A una década del reconocimiento jurídico de los medios públicos

AMERIZAJE

 

A una década del reconocimiento jurídico de los medios públicos

En 2013, como parte de la llamada “reforma a las telecomunicaciones”, se logró lo impensable en términos de medios de comunicación en México: se incluyó la existencia y el reconocimiento jurídico a los medios públicos y sociales de comunicación, que antes eran solamente permisionarios sin fines de lucro y considerados medios de gobierno o “de casa”; a partir de entonces se consideran “servicios públicos de interés general”.
El logro no fue cualquier cosa, era producto de décadas de lucha por parte de especialistas en comunicación y profesionales de esos propios medios –sobre todo de los nacionales y varios locales–, en aras de un reconocimiento y valoración de su existencia, no sólo de facto sino en la ley, algo que los concesionarios comerciales –quienes se unen cuando piensan amenazados sus intereses empresariales– no ven con buenos ojos.
Quizá con esas modificaciones a la norma se pensó que la subsecuente historia de medios públicos y sociales solamente iría en ascenso. Sin embargo, 10 años después, se registran embestidas desde distintos frentes que pueden lograr que los avances para estos medios parezcan neutralizados en los hechos y no luzca tanto la supuesta evolución mediante la ley. Actualmente, lo que se alcanza a esbozar es lo que sigue.

Avances

Se explicita a nivel constitucional (artículo 6º) que la radiodifusión en México es un bien de interés público.
Los derechos de las audiencias están reconocidos en la Constitución (artículo 6º).
La Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTR) acredita la existencia de las concesiones públicas, sociales, privadas y comerciales.
Se ha puesto sobre la mesa hablar de códigos de ética para los medios radiodifundidos y esto de inmediato coloca el tema ético-comunicacional en la conversación.
Algo ya alcanza a escucharse –de forma un poco más generalizada– sobre los derechos de las audiencias.
Se han publicado textos sobre la historia reciente o presente de los medios públicos y han aumentado los cursos y las conferencias con estos temas.
Se ha tenido una victoria sonada, histórica y memorable a partir de un amparo de la Asociación Mexicana de Defensorías de las Audiencias (AMDA) ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en defensa de los medios públicos y el derecho a la información consagrado en la Constitución*.

Rezagos

Expedir los lineamientos derivados de la ley que concretan los modos de actuación y pueden orientar de manera más precisa respecto de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión.
Fortalecer de nuevo las atribuciones del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT).
Difundir para que muchos más millones de personas sepan qué son y cuál es la función de los medios públicos y sociales de radiodifusión en México.
Divulgar más cuáles son precisamente esos derechos de las audiencias.
Alejar a los gobiernos y gobernantes en turno de la tentación de tratar a los medios públicos como aliados ideológicos.
Reforzar respeto y estimación hacia los medios públicos por parte de los distintos poderes, para que no padezcan escasez de recursos.
Producir desde estos medios más contenidos de vanguardia, de gran calidad, y que éstos se alcancen a posicionar en el hábito de las audiencias.
Que no se caiga en la tentación de querer homogeneizar a los medios públicos.
Y, efectivamente, faltan muchas más cosas por hacer y más espacios comunicacionales –sin fines de lucro– por conquistar; sin embargo, en el balance general, tal vez la batalla no esté completamente perdida. Por lo pronto, los artículos 1 y 2 de la LFTR suenan aún bastante alentadores:
“Artículo 1. La presente Ley es de orden público y tiene por objeto regular el uso, aprovechamiento y explotación del espectro radioeléctrico, las redes públicas de telecomunicaciones, el acceso a la infraestructura activa y pasiva, los recursos orbitales, la comunicación vía satélite, la prestación de los servicios públicos de interés general de telecomunicaciones y radiodifusión, y la convergencia entre éstos, los derechos de los usuarios y las audiencias, y el proceso de competencia y libre concurrencia en estos sectores, para que contribuyan a los fines y al ejercicio de los derechos establecidos en los artículos 6º, 7º, 27 y 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
“Artículo 2. Las telecomunicaciones y la radiodifusión son servicios públicos de interés general…”.

* https://amda.unam.mx/wp-content/uploads/2022/09/Resolucio%CC%81n-de-la-SCJN-sobre-los-derechos-de-las-audiencias.pdf

Pluralidad en México; la fortaleza de lo singula

AMERIZAJE

Para Maricruz y todo el equipo que encabeza.

