¡25 años del 17, Instituto de Estudios Críticos!

Un año después de que esta autora hubiese nacido, el increíble escritor argentino, muy leído y apreciado en México, Julio Cortázar, publicaba lo que se consideró su novela “más experimental”, 62/Modelo para armar. En esta obra, según más o menos coinciden los analistas literarios, “no se sabe por qué ocurren las acciones; no está claro cómo se relaciona cada personaje con otros y no se respeta la línea de tiempo ni la del espacio”. El estado impreciso de esos elementos narrativos hace un guiño a la actualidad y resuena con el próximo XLI Coloquio Internacional: Modelo para Ensamblar. Responder al Siglo XXI, organizado por el 17, Instituto de Estudios Críticos, que se realizará de este lunes 29 de junio al sábado 4 de julio en línea y presencialmente, en varias sedes de Ciudad de México (https://17instituto.org/xli-coloquio-internacional/).
A 25 años de su fundación, a cargo de Benjamín Mayer Foulkes, el 17 apuesta por una estrategia postuniversitaria que ha dado al clavo con las formas más sensatas de abordar la aparente insensatez que impera en las tendencias políticas, económicas, sociales.
Celebrar 25 años de una institución de tan inusual naturaleza, paradójicamente visionaria y quizás involuntariamente blindada para las continuas embestidas de lo que va ocurriendo en el presente, parece –como lo dice su rector en el texto introductorio al coloquio– “una sana necedad”.
Cuando la educación superior tradicional apostaba –y sigue apostando– por la hiperespecialización y la burocratización del saber, este Instituto apostó por el descentramiento. Esos lugares incómodos en donde se sitúa el 17 lo convierten en uno de los espacios más valiosos a nivel nacional e intercontinental para desarrollar proyectos –de creación y pensamiento en acto– que nos permiten cohabitar de mejor manera con un presente saturado de respuestas instantáneas, algoritmos que nos desbancan y desfalcan, y polarizaciones que anulan la posibilidad del matiz. En estos escenarios cotidianos, la existencia de un espacio crítico como el 17 nos puede mantener en el piso de la hospitalidad con lo que resulta o parece ajeno, al tiempo que nos permite la defensa irrestricta de la escritura como una forma de resistencia.
Desde 2001, el 17, Instituto de Estudios Críticos elabora preguntas y problemas desatendidos por otras instancias y su quehacer se orienta hacia la materialización simbólica y la performatividad. Aquí se ofrece lo que fue y es aún el primer posgrado en Teoría Crítica en español, mediante una pedagogía digital (escritural) que tiene 25 años de madurez y goza de amplio reconocimiento. En el 17 se puede cursar la maestría y el doctorado en Teoría Crítica y se puede hacer una estancia posdoctoral. Además, existen seminarios y asignaturas sueltas como, por ejemplo: “Potencia del ensayo literario para la investigación-creación”; “Catherine Malabou: plasticidad, metamorfosis y anarquía”; “Infancias bajo control: patología, sicariato, migración”; “La instrumentalización de la música: escuchar el poder” o “Escrituras de ciudad: literaturas de la Ciudad de México”; “Teoría Crítica para el siglo XXI: pensar la crisis con Max Horkheimer” o “Producción de lo común: valor, cultura y capitalismo contemporáneo”.
Entre las áreas del 17 están también, además de la de Teoría Crítica que engloba literatura, filosofía, pensamiento estético y pensamiento político: A/Teología, Psicoanálisis, Cuidados, Infancias, Estudios de la Vejez, Estudios de la Discapacidad, Estudios en Salud y Medicinas, Pensamiento Estético, Literatura, Investigación-Creación, Arte, Performatividad y Tecnología, Estudios de la Improvisación, Pensamiento Social, Estudios de la Historicidad, Estudios Territoriales, Género, Derecho, Economía, Comunicación, Edición, Asuntos públicos, Derechos Humanos, Construcción de Paz, Estudios Globales, Consumos Problemáticos, Tecnología y Ecología, Diseño y Estudios de la Materialidad, Estudios en Ciencias, Tecnologías y Sociedad, Estudios de la Digitalidad, Educación, Programa Normalistas, Metodografías, Administración, Gestión y Pensamiento Organizacional y Gestión Crítica de la Cultura.
A ese listado, que refleja en sí lo improcesable del Instituto, se le añade la extensión académica, la propuesta editorial –junto con la Feria Internacional del Libro Pensamiento Crítico–, la investigación, la consultoría y la radio.
Tal vez solamente si se desarticula o desconstruye lo que respaldaba nuestras certezas, podremos mirar de frente los claroscuros de estos tiempos. Es en ese desfondamiento absoluto donde no sólo “se revela el origen del monstruo que nos acecha, sino también el lugar exacto desde donde puede emerger un poco de mayor claridad”.
Si la obra mencionada de Cortázar fue la antinovela experimental en la que “el lector asumía un rol activo, para dar sentido a eventos que escapaban a la lógica clásica, trascendiendo el tiempo y el espacio”, ocurre algo similar con las y los integrantes del 17. Por eso esta columna celebra, con orgullo, el cuarto de siglo al que arriba este Instituto.

