El ex guerrillero del Partido de los Pobres, Pedro Martínez Gómez, destacó que Vicente Estrada Vega, quien murió ayer en el estado de Morelos a los 89 años, era “muy cercano” a Lucio Cabañas Barrientos y era el vínculo entre la guerrilla rural y otras organizaciones armadas.
Vía telefónica, recordó que Vicente Estrada, originario de Taxco, y Lucio Cabañas se conocieron de jóvenes estudiantes en la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, donde empezó un “vínculo muy estrecho” en medio de las luchas de los normalistas.
Tras la masacre del 18 de mayo de 1967 en Atoyac, Lucio Cabañas se remontó a la sierra y Vicente Estrada “en seguida se contacta con el pequeño grupo embrionario de la guerrilla, y tuvo ese vínculo hasta que fue derrotada la guerrilla”.
Pedro Martínez subrayó que Lucio Cabañas “le tenía mucha confianza, siempre asistiendo algunos campamentos y tratando algunos contactos que eran del Partido del Pobres”, incluso participó en la primera asamblea de la organización realizada en fechas cercanas a la masacre.
Dijo que Vicente Estrada era dirigente del Frente Jaramillista, en memoria del luchador zapatista Rubén Jaramillo quien retomó la lucha campesina en Morelos y fue asesinado por el Ejército junto con su familia en el gobierno del presidente Adolfo López Mateos en 1962.
Ese Frente, recordó Martínez, “tenía cierta independencia de lo que era el Partido de los Pobres, aunque después se decía que era miembro del Partido de los Pobres, pero se concretaba a dirigir el Frente Jaramillista que cumplía algunas tareas de la guerrilla”.
Sus responsabilidades, puntualizó el ex guerrillero, eran “atender contactos, vínculo con algunas organizaciones”, por ejemplo, él fue el contacto con personas que después formaron parte de la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Participó en el proyecto de formación de este grupo guerrillero conocido como Organización Partidaria, representantes de varias organizaciones armadas, entre ellos Ignacio Salas Obregón y Jesús Gámez Rascón, se reunieron en 1972 en el cerro de El Zanate, cerca de la comunidad San Martín de las Flores de la sierra de Atoyac, a donde Vicente Estrada asistió.
También estuvo en la segunda asamblea del Partido de los Pobres en 1973 “opinando, participando”.
“Vicente Estrada no fue guerrillero, sino que tenía su agrupación abierta y luego de manera clandestina él se movía en contacto” con la guerrilla, acotó Pedro Martínez, quien añadió que como parte del Frente Jaramillista Vicente Estrada realizaba “actividades operativas, gestionando algunas cuestiones para ese trabajo operativo”.
Pedro Martínez, autor del libro autobiográfico Brigada Campesina de Ajusticiamiento, desde la trinchera, consideró que el “vínculo estrecho” que tenían Vicente Estrada y Lucio Cabañas “era por el estilo de política que tenían los dos, por ejemplo, la cuestión de destacar, la manera sencilla de explicar a la gente, a los campesinos, yo creo que era eso lo que los identificaba mucho”.
“Independientemente de diferencias que se puedan tener, porque sí las hubo con muchos grupos, pues es lamentable que nos estemos yendo y haga falta todavía recuperar mucho la historia de estos movimientos”, externó Pedro Martínez.
El periódico La Jornada informó que Vicente Estrada, quien nació en 1937, fue velado ayer en una funeraria de Cuautla, donde vivía con su familia.
Irma Gutiérrez, David Cilia y Enrique González Ruiz en la presentación del libro Los papeles de la sedición, la verdadera historia político-militar del Partido de los Pobres, en el edificio del Archivo General de la Nación en la Ciudad de México Foto: Juan Luis Altamirano
Juan Luis Altamirano
Ciudad de México
En la presentación del libro Los papeles de la sedición, la verdadera historia político-militar del Partido de los Pobres, compilado por Francisco Fierro Loza (asesinado en Chilpancingo en 1984), se habló de la importancia de recordar las historias de la insurgencia en el estado de Guerrero.
En la presentación en el edificio del Archivo General de la Nación en la Ciudad de México, la doctora Irma Gutiérrez señaló que no se debe olvidar lo acontecido de manera histórica en la entidad.
“Si hoy es problemático (el estado), recordemos lo que era en los años 60 y 70, con una miseria muy grande y con grandes movimientos libertarios”, expuso Gutiérrez.
