¿Por qué un Nuevo Pacto del Sur?

La imperfección de las relaciones sociales
de un todo sin armonía, sostenido únicamente
por el atraso general de la sociedad.
Mariano Otero

He propuesto un Nuevo Pacto del Sur con el fin de poder encauzar al estado de Guerrero hacia el objetivo fundamental del desarrollo integral y sostenible. La entidad emergió en la Federación Mexicana en 1849, como una necesidad de crear instituciones propias que dieran identidad a la diversidad étnica de sus habitantes. Pero también mediante actos de fuerza, que lo alejaron de las vía de la ley y lo acercaron al poder de los cacicazgos. Es decir, se ha apreciado más el poder personal que el de la ley.
Está en la naturaleza del ser humano su carácter gregario y de ahí surge la necesidad de la existencia colectiva que crea acuerdos para civilizar la convivencia. Así cobra sentido la afirmación de Arnaldo Córdova respecto a que la Constitución no es ley suprema sino el acuerdo social; acuerdo que implica la forma de gobierno, la promulgación de leyes y el surgimiento de instituciones.
Puesto que los signos que caracterizan el desenvolvimiento del Sur son la ingobernabilidad, la violencia, la protesta social, la corrupción y la debilidad institucional, todo ello implica que nuestro pacto social nació roto, con leyes endebles e instituciones precarias. Los guerrerenses necesitamos llegar a un Nuevo Pacto para convenir, dentro de la vida republicana y, por lo tanto, democrática, con el fin de construir un entarimado de disposiciones de observancia general, que aceleren el paso de los surianos hacia el bienestar.
Lo anterior, debe ocurrir dentro del marco de la República Federal que nos hemos dado. Sí se trata de aspirar a una utopía en tanto visión profunda, que haga posible nuestro perfeccionamiento constante. El horizonte se aleja pero la sociedad está en movimiento; gracias a ideas utópicas la mayoría de las sociedades no viven dentro de una caja. Y de eso de trata, de que nos esforcemos para salir del infortunio histórico en el que hemos vivido.
Un Nuevo Pacto Social del Sur implica un conjunto de acciones, cual más desafiantes. ¿Cómo puede alentarse un proyecto de gran magnitud sin el binomio sociedad-gobierno? La mayoría de quienes gobernaron Guerrero acaso adminis-traron el conflicto, cuando no fueron sus principales impulsores. Ahora se necesita, en su precisa acepción, estadistas; también líderes políticos y sociales dispuestos a reformar al Estado de Guerrero; es decir, hacerlo nuevo.
Desde luego, para empezar habría que convocar a la sociedad desde la misma sociedad en diálogos propositivos de lado a lado y de abajo a arriba; alentar esa participación con la intervención gubernamental. Un Nuevo Pacto Social exigiría, una vez celebradas reuniones, asambleas, propuestas documentadas, sugerencias y recomendaciones, convocar a un Congreso local constituyente, que diera forma y contenido al Nuevo Pacto.
Conviene aclarar que un proceso de tal envergadura debe ser inherente al acuerdo en lo fundamental, siguiendo la regla Otero. O sea, debe respetarse el sistema político federal, democrático y republicano. Se trata de llegar a nuevos arreglos internos que hagan posible que, por ejemplo, la protesta social se encauce por la vía del entendimiento legal, oportuno y eficaz. La protesta social es el recurso del que disponen los ciudadanos ante gobiernos insensibles y sordos; pero cuando esta se hace por todo y por nada, pierde su eficacia y termina por ser repudiada por amplios sectores de la propia sociedad, pues, en ocasiones, unas docenas de personas dañan la economía de miles, como ocurre cuando se bloquea la Autopista del Sol.
Otra aclaración necesaria: un proyecto así no debe ser abanderado por partido político alguno ni por políticos aspiracionistas. Lo deseable es propiciar la concurrencia de la diversidad social y la pluralidad política y ello necesita de un amplio margen de tolerancia e inclusión. No puede ignorarse –sería ingenuo hacerlo– que es inevitable la manifestación de ideas distintas y hasta encontradas, pero el gran objetivo exige buscar los acuerdos por encima de las diferencias.
Habrá oportunidad de ampliar el tema. Ahí lo dejo para –ojalá– propiciar la reflexión, bajo una sola premisa: Guerrero no puede, no debe, ser un estado sin destino.

 

Guerrero, 175 años de atraso

No estoy conforme ni a gusto con el mundo y con el tiempo que me tocó vivir recientemente.
Joan Manuel Serrat.