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Discapacitarte, una opción para tratar a las personas con discapacidad

La escucha en general, pero también en particular la de “la otra”, “el otro”, “lo otro”, se irá posicionando cada vez más, entre el mundanal, cibernético e inteligentemente artificial ruido, como la acción clave para la comprensión de un nuevo sistema de navegación político, cultural, social, evolutivo, con perspectiva de igualdad. Si no en la práctica, sin duda ocurrirá en la teoría. Una escucha de cuerpo y emoción entera de aquello distinto urge para diseñar nuevos escenarios en prácticamente todos los rubros de la humanidad.
La escucha lacaniana (de Jacques Lacan) desde la teoría del psicoanálisis, explicada sencillamente, es “una intervención activa que opera como una lectura de aquella persona que habla”.
La discapacidad, por otro lado, tiene una definición de diccionario que empaña la lucha de decenas de organismos de la sociedad civil en favor de una igualdad sustantiva de las personas con discapacidad. El concepto, de hecho, ha transitado desde algún adjetivo calificativo, determinante, limitativo y excluyente, hasta una variedad de palabras en cuya intención está mirar a las personas como iguales, no importa sus diferencias. Así, decir persona con discapacidad es lo correcto, por lo menos hasta estos días, en lugar de “discapacitado”. Las discapacidades vienen de distintas formas y con variadas intensidades, unas se notan y otras no, pero todas las personas tenemos o tendremos una o muchas discapacidades.
Con esas premisas en mente y una carrera como psicóloga en cuyas prácticas universitarias la llevaron –en pediatría– al trabajo con infancias con discapacidad, Cecilia Rosales Vega decidió apostar tiempo, cuerpo, mente y vida a la escucha de la discapacidad y, por ende, a la lucha por espacios y desarrollo igualitario de las personas con discapacidad. Egresada de la Universidad Iberoamericana, inspirada sobre todo por su propia hija Elisa –hoy una encantadora joven de 24 años con síndrome de Down– Rosales Vega inventó hace más de dos décadas la iniciativa Discapacitarte para asesorar y orientar a personas con discapacidad y a sus familiares, apoyándose en el arte y, desde luego, en el psicoanálisis.
Una colección de libros para personas a quienes la discapacidad les cae por sorpresa; programas de radio, seminarios, conferencias, talleres, ciclos de cine y de música, además de sesiones de terapia colectiva de escucha, han sido sólo algunos de los resultados visibles de ese trabajo. Además, el esfuerzo y convicción para que la vida cotidiana no tuviese exclusiones, llevaron a Rosales Vega a ser la impulsora principal de la inclusión de infancias con discapacidad en una escuela bilingüe, comercial, como el Churchill School México. En situación de pandemia, la maestra en psicología inauguró un espacio en línea llamado Regazo, para precisamente abrigar al grupo de jóvenes con discapacidad que habían quedado doblemente marginados de la escolaridad de por sí suspendida. Estos logros han sido acompañados de profesionales muy humanas, magníficas, que han sido también cómplices de Rosales Vega, como las maestras y psicoanalistas María Angélica Núñez Chávez, Silvia Solís Gómez, Catalina Piña, Diana Mendoza y el hoy occiso Miguel Ángel Zarco.
Hace algunos días, en el Centro Cultural Elena Garro, se celebraron los 20 años de “escucha especial” de Discapacitarte*, en donde incluso se dio muestra viva de un taller de escucha con jóvenes y jóvenes adultos con discapacidad, quienes no tendrían por qué no tener mucho qué decir sobre sus emociones, vivencias, sensaciones o experiencias.
Discapacitarte, Rosales Vega, ha combatido ya durante muchos años la tradición conservadora de exclusión y segregación de las personas con discapacidad en materia educativa, en psicoanálisis, en la vida. La tarea no es fácil y merece todo el reconocimiento. Hoy, Discapacitarte ofrece sesiones de atención psicológica para personas con discapcidad y su familia, en consultorio; talleres de escucha para personas con discapacidad intelectual; sesiones especiales de escucha; clases para promover el aprendizaje y proyecto laboral de personas con discapacidad intelectual; grupos de atención psicológica para madres, padres y familiares de personas con discapacidad, y un grupo de estudio e investigación sobre psicoanálisis y discapacidad con especialistas.
Discapacitarte también instrumenta, para empresas, instituciones u organizaciones, talleres de escucha sobre discapacidad.

* www.centrodiscapacitarte.com
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Alegría y body jam

Para Néstor Itzcuautli Valero.

