Se ve… se siente… la Presidenta ¡presente!

Aunque no figura clasificado o catalogado como oficio, empleo o tarea formal, existe en México la muy socorrida actividad de “amarranavajas” referida a quienes realizan esa tarea en las peleas de gallos, en donde el dueño de cada uno de los contendientes se encarga, precisamente, de atar la navaja a su respectiva ave para la contienda. En la politiquería, no en la actividad política, es frecuente el término referido cuando se busca que dos personas se enfrenten por distintas causas y no necesariamente deben ser adversarios políticos, sino que puede ocurrir entre correligionarios o compañeros, y a veces hasta aparentes amigos, de un mismo partido político.
Con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se ha pretendido “amarrar navajas” para que se distancie, enfrente, se despegue de su antecesor, el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, con todo tipo de artimañas y pretextos, la mayoría elementales. Se trata de que la actual mandataria “demuestre” que ella tiene no sólo el cargo, sino el mando, el control del gobierno que encabeza. Nada suena más irreal, absurdo y sin sentido, pretender que la doctora Sheinbaum Pardo cayera en el juego de quienes, adversarios políticos o periodistas, pretenden que traicione a quien, nadie lo duda, encabezó el movimiento de la llamada Cuarta Transformación, precisamente López Obrador.
Al rendir protesta como presidenta de los mexicanos, la doctora Sheinbaum asumió el cargo, el mando y el liderazgo del gobierno; ella y sólo ella es la responsable de la administración gubernamental y de todas las responsabilidades legales que ello implica, por lo que no sólo es provocador, sino perverso o ingenuo creer que comparte sus decisiones con su antecesor. Los “amarranavajas” están dedicados a “demostrar” que quien sigue gobernando es el ex presidente, cuando que él está totalmente dedicado al propio aislamiento y a contestar, a todos quienes se acercan, que es real y verdadero su retiro de la administración pública, del gobierno y de la política, salvo el ejercicio pleno de sus derechos y obligaciones (irrenunciables, por cierto) como ciudadano.
Los “amarranavajas” proliferaron porque se convirtió en un oficio redituable, productivo y en algunos casos hasta millonario, pues de ese modo se encontraba el mejor pretexto para engatusar, a quien lo permitiera, con la versión de supuestos ataques de los antecesores respecto al ejercicio de un cargo en el gobierno.
Sin embargo, la andanada contra la presidenta continúa y por momentos arrecia, mientras ella no sólo tiene el cargo, el encargo y está más que presente. Uno de los mejores botones de muestra puede ser, sin duda, su presencia en el evento más importante del mes en la reunión en Río de Janeiro, Brasil, del G20, el grupo de 20 naciones del planeta en las que se concentran cuatro quintas partes de la producción, el comercio y la inversión mundiales.
En el marco de ese foro, el más importante en materia de economía internacional, Sheinbaum propuso el modelo del programa mexicano Sembrando Vida, como un esquema exitoso para lograr la reforestación del planeta y la disminución de la pobreza, para lo cual bastaría, calculó, con reorientar el uno por ciento del dinero que actualmente dedican las potencias al gasto militar. La mandataria mexicana aprovechó para tener reuniones en corto con líderes mundiales estratégicos para nuestro país, entre ellos los mandatarios de China, Xi Jinping; Estados Unidos, Joe Biden; Canadá, Justin Trudeau, y Francia, Emmanuel Macron, entre otros.
Más allá de la pertinencia y oportunidad de la propuesta ambiental, que podría haberse planteado y obtenido mayor resonancia en los foros especializados, los analistas coinciden en señalar la relevancia de la reaparición de México en los encuentros gubernamentales de primer nivel, como esta reunión del G20.
