Algunas lecciones aprendidas

Los recurrentes fenómenos naturales, como los huracanes Otis y John que se sucedieron en menos de un año han confirmado la vulnerabilidad de quienes habitamos Guerrero, un estado donde se unen la tragedia que significa la pérdida de vidas humanas con daños materiales cuantiosos.
Ante estos perjuicios, resultan insuficientes los esfuerzos de los diferentes órdenes de gobierno y da la sociedad en general por tratar de asistir en lo inmediato esta acumulación de desastres.
En el caso de Chilpancingo, el huracán John causó severos daños, expresados en inundaciones en diversos sitios adyacentes al río Huacapa, así como en los arroyos, que desembocan en el mismo. Las precipitaciones de varios días que trajo el huracán John pasaron a ser poderosos caudales de agua con una energía extraordinaria. Así, se inundaron viviendas en diversas colonias de la capital y las vialidades adyacentes al río sufrieron los impactos del agua, generando socavones en distintos sitios. Esto lamentablemente ya había sucedido en 2013 con el huracán Manuel. Al parecer, no aprendimos de las lecciones de hace más de 10 años. Pero ¿cuáles son esas lecciones? Sin ser limitativo, algunas de ellas podrían ser:

Lección 1. El río Huacapa tiene memoria, no construyas junto y/o sobre él. De manera absurda, se estrechó al río en su espacio natural para arrinconarlo en un canal a lo largo de la parte que atraviesa la ciudad, con el objeto de ganar espacio para vialidad. Así, su cauce natural se fue modificando a satisfacción de quienes urbanizaron para convertir partes importantes del cauce del río, sus playas, en una vialidad para vehículos en ambos márgenes. Eufemísticamente le denominaron paseo o bulevar, que son grandes avenidas con árboles, a la nueva vialidad, y donde lo que menos importa son las personas a pie. Un propósito evidente fue dar solución a la movilidad vehicular de sur a norte y viceversa en Chilpancingo. En realidad, una solución que no atiende de fondo la problemática de movilidad urbana a través de un transporte público más eficiente. Otro propósito evidente fue generar a lo largo de la nueva vialidad una urbanización, que sólo ha forjado fortuna y bonanza a aquellos que compraron y vendieron terrenos, antes de labor agrícola o playas del propio río, a lo largo de la nueva vialidad del río Huacapa. Esto propició un desorden urbanístico, que causó una alta densidad de edificaciones en buena parte del río canalizado. Así, han surgido adyacentes al Huacapa todo tipo de edificios públicos y privados, así como centros comerciales. Cargando aún más la movilidad de automóviles sobre las márgenes viales del río. Un desastre urbanístico en toda regla. Debe decirse que, en ecología urbana, un principio es buscar que las áreas adyacentes a un río tengan el mayor grado de naturalidad posible y no al revés, como aquí ha sucedido.

Lección 2. Cuida tu represa, mantenla y no dejes que se azolve. En la parte extrema norte del valle de Chilpancingo existe una presa, Cerrito Rico, que ha servido en diversos momentos para almacenar el agua de los escurrimientos que fluyen de las partes altas de la cuenca del río Huacapa. Esta vieja presa tiene dolinas que impiden en el estiaje almacene agua de manera apropiada, lo que es una pena ante la falta de agua para Chilpancingo. A lo largo del año, las presas acumulan azolve que entra con el agua de los escurrimientos a la represa. Si uno piensa en una represa como una cubeta a la que le entra tierra, se puede comprender en que se reduce con la tierra o azolve el volumen de agua que puede almacenar. No tengo un dato preciso sobre cuánto volumen de agua almacena ahora la presa de Cerrito Rico y cuánta agua originalmente podía almacenar. Es decir, si se ha azolvado el vaso de Cerrito Rico en exceso, la consecuencia sería el tomar medidas de restauración para aumentar su capacidad de almacenamiento. Su objetivo sería posibilitar un mejor manejo del agua del río Huacapa debajo de la cortina de la represa. En especial administrar los grandes caudales y no bajen estos con la gran energía cuando tienes tormentas con grandes precipitaciones como John. Además, es necesario atender la problemática de asentamientos humanos en las áreas adyacentes.

Lección 3. Si deterioras los ecosistemas en tu cuenca, tendrá consecuencias. Uno de los asuntos es que la vegetación, cuando hay precipitaciones y escurrimientos, funciona como una esponja, que por un lado posibilita que de manera gradual el agua se infiltre en el suelo para recargar los acuíferos, y por otro lado impide que el agua impacte con violencia sobre el suelo, no lo erosione y escurra con gran energía y velocidad laderas abajo en la cuenca. Con la tormenta John, los grandes escurrimientos que bajaron de las partes altas de la cuenca del río Huacapa pudieron ser menores con una cubierta vegetal menos deteriorada. La realidad, es que, en términos de territorio de la cuenca del río Huacapa, los ecosistemas naturales se encuentran sumamente deteriorados como consecuencia de las actividades humanas, en especial, el saqueo forestal en las tierras rurales y el efecto de sellamiento de los suelos en el área urbana. En especial, es evidente, que se necesita con urgencia un gran pacto social para apoyar a las comunidades rurales de las partes altas de la cuenca del río Huacapa para que conserven y restauren sus territorios, reduciendo la vulnerabilidad ante tormentas como John. Además, de reconocer la importancia de las comunidades rurales de la parte alta de la cuenca del río Huacapa en el aprovisionamiento del agua para el área urbana de Chilpancingo.
En este momento hay muchas medidas de urgente apremio, que las autoridades están realizando para rehabilitar el canal del río Huacapa, en especial eliminar los socavones, así como rehabilitar viviendas inundadas, entre tantos asuntos urgentes. Todo en el menor tiempo posible y con altos costos de recursos públicos. Pero, ante la urgencia, normalmente no se cuestionan las causas del desastre, ni se busca analizar a fondo el costo beneficio de reparar algo, que puede en un breve tiempo volver a desarreglarse. Esto no debería ser así. No se deben repetir una y otra vez las mismas historias de desastres, incluso aumentando en su magnitud.
Ahora, difícilmente se podrá devolver al río Huacapa en buena parte de su cruce por la ciudad de Chilpancingo su espacio natural. Así, que habría que hacer una política pública diferente de restauración de la cuenca del río Huacapa, más allá de la coyuntura inmediata, sino de largo plazo. Esto, con el conocimiento de la ecología de ríos y la ingeniería hidráulica, entre otras disciplinas. Se trata de resolver, que sus caudales llenos de energía en las grandes avenidas causen un daño menor a las personas y sus bienes. Restaurar en lo posible, con la imagen objetivo en algunas de sus partes del río que fue cuando Humboldt pasó por aquí a principios del siglo XIX.

 

Informe Planeta Vivo 2024

En este mes de octubre de 2024, fue dado a conocer por el denominado Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) el “Informe Planeta Vivo 2024. Un sistema en peligro” (https://www.wwf.org.mx/?391453/Informe-Planeta-Vivo-2024). Las cifras dadas a conocer en el Informe son inquietantes: ya sea en los ríos, en los mares o en la tierra, el Índice Planeta Vivo, (LPI) un indicador de la diversidad biológica global que administra la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL), en colaboración con WWF, ha registrado una disminución dramática de las especies de vertebrados (anfibios, aves, peces, mamíferos y reptiles) en todo el mundo durante los últimos 50 años (1970-2020). En los mares: disminución del 56.0 por ciento de las especies. En agua dulce, lagos y ríos: disminución del 85.0 por ciento. En tierra: descenso del 69.0 por ciento. En promedio global, la disminución de la fauna silvestre es de un impactante 73.0 por ciento.
Con el Índice Planeta Vivo, el WWF y la ZSL intentan conjuntamente seguir el desarrollo de las poblaciones de vertebrados en todo el mundo: desde elefantes hasta ballenas y anguilas. El índice no dice nada sobre el número de animales (o especies) individuales. Describe en qué porcentaje las poblaciones observadas han disminuido en promedio. A lo largo de décadas se creó una enorme base de datos de 5 mil 495 especies de vertebrados divididas en 38 mil 427 poblaciones que fueron o están siendo observadas de alguna manera.
Por ejemplo, las cosas pintan dramáticas para el bacalao del Atlántico Norte y el Mar Báltico occidental. Sus acciones colapsaron un 77.0 por ciento entre 2000 y 2023. Las poblaciones de delfines del río Amazonas y delfines Tucuxi más pequeños en el Santuario Mamirauá de Brasil disminuyeron entre 65.0 y 75.0 por ciento entre 1996 y 2016. Aunque, también existen aspectos positivos, el bisonte demuestra que las medidas de protección de la especie son efectivas. La especie se extinguió en estado salvaje y ha vuelto a crecer hasta alcanzar unos 6 mil 800 animales. Los gorilas de montaña de la cordillera de Virunga, en la zona fronteriza entre el Congo, Ruanda y Uganda también se han recuperado y su población ha aumentado hasta alcanzar unos 700 animales.
En las regiones, los declives más rápidos se han registrado en América Latina y el Caribe — un alarmante descenso del 95 por ciento —, seguidos de África (76.0 por ciento) y Asia y el Pacífico (60.0 por ciento). Los descensos han sido menos dramáticos en Europa y Asia Central (35.0 por ciento) y Norteamérica (39.0 por ciento), pero esto refleja el hecho de que los impactos a gran escala sobre la naturaleza ya eran evidentes antes de 1970 en estas regiones: algunas poblaciones se han estabilizado o han aumentado gracias a los esfuerzos de conservación y a la reintroducción de especies.
Los datos del LPI también muestran que en las diferentes regiones del mundo el declive en poblaciones animales tiene como causa principal a la degradación y pérdida de hábitats, seguida de su sobreexplotación, las especies invasoras y las enfermedades. En menor medida son el cambio climático, (más acusado en América Latina y el Caribe) y la contaminación (sobre todo en América del Norte y Asia y el Pacífico). Todas son causas provocadas por las actividades humanas.
El IPV es un indicador importante del riesgo de extinción de especies de la fauna silvestre y con ello apoya a conocer la salud de los ecosistemas. La reducción de poblaciones de especies de la fauna silvestre impide que muchos ecosistemas se mantengan saludables, estables y resilientes. Si la población de una especie de fauna silvestre se reduce, puede alcanzar un punto de inflexión en que dicha especie no pueda cumplir su función ecológica en el ecosistema, desde polinizar, dispersar semillas, pastorear, ser parte en el ciclo de nutrientes, entre los muchos procesos que son parte del funcionamiento de los ecosistemas. Así, se disminuyen las contribuciones que los ecosistemas proporcionan a las personas: desde agua limpia, alimentos o materiales diversos, almacenamiento de carbono hasta las contribuciones intangibles que los ecosistemas hacen a nuestro bienestar cultural, social y espiritual.
La doble crisis de pérdida de biodiversidad y cambio climático no sólo está llevando a especies individuales de la fauna silvestre al límite, sino que también está poniendo en peligro la estabilidad de ecosistemas enteros. La destrucción de la selva amazónica y de los arrecifes de coral a nivel global son sólo dos ejemplos de esto. Los puntos de inflexión hacia los que el planeta se dirige marcan el límite de lo irreversible para la humanidad. Los próximos años son cruciales para el futuro de la vida en la Tierra. Todavía es posible cambiar algunas cosas y detener la pérdida de diversidad biológica, pero para lograrlo, la transformación de la economía y la sociedad debe acelerarse.

