Habría hasta 8 guerrilleros enterrados entre Cacalutla y El Quemado, dice ex guerrillera

La ex guerrillera del Partido de los Pobres, María Argüello Vázquez, en la tumba de sus compañeros Lino Rosas Pérez y Esteban Mesino Martínez en Atoyac junto con la foto de su líder LucioCabañas, en la conmemoración de este año de su muerte en El Otatal el 2 de diciembre de 1974 Foto: cortesía de María Argüello

Ramón Gracida Gómez

María Argüello Vázquez fue una de los ocho guerrilleros del Par-tido de los Pobres que sobre-vivieron a la emboscada del Ejér-cito que rescató a Rubén Figueroa Figueroa el 8 de septiembre de 1974 en La Pascua, Atoyac; un día antes fue asesinado por militares su pareja, Prisciliano Medina Mo-jica y ella estaba embarazada de unos meses de su hija.
El domingo pasado 21 de diciembre, en compañía de sobrevivientes, familiares y personal de la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), María acudió 51 años después a donde posiblemente esté enterrado su compañero en la carretera Cacalutla-El Quemado y a un lugar cercano donde cayeron los guerrilleros en La Pascua, que podrían ser hasta ocho, estimó en entrevista la ex guerrillera.
La mujer de 67 años relató los intensos meses que vivió de gue-rrillera en 1974 y de cómo en represalia por su militancia, el Ejército desapareció el 20 de octubre de ese año a su padre Francisco Argüello Villegas en Tecpan.
“Como se acostumbra en la sierra”, María y su novio Prisciliano habían pactado durante meses huir, primero sería a Atoyac y luego a Michoacán, ella tenía 16 años y él 29 o más, la fecha era el 5 de abril de 1974.
Cuando llegó a la cita, Prisciliano cargaba un arma y estaba acompañado de otros tres hombres igual de armados, María se asustó pero él le dijo que no se preocupara y tomaron camino, en el trayecto él le comentó que formaba parte del Partido de los Pobres desde principios de aquel año, cuando trabajaba de campesino en Corrales de Río Chiquito, sierra de Atoyac.
Prisciliano se escapó de la cárcel de Acapulco en 1972 excavando un pozo junto con otros condenados. Sumaba 11 años en prisión por matar en Michoacán, donde vivía con su familia, a un teniente militar que se quería llevar a su hermana y la asesinó por resistirse, también mató a su hermano e hirió a su mamá.
Piscsiliano huía del gobierno cuando conoció a María Argüello, cuyos padres resultaron ser sus padrinos de bautizo en Tecpan, y en la guerrilla fue conocido como Juan el Colorado “porque era blanco y con el sol se ponía bien chapeado”.
Tras dos días de caminar por senderos montañosos, Prisciliano y María llegaron al campamento de Caña de Agua. Allí el jefe de la guerrilla Lucio Cabañas Ba-rrientos le preguntó a ella si venía “por la buena o por la mala”, es decir, a la fuerza o no, y María le contestó que por la buena, que se fue de su casa por su voluntad. Su seudónimo fue Rosario.

El secuestro de Figueroa Figueroa

Cuando entró a la guerrilla se planeaba la entrevista con el entonces senador Rubén Figueroa Figueroa; ella recibía adiestra-miento en armas y en táctica, cómo salir en una emboscada y en el caso de que no pudieran, les decía Lucio, “péguense un tiro porque a mí no me van a agarrar vivo, porque a mí me van a hacer pedazos vivo y para no sufrir te dejas un tiro y te lo das”. De esta forma también evitarían delatar a los compañeros.
El 30 de mayo de 1974, Figueroa Figueroa se reunió con los integrantes del Partido de los Pobres en la sierra de Tecpan. Desde un año antes se pronunciaba por un diálogo con los guerrilleros para que dejaran las armas, escribe el cronista Víctor Cardona Galindo, quien también acompañó a la inspección de terreno el domingo pasado.
El 31 de mayo inició la plática oficial y “después de una ríspida discusión política” en la que Figueroa Figueroa propuso dar trabajo y dinero a los guerrilleros, quedó formalmente secuestrado con sus acompañantes, su primo Febronio Díaz Figueroa, los tíos de Lucio que fungieron de intermediarios, Pascual y Luis Cabañas Ocampo y la secretaria particular del político guerrerense, Gloria Pliego Brito.
Figueroa era, lo describió María Argüello, “gordo, chaparro, blanco, la secretaria era alta”.
El líder guerrillero estaba convencido que con la retención del senador lograría la liberación de los presos políticos, dice Víctor Cardona, “Lucio ya nunca le dio la cara, con toda la dirección de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento se fue a otro campamento, donde estaban más de 45 brigadistas como a kilómetro y medio del grupo que tenía a los retenidos”. María Argüello se quedó en el grupo de guerrilleros que custodió a Figueroa Figueroa.
La represión a los pueblos de Atoyac recrudeció, los soldados obligaban a los campesinos a racionar la comida. El informe Fue el Estado, de uno de los equipos del Mecanismo de Esclarecimiento Histórico (MEH) del año pasado, señala que en 1974 inició el periodo de mayor intensidad porque el Ejército, “emplea la detención-desaparición como estrategia de contrainsurgencia en Guerrero”.
También en 1974, indica el informe Verdades Innegables por un México sin impunidad, del otro equipo del MEH, comenzó la segunda etapa de los Vuelos de la Muerte, cuando el lanzamiento de personas desde la Base Aérea Militar de Pie de la Cuesta se convirtió en una “práctica sistemática, es decir, planificada y organizada desde el Estado”.