La alegría definida por la Real Academia Española es “un sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores”. La misma fuente asocia la alegría al “placer” y a la “animación”, “generalmente provocadas por algo agradable”, expresado mediante “palabras”, “risas”, “gestos o actos que demuestran el júbilo”. En México, como dato en fuga, las llamadas “alegrías” son dulces tradicionales hechos con amaranto y miel.
La posmodernidad “antropo-capitalo-cénica” de estas alturas del siglo, está marcada por una suerte de tiranía alegril, una happycracia –como la bautiza el autor Edgar Cabanas–, en donde el consumidor tipo utiliza la alegría cual combustible fundamental. Esto, de manera reduccionista, implica que una sociedad alegre tienda a consumir más, a comprar cosas activamente y a necesitar esa gasolina para que la maquinaria industrial continúe.
Por otra parte, la evidencia científica, biológica, nos sigue diciendo que esos momentos de alegría que vive el ser humano, se deben, principalmente, a meras reacciones químicas. Esto es, queda vigente la premisa del cerebro humano como máquina diseñada evolutivamente “para evitar el desplacer”, mediante la liberación de dopamina, serotonina o endorfinas que suele ocurrir durante el ejercicio aeróbico –así como con el arte o los logros, etcétera. Como personaje central de esta derrama neuroquímica se encuentra la industria del ejercicio y los consabidos gimnasios, en donde ha resultado sumamente exitoso ofrecer clases de baile para todo público. El baile, dicho sea de paso, es un promotor megaeficiente de la producción dopamínica (responsable, en gran medida, del júbilo y felicidad existentes en el cerebro).
Uno de esos bailes generadores de alegría en los gimnasios, que ha tenido gran éxito a nivel mundial, es el denominado en inglés body jam. Este género aeróbico nació en Nueva Zelanda a finales de la década de 1990, en Auckland, dentro del influyente ecosistema de Les Mills International, una empresa fundada originalmente por el atleta olímpico Les Mills (Leslie Roy Mills) y expandida globalmente por su hijo, Phillip Mills. El body jam puede decirse que es un entrenamiento cardiovascular que combina ritmos como house, hip hop, drum ‘n bass, ritmos latinos y trap, muchos de estos géneros vinculados al baile en la calle y a la evolución de la música electrónica y urbana. Convertido desde hace algunos lustros en una forma atractiva del llamado fitness, las clases de body jam provocan una derrama quíntuple de dopamina en quien las practica y quizá por eso son tan socorridas. Con este ejercicio se genera placer a raíz de coordinar los movimientos de baile adecuadamente (muchos contraintuitivos); memorizar los pasos de la mini coreografía (no tan fácil para quienes no están acostumbrados); llevar el ritmo de esa música única con ese increíble “beat”; escuchar esos sonidos urbanos medio cardio-funk que se acoplan al movimiento corporal y, finalmente, mantener una relación sana y cercana con el cuerpo (vínculo que va mejorando clase con clase, rápida o lentamente, pero que nunca se queda como en el día uno).
El body jam revolucionó el mercado del acondicionamiento físico al fusionar géneros musicales de vanguardia con un entrenamiento cardiovascular de alta intensidad, sí, pero es más que eso. A diferencia de una clase de danza convencional, en la que la ejecución técnica o estética es prioritaria, “el body jam fue diseñado para equilibrar la expresión libre del movimiento con un elevado gasto calórico, induciendo en quienes lo practican un estado de euforia y bienestar mental muy similar al que se experimenta en disciplinas de conexión corporal como el yoga”.
Desde la perspectiva neurobiológica, la alegría no es un evento fortuito, es a su vez una intrincada coreografía bioquímica, coordinada principalmente desde el sistema límbico –el epicentro emocional del cerebro– y procesada de manera consciente en la corteza prefrontal. Hacer body jam entonces resulta inmejorable remedio para quien esté a la caza de muchos y frecuentes momentos de esa química y tan anhelada neurálgica alegría.

@anterrazas

 

 

El dalái lama sobre sabiduría y felicidad para enfrentar el siglo XXI

El más reciente documental del nonagenario dalái lama, Wisdom of Happiness –como lo tradujo Prime Video, o Sabiduría y felicidad, como le pusieron en español–, de 2024-2025, comienza con la siguiente advertencia: “Hermanos y hermanas de este pequeño mundo…”.
Eso pone el tono para ubicarnos en la inmensidad del cosmos y también para, de entrada, igualarnos. El primer mensaje de este texto audiovisual, legado de Tenzin Gyatso, el décimo cuarto dalái lama, nacido en 1935, líder espiritual del Tíbet en exilio, Premio Nobel de la Paz (1989), quiere dejar claro que él es igual a cualquier otro ser humano y debemos procurar entender, sobre todas las cosas, que todos y todas somos exactamente iguales. Así, quien mire la hora y media del documental, dice, “no debe esperar ni milagros ni bendiciones especiales”. El legado compartido consiste en comentar experiencias y resultados de su pensamiento e historia de vida en la práctica.
Establece también que su decisión para armar este testamento audiovisual se debe a que el presente siglo y sus evidentes convulsiones –desastres, catástrofes, guerras, destrucción– demandan nuestros mejores recursos.
En un inicio, la narración arranca con su propia biografía, su salida del Tíbet y el consecuente éxodo de su pueblo hacia India, a manos de Mao Zedong (quien, asegura, era “como mi padre”). Esa tensión y contraste es punto de arranque para abundar sobre cómo podemos fortalecer las capacidades de resiliencia ante lo que haya que enfrentar en el siglo XXI.
Quizá lo más relevante para contrarrestar las secuelas destructivas, menciona, es que las emociones pueden controlarse con disciplina mental, con el hábito de la meditación analítica y con el darse cuenta de que con cada conflicto o enemigo se pueden poner en práctica la paciencia, la bondad y la compasión (muy afines al budismo tibetano que encabeza).
Manejar las emociones correctamente, de acuerdo con el dalái lama, es construir el camino hacia una felicidad en medio de un caos y, en última instancia, esto puede literalmente arreglar y cambiar al mundo, puesto que resulta en paz. Transformar la mente puede llevarnos, en conjunto, hacia la paz. Ante el egocentrismo, los miedos, la ira y el enojo, de acuerdo con el dalái, debemos concentrarnos en hallar interesante el punto de vista de contraste, el diálogo, la contención de emociones negativas y emprender un ejercicio para mejorar que consiste en esa disciplina mental hincada en la bondad, la compasión y la paciencia.
Para el dalái lama, el sufrimiento se puede acotar en la medida en la que las personas se desapeguen de “todo como debiera ser” y puedan escuchar lo que está ocurriendo, eso nuevo que sucede. Así, este contexto de pensamientos sin apego, con igualdad y con la cultura del cuidado que se puede aprender de las mujeres –de las madres–, nos facilita la autodisciplina para contener las emociones destructivas y mantener una higiene emocional. Respirar con pausas y conciencia, técnica elemental de la meditación, puede ser una herramienta clave para ese ejercicio de autocontrol.
La producción ejecutiva del documental estuvo a cargo del actor Richard Gere, conocido por su afinidad con la meditación budista y de Oren Moverman. Multipremiada, su información oficial insiste en que la película “no se ve, se vive” y en que “nos revela una verdad atemporal: la felicidad sigue siendo posible, incluso en medio del caos y la incertidumbre. Este poderoso mensaje de esperanza se transmite a través de una conversación íntima con uno de los pensadores más importantes de la actualidad (…) quien, con una claridad conmovedora y una profunda humanidad, nos invita a imaginar –y a contribuir a crear– un mundo donde la compasión se active como nuestra fuerza más poderosa para el cambio y la felicidad esté al alcance de todos”.
Si hubiera que resumir algunas de las pautas que se extienden en el documental, estarían: preponderar el enfoque colectivo por encima del individualismo; practicar la gestión emocional desde el análisis intelectual, mental, para suplantar sensaciones como la ira y el odio por la paciencia y la bondad; fincar toda reacción social a partir de la compasión para sobrevivir, ganar salud mental y lograr vivir realmente desde una posición de igualdad; finalmente, reconocer la interconexión global de todo y de todo ser sintiente, sin eludir la responsabilidad que nos toca respecto de la vida y las formas de vida.