P. D. Ante el crimen atroz del pre-sidente municipal de Chilpan-cingo, Alejandro Arcos Catalán mis reiteradas condolencias a sus seres queridos. El Estado Mexicano en su conjunto debe responder y no dejar impune este crimen. Esto no es normal, ni nos debemos acostumbrar a ello.

 

Voces silenciadas 2024

Un nuevo informe de la organización Global Witness fue presentado el pasado 10 de septiembre, en colaboración con socios de todo el mundo. El informe titulado Voces silenciadas. La violencia contra las personas defensoras de la tierra y el medio ambiente se puede conocer en la página electrónica https://www.globalwitness.org/es/missing-voices-es/.
A continuación realizo una síntesis del informe reproduciendo algunos párrafos de manera textual, sólo con cambios mínimos en su redacción.
Los datos son malos, por lo menos 196 personas defensoras de la tierra y el medioambiente fueron asesinadas el año pasado por intentar proteger el planeta. Destaca que 49 por ciento de las víctimas en todo el mundo provienen de los pueblos indígenas y afrodes-cendientes.
Las nuevas cifras elevan a 2 mil 106 el total de asesinatos de personas defensoras entre 2012 y 2023. El informe de Global Witness destaca que en el contexto del cambio climático al menos mil 500 de estas personas han sido asesinadas desde la aprobación del Acuerdo de París, el 12 de diciembre de 2015.
América Latina registra sistemáticamente el mayor número de asesinatos documentados de personas defensoras de la tierra y el medioambiente: en 2023, el 85 por ciento de todos los casos (166 asesinatos en total). Estas agresiones mortales se concentraron principalmente en cuatro países, donde ocurrieron más del 70 por ciento: Brasil, Colombia, Honduras y México. Global Witness lleva muchos añosos advirtiendo de esta tendencia en la región. De las personas asesinadas en 2023, el 43 por ciento eran indígenas y el 12 por ciento mujeres.
Aunque se comunica que existe una subestimación en las cifras documentadas por Global Witness, no sólo en América Latina, sino también en todo el planeta. En ese sentido lo que se reporta en Asia y África puede tener una subestimación mayor que en Latinoamérica, pues en esos continentes hay más problemas de acceso a la información y a la justicia, así como más restricciones que enfrentan las organizaciones de derechos humanos para documentar los casos.
El año pasado, Colombia resultó ser el país con la mayor tasa de homicidios de todo mundo, con 79 muertes en total, frente a las 60 de 2022 y las 33 de 2021. Se trata de la cifra más alta registrada por Global Witness de personas defensoras asesinadas en un país en un solo año. Con 461 asesinatos entre 2012 y 2023, Colombia ha acumulado el mayor número de homicidios de activistas ambientales registrados en todo el mundo.
El año pasado, otros países latinoamericanos con una elevada tasa de ataques mortales fueron Brasil, con 25, y México y Honduras, con 18 cada uno, lo que supone un descenso para México (en comparación con las 31 de 2022) y un aumento para Honduras (desde las 14 de 2022).
Centroamérica se ha convertido también en uno de los lugares más peligrosos del mundo para las personas defensoras. En 2023 Honduras registró el mayor número de homicidios de personas defensoras per cápita, con un total de 18. Ese mismo año también se asesinó a 10 personas defensoras en Nicaragua, 4 en Guatemala y 4 en Panamá.
Si bien sigue siendo difícil establecer una relación directa entre el homicidio de una persona defensora e intereses empresariales concretos, Global Witness determinó que la minería fue el mayor móvil industrial con diferencia, con 25 personas defensoras asesinadas tras oponerse a operaciones mineras en 2023. Otros sectores involucrados fueron la pesca (5), la explotación forestal (5), la agroindustria (4), las carreteras e infraestructuras (4) y la energía hidroeléctrica (2).
En total, 23 de los 25 asesinatos vinculados a la minería en todo el mundo el año pasado ocurrieron en América Latina. Por otra parte, más del 40 por ciento de todos los asesinatos relacionados con esta industria entre 2012 y 2023 tuvieron lugar en Asia, región que cuenta con importantes reservas naturales de los principales minerales críticos para las tecnologías energéticas limpias.
En México, más del 70 por ciento de los asesinatos de 2023 fueron de indígenas. Además, se observó una concentración de ataques en los estados de Jalisco, Colima y Michoacán, en la costa del Pacífico. La mayoría de las víctimas luchaban contra las explotaciones mineras de la región. De los tres estados, Michoacán fue el más peligroso, con ocho asesinatos documentados en 2023.
En México se relaciona más del 40 por ciento de los asesinatos ocurridos en 2023 con las operaciones mineras a las que se oponían las personas activistas. Aparte de los asesinatos mencionados, en México también se ha producido un número considerable de desapariciones forzadas, una forma de violencia especialmente cruel que es típica, aunque no exclusiva, de este país. Las últimas investigaciones han demostrado que, en todo México, desaparecieron de ese modo 93 personas defensoras de la tierra y el medioambiente entre el 1 de diciembre de 2006 y el 1 de agosto de 2023. Más del 40 por ciento de ellas aún no han sido encontradas.
Además de señalarse el número de homicidios a escala mundial, en el informe también se ponen al descubierto las tendencias más generales de las agresiones sin consecuencias mortales y los efectos dañinos que estas tienen en las comunidades de todo el mundo. Se destacan casos de desapariciones forzadas y detenciones ilegales, tácticas crueles que se usan en Filipinas y México en particular, así como el uso generalizado de la criminalización para silenciar a personas activistas en todo el mundo.
En el informe se analiza también la represión del activismo ambiental en el Reino Unido, Europa y los Estados Unidos, donde cada vez se usa más la legislación para atacar a las personas defensoras y se imponen condenas más duras a quienes han participado en protestas contra el cambio climático. Estas conclusiones van de la mano de una tendencia preocupante de criminalización que está surgiendo en todo el mundo.
Concluyo con lo expresado por Laura Furones, autora y asesora principal de la campaña de las personas defensoras de la tierra y el medioambiente de Global Witness, que declaró con relación a este informe:
“Mientras la crisis climática avanza apresuradamente, quienes alzan voz con valentía para defender nuestro planeta se enfrentan a actos de violencia, intimidación y asesinato. Nuestros datos indican que el número de homicidios sigue siendo escandaloso y los gobiernos no pueden mantenerse impasibles ante esta situación completamente inaceptable: deben tomar medidas contundentes para proteger a las personas defensoras y abordar las causas ocultas de la violencia que sufren. Las personas activistas y sus comunidades son esenciales en cualquier labor para prevenir y reparar los daños y perjuicios causados por las industrias nocivas para el medioambiente. No podemos permitirnos la pérdida de más vidas; no lo toleraremos”.