Ayer domingo, 27 de octubre, se cumplieron 175 años de la creación del Estado de Guerrero. Guerrero ha sido y será una llega en el cuerpo de la República. El olvido histórico de la Federación para impulsar su desarrollo, la estructura socio económica caciquil y pre moderna, la falta de instituciones sólidas y del cumplimiento de la ley, ha traído como consecuencia la constante protesta social con su carga de violencia.
La inestabilidad política ha convertido a la entidad en tierra pantanosa. La gobernabilidad, o lo que se entienda por ella, no es consecuencia de la legitimidad del poder sino del apoyo de la Federación a los cacicazgos locales; de la cercanía de estos con aquella ha dependido la permanencia en el cargo. Son contados los casos en los cuales los mandatarios guerrerenses se han comprometido con políticas de desarrollo tendentes a disminuir la desigualdad.
Nuestro estado es consecuencia de su origen. Posteriormente a las gestiones de Nicolás Bravo y Juan Álvarez para la formación en el sur del país de una nueva entidad federativa, con el nombre de Guerrero, siguieron las presiones políticas para lograr ese fin. Derrotados los conservadores y teniendo como telón de fondo la invasión de las tropas yanquis, Álvarez continuó con el proyecto.
Sin embargo, hay que anotar que ante la negativa del Estado de México para ceder una gran proporción de su territorio a la nueva entidad, Juan Álvarez secuestró al gobernador de ese estado. Señala Gerald L. McGowan: En las primeras semanas de 1848, Juan Álvarez mandó aprehender a Francisco Modesto de Olaguíbel y lo mantuvo prisionero; lo remitió a Telolopan y hasta los últimos días de febrero fue liberado en Morelia, a petición del presidente de la República y de Melchor Ocampo, gobernador del Estado de Michoacán. Así se obtuvo la aceptación de la ahora entidad mexiquense.
Dice el mismo investigador canadiense: “Es probable que el Sur haya sido mal administrado por Toluca y por el gobierno nacional, pero los habitantes del Sur también se rehusaron a prestar obediencia a las autoridades estatales y nacionales, prefiriendo ejercer sus derechos políticos a través de caudillos todopoderosos que se rodearon de clientelas fieles y adictas”.
“Si bien todos invocan el progreso a futuro que les brindará el nuevo estado para poder salir de la miseria y la barbarie, se menciona una geografía abrupta que deja a los hombres en el atraso social; una iglesia lejana con pocos párrocos para el consuelo de las almas; un obispado sin inaugurar; una educación inexistente, sin maestros ni escuelas; una economía debilitada, con un puerto y unas minas mucho menos prósperas que antaño, y sin más industrias que telares y jaboneras; una producción agrícola de autoconsumo y sin mercado; una pésima distribución de la riqueza que se plasmó a través del despojo de las tierras de los hacendados; una situación de violencia y luchas raciales que se manifiestan en constantes alzamientos de los nativos (…) una pobreza generalizada”. (La Separación del Sur, SGG del Estado de Guerrero, 2ª ed. 2018).
Adoptar la vía de la fuerza para la erección del Estado de Guerrero, desconociendo el marco legal, es una de las causas principales de su atraso, violencia e ingobernabilidad. La constante inestabilidad política obedece también a la supeditación de nuestro estado a la política federal. El tema lo aborda con amplitud Jorge Rendón Alarcón en Sociedad y conflicto en el Estado de Guerrero, 1911-1995.
¿Qué podemos celebrar por los 175 años de la existencia de nuestra entidad federativa? Al abandono histórico del gobierno federal, se suman las catástrofes como los huracanes Paulina, Otis y John, que parecen dejar al estado sin destino. Sacar a Guerrero de su postración exige un plan de desarrollo integral de los tres órdenes de gobierno y un Nuevo pacto social del Sur, que se fundamente principalmente en un marco jurídico, en el que prevalezcan la ley y la justicia.
Ni más, ni menos.

 

La lirica del duelo

Nada más simple que la poesía. Es como un pájaro. Basta dejarlo en libertad. Jaime Jaramillo Escobar.

