforar la credencial –en promedio se hicieron 800 perforaciones por casilla–, de tanto doblar y recortar boletas (lo cual en muchos casos no se podía sin la ayuda de una regla de metal, porque las rayitas para recortar del librito, en realidad no funcionaban como lugar de corte, sólo estaban pintadas).
Entrada la noche de un inacabable día, hicieron milagros para contar, con o sin focos, con o sin extensiones, con o sin claridad mental. Exhaustas, volvían a empezar a contar en caso de dudas, errores o cuando alguna boleta se colaba en la urna equivocada. Leyeron y cantaron frente a representantes de partidos los votos con muchos “sí” o “no”, con leyendas como “hasta que te encuentre”, “vivos los queremos”, “anarquía humanista”. Veían que se acercaba la madrugada sin que se vislumbrara el final de su trabajo. Se familiarizaron con el llenado y armado de paquetes electorales que parecían cajitas alienígenas con decenas de bolsitas y compartimentos, y más requisitos para llenar. Colocaron las sábanas afuera de sus casillas. Se responsabilizaron para entregar los paquetes, el tesoro de la jornada.
Va un agradecimiento también a otro equipo fundamental: familiares y amistades, equipo autoinsaculado y sororo, quienes apoyaron con aguas, cafés, refrescos, galletas, material de papelería, servitoallas, chapatas, gansitos, barritas o pingüinos helados a todo el funcionariado heroico de tantas casillas.
Esto, de acuerdo con datos de tres crónicas desde la capital del país. ¡Qué tantas más anécdotas podrán contarse de esas otras partes de los muchos Méxicos, en otras latitudes, en donde habrán realizado también, sin duda, esfuerzos tremendos, inigualables!

 

Hablemos del calor

AMERIZAJE

En la cultura popular –por lo menos en gran parte del continente americano y en algunos países del llamado Occidente con orígenes judeocristianos– se relaciona el calor con el infierno, con las llamas del purgatorio, con los calderos del averno.
La definición más a la mano de calor, según el diccionario digital de la Real Academia Española, es la siguiente*:
“Sensación que se experimenta ante una temperatura elevada” y “propiedad del ambiente y de determinados cuerpos de producir dicha sensación”. Es voz masculina en la lengua general culta: “A esa hora el calor lo pone a uno medio zonzo” (Flores Siguamonta, Guat. 1993). Su uso en femenino, normal en el español medieval y clásico, se considera hoy vulgar y debe evitarse. El femenino puede aparecer también en textos literarios, con finalidad arcaizante.
Quizá nos acordamos de las clases de física en las que nos explicaban qué es y cómo se produce el calor. Muy estéticamente fraseado, se dice que el calor es “energía en tránsito o en movimiento”. Básicamente, “según la teoría del calórico, un cuerpo de temperatura alta contiene más calórico que otro de temperatura baja; el primero cede parte del calórico al segundo al ponerse en contacto ambos cuerpos, con lo que aumenta la temperatura de dicho cuerpo y disminuye la suya propia”**.
Químicamente hablando, el calor es***:
