Se retracta Álvarez Heredia de que el abogado y dirigente de Morena en Tixtla era un sicario
El arma sembrada a Eduardo Catarino Dircio no fue integrada a la carpeta de investigación, dice el vicefiscal, José Antonio Bonilla
Anarsis Pacheco Pólito
Chilpancingo
El vocero en materia de Seguridad, Roberto Álvarez Heredia, junto al vicefiscal, José Antonio Bonilla, se retractó de que el abogado y dirigente de Morena en Tixtla, Eduardo Catarino Dircio era un sicario, además informaron que el arma AK-47 sembrada a la víctima no fue considerada en la carpeta de investigación.
Este domingo el secretario del Colegio de Abogados de Tixtla y dirigente municipal de Morena, Eduardo Catarino Dircio fue asesinado en su casa según sus familiares por policías estatales cuando se refugiaba junto con su esposa, hija y sobrino de la balacera que ocurrió en la transitada avenida Insurgentes, en el barrio Santuario. También los familiares acusaron que los agentes le sembraron un arma AK-47.
Ante los hechos en Tixtla, que además dejó un sicario muerto y dos policías estatales heridos, el gobernador Héctor Astudillo Flores convocó a una reunión del Grupo de Coordinación Guerrero (GCG) para abordar los hechos.
Al término del encuentro que se llevó a cabo en la sala de gabinete de Casa Guerrero, a la que asistieron el fiscal general del estado, Javier Olea Peláez y el secretario de Seguridad Pública, Pedro Almazán Cervantes, se distribuyó un boletín oficial y el vocero y el vicefiscal ofrecieron una conferencia de prensa.
En la conferencia, Roberto Álvarez Heredia se retractó de su señalamiento hacia Catarino Dircio de que era sicario, argumentó que nunca se reveló su identidad y que además se manejó como presuntos.
“A la Fiscalía General del Estado (FGE) le corresponde realizar una investigación exhaustiva para determinar si hubiese responsabilidades que sean atendidas y actuar en consecuencia”, dijo el vocero.
En tanto, José Antonio Bonilla dijo que entre las armas usadas en el enfrentamiento y presentadas por los agentes de la Policía Estatal, el AK-47 no está relacionada en ningún momento con el asesinato de Eduardo Catarino.
“Fueron encontrados dos fusiles en relación a los hechos, pero en los actos de investigación no se refiere que haya sido relacionado con el abogado uno de los fusiles”, agregó.
De los señalamientos de la familia del abogado que narró cómo le colocaron el arma luego de dejar solo unos minutos el cadáver, el vicefiscal respondió que dicha “manifestación no obra dentro de la carpeta de investigación en ninguna parte”.
“Debemos ser cuidadosos y apegarnos a los datos de investigación que obran en la carpeta y realizar las diligencias periciales para poder determinar a quién correspondía ese fusil”, agregó.
Al vicefiscal se le preguntó quién mató a Catarino Dircio, respondió que apenas se están juntando los datos y la evidencia para determinar qué proyectil fue el que lesionó al abogado.
El funcionario de la Fiscalía justificó que no se pudo hacer la necropsia de ley al abogado y determinar la causa de su muerte, porque los familiares no lo permitieron.
De si se investigará la evidencia del arma sembrada a Catarino Dircio, comentó que todos los hechos registrados serán investigados.
La versión oficial del asesinato del dirigente político
El vicefiscal, José Antonio Bonilla narró la versión oficial de los hechos ocurridos este domingo en la avenida Insurgentes en la cabecera municipal de Tixtla, cuando fue asesinado Eduardo Catarino Dircio en su casa.
Explicó que a la una de la tarde la Policía Estatal recibió mediante el C-4 de Chilpancingo el reporte de un ataque armado que dejo dos jóvenes heridos en el sitio de camionetas de transporte público de la ruta Chilpancingo-Chilapa, ubicado cerca del mercado Baltazar R. Leyva Mancilla en la capital, al llegar al lugar los agentes de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), se percataron de que los agresores huyeron a bordo de un carro blanco que después de una persecución lograron alcanzarlo en la avenida principal de la ciudad de Tixtla.
Sin embargo, dijo que en la avenida Insurgentes los policías perdieron de vista el vehículo que perseguían, y cinco hombres a bordo de una camioneta Pick up Ranger azul metálico sin placas de circulación los atacaron a balazos con armas de grueso calibre.
