Los guardias rojos de López Obrador

Una vez más, los guardias rojos del presidente Andrés Manuel López Obrador hicieron acto de presencia en la arena pública. No importa el escenario, la lucha por la candidatura para el gobierno de la Ciudad de México o la silla vacante en la Suprema Corte de Justicia. La capacidad de maniobra y la fuerza del dogmatismo de los puros en su entorno y de Morena, determina desenlaces políticos y define rutas a seguir, pero al emanar su fuerza del respaldo y aval que les otorga López Obrador, también establece el camino que está forjando el presidente para quien considera lo sucederá, Claudia Sheinbaum.
La última demostración de fuerza la hicieron este miércoles en el Senado, donde sus representantes actuaron en coordinación con la intransigencia de su jefe máximo. Una negociación para sacar por votación calificada a la nueva ministra de la Suprema Corte fracasó porque la propuesta del líder de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, que a cambio de respaldar a quien deseara el presidente se nombraran decenas de cargos congelados en esa cámara, fue rechazada en Palacio Nacional.
Internamente, los guardias rojos repudiaron a Bertha Alcalde Luján, perfilada como la aspirante con mayores probabilidades de salir electa para ocupar el lugar de Arturo Zaldívar, que cambió la toga por un cargo en la asesoría jurídica de Sheinbaum, para elaborar desde ahí la reforma al Poder Judicial que quiere el presidente. Hace 15 días, cuando la línea de Palacio era clara por Alcalde Luján, Morena y sus aliados le dieron 68 votos contra solamente dos para Batres. En la votación del martes, Alcalde Luján fue apaleada, 16 contra 54 votos para Batres.
En 15 días, los puros cambiaron la correlación de fuerzas en el tablero del Senado, y se corrieron del radicalismo que encarna Alcalde Luján, al fundamentalismo que representa Batres.
López Obrador dejó que los guardias rojos destrozaran y humillaran a Alcalde Luján, parando en seco la creciente influencia de su familia en Palacio Nacional, que comenzó a notarse cuando nombraron a Luisa María Alcalde Luján, secretaria de Gobernación a mediados de junio. Su presencia en Bucareli fue aprovechada por su madre, Bertha Luján, fundadora de Morena, donde también fue secretaria general, y que ha estado cerca de López Obrador durante un cuarto de siglo, para realizar cabildeos con el presidente sin necesidad de intermediarios.
Las iniciativa de la camarada de López Obrador y la forma como su hija, la secretaria, despachaba en Bucareli, con largas ausencias, despotismo, maltrato y sobre todo, una notoria impericia en la negociación política, llevó al guardia rojo más influyente de todos, Jesús Ramírez Cuevas, operador político a la vez de vocero presidencial, jefe de la propaganda de Palacio, y autor intelectual de los abusos y excesos contra medios y periodistas en las mañaneras, a observar la poca conveniencia de que les estuvieran abriendo tantos espacios.
López Obrador pareció no escucharlo, pero lo hizo. Después de la votación en el Senado sobre la primera terna propuesta por el presidente, donde Bertha Alcalde Luján quedó a cuatro votos de alcanzar la mayoría calificada para ser ministra, su hermana, la secretaria, pidió cita con López Obrador con el único propósito de pedirle un respaldo más claro y sólido para ella. El presidente la bateó, y le dijo que ya era suficiente lo que había hecho, para empezar, incorporarla a la terna. El triunfo fue de Ramírez Cuevas, la voz de los guardias rojos en el oído del presidente.
Pero no hay que engañarse. Los guardias rojos tienen la fuerza prestada por el presidente, que es tanto o más fundamentalista que ellos. Batres es el ejemplo de ello. La hermana del jefe de Gobierno interino de la Ciudad de México, Martí Batres, responde fielmente al pensamiento y los objetivos que tiene López Obrador para la Suprema Corte. Lo dijo desde su intervención en el primer proceso para seleccionar ministra.
Desde la tribuna del Senado, repitió los objetivos de López Obrador: que los ciudadanos elijan mediante el voto a sus ministros; el Poder Judicial está invadiendo las atribuciones de los poderes Legislativo y el Ejecutivo; tienen salarios muy altos y muchos privilegios; deben desaparecer los 13 fideicomisos del Poder Judicial. Ningún perfil como el de ella para ser un Caballo de Troya en la Suprema Corte. Batres no es constitucionalista, como tampoco lo es Alcalde Luján, lo que es irrelevante para el presidente, que no quiere quien defienda la Constitución, sino que le responda a él. Los matices entre las dos eran notorios, y aunque las dos son incondicionales de López Obrador, quien mejor respondía a sus planes era Batres.
Fue la pieza de los guardias rojos, en alianza con el jefe de Gobierno, quien sin embargo, no fue el actor central del cabildeo por su hermana. De hecho, el presidente, pese a haber luchado en las calles con él a su lado, le tiene desconfianza, como también Sheinbaum.
La candidata presidencial podría haberse sentido bien con las dos, al conocerlas y haber trabajado con ambas durante varios años. Sin embargo, era Batres quien mejor se acomodaba al fundamentalismo de los guardias rojos, que han seguido acotando el espacio de maniobra de Sheinbaum, que podría traducirse en condicionamientos durante su campaña o negociaciones onerosas con ese grupo. Por encima de todos se encuentra López Obrador, que pese a las declaraciones públicas melosas hacia su candidata, quien es su correa de transmisión, incluso con Sheinbaum, es Ramírez Cuevas, que como el resto de los guardias rojos, le jugó a las contras en la selección de candidato para el Gobierno de la Ciudad de México, donde el vocero presidencial fue la pieza clave para descarrilar a quien apoyaba la delfín, Omar García Harfuch.
La propuesta del presidente para ser ministra, si bien importante en el contexto nacional, era irrelevante por cuanto a la correlación de fuerzas internas y en el entorno de López Obrador, donde quedó claro la creciente fuerza de los duros, y la influencia de los guardias rojos en las bases y las áreas donde se toman las decisiones.

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¿Dónde está el Estado presidente?