 

De los orígenes de la idea de la sostenibilidad

Casi ningún otro término se ha desarrollado tanto en los últimos años como el término “sostenibilidad”. Pero ¿qué es realmente la sostenibilidad? ¿cuáles son sus orígenes?
La sostenibilidad o el desarrollo sostenible tiene sus raíces en todas las culturas, con múltiples denominaciones; las propias comunidades originarias y campesinas del mundo son portadores de una consciencia común de la sostenibilidad, sentido de responsabilidad y un conocimiento ancestral de la naturaleza de la que forman parte, demostrado en un conocimiento profundo sobre la biodiversidad, el agua, suelos, clima en el que viven. Así, el desarrollo de estas sociedades ha basado sus civilizaciones en un uso no destructivo de la naturaleza, muy distinto a las denominadas civilizaciones occidentales, que en la actualidad utilizan de manera cotidiana el término.
Las raíces de la sostenibilidad en el mundo occidental se remontan a tiempos muy remotos. El capitán de minas de Freiberg, Hans Carl von Carlowitz (1645-1714), que transfirió la idea de sostenibilidad a la silvicultura, es a menudo visto como el “padre” de la sostenibilidad. Según Carlowitz, para aplicar medidas sostenibles sólo se debe talar la superficie del bosque que pueda regenerarse de forma natural en un futuro previsible. Por lo tanto, el principio de sostenibilidad debería garantizar que las propiedades esenciales de un sistema natural se preserven a largo plazo. Este enfoque sentó las bases para un pensamiento y una acción sostenibles. Carlowitz introdujo en 1713 el término sostenibilidad en idioma alemán (Nachhaltigkeit) y sus derivados (nachhaltigue, nachhaltend) en la ciencia forestal y lo utilizó para describir la planificación a largo plazo y la precaución holística en el manejo de los bosques. Detrás de esto hay consideraciones sobre cómo una comunidad con un alto nivel de división del trabajo puede recibir recursos a largo plazo y a prueba de crisis. Carlowitz había viajado por toda Europa buscando respuestas para mejores prácticas forestales. En su libro Sylvicultura oeconomica oder haußwirtschaftliche Nachricht und naturmäßige Anweisung zur wilden Baum-Zucht (Silvicultura económica o mensaje de la casa e instrucción natural para el cultivo de árboles silvestres) ofrece estas respuestas. Cuanto mayor fue la crisis energética y de materias primas en los siglos que siguieron a Carlowitz, más se condensó el problema en palabras como “escasez de madera”, “escasez de recursos” o “crisis energética”, y la solución se comprimió en la palabra “sostenibilidad”. Así, aparece por primera vez en su libro el nuevo término en el debate sobre “cómo hacer una conservación y cultivo de la madera, que proporcione un uso continuo, estable y sostenible/porque es una cosa indispensable/ sin el cual el país no puede existir”.
En aquella época, los bosques eran la señal de advertencia de un uso desenfrenado de los elementos de la naturaleza; esto es comparable a la situación actual, sólo que la escala actual es mucho mayor, global. De hecho, hace poco más de 200 años, el problema de la escasez de madera (crisis energética) se resolvió para la creciente población europea cambiando al carbón y, más tarde, también al petróleo y al gas natural. Desde entonces, la economía circular neutra en CO2 también se ha roto. Es una paradoja de la historia: a través de esta sustitución, la industria emergente entra en el camino fósil de la no-sostenibilidad y la industria forestal, liberada de la necesidad de producir leña en enormes cantidades, se centra en prácticas de gestión sostenible y las gestiona como principio.
En los hechos, el concepto de sostenibilidad se ha convertido en el concepto rector de todas las actividades forestales desde el siglo XIX. Se implementó en el bosque de diversas maneras utilizando fórmulas y planes y se aseguró mediante controles. Sin embargo, fueron necesarias décadas de buena formación antes de que la acción sostenible en el sector forestal se convirtiera en algo natural. Hoy de manera general la sostenibilidad ha trascendido de las actividades forestales a un principio rector y cultura cotidiana en toda actividad humana y es una de las tareas más urgente de nuestro tiempo.
Si bien el uso de la palabra sostenibilidad (nachhaltig) se estableció en la silvicultura y la ciencia de habla alemana en el curso del siglo XVIII, todavía faltaba una formulación clara en otros idiomas. Aunque el concepto no era una invención puramente alemana, los funcionarios forestales sajones y suizos fueron los primeros en encontrar un término fijo para el uso sostenible de los bosques. A principios del siglo XIX, el concepto de silvicultura sostenible se convirtió en el “santo grial” de la silvicultura europea y se trasladó a otros idiomas como el francés y el inglés.
La traducción al francés proviene de los escritos del silvicultor suizo Karl Albrecht Kasthofer (1777-1853). Fue inspector forestal del Oberland de Berna desde 1806, se convirtió en maestro silvicultor del cantón de Berna en 1832 y a partir de 1837 ascendió al cargo de consejero del gobierno de Berna. Es uno de los cofundadores de la Asociación Forestal Suiza. En su texto, Kasthofer (1818) Bemerkungen über die Forsten des bernischen Hochgebürgs (Observaciones sobre los bosques del Hochgebürg de Berna), define en una nota de pie de página: “Un bosque se utiliza de manera sostenible si no se tala en él más madera anualmente de la que la naturaleza produce en él anualmente, y no menos”. Dado que el cantón de Berna es bilingüe, todas las publicaciones oficiales se traducían regularmente al francés. Kasthofer necesitaba una traducción del término sostenibilidad que fuera lo más precisa posible. Para Kasthofer, Nachhalt es una palabra inventada en alemán, es decir, un término técnico acuñado en Alemania. Así, el traductor anónimo reescribe “rendimiento sostenible” (nachhaltige Ertrag) de Kasthofer a: produit soutenu et égal d’une forêt (producto sostenido e igual de un bosque). Un cambio semántico significativo. En este sentido se traduce al francés el concepto de sostenibilidad de Kasthofer. El verbo francés soutenir también proviene de la traducción de los textos de Kasthofer y se basa en el verbo latino sustentare (sostener, mantener, sustentar), que a su vez contiene la raíz básica tenere (sostener).
En los textos del forestal francés Adolphe Parade (1802-1864), que estudió en la Escuela Forestal de Tharandt, fundada por Heinrich Cotta, y que más tarde se convirtió en profesor en Nancy en la Ecole Forestière, la sostenibilidad también apareció en 1837 como principe du rendement soutenu (principio de rendimiento sostenido). Esta traducción refleja claramente la perspectiva de ambos sobre el principio de sostenibilidad. Kasthofer y Parade veían la sostenibilidad como un concepto económico, que daba prioridad absoluta a los cálculos de costo-beneficio, también en la silvicultura. El producto constante de un bosque se refiere puramente al rendimiento monetario que proporciona el sitio de producción forestal.
La traducción al inglés de sostenibilidad también se refiere al aspecto económico y financiero del concepto de sostenibilidad. Su origen se remonta al alemán emigrado William Philipp Daniel Schlich (nacido Wilhelm Schlich, en Flonheim, en 1840). Escribió su monumental Manual de silvicultura. El primero de sus cinco volúmenes se publicó en 1889. En el volumen sobre el manejo forestal, Schlich escribe que A management based on the principle of sustained yield (una gestión basada en el principio del rendimiento sostenido) es el objetivo del trabajo forestal. Esta traducción se basa en el verbo inglés to sustain, que significa “sostener, mantener, sustentar”. A partir de esta transferencia, el término llegó a América a principios del siglo XX como “sustained yield forestry” (rendimiento forestal sostenido), que pronto se utilizó como sustainable yield (rendimiento sostenible). Hasta el día de hoy, se ha desarrollado una diferencia en el uso de sustainable y sustained. En inglés, se puede observar el uso de sustainable (entendido como un medio coherente con los objetivos del desarrollo sostenible) y sustained (entendido como permanente).
En la actualidad se utiliza el sustantivo en inglés sustainability (sostenibilidad y/o sustentabilidad) en diversas interpretaciones.
Enrique Leff uno de los grandes aportantes al discurso ambiental en Latinoamérica señala que: “La ambivalencia del discurso de la sustentabilidad surge de la polisemia del término sustainability, que integra dos significados: uno, traducible como sustentable, que implica la internalización de las condiciones ecológicas de soporte del proceso económico; otro, que aduce a la durabilidad del proceso económico mismo. En este sentido, la sustentabilidad ecológica se constituye en una condición de la sostenibilidad del proceso económico”.
La citada ambivalencia hace que de manera indistinta se use el termino sostenible o sustentable. No se omite el comunicar que en sus acepciones verbales para ambos términos el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, define sostener como “sustentar, mantener firme algo” mientras que “sustentar” tiene el sentido de “conservar algo en su ser o estado” o de proveer a alguien del alimento necesario.
En conclusión, ser cuidadosos con el uso del término sostenibilidad, que en realidad solo puede ser posible en el aprovechamiento de los recursos naturales renovables, como son los bosques o las pesquerías, ya que en recursos naturales no renovables, como son los minerales y los hidrocarburos que son explotados hasta su agotamiento, esto no puede ser posible, a lo sumo ser usados de manera racional, con razón.