Sin embargo, el mayor reto que tendrá en un futuro inminente el gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum en materia internacional, será la revisión del Tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, ante la agresividad del próximo presidente norteamericano, Donald Trump, parcialmente apoyado por el gobierno canadiense, ambos en la visión, a través de ese instrumento, México ha sido la entrada de mercaderías chinas a la región, en perjuicio de empresarios y trabajadores locales, absurdo en tanto que en todos los países del orbe, China logró y conquistó los mercados.
La respuesta mexicana ha sido tan simple como directa: nuestro país no es ruta de ingreso para productos chinos a territorio norteamericano; en tanto el Tratado ha traído innumerables beneficios a las economías de las tres naciones, que han consolidado la zona como la de mayor dinamismo del mundo, y su eliminación sería muy perjudicial para todos. Falta lograr que esta lógica elemental sea escuchada por nuestros socios comerciales, y se imponga sobre las visiones simplistas que podrían causar graves daños y retrocesos.
En el ámbito interno, la Presidenta ha logrado en las primeras semanas de su gobierno una aprobación mayoritaria de la población. Las encuestas de Consulta Mitofsky, realizadas mes con mes, muestran que al concluir octubre, la mandataria tiene un aval del 61.5 por ciento de la población, porcentaje mayor por unos puntos a la votación con la que fue elegida para el cargo, la cual se acercó pero no rebasó el sesenta por ciento.
En el mismo mes, el posicionamiento de la Presidenta es superior a la de todos los gobernadores del país, cuya calificación oscila en la mayoría de los casos, en el rango del 50 al 58 por ciento. En la nota más alta se encuentra el gobernador de San Luis Potosí, con el 58.2 por ciento, seguido por las gobernadoras de Quintana Roo y de Aguascalientes, y los mandatarios estatales de Hidalgo y Querétaro.
Los gobernadores reprobados, con puntajes inferiores al cincuenta por ciento, son los de Morelos, Nayarit, Tamaulipas, Campeche. Y quien cierra la lista, como la gobernadora peor evaluada de todo el país, es Evelyn Salgado, de Guerrero, con apenas el 44 por ciento de aprobación. Evelyn además ha retrocedido seis décimas con respeto a su calificación del mes anterior, septiembre, y casi tres puntos desde julio, mes en que alcanzó un puntaje de 46.9 por ciento.
La encuesta no profundiza en las razones para otorgar su calificación, pero es evidente que en el caso de Guerrero la falta de empatía de la gobernadora ante las tragedias ambientales y las provocadas por el crimen organizado en la entidad, ha sido un factor relevante en la evaluación negativa de los ciudadanos. Transcurrido ya más de la mitad del sexenio guerrerense, no se advierte ni una estrategia coherente de gobierno ni una respuesta eficaz ante los rezagos y la inseguridad.
Entretanto, Acapulco continúa en sus esfuerzos para reposicionarse como polo turístico, luego de los daños sucesivos de los huracanes Otis y John, por lo que el fin de semana pasado fue escenario del primer Gran Trail y el Tour del Sol, con la participación de corredores de montaña y ciclistas, y en esta semana se lleva a cabo el Major Premier Padel, eventos deportivos de nivel internacional que han logrado una muy alta ocupación hotelera, la cual se incrementará en las fiestas decembrinas, como es tradición en el puerto, objetivo vital para mejorar la economía local y dar empleo e ingreso a quienes viven del turismo y los servicios. En esa recuperación turística y económica del puerto, el apoyo federal ha sido de gran relevancia, pero la población percibe que la respuesta del gobierno estatal no ha estado a la altura que se requiere. No debería haber oídos sordos ante ese clamor.

