Se mantiene abierto el hotel Flamingos a pesar de las heridas que le dejó Otis

“La Casa de Tarzán” del hotel Flamingos todavía se encuentra con los estragos del huracán Otis de hace dos años Foto: Jesús Trigo

Óscar Ricardo Muñoz Cano

A dos años del impacto de Otis sobre Acapulco y con más corazón que recursos, el icónico hotel Flamingos mantiene una lucha por sobrevivir: primero, para sanar las heridas causadas por el huracán y luego para contrarrestar la mala fama del puerto generada principalmente por la violencia.
Tras un breve recorrido el pasado jueves prácticamente toda la vegetación ha regresado luego de haber sido arrancada del piso al igual que palapas, sillas, sillones o mesas por los vientos de 300 kilómetros por hora del meteoro, pero los vetustos muros continúan desnudos, exponiendo su antigüedad.
Nada queda ya de la decoración original del diseñador Michael Van Beuren, egresado de la mítica Bauhaus, y de la Casa Redonda del actor Johnny Weissmuller, Tarzán, sólo la estructura.
No obstante, sus vistas al mar abierto y a la isla de La Roqueta permanecen intactas al igual que las ganas de salir adelante de la familia Santiago que administra el lugar.
Cuando fue el huracán, recordó Elena Santiago, “no nos enteramos a tiempo para ser precavidos al igual que muchas personas y nos fue muy mal; al siguiente día subí al hotel y prácticamente me puse a llorar porque veía arboles tirados por donde quiera, los pasillos obstruidos y la casa de Tarzán estaba destruida, sin techo”.
“A mí me preocupaba mi papá (el señor Adolfo Santiago González que murió meses después de Otis), era un hombre de 90 años y su casa, que está debajo de la de Tarzán; teníamos que sacarlo de Acapulco a fuerzas porque no había condiciones”. Relató que él, su padre, junto con otros familiares se resguardaron en un baño para sobrevivir al huracán.
“Yo dije luego: ya no vamos a poder levantar al Flamingos pero de pronto vinieron algunos trabajadores, después vino familia de fuera y pues empezamos a trabajar con nuestros propios recursos”, independientemente de que cuando el gobierno federal hizo los censos de afectados fueron a inscribirse y recibir finalmente una ayuda simbólica de 70 mil pesos para subsanar los daños.
Nosotros no teníamos algún seguro, lamentó, pero celebró que en ese momento el almacén de abarrotes estaba abastecido, que había agua aunque sea de lluvia en la alberca para algunas necesidades y familia, mucha familia, y clientes, muchos clientes, para apoyar.
Gente de Oaxaca, gente del Huitzuco llegó para ayudarlos a las siguientes semanas de Otis lo mismo a limpiar que a reparar mientras que amigos y clientes del hotel se organizaron incluso para enviar dinero.
Fue en noviembre que pudieron echar a andar el restaurante y en diciembre la hospedería que, encavada en la cima de un risco, en la avenida Adolfo López Mateos de la zona Tradicional de Acapulco, fue fundada en las primeras décadas del siglo anterior, pero que a partir de 1954 adquirió renombre y popularidad por la presencia de Tarzán, quien enamorado del lugar decidió no sólo comprarlo –junto con sus amigos John Wayne, Red Skelton y Fred McMurray– sino volverlo su residencia.
No estamos al 100, aceptó la administradora, “pero ya nuestras habitaciones (28 de 36) están funcionado, lo único que aún no es posible es la casa de Tarzán porque se necesitan unos 3 millones de pesos para levantarla y es mucho dinero”.

Mala fama por la violencia

Mientras tanto y en medio del esfuerzo por salir adelante, luego de empezar a ver resultados, la mala fama del puerto debido a la violencia hizo que dicho esfuerzo tuviera que ser doble.
“Al principio, cuando regresamos (del Otis), la respuesta de la gente, los clientes fue muy buena, pero desgraciadamente a Acapulco lo han olvidado por muchos lados: nos ha afectado mucho la violencia”.
“Antes del Otis, en los jueves pozoleros había ocasiones en que nosotros cerrábamos a las 11 de la noche, 11 y media, 12, porque la gente se quedaba disfrutando, conviviendo, bailando pero a raíz de que empezó de nuevo este mar de violencia en Acapulco cerramos ahora a las 8, 8 y media”.
Así, ahora, no se habla de organizar bodas, XV años u otro tipo de fiestas nocturnas, ahora todo son desayunos o comidas.
“Flamingos ha sido un lugar bendecido por Dios, la gente ha seguido viniendo, pero en estos meses, incluso en los jueves pozoleros, hemos sufrido mucho”, señaló, pero sin dejar de invitar a la gente al hotel y por supuesto a Acapulco más allá de las dificultades.
“A los turistas les decimos: el Flamingos está vivo, el Flamingos está abierto, seguimos teniendo la misma disposición y cariño para recibirlos”.