@anterrazas

 

Dahlia de la Cerda

Una de las muchas voces vigentes y prendidas que ha logrado movilizar y abanderar a un alto porcentaje de los rostros de la injusticia contra las mujeres en México es la de Dahlia de la Cerda. Nació en Aguascalientes el 9 de marzo de 1985 y desde hace ya unos siete años ha venido encantando, provocando y escandalizando a su público lector, a sus audiencias y escuchas, a sus entrevistadoras y entrevistadores. Activista de eficacia rotunda, su libro de 13 cuentos que pueden hilvanarse, Perras de reserva (Sexto Piso, 2019), logró éxitos de venta y sorprendió por su capacidad de encontrar territorio cohabitado por la más cruda crónica periodística, el buen reporteo de la catástrofe feminicida, la apología del mal en primera persona y las pinceladas de aparente literatura fantástica, que lastimosamente en este país no lo son. Asimismo, De la Cerda tiene publicados con no pocos lectores Desde los zulos (2023) y Medea me cantó un corrido (2024), además de ser conocida por su incisivo trabajo en la organización feminista Morras Help Morras –que funda con Diana Rivero, Karina Leyva y Sofía Regalado–, hoy también un espacio que ha desembocado en un interesante y ágil podcast.
Según ella misma lo ha relatado en incontables ocasiones, creció en el seno de una familia de clase media; sus padres se dedicaban a la venta de bebidas alcohólicas y a la administración de bares y cantinas. Con varios empleos de adolescente, acabó en los lares del periodismo y estudió Filosofía en línea, al tiempo que tomaba talleres literarios. Eventualmente, aplicó al certamen Letras de la Memoria de la ciudad de Aguascalientes y ganó el primer lugar. Ella ha narrado que se volcó al feminismo cuando en 2013 una prima fue víctima de feminicidio.
De la Cerda ha sido Premio de Cuento Joven Comala, becaria del FONCA y quizá el nombre de su ensayo Feminismo sin cuarto propio, así como el título de su columna en la revista Reporte Sexto Piso, Desde los zulos, dan una idea más precisa de la posición de Dahlia de la Cerda respecto del feminismo, la lucha feminista y el quehacer que resta por hacer en términos de igualdad sustantiva, de emparejamiento de pisos.
Entre las varias pistas originales que pueden encontrarse en esta escritora están: la posibilidad de hallar el claroscuro inclusive en las mujeres más violentadas de la sociedad mexicana actual; el habla fluida y propia de las protagonistas de sus textos; un discurso veloz, asertivo e inteligente que puede tocar las llagas y también trazar o rastrear un análisis de forma y fondo. A esta autora se le lee de corrido porque prácticamente nadie puede negar o eludir el tuétano de lo que describe y denuncia señalándolo como literatura solamente, puesto que si alguien se ha asomado a la cloaca del acontecer cotidiano –en cuanto a mujeres desechables, agredidas, violentadas–, sabe y siente, tiene la certeza de que lo escrito no sólo es muy posible sino que apenas roza lo que el infierno feminicida y de abuso hacia la mujer o a grupos vulnerables –como la comunidad trans– significan.
Perras de reserva, el habla, las entrevistas y la propia presencia de lucha y biografía activista de Dahlia de la Cerda son una línea a seguir, a difundir, abanderar y acompañar. Darle la espalda a estas realidades –por fuertes, impactantes y horrorosas que parezcan– no puede ser la respuesta de una sociedad que busca o pretende buscar soluciones, disminuir la violencia, erradicar el abuso o construir la igualdad verdadera, la que llama sustantiva y que se nota en todos los detalles, las oportunidades, obligaciones y puestos que se obtienen, en las conversaciones, los chistes y la cultura en general.
Dos citas del final de Perras de reserva ayudan a comprender por qué se antoja que esta antología de narraciones sea libro de texto (y ya no solamente de contexto): “México es un cementerio de cruces rosas” y “ser mujer es un estado de emergencia”. Claro, porque urge que la mujer, en el habla, en los hechos, en la vida, no sea una entidad “desechable”, prescindible o de utilería. Es de verdad que son tiempos de mujeres, toca hacernos cargo de ello.