Nadie me lo dijo… reciente poemario de Gela Manzano (Los libros del perro, CDMX, 2024), es una elegía agrupada en tres partes: Flor de cactus, 20 poemas; Segunda parte, 14; y tercera parte, 22. Total 56 poemas impresos en 96 páginas, que contienen centenas de versos.
La edición es pulcra. Lamentablemente, no tuve ocasión de leer, sopesar ni abanicar sus hojas, porque recibí la versión por PDF, y como resultado de la impresión me pareció un volumen voluminoso. Ahora, en el decoroso libro, leo en la contraportada coincidencias con opiniones de Ethel Krauze.
Los poemas tienen una sola emoción con sus muchas variables: el dolor por la pérdida del ser entrañable, del amor evaporado, la más honda nostalgia, la rebeldía contra lo inevitable, el cuestionamiento al Supremo. Largo y sostenido duelo en la poética de Gela Manzano.
Descubrir, por el golpe del mazo, la realidad de lo conocido pero impensable y vivirlo, trasmitirlo, publicarlo, hacerlo de los demás, por una voz que no puede, no quiere, ahogarse. Este poemario me recuerda, inevitablemente, la novela Lo que no tiene nombre de Piedad Bonet. La Dolorosa continúa en las madres sufrientes.
Gela Manzano reclama: “Nadie me dijo que en medio del dolor/ se elige el vestido mortuorio/ las rosas blancas/ que coronarán tu cabeza en reposo./ escoger los cirios/ que te alumbrarán el vuelo/ de alondra mientras se ahoga/ el grito desgarrado que atraviesa mi cuerpo”.
Se advierte en el lirismo el afán para desdoblar al yo sin reposo en la dualidad humana. Las sombras que pueblan los sótanos de la conciencia parecen emerger hacia la luz en las imágenes de lo indeseable aunque sea, o parezca, alcanzar la pureza.
La energía de Gela brota de sus nervios, los mismos que pretenden hacer que pierda la cordura. Ella prefiere la fuerza de sus debilidades y, en la anáfora y el paralelismo, insistir de diferentes modos la inaceptable ausencia de la hija amada.
El lector descubrirá en estos textos un solo poema, que narra la biografía de Gela Manzano y del ser perdido, la búsqueda de respuestas en los sepulcros de sus antepasados, los pasos que quisiera desandar para recuperar lo ya imposible.
La poeta reclama: “Son muchas las preguntas/ que me obligan a callar/, a detener las plegarias/ todo tiene una mudez apocalíptica/ y no soy generosa/ para entender y agachar la cabeza/ ante la muerte”.
A la muerte solo la vence la memoria, por eso la autora escribe, describe, imagina, evoca y, rítmicamente, va dejando huellas, testimonios, que desea imborrables. La poeta afirma: “Regreso al tiempo de tu nacimiento”.
La poesía se revela aquí como un tutorial sobre el enfrentamiento a la íntima tragedia; pero también como acta de notario, da fe del insobornable sentimiento, de la angustia incesante de la que surge la poesía.
Gela Manzano ha logrado construir versos aparentemente sencillos, “sin adornos; en todo caso, buenos”, como propone Ezra Pound. No llega al hiperrealismo de Roberto Bolaño, pero hay tal claridad en su mirada poética que al abrir sus sentimientos estos son transparentes.
Como académica de larga data, gestora cultural, narradora y poeta, Gela Manzano sabe lo que enfrenta al concebir y publicar un poemario de una sola emoción sostenida. Es un desafío para la autora y los lectores.
“En el lenguaje literario –dice Arturo Souto– las palabras multiplican sus funciones. El escritor trabaja con todas ellas. Algunas de las más significativas son la musical, la afectiva, la evocativa, la conceptual y la simbólica”.
Estas funciones están presentes en la obra de Gela Manzano.
Musical: “Abuela, seca mis lágrimas, con tu delantal/ oloroso a hierbabuena, resguárdame/ en tu cocina de ajos y cebollas”.
La afectiva: “Sigues tan viva, palpitando/ creciste en mi vientre/ respiras conmigo, como entonces”.
Evocativa: “Mientras seas una antorcha/ en mis profundas oscuridades”.
Conceptual: “Nadie, nadie, ni Dios para explicarme”.
Simbólica: “Minúscula gota de rocío,/ navega a la deriva/ en el infinito mundo de tus ojos”.
Poemas con poesía son los de Gela Manzano. Podrá encontrarse alguno que otro verso prescindible por referir lugares comunes. Y por ahí errores de puntuación, como bachecitos en los que cae el ritmo, pero su resonancia se mantiene como campana de duelo. Nada de lo anterior mella el contenido. Octavio Paz corregía poemas publicados, de manera que se liquida la creencia de que las primeras versiones están escritas en piedra.
Sin duda, Gela Manzano ya es parte de la lirica mexicana y va creciendo.
Los invito a leer Nadie me lo dijo…

* Texto leído en la presentación del poemario, el jueves 17 próximo pasado, en Arcadia Centro Cultural, Chilpancingo. El texto ha sido modificado para adecuarlo a la colaboración periodística, pero conserva sus ideas centrales.

 

Para vivir he nacido

A la memoria de Alejandro Arcos Catalán.

