¿Presufragismo en Instagram?

La no igualdad entre mujeres y hombres que, en la práctica, en las creencias y en la realidad ha durado siglos y siglos, permeando a todo tipo de sociedades y naciones, no supera la lógica más elemental ni la razón o el sentido común. Tampoco está acorde con la fundamentación académica, científica o la evidencia orgánica de ningún tipo. No obstante, decenas de miles de personas siguen considerando al hombre como superior a la mujer en lo que se ha llamado el pensamiento y modo patriarcal, por más que les confronte el concepto.
El tema se pone de manifiesto ya que, hace algunas semanas, la multimillonaria organización Turning Point –y otras agrupaciones que le copiaron–, la cual difunde valores conservadores en universidades, institutos y colegios, radicalizó aún más su discurso, impugnando directamente los cimientos de la democracia moderna en los que se asienta el voto para las mujeres.
Esa organización fue fundada en 2012 por el comentarista conservador Charlie Kirk, con más de 600 secciones en universidades e institutos por todo Estados Unidos. Se presenta como “centrada en la libertad, el libre mercado y un gobierno limitado”, aunque acapara la mayor atención cuando se trata de temas como el aborto, las vacunas y los derechos de las diversidades. Erika Kirk, viuda del comentarista que fue asesinado el año pasado, es la actual directora ejecutiva y presidenta de la organización. En el marco de la convención mencionada, que tuvo lugar en San Antonio, Texas, con cerca de 3 mil asistentes, varias participantes defendieron el llamado “voto por hogar”, una insólita iniciativa que sugiere que el sufragio sea ejercido por sólo un representante de la familia en lugar de que cada integrante vote individualmente y, desde luego, ese representante tendría que ser hombre. Las propuestas, por absurdas que parecieran, han cobrado vuelo y los datos numéricos de sus seguidores son escalofriantes.
Turning Point cuenta con más de 3.5 millones de seguidores en Instagram y más de 2 millones en plataformas como X y TikTok. Cada fragmento de video donde Kirk o sus colaboradoras cuestionan el feminismo o la Decimonovena Enmienda –de la Constitución de Estados Unidos, en donde se aprobó desde 1920 el voto femenino–, alcanza regularmente entre 500 mil y 2 millones de reproducciones en cuestión de días. Erika Kirk se presenta en centenares de campus de preparatorias y universidades en todo Estados Unidos y los congresos, como el de mujeres jóvenes líderes, logran reunir a más de 10 mil asistentes por evento, con boletos agotados meses antes.
La propuesta del “voto por hogar” (household voting) consiste en regresar al modelo presufragista del siglo XIX, según el cual cada familia tiene derecho a un solo voto en las urnas y debe ser emitido por el “jefe de familia”. Es un retroceso difícil de creer.
Una de las feministas más respetables y conocedoras de la historiografía sobre este tema, Gerda Lerner, ya lo advertía al prevenir que el patriarcado intentaría “que las propias mujeres internalizaran y defendieran su subordinación, disfrazando el cautiverio político como una elección de estilo de vida glamorosa”.
De alguna manera, Turning Point es un brazo armado del colectivo electoral joven –de los años 2000 para acá o generación Z– que mantiene el gobierno actual en el país del norte. Tal vez la descolocación de la igualdad en las mujeres muy jóvenes llega a hacerles creer que no tener derechos políticos ni obligaciones financieras es sinónimo de “paz, protección y cuidado masculino”. Por lo pronto, estos movimientos convergen con los de TradWife (esposas tradicionales) y la ola terrorífica de la manósfera, a la que pertenecen millones de adolescentes y hombres jóvenes que resienten los avances del feminismo contemporáneo.
¿En dónde quedan la lucha sufragista mundial, la muerte de Emmeline Pankhurst, la Convención de Seneca Falls en 1848 en Nueva York? ¿Querrán de verdad estas jóvenes seguidoras de Kirk que, con todas las de la ley, el Estado o los hombres (padres, hermanos, novios, esposos, tíos, líderes religiosos, gobernantes, políticos o los propios abusadores de ese género cuando sea el caso) decidan sobre su vida, su destino y su cuerpo? O es solamente un caso más de los anacronismos autoritarios y retrocesos democráticos que hallan eco en la desmemoria juvenil de quien siempre tuvo la igualdad a la mano.

 