 

Tendencias poblacionales de mariposas en riesgo en Estados Unidos

A medida que las poblaciones de mariposas raras disminuyen, presionadas por la pérdida de hábitat, los pesticidas y el calentamiento del clima, los esfuerzos intensivos de las personas pueden contrarrestar esa tendencia, ayudando a que algunos grupos de insectos se mantengan estables o incluso aumenten, según una investigación publicada el pasado 3 de septiembre en el Journal of Applied Ecology. La investigación de largo título se llama La constancia fenológica y las intervenciones de gestión predicen las tendencias poblacionales de mariposas en riesgo en los Estados Unidos, fue encabezada por Collin Edwards y Cheryl Schultz de la Universidad Estatal de Washington, en Vancouver, Washington, Estados Unidos, junto con un amplio grupo de investigadores de otras universidades de los Estados Unidos (ver artículo en: https://besjournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/1365-2664.14735).
Los investigadores del estudio señalan que existe un amplio reconocimiento del declive de la fauna de insectos y sigue habiendo una sensación de conmoción y alarma con respecto a esta rápida desaparición. Esta preocupación está justificada, ya que los insectos desempeñan un papel fundamental en los servicios ecosistémicos, desde la polinización hasta la base de la cadena alimentaria. Los impulsores dominantes asociados con la disminución de los insectos incluyen la pérdida de hábitat, los pesticidas y el cambio climático. El área global de espacios naturales no perturbados disminuyó del 95 al 50 por ciento en el siglo XX y la disminución del hábitat se ha documentado como un impulsor dominante de la desaparición de insectos en esa época. En consecuencia, los esfuerzos para conservar las especies de insectos en riesgo se han centrado en la restauración y mejora del hábitat. El cambio climático es un factor importante de la disminución actual de los insectos, pero el alcance de sus efectos es muy discutido. El objetivo del estudio fue desentrañar las influencias relativas del cambio climático y la gestión en las poblaciones de mariposas en riesgo.
Los datos de la investigación ofrecen pistas sobre algunas de las formas en que estos esfuerzos podrían contrarrestar los efectos del cambio climático. Una preocupación sobre el cambio climático es que los patrones de vida anuales de los animales (cuándo nacen, se aparean, comen, migran o hibernan) pueden descontrolarse a medida que cambian los marcadores estacionales, como la floración temprana de las flores.
Los cambios en la fenología, que es la sincronización estacional de los eventos biológicos, son una respuesta común al cambio climático, pero su impacto en la dinámica poblacional es, a menudo, ambiguo, y las especies raras o en riesgo se omiten en la mayoría de los análisis. Los insectos, especialmente las mariposas, se han utilizado con frecuencia como indicadores para evaluar los cambios en la fenología. Los cambios en la fenología también se han relacionado con las tendencias en la abundancia, aunque dichos estudios son más raros y los hallazgos son inconsistentes.
El estudio analizó décadas de registros que rastreaban los altibajos de 31 especies de mariposas raras en 10 estados de Estados Unidos. Gran parte de los datos procedían de científicos ciudadanos, que realizaban estudios periódicos de mariposas, incluidos recuentos de la población y el momento en que los insectos alzaban el vuelo.
En general, los resultados fueron desalentadores. Las poblaciones de mariposas en riesgo están disminuyendo a un ritmo alarmante. En promedio, el número de mariposas disminuyó un 8 por ciento por año, lo que equivale a una disminución del 83 por ciento en la abundancia total en un periodo de 20 años. Esta tasa de disminución de las poblaciones en riesgo fue mucho más rápida que la tasa de disminución de la comunidad de mariposas en general, que se ha estimado entre el 1 y el 3 por ciento en varias regiones del mundo.
De las 114 poblaciones de mariposas (algunas especies fueron rastreadas en más de un lugar), el 43 por ciento (49 poblaciones) estaban en declive significativo. Pero un análisis más detallado reveló que no todo era pesimismo, 18 por ciento (21 poblaciones) estaban creciendo y en el 39 por ciento (las otras 44 poblaciones) no había una tendencia clara.
Cuando los científicos buscaron factores que pudieran ayudar a explicar los diferentes destinos, una cosa destacó: la mejora en el número de mariposas estaba fuertemente correlacionada con esfuerzos de gestión más intensivos destinados a ayudar a los insectos. Las medidas de conservación, como la quema, el pastoreo o el control de las malas hierbas, ayudaron a crear una mayor variedad de hábitats en el paisaje, lo que, a su vez, podría dar a las mariposas una mejor oportunidad de encontrar lugares a los que se adaptaran mejor y pudieran mantener sus ritmos de vida en un clima cambiante.
De los 75 sitios para los que fue posible obtener el historial de manejo, 57 tuvieron intervenciones de manejo para mejorar la calidad del hábitat durante los años en que se disponía de datos de estudios de mariposas y no hubo esfuerzos de reintroducción. Las intervenciones incluyeron incendios en 37 sitios, siega en 32 sitios, manejo basado en herbicidas en 37 sitios, plantación de plantas hospedantes o recursos de néctar en 30 sitios y pastoreo en 6 sitios. Los administradores informaron haber usado herbicidas para controlar plantas no nativas, que incluían los siguientes ingredientes activos: aminopiralida, clopiralida, dicamba, fluazifop-p-butilo, glifosato, metsulfurón metil, setoxidim y triclopir. El estudio hace énfasis en que, si bien las aplicaciones limitadas de herbicidas selectivos pueden ser fundamentales para reducir las malezas nocivas y de rápida propagación, la aplicación excesiva de pesticidas tiene impactos negativos demostrables en las mariposas y sus hábitats. De manera similar, la frecuencia de los incendios debe ser suficiente para mantener la estructura del hábitat sucesional temprano, pero quemar con demasiada frecuencia puede ser destructivo y el pastoreo de conservación puede ser importante para reducir la estatura de los campos antiguos dominados por pastos, pero el pastoreo excesivo deja pocos recursos de néctar o plantas hospedantes para las mariposas que buscan alimento y al ovipositar. En conjunto, la aplicación de estas intervenciones crea heterogeneidad; la fuerte asociación entre la frecuencia de estas intervenciones y las tendencias de las poblaciones de mariposas sugiere que la creación de heterogeneidad es importante para mantener las poblaciones de mariposas. Al crear esta heterogeneidad, las mariposas pueden seleccionar una variedad de lugares para utilizar dentro de estos hábitats y, a nivel de población, las respuestas mensurables que vemos son una mayor constancia fenológica y un impacto positivo en las tendencias de abundancia.
En el estudio se utiliza un parámetro al que le denominan la “constancia fenológica”, que es el negativo del valor absoluto de la tendencia en la fenología media. Esto significa que un valor cercano a 0 corresponde a una población cuya fecha media de la curva de actividad de vuelo es relativamente constante a lo largo del tiempo, mientras que un valor muy negativo corresponde a una población que está cambiando a volar mucho antes o mucho después de su etapa larvaria conocida. Las poblaciones de mariposas que obtuvieron mejores resultados tuvieron la menor fluctuación interanual en un evento vital clave: cuando emergieron de su etapa larvaria y emprendieron el vuelo. En general, los grupos de mariposas con mayores cambios en ese momento tenían más probabilidades de experimentar descensos en sus números.
Así, se encontró que la constancia fenológica era alta en los sitios con gestión, lo que sugiere que las intervenciones de gestión se pueden utilizar para mitigar las consecuencias del cambio climático a nivel de población. La reducción del cambio fenológico puede haber ocurrido porque las intervenciones de gestión dieron lugar a un hábitat espacialmente heterogéneo, lo que a su vez permitió que la actividad de las mariposas siguiera las condiciones óptimas moviéndose dentro de un sitio en lugar de cambiar la fenología.
La conclusión general es que las poblaciones de mariposas en sitios con frecuentes intervenciones de gestión estaban aumentando en abundancia, mientras que las de lugares sin estas intervenciones estaban disminuyendo. Los resultados implican que, a un nivel amplio, la gestión funciona. La hipótesis de que las intervenciones de gestión pueden influir en la fenología a nivel local tiene implicaciones para la planificación de la conservación.
Tiene sentido que a una especie le vaya mejor cuando la gente le dedica esfuerzos para conservarla. Pero en el caso de las mariposas raras, esa idea no se había puesto a prueba con investigaciones más exhaustivas. Tampoco estaba claro si el trabajo para conservar o mejorar el hábitat era suficiente para contrarrestar los efectos del cambio climático, como la llegada temprana de la primavera o veranos más cálidos.
El mensaje final es que no solo es posible todavía reducir el cambio climático, sino tratar de mitigar sus impactos, como es en la biodiversidad, con acciones a nivel local es posible.

 