Una de las riquezas documentables del inmenso y muy querido México es su diversidad, multiplicidad y mestizajes. Cualquier historiadora o historiador profesional repara siempre en la alusión “a los muchos Méxicos” para no encuadernar en un solo texto al país, que no reconozca sus diferencias, sus distinciones y polivalencias.
De hecho, buscar que sea homogénea una nación o un pueblo no solamente es imposible, sino que va contra de la singularidad del ser humano que vive en sociedad. El término o concepto que mejor queda a lo que aquí se valora es pluralidad. Este Amerizaje recuperó las voces de un equipo humano diverso reunido en torno de un proyecto audiovisual dedicado a la palabra, las distintas acepciones, sentidos y aproximaciones a la palabra y al concepto de pluralidad. Se aquilata cada decir y se agradece especialmente la generosidad para participar en función de un proyecto a su vez tan plural como lo es la voz misma de cada persona, como es el habla, el lenguaje y la palabra.
Primero que nada, para tomar el concepto en sustantivo, la Real Academia Española define así lo plural que viene del latín: adjetivo que significa “múltiple, que se presenta en más de un aspecto. ‘Alardeaba de su plural conocimiento en el campo de las ciencias’”; también acude al plural de número, “sintagma nominal plural”; “forma gramatical”; “plural de modestia”; “plural empleado en lugar del singular por si este último pudiera indicar presunción, como cuando un autor se refiere a su propia obra, por ejemplo, en este trabajo sostenemos que´”; “plural mayestático”, que en inglés es el llamado “Royal We” y que es por demás sangrón, arcaizante y está o debiera estar en desuso; “plural sociativo” que se refiere al otro, pero que incluye a uno, como por ejemplo: ¿qué tal estamos? (y que siempre acaba siendo aspiracional porque la otra persona sabe que no se está hablando de ambos, aunque pueda agradecer el gesto). Una definición más, que no está en el diccionario pero que se estila con frecuencia, la llamaría el plural no vinculante, quien no quiere hacerse cargo o responsable de cualquier decisión, y se escucha en quien suele decir “tuvimos que”, “decidieron aquello”.
En política, otra definición sí estudiada por lingüistas y semiólogos es el plural referido al voto. Este último, que acaba relacionándose con las primeras líneas de esta columna, se vincula a lo que se considera enriquecido por ser múltiple, más y mucho; ese el concepto de pluralidad del que se continuará hablando.
Para el filólogo y poeta Ignacio Martín, gran amigo del gremio filológico nacional legado por Antonio Alatorre, el concepto pluralidad está asociado a lo opuesto de lo singular, “significado que aún no ha perdido”. Recalca que, en política, la pluralidad viene desde la filosofía “monismo, dualismo, pluralismo (doctrina que, en oposición al monismo o al dualismo, afirma que hay múltiples, tal vez infinitos, tipos de realidad)” y asegura que “también en política, así como en sociología, el pluralismo, la pluralidad, alude a grupos de interés que a su vez pueden consolidarse como factores dentro de un sistema político e influir en las decisiones”.
Lo maravilloso de la indagación filológica de Martín, que pudiera parecer obvio pero que no lo es, es que, insiste, “el plural parte del singular, sólo hay pluralidad si se aceptan las singularidades”. En el ámbito de la filología, sigue, “el pluralismo nos lleva de la mano a otros prefijos como multi (multilateralismo, multiculturalismo)”.
Doctora en derecho, Laura Ruiz García también compartió con esta columna la siguiente convicción: “la pluralidad es un regalo de la democracia, es lo que permite la coexistencia de la diversidad. En México, la pluralidad son los diversos tonos y voces de los distintos puntos geográficos, voces políticas y distintas condiciones; es la armonía de las mayorías y las minorías, todas haciendo gobierno”.
La pluralidad se debe respetar y dejar ser ahora que hay tantas personas políticas, candidatas, en precampañas y campañas. La pluralidad es fortaleza y no amenaza porque implica ese respeto a la singularidad, incluso a la singularidad que opina que quien piensa distinto a mí me hace peligrar.