Día Mundial del Perro, empatía vital

El pasado 21 de julio se celebró el Día Mundial del Perro. Con éste se intenta visibilizar la alta tasa de abandono de especies caninas, procurando también fomentar la adopción responsable, el reconocimiento de la labor de los perros para las sociedades humanas y la relevancia del cuidado de sus vidas como termómetro de cuánto procuramos “la vida”, en general, sin compartimentos, especismos, jerarquías ni divisiones.
La efeméride surgió en 2004 ante la unión de organizaciones civiles y activistas independientes que notaron que, en el hemisferio norte, históricamente, había picos en las estadísticas de abandono de mascotas en la vía pública durante todos los veranos. A este movimiento, un tanto independiente, se le unieron los tres gigantes en el ramo: la Human Society International (HSI), de la cual forma parte México; PETA (que en inglés significa People for the Ethical Treatment of Animals), la cual refuerza el mensaje de que es mejor “adoptar que comprar”, y la World Animal Protection. La propia Organización de las Naciones Unidas reconoce el valor de los animales fundamentalmente insistiendo en que la salud del planeta y de la humanidad es una sola, no puede desconectarse la salud animal de la vegetal o de la humana.
En una revisión exprés respecto de la evolución de los perros como hoy los conocemos, se ha estudiado que la domesticación del lobo y su transición a perro (Canis lupus familiaris) ocurrió hace 15 o 30 mil años y es la única especie criada específicamente para convivir y ser útil a los seres humanos; en un principio, en la caza, el pastoreo y la vigilancia territorial.
Lo cierto es que, desde hace ya quizá medio siglo, se ha reconocido el rol social del perro como ser vivo, sintiente e individuo animal, con la cualidad inigualable de ser gran compañía afectiva para cualquier integrante o para todo el núcleo del universo familiar.
Investigaciones neurocientíficas y psicológicas, de medicina geriátrica inclusive, confirman que la interacción entre humanos y perros estimula la segregación de oxitocina, serotonina y dopamina en ambos organismos. Ese contacto físico y visual reduce significativamente los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés. Esto significa que la presencia de un perro en un hogar se vincula a la disminución del aislamiento social, la depresión y la soledad.
En México, las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) señalan que más de 60 por ciento de los hogares cuenta con al menos una mascota, siendo los perros la especie predominante. Paralelamente, el marco legal ha evolucionado con leyes de bienestar animal que tipifican el maltrato como delito y promueven la tutela responsable. El fenómeno ha impulsado la adaptación de espacios urbanos, transportes y servicios dedicados a la integración de los perros en la vida cotidiana.
Las redes sociodigitales están repletas de historias para atrapar la atención que tienen que ver con perros, consolidándose ya algunos “personajes” entrañables de la mediósfera, como los del show de thebigbarkboys o los de wearegoodpets en Instagram. En México se han hecho petfluencers también Zadrigman y decenas de programas de radio, televisión y podcasts. El éxito masivo se debe, sin duda, a la empatía que pueden generar los perros con los humanos.
Para muestra, hace algunos días, el conductor de televisión Pedro Sola expresó apasionadamente su molestia por el aumento de la presencia de mascotas en espacios públicos y comerciales, lo que generó una oleada de reacciones adversas de las audiencias, de patrocinadores y hasta tuvo denuncias formales ante la Fiscalía de la Ciudad de México. La controversia obligó al presentador a emitir una disculpa pública en la que reconoció abiertamente que desconocía la importancia afectiva y el rol central que los perros desempeñan actualmente en las familias.
El Día Mundial del Perro trata, en el fondo y en la forma, sobre la esperanza de que la humanidad cuide aquello-otro-vivo y valore, de paso, el afecto sin condiciones y a los seres más vulnerables o aparentemente menos privilegiados. Detrás de esta efeméride está la urgencia de los seres humanos para generar más empatía con la vida y así, quizá, desacelerar un poco nuestra propia muerte como especie.

Desmundialización y duelo

AMERIZAJE

 

Falta escasamente una semana para que termine el Mundial de Futbol 2026 y ya pasaron varios días desde que México jugó su último partido en este torneo. Lo más comentado en medios de comunicación, desde el lunes 6 de julio, fue la ingente necesidad de las y los mexicanos para encontrar un motivo homogéneo de celebración, alegría y fiesta. La cantidad de gente en modo júbilo y el ánimo de equipo nacional fue tan grande que tuvo que ser abordado por decenas de analistas y editorialistas tanto de deportes como de política u otras especialidades, en el país y fuera de éste.
El fenómeno del alboroto mexicano no es nada nuevo, pero sí, hoy en día, está aderezado de tecnología, redes, ocurrencias inmediatas y mayor posibilidad de participación “memística” o de asistencias a los nutridos “fan fest”.
La propensión a suspender el peso de la existencia fue esbozada en El perfil del hombre y la cultura en México por Samuel Ramos, quien advertía sobre nuestra tendencia histórica a la evasión como un mecanismo de defensa; un intento por construir un “simulacro de vida” que nos protegiera de una realidad hostil. Octavio Paz también retomó ese tema planteado por Ramos en El laberinto de la soledad, al aseverar que las fiestas populares “no son un simple divertimento” sino “una ruptura del tiempo lineal”.
Si el Mundial funcionó como el gran paréntesis o la magna y sagrada interrupción, el problema a desmenuzar es qué sigue, qué se hace ante el duelo de haber perdido un evento, suceso, ocasión, acción, texto o pretexto, que nos hizo, hacía o nos hace sentir verdaderamente felices, contentos, alegres, llenos de esas hormonas del bienestar llamadas endorfinas, dopaminas y más.
Este duelo mayúsculo, transversal, esta pérdida social de algo que nos hacía aparentemente muy bien y mucha falta, es real y está o estará ahí otro rato. Hasta ahora, lo mejor que se conoce para la administración y manejo de duelos es la tanatología y la psicoterapia, el psicoanálisis, la fisioterapia o la actividad física alternativa. Eso sí, para que los duelos transcurran, lo primero es reconocerlos y verlos de frente.
Para el filósofo Gilles Deleuze, “la potencia (que es energía vital en cantidades y no se emparenta con el poder) no radica en conservar un estado de gracia estático, sino en la capacidad que se tiene de afectar y de ser afectados, de experimentar líneas de fuga cuando el territorio conocido se desmorona”*. Cuando “la jugada” o las reglas del juego cambian, de forma intempestiva –en la geopolítica, en el ánimo de una nación o en la biología de nuestro propio cuerpo, como ocurre con algunas personas adultas mayores– lo que nos queda es hacernos cargo de la soberanía sobre cómo y hacia dónde nos movemos, cómo nos adaptamos y cómo decidimos habitar el escenario que se presenta, porque esa nueva realidad es estrictamente el campo de acción que resta.
Para el psicoanalista Jacques Lacan, el deseo humano está inherentemente ligado a la falta y el error de las sociedades contemporáneas que caen en el facilismo de creer que el bienestar es una línea recta, permanente. El final de la gran fiesta futbolística, al igual que el final de una etapa en el caso de los lutos personales, nos confronta con el vacío, con la pausa no buscada, con la interrupción molesta. Y, sin embargo –regresando a Lacan–, desde esa falta es donde el sujeto puede reposicionarse y crear algo nuevo. Por eso, quizás, hay que aprovechar los duelos no como estadios de parálisis pasiva, más bien como procesos activos de reinvención y recreación.
La sociología del trauma y las corrientes actuales de la psicoterapia coinciden en que las sociedades y los individuos no sanan olvidando el oasis perdido, lo hacen traduciéndolo, encontrando la metáfora necesaria para seguir. La interrupción de la alegría en masa nos obliga a un repliegue táctico. Si la catarsis mundialista demostró que somos capaces de articular una energía comunitaria desbordante, el desafío postmundialista pudiera consistir en asimilar el silbatazo como una mudanza de cancha.
A todas las naciones, al mundo en la actualidad, a las y los sujetos en lo individual y en lo colectivo, nos toca gestionar hoy la resaca de la desmundialización, intentando alcanzar una madurez mental, emocional, integral, en la que quepa esa sana potencia deleuziana para encarar lo que siga, lo que sigue, lo que ya empezó.