“Para morir he nacido”, dice Pablo Neruda. En efecto, cada ruta nos acerca al final. Sin embargo, como lo señala el Nobel chileno, pareciera que nuestras angustias y razón de ser es morir. No lo creo. Nacemos para vivir y, en el plazo de la vida que a cada quien corresponda, creamos, soñamos, padecemos, sufrimos, gozamos y hasta tenemos momentos de felicidad.
Nacemos sin pensar en la muerte. Al contrario, perseguimos la inmortalidad a través de nuestras acciones; queremos que nuestra obra se imponga al tiempo, de manera que sigamos viviendo en la memoria de generaciones sucesivas. No pensamos en nuestra corta estadía en el mundo. Lo sorprendente de la vida nutre nuestra experiencia y nos sobresalta la idea de la proximidad del destino final.
No pocos narradores y poetas han escrito su obra a partir del sufrimiento. Vencer a las sombras desafiantes, al ego crecido y autónomo, a las perversas realidades de la mente, exige un proceso creativo para hacer de las llagas poesía; de los descalabros, cuentos; de la vida sin retoque, novelas y argumentos.
La vida es prosa poética compuesta de versos malditos y de iluminados. La prosa poética debe poder desagregarse en verso libre, para que lo sea. Es el caso de Me encanta Dios, de Jaime Sabines. Primero se publicó en prosa y luego, idéntico el texto, en verso libre. Es la capacidad magistral de mantener imágenes, ritmo y resonancia. La poesía tiene la forma del vaso que la contiene, diría José Gorostiza.
Nos puede partir un rayo, caer en un socavón o asfixiarnos con un arroz. Se puede morir de las cosas más increíbles e impensables. En accidentes o por muerte natural. Pero que un ser humano quite la vida a otro, es inaceptable. La violencia definitiva hacia una víctima posible. Es perder en un momento los siglos civilizatorios de la humanidad. Extraviar el sentido de la vida por el arrebato de la maldad.
No puedo imaginar siquiera lo que pueda pasar en la cabeza de una persona que decide arrebatarle la vida a otra. No hay asuntos sin solución, hay actos coléricos. “En la vida todo tiene arreglo, menos la muerte”. Los expertos en constelaciones afir-man que los homicidas psíqui-camente pasan a formar parte de la familia del victimado, de manera que su presencia –aunque se trate de un desconocido– perturba por generaciones.
No se ignora a los psicópatas en serie que nacen con inclinaciones hacia el crimen. O individuos con esas tendencias, a quienes solo falta un detonador emocional. Son enfermedades mentales. Pero hay otra patología que se genera con la repetición de hechos. El homicidio, como las drogas, el juego y el sexo se convierte en una adicción. A fuerza de hacer lo mismo, una y otra vez, puede volverse sádico.
Los autores de hechos trágicos son irrecuperables para la sociedad porque no existen centros de atención para enfermedades mentales y los centros de reclusión penitenciaria no rehabilitan y sí inciden en una patología múltiple. A lo anterior sumemos la ausencia de protección al ciudadano. Podríamos decir, sin eufemismos, que regresamos a la ley de la selva, al estado de naturaleza.
Hay muchos factores que influyen en el desarrollo y comportamiento del ser humano. La violencia familiar, el desapego de infantes, la pobreza, la injusticia, entre otros. De ellos, surge el resentimiento, el deseo de venganza, el rencor social. Las causas que convergen en los eventos homicidas no se indagan, solo se pretende castigar las consecuencias. Pero cuando estas tampoco se sancionan la vida en sociedad es de temor e inseguridad. Es decir, el estado no cumple con el pacto social.
La vida es fluido de la espiritualidad. Las millones de conexiones neuronales son el milagro de una existencia racional, que nos conectan en armonía y permiten trascender al ser humano más allá de sí mismo. La vida es poesía. Nacimos para vivir en plenitud venciendo los desafíos de la existencia. Nos proponemos objetivos y luchamos para alcanzarlos para beneficio de toda la especie, no importa que nuestro aporte sea, apenas, “un prodigioso miligramo”.

 

¿Cuál Sociedad Civil?

Un grupo de sonámbulos recorre las calles de la Ciudad de México. Antonio Saborit.

Demostrado hasta la saciedad de que en México la Sociedad Civil está en pañales, calificación indulgente para no tener que decir que es inexistente. A pesar de que organismos internacionales han determinado que todo lo que está fuera del sector gubernamental es sociedad civil, no es así.
Una definición elemental de sociedad civil es señalar como tal a la parte organizada de la sociedad en general, que tiene objetivos específicos sin fines de lucro. Es el caso de los clubes de servicio, organizaciones en pro de la lectura, el medio ambiente, la transparencia, la vida democrática, la paz, y muchos más.
El sector privado está fuera del ámbito del gobierno, pero no es sociedad civil. La razón es evidente: los empresarios tienen como razón de ser obtener beneficios económicos. Pueden patrocinar organizaciones de la sociedad civil, pero al final del día privará en ellos la protección de sus intereses económicos.
No se trata de satanizar al sector privado. Este sector es la palanca fundamental del crecimiento económico, que se traduce en puestos de trabajo, pago de servicios e impuestos. No es poca cosa. Aun cuando estamos acostumbrados a señalar a personas como los dueños de fortunas inimaginables, no es así.
El hombre más rico de México es responsable de rendir cuentas a sus socios capitalistas, a los tenedores de bonos y acciones, tanto de la Bolsa de Valores de México como de otras en el mundo. El cambio de paridad del peso respecto al dólar le puede significar disminuir o aumentar los créditos en moneda norteamericana en muchos millones.
En las democracias tropicales, como ya es la nuestra, con la cercanía al poder se accede a la certidumbre que no otorgan las leyes. Y también la oportunidad de negocios a gran escala, como lo demuestra Carlos Slim al haber duplicado el capital de las empresas que representa durante el régimen morenista.
En las elecciones federales recientes, se personificó en Claudio X. González al sector privado que “manipulaba” a la oposición y factótum que determinó la candidatura de Xóchitl Gálvez. Ignoro que tanto haya podido influir Claudio X. González; lo cierto es que, con habilidad maquiavélica, el presidente de la República lo personificó como el titiritero de la alianza opositora.
Como suele ocurrir, a toro pasado se advierten los yerros. A propósito del cambio de bando de los Yunes que, con su voto, dieron a Morena mayoría calificada en el Senado de la República para acabar con la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se puede observar el panorama completo: Los Markos Cortés y Alitos siempre jugaron en favor de los intereses del régimen.
A Xóchitl no le dieron recursos económicos, espacio en los medios y ni siquiera le aceptaron sus propuestas para la colocación estratégica de su propaganda. Las acusaciones estridentes de la gobernadora Layda Sansores contra Alito, por actos de corrupción, de pronto, como los mariachis, callaron. El presidente del PAN gimotea en el Senado ante su “querido amigo” Miguel Ángel Yunes.
¿Y la sociedad civil qué papel ha desempeñado? Ninguno. Después de mostrar el músculo en masivas protestas, dispersa la multitud, los individuos se fueron a sus casas a seguir con su vida ordinaria. A los mexicanos nos han caído los acontecimientos como un alud, y nos mantenemos en la mediocre pasividad del oso en el zoológico.
¿De qué estamos hechos los mexicanos? ¿Cuál es el vigor de nuestro espíritu? Como dice el tango: “Silencio en la noche, el músculo duerme, pasión descansa”. El conformismo, pues.