Los retos de México en la nueva era de Trump

Aunque en sentido estricto no fue una sorpresa, la apabullante victoria del republicano Donald Trump ante su adversaria, la demócrata Kamala Harris, que lo llevará de nuevo en enero próximo a la Casa Blanca para gobernar Estados Unidos por un segundo periodo de cuatro años, ya genera diversas reacciones en los mercados y en las esferas políticas internacionales, que toman en cuenta las radicales medidas anunciadas durante la campaña electoral por el próximo mandatario norteamericano.
Y si bien la Presidenta Claudia Sheinbaum aseguró en una primera reacción que en su gobierno “no hay motivo ninguno de preocupación” por el triunfo de Trump, y al día siguiente le llamó para felicitarlo, lo que derivó en un “diálogo muy cordial” en que hablaron de la buena relación que habrá entre México y Estados Unidos, habrá que tomar estas acciones como parte de una prudente estrategia diplomática, pero las amenazas vertidas en el tema migratorio y en materia económica por el republicano aún están frescas, y de llevarse a cabo, se convertirán el próximo año y los siguientes en complejos retos para el mundo entero, y en particular para nuestro país.
Mientras ello ocurre y el señor Trump es nuevamente investido como mandatario, en el ámbito interno las cosas se le siguen acomodando a la doctora Sheinbaum, que con el apoyo del Congreso ha podido dar el soporte legal para una profunda reforma del sistema judicial, que el próximo año culminará con la elección por el voto ciudadano de una nueva Suprema Corte, de los tribunales y de toda la estructura con la que se imparte justicia en el territorio nacional. La rebelión de un grupo de ministros de la actual Corte no fue suficiente para echar abajo esta reforma, que ya vigente, no tiene obstáculos que impidan ejecutarla.
Esta semana se dará cauce a otras modificaciones constitucionales por las que desaparecerán diversos organismos a los que en décadas recientes se les dio autonomía, lo cual derivó en instancias muy onerosas, con una burocracia dorada, todo ello realmente innecesario para garantizar la transparencia y los derechos de los mexicanos. Con todo ello se sigue perfeccionando el andamiaje legal de un gobierno pensado para el pueblo, eliminando privilegios y achicando gastos que terminábamos pagando todos los contribuyentes.
Donde no acabamos de ver la salida es en Guerrero, entidad lo mismo azotada recurrentemente por desastres naturales, que víctima de la violencia criminal que parece no tener control. No hay semana en la que no sepamos de nuevas acciones delincuenciales en perjuicio de familias, comunidades y gremios, llevadas a cabo por maleantes que se saben impunes y se sienten dueños de vidas y territorios.
Esta situación generó incluso la reflexión del arzobispo de Acapulco, Leopoldo González, quien consideró preocupante que las personas y comunidades de la región estén sumergidas en el miedo y la inseguridad.
En este tenor, en los primeros días del mes siete integrantes de una familia fueron asesinados en su hogar por sicarios en el poblado de Tres Palos, en la zona rural de Acapulco; luego, de un grupo de diecisiete comerciantes desaparecidos a fines de octubre en la comunidad de El Epazote, cerca de Chilapa, entre los que se encontraban mujeres y niños, once cuerpos fueron abandonados en Chilpancingo, muertos aparentemente a manos de un grupo criminal de los que dominan la entidad.
Para completar el cuadro, el reportero de esta casa editorial, Luis Daniel Nava Jiménez, fue asaltado y despojado de su computadora y teléfono celular, por hombres armados y vestidos como policías estatales, frente a su domicilio en Chilpancingo, luego de acudir a cubrir el sepelio de los once comerciantes asesinados.
Como contraste trágico, la gobernadora Evelyn Salgado fue exhibida en redes sociales mientras festejaba y cantaba junto a “Coque Muñiz en la inauguración del Centro Cultural El Partenón, de Zihuatanejo, justo la noche en que la fiscalía estatal daba a conocer el hallazgo de los once cadáveres abandonados en las afueras de la capital guerrerense.
Se trata de ataques de la derecha, por ser mujer y de Morena, ha respondido la mandataria, pero en materia política las coincidencias pueden ser simbólicas y contundentes.
Lo cierto es que la criminalidad continúa rampante no sólo en Guerrero. El fin de semana tuvimos la noticia del ataque perpetrado por pistoleros en un bar en el centro de Querétaro, donde dispararon ráfagas contra todos los comensales, con un saldo de diez muertos y trece heridos. Y veinticuatro horas después un evento que parece calcado ocurrió en Cuautitlán, en la periferia de la gran metrópoli, con seis fallecidos registrados hasta el momento.