La mañanera de este miércoles nos permitió ver a través de otra ventana, la razón por la cual nos encontramos en el actual nivel de violencia e inseguridad. Se lo debemos al intercambio entre una experimentada reportera independiente de Sonora, Reyna Haydée Ramírez, y el presidente Andrés Manuel López Obrador. El contexto fue el epidosio del viernes pasado en Texcapilla, un ejido donde los campesinos, que por largo tiempo han sido extorsionados por una célula criminal de La Familia Michoacana, los enfrentaron y mataron a 10 de sus integrantes, donde la crudeza de los hechos presentados por Ramírez, se estrelló contra la negación del presidente y las mentiras al tratar de desviar las preguntas.
Ramírez habló de varias ciudades y comunidades del país donde la gente recurre a la delincuencia para que hagan justicia, dentro de un marco general de pregunta, que no cuestionamiento, sobre las razones de la inseguridad. Le recordó también que él despertó la esperanza de que hubiera paz. “Muchísima gente, muchísima, piensa que las cosas están mejorando”, respondió. “Hay muchísimos mexicanos, millones de mexicanos, que sostienen que estamos mejor, que piensan que las cosas están mejorando”, dijo, sin aportar nada sólido para respaldar su dicho. “No hay ninguna encuesta, ni las que hacen nuestros adversarios, en donde salga el gobierno reprobado”.
Esto es falso. Las encuestas serias, que a él le gustan si salen los números de acuerdo a como se percibe y se molesta cuando no, reprueban la gestión del gobierno en seguridad, aunque siguen sin adjudicarle ninguna responsabilidad, que entre otras cosas le permite mantener altos números de popularidad. Incluso, dos casas encuestadoras que tienen un sesgo hacia el presidente y Morena, lo desmienten. Demotecnia-De las Heras apuntó en su encuesta nacional en diciembre, que lo peor que ha hecho el presidente es no disminuir la inseguridad. Enkoll, en su encuesta al quinto año de gobierno, encontró que, como ha sucedido desde agosto del año pasado, la seguridad es el principal problema del país.
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana reportó en su último informe trimestral que en septiembre 6 de cada 10 personas mayores de 18 años, se  sentía insegura. Un informe de la organización no gubernamental Impunidad Cero, reveló que el 47% de los mexicanos consideran que la impunidad ha ido en aumento y el 38% consideró que la impunidad sigue igual. Solo el 14% cree que ha disminuido. Si se contrapone con los dichos del presidente, únicamente 1.4 personas de cada 10 está en “los millones” que dice que las cosas “están mejorando”.
Ramírez había comenzado su batería de presuntas con una concisa, que buscaba su reflexión: “¿por qué México ha llegado a que los ciudadanos intenten tomar, defenderse ellos mismos? ¿dónde está el Estado presidente para garatizar la seguridad de los mexicanos”.
La respuesta fue evasiva. “Estamos trabajando… que no tengan que ser los ciudadanos los que se hagan cargo de la defensa, lo que pasaba antes”, dijo.
“Está pasando aquí en México, ahorita”.
“Sí, todavía en algunos casos, pero es la excepción, no es la regla”.
“Texcatitlán (el municipio donde se encuentra Texcapilla) es excepción?”.
“Sí, sí, sí, ahí por ejemplo…”.
“¿Michoacán? ¿Guerrero?”.
“Sí, sí, en algunos casos”.
“¿Tamaulipas?”.
“Ya, pero sí, igual”.
“¿Sonora?”.
“Sí, muchísimos casos, pero nunca, nunca, igual”.
Coincidentemente Milenio, el periódico que no se puede tiene una línea crítica con el presidente, publicó una revisión analítica del censo de problación del INEGI, donde registró que en los últimos 20 años un total de 680 municipios en el país han sido abandonados por la violencia de los cárteles de la droga. En México, abundó Azucena Uresti en X y en Milenio Televisión, en 231 –9%– de los 2 mil 457 municipios, no se puede vivir por la violencia, y uno de cada 10 se han convertido en pueblos fantasma por la violencia de los cárteles de las drogas. Todavía más, de acuerdo con otros expertos, en el 10% de los municipios mexicanos se genera más violencia que en la invasión rusa a Ucrania.
López Obrador trató de llevar el diálogo al campo del sofisma. “¿Conoces de algún presidente de los últimos tiempos que haya atendido el tema de seguridad todos los días, que haya recibido de lunes a viernes, de 6 a 7 de la mañana el reporte de los sucedido en las últimas 24 horas del país? ¿conoces a algún presidente?”, le contrapreguntó a la periodista, que le respondió:
“De que le sirve a los ciudadanos que ustedes se reúnan todos los días si vemos lo de Texcalti-tlán, si vemos lo de Guerrero, si vemos lo de Sonora”.
“Pero si no nos reuniésemos todos los días…”.
“¿Estaría peor el país?
“Sí. Sí. Sí, sí, sí. Exactamente”.
El país sí está peor que antes, como se demostró el lunes en este espacio. En su último año de gobierno, López Obrador rebasó en muertos todo lo que hubo en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto; en 2022 superó por 25 mil los que hubo en la gestión del presidente Felipe Calderón. En 2020 el total durante el gobierno de Vicente Fox. Y en 2021, dejó atrás el registro de las presidencias de Ernesto Zedillo y Carlos Salinas.
Presumir las reuniones del gabinete de seguridad cada mañana, no es para confortar a nadie, sino para alarmar a todos. Si como aseguró el presidente, ahí reportan de toda la violencia que se dio en la víspera para atender el fenómeno, lo único que se puede concluir es que el gabinete de seguridad es una caterva de incompetentes que pese a tener la información, es incapaz de diseñar una estrategia que dé resultados.
No hay manera de ocultar este sexenio de horror en materia de violencia y asesinatos. La realidad derrotó a López Obrador y cargará por siempre con cuatro de los cinco años con más homicidios dolosos –faltando uno– en la historia del país. Pero sobre todo, por la derrota del Estado mexicano, que no cumplió con aquello para lo que fue creado: la seguridad de sus ciudadanos.

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Problema de caja… y de gestión