Concentrar el poder

Nuestro cuerpo y mente son capaces de derribar todos los muros en cuanto vemos el camino a seguir. Stone y Zander.

El temperamento nacional es flemático, casi inane. Se nos viene el aluvión encima, parece que nos ahogamos, pero luego todo pasa o mejor dicho, no pasa nada. Nos gusta el confort. Nos acomodamos a las circunstancias. Ante lo indeseable nos irritamos en privado y guardamos silencio en público. Los pocos atrevidos que se deciden a expresar desacuerdos son eso, pocos. En México hay tanta ciudadanía como opinión pública.
Somos un país acostumbrado a ser gobernado por hombres fuertes, por caciques. En la naciente República, Antonio López de Santa Anna dominó el escenario nacional durante 30 años, en el llamado periodo de anarquía; Porfirio Díaz, gobernaría otros treinta. Es decir, en el siglo XIX, iniciado para los mexicanos en 1821 con la Declaración de Independencia, de los 79 años de país soberano, 50 de ellos fueron gobernados por dos hombres fuertes (Santa Anna 30, Díaz 20 y 10 más en el siglo XX).
El PRI gobernó durante 77 años (1929-2000 y 2012-2018). Sin embargo, es obvia la diferencia entre el régimen monolítico y el democrático. Dentro del régimen de la Revolución, entre un presidente y otro, hubo variaciones significativas, motivo por el cual se llegó a hablar de la ley del péndulo: un gobierno de izquierda era remplazado por otro de derecha. Son los casos de Cárdenas-Ávila Camacho, Miguel Alemán-Adolfo López Mateos, Díaz Ordaz-Echeverría. Por supuesto, no eran precisamente de izquierda ni de derecha.
Significativo del régimen priista es haber advertido la necesidad de compartir el poder, primero con reformas que no ponían en riesgo al propio régimen; y luego con otras de hondo calado, que crearon el pluripartidismo, en los que sí se disputaba el poder. Estos cambios hicieron posible la transferencia de la Presidencia de la República en forma pacífica. La gran estrategia de los ideólogos priistas fue impulsar las reformas como medio para sostener los principios de la Revolución Mexicana.
Sólo a través de las reformas oportunas pueden generarse cambios pacíficos. Se entiende que las reformas restan poder al gobierno e inciden en modificaciones al régimen. Ello significa que toda reforma política se hace a costa del poder para repartir parte de este entre diversos actores políticos y dar mayor impulso a la vía democrática.
Caso contrario, cuando se promueven cambios para concentrar el poder estamos ante contra reformas, que recuperan poder de diversas entidades políticas para favorecer un régimen autoritario. Los cambios cuando no son democráticos, por definición, son antidemocráticos.
Han comentado diversos analistas, como Moisés Naím, que es muy difícil –por no decir imposible– que triunfe una revolución armada en una país de economía media. Ello se debe a la fortaleza del Estado, que dispone de recursos económicos, fuerzas armadas de tierra, mar y aire, agrupaciones policiales y diversos recursos institucionales. El levantamiento del EZLN, por ejemplo, pudo ser arrasado en 24 horas porque los zapatistas –sin armas modernas ni suficientes– fueron rodeados por el ejército. La decisión del presidente Carlos Salinas de escoger la ruta del diálogo evitó una masacre.
Algunos opinan que la vecindad con Estados Unidos evitará que en México se instaure un régimen autoritario. Se olvida que Estados Unidos tiene intereses, no amigos. Si bien formar parte de su zona geopolítica de seguridad no haría posible un régimen pro-ruso o chino, a nuestros vecinos poco les importaría que haya más o menos democracia si el gobierno mexicano se pliega a sus dictados, como ha ocurrido con los flujos migratorios. Ante la muy probable victoria de Donald Trump, lo externo no da motivos para el optimismo.
Señala Hannah Arendt: “En el terreno de la política, donde el secreto y el engaño deliberado ha desempeñado siempre un papel significativo, el autoengaño constituye el peligro por excelencia; el engañador autoengañado pierde todo contacto, no sólo con su audiencia, sino con el mundo real, que, sin embargo, acabará por atraparlo porque de ese mundo podrá apartar su mente pero no su cuerpo”. Por ello, siempre será mejor, antes que la debacle, el retorno a la democracia plena.
Despertar el ánimo ciudadano es lo único posible para salir de nuestra condición acomodaticia.