Aseguró uno de los integrantes del grupo delictivo lanzó una granada de fragmentación, y impactó el vehículo en el portón de una casa contigua al domicilio del abogado.
Afirmó que los delincuentes abrieron las puertas del vehículo y se dispersaron hacia diferentes casas, entre ellos a la del abogado, mientras seguía el enfrentamiento.
Manifestó que el enfrentamiento entre civiles y policías dejó dos personas muertas uno de ellos el abogado y un miembro de un grupo delictivo, así como dos policías estatales lesionados de gravedad.
Agregó que posteriormente fue detenido un hombre que tenía un fusil AR-15 y varios cartuchos útiles calibre .223 milímetros, quien después del enfrentamiento intentaba darse a la fuga en un automóvil Sentra gris, y que minutos antes le había robado con violencia a un ciudadano de Tixtla.
El vicefical manifestó que los policías del estado no cuentan en su armamento con fusiles AK-47, también denominados cuerno de chivos, como se difundió.
No disparen, soy el casero, estoy con mi familia, suplicó Eduardo Catarino al policía que lo mató, dice su esposa
En el enfrentamiento del domingo en Tixtla entre agentes y sicarios, uno de éstos entró a la casa del abogado y líder de Morena, los uniformados lo siguieron pero se escapó y dispararon al dueño de la casa, narró Hilda Vázquez Cipriano. Cuando estaba herido no permitieron los estatales que paramédicos lo auxiliaran, denuncia
Zacarías Cervantes
Chilpancingo
Antes de que recibiera el balazo que lo hirió y después le quitó la vida, el abogado y líder de Morena, Eduardo Catarino Dircio pidió piedad bocabajo tirado en el piso: “No disparen, soy el casero, estoy con mi familia”, pero un policía ignoró su súplica y ordenó, “¡Mátenlo al hijo de su puta madre!”.
La mañana de este lunes en conferencia de prensa afuera de su casa en Tixtla, la viuda de Catarino Dircio, Hilda Vázquez Cipriano contó que su esposo todavía tardó varios minutos vivo pidiendo ayuda, pero los policías no la dejaron acercarse para auxiliarlo, “si te acercas disparamos”, le advirtió uno.
Dijo que afuera, en la calle Insurgentes, militares y policías estatales impidieron el paso de una ambulancia para que los paramédicos lo atendieran.
Explicó que luego de que murió su esposo, uno de los policías le dijo que su suegra la llamaba en la planta baja de la casa, fue a ver qué quería y cuando regresó, vio cuando le estaban tomando fotografías a Eduardo ya con un arma larga en las piernas, ella intentó quitársela, pero la amenazaron.
Eduardo Catarino vivía en el número 61 de la transitada avenida Insurgentes, entrada principal de la cabecera municipal de Tixtla, y salida a la carretera hacia Chilpancingo.
La casa de Eduardo es de dos niveles, la planta baja está construida de tabique y concreto, la planta alta es de hojas de triplay y techo de lámina galvanizada. A 1:30 de la tarde del domingo entró a esta casa uno de los delincuentes que era perseguido por la Policía Estatal desde Chilpancingo.
Los sicarios quienes se dispersaron en varias casas vecinas entraron violentamente impactando la camioneta Ford Ranger azul en la que escapaban en el portón de la iglesia La Luz del Mundo, ubicada en la calle Alejandro Sánchez Castro, del patio de este terreno uno de ellos saltó una barda, atravesó un terreno baldío y luego brincó una malla para entrar a la casa de Eduardo. Hasta allí lo siguieron los policías, algunos entraron por la misma ruta del delincuente y otros derribaron su portón en la avenida Insurgentes con una patrulla.
A esa hora Eduardo Catarino cortaba la maleza de su patio en la parte posterior de su casa, su esposa Hilda Vázquez estaba en la planta alta donde viven, pues en la planta baja habita la mamá de Eduardo, una mujer de la tercera edad que se mueve en silla de ruedas.
Hilda contó que estaba con su hija de 11 años y un sobrino de 12, apenas habían terminado de almorzar. Su hija y su sobrino veían una película en la computadora en una habitación contigua y ella se colocó un gorro para ayudar a su esposo cuando oyó los primeros disparos y decidió quedarse en la cocina con su hija y su sobrino.