En la presentación, explicó que el libro, con testimonios de Pedro Martínez Gómez y Miguel Castillo Iturio, se narra la historia tanto del lado político como del plano militar del Partido de los Pobres, que tiene como objetivo dar a conocer el origen y la forma en la que trabajó el movimiento.
La doctora mencionó que en una época la guerrilla era la forma de enfrentarse al autoritarismo que se vivía dentro del país, además de que no existía una forma distinta para luchar.
Además, que una de las mayores complicaciones fue lograr la publicación del libro, pues en su momento, la Universidad Autónoma de Guerrero emitió una convocatoria sobre la escritura de trabajos históricos, para los que el compilador, Francisco Fierro Loza escribió sobre la historia del Partido de los Pobres.
Agregó que Fierro Loza dijo que el movimiento guerrillero no estuvo equivocado y que muchas de las cosas que se lograron en el país fue debido a las acciones de la guerrilla, además de que el mismo compilador fue el principal defensor para que se pudiera publicar la obra.
La doctora Irma Gutiérrez añadió que a pesar de que en el certamen la obra ganó el tercer lugar, tuvo problemas para que se pudiera publicar, ya que el libro fue robado antes de emitirse, pero se tenía otro ejemplar como reserva.
“El original había sido robado, había sido extraído de la Dirección de Publicaciones de la Universidad, ahí fue robado, pero teníamos el otro ejemplar que se pudo publicar”, comentó.
La doctora Gutiérrez mencionó que a pesar de enfocarse en historias relacionadas de Guerrero, no se pudo publicar dentro del estado, por lo que los trabajos se tuvieron que mudar a Pachuca para lograrlo.
“Para que este libro se publicara, no pudo ser en Guerrero, tuvo que ser en Hidalgo. Pudimos publicarlo y mandarlo a Guerrero con la publicación hecha, muy difícil pero Fierro tuvo que irse a escribirlo a Pachuca, porque en Acapulco ya le habían robado lo que había escrito”, dijo.
El ex rector de la UAG, doctor Enrique González Ruiz, afirmó que no se tuvo conocimiento de la persona o personas que no querían que se publicara el libro compilado por Fierro, pero que externaba conceptos que no a todos les agradan.
“Alguien no quería que se publicara, se dicen cosas que no le gustan a mucha gente. Se dicen cosas como que los guerrilleros se peleaban entre sí porque eran muy rijosos, y la izquierda siempre ha sido así”, expuso.
Añadió que el compilador, originario de Guerrero, se sumó a la guerrilla de Lucio Cabañas y pudo vivir de primera mano el desarrollo del Partido de los Pobres, y la obra sirve como una reflexión sobre la guerrilla.
Comentó que gracias al libro se puede conocer la insurgencia de Guerrero y la historia relatada del Partido de los Pobres, además del contexto histórico de lucha social que ha tenido el estado.
Francisco Fierro Loza era originario de El Cacao, municipio de Atoyac de Álvarez, y fue asesinado en Chilpancingo el 12 de julio de 1984. Obtuvo el tercer lugar en el Primer Concurso de Ensayo sobre Historia de Guerrero con la obra expuesta.
La presentación de Los papeles de la sedición, es parte del ciclo convocado por el Archivo General de la Nación para la presentación de libros sobre la guerrilla en México, que tendrá actividades hasta diciembre próximo.
La compañera de armas de Lucio Cabañas, Guillermina Cabañas (al centro), marchó en Atoyac el 2 de diciembre a 50 años de la caída del líder guerrillero, junto a su hija Micaela Cabañas (a la izquierda) Foto: Ramón Gracida
Ramón Gracida Gómez
Atoyac
Para Guillermina Cabañas, una de las 23 mujeres guerrilleras que acompañaron a Lucio Cabañas en la Sierra de Atoyac en distintos momentos que duró la lucha armada, lo más difícil de su participación en la guerrilla del Partido de los Pobres-Brigada Campesina de Ajusticiamiento fue su salida del grupo, “me vine con sentimientos encontrados de dejar a Lucio”.
Embarazada y con hambre por el asedio del Ejército que no dejaba pasar comida a los pueblos, la entonces joven de 25 años y prima del líder guerrillero bajó de la sierra el 12 de agosto de 1974, después de cinco años de participación.
Se ha dejado de lado contar las actividades de las mujeres en la lucha armada encabezada por Lucio Cabañas, “sobre todo por la falta de fuentes”, señaló la hija de los también guerrilleros Rosa Ocampo Martínez y Pedro Martínez Gómez, e historiadora especialista en el Partido de los Pobres, Fabiola Eneida Martínez Ocampo.