 

Nueva generación política, nuevos partidos

Uno nunca sabe qué lealtades se despertarán en los momentos críticos. Paul Auster.

Los partidos opositores carecen de políticas de largo aliento para enfrentar al régimen de Morena. Dejaron pasar más de 30 años sin modernizarse y cuando ya están a punto de la agonía pretenden renovarse. Los actuales dirigentes del PAN, PRI y PRD carecen de la estatura política y del indispensable prestigio en sus liderazgos para acometer exitosamente lo que se proponen.
No creo que todo tiempo pasado haya sido mejor. Pero se extraña la clase política de líderes como Jesús Reyes Heroles, Porfirio Muñoz Ledo, Luis H. Álvarez, Felipe Bravo Mena, Heberto Castillo y Cuauhtémoc Cárdenas. Políticos de principios e ideas. Perseguían la concreción de las propuestas de sus partidos, pero propiciaban el diálogo y el debate. Celebraban acuerdos. Pugnaban con afán por una sociedad mas justa desde la perspectivas de sus respectivas militancias estadistas.
Ahora tenemos políticos bisoños con viejas mañas. El último ejemplo de la política clientelar fueron las candidaturas de la triple alianza. Al escoger a sus próximos y familiares privilegiaron la subordinación. El esplendor del nepotismo político con pena y sin gloria. Cuando el influyentísimo de los líderes alcanza para favorecer en las candidaturas al hermano, la sobrina, al amigo sin mérito, la pregunta obligada es: ¿En dónde queda el reconocimiento a la militancia? Cómo se le puede decir a un compañero de partido: “Tú te haces a un lado porque va mi hijo”.
Tema de fondo es la contradicción entre el sistema democrático y sus partes no democráticas. La ley de hierro de Robert Michels, sigue vigente. Élites que permanecen hasta que son desplazadas por otras. Unas más y otras menos, todas hacen de sus organizaciones partidistas sus feudos, de manera que, de partidos sin democracia, emergen los posibles legisladores, alcaldes y gobernadores, que deberían dar sustancia a nuestra democracia.
Las reformas que pretende hacer el PRI, evidentemente son apresuradas. Mas que la necesidad de cambiar de imagen, se antojan para hacer nuevos estatutos que mantengan en sus cargos a los actuales dirigentes, quienes deberían haber renunciado después de su derrota estrepitosa. De los tres partidos sólo el PAN se ocupó en el pasado, con celo hasta excedido, de la formación de cuadros. PRI y PRD –ahora incluido el PAN– quieren tener seguidores, no militantes.
Para que haya democracia en los partidos se necesita voluntad política y una serie de disposiciones simples: capacitación para los militantes, que cada militante pague su cuota y la vida democrática surja de los órganos de base. La importancia de la capacitación política es obvia; el pago de cuotas dará sentido de pertenencia y habrá de formar militantes exigentes de buenos resultados; y la vida democrática reformará al país.
Sólo partidos renovados, con verdadero compromiso democrático, podrán enfrentar a un régimen que, con sus propuestas de cambios constitucionales, va derecho y no se quita para desmantelar el precario equilibrio de poderes, vulnerar la protección que las leyes otorgan a los ciudadanos y recobrar al santanismo para configurar el país de un solo sujeto.
Entonces, si los partidos ya dieron de sí por el hartazgo que hay hacia ellos, la opción posible es la organización de uno o dos nuevos partidos. Para ello, deben surgir políticos de una nueva generación (académicos, miembros de la sociedad civil); personas con emoción social, conocimiento técnico y genuino interés en la política.
Lo anterior pasa por eliminar las alianzas frágiles en el interior de la sociedad civil. No pueden ser considerados como lo mismo los ciudadanos organizados voluntariamente por una causa determinada y los grupos de presión –claramente los empresariales– que se organizan para la defensa de sus intereses económicos. Así la ONU los haya reconocido con una misma etiqueta, la diferencia es sustantiva: la sociedad civil no persigue fines de lucro y en el empresariado esa es su razón de ser.
Es perentorio, en este ambiente de crisis democrática, la emergencia de una nueva generación para formar nuevos partidos políticos. Y al referirme a una nueva generación política no me refiero a los ciclos generacionales, porque hay jóvenes viejos y viejos jóvenes. Nuevas caras, nuevas formas de organización, compromisos claros y contundentes, nuevos modos de hacer política popular y republicana.
México lo necesita.

Errores políticos

No subestimar la fortaleza de lo que aborrecemos.
Daniel Innerarity.