La criminalidad está presente sin importar colores políticos o banderas partidarias. Y los gobiernos de todos los niveles tienen en este tema uno de sus principales desafíos. Además de Trump

 

El nuevo gobierno ante el reto norteamericano, y otros más

Exactamente en una semana tendrá lugar la elección presidencial en Estados Unidos, donde el pronóstico es reservado, pues las encuestas señalan un empate entre los dos candidatos, Donald Trump, por el Partido Republicano, y Kamala Harris, por los demócratas.
El resultado por supuesto será relevante para el país vecino, pero también para México, pues dependiendo de quién llegue al poder, la relación entre nuestros países tendrá más o menos complicaciones.
En particular, un eventual triunfo del expresidente Donald Trump, significará un gran reto para el gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum, ya que el magnate neoyorkino ha vuelto a hacer de la xenofobia y los ataques a nuestro país uno de los ejes de su campaña, ya ha amenazado con reabrir la negociación del tratado comercial vigente entre ambos países y Canadá, así como la aplicación de aranceles y una serie de medidas económicas que darían al traste con la cooperación regional y con el dinamismo productivo, comercial y financiero que beneficia a las tres naciones. Trump ha anunciado que terminará de construir el muro fronterizo que comenzó en sus anterior mandato, y que radicalizará su política antiinmigrante, “con la mayor operación de deportación en la historia de Estados Unidos”.
Mientras ese escenario se aclara y llega el tiempo de afrontar los nuevos desafíos, el gobierno mexicano ha desplegado en el escaso mes desde su inicio, una intensa actividad en la que ha puesto en marcha diversos programas que serán sus prioridades a lo largo del sexenio.
El fin de semana pasado, la Presidenta dio arranque al programa de vivienda, con el cual se pretende construir y poner en manos sobre todo de los jóvenes que emprenden un proyecto de vida, un millón de hogares que se entregarán mediante un novedoso mecanismo de renta con opción de venta posterior.
También hace unos días, desde Palacio Nacional se dio a conocer el plan de salud alimentaria que se aplicará a partir del próximo año en las escuelas de todo el territorio nacional, para garantizar una alimentación nutritiva y de calidad para la niñez y los jóvenes, y para erradicar la comida chatarra de los planteles escolares.
No es el primer esfuerzo que se hace en este sentido, pero las medidas aplicadas hasta hoy han resultado poco menos que inútiles. Los monitoreos oficiales muestran que en más del 95 por ciento de las escuelas se vende al alumnado comida chatarra y bebidas azucaradas, en su inmensa mayoría refrescos, y cuando no es dentro de los recintos, estos productos se ofrecen afuera de los mismos. Este reto no es menor, desde hace años México ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil, con todos los riesgos y secuelas que ello implica para el resto de la vida de los afectados.
Entre otras actividades, el fin de semana la Presidenta Sheinbaum acudió por tercera vez al puerto de Acapulco, donde ha seguido de cerca las estrategias de apoyo a la población, luego del paso del huracán John, que inundó la ciudad y produjo estragos en la región.
Esta vez, se presentó un informe sobre las acciones llevadas a cabo, que han consumido recursos por más de siete mil 700 millones de pesos. Lo más importante es que aunque la emergencia se considera terminada, ahora se pasará a una nueva etapa denominada “Acapulco se transforma contigo”, con el objetivo de reactivar integralmente la región, con la participación de diversas instancias oficiales, federales, estatales y municipales.
Ante la nueva realidad impuesta por el cambio climático en el planeta, lugares como Acapulco se han vuelto más vulnerables, como lo ha evidenciado la sucesión de huracanes, Otis y John, que impactaron sucesivamente el centro turístico en menos de un año. Ello obliga a emprender acciones integrales que mitiguen los efectos de los fenómenos meteorológicos, y que protejan a las familias más pobres, las más expuestas a las inclemencias naturales.
Entre las tormentas hídricas, los reclamos sociales y los tornados políticos internacionales, al gobierno de Claudia Sheinbaum le ha tocado un periodo de enormes exigencias y potentes amenazas. Lo bueno es que la Presidenta ha llegado al poder con un apabullante apoyo popular que le ha dado fortaleza y legitimidad. Y que en su desempeño ha demostrado inteligencia, preparación y sensibilidad.