 

 

Dos películas para rodear la pornografía del desastre

Toda información que desprende adrenalina, lágrimas, sudores, sangre, miedo y catástrofe, apela directamente al morbo básico de las audiencias. Así que, con medios de comunicación más veloces y mejor amoldados a los intereses particulares, la “pornografía del desastre” está en su pico más alto precisamente hoy.
El término “pornografía del desastre”, según ha dicho la académica Lilie Chouliaraki, profesora de Medios y Comunicación en la London School of Economics, “no es una metáfora ligera, es una categoría de análisis mediático que define la transformación del sufrimiento humano en un producto de consumo estético y comercial”.
Así, la pornografía del desastre se vuelve el Coliseo romano del planeta y de los sujetos que lo habitan; está en todas partes y en todas las pantallas, (apto o no) para todo público.
En una suerte de “ironía de la solidaridad”, sigue la académica, “el espectador observa la tragedia ajena desde una distancia segura, consumiendo el dolor como un espectáculo que prioriza el impacto visual sobre la comprensión de las causas o la dignidad de los afectados. No se busca informar, sino generar una reacción visceral que mantenga al usuario (entre más usuarios, mejor) anclado a la pantalla”.
Así, el desastre, el fin del mundo, el apocalipsis, los últimos días, son altamente rentables. Es la película que todas las personas siguen, porque les afecta en primera persona y porque no les permite en general escapar al morbo de saber “qué duele”.
De hecho, otro concepto de la enciclopedia catastrófica es el doomscrolling o doomsurfing, que significa ese (que parece) imparable hábito de navegar por internet y redes sociales durante periodos prolongados, consumiendo una corriente ininterrumpida de noticias negativas, trágicas, morbosas o alarmantes. La pura nota roja, amarilla, apocalíptica. Y aunque el contenido sea sumamente perturbador, las personas son incapaces de dejar de “escrolear” o “deslizar la pantalla” de lo que le bombardeen.
El apego a este tipo de pornografía del desastre, según algunos estudios de la Universidad de Florida, es muy superior al de otras informaciones. Datos de Nielsen refuerzan que “durante catástrofes naturales o crisis humanitarias globales, las audiencias de los noticieros nocturnos registran picos de entre el 20 y 50 por ciento”.
Entre las razones más químicas para que ocurra este fenómeno está el que ese tipo de imágenes aumenta el cortisol en los seres humanos, lo que nos mantiene en un estado de alerta, el cual te indica que te quedes ahí viendo… aunque en realidad te está haciendo adicto porque –al parecer– el cerebro humano está programado para priorizar amenazas.
Hay formas para salir de esa adicción y ya se han mencionado en otros Amerizajes. Sin embargo, dos películas recientes, estando inmersas en el tópico del fin del mundo, logran que el espectador se despegue –con un manejo científico muy interesante desde la ciencia ficción– de ese circuito sin rumbo, para proponer escenarios que superan y rebasan el desastre.
La primera es Arco de Ugo Bienvenu, estrenada recientemente (2025/2026). Es una pieza de ciencia ficción 2D visualmente impresionante que ha estado haciendo mucho ruido en festivales como Cannes y Annecy, donde ganó el premio principal. Es entrañable, sensata, corta, lógica dentro de su propia ficción y ciencia. El conflicto que presenta es una tensión que puede construirse desde una relación amorosa, amistosa, solidaria, única.
La segunda película muy recomendable en este sentido, también sumergida en lo que parece la irremediable muerte de la Tierra y sus habitantes, es Proyecto Hail Mary –que en México nombraron Proyecto del fin del mundo, desde luego. Es una película bien actuada, también de ciencia ficción, que se compromete con las etapas y el detalle muy sensible de una relación amorosa –como la otra cinta–, en lo particular, al tiempo que presenta la relación de la humanidad con la vida, en general.
Rodear la pornografía del desastre implica recuperar esa mirada de esperanza, de autocontrol frente a la propia industria de eso y ubicarnos desde otros pilares fuertes –como son las relaciones amorosas con lo diverso y distinto– para poder sortear el presente y lo que venga.

@anterrazas

 