Algunos políticos cometen errores que pueden costarles sus aspiraciones. Su falta de confianza y el desconocimiento de quién es el tomador de decisiones los lleva a boicotearse. Siendo yo diputado federal el gobernador Rubén Figueroa Alcocer me invitó a comer en Acapulco. No recuerdo el nombre del lugar ubicado en Punta Diamante. Al llegar al restaurante estaban a la mesa Rogelio de la O Almazán, alcalde del puerto, y Raúl González Villalva.
José Francisco Ruiz Massieu me designó coordinador de su campaña político-electoral como candidato a gobernador de Guerrero. El presidente del PRI era González Villalva, a quien nunca le agradó mi comisión. Él era del equipo que salía, el de Alejandro Cervantes Delgado. Sus constantes quejas a Ruiz Massieu alguna vez fueron objeto de algún comentario sin importancia.
Ruiz Massieu revisó con lupa a cada uno de los aspirantes a diputados locales; se iba a integrar la primera Legislatura de su inminente gobierno. Entre los palomeados estaba González Villalva, pero se cayó. Vio la comida con el gobernador Figueroa como la oportunidad para responsabilizarme. Supuso que tendría el apoyo de su jefe.
“Tú estabas en la lista de los prospectos aprobados –le dije– pero cometiste el error de pedir a Jorge de la Vega Domínguez, presidente nacional del PRI, su apoyo. La llamada telefónica de De la Vega Domínguez fue para tu desgracia. Ruiz Massieu me comentó, aún molesto, que no aceptaba recomendaciones para el Congreso y te tachó en su libreta de apuntes”. González Villalva insatisfecho con mi argumentación algo trató de decir; lo atajó Figueroa Alcocer: “Hay que saber callarse. Eres como los que están en el pantano, entre más te mueves más te llenas de lodo”.
Otro error político fue el cometido por el dirigente de la CTM en el estado, senador Filiberto Vigueras Lázaro. Él aspiraba a ser candidato a gobernador y no aceptó su fracaso. Como se acostumbraba entonces, los sectores del PRI –agrario, obrero y popular– postulaban al destapado como su precandidato. Después se reu-nían los delegados de los tres sectores en la Convención estatal y lo declaraban candidato del PRI. Así se legitimaba la decisión presidencial en la etapa del partido casi único.
En la asamblea del sector obrero Filiberto Vigueras –de voz potente– dijo que Ruiz Massieu era “el pequeño gigante de la política”, y esa expresión la repitió varias veces a lo largo de su perorata. José Francisco disimuló su molestia. Nada dijo al respecto cuando le tocó intervenir. “Vigueras sacó boleto”, pensé sin hacer mayores comentarios; no hubiera sido prudente repasar el tema.
Dos años después Filiberto Vigueras terminaba su periodo en el Senado y aspiraba a ser diputado federal por Acapulco. En ese lapso, Ruiz Massieu hizo una sólida relación con Fidel Velázquez. Tuve oportunidad de asistir a varias reuniones con el sempiterno líder obrero, acompañando al gobernador. En corto, don Fidel era un hombre muy agradable alejado de esa imagen austera y de sus conferencias balbuceantes. Ruiz Massieu convenció a don Fidel del desgaste de Filiberto Vigueras en Acapulco y lo difícil que sería ganar su elección.
Vigueras Lázaro fue postulado por el distrito federal con cabecera en Iguala. Su opositor era el periodista y agrónomo Félix Salgado Macedonio. El cetemista hizo una campaña deslucida, pero obtuvo la mayoría de votos. De acuerdo al proceso se instaló el Colegio Electoral en la Cámara de Diputados. Con mayoría priista la calificación aprobatoria del dirigente obrero sería de trámite. Todo iba bien hasta que Salgado Macedonio subió a la tribuna con unos costales. Ahí los vació soltando boletas quemadas, anulados, etc., que –según el candidato opositor– evidenciaban el fraude cometido en su contra. A Félix empezaron a llamarlo el diputado costales.
En política solo se deben tener los adversarios inevitables. No hay enemigo pequeño y el peor enemigo, por pequeño que sea, puede ser uno mismo.

 

Nueva reforma política

Analizar minuciosamente y volver a la vida
aquello que a otro le pareció bien tirar. Paul Auster.