Emisiones de carbono de los incendios forestales canadienses de 2023

Canadá se ha convertido en uno de los mayores emisores de dióxido de carbono después de los devastadores incendios forestales del año pasado, según un nuevo estudio. Los incendios forestales de Canadá de 2023 liberaron más carbono que las emisiones anuales de combustibles fósiles de siete de los 10 países más grandes del mundo. Así lo revela un estudio publicado en la revista Nature (https://www.nature.com/articles/s41586-024-07878-z). De este modo, Canadá pasó del undécimo al cuarto lugar en la lista de emisores de dióxido de carbono. Sólo China, India y Estados Unidos emitieron más carbono procedente de combustibles fósiles durante este período.
En el estudio, un equipo de investigadores dirigidos por Brendan Byrne del Jet Propulsion Laboratory del Instituto Tecnológico de California en Pasadena, midieron la cantidad de carbono liberado por los incendios entre mayo y septiembre de 2023 utilizando imágenes de satélite. Para hacer esto, observaron específicamente la cantidad de monóxido de carbono en las columnas de humo y luego lo extrapolaron a la cantidad total de carbono emitido. Calculan que un total de 647 millones de toneladas de carbono escaparon a la atmósfera.
De los datos no queda inmediatamente claro cuál es la proporción exacta de dióxido de carbono liberado y cuánto es monóxido de carbono. Si se infiere que el valor de la biomasa a toneladas de carbono y se multiplica por 3.67 para convertirlo en toneladas de CO2e (dióxido de carbono equivalente), la cantidad de carbono mencionada corresponde al equivalente de 2 mil 374 millones de toneladas de Co2.
Los incendios destruyeron más de 15 millones de hectáreas de bosque, lo que representa alrededor del 4 por ciento del área forestal total de Canadá. En promedio, durante las últimas cuatro décadas, sólo 2.2 millones de hectáreas se quemaron por año en Canadá. Por lo tanto, la magnitud de los daños en 2023 superó en siete veces la de años normales. Más de 200 mil personas tuvieron que abandonar sus hogares.
Según los investigadores, los incendios forestales fueron inusualmente destructivos entre mediados de abril y octubre. Según el estudio, en ningún incendio forestal se han medido emisiones de Co2 tan altas.
El cambio climático ha contribuido a los incendios particularmente devastadores. Encontraron que el clima cálido y seco generalizado fue un impulsor principal de la propagación de los incendios, siendo 2023 el año más cálido y seco desde al menos 1980. La temperatura en los meses de verano estuvo 2.2 grados centígrados por encima de los valores comparativos de 1991 a 2020. “La temporada de incendios forestales estableció un récord”, dice el estudio. Ha mostrado los crecientes desafíos de la temporada de incendios forestales canadienses. Aunque las temperaturas fueron extremas en relación con el registro histórico, las proyecciones climáticas indican que es probable que estas temperaturas sean típicas durante las próximas décadas, incluso en un escenario de mitigación climática moderada (trayectoria socioeconómica compartida del modelo climático, SSP 2–4.5). Esto probablemente provocaría más incendios y debilitaría la capacidad de los bosques para almacenar carbono.
Los bosques de Canadá suelen almacenar más carbono del que liberan. Sin embargo, si áreas tan grandes continúan quemándose en el futuro, queda por ver si los bosques no pasarán de ser un sumidero de carbono a una fuente de carbono a mediano plazo, concluyen los autores.
Es probable que estas condiciones provoquen un aumento de la actividad de incendios y repriman la absorción de carbono por los bosques canadienses, lo que aumentará las preocupaciones sobre la durabilidad a largo plazo de estos bosques como sumidero de carbono. Esto afectará las emisiones permitidas para alcanzar los objetivos de reducción de la temperatura global, ya que la reducción del secuestro de carbono por parte de los ecosistemas debe compensarse ajustando las reducciones de emisiones antropogénicas.
Adicional a ello, los autores del estudio señalan que requiere “un debate el papel de la estrategia de gestión de incendios de Canadá en la gestión de las emisiones de carbono que provocan los incendios. Las estrategias de gestión de incendios requieren equilibrar varias consideraciones, incluidos los costos socioeconómicos, los impactos ecológicos y las emisiones de carbono. La estrategia actual de Canadá adopta un enfoque basado en el riesgo, en el que las decisiones sobre si se deben o no extinguir los incendios se toman incendio por incendio, con diferentes prioridades en las distintas provincias y territorios. Por lo tanto, comprender cómo cambiarán los regímenes de incendios con el cambio climático es de gran importancia para los criterios de decisión y el cálculo de costos futuros.”
La información del estudio da una idea de lo que puede estar sucediendo con México, ya que los incendios forestales en el país año con año van incrementándose. Al 29 de agosto, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) reportaba 1 millón 394 mil hectáreas afectadas en diversos grados por incendios forestales. No sólo hay daños a la biodiversidad, sino también a los servicios de aprovisionamiento de los bosques y selvas del país como es el agua, y la captura de carbono. México debe tomar en cuenta lo que está pasando en países como Canadá y como se hace énfasis en el estudio tomar en cuenta cómo cambiarán los regímenes de incendios con el cambio climático.

 

Reformas ambientales a la Constitución

Entre las iniciativas de reformas a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos presentadas el 8 de febrero de 2024 por el presidente de la República, se encuentra los relacionados a reformar los artículos 4 y 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de agua, alimentos y protección al medio ambiente. Dicha iniciativa ya ha sido dictaminada y aprobada con modificaciones el pasado 14 de agosto por la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, aguardando su momento para pasar a ser votada al pleno de los Diputados, donde seguramente será aprobada. Posteriormente será enviada como minuta a la cámara de Senadores, en su calidad de cámara revisora. De ser aprobada, por ambas cámaras, continuará su periplo hasta ser aprobada por la mayoría de los Congresos Locales. Posteriormente se hará su declaratoria de reforma constitucional por la Cámara de Diputados. Finalmente, el Poder Ejecutivo Federal se limitará a ordenar la publicación del decreto de reforma constitucional en el Diario Oficial de la Federación para sus efectos correspondientes.
Pero más allá de este proceso es importante conocer lo que va a reformar en la Constitución en materia ambiental. Por razones de espacio no entraré a detalle a revisar las causas de realizar estas reformas ante el evidente deterioro ambiental del territorio nacional. A continuación, trato de resumir los principales aspectos de la citada reforma constitucional.

Conservación y manejo sostenible de la biodiversidad

En el quinto párrafo del artículo 4 constitucional relacionado al derecho a un medio ambiente sano se reforma con el agregado para que el Estado además de garantizar este derecho, asegure “la conservación y manejo sostenible de la biodiversidad en el país”. Sin duda alguna es un gran avance que se incluya que el Estado aseguré la conservación y manejo sostenible de la biodiversidad en la Constitución. Aunque, posiblemente pueden existir redacciones más integradoras en el sentido de considerar a la naturaleza de la cual la biodiversidad forma parte, así como a la restauración de la biodiversidad y demás elementos de la naturaleza de manera expresa.

Contra la contaminación de la alimentación por transgénicos

En el tercer párrafo del artículo 4 constitucional relacionado al derecho a la alimentación, se reforma para declarar, que: “El maíz, elemento de identidad nacional, como alimento básico destinado al consumo humano y su cultivo deben ser libres de transgénicos y de cualquier otra modificación genética, debiendo para ello priorizar su manejo agroecológico”.
Asimismo, se reforma el primer párrafo de la fracción XX del artículo 27 constitucional relacionado a que el Estado promoverá las condiciones para el desarrollo rural integral, y fomentará la actividad agropecuaria y forestal para el óptimo uso de la tierra “libre de cultivos y semillas de maíz transgénicas y todas aquellas genéticamente modificadas”.
Es decir, se da un claro mandato en nuestra carta máxima, para que el maíz para consumo humano y su cultivo esté libre de transgénicos, y se priorice su manejo agroecológico.
Incluso, en el quinto transitorio del decreto de la reforma constitucional se mandata, que el ingreso de maíces genéticamente modificados debe carecer de capacidad de germinar, salvo que exista una evaluación de riesgos a la salud. Esto posiblemente sea una condición para evitar las potenciales demandas de los tratados de libre comercio, y así posibilitar el ingreso para uso industrial de maíz transgénico importado de países como los Estados Unidos que cultiva maíces transgénicos, aunque con candados mucho más estrictos.

Sobre el derecho al agua

En el sexto párrafo del artículo 4 constitucional relacionado al derecho al agua de las personas para su consumo personal y doméstico se establece en la reforma que este consumo será “preferente sobre cualquier uso”. Este es un asunto que clarifica respecto a los escenarios de escasez de agua en general, que primero está el consumo humano.
Articulado a ello, se reforma al sexto párrafo del artículo 27 constitucional donde se mandata, que en “zonas con baja disponibilidad de agua en cantidad y calidad,… no se otorgarán concesiones, y solo se autorizarán asignaciones destinadas a centros de población para garantizar el consumo personal y uso doméstico”. Al respecto en el mismo párrafo sexto, con relación al servicio de agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de sus aguas residuales que prestan los municipios, estos “podrán reconocer, autorizar, coadyuvar, vigilar y revocar la participación de las organizaciones comunitarias sin fines de lucro que realizan la gestión y la prestación de los servicios de agua y saneamiento, en los términos que fije la ley”. Seguramente una mejor redacción podría a ayudar a no dejar tan maniatadas y dependientes de las autoridades de los municipios a las organizaciones comunitarias sin fines de lucro que realizan la gestión y la prestación de los servicios de agua y saneamiento en las comunidades rurales; y por el contrario fomentarlas y apoyarlas. Imagino una posterior redacción pro-gestión comunitaria en la Ley General de Aguas, que debe además derogar la Ley de Aguas Nacionales vigente, para que los gobiernos municipales no se vuelvan un obstáculo o competencia para la operación por las comunidades de su agua a administrar. Pero, por lo menos de manera expresa se reconoce la existencia de la organización comunitaria.

Eliminar minería a cielo abierto de minerales metálicos

De manera destacada se aprobó la reforma al sexto párrafo del artículo 27, donde se mandata que “Tampoco se otorgarán concesiones, como ningún otro instrumento jurídico, para la exploración, explotación, beneficio, uso o aprovechamiento de minerales, metales o metaloides en minería a cielo abierto, salvo en los casos que excepcionalmente determine el Ejecutivo Federal a través del comité que señale la ley, por su carácter estratégico para el desarrollo nacional”.
Aunque se deja abierta a que, por excepción, se otorguen concesiones de minería a cielo abierto de acuerdo con la legislación secundaria. Es un cierto avance, el que de aquí en adelante no se otorguen este tipo de concesiones de manera corriente, ya que han dejado enormes pasivos ambientales en todo el territorio nacional. De hecho, en el artículo cuarto transitorio del decreto de la reforma constitucional se señala de manera enfática que “se respetarán los contratos, concesiones, permisos y autorizaciones otorgados a particulares con anterioridad a la entrada en vigor del presente Decreto, en términos de ley”. Así, que por ahora no pasará gran cosa con las actuales concesiones de minería a cielo abierto, a las que hay que obligar en la legislación secundaria a que restauren lo que destruyen con este tipo de explotación.