 

Claudia Sheinbaum ¡Presidenta!

Hoy México vive uno de los momentos estelares de su larga y trascendente historia: la doctora Claudia Sheinbaum Pardo habrá asumido su mandato como la primera mujer Presidenta de México.
Es la primera mujer que conduce los destinos de los mexicanos de las épocas precolombina, colonial, independiente, del periodo de la Revolución y de la llamada 4ta. Transformación.
Se trata de un momento histórico, más allá de otras consideraciones políticas y partidistas. Justo se han cumplido doscientos años del establecimiento de la República, más de siete décadas del reconocimiento de las mujeres como ciudadanas plenas, es decir, con el derecho a votar y ser votadas en las elecciones, y seis años de que en el Congreso de la Unión las legislaturas se integran con paridad de género, esto es, el mismo número de hombres y mujeres.
Pese a estos antecedentes, hasta hace muy poco tiempo se ponía en duda la posibilidad de que en México el electorado sufragara mayoritariamente por una mujer.
En los pasados comicios, no sólo fue así, sino que Claudia Sheinbaum obtuvo cerca del 60 por ciento de los votos, el mayor porcentaje en lo que va del siglo en una elección presidencial mexicana, con lo que venció holgadamente a su contrincante, por cierto otra mujer, que tuvo un poco menos del 30 por ciento de los sufragios, una proporción de dos a uno. Destaca el hecho que nueve de cada diez votos fue por una figura femenina.
A partir de ahora, nuestro país tendrá un cambio radical. A lo largo del último siglo, la incorporación de las mujeres en todos los ámbitos de la actividad económica y productiva, social y política, ha revolucionado la vida y la dinámica de la humanidad. Tener una mujer al frente del país sin duda acelerará ese proceso de transformación cualitativa, y permitirá poner el acento en políticas que garanticen una completa igualdad, y procuren erradicar la violencia y la discriminación por razones de género.
Uno de los rasgos cuidado y cultivado por la mayoría de las mujeres, distintivo inclusive como virtud de género, es el cuidado de la transparencia, la práctica de la disciplina y el apego a la verdad. La mayor parte de las madres de familia cultivan la verdad como distintivo de conducta en los hijos. En la política y en la administración pública este hábito es no sólo bienvenido, sino urgente y necesario.
También que, en el ejercicio del gobierno la corrupción, la mentira y las malas prácticas administrativas son más fáciles de atacar y hasta erradicar con mujeres al mando. Ojalá esta característica dé resultados en el corto plazo, independientemente de los ataques cotidianos.
Otra de las necesidades urgentes tendrá que ver con el modelo de comunicación social, tan necesario y útil para la recuperación de la gobernanza y no solamente para la autopromoción y el cultivo de la imagen personal. Hoy más que nunca la comunicación deberá aprovechar la tecnología para comunicarse con el pueblo.
Por lo pronto, un comienzo que se ha cuidado es que en la integración del gabinete y en otros puestos de gran relevancia en la administración federal, la designación ha sido paritaria. El gobierno de la doctora Sheinbaum se compone del mismo número de hombres y mujeres, en todos los casos, por supuesto, personalidades con un gran compromiso por México.
Después, habrá espacio para comentar los primeros pasos del nuevo gobierno, los proyectos y las directrices que se anuncien, qué cambia y qué permanece respecto a su antecesor.
En este sentido, la nueva mandataria ha hecho saber que luego de la jornada en que toma posesión, su primera actividad en la agenda será trasladarse con su gabinete al estado de Guerrero el miércoles 2 de octubre, para analizar la situación y coordinar el apoyo a las víctimas que ha dejado el huracán John, que en los últimos días azotó la entidad, en particular el puerto de Acapulco, donde la descarga pluvial acumulada superó con mucho la de anteriores fenómenos meteorológicos, incluido el huracán Otis, de cuyos daños ocurridos hace once meses, aún no acababa de reponerse la bahía.
El puerto, como en un deja vu, ha vuelto a vivir las escenas de la inundación y la destrucción, el desabasto y la rapiña, la energía eléctrica interrumpida y los caminos cortados; también, por supuesto, la criminalidad que no baja y que por el contrario, encuentra en el caos oportunidades de actuación y mayor impunidad.
La presencia inmediata de la Presidenta de México es una buena señal, no sólo para Guerrero, sino para todas las regiones que en la actual temporada han sufrido los embates de la naturaleza.
Eso, en el corto plazo, porque lo que urge como una política de futuro, es enfrentar el cambio climático que ha agudizado estos desastres, con una acción concertada que desde luego rebasa las capacidades del gobierno de México, pues requiere de la acción concertada de los gobiernos de todo el planeta.
Ahora, que aún hay tiempo, pues en breve podría ser demasiado tarde para la humanidad.
Inicia el gobierno de la doctora Sheimbaum con la esperanza de que el lema de “primero los pobres” continúe, en especial en los temas de salud y educación, y para abatir los grandes rezagos de desigualdad y marginación. El tema de seguridad, por supuesto es otra prioridad que deberá atacarse con decisión, como ya lo hizo el gobierno saliente de Andrés Manuel López Obrador.