México tiene un serio problema de flujo de recursos, con un desenlace incierto que camina en medio del fuego. Es terriblemente paradójica esta situación porque ni hay dificultades con la macroeconomía, ni nos encontramos en una crisis. El problema, quizás el más grande que tiene hoy en día el país, se llama Pemex, un pozo sin fondo en donde el presidente Andrés Manuel López Obrador está necio en seguirle inyectando dinero para tratar de recomponer lo que, con su política de los 80 y su financieramente incompetente director, va a ser imposible enderezar. Peor aún, no es algo lejano que la caja se quede sin dinero.
Los síntomas de la crisis que nos cubre, aunque la mayoría no se dé cuenta, ya llegó. Brotaron la semana pasada, cuando Pemex incumplió con un pago de mil 200 millones de dólares a Schlumberger, la empresa de servicios y yacimientos petroleros más grande del mundo, que prendió alertas por todos lados. Fuentes de la industria señalaron que Schlumberger comenzó a vender sus cuentas por cobrar y le informó a Pemex Exploración y Producción que si no pagaba los adeudos de junio a septiembre, iniciaría el paro de operaciones gradual.
La empresa tiene operaciones de las cuales depende más de la mitad de la producción de Pemex, lo que muestra claramente la gravedad de lo que está sucediendo en el sector, con un impacto directo en la producción de petróleo y reservas. Halliburton, otra de las grandes compañías petroleras del mundo y el segundo acreedor de Pemex, estaba considerando tomar medidas similares a las adoptadas por Schlumberger, porque los compromisos de pagos también se incumplieron.
Wheaterford, el séptimo acreedor más grande de Pemex, al que le deben unos 4 mil millones de dólares y no le pagaron, notificó a la empresa que si para el 15 de diciembre no recibía un pago sustancial de lo adeudado, realizaría un paro gradual de operaciones. Baker Hughes, el tercer acreedor de Pemex y en donde trabajó el hijo mayor de López Obrador, se encuentra en la misma situación que las anteriores, con pagos pendientes por 8 mil millones de pesos, pero de acuerdo con las fuentes de la industria, no está considerando la suspensión de actividades.
A mediados de esta semana se reunió la Asociación Mexicana de Empresas de Servicios Petroleros, para discutir específicamente el tema de Schlumberger, y acordaron –con excepción de Baker Hughes que optó por mantenerse al margen de una acción colectiva–, que ninguna de las compañías aceptaría tomar los servicios que dejó de proporcionar Schlumberger, así como proteger que las cuentas de los miembros de la organización gremial no sigan incrementándose.
La deuda de Pemex con proveedores y contratistas es de 96 mil millones de pesos, reportó ayer El Financiero, que representa un aumento de 102% al cierre de octubre, un salto de casi 70% con respecto a los adeudos al cierre de septiembre. Los adeudos totales con los prestadores de servicios en Pemex Exploración y Producción suman 70 mil millones de pesos –del total de adeudos reconocido por la empresa–, de los cuales 47 mil son con afiliados de la Asociación Mexicana de Empresas de Servicios Petroleros.
La Secretaría de Hacienda ha estado tratando de sofocar el fuego del incumplimiento de Pemex, y según fuentes de la industria, comenzó a negociar con varios bancos para obtener un préstamo o factoraje para liquidar los adeudos del periodo junio-septiembre, que ascienden a 23 mil millones de pesos, pero aún no tiene respuesta. El director de Pemex, Octavio Romero Oropeza también buscó a bancos para ofrecerles bonos de deuda, sin éxito hasta el momento. Hay mucha desconfianza en los bancos sobre los bonos de Pemex, a los que prácticamente describen como basura, por las pérdidas que ha tenido la empresa –reducción de la plataforma petrolera y de ingresos–, y anteriores colocaciones de bonos de deuda han tenido un decreciente entusiasmo.
No ha ayudado la incompetencia financiera de Romero Oropeza, amigo e ideólogo de López Obrador por más de 30 años, que ha quedado exhibida en sus pláticas con bancos, según dijeron fuentes vinculadas a las instituciones. Pero su mala imagen como administrador no solo está fuera, sino dentro del gobierno. La impericia ha provocado una enorme molestia del secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, quien ha tenido que acatar las instrucciones del presidente, pese a sus objeciones, para inyectar recursos a Pemex sin importar de dónde los saque.
Tirar dinero a la empresa causó un hoyo fiscal de alrededor de 350 mil millones de pesos. Diferentes mecanismos para incrementar los ingresos en Pemex no han fructificado, que se combinó en los últimos días con las consecuencias de un error de programación financiera para el pago de la deuda soberana de México a principio de semana, que obligó a barrer las tesorerías del gobierno federal para enfrentar el vencimiento. La columnista de El Financiero, Lourdes Mendoza, registró el lunes el rumor en la industria de que para el pago de la deuda soberana, Hacienda había detenido todos los pagos a proveedores de Pemex, lo cual se fue confirmando en la prensa económica en estos días.
En Hacienda han hecho esfuerzos mayores por las exigencias de López Obrador para generarle liquidez a Pemex sin recurrir a la capitalización de mercado, como inyecciones directas de dinero y una reducción de impuestos. Tampoco ha funcionado. Lo que podría darle la vuelta a Pemex, de acuerdo con expertos, es que López Obrador diera un giro radical a su posición para que las compañías petroleras entraran a México a explorar, perforar y producir petróleo, como estaba previsto en la reforma energética del presidente Enrique Peña Nieto, que le habría dado los ingresos para estar operando sin dificultades ni provocar presiones sobre la economía nacional.
Esto, sin embargo, no va a pasar. El presidente seguirá instruyendo al secretario de Hacienda que inyecte recursos a Pemex, lo que irá dificultando cada vez más el manejo financiero, dejando como única posibilidad el endeudamiento, o el colapso.

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Desastre educativo

El bienestar prometido es una quimera, visto con optimismo, o una mentira, visto objetivamente. No puede haber bienestar y desarrollo sin educación, y sin ella, el futuro de la nación está condenado a la marginación. ¿Estamos hoy mejor que antes? ¿Estaremos mejor mañana que hoy? Las respuestas convencionales dirían sí y no. La realidad es distinta: no estamos mejor que antes y estaremos peor mañana que hoy. ¿La razón? La educación de las niñas y niños mexicanos viene en picada y no hay ninguna política pública en el horizonte que lo impida.
Al contrario, la anarquía educativa y el desinterés del presidente Andrés Manuel López Obrador por la preparación de los menores nos lleva, si no se corrige el rumbo, a una nación de analfabetas funcionales –¿cuántos ya existen hoy en día?– cuyo rol en la división internacional del trabajo será de mano de obra intensiva y no calificada; es decir, barata y remplazable. Vaya país el que heredará López Obrador.
El desorden y desinterés se ve en varios niveles. Por ejemplo, en la educación básica. Quienes cursan el sexto grado están utilizando los libros del modelo educativo que impulsó el secretario de Educación del gobierno anterior, Emilio Chuayffet. Quienes cursan del segundo al quinto grado, estudian sobre los textos de la llamada Nueva Escuela Mexicana que lanzó López Obrador el iniciar su gobierno. Pero quienes ingresaron al primer año de primaria, lo hacen en los nuevos libros de texto gratuito que presentó este año Marx Arriaga, director de Materiales Educativos de la SEP.
A la confusión de los maestros que han respondido dando clases de la manera como lo deseen o puedan mejor hacerlo, está el tema presupuestal. Aunque el presupuesto de este año proyectó un incremento en el gasto de 6.5% en términos reales comparado con 2022, en realidad fue 2% menor con respecto al monto aprobado en 2019, pese a que como estableció el Banco Mundial en 2020, citado en un análisis presupuestal del Instituto Mexicano para la Competitividad, “México tiene una crisis educativa en la que se estima que niñas, niños y jóvenes perdieron aprendizajes equivalentes a dos años de escolaridad”.
Poco le ha importado a López Obrador. El presupuesto para la comisión que hace la evaluación educativa y propone directrices para mejorarla, recibió este año 21% menos presupuesto que hace tres años. Desapareció las escuelas de tiempo completo, con lo cual se acabó la comida gratuita para miles de menores que tenían en la escuela su única alimentación balanceada, cuya deficiencia produce deterioro cognitivo, así como la educación dual, que abría la posibilidad para que estudiantes que no pudieran llevar a cabo una educación universitaria, pudieran tener una capacitación técnica que les permitiera acceder al mercado laboral.
Con estos antecedentes no debe extrañar el terrible resultado del estado de la educación en México que fue dado a conocer este miércoles por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que realizó la Prueba Pisa en sus 81 países miembros. Los resultados en general son descorazonadores en todos lados menos en un puñado de países asiáticos, encabezados por Singapur –cuyos resultados muestran que va de tres a cinco años adelante del resto de las naciones–, Corea del Sur, Hong Kong –que se mide separado de China–, Japón, Macao y Taiwán. En el resto de los países, explicó Irene Hu, analista de la OCDE, que tiene su sede en París, los resultados muestran una caída en el aprovechamiento de los estudiantes sin precedente en la historia de la Prueba Pisa.
Para los mexicanos, los resultados deberían no solo ser desalentadores, sino una vergüenza por la tragedia que esto significa al encadenar a millones de jóvenes a una sociedad no sustentable, porque no les dará las herramientas para competir en los mercados laborales, ni para salir de la pobreza, o para su desarrollo social y emocional. Los resultados de la Prueba Pisa, que se realizan cada tres años, colocó a México en el lugar 57 general –el promedio de las calificaciones en matemáticas, lectura y ciencia–, aunque en las tres especialidades tuvo un retroceso importante comparado con 2018.
La caída más aguda fue en matemáticas – 14 puntos entre 2018 y 2022–, que de acuerdo con la OCDE “revirtió la mayoría de los avances en el periodo 2003-2009”, y cuyas puntuaciones, agregó, se acercaron a las que se registraron entre 2003 y 2006. El conocimiento de la ciencia cayó 9 puntos en el mismo lapso, mientras que la lectura se redujo en 5 puntos. En el resultado final, México salió con cuatro años menos de escolaridad por detrás del promedio de la OCDE.
No hay ninguna nación industrializada en el hemisferio norte, donde se ubica México, que haya tenido un desempeño tan pobre y si el rendimiento se proyecta en el contexto de las cadenas de suministro e interdependencia económica y comercial en esa mitad del mundo, se puede vislumbrar lo que viene.
Comparado con 2012, la proporción de estudiantes con calificaciones inferiores al nivel básico de competencia cayó 11% en matemáticas y 5% en lectura. Casi ningún estudiante mexicano alcanzó el nivel 5 en matemáticas, que permite, por ejemplo, comparar la distancia de dos rutas alternativas o convertir precios a una moneda diferente, mientras que el promedio de comprensión de lectura en la OCDE fue de 7% y solo el 1% de los mexicanos alcanzaron ese nivel.
El desastre educativo en México es tangible, pero la palabrería presidencial llena la imaginación de millones en México sobre su porvenir, pese a que siempre hay algo, como hoy los resultados de la Prueba Pisa, que exige que abran los ojos. Sin embargo, vivimos en una apatía general que minimiza el daño estructural a la educación. Los resultados que presentó la OCDE tendrían que haber causado un escándalo nacional, pero no lo fue, cuando menos hasta ahora. En ese sentido, si el gobierno de López Obrador es responsable de esta calamidad, sociedad y medios seremos corresponsables del futuro que está construyendo.