Prohibición del fracking

En la reforma al séptimo párrafo del artículo 27 constitucional se devuelve el carácter de empresas “públicas” del Estado a las empresas responsables de la extracción de hidrocarburos, que en la reforma neoliberal se le había denominado empresas “productivas del Estado”. Esto es inconcebible en el pensamiento neoliberal, que existan empresas públicas dirigidas por el Estado, frente a las privadas. Asimismo, se incorpora un párrafo, que dice: “No se otorgarán contratos ni se realizará ningún otro acto administrativo que permita la extracción de hidrocarburos líquidos y gaseosos en yacimientos petroleros no convencionales mediante fracking o fracturamiento hidráulico, salvo en los casos que excepcionalmente determine el Ejecutivo Federal a través del comité que señale la ley, por su carácter estratégico para el desarrollo nacional”. Aunque también, como con la minería a cielo abierto, se deja abierta a que, por excepción sea posible permitir el fracking de acuerdo con la legislación secundaria. Es un cierto avance, el que de aquí en adelante no se otorguen este tipo de explotaciones de hidrocarburos no convencionales. Habrá que ver en los próximos años si la excepción no se vuelve la regla, como en los cambios de uso de suelo de terrenos forestales.
Asimismo, se adiciona un octavo párrafo al artículo 27 constitucional para sancionar a través de la legislación secundaria a “todas aquellas actividades de minería a cielo abierto y las prácticas de fracking o fracturamiento hidráulico referidas en los dos párrafos anteriores, fuera de los casos excepcionales que determine el Ejecutivo Federal”. Habrá, que ver el tamaño de dichas sanciones en la legislación secundaria correspondiente.
Finalmente, se debe comentar que el artículo tercero transitorio del decreto de la reforma constitucional mandata al Congreso de la Unión para que, “en un plazo de 180 días, contados a partir de la entrada en vigor de este Decreto, deberá armonizar el marco jurídico de las leyes en las materias para adecuarlo al contenido del presente Decreto”. Esto es crucial, para que las reformas constitucionales puedan ser implementadas y no se conviertan en meras aspiraciones.

 

Arca de Noé en la Luna

Muchas veces la realidad supera a las películas de ficción. Ante la amenaza creciente de extinción de la biodiversidad que existe en el planeta, un grupo de numerosos investigadores de instituciones académicas de los Estados Unidos de América encabezados por la Doctora Mary Hagedorn, criobióloga investigadora del Instituto de Biología de la Conservación y Zoológico Nacional (acrónimo en inglés NZCBI), del Museo Nacional de Historia Natural, del Museo Nacional del Aire y el Espacio, todos adscritos al Instituto Smithsonian, el complejo de museos, educación e investigación más grande del mundo, entre otras prestigiadas instituciones académica, publicaron el pasado 31 de julio en la reconocida revista científica BioScience un artículo que se titula Salvaguardar la biodiversidad de la Tierra mediante la creación de un biorepositorio lunar (https://academic.oup.com/bioscience/advance-article/doi/10.1093/biosci/biae058/7715645?login=false).
El estudio trata de desarrollar un plan para salvaguardar la biodiversidad amenazada de la Tierra mediante la preservación criogénica de material biológico en la Luna. Los cráteres de la Luna, permanentemente en sombra, son lo suficientemente fríos como para permitir la preservación criogénica sin necesidad de electricidad o nitrógeno líquido, según los investigadores. Así, detallan una hoja de ruta para crear un biorepositorio lunar, incluidas ideas para la gobernanza, los tipos de material biológico que se almacenarán y un plan para experimentos para comprender y abordar desafíos como la radiación y la microgravedad. El estudio también demuestra la criopreservación exitosa de muestras de piel de un pez, que ahora se almacenan en el Museo Nacional de Historia Natural.
La propuesta se inspira en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Noruega), que contiene más de un millón de variedades de semillas congeladas y funciona como respaldo de la biodiversidad de cultivos del mundo en caso de desastre global. En virtud de su ubicación en el Ártico, a casi 120 metros bajo tierra, se pretendía que la bóveda fuera capaz de mantener su colección de semillas congeladas sin electricidad, un gigantesco refrigerador natural. Sin embargo, la vulnerabilidad de la Bóveda se puso de manifiesto en 2017, cuando el deshielo del permafrost amenazó con inundarla. Desde entonces, la bóveda de semillas ha sido impermeabilizada, pero el incidente demostró que incluso un búnker subterráneo en el Ártico podría ser vulnerable al cambio climático. Pero incluso, sin la amenaza del calentamiento global, sitios como Svalbard no son lo suficientemente fríos para el tejido animal, que necesita almacenarse por debajo de -196 grados Celsius para detener los procesos biológicos que eventualmente degradarían las células animales.
De acuerdo con el estudio, la criopreservación de células animales a esas bajas temperaturas requiere de un suministro de nitrógeno líquido, electricidad y personal humano. Cada uno de estos tres elementos es potencialmente vulnerable a alteraciones que podrían destruir una colección entera. Para mitigar estas vulnerabilidades, se necesita para la criopreservación una forma de mantener pasivamente las temperaturas de almacenamiento.
Como en la Tierra no existen temperaturas tan frías de forma natural, Hagedorn y sus coautores se fijaron en la Luna. Algunas de las mismas características que hacen de la Luna un lugar tan hostil para la vida humana, también la convierten, irónicamente, en un lugar ideal para servir como una especie de arca para la vida en la Tierra. La falta de atmósfera en la Luna significa que no hay riesgo de cambio climático allí.
Las regiones polares de la Luna presentan numerosos cráteres que nunca reciben luz solar debido a su orientación y profundidad. Estas regiones, denominadas regiones permanentemente sombreadas, pueden alcanzar temperaturas de -246 grados Celsius, más que lo suficientemente frías para el almacenamiento pasivo mediante criopreservación. Así, no hay necesidad de energía eléctrica u otros equipos que puedan estropearse. Para bloquear la radiación que daña el ADN presente en el espacio, las muestras podrían almacenarse bajo tierra o dentro de una estructura con paredes gruesas hechas de rocas lunares. La lejanía incluso la mantendría alejada a este almacenamiento de los tipos de agitación social que podrían amenazar un depósito en la Tierra.
En su artículo, imaginan un depósito donde eventualmente se almacenarían tejidos de la mayoría de las especies de la Tierra, comenzando con las criaturas más amenazadas y luego expandiéndose a las especies que llenan nichos ecológicos clave, incluidos los productores primarios, los polinizadores, los “ingenieros” como las termitas que transforman los paisajes, los parientes silvestres de las especies domesticadas, los organismos que pueden sobrevivir en ambientes extremos y los peces de aguas templadas y frías.
Esto no significa que los organismos enteros se almacenarán en una especie de animación suspendida, como tantos especímenes en un museo. Más bien, los científicos proponen preservar células clave que luego puedan convertirse en un organismo animal. Así, como parte de este estudio, se desarrolló un sistema de ejemplo de criopreservación. Para ello, se criopreservaron muestras de piel de aletas de un pez de arrecife, el gobio estrellado, Asterropteryx semipunctata. Las aletas contienen un tipo de células cutáneas llamadas fibroblastos, el material principal que se almacena en el biorepositorio del Museo Nacional de Historia Natural. En lo que respecta a la criopreservación, los fibroblastos tienen varias ventajas sobre otros tipos de células que se criopreservan comúnmente, como los espermatozoides, los óvulos y los embriones. La ciencia aún no puede preservar de manera confiable los espermatozoides, los óvulos y los embriones de la mayoría de las especies silvestres. Sin embargo, para muchas especies, los fibroblastos se pueden criopreservar fácilmente. Además, los fibroblastos se pueden recolectar de la piel de un animal, lo que es más sencillo que recolectar óvulos o espermatozoides. Para las especies que no tienen piel per se, como los invertebrados, se podrían usar una diversidad de tipos de muestras según la especie, incluidas larvas y otros materiales reproductivos.
Ahora se busca iniciar con una serie de ensayos de exposición a la radiación de los fibroblastos criopreservados en la Tierra para ayudar a diseñar un embalaje que pueda transportar muestras de forma segura a la Luna. Dos factores clave son la necesidad de reducir el daño por radiación y mantener las muestras cerca de -196 grados Celsius. Además, se pretende realizar experimentos adicionales a bordo de la Estación Espacial Internacional. Dichos experimentos proporcionarían pruebas sólidas de la capacidad del prototipo de embalaje para soportar la radiación y la microgravedad asociadas con los viajes espaciales y el almacenamiento en la Luna.
Los autores del estudio proponen para financiar y manejar este proyecto un posible modelo similar a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Noruega), una institución pública creada y financiada por el gobierno noruego, con un comité asesor internacional que ayuda a dirigir las operaciones. Una instalación lunar podría incluir a financiadores públicos y privados y a varios países.
Los autores concluyen que es un programa que durará décadas. Ellos señalan que la creación de un biorepositorio lunar requerirá la colaboración de una amplia gama de naciones, grupos culturales, agencias y partes interesadas internacionales para desarrollar planes aceptables de almacenamiento, gobernanza y largo plazo de muestras. Parten que proteger la vida en la Tierra debe ser una prioridad máxima en la carrera por los sitios lunares para las industrias y muchos tipos de ciencia. Es decir, hay que proteger los sitios posibles para este biorepositorio lunar frente a los múltiples intereses que ven en la Luna una mina de oro. Los investigadores consideran que sus próximos pasos a corto plazo incluyen expandir su base de colaboradores, especialmente para incluir laboratorios y agencias que trabajan en investigación espacial; extraer y criopreservar células de fibroblastos de las aletas de peces y probar su empaque en condiciones similares a las del espacio en la Tierra; asegurar apoyo para pruebas en la Estación Espacial Internacional, y crear metodologías de muestras y bancos para los socios que recolectan en la Tierra.