Del total de mujeres guerrilleras, seis están desaparecidas, la pareja de Lucio, Isabel Anaya Ayala fue asesinada; y de otras combatientes sólo se conocen sus seudónimos, pero no sus nombres, y de una guerrillera ni su nombre ni su alias.
“Éramos hijas de familia, eras mujer y no podías salir”
Guillermina Cabañas Alvarado nació el 12 de enero de 1949, a los 20 años entró a la guerrilla encabezada por su primo Lucio Cabañas, subió a la sierra de Atoyac porque la represión contra la familia Cabañas se había recrudecido, su hermana María del Rosario estuvo desaparecida un mes y regresó violada; su hermano Humberto está desaparecido desde 1976.
De sus primeras actividades como guerrillera fue organizar a los jóvenes en grupos de entre 15 y 20, pero “nunca pude convencer a otra mujer, yo les decía a mis primas, a las amigas, mira, vamos entrando, vamos apoyar a los compañeros; no, que mi mamá no me va a dejar. Pretextos. Éramos hijas de familia, eras mujer y no podías salir”.
Ella misma lo vivió cuando le dijo a su papá que quería estudiar, pero él le contestó que se iba a casar y la iban a mantener, entonces la futura guerrillera sólo estudió hasta tercer año de primaria porque era lo que había en su comunidad natal de San Juan de las Flores, pero su maestro la inspiró a ayudar a la población.
Al conocer al grupo guerrillero, Lucio, que era “muy noviero”, le dijo a su prima que en el reglamento estaba estipulado el respeto de los hombres a las mujeres o habría un castigo. El trabajo entre hombres y mujeres era “parejo”, ella estuvo un año encargada del banco de armas.
A lo mucho 10 mujeres coincidieron en un momento de la guerrilla, el resto estuvo en diferentes tiempos y “muchas compañeras todavía no salen a la luz o no les gustó”.
El 14 de agosto de 1974, cumpleaños de su pareja, Guillermina Cabañas bajó de la sierra principalmente porque estaba embarazada, “ya me sentía muy mal por la caída que tuve de dos metros más o menos”.
No quería dejar el grupo, pero el Ejército no dejaba pasar comida a los pueblos de la sierra y “ya estábamos sufriendo nosotros de hambre, ni pastilla para un dolor; nomás tenía que pasar un sobrecito, nada más un kilo de azúcar para la familia y las revisaban y les botaban las cosas, entonces a nosotros ya no nos llegaba”.
A 50 años de la muerte del líder del Partido de los Pobres, Guillermina Cabañas dijo que lo más difícil de la guerrilla fue dejarla, “me vine con sentimientos encontrados de dejar a Lucio”, quien le encargó a su hija Micaela, quien también estaba a punto de nacer.
La ex guerrillera tiene 75 años, “bien vividos, sufridos, de todo me ha pasado”, y reivindicó la lucha armada, “íbamos por convicción porque queríamos el cambio, porque veíamos injusticia”.
De la clandestinidad a la investigación
En 1974, Rosa Ocampo también estaba embarazada cuando bajó de la sierra de Atoyac junto con Pedro Martínez y después de una travesía por algunos puntos llegaron a Cuautla, Morelos, donde nació su hija Fabiola Eneida Martínez Ocampo.
Desde muy joven, Fabiola Martínez supo que sus progenitores fueron guerrilleros, “pero era como una carga porque aparte estábamos clandestinos, teníamos otros nombres”, en primer año de primaria era Fabiola Herrera Cervantes y al pasar al segundo año fue entrenada por su mamá para que recordara que su nuevo nombre era el actual.
“Fue difícil porque mi mamá me contaba lo que ella vivió en la guerrilla y, sobre todo, lo más difícil fue que no se lo podía contar a nadie porque me decía: esto no se lo digas a nadie. Entonces era como el gran secreto que yo traía guardado”.
Incluso sus abuelos maternos y paternos supieron que seguían vivos hasta los 8 años de ella.
En su estudio Las mujeres de la Brigada, que forma parte de un trabajo más amplio titulado Los alzados del monte. Historia de la guerrilla de Lucio Cabañas, Fabiola Martínez, profesora de historia en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), unidad Ajusco, Ciudad de México, enlista los nombres y seudónimos de las 23 mujeres que participaron en la Brigada Campesina de Ajusticiamiento.