–Son cohetes–, trató de calmarla su sobrino.
–No, son balazos– respondió ella.
Narró que los primeros balazos se escucharon en la calle y mientras pasaban los minutos se oían cada vez más cercanos.
Hilda corrió con su hija y su sobrino a refugiarse a un cuarto ante el temor de ser heridos por las balas.
Dijo que al poco rato Eduardo subió al segundo piso donde estaban ella, su hija y su sobrino, y cuando los vio les dijo, “allí estense porque hay una balacera”. Después le dijo a su mujer, “acaba de entrar un hombre, se metió a la sala donde está mi mamá, es uno de los malos”, luego cerró la puerta del cuarto donde estaban para protegerlos.
Hilda observó la desesperación de Eduardo porque su madre estaba en la planta baja, dijo que cuando intentó bajar a verla le suplicó, “por favor no salgas”, pero el insistió que su madre estaba sola y temerosa, a pesar de que ella le volvió a suplicar que se metiera.
Manifestó que desde la habitación donde se encontraban oían los destrozos en la planta baja y la balacera que se intensificaba en la calle. Hilda, su hija y su sobrino rezaron, mientras después de unos minutos se dejaron de escuchar los balazos y ella se asomó en una ventana, desde allí vio que la casa vecina estaba llena de policías, estaban en el patio y apuntaban en todas direcciones.
Asustada jaló a su esposo hacia la habitación y se tiró al piso con su hija y su sobrino, encima se echaron un colchón, “pero mi mamá, mi mamá, Hilda”, le decía Eduardo, pero ella le insistió, “si, pero por favor, no salgas”. Entonces oyeron el tropel de los policías en el patio, luego en la planta baja de la casa.
Vázquez Cipriano aseguró que no sabe por dónde entraron los policías a su casa, si por el patio o por la puerta principal, sólo escuchó el alboroto y la irrupción violenta cuando los agentes se metieron al baño y destrozaron todo, después oyeron balazos adentro de la casa, y luego gritos, “allí está tírenle”.
Escuchó que los policías gritaban que saliera y supone que le hablaban al sicario que había entrado a su casa, al final, no supo cómo se escapó entre los policías y militares, “yo no sé cómo se les pudo escapar de sus narices”.
Vázquez Cipriano consideró que como a los policías se les escapó el delincuente tenían que justificar su trabajo, “tenían que matar a alguien para presentarlo como el maloso”.
Hilda oyó que un policía gritó, “allá está una puerta, allá va a estar escondido” y escuchó los pasos de los policías que subían a la planta alta hacia donde estaban por las escaleras de metal gritando, “abran, abran esa puerta hijos de su puta madre”. Vio que Eduardo iba a abrir la puerta, aunque ella le pidió que no lo hiciera, pero los policías seguían gritando, “abran si no vamos a balacearla”.
Eduardo le dijo a su esposa que abriría porque si no matarían a toda su familia, Hilda vio cómo se tiró al piso para salir del cuarto donde estaban y abrió la puerta de la sala contigua, mientras anunció a los policías, “yo soy el casero, por favor, está aquí mi familia. Voy abrir la puerta, pero soy el casero”.
Catarino Dircio se enderezó para abrir la puerta, pero luego se volvió a tirar al piso bocabajo para que no le dispararan, pero los policías entraron gritando, “¡mátenlo al hijo de su puta madre!”.
Hilda vio todo desde las rendijas de la habitación donde estaba, dijo que subieron muchos policías y que los tres primeros no le dispararon, incluso dijeron, “él es el casero, no disparen”. Sin embargo, atrás subían más agentes gritando, “denle al hijo de su puta madre”, entre éstos iba el policía que le disparó, “fue un despiadado, un desgraciado”, acusó con rabia la mujer.
En la pequeña sala, su marido seguía implorando bocabajo, pidiendo piedad, “aquí está mi familia, yo soy el casero”, “pero el maldito policía lo mató a sangre fría. Yo lo vi, cómo le disparó cuando él estaba pidiendo piedad, tirado bocabajo, le disparó cruelmente ese maldito”, narró Vázquez Cipriano.