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Clara Brugada a Palacio

Desde que en 1997 la izquierda ganó las elecciones para el gobierno en la Ciudad de México, no había existido percepción de vulnerabilidad ni la idea de que la oposición podría arrebatarle el poder como hasta ahora. La primera llamada de atención fue en 2021, cuando la coalición PAN-PRI-PRD, le quitó la mitad de las alcaldías a Morena, en la primera llamada de atención de que la supremacía del presidente Andrés Manuel López Obrador en la capital federal no estaba garantizada.
La posibilidad de que eso suceda se ha incrementado por fisuras dentro de Morena y la candidatura de Clara Brugada que tiene un alcance limitado, porque no entra en sectores de clase media agraviados por el presidente y la exjefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y por las divisiones internas en el partido en el poder.
Las encuestas electorales sobre preferencias en la Ciudad de México no son todavía electorales. Miden ruido y reflejan inercias. Las precampañas electorales comenzarán a cambiar esa dinámica y las encuestas empezarán a dar mejores fotografías del momento. Pero el que no registren las contradicciones internas en Morena, no significa que no existan, por lo que la preocupación de perder la capital llevó a López Obrador a meter las manos en la estrategia electoral. El presidente está convencido que Sheinbaum ganará la elección presidencial, pero no está tan seguro si Brugada conservará el poder en la sede de los poderes federales.
La semana pasada visitó Sheinbaum al presidente en Palacio Nacional, donde López Obrador le entregó los resultados de su equipo de asesores sobre lo que debía mantener durante su gobierno, que fue una reiteración de lo que previamente le había instruido hacer, como se explicó en este espacio el jueves. Sheinbaum llegó a Palacio acompañada de Brugada, pero aparentemente la candidata capitalina no platicó con el presidente. La reunión con López Obrador se agendó para esta semana, en donde el presidente, por lo que ha trascendido, se meterá personalmente a analizar con Brugada –y decirle qué hacer– para que le arrebate a la oposición las alcaldías Cuauhtémoc, Álvaro Obregón y Coyoacán, así como ampliar la base de izquierda en la históricamente panista Benito Juárez.
Las prioridades presidenciales parecen motivadas en asuntos personales, dos de ellas, y una, Cuauhtémoc, que si bien no es la alcaldía más grande en población, es el corazón político y comercial de la ciudad, donde se encuentran los asientos del Ejecutivo federal y capitalino, el del Poder Judicial y la mitad del Legislativo. Cuauhtémoc es también simbólico, por ser el enclave que perdieron Dolores Padierna y René Bejarano, muy cercanos a él durante más de dos décadas, que son parte de los operadores políticos de Sheinbaum en la capital, y quienes impulsaron a Brugada en el movimiento de vivienda. Álvaro Obregón está gobernada por Lía Limón, que les genera urticaria a López Obrador y Sheinbaum, y a quien el Congreso capitalino controlado por ellos, no le autorizó la licencia para contender por la jefatura de Gobierno. Coyoacán fue la demarcación en donde vivió por años el presidente, y el aspecto sentimental es tan fuerte que, por ejemplo, dejará un Tren Maya en honor a sus sueños.
La preocupación de López Obrador no está en Iztapalapa, de donde salió Brugada, ni en las alcaldías en el oriente de la capital, donde parece dar por descontada la victoria. Sin embargo, los focos rojos se encuentran en esa zona de la ciudad, consecuencia de la desaseada forma como eliminó el presidente a Omar García Harfuch, el delfín de Sheinbaum para la capital, de la candidatura para la gubernatura que ganó ampliamente en las encuestas. García Harfuch era un candidato bien visto por las clases medias, pero sobre todo por organizaciones sociales y sindicales en la capital que habían estado con el PAN en anteriores elecciones, pero cuya presencia los estaba animando a jugar con el exsecretario de Seguridad. Una vez desplazado, regresaron los apoyos al candidato del Frente Amplio, Santiago Taboada.
Taboada ha sido un dolor de cabeza para Morena. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México trató de vincularlo con el cártel inmobiliario de la Benito Juárez, donde fue alcalde, pero no ha podido encontrarle, hasta ahora, ninguna vinculación con delitos. El Congreso que saboteó a Limón, quiso bloquear hasta el último momento la licencia de Taboada, pero finalmente se destrabó la semana pasada. La respuesta de Taboada ha sido más dura de lo que se ha visto. Casi el 70 por ciento de su campaña hasta ahora ha sido en Iztapalapa, donde ha realizado mítines a dos calles de la casa de Brugada –en desafío simbólico–, y en su arranque, que efectuó en esa alcaldía, tuvo una asistencia de 23 mil personas en el granero de votos de Morena.
No hay datos certeros públicos de cómo le esta yendo a Brugada en la campaña, cuyo spot más escuchado comienza con la frase: “Yo nací en la Benito Juárez”. Es muy desafortunada, pero refleja lo que Taboada está escuchando en Iztapalapa, de acuerdo con crónicas periodísticas, donde la gente le pide que quiere vivir como “en la Benito Juárez”. Es el tipo de aspiracionismo que critica López Obrador, y que choca con el deseo legítimo de mejorar las condiciones de vida. El trabajo de Brugada en Iztapalapa ha sido reconocido, pero quizás no lo suficiente en el resto de la capital como para impulsarla en las percepciones del electorado.
¿Qué saldrá del encuentro de López Obrador con la candidata? Se verá en los ajustes a su campaña, en los mensajes, en los renovados ataques sobre los alcaldes de oposición en donde quiere que Morena recupere. El problema que tendrá Brugada –como lo tiene Sheinbaum–, es que la filosofía de la pauperización que en los hechos y los dichos propone el presidente, choca contra los deseos de los mexicanos. Quizás en el país, con tanto dinero inyectado en programas sociales, alcance a ocultar esa idea inversa de desarrollo, pero en la Ciudad de México, como se vio en 2021, es diferente.