 

Candidatas a la presidencia, la película y un Barbie spoiler

Una cosa merece inmenso entusiasmo para el proceso electoral de 2024: que haya mujeres que quieran, quisieron o estén anotadas para competir por la presidencia de México. No sabemos cuántas queden al final, pero antes de ahora hubo sólo seis mujeres que tuvieron el valor y el apoyo para ser candidatas a la presidencia. Actualmente, entre el Frente Amplio por México y la Coordinación de la Defensa de la Cuarta Transformación, hay por lo menos tres.
No es sencillo ser mujer. Esto, sin el menor ánimo de sentirnos mal, ni de que, quien esto lea, se compadezca. Para nada. Se trata de hacer conciencia, de hablar de datos duros y de hechos concretos, ésos medibles en gráficas, estadísticas y consultas, a pesar de que poca gente los crea. Aquí reiteramos la no admisible, aunque prevaleciente, desigualdad de facto entre hombres y mujeres.
Esta columna es sobre la firme convicción de votar por mujeres candidatas a la presidencia de la República, mientras las haya, mientras sea posible, por una cuestión de congruencia feminista. La invitación hoy es a transversalizar con toda convicción, sobre todo ahora cuando incluso el feminismo también parece tornarse líquido. Ah, y para quien piense que no basta ser mujer para ser votada para la presidencia, “puesto que se requieren talentos para el puesto”, esta autora considera que, de todas maneras, ningún hombre a la vista del panorama candidatil cumple con esos requisitos sólo por ser hombre o por cualquier otra causa. En suma, esta columna cree firmemente en la necesidad ingente de las acciones afirmativas. En este sentido cae magnífica la personaja afroamericana presidenta que aparece en el guión del filme multitaquillero Barbie.
Aquí algunos retos extra que bien pueden añadirse al discurso que da la actriz América Ferrera en Barbie sobre la dificultad de ser mujer y no morir en el intento, porque parece que las mujeres nunca quedan bien con los medios, con la sociedad, con sus pares, con los hombres, con los partidos, con las autoridades, con el pueblo ni consigo mismas. Porque se les tacha de “intensas o histéricas” si son muy ejecutivas y directas; de “aburridas y serias”, si piensan mucho. Porque pecan de tránsfobas si sólo defienden a sus congéneres mujeres. Porque no se sacan provecho si no se arreglan como para película de fantasía. Porque son un monumento a la bugueidad si no son lesbianas. Porque las y los más jóvenes piensan que el feminismo es too much ya que ellos gozaron de mucho MeToo. Porque son “déspotas y prepotentes” si no son suaves y dulces; o “blandengues”, si no son autoritarias; “malhumoradas y hormonales”, si no se atacan de la risa; si profesionales y con hijos, “malísimas madres”; si no tuvieron hijos “no hay manera de que puedan entender” (como si siglos de maternar a todo el mundo fuesen insuficientes sin la multiplicación vía bebés).
A las mujeres se les toma en cuenta el origen geográfico, la pigmentación, el maquillaje, el tono de voz, el atuendo, la naturalidad, las canas; pocas veces su congruencia, su cuádruple esfuerzo o lo que han logrado.
Con aviso de spoiler, a continuación recuperamos un fragmento de lo dicho por Ferrera:
“…Tienes que ser una mujer de carrera, pero también estar siempre pendiente de otras personas. Tienes que responder por el mal comportamiento de los hombres, que es una locura, pero si lo señalas, te acusan de quejarte. Se supone que debes mantenerte bonita para los hombres, pero no tanto como para tentarlos demasiado o amenazar a otras mujeres porque se supone que eres parte de la hermandad. Pero siempre destaca y siempre sé agradecida. Pero nunca olvides que el sistema está amañado. Así que encuentra una manera de reconocer eso, pero también sé siempre agradecida. Nunca hay que envejecer, nunca ser grosera, nunca presumir, nunca ser egoísta, nunca caer, nunca fallar, nunca mostrar miedo, nunca salirse de la raya”.
Ese parlamento, dicho por una latina, Gloria, comienza con un “es literalmente imposible ser mujer”. Lamentablemente, se puede extender al mundo real como “es prácticamente imposible ser presidenta de México”. Las mujeres serán juzgadas por su apariencia impactante o su desapercibida imagen; su contexto y nunca su texto; por todo aquello que exige el estereotipo y por todo aquello por lo que no puedan hacerse responsables. Quien no entiende las políticas de paridad, está demasiado permeado o permeada por el milenario patriarcado y piensa que el piso ya está parejo. No, no lo está.