* https://archive.org/details/spinoza.-filosofia-practica-gilles-deleuze

@anterrazas

 

¡25 años del 17, Instituto de Estudios Críticos!

Un año después de que esta autora hubiese nacido, el increíble escritor argentino, muy leído y apreciado en México, Julio Cortázar, publicaba lo que se consideró su novela “más experimental”, 62/Modelo para armar. En esta obra, según más o menos coinciden los analistas literarios, “no se sabe por qué ocurren las acciones; no está claro cómo se relaciona cada personaje con otros y no se respeta la línea de tiempo ni la del espacio”. El estado impreciso de esos elementos narrativos hace un guiño a la actualidad y resuena con el próximo XLI Coloquio Internacional: Modelo para Ensamblar. Responder al Siglo XXI, organizado por el 17, Instituto de Estudios Críticos, que se realizará de este lunes 29 de junio al sábado 4 de julio en línea y presencialmente, en varias sedes de Ciudad de México (https://17instituto.org/xli-coloquio-internacional/).
A 25 años de su fundación, a cargo de Benjamín Mayer Foulkes, el 17 apuesta por una estrategia postuniversitaria que ha dado al clavo con las formas más sensatas de abordar la aparente insensatez que impera en las tendencias políticas, económicas, sociales.
Celebrar 25 años de una institución de tan inusual naturaleza, paradójicamente visionaria y quizás involuntariamente blindada para las continuas embestidas de lo que va ocurriendo en el presente, parece –como lo dice su rector en el texto introductorio al coloquio– “una sana necedad”.
Cuando la educación superior tradicional apostaba –y sigue apostando– por la hiperespecialización y la burocratización del saber, este Instituto apostó por el descentramiento. Esos lugares incómodos en donde se sitúa el 17 lo convierten en uno de los espacios más valiosos a nivel nacional e intercontinental para desarrollar proyectos –de creación y pensamiento en acto– que nos permiten cohabitar de mejor manera con un presente saturado de respuestas instantáneas, algoritmos que nos desbancan y desfalcan, y polarizaciones que anulan la posibilidad del matiz. En estos escenarios cotidianos, la existencia de un espacio crítico como el 17 nos puede mantener en el piso de la hospitalidad con lo que resulta o parece ajeno, al tiempo que nos permite la defensa irrestricta de la escritura como una forma de resistencia.
Desde 2001, el 17, Instituto de Estudios Críticos elabora preguntas y problemas desatendidos por otras instancias y su quehacer se orienta hacia la materialización simbólica y la performatividad. Aquí se ofrece lo que fue y es aún el primer posgrado en Teoría Crítica en español, mediante una pedagogía digital (escritural) que tiene 25 años de madurez y goza de amplio reconocimiento. En el 17 se puede cursar la maestría y el doctorado en Teoría Crítica y se puede hacer una estancia posdoctoral. Además, existen seminarios y asignaturas sueltas como, por ejemplo: “Potencia del ensayo literario para la investigación-creación”; “Catherine Malabou: plasticidad, metamorfosis y anarquía”; “Infancias bajo control: patología, sicariato, migración”; “La instrumentalización de la música: escuchar el poder” o “Escrituras de ciudad: literaturas de la Ciudad de México”; “Teoría Crítica para el siglo XXI: pensar la crisis con Max Horkheimer” o “Producción de lo común: valor, cultura y capitalismo contemporáneo”.
Entre las áreas del 17 están también, además de la de Teoría Crítica que engloba literatura, filosofía, pensamiento estético y pensamiento político: A/Teología, Psicoanálisis, Cuidados, Infancias, Estudios de la Vejez, Estudios de la Discapacidad, Estudios en Salud y Medicinas, Pensamiento Estético, Literatura, Investigación-Creación, Arte, Performatividad y Tecnología, Estudios de la Improvisación, Pensamiento Social, Estudios de la Historicidad, Estudios Territoriales, Género, Derecho, Economía, Comunicación, Edición, Asuntos públicos, Derechos Humanos, Construcción de Paz, Estudios Globales, Consumos Problemáticos, Tecnología y Ecología, Diseño y Estudios de la Materialidad, Estudios en Ciencias, Tecnologías y Sociedad, Estudios de la Digitalidad, Educación, Programa Normalistas, Metodografías, Administración, Gestión y Pensamiento Organizacional y Gestión Crítica de la Cultura.
A ese listado, que refleja en sí lo improcesable del Instituto, se le añade la extensión académica, la propuesta editorial –junto con la Feria Internacional del Libro Pensamiento Crítico–, la investigación, la consultoría y la radio.
Tal vez solamente si se desarticula o desconstruye lo que respaldaba nuestras certezas, podremos mirar de frente los claroscuros de estos tiempos. Es en ese desfondamiento absoluto donde no sólo “se revela el origen del monstruo que nos acecha, sino también el lugar exacto desde donde puede emerger un poco de mayor claridad”.
Si la obra mencionada de Cortázar fue la antinovela experimental en la que “el lector asumía un rol activo, para dar sentido a eventos que escapaban a la lógica clásica, trascendiendo el tiempo y el espacio”, ocurre algo similar con las y los integrantes del 17. Por eso esta columna celebra, con orgullo, el cuarto de siglo al que arriba este Instituto.