 

La nueva Independencia, reforma judicial, cambio de estructuras y gobierno fuerte

 

Los actos conmemorativos y de celebración con motivo del 203 aniversario de la Independencia mostraron un gobierno consolidado y en su papel de conductor indudable, genuino y fuerte de los destinos nacionales, no solamente por la muestra de organización, disciplina, participación y compromiso de las fuerzas armadas del país, sino con la promulgación de las reformas constitucionales al poder judicial de la federación.
El desfile militar fue una contundente demostración de que el Ejército y la Marina están activos e integrados a todas las actividades productivas del país. Miles y miles de miembros del llamado por el presidente López Obrador “pueblo uniformado”, desfilaron en todas las capitales de la República mexicana, pero principalmente en la ciudad de México, en la que pudo sentirse la fortaleza institucional de las fuerzas armadas.
Ya desde la noche del 15, en el Zócalo de la Cdmx, López Obrador se mostró nuevamente como el político y el mandatario que rompe moldes, estructuras, y dio el tradicional grito de Independencia con arengas de “vivas” y “mueras” con los principales héroes y causas sociales personales y de su administración, como el convencido “muera la corrupción”, la desigualdad y la injusticia, así como vivas a la democracia, la reforma al poder judicial y a la 4ta Transformación.
Pero quizá el hecho más significativo de los últimos días de su gobierno y de cómo concluye su mandato de forma totalmente diferente a sus antecesores que salieron debilitados y desgastados, es la promulgación de las reformas constitucionales para renovar al poder judicial, y llevar a las urnas como parte de la democracia mexicana la elección de ministros, jueces y magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
En el último mes del gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador, lapso en el que cualquier mandatario común está haciendo maletas y revisando últimos pendientes, un nuevo Congreso, fortalecido por el voto popular de junio pasado, ha llevado adelante uno de los más emblemáticos proyectos de la 4T, la reforma judicial.
Esta reforma constituye una auténtica mutación de una de las estructuras pilares del Estado mexicano, en un ámbito sensible como es el tema de la justicia, pese a lo cual el sistema permanecía intocado e intocable desde el siglo pasado. Desde siempre la sabiduría popular ha sentenciado que en la cárcel no están los verdaderos delincuentes, sino que los reclusorios se llenan de pobres y de tontos. Y así en el resto de los espacios donde tiene lugar la actuación de un juez.
Ahora, mientras el país se transforma y el gobierno se pone al servicio del pueblo, el Poder Judicial se había mantenido como siempre, un coto cerrado, donde por décadas han florecido influyentismo y nepotismo, los privilegios y la corrupción.
La férrea resistencia que el proceso de reforma ha encontrado a su paso, es sólo muestra de la magnitud de los intereses afectados, desde una burocracia dorada y una judicatura al servicio de los poderosos, hasta los grandes grupos trasnacionales y los gobiernos más poderosos del mundo, que siempre han visto a México como un traspatio susceptible de saqueo y de negocios jugosos, por supuesto con el concurso de jueces dóciles y manejables en caso de conflictos.
Nada de eso arredró ni al Presidente ni al movimiento que él ha encabezado, de manera que en estos días de conmemoración de la Independencia y la fundación de la Patria, la reforma está hecha, y sólo falta su implementación en los meses y años siguientes. Se ha introducido el principio democrático, vigente desde la formación de la República para el Ejecutivo y el Legislativo, de que a las cabezas de un poder los elija el pueblo.
En este caso en particular, en una reforma que realmente pocos han estudiado a fondo, se establecen mecanismos para la participación de los otros dos poderes en la selección de candidatos a los que finalmente la ciudadanía elegirá con su voto. Por otro lado, se establecen mecanismos de revisión y control, para que las decisiones de los jueces y magistrados estén sujetos a derecho, y no haya lugar a actuaciones y sentencias amañadas, contrarias a la justicia.
Con ello se cierra el ciclo de un gobierno que transformó las estructuras de poder y le dio la vuelta a la manera de ejercer el mando, invertir los dineros del pueblo y señalar prioridades en la intervención del Estado. Así, se han sentado las bases para que el próximo gobierno, el de la doctora Claudia Sheinbaum, tenga los márgenes de maniobra necesarios y los instrumentos jurídicos para llevar adelante el proceso de transformación, que por supuesto no puede culminarse en el corto tiempo de un sexenio, sino que requiere un horizonte de largo plazo.
Donde la justicia tampoco llega, por cierto, es en Guerrero, donde están por cumplirse diez años de la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa en los trágicos hechos ocurridos en Iguala. Como era de esperarse, las protestas de los jóvenes han ido subiendo de tono a medida que la fecha se aproxima, hasta que el fin de semana previo a las Fiestas Patrias llevaron a cabo ataques vandálicos a la sede del Congreso estatal, donde quemaron vehículos y perpetraron daños al inmueble.
Las protestas crecerán, en tanto las autoridades estatales y las federales se han enredado con el paso del tiempo en un verdadero galimatías del que, por lo que se aprecia, ya no saldrán. Veremos qué pasa en los siguientes días, mientras el país se prepara para inaugurar un nuevo gobierno, con toda la expectativa que ello implica.
Por lo pronto hay motivos y deseos para aclamar ¡Viva México!