Prisciliano murió inspeccionando el camino a El Quemado

La guerrilla negoció el rescate millonario de Figueroa Figueroa, elegido por el PRI candidato a gobernador el 23 de junio, y el cerco era cada vez mayor.
El grupo de guerrilleros que custodiaban a los prisioneros se encaminó hacia La Pascua, “como íbamos hacia arriba, teníamos que explorar el campo, antes de cruzar una carretera o un camino para estar seguro que no peligráramos nosotros los compañeros”.
María Argüello era parte del grupo de cinco guerrilleros que iban a explorar un camino el 7 de septiembre, pero Prisciliano la obligó a que él fuera en su lugar y le dijo: “Te encargo mucho que si algo me pasa en esta ida, hay mucho gobierno, tú pégatele a Ramón (seudónimo) y a su esposa Martha (seudónimo), ellos te van a sacar de estos montes porque tú no conoces nada, te le pegas a él si yo no regresó”.
Los cuatro guerrilleros que regresaron contaron que Prisciliano iba cruzando la entonces carretera de terracería rumbo a El Quemado cuando los soldados le dispararon y cayó, pero no le confirmaron su muerte. La carretera fue construida por el gobierno federal a raíz de la detención masiva de los campesinos de este pueblo de la sierra media de Atoyac, en septiembre de 1972.
De acuerdo con la inspección del domingo, Prisciliano estaría enterrado donde murió, es un punto que actualmente se encuentra a 10 minutos en automóvil desde el pueblo de Cacalutla, que está en la orilla de la carretera federal Acapulco-Zihuatanejo, antes de llegar a la Y griega para entrar a Atoyac.

“Sálvese quien pueda” en La Pascua

El grupo de guerrilleros que custodiaba a Figueroa Figueroa continuó su camino a La Pascua y varios kilómetros más adelante de donde Prisciliano fue abatido por los soldados, acamparon y tres guerrilleros advirtieron que estaban rodeados, pero el resto no les hizo caso.
Una semana antes, 25 guerrilleros pidieron permiso para salir del grupo el 8 de septiembre, pasaron unos 15 minutos que se fueron y los guerrilleros que quedaron escucharon el primer balazo de la emboscada, María Argüello y otros limpiaban las armas que dejaron sus compañeros, el cielo estaba claro.
Comenzaron las ráfagas, algunos de los guerrilleros que se fueron regresaron, entre ellos Marquina Ahuejote, alias Matilde, de apenas 14 años, “éramos muy amigas” porque eran las mujeres más jóvenes del grupo, y es una de las posibles guerrilleras enterradas ahí. También estaría Sixto Huerta, alias Sabás, que estaba de guardia de Figueroa Figueroa a la hora de la refriega.
Ramón ordenó la retirada, “sálvese quien pueda”, María Argüello lo siguió, una granada cayó cerca, “nos tapan ramas como en las películas, se vuelca Ramón, cae del otro lado de una palma, cae su esposa, caigo yo encima de su esposa y nos fuimos como nos habían entrenado, gateando”.
María Argüello dijo que con ella se salvaron tres mujeres: Martha, Celia y Minerva. Y cuatro hombres: Ramón, René, Esteban y Kalimán. El comisario de Cerro Prietito don Chon, amigo de Lucio Cabañas, encontró ocho días después el campamento de los sobrevivientes y les confesó que hizo un pozo donde fueron sepultados unos ocho guerrilleros.
Un documento de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) citado en el anexo Reconstrucción Histórica del informe final de la Comisión de la Verdad (Comverdad) de Guerrero, señala: en el reconocimiento efectuado al área donde se rescató al Senador Rubén Figueroa, se localizaron dieciséis gavilleros muertos”.
Los sobrevivientes tardaron dos meses en salir de la sierra, “escondiéndonos todavía anduvimos rondeando toda esa parte, yo no sabía dónde andábamos, luego salimos. Después de una barranca salimos al mes de ese pedazo caminando, salimos de un arroyo y de ese arroyo al lado había una milpa”, narró María. Comían raíces y plantas.
La sobreviviente participa en la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos en México (Afadem), cuya vicepresidenta Tita Radilla acudió a la inspección del domingo pasado, al igual que la hija de María y Priscliano, Socorro, y el ex comisionado de la Comverdad, Nicomedes Fuentes García.
María acudió al acto por el 51 aniversario luctuoso de Lucio Cabañas el 2 de diciembre pasado en Atoyac, en el que se repudió el homenaje del gobierno del estado de la morenista Evelyn Salgado Pineda a Rubén Figueroa Figueroa realizado en Huitzuco por el aniversario 117 de su natalicio.