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Discapacitarte, una opción para tratar a las personas con discapacidad

La escucha en general, pero también en particular la de “la otra”, “el otro”, “lo otro”, se irá posicionando cada vez más, entre el mundanal, cibernético e inteligentemente artificial ruido, como la acción clave para la comprensión de un nuevo sistema de navegación político, cultural, social, evolutivo, con perspectiva de igualdad. Si no en la práctica, sin duda ocurrirá en la teoría. Una escucha de cuerpo y emoción entera de aquello distinto urge para diseñar nuevos escenarios en prácticamente todos los rubros de la humanidad.
La escucha lacaniana (de Jacques Lacan) desde la teoría del psicoanálisis, explicada sencillamente, es “una intervención activa que opera como una lectura de aquella persona que habla”.
La discapacidad, por otro lado, tiene una definición de diccionario que empaña la lucha de decenas de organismos de la sociedad civil en favor de una igualdad sustantiva de las personas con discapacidad. El concepto, de hecho, ha transitado desde algún adjetivo calificativo, determinante, limitativo y excluyente, hasta una variedad de palabras en cuya intención está mirar a las personas como iguales, no importa sus diferencias. Así, decir persona con discapacidad es lo correcto, por lo menos hasta estos días, en lugar de “discapacitado”. Las discapacidades vienen de distintas formas y con variadas intensidades, unas se notan y otras no, pero todas las personas tenemos o tendremos una o muchas discapacidades.
Con esas premisas en mente y una carrera como psicóloga en cuyas prácticas universitarias la llevaron –en pediatría– al trabajo con infancias con discapacidad, Cecilia Rosales Vega decidió apostar tiempo, cuerpo, mente y vida a la escucha de la discapacidad y, por ende, a la lucha por espacios y desarrollo igualitario de las personas con discapacidad. Egresada de la Universidad Iberoamericana, inspirada sobre todo por su propia hija Elisa –hoy una encantadora joven de 24 años con síndrome de Down– Rosales Vega inventó hace más de dos décadas la iniciativa Discapacitarte para asesorar y orientar a personas con discapacidad y a sus familiares, apoyándose en el arte y, desde luego, en el psicoanálisis.
Una colección de libros para personas a quienes la discapacidad les cae por sorpresa; programas de radio, seminarios, conferencias, talleres, ciclos de cine y de música, además de sesiones de terapia colectiva de escucha, han sido sólo algunos de los resultados visibles de ese trabajo. Además, el esfuerzo y convicción para que la vida cotidiana no tuviese exclusiones, llevaron a Rosales Vega a ser la impulsora principal de la inclusión de infancias con discapacidad en una escuela bilingüe, comercial, como el Churchill School México. En situación de pandemia, la maestra en psicología inauguró un espacio en línea llamado Regazo, para precisamente abrigar al grupo de jóvenes con discapacidad que habían quedado doblemente marginados de la escolaridad de por sí suspendida. Estos logros han sido acompañados de profesionales muy humanas, magníficas, que han sido también cómplices de Rosales Vega, como las maestras y psicoanalistas María Angélica Núñez Chávez, Silvia Solís Gómez, Catalina Piña, Diana Mendoza y el hoy occiso Miguel Ángel Zarco.
Hace algunos días, en el Centro Cultural Elena Garro, se celebraron los 20 años de “escucha especial” de Discapacitarte*, en donde incluso se dio muestra viva de un taller de escucha con jóvenes y jóvenes adultos con discapacidad, quienes no tendrían por qué no tener mucho qué decir sobre sus emociones, vivencias, sensaciones o experiencias.
Discapacitarte, Rosales Vega, ha combatido ya durante muchos años la tradición conservadora de exclusión y segregación de las personas con discapacidad en materia educativa, en psicoanálisis, en la vida. La tarea no es fácil y merece todo el reconocimiento. Hoy, Discapacitarte ofrece sesiones de atención psicológica para personas con discapcidad y su familia, en consultorio; talleres de escucha para personas con discapacidad intelectual; sesiones especiales de escucha; clases para promover el aprendizaje y proyecto laboral de personas con discapacidad intelectual; grupos de atención psicológica para madres, padres y familiares de personas con discapacidad, y un grupo de estudio e investigación sobre psicoanálisis y discapacidad con especialistas.
Discapacitarte también instrumenta, para empresas, instituciones u organizaciones, talleres de escucha sobre discapacidad.