Umbrales para la restauración de bosques tropicales

 

Octavio Klimek Alcaraz

Los bosques tropicales talados y perturbados a menudo se consideran entornos degradados y depauperados en comparación con los bosques tropicales primarios. Sin embargo, son ecosistemas dinámicos que proporcionan refugios para grandes cantidades de biodiversidad, por lo que no se puede permitir subestimar su valor de conservación. Se considera, que los bosques tropicales pueden tolerar un cierto grado de degradación antes de experimentar una pérdida significativa de biodiversidad, pero existen umbrales críticos más allá de los cuales los bosques se vuelven menos útiles para la conservación de especies.
Al respecto, científicos que trabajan en las selvas de Malasia han encontrado algunas respuestas nuevas con relación a los efectos de la degradación de los bosques tropicales en su biodiversidad. El estudio fue encabezado por el profesor Robert Ewers del Colegio Imperial de Londres acompañado de un nutrido grupo de investigadores de diversas instituciones de investigación del mundo, y fue recientemente publicado el pasado 25 de julio en la revista Nature. Su estudio lo titularon Umbrales para agregar al estado de conservación del bosque tropical degradado (https://www.nature.com/articles/s41586-024-07657-w).
Como se indica en el artículo, las acciones de conservación pueden clasificarse en gran medida como proactivas o reactivas. La conservación proactiva se dirige a áreas de baja vulnerabilidad, donde se espera que enfoques como la protección del hábitat produzcan resultados positivos para la biodiversidad. Por el contrario, la conservación reactiva se dirige a áreas de alta amenaza, donde se requiere una acción inmediata para evitar la pérdida de biodiversidad. Los bosques ligeramente talados pueden retener suficiente biodiversidad y valor ecológico para justificar la protección formal de la conservación, si ese es un enfoque socialmente equitativo en la región de interés. Este enfoque proactivo para la conservación en ecosistemas en gran parte intactos busca principalmente prevenir que se produzca una degradación adicional del hábitat. Sin embargo, los bosques más degradados también pueden requerir costosas intervenciones de conservación reactivas, como la remediación, la restauración y la gestión a largo plazo, para acompañar la protección del hábitat. En el estudio, se cuantificó cuánto daño puede soportar un bosque antes de que los enfoques de conservación proactiva puedan necesitar ser reemplazados por enfoques reactivos, identificando dos umbrales ecológicos que pueden usarse para guiar las decisiones de conservación de esta naturaleza.
El estudio presenta una evaluación detallada de cómo cientos de especies responden a la degradación forestal durante un período de 11 años en el Proyecto de estabilidad de los ecosistemas forestales alterados en Sabah, Malasia. Este Proyecto es realizado en un paisaje experimental, que abarca un gradiente continuo en la intensidad de la tala que va desde el bosque primario sin talar, pasando por el bosque talado de salvamento (donde no se impusieron límites en la cantidad o el tamaño de los árboles a eliminar), hasta el bosque ribereño en zonas de amortiguamiento ribereñas protegidas y el bosque convertido en plantaciones de palma aceitera. A lo largo de este gradiente, el porcentaje de biomasa eliminada varió de 0 a 99 por ciento, que se utilizó como una métrica generalizada de la degradación forestal.
Ellos estudiaron el impacto de la intensidad de la degradación forestal en los patrones de ocurrencia individuales de mil 681 taxones pertenecientes a 86 órdenes taxonómicos y 126 grupos funcionales. Así, para comprender las respuestas a la degradación forestal se incluyeron 590 especies de plantas (sotobosque y dosel, incluyendo hierbas, hierbas y árboles leñosos), 88 especies de mamíferos (incluyendo murciélagos), 161 especies de aves, nueve de reptiles, 42 de anfibios, 26 de peces y 635 de invertebrados (incluidos 263 de escarabajos, 199 de lepidópteros, 130 de hormigas y 33 de arañas).
Los científicos analizaron los datos en busca de dos puntos críticos: el nivel de registro cuando se produce el primer cambio en la probabilidad de encontrar una especie individual y el punto en el que esa probabilidad cambió más rápidamente. Descubrieron que las poblaciones comenzaban a cambiar incluso con el toque más leve. A medida que los primeros árboles comenzaron a caer, casi una cuarta parte de las especies experimentaron un cambio en la frecuencia con la que se las encontraba.
En el estudio se presentan umbrales empíricamente definidos para categorizar el valor de conservación de los bosques talados, utilizando una de las evaluaciones más completas de las respuestas de los taxones a la degradación del hábitat en cualquier entorno de bosque tropical. Encontraron que diferentes grupos de especies tienen distintos niveles de tolerancia a la perturbación del hábitat. El estudio identificó umbrales específicos de degradación forestal, más allá de los cuales el número de especies disminuyó rápidamente. Por ejemplo, el número de especies de aves disminuyó drásticamente cuando la cubierta forestal cayó por debajo del 70 por ciento, mientras que las especies de mamíferos e invertebrados mostraron disminuciones más graduales. Los hallazgos sugieren que mantener un nivel mínimo de cubierta forestal es crucial para preservar la biodiversidad tropical. Superar ciertos umbrales de degradación puede conducir a una rápida pérdida de especies, lo que hace que los bosques sean menos eficaces para los esfuerzos de conservación.
Los bosques tropicales pueden tolerar un cierto grado de degradación antes de experimentar una pérdida significativa de biodiversidad. Sin embargo, existen umbrales críticos más allá de los cuales los bosques se vuelven menos útiles para la conservación de especies. Así, los resultados demuestran la existencia de dos umbrales relevantes para la conservación. En primer lugar, los bosques poco talados (menor a 29 por ciento de eliminación de biomasa) conservan un alto valor de conservación y una composición funcional en gran medida intacta y, por lo tanto, es probable que recuperen sus valores anteriores a la tala si se les permite someterse a una regeneración natural. Esto implica que el bosque conserva un fuerte potencial para recuperarse a través de procesos sucesionales secundarios naturales si se lo deja solo, y significa que se puede esperar con confianza que su valor de conservación aumente con el tiempo sin requerir intervenciones de gestión directas y a menudo costosas (acciones de conservación proactivas).
En segundo lugar, los impactos más extremos se producen en bosques muy degradados con más de dos tercios (mayor a 68 por ciento) de su biomasa eliminada, y es probable que requieran medidas más costosas para recuperar su valor de biodiversidad (acciones de conservación reactivas).
En el estudio se señala, que los bosques que han perdido entre el 30 y el 68 por ciento de su biomasa probablemente requieran una combinación de acciones de conservación que abarquen estrategias proactivas y reactivas, y los enfoques reactivos aumentarán en importancia a medida que avance la pérdida de biomasa y, en última instancia, supere el umbral del 68 por ciento. Es probable que las ganancias de conservación que podrían obtenerse de los esfuerzos de conservación reactiva y restauración forestal (acciones específicas diseñadas para revertir la degradación de un hábitat) sean mayores donde la biomasa de los árboles se haya reducido en más de dos tercios (68 por ciento). Suponiendo que la biodiversidad y la funcionalidad del ecosistema de un bosque degradado se recuperaran a medida que aumente la biomasa forestal, es probable que las acciones correctivas como la plantación de sotobosque, el corte de lianas y el control de especies invasoras tengan el mayor impacto en los patrones de presencia de taxones y grupos funcionales en estos bosques muy degradados. Dado que tales acciones acelerarán la acumulación de carbono en los bosques degradados, se podría recaudar financiación para las acciones correctivas mediante la venta de créditos de carbono.
Los autores enfatizan la importancia de comprender estos umbrales de biodiversidad para informar las prácticas y políticas de gestión forestal sostenible. Ellos, señalan que los resultados exigen que se deje de evaluar los bosques tropicales degradados por lo que han perdido, y que se les aprecie más bien por los muchos valores que conservan. El futuro de la conservación en los trópicos depende en gran medida de los hábitats modificados por el hombre, y la forma en que se elija gestionar los bosques tropicales talados tendrá un papel decisivo en la contención de la pérdida de biodiversidad global. Equilibrar el desarrollo económico y la conservación de la biodiversidad es un desafío crítico en muchas regiones tropicales.
En conclusión, los datos del estudio confirman que los bosques primarios son irremplazables, pero también refuerzan el mensaje de que los bosques talados conservan un valor de conservación considerable que no debe pasarse por alto. Sus hallazgos sugieren que incluso los lugares donde se talan algunos árboles podrían merecer protecciones similares a las de los bosques vírgenes, y señalan qué estrategias podrían ayudar mejor a restaurar la salud de un bosque talado.
Señalaría, que este tipo de estudios indican posibles rutas a seguir en el conocimiento de los bosques tropicales. Se pueden establecer objetivos claros para las acciones de conservación y restauración de estos, asegurando que sus estrategias sean eficaces para conservar o restaurar la biodiversidad. Al incorporar los umbrales de biodiversidad en los marcos de políticas públicas, pueden conservarse mejor los bosques tropicales y las especies que sustentan. Comprender estos umbrales puede informar el diseño de regulaciones e incentivos que fomenten prácticas de gestión forestal responsable.
Es importante comprender que los umbrales de biodiversidad determinados en este estudio pueden variar en las distintas regiones de bosques tropicales, ya que los factores que influyen en ellos pueden ser diversos. Cada ecosistema forestal tiene una composición única de especies y sus poblaciones. Dichas especies pueden tener diversos requisitos ecológicos y responder de forma diferente a la perturbación de su espacio de vida presentando umbrales variables ante las perturbaciones forestales. Asimismo, las regiones con mayores niveles de endemismo o rareza pueden tener umbrales más bajos para mantener la biodiversidad debido a los requisitos de espacios de vida especializados de éstas. Adicional, los factores abióticos como el clima, el suelo y el relieve también pueden influir en los umbrales de biodiversidad en los bosques tropicales. Las actividades humanas, incluidas las prácticas de uso de la tierra y las tasas de deforestación, pueden exacerbar aún más las diferencias en los umbrales de biodiversidad entre las regiones de bosques tropicales. Es decir, es esencial considerar estos diversos factores al comparar los umbrales de biodiversidad en diferentes ecosistemas para desarrollar estrategias de conservación específicas para cada región.