“…una forma de energía asociada al movimiento de los átomos, moléculas y otras partículas que forman la materia. El calor puede ser generado por reacciones químicas (como en la combustión), nucleares (como en la fusión nuclear de los átomos de hidrógeno que tiene lugar en el interior del Sol), disipación electromagnética (como en los hornos de microondas) o por disipación mecánica (fricción) (…) El calor puede ser transferido entre objetos por diferentes mecanismos, entre los que cabe reseñar la radiación, la conducción y la convección…”.
En lenguaje médico, el calor en extremo es tan perjudicial para la población humana que, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Yale –en su micrositio especializado en conexiones climatológicas–, “la ola de calor europea de 2003 causó la asombrosa cantidad de 70 mil muertes”****.
El cuerpo humano no rinde bien bajo temperaturas muy elevadas, ya que éstas “producen deshidratación, con pérdida de agua y electrolitos que son necesarios para el adecuado funcionamiento de los distintos órganos”*****.
Esa calidez humana intangible, de la que se habla tanto en psicología, en literatura, en la poesía, respecto de una forma de ser que abraza, abriga y calienta el corazón, es extremo paradójico y letal de los fenómenos recién anotados.
La poesía, pletórica de referencias –llamas, Sol, ardor, pasión, fuego, fervor, quemar y abochornar–, no soñó con patologizar el calor ni el clima. Ahí están miles de textos como Piedra de Sol de Octavio Paz; el famoso arranque del peruano César Vallejo: “Calor, cansado voy con mi oro, a donde acaba mi enemigo de quererme…”, entre innumerables alusiones.
Las imágenes dantescas que envuelven novelas, pinturas, dramas e historias, quedan cortas frente a la fotografía de la desglaciación que deja a algún oso polar flotando a la deriva en una minúscula isla de hielo frente al apocalíptico final que se avecina.
Para algunas naciones, en otras latitudes, en otros siglos, lo habitual e histórico era, a manera de socialización elemental, hablar del clima. Hablar del calor es lo de hoy en todo el planeta, porque el cambio climático nos enfrenta con la inminente conclusión de la vida como la hemos conocido. Esto es nuestro infierno no metafórico sino literal.
El cambio climático no es otra cosa que los drásticos cambios de las temperaturas y los patrones climáticos, que resultan en fenómenos violentísimos como incendios, huracanes, sequías, destrucción. Ya está comprobado que “las actividades humanas han sido el principal motor del cambio climático debido, principalmente, a la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas”.
En la película francocanadiense La guerra del fuego (de Jean-Jacques Annaud, 1981) quedaba totalmente claro que la civilización humana tuvo su auge a raíz del dominio del fuego, del calor, de poder controlar la elevación de la temperatura de algo. Actualmente, ironías de la vida y de la muerte, no parece que podamos controlar el que se bajen las temperaturas a causa de lo incivilizado que es continuar con esas mismas actividades que calientan el planeta. Así que, es hora: hablemos académica y seriamente sobre el clima, analicémonos humanos, personas cuidadoras del ambiente, frente a este insoportable calor.