* www.centrodiscapacitarte.com
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Alegría y body jam

Para Néstor Itzcuautli Valero.

La alegría definida por la Real Academia Española es “un sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores”. La misma fuente asocia la alegría al “placer” y a la “animación”, “generalmente provocadas por algo agradable”, expresado mediante “palabras”, “risas”, “gestos o actos que demuestran el júbilo”. En México, como dato en fuga, las llamadas “alegrías” son dulces tradicionales hechos con amaranto y miel.
La posmodernidad “antropo-capitalo-cénica” de estas alturas del siglo, está marcada por una suerte de tiranía alegril, una happycracia –como la bautiza el autor Edgar Cabanas–, en donde el consumidor tipo utiliza la alegría cual combustible fundamental. Esto, de manera reduccionista, implica que una sociedad alegre tienda a consumir más, a comprar cosas activamente y a necesitar esa gasolina para que la maquinaria industrial continúe.
Por otra parte, la evidencia científica, biológica, nos sigue diciendo que esos momentos de alegría que vive el ser humano, se deben, principalmente, a meras reacciones químicas. Esto es, queda vigente la premisa del cerebro humano como máquina diseñada evolutivamente “para evitar el desplacer”, mediante la liberación de dopamina, serotonina o endorfinas que suele ocurrir durante el ejercicio aeróbico –así como con el arte o los logros, etcétera. Como personaje central de esta derrama neuroquímica se encuentra la industria del ejercicio y los consabidos gimnasios, en donde ha resultado sumamente exitoso ofrecer clases de baile para todo público. El baile, dicho sea de paso, es un promotor megaeficiente de la producción dopamínica (responsable, en gran medida, del júbilo y felicidad existentes en el cerebro).
Uno de esos bailes generadores de alegría en los gimnasios, que ha tenido gran éxito a nivel mundial, es el denominado en inglés body jam. Este género aeróbico nació en Nueva Zelanda a finales de la década de 1990, en Auckland, dentro del influyente ecosistema de Les Mills International, una empresa fundada originalmente por el atleta olímpico Les Mills (Leslie Roy Mills) y expandida globalmente por su hijo, Phillip Mills. El body jam puede decirse que es un entrenamiento cardiovascular que combina ritmos como house, hip hop, drum ‘n bass, ritmos latinos y trap, muchos de estos géneros vinculados al baile en la calle y a la evolución de la música electrónica y urbana. Convertido desde hace algunos lustros en una forma atractiva del llamado fitness, las clases de body jam provocan una derrama quíntuple de dopamina en quien las practica y quizá por eso son tan socorridas. Con este ejercicio se genera placer a raíz de coordinar los movimientos de baile adecuadamente (muchos contraintuitivos); memorizar los pasos de la mini coreografía (no tan fácil para quienes no están acostumbrados); llevar el ritmo de esa música única con ese increíble “beat”; escuchar esos sonidos urbanos medio cardio-funk que se acoplan al movimiento corporal y, finalmente, mantener una relación sana y cercana con el cuerpo (vínculo que va mejorando clase con clase, rápida o lentamente, pero que nunca se queda como en el día uno).
El body jam revolucionó el mercado del acondicionamiento físico al fusionar géneros musicales de vanguardia con un entrenamiento cardiovascular de alta intensidad, sí, pero es más que eso. A diferencia de una clase de danza convencional, en la que la ejecución técnica o estética es prioritaria, “el body jam fue diseñado para equilibrar la expresión libre del movimiento con un elevado gasto calórico, induciendo en quienes lo practican un estado de euforia y bienestar mental muy similar al que se experimenta en disciplinas de conexión corporal como el yoga”.
Desde la perspectiva neurobiológica, la alegría no es un evento fortuito, es a su vez una intrincada coreografía bioquímica, coordinada principalmente desde el sistema límbico –el epicentro emocional del cerebro– y procesada de manera consciente en la corteza prefrontal. Hacer body jam entonces resulta inmejorable remedio para quien esté a la caza de muchos y frecuentes momentos de esa química y tan anhelada neurálgica alegría.