El parque Papagayo en lenta recuperación pos Otis pese a la millonaria inversión

Solitaria el área de albercas del Parque Papagayo ya remodelado tras los graves y extensos daños que le dejó el huracán Otis categoría 5 que devastó Acapulco las primeras horas del 25 de octubre de 2023Foto: Jesús Trigo

Óscar Ricardo Muñoz Cano

A dos años del impacto del huracán Otis sobre Acapulco, el aspecto general del Parque Papagayo no deja de ser poco menos que desértico o desolador, pues si bien se han invertido millones de pesos en su remodelación, sólo se ve una nueva fachada con luces de colores y la lenta reforestación del entorno.
Luego de un breve recorrido, se observó que a la fecha y a pesar de la lenta recuperación de la vegetación no hay mallasombra, parasoles o pérgolas con plantas para proteger del sol a la gente que suele acudir a dicho parque destruido tras el impacto del huracán.
Tampoco se han recuperado las albercas ni se han rehabilitado las islas comerciales y sus baños, ni mejorado la pista de roller, que son sitios a los que los acapulqueños acuden siempre y no sólo en vacaciones.
Ante ello, especialistas como el ecologista Efrén García Villalvazo o el vicepresidente de la región V del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) Manuel Ruz Vargas, aseguraron que es necesario, incluso por salud, trabajar a la par del restablecimiento de la capa vegetal del lugar y realizar acciones paleativas mientras dicha capa se recupera totalmente y la gente pueda usar el lugar efectivamente.

Una inversión de millones

Fue el lunes 21 de julio cuando la gobernadora Evelyn Salgado Pineda inauguró la primera etapa de la rehabilitación del parque que inició en diciembre del 2024: 70 millones de pesos de gobierno del estado y 4.5 millones de pesos donados por la minera Media Luna, quedando pendientes dos etapas para completar la rehabilitación total y de las cuales no se sabe nada aún.
Ese mismo día pero en sus redes sociales la gobernadora compartiría que se renovó en esta primera etapa el sistema eléctrico, las instalaciones de agua potable, la red de alumbrado, los accesos principales, la Villa de la Niñez y la Piñata, aquella escultura ubicada frente a la avenida Cuauhtémoc, así como trabajos de reforestación del entorno sembrándose mil 500 árboles.
Cabe recordar que el parque, cuyo nombre oficial es el de Ignacio Manuel Altamirano, venía de ser intervenido por el gobierno federal y del estado con una inversión de 460 millones, obra que fue entregada en 2021 por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

El recorrido

Durante un recorrido el miércoles por la mañana, alrededor de las diez, se constató que si bien van desapareciendo las marcas que dejaron los cientos de árboles y palmeras y arbustos arrancados del suelo por la violencia del huracán. El área infantil llamada Villa de los Niños, que se encuentra en las esquina de la Avenida Costera Miguel Alemán y calle Manuel Gómez Morín, no cuenta con ningún tipo de sombra artificial por lo que es prácticamente imposible utilizarla bajo el rayo del sol.
Lo mismo, con el área de juegos más adelante, sobre Costera, casi para llegar a la avenida Juan Sebastián El Cano, donde está también la pista de roller, misma que se reabrió a sólo cinco meses del paso de Otis.
Mientras que las fuentes del parque todavía no funcionan, la alberca de Costera también está fuera de servicio tal y como ocurre con las albercas interiores y hasta el lago.
A esa hora era poca la gente que circulaba al interior de las 22 hectáreas del lugar.
No obstante, en otro recorrido ya por la tarde se observó que cientos de personas caminaban por los senderos ya rehabilitados. Los niños disfrutaban de las áreas de juego y si bien el roller nunca ha tenido sombra, desde el paso de Otis sus usuarios, principalmente jóvenes, continuan sufriendo el calor.
?Igualmente, las pequeñas islas comerciales y sus baños continúan destruidos, sin techo, abandonados, y aunque ya empezaron con la remodelación de una, a dos años del huracán, falta mucho por hacer.
?Por su parte, mientras el restaurante El Nido ya funciona, la biblioteca Rosendo Pintos Lacunza recién hasta este viernes 24 de actubre dará muestras de vida con una exposición de la artista acapulqueña Ana Barereto luego de que tras el impacto del huracán dicha biblioteca fuera destruida y perdiera su acervo comprendido de unos 20 mil libros.
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Un asunto de salud