Breve asomo a lo invisible

Para un estimado de 1.4 mil millones de personas católicas –poco más del 17 por ciento de la población mundial actual–, la reflexión y disposición mental de la Semana Santa gira en torno del misterio de la vida eterna. Para la gran mayoría de la humanidad, independientemente de la espiritualidad que profese, saber o suponer algo respecto de los misterios de lo que acontece después de que se apaga el cuerpo, marca mucho del pensamiento durante su vida.
Ya llevamos más de dos siglos de la –aún no descartada absolutamente– ley de conservación de la materia Lomonósov-Lavoisier, pilar de la química y la física en 1785 y que dice, básicamente, que “nada se crea ni se destruye, sólo se transforma”. A ésta se le suma la máxima de principios del siglo XX, de Albert Einstein y su teoría de la relatividad, que descoloca diciendo que “el tiempo y el espacio no son absolutos, sino relativos al observador”.
Este Amerizaje no quiere afligir con teleologías, sino dejar caer la razón, el corazón y la mirada en las experiencias de lo invisible, de lo que no se acaba y puede parecer eterno o infinito. Lo eterno, cabe recordar, nunca empieza y nunca acaba; lo infinito empieza sin llegar a término.
Si la vida se ha venido definiendo como un periodo de tiempo en el que ocurre el nacimiento, el crecimiento, la reproducción y la muerte, ese sistema conceptual no funciona para todo lo que no se ve o no se toca, como lo son sentimientos, emociones, recuerdos, satisfacciones, alegrías, amores, ilusiones no frustradas, enamoramientos, inspiraciones…
Con haber vivido un rato en este mundo basta para saber que ese conjunto de elementos que se asocian con lo inasible es todo aquello que pudiéramos relacionar con lo inmortal, lo eterno e inacabable, lo infinito. ¿Puede pensar –usted ahora, por ejemplo– en algo vivido que no muera, en un recuerdo, una sensación, la emoción que le provocó o le provoca X o Y y que sigue intangiblemente vigente?
La factibilidad de que los átomos del cuerpo regresen a la naturaleza cuando el cuerpo muera es lo más cercano, con toda paradoja encima, a una suerte de permanencia atemporal en el Universo, aunque no se pueda especular sobre las formas ni maneras del propio tiempo ni de la tal materia.
Para restarle “horror” a la muerte, en 1910 un sacerdote anglicano, Henry Scott-Holland, escribió un texto –hoy ya muy famoso– durante la vigilia del rey Eduardo VII que dice, en la traducción del inglés al español de José Enrique Fernández:

La muerte, rey de los terrores

La muerte no es nada en absoluto/ No cuenta/ Sólo me he escapado a la habitación de al lado/ Nada ha sucedido/ Todo permanece exactamente como era/ Yo soy yo y tú eres tú, y la vieja vida que vivimos juntos con tanto cariño, sigue intacta, sin cambios/ Lo que fuimos el uno para el otro, lo seguimos siendo.
Llámame por mi nombre de siempre/ Habla de mí de la manera fácil que siempre usaste/
No cambies tu tono/ No muestres una actitud forzada de solemnidad o de tristeza.
Ríe como siempre reímos de los pequeños chistes que disfrutábamos juntos/ Juega, sonríe, piensa en mí, reza por mí/ Deja que mi nombre siga siendo el nombre familiar que siempre fue/ Deja que se diga sin ningún esfuerzo, sin la más mínima sombra sobre él.
La vida significa todo lo que siempre ha significado/ Es la misma que siempre ha sido.
Existe una continuidad absoluta e ininterrumpida/¿Qué es esta muerte sino un accidente insignificante?/ ¿Por qué debería estar fuera de tu mente sólo porque no me ves?
Sólo te estoy esperando, por un intervalo, en algún lugar muy cercano, a la vuelta de la esquina.
Todo está bien/ Nada se ha herido; nada se ha perdido/ Un breve instante y todo volverá a ser como antes/ ¡Cómo nos reiremos de la tristeza de la despedida cuando volvamos a encontrarnos!

 

Abrazar al aburrimiento, antídoto para la nueva adicción

La adicción universal a las pantallas finalmente tuvo un aparente embate este marzo de 2026. Las empresas encargadas de industrializar los mensajes algoritmeados para mantener a la población durante horas y horas entretenida, casi sin parpadear, con Facebook, YouTube, Tik Tok, Instagram, etcétera, enfrentó un juicio inédito por social media addiction –que en español sería “adicción a los medios sociodigitales”– durante este marzo. Lo que ocurrió en Los Ángeles, California, es que un jurado comenzó las deliberaciones finales en contra de la empresa Meta (Instagram y Facebook) y YouTube (Google). Evidentemente, la acusación es por haber sido creadas, pensadas, diseñadas y difundidas o vendidas para que su público se volviera adicto a éstas, lo que desemboca en daños importantes para la salud mental y emocional, sobre todo en personas jóvenes.
Hay que decir que Tik Tok y Snap, antes de ser igualmente demandadas, llegaron a ciertos acuerdos confidenciales con los demandantes para evitar el juicio en el cual incluso Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, tuvo que testificar.
El juicio y su desarrollo han sido especialmente interesantes, puesto que atañen a toda persona que esté suscrita a esas plataformas y las siga, además de que marca pautas en el mundo comunicacional actual. En el Reino Unido, esta demanda resuena en la norma de 2023 llamada Online Safety Act. Esta ley otorga poder al regulador nacional de ese país para multar a las plataformas con hasta 10 por ciento de sus ingresos globales “si no mitigan los daños”.
La discusión, compleja, se centra en que ya el gobierno británico está considerando prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, impulsado por la preocupación de que la distracción y el uso compulsivo afecten gravemente a las y los adolescentes.
El mayor problema del negocio de la “atención” es la venta del miedo, el odio, las ideologías y la posibilidad de horadar la autonomía pensante de las personas al tiempo que provoca una suerte de parálisis social. La rentabilidad de una adicción masiva convertida en una permanente desatención a lo que realmente ocurre, es enorme y desde luego sería difícil argumentar que no hace daño.
Si bien la acción sin precedente de demanda y proceso legal a empresas con tanto poder se torna en una nota, noticia y reflexión de interés, difícilmente se podrá cambiar el acondicionamiento de los cerebros y de las vidas cotidianas en todo el globo terráqueo, porque la gente es asistida durante prácticamente todo el día y para todo tipo de actividad, mediante las diferentes redes sociales y formas de comunicación (o incomunicación) digital.
Tener el cuello torcido viendo el celular es la imagen del ser humano hoy, aunque esto implique que esa persona no esté haciendo contacto con las otras personas, el contexto que le rodea, la vida vivible sin mediación de plataforma alguna.
Por lo pronto, los consejos que las propias inteligencias artificiales ofrecen para que las personas –jóvenes o adultas o adultas mayores– puedan liberarse un poco de los efectos nocivos de la adicción a las redes son: activar los contadores de tiempo pantalla (cuando se ve cuánto tiempo está invertido ahí se recupera la noción del tiempo); quitar el color a la pantalla, así se “rompe el hechizo del color” y se vuelve todo menos atractivo para el cerebro; tener lugares (como la habitación para dormir, por ejemplo) en los que estén prohibidas las pantallas (ni celulares ni tabletas inteligentes), porque se sabe que “el 90 por ciento de las recaídas adictivas ocurren en la soledad de la noche o al despertar”; y otro más, abrazar el aburrimiento, permitirse estar sin estímulos, nos permite reconectarnos con el derredor, con el momento, con las personas. “Cero pantallas” durante las comidas es otra manera de reconciliarse con la soberanía y autonomía de nuestra propia atención. Se trata de no ceder a su venta ni a su secuestro. Se trata de, entre toda la humanidad, vencer la adicción a las pantallas.