Contó que el dirigente municipal de Morena estaba vivo y ella se hincó mirando desde la puerta de la habitación contigua suplicándoles, “yo soy la esposa, acaban de matar a un hombre inocente”, cuando la vieron, los policías entraron a la otra habitación apuntándole con sus armas, revisaron todo, abrieron un ropero, mientras uno gritaba, “vamos a darles a estos hijos de su puta madre”, otro policía, vio el colchón y les ordenó, “levanten ese colchón allí está el hijo de la chingada”, pero era la hija y el sobrino de Hilda, la hija de Eduardo suplicó, “somos unos niños, no nos maten por piedad”.
Hilda Vázquez comentó que cuando los policías dejaron a los niños, todavía hincada les pidió que le permitieran ver a su esposo quien pedía ayuda, “movía la mano, pidiendo ayuda, pero los policías no me dejaron, nos apuntaron y nos dijeron, ‘no se muevan de aquí porque les vamos a disparar’”.
Manifestó que pidió varias veces que llamaran una ambulancia para que Eduardo fuera trasladado a un hospital, pero los policías la ignoraron, “sólo bajaban a la planta baja y volvían a subir para revisar todo”.
Detalló que vía telefónica pidió a sus hermanos y cuñados que mandaran una ambulancia, la cual llegó minutos después, pero los policías y militares tenían un cerco en la calle Insurgentes y no le permitieron pasar, sólo dieron paso a trabajadores de Protección Civil quienes no llevaban nada para auxiliarlo.
Hilda reconoció a Félix, un vecino, quien acompañó a los trabajadores de Protección Civil, sintió alivio y valor, y salió corriendo de la habitación para abrazar a su esposo quien ya había muerto.
“Murió sin que yo pudiera si quiera ir a tocarle la mano. Murió tirado cerca de la puerta bocabajo. ¡Malditos policías!, me lo mataron en un ratito”, reprochó con coraje.
Manifestó que un policía que subió de la planta baja le preguntó, “¿qué es para usted la señora que está allá abajo?”, es mi suegra respondió, y el agente le ordenó que fuera a verla porque le estaba llamando, ella no quería bajar porque dejaría solos a su hija y a su sobrino quienes lloraban, pero el policía le insistió, “baje, yo los voy a ver”.
Contó que bajó sólo para avisarle a su suegra que habían matado a su hijo y cuando regresó, los policías ya habían puesto un arma larga encima de las piernas de Eduardo y otro le tomaba fotografías, ella les reclamó por qué le pusieron el arma, “son unos cobardes, vinieron a matar a un hombre inocente a su casa”.
Hilda Vázquez les exigió que le quitaran el arma, pero le dijeron que nadie la había puesto, y otro de los agentes le dijo que tenían que mandar un reporte. La viuda agregó que cuando cubrió el cuerpo con una sábana intentó quitarle el rifle, pero un policía le apuntó y le ordenó, “no la mueva porque le voy a disparar”, y ella sólo lo cubrió.
Dijo que cuando los policías se bajaron, uno de ellos se quedó cuidando el cadáver, a quien le pidió que por piedad le quitara el arma porque cuando le dispararon no la tenía, pero se negó con el argumento de que él no la había puesto.
“Fue uno de ellos, yo lo vi con mis propios ojos”, acusó Hilda, indicó que cuando subieron los trabajadores de Protección Civil y su vecino Félix vieron que no tenía ninguna arma.
“Mi esposo estaba limpio, mi esposo es inocente, quiero justicia para que ya no se siga repitiendo esto. Ya no le hagan más daño a gente inocente. Ya no. Quiero justicia, por favor”, suplicó frente a los reporteros.
La viuda del abogado Eduardo Catarino Dircio consideró a quienes dicen que su esposo era un sicario unos sinvergüenzas e ignorantes, porque insistió que quieren culpar a gente inocente.
Exigió al gobernador Héctor Astudillo Flores que haga bien su trabajo, “que ya no forme parte de esa delincuencia”, para que ya no haya gente inocente muerta y si no puede que renuncie.
Al inicio de la conferencia, Hilda Vázquez explicó que decidió hablar a pesar de las condiciones en las que se encuentra, porque ya no quiere que se cometan más injusticias, que ya no se haga daño a más gente inocente.
Exigió que se limpie el nombre de su esposo, quien fue señalado en un boletín de prensa de sicario por el vocero en materia de seguridad, Roberto Álvarez Heredia.