Para el oceanólogo, ambientalista y asesor pesquero y acuícola Efrén García Villalvazo, es urgente que continué con la cubierta vegetal a como dé lugar: es un lugar importante desde el punto de vista recreativo, de producción de oxígeno y de salud”, desconociendo en qué se está invirtiendo el recurso para su remodelación pero aceptando que no es en la rehabilitación de la parte importante del parque.
Quien es coordinador técnico de la Asociación Pro Defensa y Conservación de la isla de La Roqueta A.C. recordó que cuando impactó el huracán sobre Acapulco en 2023, si algo le llamó la atención es que en todos lados, en toda la ciudad, no había prácticamente hojas pegadas en los pocos árboles en pie.
Desde el primer día, ya cuando salió el sol, “era un calor infernal el que había, se sentí incluso que te picaba la piel y ahí confirmamos un problema que tiene que ver con la evaporación de agua que producen los vegetales: la evapotranspiración”.
Esto es, explicó, “cuando la planta verde, con clorofila, está procesando el dióxido de carbono y produciendo oxígeno también está produciendo vapor de agua que es invisible y el que mejor absorbe la radiación ultravioleta”.
Así, bajo la situación actual del parque, aceptó, es peligroso para la gente estar recibiendo la radiación que actualmente entra directo y hasta el suelo ante la falta de árboles, por lo que más que un beneficio para la salud sería un daño señalando que es una buena opción, al menos para empezar, proporcionar sombras artificiales.

Sentido común

El vicepresidente de la región V del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) Manuel Ruz Vargas, recordó que existe la Norma Oficial Mexicana (NOM) 3001 Sedatu 2021 que establece los lineamientos para la planeación y diseño de espacios públicos urbanos.
En ella, dijo, se indica que en lugares como el parque Papagayo debe haber sombra natural o construida (pérgolas, velarias, techumbres y otros…) en al menos el 30 por ciento de la superficie del lugar y que en el caso del parque “mientras no exista la sombra natural que producen los árboles es necesario colocar elementos que la proporcionen”.
Es un asunto de sentido común, aseguró quien es profesor investigador de Tiempo Completo de la Universidad Autónoma de Guerrero. “Un parque es una zona sombreada a donde vas a pasear, a descansar, y si no tiene las condiciones por supuesto que no te invita a ir. Si vas a esperar diez, quince años a que crezca las ceibas, pues mínimo hay que tomar medidas paleativas: mallasombra, parasoles o pérgolas”, pues afirmó el lugar no es un iguanario, desconociendo también, luego de sus propios recorridos, en qué se invierte el recurso, si es que hay, para su remodelación.

Continúa la reconstrucción o remodelación de los edificios de Costera Las Palmas

Trabajadores de obras de rehabilitación de hoteles y condominios en la Zona Diamante de Acapulco y qué se ubican en la playa Revolcadero, durante su horario de comida Foto: Carlos Carbajal