El patinaje artístico de ser mujer

Para todas nosotras.

El patinaje artístico en hielo, para las personas no iniciadas en esta disciplina, suele ser un espectáculo altamente disfrutable. Las razones de esa proximidad pueden ser sencillas: es un deporte con suave ritmo al tiempo que exige destreza y mucha fuerza. De muchas maneras, el universo de las mujeres también se puede describir así: va con sutileza, demandando resistencia y ser muy fuertes.
Este Amerizaje está dedicado a todas las mujeres mediante los ejemplos de algunas patinadoras artísticas que rompieron techos de cristal en los pasados Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026. Ellas disolvieron ciertos estereotipos de las disciplinas olímpicas que resuenan especialmente con formas y modos patriarcales asociados a “ser campeones”, “imponerse” y “ganar”.
En lo que el mundo convulso repartía en primeras planas noticias sobre guerras, egos, crimen, clima letal y economías en crisis, del 6 al 22 de febrero, en la zona del norte de Italia que abarca Lombardía y el Véneto se llevaron a cabo los pasados Juegos Olímpicos de Invierno. En 13 sedes hubo competencias más sostenibles ante la asistencia de 2 mil 900 atletas, colaboradores, asistentes, empleados. Fue en la Milano Ice Skating Arena en donde ocurrieron ciertos sucesos ejemplo para muchas niñas, jóvenes y mujeres en el mundo, sin que tengan que ser patinadoras.
1.- Alysa Liu. La estadunidense de 20 años hizo historia en los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina al ganar el oro en patinaje artístico con una rutina que incluyó espectaculares saltos (Axels y Lutz). Ella fue campeona mundial a los 16 años y decidió dejar el patinaje, vivir su vida, cerrar. Al pasar el tiempo quiso volver, solamente que ahora con sus propias reglas, habiendo negociado con sus entrenadores: no a las dietas extremas, no a no poder seleccionar ella misma su música y su vestuario. En resumen, decidió tomar mucho más el control de su desempeño, imponiendo su autonomía.
2.- Piper Gilles. Otro caso de resiliencia y fortaleza. Ella y Paul Poirier obtuvieron la medalla de bronce en danza sobre hielo en Milano-Cortina 2026. La canadiense Piper Gilles fue diagnosticada en 2023 con cáncer de ovario; recibió las correspondientes y nada suaves terapias para erradicarlo y, escasos tres años después, a los 34 años, ejecutó una rutina impecable junto con su pareja, bailando al paso de la canción popular en honor a Van Gogh titulada Vincent, de Don McLean, y portando un vestido alusivo a La noche estrellada (1889) del pintor neerlandés.
3. Deanna Stellato-Dudek. Otra patinadora canadiense, que rompió récord no de medalla sino de regreso a competir en Juegos Olímpicos a los 42 años. En baile de pareja, se convirtió en una de las patinadoras de mayor edad en participar en unos Juegos Olímpicos de Invierno después de haber estado retirada durante 16 años a causa de fuertes lesiones.
4. Amber Glenn. La estadunidense de 26 años, acreedora del oro en el patinaje artístico por equipos en estos mismos juegos, le ha dado la vuelta a los estigmas de salud mental y discriminación. Abiertamente, ha conversado sobre su diagnóstico de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y sobre cómo esto afecta la consistencia de su entrenamiento; sin embargo, ella logró reentrenar a su cerebro para poder logar su histórico salto triple Axel. Además, públicamente se manifestó, al final de los Juegos, en contra del poder del gobierno actual que no reconoce los derechos humanos de comunidades como la LGBTQ+ y otras más*.
El patinaje artístico exige, a nivel olímpico, un alto rendimiento: impecable concentración, fuerza, destreza, práctica, técnica, equilibrio, coordinación, potencia, resistencia cardiovascular, ritmo, gracia, flexibilidad, fuerza, habilidad. Gran semejanza con lo que se requiere para lograr ese “patinaje” sutil, deslizándonos siempre sobre el piso de una cultura masculinizada, armada, de guerra, poder, individualismo, control por la fuerza y desacreditación; librando saltos y giros mortales para mantener la –tan de mujer– cultura de cuidados, sensibilidad, trabajo compartido, ternura, siempre debiendo tener inmensa fortaleza, talento y flexibilidad para no caer en el intento.