 

Norte 2020

AMERIZAJE

 

 

Esta columna se publica en la antesala del penúltimo mes del año, noviembre, en un 2020 norteado, porque como define el Diccionario Abierto de Español al adjetivo coloquial mexicano, este tiempo se ha sentido un tanto “perdido, desorientado”.
La idea del Norte es título de una obra sonora de Glen Gould, uno de los genios del arte en el siglo XX, compositor, pianista, figura que dejó una huella indeleble en la historia de la música.
Sobre todo conocido por sus magistrales reinterpretaciones, a diferentes y excelsos ritmos de las Variaciones Goldberg, Gould también amaba la radio, el documental, la realización sonora.
Como buen hijo de su tiempo (1932-1982), Gould celebró la música concreta que básicamente fue el movimiento atribuido al francés Pierre Schaeffer, quien propuso elevar a rango de “música” toda producción aural, mientras se pudiera aislar y fijar en algún soporte –como disco o cassette–, grabada y posproducida en estudio, importando especialmente el desligarla de la definición rigurosa o unívoca de música.
El preámbulo sirva para centrar que la mencionada obra de Gould fue parte de su Trilogía de la soledad, hecha para la radio pública canadiense (Canadian Broadcasting Corporation o CBC) en los años setenta. Armada por documentales sonoros –eventualmente trasladados a lenguaje audiovisual–, el que importa a esta columna, sumamente vigente en la actualidad, fue transmitido por primera vez en 1967. Esa pieza se considera tanto una obra muy relevante para el radio arte, como para la radiofonía periodística.
La idea del Norte es básicamente una instalación considerada por su contenido, contrapuntual, de cinco narraciones yuxtapuestas, en voz de personas distintas, quienes hablan sobre su idea de lo que es el Norte; una recopilación simbólica de la configuración o interpretación de lo que es para ellos el norte de Canadá.
Para el propio Gould, ese norte era el gran desconocido, como lo era para la mayoría de los canadienses, salvo para algunos pocos que emprendieron o emprenden el viaje y se han confrontado o conocido aquello vasto, frío, impredecible.
Al final de The Idea of North, como se titula en inglés, las voces que hablan al mismo tiempo y que se topan en el fondo con el sonido de un tren, coinciden asimismo con un otro plano en el que se incorpora la Quinta Sinfonía de Sibelius.
Gould quería, deliberadamente, crear un espacio compositivo de voces en decibeles semejantes, audibles al mismo tiempo, hablas con perspectivas diferentes, transporte de fondo, sinfonía, ideas, conquistas, confusión, expectativas, confrontación con prenociones.
La sola metáfora de la pieza de Gould ajusta impecable a este tiempo por todo lo que el Norte así, con n mayúscula o minúscula, implica o significa en este momento.
Hasta los mejores demógrafos y geógrafos saben que en el mero septentrión de la Tierra nadie vive, nadie aguanta. Las temperaturas y climas ahí siempre se han (o se habían) mostrado inhóspitas para el ser humano –más, el homo sapiens– y por eso, hasta en primaria aprendimos que “nómadas se trasladaron hacia el sur, por el estrecho de Bering” en busca de algo menos frío, más habitable.
En Canadá, que yo sepa, te pagan por quedarte a poblar civilizadamente esas difíciles latitudes. Aparte, las auroras boreales se ven desde el norte, pero avistarlas resulta un volado.
Lo que ocurra con las elecciones próximas en el norte del continente americano modificará muchas cosas, pero a ciencia cierta, si se abre la toma o nos situamos en una panorámica de la historia presente al futuro inmediato, no sabemos qué tan para bien de todo el globo terráqueo esto pueda ser, qué tan para mal, qué tan rápido se sientan las repercusiones o siquiera qué es lo que ocurrirá o pueda suceder.
Nuestro pensamiento del Norte, siendo honestos como humanidad, en su dimensión literal o alegórica, no deja de ser todavía un poco como lo que quiso Gould decir en su propuesta sónica; un acumulado de lugares comunes e incertidumbres, paisajes desconocidos, dilemas no experimentados, conceptos borrosos, voces y planos sonoros yuxtapuestos.
Por eso la idea del Norte, como la idea del futuro, es más cercana a la obra quincuagenaria de Gould que a una posible estampa preconfigurada. Y en ese tipo de lugares, cuando hay interrogantes, espacios por conquistar, territorios por conocer, voces por descifrar, siempre cabe la esperanza.