*https://www.rae.es/dpd/calor
**https://www.euskadi.eus/contenidos/documentacion/inn_doc_ed_cientifica/eu_def/adjuntos/natur_zientziak/DBH1Z-03-BEROA_TENP/1-DBH1Z-03-IRAKASLE/Beroa.pdf
***https://www.quimica.es/enciclopedia/Calor.html#google_vignette
****https://yaleclimateconnections.org/2023/05/la-conexion-entre-las-olas-de-calor-y-el-cambio-climatico/
*****https://madridsalud.es/efectos-en-salud-del-calor-extremo/#:~:text=Temperaturas%20muy%20elevadas%20producen%20deshidrataci%C3%B3n,y%20la%20falta%20de%20aclimataci%C3%B3n.

@anterrazas

La lucha sigue y sigue

Hace casi un mes que ocurrieron en muchísimas ciudades del mundo las ya tradicionales y necesarias marchas del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Esta columna debe reiterar que lo armado en torno de esta fecha procura sensibilizar, repasar y recordar el por qué no hay un trato igualitario entre mujeres y hombres, así como tiene el objetivo de desterrar esa discriminación arraigada en una cultural universal, milenaria, que data seguramente de la Edad de los Metales, pero que puede rastrearse formalmente hacia la era arcaica. El patriarcado que se asienta con mayor claridad está directamente vinculado al sistema de esclavitud sexual, a las esclavas, y éste data del segundo milenio antes de nuestra era, según escribe Gerda Lerner en el clasiquísimo texto El origen del patriarcado.
Es en el siglo XVIII cuando parece que ya no hay vuelta de hoja respecto de la discriminación y disminución sociocultural hacia la mujer. Increíblemente, en pleno siglo XXI, a pesar de los avances, la igualdad no se ha logrado ni se ha desterrado de manera total el intolerable machismo o la violencia sistemática en contra de las mujeres.
En diciembre pasado, ONU Mujeres advirtió*: “El tiempo se acaba. La igualdad de género sigue siendo el mayor reto en materia de derechos humanos. Invertir en las mujeres es un imperativo desde la perspectiva de derechos humanos y la piedra angular para crear sociedades inclusivas. Los avances para las mujeres benefician a todo el mundo”.
Dos recordatorios básicos en este Amerizaje. Uno, tomado del violentómetro que acuñó hace décadas el Instituto Politécnico Nacional –y que lamentablemente no ha perdido vigencia– y otro, a manera de frases recopiladas de la conversación social, que nos indican que esta lucha por la igualdad entre mujeres y hombres debe seguir y seguir.
Señala el violentómetro, de menor a mayor, focos de alarma: bromas hirientes, chantajes, mentiras o engaños, ser ignoradas o que se aplique la llamada “ley del hielo”; celos, culpas, descalificaciones, ridiculización y ofensas; humillación en público, intimidaciones y amenazas, control y prohibiciones, destrucción de artículos personales; manoseos, caricias agresivas, golpear de juego, pellizcos o arañazos, empujones y jaloneos, cachetadas, patadas, encierros y aislamientos; amenazas con objetos o armas, forzar relación sexual, abuso sexual, violación, mutilación, asesinato.
El violentómetro laboral**, también elaborado en el IPN, lamentablemente parece una descripción de lo que ocurre con frecuencia, antes muy habitual, hoy no desterrado: inequidad en espacios laborales, donativos involuntarios, referirse al personal como objeto o propiedad, burlas y sobrenombres, asignar tareas inferiores o superiores al perfil ocupacional, culpar o chantajear; citas de trabajo fuera de oficina, mentir, engañar o difamar; discriminación por embarazo, edad, discapacidad, apariencia física, creencias personales u orientación sexual; malos tratos en atención de usuarios, actitud despótica y prepotente; abuso de confianza o autoridad, exhibir errores laborales en público, críticas constantes y sin fundamentos, obsequios para favorecer condiciones laborales, congelamiento o restricción de oportunidades y condiciones laborales; negar derechos laborales, ocultar, falsificar o sustraer información, extorsión y corrupción; exhibir contenido sexista o pornográfico, exigir uso de faldas y escotes, piropos o comentarios ofensivos, pedir besos y abrazos por ser jefe o jefa, manoseo y tocamientos, gritar, insultar, humillar o hacer propuestas sexuales directas o sutiles; intimidar, robar, despedir injustificadamente, reñir, jalonear, empujar, amenazar de muerte, golpear, atemorizar con objetos o armas, forzar una relación sexual.
Sobre las falsas premisas a continuación, si al leerlas usted cree que son verdades o que contienen alto grado de verdad, puede ser porque ha heredado e inhalado –como el resto de las personas– la cultura sexista de desigualdad:
· Las mujeres tienen cambios hormonales más drásticos que los hombres.
· Los hombres tienen más habilidades para las labores de ingeniería, física, tecnología y matemáticas que las mujeres.
· Ni la histeria ni la menopausia son constructos semántico-sociales.
· Los doctores, gobernantes, líderes religiosos deben ser hombres porque pueden entregarse de mejor manera a sus pacientes, electores y feligreses.
· Las mujeres son quienes deben ocuparse de los ancestros, las personas con discapacidad y las y los enfermos porque son ellas las mejores cuidadoras.
· No importa cuántos años tenga, una madre siempre debe cuidar de sus hijos.
· Si alguien viene manejando mal y torpemente, es probable que se trate de una mujer.

*https://www.unwomen.org/es/noticias/anuncio/2023/12/dia-internacional-de-la-mujer-2024-invertir-en-las-mujeres-acelerar-el-progreso

**https://www.google.com/search?q=violent%C3%B3metro+laboral&oq=violent%C3%B3metro+laboral&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyCQgAEEUYORiABDIHCAEQABiABDIHCAIQABiABDIHCAMQABiABNIBCDMyNjhqMGo3qAIAsAIA&sourceid=chrome&ie=UTF-8#vhid=I6u1s-IMzQa4EM&vssid=l

@anterrazas

 