Manglares

Se estima que los bosques de manglares plantados por el hombre pueden contener hasta tres cuartas partes del carbono presente en los bosques de manglares naturales, según un estudio publicado en la revista Science Advance el pasado 5 de julio por 24 científicos de universidades y agencias gubernamentales de Estados Unidos, África, Europa y Asia. El estudio se titula Cuatro décadas de datos indican que los manglares plantados almacenan hasta el 75 por ciento de las reservas de carbono que se encuentran en bosques maduros intactos. Los investigadores analizaron datos recopilados en estudios de más de mil 200 manglares, algunos naturales y otros restaurados o plantados por primera vez. Se hizo un seguimiento del rendimiento de estas plantaciones forestales durante 40 años (https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.adk5430?adobe_mc=MCMID%3D40931910065135465342186813681005019332%7CMCORGID%3D242B6472541199F70A4C98A6%2540AdobeOrg%7CTS%3D1720039901).
Esta información es importante, ya que se requiere fomentar más la protección de los ecosistemas costeros, como los manglares. Los manglares son valiosos espacios naturales en las estrategias de gestión de las zonas costeras, ya que crecen en la intersección entre el océano y la tierra. Están adaptados para soportar agua salada, mareas fuertes, suelos con poco oxígeno y temperaturas tropicales cálidas, son grandes viveros de multitud de especies. En especial, los manglares protegen las costas de la erosión y las mareas de tormenta. Ayudan a fortalecer la tierra y a atenuar la fuerza de las inundaciones provocadas por tormentas. Si bien los bosques de manglares generalmente se encuentran en costas con poca energía de las olas entrantes, pueden recibir olas más grandes durante tormentas, huracanes y períodos de vientos fuertes. Esto es fundamenta, dado que los fuertes oleajes pueden causar inundaciones y daños a la infraestructura costera. Al reducir la energía y la altura de las olas, los manglares pueden reducir potencialmente el daño asociado. Debido a que las poblaciones costeras son particularmente vulnerables a los impactos de eventos extremos como las tormentas tropicales, y estas presiones pueden verse exacerbadas por la influencia del cambio climático y el aumento del nivel del mar, por ello, los manglares son claves en su protección.
Los sistemas de raíces largos y similares a zancos de los manglares, suspendidos en el aire, se adhieren firmemente al suelo fangoso, rompen las olas y capturan enormes cantidades de sedimentos y detritos, una razón por la que estos árboles crean ecosistemas tan ricos en carbono. Es decir, los manglares son sumideros de carbono excepcionalmente eficientes: lugares donde el carbono se elimina de la atmósfera y se almacena en la Tierra. Sus hojas caen al suelo anegado y se descomponen muy lentamente, creando turba en lugar de liberar carbono de nuevo a la atmósfera. Cuando estos árboles y arbustos son talados o destruidos por tormentas o inundaciones, ese carbono se escapa a la atmósfera, donde contribuye al cambio climático como gas de efecto invernadero. Aunque se estima, que representan solo el 3 por ciento de la cubierta forestal de la Tierra, los manglares podrían contribuir hasta con el 10 por ciento de las emisiones globales de carbono si se los talara por completo.
Así, los manglares son tesoros ante el cambio climáticos, dado que almacenan más carbono por unidad de superficie que prácticamente cualquier otro ecosistema natural. Cuando han sido talados los manglares, al menos parte de ese tesoro puede recuperarse vía su restauración.
Los manglares en todo el mundo se han visto amenazados por la deforestación en las últimas décadas, ya que la agricultura, la acuicultura, la extracción de madera y el desarrollo urbano han provocado la pérdida de una parte significativa de ellos. El estudio cita que el 35 por ciento de la superficie mundial de manglares se ha perdido en las últimas cinco décadas debido al cambio de uso de la tierra impulsado por el hombre, los fenómenos meteorológicos extremos y la erosión. Sin embargo, la creciente conciencia sobre el bienestar socioecológico que depende de los manglares ha llevado a importantes esfuerzos de conservación y restauración de estos ecosistemas, con tasas anuales de deforestación que disminuyeron del 0.7 al 1.0 por ciento en los decenios de 1980 y 1990 al 0.2 al 0.4 por ciento a principios de los años 2000. Dado, que los manglares tienen una de las tasas de productividad neta de ecosistemas y potencial de almacenamiento de carbono (C) más altas del mundo, restaurar o rehabilitar estos ecosistemas se ha considerado una solución prometedora basada en la naturaleza a largo plazo para compensar parcialmente las emisiones de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, conservar la biodiversidad y contribuir a la protección de asentamientos humanos en la zona costera.
La plantación de manglares se ha convertido en una especie de causa básica entre los activistas medioambientales. Pero se sabe poco sobre si los manglares plantados pueden almacenar carbono tan eficientemente como los rodales establecidos naturalmente (es decir, intactos) y en qué marco de tiempo. Algunas investigaciones han estimado que los bosques recién plantados pueden igualar los niveles de carbono de los manglares intactos en tan solo 20 años, mientras que otros lo sitúan en un siglo o más.
El estudio de la revista Science Advance a través del desarrollo de modelos matemáticos y de datos compilados de 40 años, construidos a partir de 684 rodales de manglares plantados en todo el mundo, encontró que el stock de carbono de la biomasa culminó en 71 a 73 por ciento respecto al de los rodales intactos –20 años después de la plantación–. Se observó un patrón común: en los lugares recién plantados, el carbono capturado se disparó durante las dos primeras décadas hasta que las raíces de los árboles retuvieron el 70 por ciento del carbono en comparación con un bosque natural maduro, y el 63 por ciento de los niveles naturales en el tronco y las hojas. En los siguientes 20 años, el crecimiento se desaceleró significativamente, hasta llegar al 73 por ciento de carbono bajo el suelo y al 71 por ciento sobre el suelo. El carbono atrapado en el suelo debajo de los árboles de manglar siguió un patrón similar, aunque alcanzó su punto máximo incluso antes. El carbono del suelo estaba en la mitad de los niveles naturales antes de que se plantaran nuevos árboles, luego saltó a alrededor del 75 por ciento en cinco años, un aumento del 25 por ciento en los primeros 5 años posteriores a la plantación, no se observó ningún cambio notable en las reservas de carbono del suelo a partir de entonces, que se mantiene en un valor constante del 75 por ciento del stock de carbono del suelo de manglares intactos. Es decir, permaneció prácticamente sin cambios durante los siguientes 35 años. Es posible que la acumulación de más carbono en el suelo ocurra tan lentamente que no se haya capturado en un periodo de 40 años, señalan los investigadores. A pesar de ello, esto sugiere que la plantación previene efectivamente más pérdidas de carbono debido al cambio de uso de la tierra.
Además, el priorizar la plantación de especies mixtas, incluyendo Rhizophora spp. maximizaría la acumulación de carbono dentro de la biomasa en comparación con la plantación monoespecífica.
Estos resultados tienen fuertes implicaciones para la planificación de la restauración de manglares y sirven como base para futuras evaluaciones de acumulación de carbono. Lo que sugiere, que las campañas para restaurar los manglares podrían cumplir al menos algunas de sus promesas, pero hay que tener en cuenta una advertencia: incluso después de 40 años, los manglares replantados aún no pueden igualar la capacidad de carbono de los naturales. Sin embargo, contribuyen a precisar cuántos créditos de carbono pueden venderse a partir de un proyecto de reforestación de manglares, o cuánto se puede contabilizar para los compromisos de un país en virtud del acuerdo climático de París de 2015.
Pero estos datos alentadores para la restauración de manglares dependen de que las plantaciones de manglares literalmente echen raíces, y se tenga todo tipo de apoyos para ello. En muchos casos, los esfuerzos para restaurar manglares han fracasado. Por ello, la principal lección aprendida, que podemos sacar de esta nueva investigación es que, si bien los manglares plantados pueden capturar mucho carbono, la mejor ruta es conservar los manglares originales, que la naturaleza ya ubicó allí, en las zonas costeras de México.