Son María Argüello Vázquez, alias Rosario; la seudónimo Xóchitl; Simona de la Cruz Martínez, Celia; Ángela Ocampo Martínez, Alicia; Rosa Ocampo Martínez, Estela; María de Jesús Fierro Cabañas, Martha; Guillermina Cabañas Alvarado, Hortensia; Dora Mendoza Sosa, Sofía; María Félix, Minerva; Ana María Trujillo, Bertha; Ana María Ríos García, Arminda; y Marina Ávila Sosa, Silvia.
Asimismo, María Isabel Anaya Nava, alias Carmen, la pareja de Lucio asesinada el 3 de julio de 2011; la del seudónimo Beatriz, fallecida; otra de seudónimo Rosario “no se sabe nada”; y de otra mujer, la investigadora no sabe su nombre ni su seudónimo, sólo que era pareja de Arturo, alias de Esteban Mesino, quien cayó en el mismo enfrentamiento en el que murió Lucio el 2 de diciembre de 1974 en El Otatal, Tecpan.
Las siguientes guerrilleras se encuentran desaparecidas: Martina Fierro, alias Elvira; Aída Ramales Patiño, Nidia; Perla Sotelo Patiño, Hilda; Mariana de la Cruz Yáñez, Maribel; Marquina Reyes o Agüejote, Matilde; Aurora de la Paz Navarro, Lilia.
El trabajo apunta que tres guerrilleras provenían de otras organizaciones armadas y se quedaron un tiempo en la Brigada Campesina de Ajusticiamiento; pertenecieron a la Organización Partidaria que devino en la Liga Comunista 23 de Septiembre. Son Marina Ávila, Aurora de la Paz y la del seudónimo Sonia.
“Las decisiones políticas no las hacían las mujeres”
Con base en diversos testimonios, pero principalmente el de su mamá Rosa Ocampo, Fabiola Martínez dijo que sí hubo igualdad en las actividades domésticas entre hombres y mujeres, “es decir, el día a día, traer leña, cocinar, hacer tortillas, lavar ropa, hacer guardias, todo en ese aspecto era bastante equilibrado”, sin embargo, “las decisiones políticas no las hacían las mujeres porque era una dirigencia de cinco miembros y todos eran hombres”, las mujeres votaban como base por esas decisiones.
Comentó el caso de Simona de la Cruz Martínez, prima de Pedro Martínez, quien fue secuestrada a los 16 años por un hombre de la misma edad, quien la llevó a la Brigada Campesina de Ajusticiamiento porque él era guerrillero.
“Ella nunca lo comentó, nunca se lo dijo a Lucio, yo le pregunté, bueno, ¿no le comentaste que tú habías sido secuestrada?, yo creo que el temor, el miedo de parte del secuestrador. Ésa es una situación grave, digamos, pero tendríamos que contextualizar, no la estoy justificando, tendríamos que contextualizar y ahondar más en ese episodio”.
La historiadora destacó que Simona de la Cruz “fue adaptándose a la guerrilla, que una situación que fue para ella verse en un inicio, se adaptó, digamos, y se sintió como parte de la brigada”.
“Hay que explicar el contexto, el mundo rural, espacio rural, pues muy machista, en aquellos años peor; si ahora tiene ese corte, el machismo y el patriarcado no se han eliminado, pues imagínate en los años 60, que es todavía más crítico para las mujeres”.
Los líderes del Consejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata, Jesús Plácido, Sixto Mendoza y José Luis Mendoza resguardados por agentes de la Guardia Nacional se retiran del Sindicato de Redactores de la Prensa en Chilpancingo, en donde dieron una conferencia de prensa Foto: Jessica Torres Barrera
Ramón Gracida Gómez
Atoyac
Segunda parte
Lucio Cabañas Barrientos pensó que los campesinos se iban a sumar al foco guerrillero y el error fue no haber consolidado “una organización político-militar combativa”, afirmó el integrante de la dirección de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento-Partido de los Pobres, Pedro Martínez Gómez.
El líder guerrillero concibió el secuestro de Rubén Figueroa Figueroa para negociar el retiro del Ejército, pero para esta institución no había autoridad y “dominaba totalmente”, y aún viven los “viejos militares” que saben de estos crímenes, pero el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no les pide entregar la información, dijo a El Sur.
Cincuenta y siete años después de los hechos, el ex guerrillero consideró que el grupo armado “no tenía el músculo” para desarrollar un secuestro de tal magnitud, además hubo una “subestimación” del poder del Ejército e incluso “hubo una confianza de que íbamos ganando”; y nunca hubo una “reconciliación” con Genaro Vázquez Rojas porque veía a este último como un priista buscando un puesto y Genaro fue crítico del Partido Comunista Mexicano con el que Lucio mantuvo la relación.