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El dalái lama sobre sabiduría y felicidad para enfrentar el siglo XXI

El más reciente documental del nonagenario dalái lama, Wisdom of Happiness –como lo tradujo Prime Video, o Sabiduría y felicidad, como le pusieron en español–, de 2024-2025, comienza con la siguiente advertencia: “Hermanos y hermanas de este pequeño mundo…”.
Eso pone el tono para ubicarnos en la inmensidad del cosmos y también para, de entrada, igualarnos. El primer mensaje de este texto audiovisual, legado de Tenzin Gyatso, el décimo cuarto dalái lama, nacido en 1935, líder espiritual del Tíbet en exilio, Premio Nobel de la Paz (1989), quiere dejar claro que él es igual a cualquier otro ser humano y debemos procurar entender, sobre todas las cosas, que todos y todas somos exactamente iguales. Así, quien mire la hora y media del documental, dice, “no debe esperar ni milagros ni bendiciones especiales”. El legado compartido consiste en comentar experiencias y resultados de su pensamiento e historia de vida en la práctica.
Establece también que su decisión para armar este testamento audiovisual se debe a que el presente siglo y sus evidentes convulsiones –desastres, catástrofes, guerras, destrucción– demandan nuestros mejores recursos.
En un inicio, la narración arranca con su propia biografía, su salida del Tíbet y el consecuente éxodo de su pueblo hacia India, a manos de Mao Zedong (quien, asegura, era “como mi padre”). Esa tensión y contraste es punto de arranque para abundar sobre cómo podemos fortalecer las capacidades de resiliencia ante lo que haya que enfrentar en el siglo XXI.
Quizá lo más relevante para contrarrestar las secuelas destructivas, menciona, es que las emociones pueden controlarse con disciplina mental, con el hábito de la meditación analítica y con el darse cuenta de que con cada conflicto o enemigo se pueden poner en práctica la paciencia, la bondad y la compasión (muy afines al budismo tibetano que encabeza).
Manejar las emociones correctamente, de acuerdo con el dalái lama, es construir el camino hacia una felicidad en medio de un caos y, en última instancia, esto puede literalmente arreglar y cambiar al mundo, puesto que resulta en paz. Transformar la mente puede llevarnos, en conjunto, hacia la paz. Ante el egocentrismo, los miedos, la ira y el enojo, de acuerdo con el dalái, debemos concentrarnos en hallar interesante el punto de vista de contraste, el diálogo, la contención de emociones negativas y emprender un ejercicio para mejorar que consiste en esa disciplina mental hincada en la bondad, la compasión y la paciencia.
Para el dalái lama, el sufrimiento se puede acotar en la medida en la que las personas se desapeguen de “todo como debiera ser” y puedan escuchar lo que está ocurriendo, eso nuevo que sucede. Así, este contexto de pensamientos sin apego, con igualdad y con la cultura del cuidado que se puede aprender de las mujeres –de las madres–, nos facilita la autodisciplina para contener las emociones destructivas y mantener una higiene emocional. Respirar con pausas y conciencia, técnica elemental de la meditación, puede ser una herramienta clave para ese ejercicio de autocontrol.
La producción ejecutiva del documental estuvo a cargo del actor Richard Gere, conocido por su afinidad con la meditación budista y de Oren Moverman. Multipremiada, su información oficial insiste en que la película “no se ve, se vive” y en que “nos revela una verdad atemporal: la felicidad sigue siendo posible, incluso en medio del caos y la incertidumbre. Este poderoso mensaje de esperanza se transmite a través de una conversación íntima con uno de los pensadores más importantes de la actualidad (…) quien, con una claridad conmovedora y una profunda humanidad, nos invita a imaginar –y a contribuir a crear– un mundo donde la compasión se active como nuestra fuerza más poderosa para el cambio y la felicidad esté al alcance de todos”.
Si hubiera que resumir algunas de las pautas que se extienden en el documental, estarían: preponderar el enfoque colectivo por encima del individualismo; practicar la gestión emocional desde el análisis intelectual, mental, para suplantar sensaciones como la ira y el odio por la paciencia y la bondad; fincar toda reacción social a partir de la compasión para sobrevivir, ganar salud mental y lograr vivir realmente desde una posición de igualdad; finalmente, reconocer la interconexión global de todo y de todo ser sintiente, sin eludir la responsabilidad que nos toca respecto de la vida y las formas de vida.

@anterrazas

 