Jacob Morales Antonio

El reloj marca la 1 de la tarde, es la hora de la comida. El ruido de los trabajos de reconstrucción en los edificios anegados por las rachas de viento de más de 300 kilómetros del huracán Otis, paran. A lo largo de la Costera Las Palmas, como hormigas con sus cascos naranjas, salen de los inmuebles los trabajadores.
Son los únicos que andan por esa vía, en una de las zonas más exclusivas del Acapulco Diamante, que antes del huracán Otis, y su destrucción, sólo se veía a familias con sus mascotas pasear, hombres y mujeres caminando o haciendo deporte.
A lo largo de la Costera Las Palmas, la mayoría de los edificios colindantes con la franja de playa, continúan con trabajos de reconstrucción o de remodelación en sus interiores, algunos han concluido, otros, están en la etapa final, y en otros continúan sacando escombros. La imagen en la playa es de un desierto, donde sólo los sábados y domingos se escuchan apenas unas voces.
El presidente de la Asociación de Empresarios y Propietarios de la Riviera Diamante, José Ángel González Cervantes, indicó que a dos años de la devastación de 60 inmuebles ubicados a pie de playa, los trabajos se concentran principalmente en 12 edificios, donde el viento expulsó todo.
Indicó que de los 6 mil departamentos que hay en esos inmuebles, la mitad han sido rehabilitados y el otro porcentaje está en proceso de reconstrucción, y confió que para diciembre y los primeros seis meses del próximo año cuatro de los 12 edificios concluyan los trabajos, porque hay avances significativos, y el resto les tomará aún dos años más y son donde hubo más afectaciones.
El presidente de la asociación compartió que lo más complejo para los propietarios de los inmuebles ha sido que las pólizas de los seguros contratados no alcanzaron la suma de dinero que se necesita para la reconstrucción de los edificios, y muchos se están enfrentando a prácticamente a un nuevo proceso de compra de los inmuebles, ante la inversión que están haciendo.
En este contexto, abundó que el sobre precio de los materiales y también los nuevos elementos utilizados en las estructuras como las ventanas reforzadas, las cancelerías, y los protectores anticiclónicos, han aumentado el precio de la reconstrucción.
Informó que las aseguradoras han concluido el proceso del pago de las pólizas contratadas por parte de las administraciones de los edificios de condominios, así como de las familias que de forma individual tenían asegurada su propiedad, y reiteró que el dinero que se entregó por parte de las aseguradoras no alcanzó para la reconstrucción de los inmuebles.

Mientras en unos avanzan los trabajos, en otros parecen detenidos

El edificio de condominios Costa Bambú de 14 pisos y la Torre Marena de 27 pisos, son dos de las propiedades más afectadas por el huracán, apenas y se ven trabajadores en los inmensos edificios, donde durante todo el año pasado se hizo la limpieza y el retiro de escombros.
Ambos edificios han sido completamente desmontados, las paredes de los departamentos que alguna vez existieron, y de las terrazas con vista al mar, no queda nada, sólo pisos con grandes huecos, y con el esqueleto de fierros, que han tomado un color café, por la oxidación.
Los dos edificios son los primeros en recibir a quienes transitan en el sentido del hotel Princess hacia La Isla, en la Costera Las Palmas y reflejan la destrucción del potente huracán.
A un costado está la torre Solar Ocean de 26 pisos, donde los trabajos externos en la fachada frontal del edificio casi concluyen.
Desde la playa se puede ver a los trabajadores pintar las paredes de la fachada frontal, además de colocar la herrería y cancelería de los ventanales.
A unos metros del lugar se encuentra el condominio Acuarelle, un edificio de 25 pisos con 54 departamentos, cuyos trabajos concluirán en aproximadamente seis meses, uno de los encargados de la obra indicó que hay entre 150 y 200 trabajadores que colocan canceles, herrerías, pisos y acabados.
El hombre compartió que una de las dificultades que han tenido las empresas encargadas de los trabajos de reconstrucción, es la contratación de mano de obra especializada; debido a la gran necesidad de trabajadores han traído gente de Monterrey, Puebla, la Ciudad de México, el Estado de México, Morelos y otros estados del centro del país.
Durante el recorrido se hacían trabajos de reconstrucción en los edificios de los condominios Privada 100, Torre Maranda, Oasis, Galápagos, Torre Playa Diamante, Amarinthos, Capri, Azur, Ocean One, y el edificio Mare.

Queda el miedo, dice el pintor Carranza; aún no me siento bien, se sincera Wencho

Gaudencio Solano mejor conocido como Wencho narra a El Sur su testimonio como sobreviviente del huracán Otis, en su negocio en la playa Condesa. A la derecha, el pintor Jesús Carranza durante la entrevista en el Bar del Puerto Foto: Carlos Carbajal y Jesús Trigo

Ramón Gracida Gómez

Un pintor, de los Barrios Históricos, casi perdió su pierna por el corte de una lámina; un restaurantero de la playa Condesa sobrevivió a unas enormes olas enterrado en la arena… son dos historias de supervivencia de la madrugada del 25 de octubre de 2023, cuando el huracán Otis por poco terminó con sus vidas.
El artista plástico Jesús Carranza Martínez, de los Barrios Históricos, y el prestador de servicios turísticos Gaudencio Solano Chávez, mejor conocido como Wencho, relataron a El Sur sus experiencias de estar al borde de la muerte. El dramatismo de algunos detalles resulta inevitable en la medida que la catástrofe no necesita de historias fantásticas para ilustrarlo. Le sobra.