En 1972, la guerrilla que encabezó Lucio Cabañas realizó dos emboscadas contra el Ejército, una el 25 de junio y otra el 23 de agosto, ambas son consideradas de los mayores logros de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento-Partido de los Pobres, pero también causaron el recrudecimiento de la represión contra las comunidades, como en El Quemado.
Ahí fueron detenidos 91 hombres, siete de ellos murieron por tortura y otros siete están desaparecidos, de acuerdo con el informe de la Fiscalía Especializada para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp), y 24 fueron sentenciados a 30 años de cárcel en Acapulco, aunque fueron amnistiados cuatro años después.
De un posible arrepentimiento, Pedro Martínez dijo: “yo pienso que la guerra es la guerra y van a suceder muchas cosas de lo que sucedió de la represión, pueblos arrasados; sin embargo, si hay un movimiento fuerte y que resiste todo esto, una población consciente y politizada, yo creo que muchos campesinos, en lugar de huir o quedarse en sus pueblos a esperar a que los detengan, se iban a incorporar a la lucha armada, pero con una orientación clara”.
Algunas de las familias de los guerrilleros también fueron detenidas y “tú hablas de la represión, pero fue en el periodo en el que más jóvenes campesinos se integraron, o sea, no les importó toda esta situación; eso es parte de la guerra, que aun cuando se dan estas condiciones, la gente le entra o le agarra incluso más coraje al Ejército”.
La mayoría de los guerrilleros eran jóvenes, los más chicos tenían 15 o 16 años, y el promedio de edad era de 25 años; llegaron a ser 103 combatientes, pero eso también fue un problema, “tener ese grupo tan grande y no poder desplazar a grupos pequeños, de 30 o 40.
En uno de los capítulos de su libro de 414 páginas, Desde la trinchera Brigada Campesina de Ajusticiamiento-Partido de los Pobres, Pedro Martínez habla sobre la expulsión en 1973 de Carmelo Cortés Castro de la guerrilla, y los cuestionamientos sobre su relación con Aurora de la Paz Navarro del Campo, con quien formó después las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
Con la seguridad de haberlo conocido en la juventud comunista, –“tuvimos un vínculo muy estrecho en la militancia”–, Pedro Martínez dijo que lo que en verdad pasó fue que “Carmelo lo que aspiraba más, lo que yo percibo, es el movimiento urbano, estar en la ciudad; él fue de extracción campesina, pero desde muy joven se mantuvo en lo urbano, por un lado estudiando, estuvo en la Normal de Ayotzinapa, pero no terminó ahí, sino que se pasó a la Universidad de Guerrero”.
Señaló que el cuestionamiento a la relación entre Carmelo y Aurora parte de una “visión moralista de las cosas” y de la supuesta confrontación por el liderazgo respondió que “ni la Liga (23 de Septiembre), ni Carmelo, ni nada ni nadie, podía sustituir a Lucio, Lucio tenía raíces profundas en el campesinado y ya tenía toda una serie de prestigio”.
En otro capítulo, Pedro Martínez relata brevemente cuando el luchador social Rosendo Radilla Pacheco, desaparecido el 25 de agosto de 1974, visitó el campamento cerca de San Martín de las Flores para reencontrarse con Lucio Cabañas muchos años después, pero el líder guerrillero no estaba.
El autor del libro recuerda que en alguna fecha posterior a la masacre de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968, una vez habló con Rosendo Radilla, quien fue padrino de Pedro Martínez y le dijo que fueron “malos entendidos” las diferencias entre Genaro Vázquez y Lucio Cabañas
–¿Por qué nunca se unieron?
–Yo creo que en cierta manera ahí sí estaban los liderazgos y, por otro lado, las diferencias que venían desde la lucha contra Caballero Aburto, que Lucio decía que lo llamaron a consolidar la ACG, pero que Genaro se fue al PRI buscando un puesto.
“Pero incluso Lucio fue más flexible, Lucio hubiera permitido por lo menos una coordinación, yo creo que el más renuente fue Genaro porque le tiraba mucho al Partido Comunista Mexicano y Lucio mantuvo esa relación con el partido, entonces nunca hubo una reconciliación”.