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Las enaguas de Samuel

Nuevo León está viviendo una historia inconclusa y confusa, producto del salvajismo político del gobernador Samuel García, cuya cacería penal de opositores se le revirtió al colocarlo el PRI y el PAN, sus principales víctimas, en un dilema: la candidatura presidencial de Movimiento Ciudadano, sin el ángel guardián que quería de interino para que le cubriera las espaldas, porque la oposición le nombró otro, o para efectos prácticos, dejar de ser el esquirol del presidente Andrés Manuel López Obrador contra Xóchitl Gálvez, candidata del Frente Amplio. Qué tantos fantasmas debe tener en el clóset y qué tan grande su miedo a la justicia, que García prefirió quedarse en Nuevo León, claramente porque el costo de irse sin red de protección era más alto que el beneficio, y traicionar al presidente, era menos costoso que dejar la gubernatura.
Las cosas, como las pinta García, parecen diáfanas. Pero las cosas, por las acciones de García, son bastante turbias. El Congreso no lo reconoce como gobernador y dicen que el legal, es a quien eligieron como interino, Luis Enrique Orozco, al aducir que pidió licencia por seis meses no “hasta” seis meses, por lo cual tiene que seguir licenciado. Parece un exceso del Congreso estatal, que aunque no está clara la disposición, no hay nada que parece obligar a García a mantener su licencia hasta junio próximo. El Congreso quiere determinar lo que los electores votaron, atribuyéndose una facultad metaconstitucional.
No se ayuda García, quien no informó al Congreso, el órgano que procesa ese tipo de permisos, la cancelación de su licencia, y en su tropelía inagotable se ha metido, además, en el probable terreno del de-sacato, al haber publicado el mismo día en el Periódico Oficial, en dos ediciones, su licencia y la cancelación de la misma. La destrucción que hace García con cada acción ilegal deja en evidencia para todos que no buscaba la Presidencia, sino cumplir el rol que le asignaron desde el Zócalo de la Ciudad de México, ser esquirol y, como reconoció López Obrador la semana pasada, quitarle votos de la clase media a Gálvez.
La candidatura de García era una simulación para ayudarle a la candidata oficialista Claudia Sheinbaum, a ganar. En los nueve días de campaña, y todavía después de abandonar la contienda, García atacó a Gálvez. Estratégicamente no tenía sentido que el segundo lugar, en donde decía que se encontraba en las encuestas, peleara con quien afirmaba iba en tercero y con un frente en picada. En este espacio se describió el viernes el quid pro quo de esta operación electoral de Movimiento Ciudadano, y de una candidatura negociada por el fiscal general Alejandro Gertz Manero, quien, hay que agregar, tenía una Magnum .357 sobre la mesa cuando pactó con Delgado: la investigación sobre su presunta participación en el multimillonario fraude de Segalmex.
Para Delgado, quizás por ello, era fundamental cumplir entregándoles la candidatura de García –los coqueteos con Marcelo Ebrard solo sirvieron para alimentar la imaginación colectiva–, y ayudarle a blindarlo estos seis meses con un relevo a modo, su secretario general de Gobierno, Javier Navarro. Delgado viajó a Monterrey para negociar el interinato de García, pero ya vimos su fracaso. Gertz Manero también operó, enviando instrucciones a García –que acató– para que enfocara sus críticas en Claudio X. González, Gálvez y los ex presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón. Ninguno de los dos calcularon la profundidad del conflicto de García con el PRI y el PAN en Nuevo León. Tampoco parece haber existido información de calidad que advirtiera la magnitud del conflicto.
Durante las semanas previas al colapso de García, hubo varios intentos para comprar las voluntades de la oposición en el Congreso local, donde no tenía los números para que votaran por Navarro, uno de los autores intelectuales de la desaseada y desastrosa estrategia política y jurídica del gobernador, junto con su compadre y jefe de Oficina, Miguel Ángel (Mike) Flores, y su socio y actual secretario de Medio Ambiente, Félix Arratia. No pudieron cambiar la composición del Congreso, donde Movimiento Ciudadano era minoría.
Como no pudo comprar votos, García intentó una chicanada legal que no fructificó. Un interino que no fuera de su claque es peligroso para él. Orozco pudo ser su aliado o haber negociado con él, como en otros momentos de su gobierno, pero lo lastimó y sigue confrontándolo. Su visión es inmediatista y ciega en el largo alcance. En Monterrey dicen que es un arrogante que hasta ahora le habían salido las cosas bien.
Lo que está en el horizonte es un gobernador interino con todas las facultades constitucionales de un gobernador. Lo que potencialmente podría caer sobre García es una avalancha para ir despojando al Ejecutivo de poder. García sabe que esto vendrá, porque durante su gestión tuvo que detener la publicación en el Periódico Oficial de más de 30 decretos que modificaban la Ley Orgánica, y le quitaban facultades al Ejecutivo que repartían en el Legislativo y el Judicial, entre los que se encontraban la recaudación de impuestos, el manejo del agua y el drenaje en Monterrey, y el manejo de la basura.
El gobernador interino tiene en Nuevo León facultades más amplias que un encargado de despacho, y podría designar y remover a secretarios o iniciar investigaciones por presuntos delitos de García. En un clima tan enrarecido como el que se había acumulado en Nuevo León, no habría sido extraño que el gobernador que persiguió penalmente a priistas y panistas, a sus familias y allegados, fuera presa de los mismos abusos que cometió.
Lo que viene en Nuevo León, una potencia económica y relevante para la relocalización de inversiones, es incierto en todo salvo en una cosa, serán cuatro años muy difíciles para todos, porque las heridas son incurables y ya comenzó la larga noche de los cuchillos largos.