Dahlia de la Cerda

Una de las muchas voces vigentes y prendidas que ha logrado movilizar y abanderar a un alto porcentaje de los rostros de la injusticia contra las mujeres en México es la de Dahlia de la Cerda. Nació en Aguascalientes el 9 de marzo de 1985 y desde hace ya unos siete años ha venido encantando, provocando y escandalizando a su público lector, a sus audiencias y escuchas, a sus entrevistadoras y entrevistadores. Activista de eficacia rotunda, su libro de 13 cuentos que pueden hilvanarse, Perras de reserva (Sexto Piso, 2019), logró éxitos de venta y sorprendió por su capacidad de encontrar territorio cohabitado por la más cruda crónica periodística, el buen reporteo de la catástrofe feminicida, la apología del mal en primera persona y las pinceladas de aparente literatura fantástica, que lastimosamente en este país no lo son. Asimismo, De la Cerda tiene publicados con no pocos lectores Desde los zulos (2023) y Medea me cantó un corrido (2024), además de ser conocida por su incisivo trabajo en la organización feminista Morras Help Morras –que funda con Diana Rivero, Karina Leyva y Sofía Regalado–, hoy también un espacio que ha desembocado en un interesante y ágil podcast.
Según ella misma lo ha relatado en incontables ocasiones, creció en el seno de una familia de clase media; sus padres se dedicaban a la venta de bebidas alcohólicas y a la administración de bares y cantinas. Con varios empleos de adolescente, acabó en los lares del periodismo y estudió Filosofía en línea, al tiempo que tomaba talleres literarios. Eventualmente, aplicó al certamen Letras de la Memoria de la ciudad de Aguascalientes y ganó el primer lugar. Ella ha narrado que se volcó al feminismo cuando en 2013 una prima fue víctima de feminicidio.
De la Cerda ha sido Premio de Cuento Joven Comala, becaria del FONCA y quizá el nombre de su ensayo Feminismo sin cuarto propio, así como el título de su columna en la revista Reporte Sexto Piso, Desde los zulos, dan una idea más precisa de la posición de Dahlia de la Cerda respecto del feminismo, la lucha feminista y el quehacer que resta por hacer en términos de igualdad sustantiva, de emparejamiento de pisos.
Entre las varias pistas originales que pueden encontrarse en esta escritora están: la posibilidad de hallar el claroscuro inclusive en las mujeres más violentadas de la sociedad mexicana actual; el habla fluida y propia de las protagonistas de sus textos; un discurso veloz, asertivo e inteligente que puede tocar las llagas y también trazar o rastrear un análisis de forma y fondo. A esta autora se le lee de corrido porque prácticamente nadie puede negar o eludir el tuétano de lo que describe y denuncia señalándolo como literatura solamente, puesto que si alguien se ha asomado a la cloaca del acontecer cotidiano –en cuanto a mujeres desechables, agredidas, violentadas–, sabe y siente, tiene la certeza de que lo escrito no sólo es muy posible sino que apenas roza lo que el infierno feminicida y de abuso hacia la mujer o a grupos vulnerables –como la comunidad trans– significan.
Perras de reserva, el habla, las entrevistas y la propia presencia de lucha y biografía activista de Dahlia de la Cerda son una línea a seguir, a difundir, abanderar y acompañar. Darle la espalda a estas realidades –por fuertes, impactantes y horrorosas que parezcan– no puede ser la respuesta de una sociedad que busca o pretende buscar soluciones, disminuir la violencia, erradicar el abuso o construir la igualdad verdadera, la que llama sustantiva y que se nota en todos los detalles, las oportunidades, obligaciones y puestos que se obtienen, en las conversaciones, los chistes y la cultura en general.
Dos citas del final de Perras de reserva ayudan a comprender por qué se antoja que esta antología de narraciones sea libro de texto (y ya no solamente de contexto): “México es un cementerio de cruces rosas” y “ser mujer es un estado de emergencia”. Claro, porque urge que la mujer, en el habla, en los hechos, en la vida, no sea una entidad “desechable”, prescindible o de utilería. Es de verdad que son tiempos de mujeres, toca hacernos cargo de ello.

 

 

Dos películas para rodear la pornografía del desastre

Toda información que desprende adrenalina, lágrimas, sudores, sangre, miedo y catástrofe, apela directamente al morbo básico de las audiencias. Así que, con medios de comunicación más veloces y mejor amoldados a los intereses particulares, la “pornografía del desastre” está en su pico más alto precisamente hoy.
El término “pornografía del desastre”, según ha dicho la académica Lilie Chouliaraki, profesora de Medios y Comunicación en la London School of Economics, “no es una metáfora ligera, es una categoría de análisis mediático que define la transformación del sufrimiento humano en un producto de consumo estético y comercial”.
Así, la pornografía del desastre se vuelve el Coliseo romano del planeta y de los sujetos que lo habitan; está en todas partes y en todas las pantallas, (apto o no) para todo público.
En una suerte de “ironía de la solidaridad”, sigue la académica, “el espectador observa la tragedia ajena desde una distancia segura, consumiendo el dolor como un espectáculo que prioriza el impacto visual sobre la comprensión de las causas o la dignidad de los afectados. No se busca informar, sino generar una reacción visceral que mantenga al usuario (entre más usuarios, mejor) anclado a la pantalla”.
Así, el desastre, el fin del mundo, el apocalipsis, los últimos días, son altamente rentables. Es la película que todas las personas siguen, porque les afecta en primera persona y porque no les permite en general escapar al morbo de saber “qué duele”.
De hecho, otro concepto de la enciclopedia catastrófica es el doomscrolling o doomsurfing, que significa ese (que parece) imparable hábito de navegar por internet y redes sociales durante periodos prolongados, consumiendo una corriente ininterrumpida de noticias negativas, trágicas, morbosas o alarmantes. La pura nota roja, amarilla, apocalíptica. Y aunque el contenido sea sumamente perturbador, las personas son incapaces de dejar de “escrolear” o “deslizar la pantalla” de lo que le bombardeen.
El apego a este tipo de pornografía del desastre, según algunos estudios de la Universidad de Florida, es muy superior al de otras informaciones. Datos de Nielsen refuerzan que “durante catástrofes naturales o crisis humanitarias globales, las audiencias de los noticieros nocturnos registran picos de entre el 20 y 50 por ciento”.
Entre las razones más químicas para que ocurra este fenómeno está el que ese tipo de imágenes aumenta el cortisol en los seres humanos, lo que nos mantiene en un estado de alerta, el cual te indica que te quedes ahí viendo… aunque en realidad te está haciendo adicto porque –al parecer– el cerebro humano está programado para priorizar amenazas.
Hay formas para salir de esa adicción y ya se han mencionado en otros Amerizajes. Sin embargo, dos películas recientes, estando inmersas en el tópico del fin del mundo, logran que el espectador se despegue –con un manejo científico muy interesante desde la ciencia ficción– de ese circuito sin rumbo, para proponer escenarios que superan y rebasan el desastre.
La primera es Arco de Ugo Bienvenu, estrenada recientemente (2025/2026). Es una pieza de ciencia ficción 2D visualmente impresionante que ha estado haciendo mucho ruido en festivales como Cannes y Annecy, donde ganó el premio principal. Es entrañable, sensata, corta, lógica dentro de su propia ficción y ciencia. El conflicto que presenta es una tensión que puede construirse desde una relación amorosa, amistosa, solidaria, única.
La segunda película muy recomendable en este sentido, también sumergida en lo que parece la irremediable muerte de la Tierra y sus habitantes, es Proyecto Hail Mary –que en México nombraron Proyecto del fin del mundo, desde luego. Es una película bien actuada, también de ciencia ficción, que se compromete con las etapas y el detalle muy sensible de una relación amorosa –como la otra cinta–, en lo particular, al tiempo que presenta la relación de la humanidad con la vida, en general.
Rodear la pornografía del desastre implica recuperar esa mirada de esperanza, de autocontrol frente a la propia industria de eso y ubicarnos desde otros pilares fuertes –como son las relaciones amorosas con lo diverso y distinto– para poder sortear el presente y lo que venga.