Álbum para cerrar el año

Prácticamente cualquier noticiario, revista o publicación periódica hace un recuento, un anuario de imágenes alrededor de estas fechas. De igual modo, la inmensa cantidad de profesionales o no profesionales de la psicología exhortan a realizar una proyección situacional –le dicen deseos o propósitos– para el año que viene.
La celularitización mundial contribuye de manera masiva a la posibilidad de hacer todo tipo de fotografías. De hecho, seguro se toman muchas más fotos de las que se pueden archivar o volver a ver. Las imágenes se explican de miles de maneras, pero jamás dicen una sola cosa ni son unirreferenciales. Veamos:
Tiempo. Traemos orgánicamente puesto el reloj biológico que nos dice que somos tiempo y que todo es finito. Sabemos a nivel intuitivo, consciente e inconsciente, que esto vivido no será después y que todo se acaba sin poderse repetir. La invención de la cámara fotográfica sigue siendo inaudita por su capacidad, con todas sus limitaciones, de detener o capturar un pedacito de tiempo que, sin ella, ni siquiera podría intentarse volver a describir.
Memoria. Asimismo, lo que ocurre y fue, lo que hemos vivido y cómo eran o son las cosas, pueden de cierta chata manera resumirse a través de una fotografía o una postal. Esos paisajes que se acaban borrando y diluyendo en nuestros cerebros, apenas quedan señalados en esta u otra imagen que acaba supliendo a toda nuestra maquinaria memorable y memoriosa.
Fotopostal. Las fotografías del exterior se convierten en eso que la persona, por alguna razón, distingue del todo, aparta del paisaje completo o de los 360 grados y decide compartir. Esas fotografías son acontecimientos, hallazgos personales por ser la colocación de los ojos, la mirada puesta de una manera que busca ser distinta. Esto es robarle un fragmento a la realidad visual para compartir con otras personas esa relación que queremos tener nosotros con aquello.
Selfies. La tan actual autorreferencia selfiana es una herramienta interesante, puesto que las personas con cámara en las manos pueden ahora, a diferencia de hace unas décadas, tomarse y tomarse fotos hasta sentirse cómodas con esa imagen de sí mismas, con esa autoconstrucción y forma en la que quieren ser vistas.
Identidad. La lógica de “si me veo, me siento y me describo, existo, por tanto, pertenezco y poseo alguna identidad”, se basa enormemente en el apoyo gráfico. Por eso el cine, que son imágenes en movimiento o una secuencia de fotografía móvil, nos va contando con tanta fortuna algo que nos arraiga a un paseíllo atrapado, enlatado, con posibili-dades de revisitarse y que nos va conformando identitariamente. Ahí nos identificamos o no, rechazamos o aceptamos lo que sucede y lo tenemos a la mano para renarrarlo, criticarlo. Las imágenes como identidad nos hacen más fácil la posibilidad de la comprensión de un todo tan enorme como lo es la vida ya que el tiempo tan cambiante y sus contextos irrepetibles se vuelven muy difíciles de atrapar. En cambio, las fotos nos refieren a pedacitos de más fácil digestión.
Interpretación. Que sigue de identidad. Esa forma de explicar, contar y ver, atomizada en una imagen, es nuestra firma, es esa huella de inscripción y firma. La manera en la que atravesamos la vida, cuando la fotografiamos y hablamos de esas fotografías, es el relato que nos contamos de lo que somos, lo que queremos ser (en colectivo), lo que deseamos, lo que entendemos, lo que nos sorprende o nos aterra. El fotoperiodismo es tan valioso porque además de hacer esa interpretación de la nota –es decir, de todo aquello que sale al supuesto orden de las cosas– logra captar en el instante preciso eso que está ocurriendo y que el fotorreportero piensa que se debe difundir entre todas las personas.
La propuesta para este fin de año es que hagamos nuestra pequeña selección de imágenes clave del año y nos tomemos el tiempo para explicarnos por qué las escogimos. Además, hagamos lo mismo con imágenes que diseñemos en nuestra imaginación sobre el 2024 y nos tomemos el tiempo para explicar por qué ésas y no otras. El mundo, el país y los contextos inmediatos se merecen este pequeño álbum imaginario 2023-2024, antes de que la vorágine del calendario nos reempuje a tomar fotos y nos aleje de sus lecturas.