“Muchas cosas siguen con miedo a destaparlas”: pintor Carranza

Jesús Carranza Martínez camina despacio por el Zócalo. Se sostiene de una muleta canadiense. Se salvó de que los médicos le cortaran la pierna izquierda: “necesitamos que alguien nos cure el espanto porque no podemos oír agua porque ya estamos temblando, le llaman estrés postraumático”, planteó en la entrevista a dos años del paso del meteoro.
Su relato cronométrico empieza a las 7 de la noche del 24 de octubre de 2023. Su madre le habló para avisarle de un huracán. Quince minutos después hizo lo mismo su hermana. A las 8 leía un libro de la mitología griega, hojeó el pasaje del talón de Aquiles. Se soltó la lluvia “como una película” y a las 10 comenzó a sentir el fuerte viento.
Estaba en su taller-dormitorio, ubicado en la calle Lerdo de Tejada número 26, en la parte baja de la barranca de los lavaderos del Venado, donde desde hace dos años “muchas cosas siguen con miedo a destaparlas por la cantidad de cosas perdidas: pinturas, ropa, muchas cosas”.
De 10 a 12 de la noche sostuvo una ventana con su pecho y una tabla, enfrente está la terraza de un vecino, pero el agua siguió entrando cada vez más, “no quedó una casa con techo”.
“Que no se levante el techo” y “no me voy a morir”, fueron sus mantras que repitió de 12 a una de la noche. “Empecé como a trastornar, recuerdo muy bien, estaba tan mal emocionalmente de lo que yo estaba viviendo que empecé a mantrear”, expuso con la licencia de inventar un verbo.
El agua le empezó a llegar al ombligo e intentó abrir la puerta atorada por un cúmulo de láminas de asbesto, fierros y trastes. Finalmente salió al callejón y se protegió con una mesa de todo lo que volaba en el cielo, aquel de luz “blanquizca, los rayos eran chiquitos, era increíble”.
Con un foco portátil en la boca, empezó a avanzar sobre el agua para quitar el dique de numerosas láminas que taponaba el agua y la corriente jaló la lámina que le cortó el talón de Aquiles, una herida que “parece una boca”.
El pintor pidió ayuda a sus vecinos para despejar la barranca y le cayó una lámina en su cabeza. Lo auxiliaron porque la sangre le empezó chorrear sobre su rostro y entre todos lograron quitar el dique. Un tinaco volador volvió a bloquear el camino, pero lo empujaron.
Carranza fue auxiliado por una pareja de estudiantes de medicina que no tenían más que agua de la llave. Un vecino desesperado gritó al aire, “ya hijo de la chingada, déjanos”, y otro pidió ver el cielo rojo.
A las 4 de la mañana comenzó la rapiña entre propios vecinos y a las 6 Carranza, maestro para muchos, fue a buscar sus pertenencias guardadas en una bodega desde el 2021, tras el sismo fuerte. Perdió todo porque no tenía techo, “me dolió mi taller, pero ahí me dolió muchísimo por algo muy particular, perdí la mitad de mis libros”.
“Anduve buscando hospitales herido, me rechazaron de la Clínica 9 (del IMSS), en el Centro Médico encontré a las enfermeras sacando el lodo”. Aguantó siete días más con un botiquín y una cargada despensa que dice que acostumbra tener por su origen serrano, la comunidad Potrerillo del municipio de Petatlán.
La herida del pie comenzó a infectarse y le dieron un aventón a la casa de sus familiares de la colonia Emiliano Zapata, donde esperó siete días más porque el hospital Donato G. Alarcón de Renacimiento estaba deshecho. Finalmente fue recibido con un cuadro séptico grave.
Lo primero que hicieron los médicos fue exprimirle el agua acumulada en su pierna, “es la tortura más terrible que he sentido en mi vida, dicen los médicos que el dolor del tendón de Aquiles es peor que el parto”.
En el quirófano le avisaron que le cortarían la pierna. Familiares y amigos se movieron para conseguir otra opinión. Dos cirujanos optaron por una operación diferente, abrir la pierna como “pescado a la talla”, una técnica que se convirtió en un “libro abierto del conocimiento” para los médicos que lo visitaban y en una cicatriz gruesa que sube por su pantorrilla.
“Yo me veía el hueso blanco hasta abajo, era una cosa terrible”, dijo el sobreviviente de Otis, quien registró tres camadas de heridos durante su estancia en el nosocomio. La primera producto de la rapiña, los lastimados de “la noche de los cristales rotos”, como ha bautizado al paso del meteoro.
La segunda tanda de heridos eran los cortados de lámina. A siete pacientes les cortaron las piernas, algunos sicólogos acudieron para convencerlos, “no sabes la angustia de oír a los hombres pedir clemencia para que no les corten los miembros, es como estar en la cárcel”.
Los heridos del tercer grupo eran motociclistas, jóvenes que derraparon. Carranza no vio más porque fue corrido a un lugar frío debido a las altas temperaturas que se sentían en los primeros meses de la catástrofe. Huyó a Cuernavaca.
El pintor de los Barrios Históricos regresó en enero a la ciudad y el 14 de febrero empezó a trabajar unos bocetos de Otis, uno de ellos es un demonio que expulsa todos los objetos que volaron aquella madrugada.
“Yo soy uno antes de Otis y otro después de Otis, definitivamente en todos los sentidos. Soy más callado, por ejemplo, yo no era muy callado, hablo menos, tengo una vida más ensimismada”.
Carranza tiene casi 60 años, cuenta con un largo historial de bohemia y es restaurador de iglesias, “restaurar es conservar las piezas para que tengan una nueva vida, no destruir porque aquí la costumbre es destruir”.
“A dos años de Otis todo está muerto, nosotros venimos en escalada de desgracias, primero empezamos con la inseguridad, después la pandemia, el temblor, Otis, John, ¿a qué hora nos vamos a levantar?, son puras desgracias”. Hace falta tiempo.