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Los secretos del fosfo

El envío de turbas de Movimiento Ciudadano para asaltar el Congreso y evitar la votación para escoger un gobernador interino en Nuevo León, fue el intento más primitivo e irracional que pudo haber hecho Samuel García para garantizar que dentro de seis meses, cuando pierda la elección presidencial, regrese por la puerta grande a su despacho en Monterrey y termine su mandato. Utilizar a la policía para blindar el Palacio de Gobierno e impedir que le notificaran oficialmente la designación de Luis Orozco como interino, fue un arrebato entendible, en parte, pero contradictorio. No pudo imponer a su secretario general de Gobierno a cargo del despacho, pero Orozco, que no debería de haber sido un problema para él, se convirtió en el reflejo de su berrinche y desesperación.
Orozco fue clave en la cruzada de García contra el encargado del despacho de la Fiscalía estatal, Pedro Arce, que tenía fuertes vínculos con el PRI, y a quien estaba empeñado en destituir, pero necesitaba que fuera el Congreso el que lo destituyera. A cambio de tener una buena relación con la oposición, ofreció nombrar a Orozco, el vicefiscal. El Congreso, con quien estaba enfrentado, no mordió el anzuelo y Orozco siguió coludido con García para perjudicar a Arce.
El gobernador interino fue criticado ayer en los medios porque fue quien encabezó la investigación del caso de la muerte de la joven Debanhi Escobar en abril del año pasado, que según la Fiscalía estatal, no se trató de un feminicidio sino de un accidente. La información privada a la que se tuvo acceso señala que Orozco y la fiscal de Feminicidios, Griselda Núñez, operaron para que no se resolviera el caso –finalmente lo atrajo la Fiscalía General de la República– para que en coordinación con García, perjudicaran a Arce y a quien lo protege, Adrián de la Garza, excandidato del PRI al gobierno de Nuevo León.
La historia secreta de García que lo llevó a la candidatura presidencial y a jugar como esquirol en la contienda para quitarle a Gálvez votos, comenzó en la campaña para la gubernatura de Nuevo León en 2021, donde el presidente Andrés Manuel López Obrador, se empeñó en escoger a Clara Luz Flores como candidata. Para allanarle el camino y frenar su caída, el presidente autorizó a finales de abril de 2021 que con la información de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), la Fiscalía General de la República abriera carpetas de investigación en contra de sus adversarios.
El 10 de mayo de ese año, tras filtrarse en la prensa la existencia de las carpetas de investigación, enviadas a Palacio Nacional por Santiago Nieto, en ese entonces director de la UIF, el entonces consejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer, se comunicó con el candidato de Movimiento Ciudadano para explicarle su situación legal. García, que no sabía nada de la indagación en su contra, le envió una carta con un propio, donde aseguraba que no estaba vinculado a ninguna red de lavadores de dinero, ni tampoco de factureros, que eran las imputaciones que había hecho Nieto.
Coincidentemente comenzó a mencionarse en la prensa que García, ante la debacle de Flores y la idea generalizada en Palacio Nacional que iba a perder la elección, podría ser un gobernador a modo para cuidar los intereses del presidente. López Obrador ordenó entonces suspender las investigaciones contra García, lo que le fue comunicado a Nieto por el entonces coordinador de asesores, Lázaro Cárdenas. Públicamente se mantuvo la narrativa de la investigación a los dos candidatos, aunque solo se enfocó en De la Garza, de quien las autoridades federales sospechan presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.
García ganó la gubernatura de Nuevo León y el 7 de julio de ese año, como gobernador electo, se reunió en Palacio Nacional con López Obrador. El encuentro comenzó tenso, porque no había empatía, pero el presidente le dijo que dejaran las rencillas atrás, porque eran propias de las campañas, y trabajaran juntos. Desde entonces parecía que tenían una muy buena relación, pero eran apariencias. Los dos se necesitaban, como mensaje a los empresarios regios y para obtener recursos de la Federación.
Mientras tanto, como lo hizo con varios aspirantes presidenciales, la Fiscalía General de la República colateralmente de sus funciones, empezó a dar seguimiento a las comunicaciones de los aspirantes a la Presidencia, pero Gertz Manero había eliminado a García hasta que en diciembre del año pasado, hizo públicas sus aspiraciones. Cuando el secretario particular del presidente, Alejandro Esquer, le transmitió la queja de López Obrador de que había sido prematuro dejarlo de monitorear, el fiscal justificó que su destape había sido producto de una circunstancia emocional, pero que no tenía ninguna posibilidad de ser candidato.
García fue creciendo en la exposición nacional, mientras López Obrador lo respaldaba desde la mañanera como un buen gobernador que estaba haciendo su trabajo. En julio pasado, el presidente lo mencionó a él y al alcalde de Monterrey, el también naranja Luis Donaldo Colosio, como potenciales candidatos a sucederlo. Colosio se deslindó rápidamente, pero García no. Se estaban creando las condiciones para lo que sucedió en septiembre entre Gertz Manero y su viejo amigo, Dante Delgado, presidente de Movimiento Ciudadano, que fue un acuerdo para impulsar al gobernador de Nuevo León como candidato a la Presidencia, en el entendido de que su participación sería para restarle votos a Gálvez.
El arranque de campaña fue promisorio para los objetivos de la estrategia, pero se atravesó el problema con el interinato en Nuevo León, al no haber podido comprar suficientes diputados en el Congreso local para facilitarle el regreso. Ante la violencia de las turbas de García en el Congreso neoleonés, el presidente lo defendió ayer y enmarcó el conflicto como una lucha por las clases medias. Inopinadamente, el presidente reveló la intención de tener como esquirol a García, dividir el voto de las clases medias que desprecia, pero que entiende que si van unidas contra su candidata, Claudia Sheinbaum podría tener una sorpresa en las elecciones.

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Diez instrucciones para Sheinbaum

Por más que la prensa intentó sacarle al presidente Andrés Manuel López Obrador detalles de la plática que sostuvo el martes por la mañana, con Claudia Sheinbaum, precandidata presidencial de la cuatroté, no fue posible arrancarle un dato relevante a quien presume que su pecho no es bodega. ¿Cómo estás de salud? ¿cómo está la familia? ¿qué tal Beatriz?, fueron las preguntas que, por las respuestas de López Obrador, fue de lo que trató la plática, solicitada por ella. ¿Hablaron de la precampaña? ¿de Marcelo Ebrard? ¿algo electoral? Nada de eso, respondió; se vieron como amigos y compañeros por 23 años.
Esa conversación personal, íntima, era más para acompañarla con un café un domingo que tenerla en horas de trabajo, y su respuesta es inverosímil, por su personalidad, por el contexto y por el mensaje que envió, al llegar ella a Palacio Nacional por una puerta donde no había nadie y salir por otra donde estaba la prensa. ¿Por qué se quería que se supiera? Lo sabrá el presidente y quizás ella, pero detonaron conversación y mucha especulación. Sin embargo, lo único inédito es que se publicitó el encuentro, a diferencia de otros momentos electorales en el pasado donde el presidente se reunía discretamente con su candidato presidencial.
En cualquier caso, puede descartarse que haya sido por alguna inconformidad del presidente con Sheinbaum, por la simple razón que cada vez que ha estado molesto por una acción o decisión de ella, le manda decir con sus colaboradores, no la manda llamar a Palacio a media mañana. Pero la principal es que lo que tenía que decirle, ya está dicho; los lineamientos establecidos por él, ya están comprometidos por ella. Sheinbaum es la candidata de la continuidad y a quien le rinde tributo es a su mentor, como deja plasmado en su documental biográfico estrenado el martes mismo, que empieza y termina con López Obrador.
Es un misterio qué era lo que Sheinbaum quería plantearle, y lo único que es raro, porque está fuera de lugar, es que en la mañanera de ayer López Obrador recordara el instrumento de revocación de mandato, la espada de Damocles que tendrá sobre ella, si su gobierno –de ganar la elección– no consolida su proyecto, o si se aleja de los criterios generales que quiere que su sucesora siga.
Las instrucciones para Sheinbaum fueron redactadas cuatro meses antes de que fuera ungida como coordinadora de los comités de defensa de la cuatroté, y contiene 10 puntos, comenzando por su compromiso de combatir “frontalmente” la corrupción. Esa fue la promesa electoral de López Obrador, que ha sido muy exitosa de labia, pero un fracaso en los hechos.
El segundo compromiso es fundamental para el legado de López Obrador, concluir e impulsar sus megaproyectos. Nada sería más dañino en términos de imagen que Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto “Felipe Ángeles” acabaran como elefantes blancos y símbolo de la incapacidad de gestión presidencial. El aeropuerto va volando hacia ese destino, porque la falta de conectividad terrestre lo hace inviable comercialmente, pese a las presiones y amenazas que han recibido las aerolíneas para mudar sus operaciones a Santa Lucía. Dos Bocas y el Tren Maya probablemente no se terminarán de construir cuando finalice el sexenio, pero lo más importante, y de ahí el énfasis al impulso, es que cumplan lo ofrecido: volver autosuficiente a México en gasolinas, y que se detone el turismo en el sur del país.
El tercer y cuarto punto, de acuerdo con un borrador de los compromisos exigidos por López Obrador, es que el próximo gabinete mantenga el criterio de equidad de género, que está intrínsicamente vinculado con la petición de que se reconozca la trayectoria de los actuales miembros del gabinete para que continúen en sus cargos, que tiene como principales destinatarias a las secretarias de Gobernación, Luisa María Alcalde; Relaciones Exteriores, Alicia Bárcena; y Economía, Raquel Buenrostro.
Los puntos 5, 6 y 7 tienen que ver con la expansión de la militarización en el país, mediante el fortalecimiento del Ejército, la Guardia Nacional y la Marina, que no se detalla en el documento, pero que no se puede entender si no es con incrementos presupuestales y una mayor participación militar en la vida civil del país. Será el punto más delicado, pues existe una desconfianza recíproca entre la precandidata y las Fuerzas Armadas, y su carta fuerte en seguridad, Omar García Harfuch, no goza de la confianza en Lomas de Sotelo, como sí la tiene entre los marinos.
La política de austeridad es una de las directrices que deja López Obrador en el punto 8 de los compromisos, pero con un énfasis en el documento en mayores recortes presupuestales a los medios masivos (radio y televisión) y tradicionales (impresos) de comunicación, que son uno de sus tres enemigos públicos más importantes. Esta política tiene que ir acompañada, como establece el punto 9, en la creación de nuevas figuras blogueras (los que inventó el vocero presidencial Jesús Ramírez Cuevas, son disfuncionales, están quemados como fusibles y, además, metidos en una corrupción que probablemente salga a la luz pública), y financiamiento de sitios alternativos en Internet, como se ha hecho en esta administración apoyando a algunos que son muy profesionales, que no hacen propaganda y ofrecen una visión distinta y relevante.
El último punto es una quimera. López Obrador quiere que sobreviva la mañanera para lo que define como mantener comunicada e informada a la sociedad, que en la práctica ha sido un instrumento de propaganda y polarización. Si los anteriores puntos son factibles, el 10 parece imposible. La mañanera es un traje hecho a la medida por y para López Obrador. Nadie entre quienes buscan la Presidencia o en el paisaje político nacional, es capaz de actuar con la cara dura del presidente y la piel llena de grasa para que todo le resbale. Pero esa es otra discusión.
Lo que queda es el decálogo de instrucciones para Sheinbaum y la amenaza implícita: si no acata, revocación de mandato.