@anterrazas

 

Medios públicos en la mira

El arribo de Javier Milei a la presidencia de Argentina y su intención de privatizar –entre otras muchas instituciones– a los medios públicos, abre el tema para reflexionar sobre la importancia, vitalidad y servicio que ofrecen los medios públicos en toda América Latina.
Con esa noticia encima, aprovechando la reunión anual de la Red Nacional de Medios Públicos de México AC –conocida en el gremio como “la Red”–, más de 46 medios públicos mexicanos, incluidos sistemas completos de radiodifusión estatales y el federal, se pronunciaron mediante desplegado en contra del proyecto.
Hasta ahora, de acuerdo con la destacada académica y exdefensora del público de Servicios de Comunicación Audiovisual en Argentina, Cynthia Ottaviano, la ofensiva jurídica y económica continúa, según informó a las y los colegas mexicanos de la Asociación Mexicana de las Defensorías de las Audiencias (AMDA), de la cual es integrante esta autora.
La Organización Interamericana de Defensoras y Defensores de las Audiencias (OID) se sumó al rechazo porque, como dice en su sitio web, lo considera parte de un paquete de “retrocesos democráticos en la Argentina en materia del derecho humano a la comunicación, al acceso a la información, la libertad de expresión y por ende los derechos de las audiencias, tras las declaraciones del presidente electo, Javier Milei, respecto de la privatización de los medios públicos en Argentina…”*.
Los intentos y amenazas de transferir a intereses no públicos la radio y la televisión de un país resultan una afrenta a los derechos humanos, al derecho a la información, a los derechos de las audiencias, a tener acceso a contenidos diversos, respetuosos, “nutritivos”, producidos con parámetros éticos, con responsabilidad social.
En un estudio del Reuters Institute de junio de este año, orientado a países europeos y titulado The Importance of Public Service Media for Individuals and for Society (La importancia de los medios de servicio público para las personas y para la sociedad), de Rasmus Kleis Nielsen y Richard Fletcher, se destaca que la valoración positiva de los medios públicos de comunicación se deposita, sobre todo, entre quienes realmente los utilizan, quienes los siguen, los ven, les son relevantes.
En México ha habido una larga lucha para que prensa escrita, radio y televisión puedan defender su independencia editorial frente a los diversos poderes de los gobiernos en turno; y puedan librar una mejor batalla en dar resultados en favor de una comunicación plural, incluyente, no propagandística. La historia de esa lucha ha tenido altas y bajas y, sin duda, se acompaña, al igual que señala Ottaviano que ocurre en Argentina, de embestidas jurídicas o económicas.
En realidad, si alguien se pregunta: ¿para qué sirven los medios públicos?, la respuesta indubitable es: para colocar contenidos diversos, informativos, didácticos, de interés público –que como decía un autor inglés, no significa el interés del público necesariamente–, que escapen al catálogo comercial –que puede jamás programar algo distinto si no está asegurada su venta–, para explorar, para aventurarse, para incorporar a minorías y mayorías, para servir, para ofrecernos rutas en casos de emergencias, para tratar de informar con la más alta ética y los más puntos de vista posibles, para cumplir con el derecho a la información.
La BBC lo tiene muy claro, su propósito existencial “es actuar conforme al interés público, atendiendo a todas las audiencias mediante servicios de alta calidad, imparciales, distintos, para informar, educar y entretener”.
La OID también subraya en el desplegado mencionado anteriormente, la fortaleza de los medios públicos porque “brindan acceso a la información, al entretenimiento y a la cultura para la ciudadanía, cubriendo desiertos informativos tanto territoriales como de contenidos, al no priorizar el interés lucrativo frente al interés general de la población para tomar decisiones y participar de la vida democrática. Si bien la mayoría de los medios públicos y estatales, tanto en Argentina como en el resto de América Latina, tienen como fuente de financiamiento recursos públicos federales del Estado, de ninguna manera esto les convierte de inmediato en instrumentos propagandísticos al servicio del poder político o partido en turno”*.
Esa tentativa privatizadora argentina es una invitación potente para que nos hagamos, con conciencia y conocimiento de causa, audiencias críticas y participativas de nuestros medios públicos, en ellos queda la huella de nuestra salud democrática comunicacional.

* https://oidaudiencias.org/
@anterrazas