 

El cambio que viene y la misión cumplida de AMLO

Hacía muchos finales de sexenio que no se respiraba y se difundían los resultados exitosos de la gestión de gobierno sexenal. Los presidentes salientes en los últimos casi 40 años salían en medio de grandes y graves cuestionamientos acerca de sus resultados de gobierno. En los últimos tres sexenios anteriores al de López Obrador, los resultados se maquillaban con costosas, ampulosas e inútiles campañas de radio y televisión, que exaltaban los supuestos resultados.
El presidente Andrés Manuel López Obrador, en contra de la opinión de muchos millones que afirman lo contrario, sale con la frente en alto y con resultados que saltan a la vista: sus obras de infraestructura en comunicaciones, como los aeropuertos Felipe Ángeles, el de Tulum, el tren Maya, el Transítsmico, el parque lago de Texcoco y varios miles de obras más, son el testimonio fehaciente de que el gobierno federal recuperó, aunque sea poco, algo de su posición y prestigio como autoridad.
El resultado evidente del gobierno obradorista es, sin duda, el resultado contundente, amplio y definitivo de Morena en las últimas elecciones de junio, en las que el partido que fundó el propio presidente mantuvo no sólo la presidencia de la república con la hoy presidenta electa, Claudia Sheimbaum Pardo, sino que logró también la mayoría de las gubernaturas en juego y la mayoría calificada, con los partidos aliados de Morena, en las cámaras legislativas de Diputados y Senadores.
En este caso ganó no solamente el partido del presidente, sino la candidata que, a todas luces, fue su propuesta desde el principio, aun cuando respetó y alentó las distintas corrientes que militan dentro del propio partido Morena.
Fiel a su estilo, en lo que fue la culminación de su gobierno, el Presidente Andrés Manuel López Obrador dio a conocer su sexto Informe de Gobierno, en un evento popular de amplia concurrencia en el Zócalo de la Ciudad de México, significativamente acompañado por la Presidenta Electa Claudia Sheinbaum Pardo y algunos gobernadores estatales, entre otras figuras políticas.
Ahí pronunció el que seguramente será tomado como su discurso de despedida, pues aunque habrá otras ceremonias y actividades en el llamado Mes dela Patria y último lapso de su régimen, algunas son meramente simbólicas, como el Grito de Independencia; en cambio ésta del 1o. de septiembre, en que por obligación constitucional da cuenta del estado de la administración que preside, se convierte de manera natural en el momento de balance de lo que fue su gobierno.
El Presidente resaltó en su arenga que su sexenio comenzó con cambios para llevar adelante la Cuarta Transformación, y en ese talante se ha mantenido, para regresarle a la Constitución su sentido revolucionario original, y más recientemente con la iniciativa para reformar el Poder Judicial, y elegir a jueces, magistrados y ministros con el fin de que impartan justicia en beneficio del pueblo y no estén al servicio de la delincuencia de cuello blanco. Sobre este tema aprovechó para realizar entre quienes colmaron el Zócalo una consulta para saber si la iniciativa tenía el apoyo popular, lo que desde luego tuvo una respuesta positiva.
Innumerables son los logros acumulados a lo largo de casi seis años, desde la superación de la pobreza que ha abarcado a casi diez millones de mexicanos, el incremento notable a los salarios mínimos, así como la dispersión de apoyos sociales a adultos mayores, discapacitados, madres solteras, jovenes y campesinos, y becas para estudiantes de todos los niveles educativos.
El Presidente defendió al IMSS Bienestar como el sistema de salud pública más eficaz en el mundo, incluso más que el de Dinamarca, declaró, y señaló que antes la compra de medicinas era un sucio negocio, de políticos y comunicadores, pero ahora se otorgan medicamentos gratuitos y se han creado comités del programa “La clínica es nuestra”.
Todo ello ha sido posible porque se ha combatido la corrupción y la austeridad republicana se volvió una realidad.
También se destacó en el Informe las obras emblemáticas del sexenio, como el Tren Maya y el Tren Interurbano a Toluca, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, la Refinería Olmeca y los avances en materia energética de las empresas del Estado, CFE y Pemex, y la nacionalización del litio; por otro lado no  se otorgaron permisos para expropiar minerales, se prohibió la perforación de pozos y se realizó una campaña para recuperar piezas arqueológicas del país en el extranjero.
Transcurrido el escaso mes que le falta a López Obrador, tocará el turno de entregar la estafeta a una mujer, la primera que ejercerá la Presidencia de México, la cual llega con un apoyo popular contundente, pues fue elegida con una amplísima mayoría, e igualmente la ciudadanía le reiteró su confianza al ratificar esa misma mayoría en ambas cámaras del Congreso de la Unión.
Con esta nueva composición, la LXVI Legislatura se instaló con la sesión de Congreso General prevista en la Constitución, en la que se recibió el Informe de Gobierno que hemos comentado. El mismo día de la instalación, la Cámara de Diputados ha tenido su primera sesión ordinaria, para dar cauce al proyecto de reforma al Poder Judicial, el cual podrá transitar con agilidad dada la mayoría calificada existente en ese órgano legislativo.
En Guerrero hubo asimismo renovación del Legislativo estatal, y en la misma fecha dio inicio la LXIV Legislatura del Congreso local. Aquí también Morena y sus partidos aliados tienen mayoría calificada, es decir, de más de dos tercios del total de legisladores, lo que les permite procesar y aprobar en su caso cualquier ley o reforma sin necesidad de recurrir al aval de la oposición.
Con todo ello se concreta la transición de gobierno como parte de la transformación que vive nuestro país, sin choques ni sobresaltos, aunque con las naturales resistencias que han estado presentes desde el momento en que triunfó el movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador, hace seis años, y que afloraron con toda su fuerza durante la pasada contienda electoral.
Ahora sólo queda poner en marcha el mandato que refrendó el pueblo de México, con el que se hará posible consolidar la transformación y tornarla irreversible, lo que será un hecho si las autoridades locales, como hasta ahora, se mantienen cobijadas bajo el calor de las autoridades federales y, por supuesto, si se cuidan los temas locales más relevantes como la corrupción, el combate a la pobreza y la marginación de las grandes mayorías de guerrerenses.

¿Murió el PRI?… ¡Viva Alito!