@anterrazas

 

Breve asomo a lo invisible

Para un estimado de 1.4 mil millones de personas católicas –poco más del 17 por ciento de la población mundial actual–, la reflexión y disposición mental de la Semana Santa gira en torno del misterio de la vida eterna. Para la gran mayoría de la humanidad, independientemente de la espiritualidad que profese, saber o suponer algo respecto de los misterios de lo que acontece después de que se apaga el cuerpo, marca mucho del pensamiento durante su vida.
Ya llevamos más de dos siglos de la –aún no descartada absolutamente– ley de conservación de la materia Lomonósov-Lavoisier, pilar de la química y la física en 1785 y que dice, básicamente, que “nada se crea ni se destruye, sólo se transforma”. A ésta se le suma la máxima de principios del siglo XX, de Albert Einstein y su teoría de la relatividad, que descoloca diciendo que “el tiempo y el espacio no son absolutos, sino relativos al observador”.
Este Amerizaje no quiere afligir con teleologías, sino dejar caer la razón, el corazón y la mirada en las experiencias de lo invisible, de lo que no se acaba y puede parecer eterno o infinito. Lo eterno, cabe recordar, nunca empieza y nunca acaba; lo infinito empieza sin llegar a término.
Si la vida se ha venido definiendo como un periodo de tiempo en el que ocurre el nacimiento, el crecimiento, la reproducción y la muerte, ese sistema conceptual no funciona para todo lo que no se ve o no se toca, como lo son sentimientos, emociones, recuerdos, satisfacciones, alegrías, amores, ilusiones no frustradas, enamoramientos, inspiraciones…
Con haber vivido un rato en este mundo basta para saber que ese conjunto de elementos que se asocian con lo inasible es todo aquello que pudiéramos relacionar con lo inmortal, lo eterno e inacabable, lo infinito. ¿Puede pensar –usted ahora, por ejemplo– en algo vivido que no muera, en un recuerdo, una sensación, la emoción que le provocó o le provoca X o Y y que sigue intangiblemente vigente?
La factibilidad de que los átomos del cuerpo regresen a la naturaleza cuando el cuerpo muera es lo más cercano, con toda paradoja encima, a una suerte de permanencia atemporal en el Universo, aunque no se pueda especular sobre las formas ni maneras del propio tiempo ni de la tal materia.
Para restarle “horror” a la muerte, en 1910 un sacerdote anglicano, Henry Scott-Holland, escribió un texto –hoy ya muy famoso– durante la vigilia del rey Eduardo VII que dice, en la traducción del inglés al español de José Enrique Fernández:

La muerte, rey de los terrores

La muerte no es nada en absoluto/ No cuenta/ Sólo me he escapado a la habitación de al lado/ Nada ha sucedido/ Todo permanece exactamente como era/ Yo soy yo y tú eres tú, y la vieja vida que vivimos juntos con tanto cariño, sigue intacta, sin cambios/ Lo que fuimos el uno para el otro, lo seguimos siendo.
Llámame por mi nombre de siempre/ Habla de mí de la manera fácil que siempre usaste/
No cambies tu tono/ No muestres una actitud forzada de solemnidad o de tristeza.
Ríe como siempre reímos de los pequeños chistes que disfrutábamos juntos/ Juega, sonríe, piensa en mí, reza por mí/ Deja que mi nombre siga siendo el nombre familiar que siempre fue/ Deja que se diga sin ningún esfuerzo, sin la más mínima sombra sobre él.
La vida significa todo lo que siempre ha significado/ Es la misma que siempre ha sido.
Existe una continuidad absoluta e ininterrumpida/¿Qué es esta muerte sino un accidente insignificante?/ ¿Por qué debería estar fuera de tu mente sólo porque no me ves?
Sólo te estoy esperando, por un intervalo, en algún lugar muy cercano, a la vuelta de la esquina.
Todo está bien/ Nada se ha herido; nada se ha perdido/ Un breve instante y todo volverá a ser como antes/ ¡Cómo nos reiremos de la tristeza de la despedida cuando volvamos a encontrarnos!