“Me falta la recuperación total”: Wencho de la Condesa

“Yo me siento emocionalmente destrozado, siento que me falta la recuperación total, no me siento muy bien por lo mismo que hemos estado viviendo. No tengo descanso así que tú digas que me voy a agarrar un día y no voy a hacer nada. Descanso cuando el día es tranquilo”.
Horas antes de que la primera ola lo mojara completamente mientras dormía en una hamaca, Wencho recibió aproximadamente a las 7 de la noche del 24 de octubre algunos mensajes en su celular de parte de amigos de otras partes del país y del mundo, que le pedían que se cuidara porque iba a llegar un huracán.
Su negocio, La Isla de Wencho, se encuentra a unos 50 metros de uno de los accesos a la emblemática zona de bares y fiestas prolongadas hasta el amanecer, es una cabaña cubierta de palmeras y de árboles en la que vende diferentes bebidas y a veces, comida.
Hace más de medio siglo, Wencho comenzó a ser prestador de servicios turísticos, de aquella época de bonanza le quedan sobre todo los recuerdos y la actitud buena onda que extrajo de los hippies gringos que lo visitaban.
Conforme la noche del 24 de octubre avanzaba se intensificó el viento que sonaba a “gritos como diablo”, reprodujo onomatopéyicamente el hombre de 73 años de mejor manera que otros intentos bienintencionados.
A las 10 de la noche, paró en seco el fuerte aire y llegó una “pinche olota, yo estaba en la hamaca ahí, me baña”, debió ser una de cinco metros de altura para rebasar el pequeño dique sobre el cual está construida la cabaña de madera en la que duerme Wencho; rápidamente lo mojó una segunda de la misma magnitud.
Agarró a sus perros y se escondió debajo de una mesa, a un costado está el refrigerador, “empezaron los truenos y truenos y el aire más fuerte y más fuerte, y ya los 10 minutos voló toda la enramadita”.
Una gran palapa del condominio colindante voló y “ahí ya no me gustó”, la estructura de madera y hojas de palmeras quedó atorada en la arena, lo que, al final de cuentas, salvó a Wencho porque fungió de “sombrero” durante las ráfagas de viento de más de 300 kilómetros por hora.
Como un soldado dentro de un búnker para esquivar las balas, Wencho escarbó en la arena para salvarse de los objetos que volaban, pero el viento arreció y el hombre que siempre se despide de sus clientes cercanos con una palabra de aliento, cedió aquella vez y pensó en su fin.
Cuando amaneció, Wencho se vio rodeado de láminas y de vidrios que a dos años sigue encontrando enterrados, los conserva para mostrarlos a los “incrédulos” que no dimensionan el paso del huracán categoría cinco.
Su negocio fue censado, pero nunca recibió el apoyo económico, tampoco abandonó su cabaña por temor a la rapiña, se recuperó gracias a sus clientes, el primero de ellos llegó a los seis días, fue a ver cómo estaba.
“Para mí me torturó más John”, señaló el hombre de tez delgada, pelo canoso e infaltables lentes de sol en el repaso de su vida a dos años de Otis, las olas de finales de septiembre de 2024 fueron más intensas y lo inundaron varias veces.