No se localiza a víctimas ni se reparan daños, reclaman familiares; piden reunión con AMLO

El dirigente de la OCSS, Hilario Mesino, comparte su testimonio de la represión que vivió su familia desde los años setentas. A la izquierda, Abel Barrera y Rocío Culebro Foto: Ramón Gracida Gómez

Ramón Gracida Gómez

Atoyac

Alrededor de 100 familiares de desaparecidos de la guerra sucia compartieron ayer su enojo y tristeza por la falta de resultados en la localización de sus familiares y en la reparación de daños, durante los Diálogos por la Verdad de la Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las violaciones graves a los derechos humanos cometidas de 1965-1990.
Relataron conmovidos hasta las lágrimas las vidas truncadas porque eran bebés o niños cuando sus padres fueron sustraídos por el Ejército y la pobreza que padecieron. Señalaron que los adultos mayores se están muriendo porque están enfermos y no reciben una buena atención a su salud, y exigieron una reunión con el presidente Andrés Manuel López Obrador para que atienda sus demandas.
El comisionado del Mecanismo para la Verdad y el Esclarecimiento Histórico de la Comisión de la Verdad, Abel Barrera Hernández, indicó que Atoyac “es el corazón de la resistencia, de la digna rebeldía de hombres y mujeres del campo que alzaron su voz y empuñaron el arma para acabar con esos cacicazgos, para acabar con esa represión de un Ejército malhechor”.
Dijo que este municipio “tiene mucho que ver con esta nueva historia nacional y estatal de que en verdad haya justicia, de que en verdad se respeten los derechos humanos, de que en verdad haya castigo a los responsables, de que en verdad toda la política esté centrada en la atención digna a las víctimas”.
“Todavía no hemos podido que la agenda de ustedes como víctimas esté en el centro de la agenda pública, ha costado mucho trabajo, las inercias y los intereses económicos y de otra índole los han desplazado, los han relegado, han postergado sus demandas”.
Explicó que este evento de Diálogos por la Verdad se llevó a cabo en Atoyac porque muchos de los familiares de las comunidades no pudieron asistir al acto similar que tuvo lugar en Chilpancingo en diciembre de 2022.
Mencionó que las futuras recomendaciones y propuestas del Mecanismo para la Verdad tienen como fin “evidenciar que todavía se mantiene esta práctica de la impunidad, hay esa continuidad en las formas en como se sigue violentando los derechos humanos”.
“La misma militarización es preocupante porque se sigue vulnerando la dignidad de los ciudadanos y que, además, no está dando resultados por este ambiente de violencia y de inseguridad que prevalece aquí en Guerrero. Y siguen siendo los ciudadanos y ciudadanas de a pie los que están en la primera fila para poder denunciar las tropelías que siguen cometiendo autoridades civiles y militares”.
El oficial de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Andrés Díaz, dijo que “reconocer los hechos por parte de las autoridades que violentaron derechos humanos es reconocer la propia historia” y esto es necesario para iniciar un “camino de justicia”.
Señaló que se sigue arrastrando la impunidad de las violaciones de los derechos humanos, pero la verdad y la memoria “son el camino para prevenir esas violaciones graves a los derechos humanos, esa verdad y esa memoria no es para arraigarse únicamente en la violencia, en una violencia continua”.
Indicó que el 2024 es crucial “para tener pasos hacia una justicia sanadora, una justicia que ayude a sanar estas heridas; y hacia una reparación del daño, pero que sea una reparación responsable”.