La acción culminante de la Brigada fue el secuestro del entonces senador Rubén Figueroa Figueroa y futuro gobernador del estado (1975-1981), quien llegó a la Sierra el 30 de mayo de 1974 para negociar con Lucio Cabañas, pero luego fue declarado secuestrado.
Lucio Cabañas pensó que con el secuestro de Figueroa se podía negociar el retiro del Ejército de la Sierra y Pedro Martínez dice en su libro que era “muy aventurado pensar confiar en liberar la zona con un secuestro, y así trazar la estrategia para desarrollar el trabajo político, cuando la bestialidad del Ejército no tiene parangón”.
Y ahondó en la entrevista: el “Ejército dominaba totalmente, para el Ejército no había autoridad municipal, para el Ejército no había un procurador, para el Ejército no había un gobernador, ninguna autoridad que ejerciera una acción como autoridad, sino que era el Ejército el que dominaba”.
Afirmó que en la “cúpula” de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) hay “militares viejos” que saben de los crímenes de la guerra sucia, de los Vuelos de la Muerte, pero “si López Obrador teme a que lo derriben, a que haya un golpe de Estado, no va a exigirle al Ejército, entregar esto”.
El 26 de julio de 1974 Pedro Martínez y Lucio Cabañas se vieron por última vez, el primero se fue a la columna que mantuvo cautivo a Figueroa, aunque ya estaba en Acapulco cuando el político fue rescatado por soldados el 8 de septiembre, y el segundo se fue en una columna de 13 guerrilleros a combatir al Ejército y murió el 2 de diciembre del mismo año.
–Cincuenta años después, ¿considera que fue un error de la guerrilla haber secuestrado a Figueroa?
–Yo digo que fue un error el no haber construido una organización político-militar combativa, yo digo que ése fue el error porque de todos modos, si hubiera tenido una organización fuerte, entonces tenía que hacer acciones incluso más complicadas y esto fue el producto de que no se prepararon las condiciones.
Lucio Cabañas pensó que “la gente se iba a sumar como el foco guerrillero que planteaba el Che, entonces yo creo que en ese movimiento no debería ser el propósito que se planteaba, sino que el problema era consolidar una organización, consolidar la propia Brigada Campesina de Ajusticiamiento, consolidar el Partido de los Pobres”.
La base social estaba con la guerrilla, pero ésta “no tenía el músculo para la acción que se hizo del secuestro de Figueroa y mucho menos desarrollar una guerra de guerrillas de combate a las columnas del Ejército e ir consolidando la cuestión armamentística”, afirmó.
Pedro Martínez consideró que “hubo como una subestimación al Ejército, de que nosotros teníamos hasta cierto punto la capacidad de combatirlo” y “hubo una confianza de que íbamos ganando y que el Ejército no le entraba a buscarnos por el monte”.
El embarazo de la pareja de Pedro Martínez fue otra de las razones para salir de la Sierra y el acuerdo era que iba a recibir una parte del dinero del rescate de Figueroa, “para que nosotros pudiéramos movernos en la ciudad”.
Su compañero Pedro Hernández Gómez fue detenido y quiso acreditar su situación legal de residencia en un domicilio en Cuautla, Morelos, donde también estaba Pedro Martínez, con su pareja y su hija recién nacida, pero no los delató y así los salvó; “fue un buen compañero, él fue de la Dirección de la Brigada y yo sí lamento su detención, su desaparición”.
Pedro Martínez fue parte de la Organización Marxista por la Emancipación Proletaria (OMEP), donde confluyó con Jesús Zambrano, actual presidente del PRD, “pero se fue derechizando”.
Se estableció en la Ciudad de México y luego en Tultitlán, Estado de México, también estuvo en la Unión Soviética; en 1982 obtuvo su amnistía, tardó unos 10 años en regresar a Atoyac por cuestiones de seguridad y fue trabajador de empresas privadas, en las que participó en sus grupos sindicales.
La Brigada Campesina de Ajusticiamiento tuvo cuatro direcciones, sólo quedan tres integrantes vivos, recientemente falleció Humberto Rivera Leyva. En su libro dice que hay mucha literatura sobre la guerrilla de Lucio Cabañas que “no es confiable”, lo que lo motivó a que su testimonio fuera publicado el año pasado, y también lo impulsó que su hija escribe actualmente su tesis de licenciatura en Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sobre la guerrilla.