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La extraña captura de El Nini

El miércoles 22 de noviembre, comandos del Ejército capturaron en Culiacán a Néstor Isidro Pérez Salas, El Nini, con fines de extradición a Estados Unidos, donde lo quieren por ser uno de los responsables del trasiego de fentanilo a ese país. El Nini no tenía ninguna investigación abierta en México, pero en Estados Unidos, identificado como el jefe de seguridad de Los Chapitos, los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, lo consideraban un objetivo prioritario. Las autoridades mexicanas, según difundieron los medios en Culiacán, afirmaron que había sido una detención sin disparar un solo tiro. Eso fue mentira. El operativo no fue blanco, pero la desinformación solo alimentó las dudas si en lugar de captura, fue una entrega. La línea de tiempo que condujo a la captura deja cabos sueltos:
* Una semana antes, el martes 14, pese a las recomendaciones de su equipo, el presidente Andrés Manuel López Obrador viajó por sexta ocasión a Badiraguato, en los suburbios de Culiacán, donde la primera ocasión que lo visitó, en marzo de 2020, saludó a la madre de El Chapo Guzmán y le ofreció que haría lo posible porque su hijo regresara a México. Oficialmente, acudió a esa ciudad para inaugurar una carretera a Guadalupe y Calvo, Chihuahua, dentro de la región serrana bajo control absoluto del Cártel de Sinaloa. ¿Por qué la insistencia de López Obrador de ir a Badiraguato?
* El viernes 17, López Obrador se reunió en San Francisco con el presidente Joe Biden, donde discutieron la forma como podrían ampliar la cooperación para combatir el narcotráfico, a las organizaciones criminales trasnacionales que manejan las redes de drogas, armas y personas en los dos países, e intensificar el intercambio de información de inteligencia. ¿Por qué los detalles de las pláticas y el compromiso, fue expurgado del comunicado mexicano?
* El martes 21 Biden sostuvo una reunión en la Casa Blanca con su equipo de seguridad nacional e interna para analizar cómo podrían llevar a cabo los esfuerzos sobre la base de los compromisos adquiridos por López Obrador para enfrentar la crisis de las drogas sintéticas y que, como también ofreció el presidente chino, Xi Jinping, atacar el tráfico del fentanilo ilegal.
Ese mismo día, por la tarde, vecinos en la zona donde fue capturado Pérez Salas, observaron un desplazamiento inusual de vehículos del Ejército. También notaron que esa presencia no alteró el estado de cosas en esos barrios de la capital sinaloense. Previo a la detención comenzó el operativo terrestre (del Ejército) y aéreo (de la Marina) en dos zonas específicas en Culiacán, pero las autoridades informaron a través de medios de comunicación locales, que la gente podía continuar con su vida cotidiana y que solo no se acercaran a las colonias donde estaban las acciones militares, como si fuera una acción ordinaria.
La captura del Nini fue realizada a las 13:27 horas, horario similar al del primer intento de captura de Ovidio Guzmán López el 17 de octubre de 2019, que pareció diseñado para fracasar. En aquella ocasión, el factor sorpresa no existió porque Palacio Nacional no autorizó el plan de extracción. En el caso de El Nini, el factor sorpresa no existía desde el día anterior, con el evidente incremento de la presencia del Ejército. En 2019, los comandos de sicarios de Los Chapitos, comandados por El Nini, forzaron al presidente, por recomendación del entonces secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, a ordenar la liberación de Guzmán López porque narcomilicias superaron ampliamente a las fuerzas federales. La semana pasada, la reacción de los sicarios fue limitada. Solo en una zona de Culiacán los contuvieron a balazos y al llegar a la casa donde se encontraba, dispararon contra halcones y francotiradores.
¿Por qué fue tan diferente la reacción de los ejércitos de Los Chapitos en 2019 y la semana pasada? No fue porque haya sido El Nini el capturado y no pudo operar su rescate. Las organizaciones criminales no reaccionan con pasividad ante la detención de sus jefes, sino con gran violencia, como fue en el caso de Guzmán López y se ha documentado cada vez que es aprehendido uno de sus líderes militares. Por eso los planes de extracción siempre suponen que habrá intento de rescate y se preparan para la contingencia. En la operación de la semana pasada, contra el convoy que extrajo al Nini no hubo nada de eso.
Dos días después de la captura, Raúl Aragón Loya, un abogado vinculado a la familia Le Baron, que conoce las cañerías en las regiones controladas por el Cártel de Sinaloa y conocido por sus análisis políticos y económicos en las redes sociales, publicó en X que la detención del Nini había sido ordenada por Los Chapitos porque “se les estaba saliendo de control y era peligroso para ellos”. Lo planteado por Aragón Loya coincide con una versión dentro de la Fiscalía General de que Los Chapitos sacrificaron a Pérez Salas y a través de diversos canales en Badiraguato, se lo hicieron saber al gobierno.
Los probables motivos encuentran sus antecedentes en los primeros días de octubre, cuando 11 mantas firmadas por ellos aparecieron en Culiacán, Mazatlán y Guamúchil, en donde se deslindaban de su participación en el negocio ilegal del fentanilo y, al mismo tiempo, “prohibían” la venta, fabricación, transporte y negocio vinculado con esa droga. El mensaje coincidió con el giro radical de López Obrador en el combate al fentanilo bajo presión del gobierno estadunidense, pública y privada, que lo obligó a detener y extraditar a Guzmán López.
Los Chapitos aparentemente sí han reculado en el negocio del fentanilo, de la misma forma como el gobierno de López Obrador, que los había mantenido en una burbuja, se vio obligado a actuar contra ellos. La Marina no ha dejado de mantener operativos en Culiacán este año, que reforzó el mensaje de Palacio Nacional que el status quo había cambiado. Qué tanto podría aliviar la presión a esa rama del Cártel de Sinaloa la presunta entrega del Nini, muy poco. Estados Unidos va sobre Los Chapitos y aquí no podrán impedirlo.