Dijo que estos Diálogos deben conducir “a una fase, a un lugar de no violencia en el país porque hoy en día, las condiciones no han cambiado mucho o se han transformado, pero no han dejado de ser violentas”.
Andrés Díaz aseveró que Atoyac “es un pueblo, una ciudad, una sociedad muy importante para la historia de este país y muy importante también para conocer y para entender las causas, la lucha, para entender también por qué se violentó tanto”.
La integrante del Mecanismo de Esclarecimiento Histórico, Rocío Culebro Bahena, fungió como moderadora de los Diálogos, el último por la veda electoral y que se llevó a cabo en la Casa Jaguar, un salón abierto que está cerca de la Ciudad de los Servicios, sede del Ayuntamiento de Atoyac. Empezó a las 10 de la mañana, duró cinco horas y se escucharon más de 20 testimonios.
María Argüello Vázquez, esposa del desaparecido Prisciliano Medina Mojica e hija del también desaparecido Francisco Argüello, reivindicó su militancia guerrillera a los 16 años y demandó una ayuda económica porque todos sus compañeros no tienen atención de su salud, “están muriendo de viejos, de hambre, de enfermedades y no nos están dando resultados”.
El dirigente de la Organización Campesina de la Sierra del Sur y hermano de Alberto Mesino, desaparecido el 18 de junio de 1974 en el ejido de Agua Fría, Hilario Mesino, reivindicó la lucha por sus familiares, “no vamos a claudicar mientras tengamos un soplo de vida”.
Recordó que su mamá luchó junto con Rosario Ibarra de Piedra por la presentación de su hijo y vendió “todo lo que teníamos, hasta las tierras, vendió las vacas, los burros, para ir a buscarlo a donde fuera”, les prometieron localizarlo, pero nunca sucedió y quedaron en la “miseria”.
Leonor Ruiz Serafín, hija de Juventino Ruiz Santiago, desaparecido el 16 de agosto de 1974 por militares en la comunidad de San Martín de las Flores y trasladado al cuartel militar del municipio. Su madre, ahora enferma, estaba embarazada del hermano de Leonor, quien dijo con voz cortada que su padre “era el sustento de la familia, nos quedamos desamparadas”.
Joel Chávez Díaz, hijo del desaparecido Artemio Chávez Villa en San Francisco del Tibor el 23 de octubre de 1974, empezó a trabajar desde los 7 años en el campo porque era el hijo mayor de cuatro y ninguno pudo terminar la primaria. “Nadie más que nosotros vamos a sentir ese dolor porque solamente nosotros lo vivimos”.
Cuestionó que López Obrador ya se va y viene otro gobierno, “¿y qué vamos a esperar o qué está esperando el gobierno? ¿Seguir engañándonos? ¿Seguir dándonos atole con el dedo? ¿Qué sigue después de hoy?”.
Rubén Rojas Dionisio, hermano de Israel Romero Dionisio, detenido en 1974 a los 14 años, propuso crear una comisión de familiares y con la ayuda de la Comisión de la Verdad, hablar con el mandatario federal, a quien apoyaron para que llegara la Presidencia y “es un buen presidente, pero le tiene miedo a los guachos porque ellos no se andan con jugadas. Van a dar un golpe de Estado si él no les abre la puerta a su gobierno”.
El integrante de la extinta Comisión de la Verdad de Guerrero (Comverdad), Nicomedes Fuentes, secundó la propuesta de unir la lucha de las víctimas; el docente de la preparatoria 22 de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) en Atoyac, Wilibardo Rojas, propuso acercar la información de la guerra sucia a los jóvenes; y la feminista Rosa María Gómez Saavedra planteó la necesidad de una clínica de salud mental en Atoyac para atender a las víctimas de la guerra sucia.
Abel Barrera se comprometió después de los testimonios a hacer llegar al subsecretario de Derechos Humanos la demanda de reunirse con el presidente de México, “no crean que tenemos acceso a las autoridades, eso es muy difícil”.