El integrante de la dirección de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento-Partido de los Pobres, Pedro Martínez Gómez, sostiene su libro Desde la Trinchera en entrevista en Atoyac Foto: Ramón Gracida Gómez
Ramón Gracida Gómez
Atoyac
Primera parte
La masacre del 18 de mayo de 1967 en Atoyac que obligó a Lucio Cabañas a huir a la sierra para organizar la guerrilla, más que una represión por la primaria Juan Álvarez, fue una “lucha de clases” entre campesinos descontentos por la explotación y caciques que querían mantener el control de “todo”, dijo el integrante de la dirección de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento-Partido de los Pobres, Pedro Martínez Gómez, quien recientemente publicó un libro sobre su participación en la lucha armada.
El ambiente era “tenso” en la década de 1960 porque los campesinos y los jóvenes comunistas liderados por los maestros Serafín Núñez Ramos y Lucio Cabañas Barrientos lucharon contra los acaparadores que pagaban barato a los campesinos por sus cosechas, los “rapamontes” que depredaban la sierra y que eran protegidos por pistoleros y el Ejército, y contra la falta de “libertad política”.
Antes de la masacre, Lucio Cabañas no pensó luchar por la vía armada y la mayoría de los simpatizantes del movimiento no lo siguieron, pese a que en los dos primeros años posteriores a esa fecha la represión no era tan fuerte porque el gobierno pensó que “no iba a prosperar”.
Pedro Martínez Gómez nació en San Martín de las Flores, comunidad de Atoyac, el 11 de noviembre de 1949, en una casa de campesinos que sembraban maíz, ajonjolí y arroz, donde sufrió la miseria, al igual que la mayoría de los productores en los años 60 del siglo pasado.
“Yo creo que el problema fundamental para que uno defina cierta posición política-ideológica son las condiciones en que hemos vivido, o sea, Lucio Cabañas y todos los que participamos, vivimos situaciones de pobreza extrema”, dijo en entrevista con El Sur a propósito de la publicación reciente de su testimonio hecho libro Desde la trinchera Brigada Campesina de Ajusticiamiento-Partido de los Pobres.
A los 16 años entró a la organización Juventud Comunista de Atoyac, que inicialmente se llamó Club de Jóvenes Democráticos porque había un ambiente “anticomunista” en ese municipio de la Costa Grande, y es que la Asociación Cívica Guerrerense (ACG) de Genaro Vázquez tenía presencia ahí y existía el antecedente de la lucha contra el gobierno de Raúl Caballero Aburto.
Dentro de la organización conoció a Serafín Núñez Ramos, quien contribuyó a la organización de los jóvenes y que fue un profesor “que no estuvo dentro de la lucha armada y que no se decidió a eso, pero contribuyó mucho a la formación de jóvenes comunistas aquí en Atoyac”.
Los jóvenes comunistas de Atoyac organizaban conferencias procedentes de la dirección del Partido Comunista y su vida cotidiana consistía en reuniones y actividad política como la distribución de volantes “en determinados periodos de confrontación de la misma sociedad atoyaquense”.
Los volantes eran contra “los rapamontes que depredaban la Sierra” de Atoyac y Tecpan, y las consecuencias de las protestas contra ellos eran asesinatos de campesinos por parte de los integrantes de la Guardia Blanca que protegía a los madereros, además, el Ejército tenía la anuencia del gobierno federal para “proteger a los rapamontes”.
El otro problema que vivían los campesinos eran los acaparadores, los campesinos sembraban mucho y “llegaban con grandes cantidades de ajonjolí, maíz, café principalmente, y los intermediarios les pagaban barato, y el campesino regresaba otra vez a la actividad agrícola en la miseria”.
También existía el sistema de la “venta al tiempo”, que Pedro Martínez calificó de explotación y consistía en que los campesinos vendían su cosecha antes de que la tuviera, “iban a pedir dinero para cuando hubiera la cosecha”.
Otro problema era “la falta de libertad política, democracia, porque en las comunidades quienes dominaban al comisario, al comisariado, eran los caciques, y el puesto de comisariado pues dejaba dinero”, explicó el entrevistado.
En los caminos estaban integrantes de la Policía Montada, “recuerdo que vestían como de beige y armados, y subían a las comunidades y cuando encontraban a los campesinos, los maltrataban por una u otra cosa”; el Ejército también hacía sus recorridos “y siempre el temor de la gente, y eso era una expresión de que no había libertad política o democrática”.
Pedro Martínez insistió en que el ambiente era tenso: “el problema era una confrontación con los caciques, con los reaccionarios, con la burguesía local de Atoyac por la cuestión de existir ya una organización de izquierda, una organización comunista”.
