El Día Mundial del Medio Ambiente se conmemora el 5 de junio. Probablemente sea, como cada año, el acontecimiento ambiental más notable de la Organización de las Naciones Unidas. El Día Mundial del Medio Ambiente destaca la relevancia crucial de salvaguardar nuestro entorno natural, promoviendo tanto la acción a nivel global como el crecimiento de la conciencia ambiental frente a la crisis ecológica mundial que ponen en peligro el futuro de la vida humana tal como la conocemos.
El Día Mundial del Medio Ambiente fue establecido hace más de 50 años por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1972, coincidiendo con la primera cumbre mundial sobre medio ambiente: la Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Ambiente Humano, ganando año con año relevancia.
Este 2026, el Día Mundial del Medio Ambiente se centra en un llamamiento mundial a la acción climática bajo el lema #PorElClimaYa. El país anfitrión y organizador es la República de Azerbaiyán, que acogerá la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente, en Bakú.
Finalmente, el planeta no polemiza. No argumenta. No hace negociaciones. Manda señales: mares que suben, incendios violentos, olas de calor y glaciares derritiéndose. Los países del mundo han declarado en el Acuerdo de París de 2015, que el límite era 1.5 grados de aumento de la temperatura promedio en el planeta. Estamos camino a sobrepasar ese límite. Durante décadas, el mundo ha estado expuesto a la historia sobre el clima: advertencias, objetivos y plazos distantes. Con excesiva regularidad, el ruido de la retórica ha eclipsado la respuesta: los intereses económicos de unos cuantos, los más ricos, han promovido la distracción, las demoras, las negativas pueriles. Se ha tratado de evadir las causas del desastre climático debido a la adicción a los hidrocarburos de la humanidad.
Nos encontramos en una megacrisis generada por la humanidad. Los reportes de la ciencia más recientes a través del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) y de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) han sido las advertencias más recientes. Señalan que los efectos directos sobre la humanidad se intensificarán debido a los desastres climáticos y los acontecimientos meteorológicos extremos, así como a las consecuencias irreversibles del cambio climático en los ecosistemas y la subsiguiente extinción masiva de especies.
Ya son perceptibles los efectos del aumento de la temperatura en los océanos y la acidificación oceánica. La función primordial de los océanos en el clima está amenazada. Los informes del IBPES alertan que la disminución de la biodiversidad traerá consigo más catástrofes climáticas y más “puntos de inflexión ecológicos”, punto de no retorno para el planeta que conocemos. El sistema de la Tierra está en riesgo de colapsar. Pero, a pesar de eso, los informes también ofrecen esperanza al resaltar el aporte que pueden hacer ecosistemas diversos y saludables como sumideros de carbono en la batalla contra la crisis climática.
Nuestro objetivo primordial debe ser asegurar que la disminución mundial de las emisiones de gases con efecto invernadero y la protección de especies y ecosistemas se traten por igual, así como que el cuidado del clima y la conservación de la naturaleza sean abordados, trabajados y comunicados en conjunto. Además de reducir los gases de efecto invernadero y adaptarnos al cambio climático, un tercer ámbito de acción, que debe ser más relevante si todavía existe la posibilidad de cumplir con las metas del Acuerdo de París sobre el clima, es la restauración y protección de grandes sumideros naturales de gases de efecto invernadero como los océanos, las turberas y los bosques.
Así, para brindarles a los jóvenes, a las generaciones futuras, un mundo en el que valga la pena vivir, debemos cambiar rápidamente a una economía respetuosa con la naturaleza. Se requiere promover la transición energética global a las energías renovables y las soluciones basadas en la naturaleza para protección del clima, así como la implementación de la economía circular, entre otras soluciones posibles. Se trata de utilizar menos recursos naturales. Sobre todo, los no renovables, para no sólo contribuir a reducir drásticamente las emisiones de gases y compuestos de efecto invernadero, sino también para preservar la biodiversidad y proteger nuestra naturaleza.
El enfoque común primordial debe ser el de “soluciones basadas en la naturaleza” que son aquellas que hacen uso de las funciones naturales de los ecosistemas para solucionar los efectos negativos sobre el medio ambiente causados por el ser humano, como por ejemplo su habilidad para absorber carbono atmosférico de manera permanente o mitigar las consecuencias de eventos climáticos extremos.
No obstante, para que esto suceda, es necesario que los ecosistemas estén más protegidos con sus elementos naturales y que se utilicen dentro de los límites de carga. De esta manera, los sistemas ecológicos y sus interacciones beneficiosas se mantienen sin cambios o tienen la capacidad de regenerarse. Estas estrategias fusionan la preservación de la naturaleza y del clima. Para garantizar y, si se puede, aumentar su capacidad de resistencia ante la crisis climática, los sumideros naturales de carbono deben seguir siendo estables, intactos y revitalizados. A nivel global, cada año absorben aproximadamente la mitad de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) producidas por los seres humanos. Asimismo, pueden reducir los riesgos y las consecuencias de las fluctuaciones climáticas y de los fenómenos meteorológicos extremos mientras estén sanos. En cambio, sus perjuicios y pérdidas generan emisiones de gases de efecto invernadero aún más altas; por lo tanto, en las décadas siguientes los sumideros naturales podrían transformarse en un peligroso motor del cambio climático a nivel global.
Los ecosistemas en estado puro no sólo son capaces de almacenar no sólo enormes cantidades de carbono, sino que además tienen muchas otras repercusiones positivas y juegan un rol esencial para nuestra economía, salud, nutrición y bienestar. Regulan las plagas, incrementan la fertilidad del terreno y limpian el agua y el aire. Por esta razón, las soluciones basadas en la naturaleza se distinguen por un desarrollo sustentable que tiene como objetivo asegurar una calidad de vida elevada para todos los seres humanos dentro de los límites del planeta. No obstante, esto también conlleva la necesidad de una nueva concepción social y de una agenda política para alcanzar la suficiencia, mejorar la eficiencia y lograr una economía circular cerrada. No podrán hacerlo solos los sumideros naturales.
Es necesario resaltar y fomentar a nivel político el potencial de los ecosistemas sanos como estrategia para proteger el clima, por ejemplo, a través de una mayor protección de los manglares y la conservación de bosques y selvas. Esto puede generar sinergias firmes con los objetivos de atender el cambio climático y la pérdida de biodiversidad que sean también rentables.
En conclusión, los problemas identificados en 1972, cuando se instituyó el 5 de junio como Día Mundial del Medio Ambiente, son ahora crisis en toda regla. Existen límites planetarios para el crecimiento económico y poblacional, que estamos superando constantemente. No se puede seguir así durante los próximos años, ya no hay más tiempo. Si no, estamos condenados a destruir por completo las redes de la vida que nos sustentan en el planeta. Finalmente, somos esta generación la que puede hacer la paz con el planeta.