@anterrazas

Del dicho al hecho: los derechos de las audiencias

La poesía tiene siempre la gracia de resumir metafóricamente aconteceres profundos al tiempo que los enlaza con lo universal de una manera sonora, quizá bella y con frecuencia bastante inteligible.
Ese cúmulo de cualidades, junto con su esencia rítmica, hacen de la poesía un sonsonar estratégico eficiente para que ahí habiten mensajes, emociones o sentimientos relevantes.
Desde el Siglo de Oro español hasta la fecha existe una forma de poesía llamada décima que, pasando por Lope de Vega y Sor Juana, echó raíces en América Latina, donde encontramos decimistas por doquier: desde los huapangueros en Veracruz, hasta Violeta Parra o el famoso repentista cubano Alexis Díaz Pimienta.
Sin pretender revisitar ahora los enredos del conteo fonético, los hiatos o las sinalefas propias de las décimas, entre los rasgos que las caracterizan están el ser estrofas formadas por 10 versos de ocho sílabas (octosilábicos) en donde hay rimas consonantes entre el verso 1, 4 y 5; el 2 y 3; el 6, 7 y 10, y finalmente el 8 y el 9. Este esquema nos ayuda a recordar la lírica.
Por otra parte, hablando de rimas memorables, la publicidad ha echado mano de toda técnica posible a fin de provocar lo que llaman en su jerga “recordación”, incluidos los jingles –breves melodías idealmente pegajosas–, para posicionar mensajes. Algunos de los jóvenes compositores de jingles –famosos literatos posteriormente– fueron Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis y Fernando del Paso.
Hace tiempo le pedí a Alex Rubio * me regalase un jingle para la serie radiofónica “Introducción a los derechos de las audiencias y a sus defensorías en México”, con el propósito de hacer más accesible, a más gente, este tema. Era un deseo compartido por las instancias convocantes: la Defensoría de las Audiencias de Radio Educación, la Cátedra Unesco en Comunicación y Sociedad, Cultura DH, la Asociación Mexicana de Defensorías de las Audiencias (AMDA) y la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc) capítulo México. La información completa está en www.radioeducacion.edu.mx.
La producción nos pareció necesaria, ya que millones de televidentes y radioescuchas en México no ejercen sus derechos porque ni siquiera los conocen. Derivados del derecho a la información y de la libertad de expresión, hoy están reconocidos en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión en su Artículo 256. A saber, resumidamente:
Recibir contenidos plurales; diferenciar entre publicidad e información; respetar horarios programáticos y calidad de transmisión; colocar avisos parentales; no discriminar; dar cabida al derecho de réplica y más a escuchar, en la serie a través de Radio Educación o las radios comunitarias.
Generoso y con talento, para acompañar este proyecto Rubio armó algo más que un jingle. Nos regaló una composición en décimas –estaba en un taller con Díaz Pimienta– en aras de hacer los derechos de las audiencias memorables, tarareables, apropiables:

Décima de los derechos de las audiencias*

Derecho es de la audiencia
tener también propia voz,
la radio es cosa de dos
el diálogo está en su esencia (porque)
oír despierta conciencia
y ésta busca su expresión;
si en radio o televisión,
la sintonía nos hermana,
no esperemos a mañana
los derechos son acción

Aprovecho esta canción
para ponerlos en lista,
primer derecho a la vista:
Cero discriminación.
Diversidad e inclusión,
claridad, buena señal,
acceso a todos igual;
adecuados contenidos
en horarios definidos.
¡Y faltan!, no vamos mal

Sin confusión distinguir
publicidad e información,
distintas de la opinión.
Tu derecho es saber y elegir.
El radioeléctrico espacio
de todos es y para todos;
hablemos de nuestros derechos,
se puede decir de mil modos,
ahora nos toca a todos
que pasen del dicho al hecho

Estribillo:
Motivo de mi cadencia,
los derechos de las audiencias.
Y de la defensoría,
hacerlos valer cada día…

* Alejandro Rubio García es director creativo de Philias Community Builders, especialista en el análisis de redes sociales. Es compositor, músico y tiene más de 35 años de experiencia en el campo de la comunicación y medios.