El movimiento democratizador en la primaria Modesto Alarcón, donde laboraban Lucio Cabañas y Serafín Núñez y que defenestró a la directora Genara Reséndiz, se extendió hacia la escuela Gral. Juan Álvarez, donde se intentó combatir la corrupción, pero “ya había más una confrontación con los cacicazgos porque tenían en su poder esa escuela, una mesa directiva que llevaba 10 años, entonces, claro que no querían dejar el control”.
Los integrantes de la Juventud Comunista de Atoyac difundieron el movimiento en las comunidades y el pliego petitorio que incluía la destitución de la directora Julia Paco Piza y la eliminación de cuotas obligatorias, y los caciques decidieron detener el movimiento a balazos.
La entrevista de este periódico con Pedro Martínez se realizó en una casa de Atoyac el domingo 19 de mayo, un día después de que organizaciones sociales conmemoraron el 57 aniversario de la masacre en el Zócalo del municipio, donde ocurrió, y ahora está el obelisco dedicado a Lucio Cabañas.
Pedro Martínez afirmó que el 18 de mayo de 1967 “se dio una confrontación de lucha de clases porque para la población campesina, digamos, que tres pesos de cuota y 10 pesos de cuota para la inscripción era dinero cuando un campesino se alquilaba por 10 pesos, era un día de salario”.
Los caciques “controlaban todo”, la economía con los acaparadores y la política con los presidentes municipales –aunque el alcalde en aquel momento, Manuel García Cabañas mostró ciertas “diferencias con ellos”.
–¿Por qué era tan importante para ellos controlar la escuela como para ocasionar una masacre de esa magnitud?
–El problema no era exclusivo de la escuela, sino el poder que tenían ellos en toda la ciudad, en todas las comunidades, ahora sí que la escuela fue la cereza del pastel, y que ahí precisamente se aliaron al gobierno, se aliaron para golpear el movimiento porque ya estaba, se hacían mítines.
“La lucha de clases se expresó ahí porque los padres de familia eran gente muy pobre, yo conocí compañeros que, al igual que yo, estábamos en la miseria”, explicó.
Los hijos de los caciques estudiaban en la escuela Juan Álvarez y “la masacre se hizo para defender parte de su poder”, argumentó Pedro Martínez, que en aquel entonces apenas iba a cumplir 18 años y no presenció los balazos de la Policía Judicial contra la multitud reunida en la Plaza Morelos y que dejó cinco muertos.
Lucio Cabañas escapó y durmió en la casa de la maestra Hilda Flores, de donde partió al día siguiente con cinco campesinos a la Sierra, donde poco a poco se fue gestando el Partido de los Pobres y la Brigada Campesina de Ajusticiamiento, pero muchos simpatizantes, la mayoría según Pedro Martínez, no siguieron el camino de la lucha armada.
–Usted como joven comunista, ¿tenía claro o asumía que podía seguir al guerrillero o no se hablaba de esa posibilidad y fue más bien el momento?
–Por un lado, teníamos dentro de la cuestión política-ideológica la influencia de la revolución cubana porque en ese tiempo se difundía mucho, incluso había una estación, Radio Habana, que muchos la escuchábamos; por otro lado, estaba la figura emblemática del Che Guevara, y todo eso era como el sueño a tener un país libre, democrático, con muchas posibilidades para la juventud de desarrollo.
La militancia comunista condujo a los jóvenes atoyaquenses a leer manuales rusos, el Manifiesto y literatura cubana, que les dio la idea de que el cambio iba a ser por la vía armada, “aunque no había un proyecto porque fue un movimiento que se venía dando por la vía legal, la lucha por la democracia”.
“Yo creo que ni Lucio pensó en elaborar un proyecto y nosotros tampoco, nunca hubo un planteamiento de un proyecto para una guerrilla, simplemente lo que pensábamos era que por la vía armada se tenía que hacer la revolución como en Cuba, en la Unión Soviética”.
De 1967 a 1969, Pedro Martínez mantuvo aún una participación política abierta de asambleas en las canchas de basquetbol de las comunidades y reuniones con unos cuantos jóvenes campesinos en sus milpas, porque aún no se recrudecía la represión, “yo creo que el gobierno pensaba que esto no iba a prosperar y no se le dio la importancia como al final”.
El objetivo era “preparar las condiciones para ajusticiar a los caciques responsables de la masacre y que también rindiera cuentas la Policía Judicial por el ataque al mitin”, y hacer “una revolución para cambiar las condiciones de explotación que existían, las condiciones represivas, que hubiera democracia”.