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¿Por qué quiere perder Xóchitl?

 

Arrancaron las pre-campañas presidenciales y si los primeros días dibujan lo que vendrá, Xóchitl Gálvez será derrotada por Claudia Sheinbaum, y la balandronada de Samuel García de que su lucha no es contra la candidata del Frente Amplio, sino con la morenista, se convertirá en realidad. Gálvez no va a cambiar ese destino a menos de que decida liberarse de la mediocridad partidocrática que la está matando como una contendiente competitiva.
Sometida por los partidos del Frente, Gálvez se está traicionando a sí misma y a todos aquellos que la vieron como una esperanza para arrebatarle a Morena el poder. Aquella figura fresca, espontánea, disruptiva y echada para adelante, se ha apagado. Está convertida en una política convencional, reflejo de los partidos que la están sofocando. En lugar de haber aprovechado la fuerza de su personalidad que animó a la sociedad civil, se mimetizó, apagando su color, que dio paso a la grisura.
Los partidos la han abandonado. No de palabra, sino en los hechos. Están más preocupados en el reparto de candidaturas para las cámaras, que en enfocarse en construir una candidatura presidencial con fuerza. No debería de extrañarle a nadie. En uno de los momentos más complejos y determinantes del país, tenemos una de las clases políticas más anodinas e irrelevantes en décadas, sintetizadas en su coordinador de campaña, Santiago Creel, que nunca ganó una elección, que ha probado su incompetencia como operador a lo largo de los años y que se mantiene casi como el jefe clandestino de una candidata que está llevando al matadero.
Gálvez ha sido chupada por la mezquindad y lo fútil de las dirigencias de los partidos del Frente. Perdió el histrionismo, como cuando se vistió de dinosaurio en una plenaria en el Senado, y abandonó el dramatismo, como cuando llegó a Palacio Nacional en bicicleta para exigirle al presidente Andrés Manuel López Obrador el derecho de réplica por unas afirmaciones mentirosas sobre ella. La reacción del presidente fue lo que la propulsó a la candidatura del Frente, que aprovechó sus reflejos rápidos para responderle a López Obrador cada vez que la atacaba, y utilizar la tecnología para producir videos que parecía que estábamos ante un fenómeno político-popular con alas de Pegaso.
El impulso duró poco. Ni ella evolucionó en su mensaje, sin perder el perfil innovador, ni fue acompañada por los partidos en su apoyo y en el de la candidatura. Se empantanó y viene, como dice el candidato de Movimiento Ciudadano, en caída –y sin rumbo claro. Mal comenzó la pre-campaña con una marcha en Coyuca de Benítez, uno de los municipios de Guerrero más afectados por el huracán Otis, que le generó críticas de oportunista. Era de esperarse que eso dijeran de esa visita, que desaprovechó con un discurso desabrido.
Esta Xóchitl no es lo que fue. O lo que fue, no era en realidad lo que es. Su pasión se esfumó, y ha dejado ver en reuniones privadas que piensa más en que no le alcanzará para ganar, que en proyectar su ambición para ganar. Se ve desconcentrada, como cuando al responder una pregunta sobre a quién no invitaría jamás a su gabinete, mencionó a Alito, el sobrenombre de Alejandro Moreno, líder del PRI, uno de los miembros del triunvirato frentista. Se aprecia nerviosa, como cuando se quedó sin teleprónter en el Ángel de la Independencia y no tuvo la capacidad para improvisar. Proyecta abandono y mala asesorada, como en su primer spot de la precampaña, donde repite su biografía. Le está pasando lo que hizo el PAN con Josefina Vázquez Mota en 2012, y lo que hizo el PRI con José Antonio Meade en 2018, cuando los dejaron solos y fueron aplastados.
Xóchitl Gálvez no está existiendo para la partidocracia del Frente. Sus discusiones son las renuncias de sus militantes porque no fueron candidatos a lo que sea, y los enfrentamientos en la pugna por puestos a elección popular. Su pre-campaña inició en medio de esas turbulencias internas, donde lo más importante son estas precisamente, y no el comienzo del asalto al poder.
¿Por qué quiere perder Xóchitl? Probablemente no es esa su voluntad, pero eso es lo que está haciendo subconscientemente. ¿Tiene solución? Nadie puede saber si para ganar, porque no solo depende de ella, pero sí para no ser la candidata que perdió antes de empezar a competir, ni la figura que se vio como la única posible de acabar con Goliat, que resultó estar inflada con helio. El desvanecimiento ha hecho que en las redes sociales y en algunos círculos políticos se sugiera, a veces con urgencia, que el Frente cambie de candidata—al fin y al cabo el registro ante el INE será en la tercera semana de febrero. Sin embargo, ¿tendría la oposición una mejor oferta para el electorado?
Xóchitl Gálvez, que se coló a la candidatura presidencial por la puerta de atrás, es lo mejor que tienen los partidos para competir contra Sheinbaum y López Obrador, que aunque no estará en la boleta, será el jefe real de la campaña morenista. Pero no será con el cartabón de los partidos y sus desprestigiados líderes. Tampoco será vaciando a Gálvez de lo mejor que tenía y obligándola a ser rígida, solemne y soporífera. Como decía Chesterton, lo serio no está reñido con lo divertido, sino con lo aburrido. Gálvez era jovial; los partidos no. Gálvez carece de densidad; a los partidos les sobra. Ella era impredecible; los partidos son predictibles.
En este dilema, necesita quitarse las amarras de los partidos, y los partidos aceptar que las nuevas reglas del juego no las impone ella sino el electorado. Gálvez necesita regresar al histrionismo y los partidos acompañarla. Le urge recuperar su temeridad y los líderes de los partidos quitarse los miedos a López Obrador. Ambos requieren invertir los papeles y regresar el ayer a hoy, si quieren sumar votos presidenciales. Si no es así, ahórrense farsas, no hagan perder el tiempo a los ciudadanos, y saluden dócilmente el inicio del reino de Morena.

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