*https://www.youtube.com/shorts/tYRXn3cX2mI

@anterrazas

 

“Enfrentar al mundo desde las trincheras de la cultura”: Gerardo Estrada

 

La prensa cultural es una de las más privilegiadas. A reporteras y reporteros de este sector se les asigna la cobertura de obras teatrales, exposiciones, presentaciones de libro, premieres de cine, apertura de instalaciones dedicadas al arte; ferias con temática artística, literaria o festivales de danza, performance y música de todo tipo. También a este gremio corresponden las entrevistas y seguimiento de las y los intelectuales, la gente productora de ideas, obras y pensamiento. Cubrir las páginas, secciones o suplementos culturales, si se hace con ética y mucho profesionalismo, es uno de los mejores trabajos. Reporteando y frecuentando “el medio cultural” fue como esta columnista conoció hace muchos años a Gerardo Estrada Rodríguez. Este personaje imprescindible para la cultura nacional fue homenajeado a sus 80 años el pasado 10 de febrero en el auditorio del Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM (MUAC). El evento fue orquestado por las autoridades culturales de la UNAM, por la oficina del rector Leonardo Lomelí y por la esposa del propio Estrada, Hilda Trujillo (a su vez, una persona totalmente del ámbito cultural, que actualmente preside la Dirección General de Cultura de la alcaldía Coyoacán y durante años dirigió el Museo Anahuacalli y la Casa Azul de Frida Kahlo). También asistió, desde luego, la hija de ambos, Constanza. Entre los poco más de 500 asistentes, personas quienes ensamblan o ensamblaron el paisaje de una vida cultural vigorosa, boyante y espléndida en México, por mencionar a algunos, estuvieron: Roberto Vázquez, Teresa Vicencio, Fernando Tovar y de Teresa, Beatriz Paredes, Ernesto Velázquez, Graco Ramírez, Elena Cepeda, Alberto Ruy Sánchez, Margarita de Orellana, Mónica Lavin, María Luisa Tamez, Jorge Prior, Magdalena Carral, Carlos Brito, Emilio Cárdenas Elorduy, Gastón Melo, Lázaro Azar, Christian Duverger, Norma Rojas, Diana Constable, Miguel Ángel Pineda, Jan Hendrix, Carmen Gaytán, Lucía García Noriega, Fernando Álvarez del Castillo, Ernesto Lee Gómez, Alejandro Villaseñor, Álvaro Hegewisch, Marlene Ehrenberg, Javier Garciadiego, Teresa Franco, Enrique Vargas, Iván Restrepo, Jacqueline Peschard, Joaquín Díez Canedo, Marta de la Lama, Tomás Granados, Julio Madrazo, Julieta Giménez Cacho, Cristina Gálvez, Edgardo Bermejo, Eduardo Vázquez, Julia de la Fuente, Abelardo Martín, Jesús Silva Herzog-Márquez, Luisa Huertas, Constanza Bolaños, Guadalupe Alonso, María Moret, Jorge Ruiz Dueñas, Paloma Porraz, Rosalba Garza, Beatriz Paredes, Dobrina Cristeva, Felipe Leal, Leonardo Curzio, Orly Beigel, Gerardo Kleinburg, Marinela Servitje, Gerardo Jaramillo, Rosa María Camalich, Eduardo Achac, Arnaldo Cohen, Betsabeé Romero, Luz María Meza, Lidia Camacho, Fernando García Torres…
En la mesa principal estuvieron el propio homenajeado Gerardo Estrada, el politólogo José Woldenberg, el rector Leonardo Lomelí, la periodista y escritora Adriana Malvido, el economista y maestro Rolando Cordera, Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM, y Graciela de la Torre, curadora e historiadora del arte. La introducción la hizo Tatiana Cuevas, actual directora del MUAC, proyecto empujado por el propio Gerardo Estrada hace un par de décadas. Del gran cierre del evento se hizo cargo el inigualable flautista Horacio Franco.
Las palabras de prácticamente todos estuvieron orientadas a la persistente labor de Estrada en favor de la cultura nacional y a la importancia del desarrollo de este sector, espacio idóneo para la crítica y de crecimiento social. Estrada, habiendo sido activista en el movimiento universitario del 68, consideró desde joven que para librar la violencia se puede enfrentar de mejor manera el mundo desde la trinchera de la cultura, como lo dijo durante el homenaje, cosa que hizo y ha hecho durante toda su vida. Entre otras entidades públicas donde construyó, dio seguimiento o impulsó proyectos decisivos para la vida cultural en el país han estado las direcciones generales del Instituto Mexicano de la Radio, Radio Educación, la Casa de México en París, el Instituto Nacional de Bellas Artes, Asuntos Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores y dos veces la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM.
Durante su discurso, Estrada también dijo admirar a André Malraux, escritor y exministro de Cultura de Francia en tiempos de Charles de Gaulle. Las diferentes maneras de producir, ver, escuchar, disfrutar e impulsar todo en torno del universo cultural pueden ser uno de los mejores caminos para transitar la vida, ejercer la resistencia, abordar el cambio. Malraux dijo en 1946, en su discurso ante la UNESCO, recién pasado el holocausto de la Segunda Guerra Mundial: “La cultura es la suma de todas las formas de arte, de amor y de pensamiento que, en el transcurso de los siglos, han permitido al hombre ser menos esclavizado”.