El presidente Andrés Manuel López Obrador preparó la reelección de su partido en el poder desde su primer día de gobierno. No se anduvo por las ramas: utilizó todos los recursos a su alcance para imponerse, incluso a pesar de políticas públicas de graves consecuencias. Su popularidad siempre se mantuvo arriba del promedio.
La polarización de los mexicanos fue una estrategia que lo enfrentaba a la minoría privilegiada, anulaba la rebelión de la clase media y cohesionaba el apoyo de los pobres. “La mañanera” ha sido su principal plataforma de ataque y descalificación del adversario. Los mexicanos adoptamos el lenguaje político del siglo XIX, que se convirtió en signos distintivos del espectro político: liberales y conservadores, liberales contra conservadores, conmigo o contra mí.
La prensa escrita y las redes están saturadas de análisis sobre las atípicas elecciones del pasado 2 de junio. El voto mayoritario de la población otorgó amplio apoyo a un gobierno que, en un país democrático y con demócratas, difícilmente se hubiera sostenido. No es cosa de repasar las causas del tsunami electoral, que le otorga a Morena  amplia mayoría en las cámaras legislativas federales y locales.
Sin embargo, se advierte la debilidad de la sociedad civil y de los partidos políticos. He insistido que en México la SC es incipiente. Las grandes concentraciones para defender al INE, a la Corte y la marea rosa, no pasaron de la natural molestia causada al huésped del Palacio Nacional. Después de esas manifestaciones masivas, que nos llenaron de optimismo al suponer una activa conciencia nacional, no hubo articulación política-social para convertir las demandas en compromisos del poder. No hubo desobediencia civil.
Por su parte, los partidos dieron una muestra más de su distancia con la sociedad. Postularon como candidatos a viejos políticos y se abusó de la influencia para acomodar a los próximos. Los mismos nombres, las mismas caras. El resultado es el desplome de los partidos opositores. AMLO hizo lo suyo y las oposiciones no estuvieron a la altura de las circunstancias.
No obstante, hay que considerar el fenómeno de Xóchitl Gálvez como el esfuerzo de una mujer inteligente, comprometida y desenfadada que puso en aprietos al régimen y su partido. La falla visible de la campaña fue la falta de unidad orgánica entre ella y los partidos y entre los partidos y la sociedad civil. El problema de las alianzas es que tienen  muchos mariscales y cada uno pelea principalmente por su causa.
Diversos sectores de la sociedad están entre la preocupación y la angustia respecto a lo que nos espera con la primera mujer Presidente de la República. La mayoría morenista en ambas cámaras solo puede frenarse evitando la sobre representación, lo cual ha advertido con reconocido conocimiento Jorge Alcocer, y así anular las reformas constitucionales que se propone AMLO antes de que concluya su administración.
No hay muchas alternativas para establecer contrapesos al régimen de Morena. Por lo pronto, debería convocarse a una gran asamblea democrática para proponer a la presidente Claudia Sheinbaum, incluso antes de su toma de posesión, una agenda de reforma política de cuarta generación. Se deben explorar otras formas de gobierno democrático y es necesario que emerjan nuevos partidos. La democracia es costosa pero es la única que permite resolver las diferencias en forma pacífica.
Nueva clase política, nuevas ideas, y novedosos mecanismos de representación para que se establezca el diálogo y posibles acuerdos con el próximo gobierno, que garanticen a los mexicanos la vigencia de la Constitución y las instituciones de la República. Hay que salir de la pesadumbre porque tenemos mucho México por delante.

Las urnas hablaron

 

 

 

 

La gente se cansa de tanta pinche transa.

Consigna de la izquierda mexicana.

 

Son las 20:30 horas del domingo 2 de junio,  en el momento de escribir estas notas todavía no hay noticias que permitan saber quién ganó la Presidencia de la República. Diversas encuestas de salida otorgan ventaja a Xóchitl Gálvez por un margen de 3 a 5 puntos sobre Claudia Sheinbaum. Pero será hasta el cierre de casillas cuando, con las actas disponibles, se puede tener certeza.

Siguiendo los mismos pronósticos, la oposición tendrá mayoría en las cámaras legislativas superando a Morena y sus aliados, MC incluido. Es el escenario deseable para recuperar a plenitud la vida democrática del país. La clase media salió a votar masivamente y su voto no pudo ser mas que en contra de la llamada 4T.

En Guerrero las elecciones se han dado en un ambiente sumamente tenso. No es para menos. En la edición de El Sur del jueves anterior, se informa: “Guerrero, la entidad con más víctimas de violencia política, según informe de la consultora Integralia”, la cual reporta que al 26 de mayo hubo 105 “personas que resultaron víctimas de violencia política en Guerrero”.

Sacudió el asesinato del candidato a presidente municipal de Coyuca de Benítez Alfredo Cabrera (de la coalición PRI, PAN, PRD). El sicario le disparó dos balazos en la nuca el día de su cierra de campaña. El presidente del PRI en el estado, Alejandro Bravo Abarca, declaró que había una “estrategia de terror”. Hay miedo, dijo. Pero ayer domingo, el miedo fue vencido y la gente salió a votar.

El ciudadano emitió el voto de la fatiga. Cansado de arbitrariedades y desamparo, hizo lo que tenía que hacer en los tres minutos que tuvo las cinco boletas en sus manos. Morena seguramente retendrá la plaza de Acapulco, pero en Chilpancingo Alejandro Arcos Catalán tendrá la mayoría en la bolsa. Tengo confianza de que será el alcalde que la capital del estado necesita para su recuperación.

Hoy lunes, cuando aparezcan publicadas estas líneas, sabremos a qué atenernos. Aun cuando faltarán los recursos que los interesados habrán de interponer en las instancias electorales, en la mayoría de los casos los resultados de ayer domingo serán confirmados. Candidatos, partidos políticos y ciudadanos, enfrentamos una elección de Estado, no vista ni siquiera cuando al secretario de Gobernación Manuel Bartlett Díaz, “se le cayó el sistema” en 1988. No se había escuchado la resonante voz ciudadana, como ahora.

En algunas entidades del país, como Chiapas y Querétaro, hubo actos de violencia graves. Esos hechos, en vez de desanimar al elector, fue más combustible. Con estas elecciones los mexicanos nos reivindicamos de la abulia, el importamadrismo y la falta de voluntad cívica. La gente fue cauta en cuanto a declarar su intención de voto, pero votó conforme a su conciencia impelida por una realidad nacional insostenible.

No cantemos victoria respecto al triunfo opositor. Sí vale la pena mantener la esperanza de los millones que creemos en la importancia de la urnas. Y en la exigencia de que se respeten los resultados. Ya veremos.