La pieza Derechos de las audiencias puede ser usada y reproducida libremente bajo la licencia https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/ y también puede ser escuchada, junto con el curso por el cual se otorgará constancia digital de escucha, en https://radioeducacion.edu.mx/decima-de-los-derechos-de-las-audiencias-de-alejandro-rubio

Cubrir y descubrir la boca

AMERIZAJE

Hay mil cosas, notas o comentarios dichos sobre los cubrebocas. Su concepto, contexto, significado, imagen y símbolo está en boca de todos por evidentes y pandémicas razones. Es lo de hoy, fue lo de ayer y seguro será lo de mañana.
El diccionario de la Real Academia Española nos dirige más bien a la palabra tapabocas y explica se trata de una “bufanda grande” o “pieza que sirve para cerrar o preservar alguna boca o abertura de una máquina o aparato”.
En un principio, la primera fila de profesionales familiarizados realmente con los cubrebocas se debatió respecto de la eficiencia y eficacia del uso de estos por parte de la sociedad.
Poco a poco, de diciembre del año pasado a esta parte, las personas gobernantes, las encargadas de la ciencia, la atención médica y la ciudadanía fueron desentrañando el tema para, finalmente, aceptar, con reservas importantes –respecto de los materiales de que están hechos, el tiempo que deben utilizarse, si deben lavarse y cada cuándo, cómo desecharlos– que era definitivamente mejor usarlos a no traer puesto nada.
Un acercamiento metafórico a este objeto es sinónimo de callar a alguien disruptivo, imprudente o tóxico: “le tapó la boca”.
La politización del cubrebocas ha servido para distinguir a la gente por partidos, ideologías, posturas. Muchos cubrebocas artesanales son bellísimos (no necesariamente se sabe si son útiles). Los de neopreno se lavan fácilmente, suelen ser de dos vistas y tienen larga duración. Entre las características irrebatibles de casi todos están: ser incómodos, obstaculizar la elocuencia y ser buen negocio si tiene buena calidad y precio.
La versión hospitalaria del cubrebocas, el respirador N95, teóricamente no filtra aceites y a cambio sí detiene 95 por ciento de las partículas aéreas del exterior. Mucho se ha comentado que este modelo debe utilizarse solamente por expertos y en situación nosocomial.
El diario The New York Times publicó el 17 de este mes un mapa sobre el uso de cubrebocas por estados y regiones.
Parece que han llegado a costar más de 6 mil pesos por pieza aunque los hay hasta en su versión casera fabricados con un par de servitoallas.
Están las mascarillas de diseño y las meméticas para todo tipo de ocasión, cartón y mensajes en redes sociales.
Tres dirigentes de países con muy altas cifras de contagios no han querido utilizar, en un principio, cubrebocas. Otros más sí y desde siempre.
Hay quienes necesitan reestudiar cómo se utiliza el cubrebocas porque se destapan la nariz al usarlo y hay quienes prefieren utilizarlo en la barbilla porque les molesta o les pica.
En inglés el cubrebocas se conoce como mask; en francés es masque, y en alemán maske.
La razón convivencial de su uso resulta inapelable; es cuestión de proteger al prójimo de tus propias gotillas de saliva. Se ha dicho que, si no contuviera al virus al 100 por ciento, por lo menos dificulta el tocamiento de la cara.
El tan elogiado personal médico ha hecho paros por la falta de cubrebocas con estándares internacionales de protección.
Las cargas coronovirales emanadas desde bocas cubiertas son mucho menores a las desplazadas mediante bocas sin tapar.
Hace algunos días se supo que el muy célebre actor Robert de Niro lideraba la campaña en pro del uso de cubrebocas en su país.
Esta semana, el secretario de Hacienda del gobierno de México, Arturo Herrera, quien ya ha dado positivo al Covid-19, aseguró que para la reapertura económica nacional será clave el uso de careta y mascarilla. Un día después, esta misma semana, su dicho fue desvalorizado.
Con vergüenza, hemos visto en noticiarios internacionales, nacionales y en redes sociales reacciones agresivas de personas cuando son exhortadas a que se coloquen el cubrebocas en tiendas, mercados o locales comerciales.
Que yo recuerde, pocas veces en el sistema de transporte colectivo Metro de Ciudad de México se regalan objetos a los usuarios. Hace poco, en muchas estaciones se repartieron cubrebocas.
Una con paradoja: aunque su nombre esté en plural, sólo tiene capacidad para tapar una boca a la vez.
Mucha gente prefiere no ponérselo, otra olvida utilizarlo, muchos más lo portan mal o se muestran escépticos respecto de su función. Reitero, hay los que francamente no lo quieren ni lo van a usar y, debe haber –seguro los hay– quienes no tengan acceso a uno. Es que existen también miles de cosas, notas y comentarios que se callan sobre los cubrebocas.

@anterrazas