Ante la contundencia cuantitativa y cualitativa del triunfo de Morena en las elecciones de hace cinco semanas, pasó casi desapercibido un hecho por demás relevante e importante: el achicamiento, casi hasta la extinción del PRI, el otrora partido invencible y hoy ubicado en el quinto lugar de las preferencias y la militancia partidista. En cualquier otra democracia, no se diga las más avanzadas como varias europeas o la japonesa, eso hubiera bastado para que el 3 de junio pasado, los dirigentes de los partidos de oposición perdedores (PAN, PRI, PRD, especialmente) hubieran presentado su renuncia.
Pero en México las habas se cuecen de otro modo. Las dirigencias de los partidos políticos derrotados encabezados por Marko Cortés, del PAN; Alejandro Moreno, del PRI, y Jesús Zambrano, del PRD, no sólo han soslayado los resultados sino que se aferraron a sus puestos de presidentes. El caso más emblemático, algunos analistas califican de patético, es la modificación de estatutos para que Alito Moreno se mantenga como líder del PRI hasta cuando menos 2030.
El espectáculo priísta provoca risa, estupor y pena, aunque por otro lado, es el fiel reflejo de la calidad de democracia que vive México. Bajo el amparo de una candidata ajena, la senadora Xóchitl Gálvez, quien piensa, siente, vive y sobrevive como panista, el PRI obtuvo votos suficientes para no desaparecer del todo y mantener su registro.
La democracia mexicana, como es bien sabido, es de partidos, no de ciudadanos, y aunque haya organizaciones que no representan grandes masas de ciudadanos o votantes, reciben multimillonarios recursos, gracias a un sistema que garantiza su sobrevivencia, y que se mantengan como botín de minorías enquistadas en sus dirigencias, que gastan esos recursos a su total arbitrio, sin tener que rendir cuentas reales.
Para Guerrero, el espectáculo de Alito lleva como protagonista secundario, pero importante al final de cuentas, al senador Manuel Añorve Baños, quien ha tenido que, como San Pedro, negar a sus amigos, o por lo menos así lo ven quienes saben de su añeja amistad con el ahora también senador Manlio Fabio Beltrones, de quien Alito dijo que es una vergüenza para el priismo y Añorve aplaudió sin ganas, o de Miguel Angel Osorio Chong, a quien en esta administración ofreció amistad y lealtad.
El priísmo en el estado, aparentemente, está reducido a su mínima expresión y muy pocos, o casi nadie, lo ven como oposición viable, mucho menos como partido competitivo en los procesos electorales por venir. El hecho es que ante la muerte del príismo emerge el ¡Viva Alito!, sin rubor y sin vergüenza.
En otro orden de acontecimientos, al iniciarse el ya muy próximo mes de septiembre y que la nueva legislatura del Congreso de la Unión entre en funciones, la primera tarea que afrontará, la más urgente, será llevar a cabo la reforma judicial que por estos días se discute por jurisconsultos, expertos e interesados en foros que se llevan a cabo en distintos puntos del territorio nacional.
El tema ha desatado una acalorada polémica, en que han intervenido no sólo los especialistas, sino observadores desde diversos ámbitos y sectores que intuyen que sus intereses podrían ser afectados por un nuevo marco jurídico. No es para menos, el judicial es un poder señalado por la corrupción, los privilegios y el nepotismo que se han arrastrado de manera estructural por décadas, y por su responsabilidad en el altísimo grado de impunidad que nuestro país sufre.
Lograr una justicia expedita a la que cualquier ciudadano pueda acceder sin importar su nivel socioeconómico o su lugar de residencia, es una aspiración largamente postergada, y es el objetivo principal del proyecto de reforma.
Su necesidad fue planteada desde hace año y medio, en el paquete de reformas enviado por el Presidente al Congreso en el aniversario de la promulgación de la Constitución. No caminó entonces porque la polarización producida alrededor de la pasada elección hizo imposible hacer transitar cualquier iniciativa que requiriese de mayoría calificada, es decir, de al menos dos terceras partes de los legisladores en cada cámara.
Tampoco contribuyó la beligerancia alimentada desde la presidencia misma de la Suprema Corte de Justicia, que entró en conflicto con el titular del Ejecutivo y con las mayorías legislativas del Congreso de la Unión.
Pero las nuevas mayorías construidas a partir de los resultados de los recientes comicios seguramente permitirán que la reforma constitucional enviada nuevamente por el Presidente el mes pasado, pueda procesarse sin contratiempos. Ahora mismo, este nuevo escenario ha propiciado los diálogos a los que nos referimos, en que han participado incluso los actuales ministros de la Suprema Corte.
El punto que desata mayor controversia es la elección popular de jueces, magistrados y ministros; quienes se oponen a este método lo ven como una herejía que pervertirá al Poder Judicial y trastocará la impartición de justicia. Lo cierto es que los actuales procedimientos no han construido un sistema transparente y eficaz.
Por el contrario, el rezago acumulado provoca que la resolución de cualquier caso demore por meses y años, que una proporción aberrante del 90 por ciento y más de los delitos permanezcan impunes, y que en contrasentido, haya miles de hombres y mujeres en las cárceles sin que su juicio culmine y se les dicte una sentencia. ¿Qué tipo de justicia es ésta? En todo caso, el análisis público que ahora se lleva a cabo de la reforma judicial, arrojará propuestas de mejora o procedimientos perfeccionados, que nos acerquen al Estado de derecho del que por siglos ha adolecido nuestra nación, y en el que una pieza fundamental es un sistema de impartición de justicia al que todos tengamos acceso y que cumpla con su función eficientemente, en tiempo y forma, como suelen decir los abogados. La elección popular de los jueces puede tener sus bemoles, pero el adefesio que actualmente tenemos es indefendible, y sus resultados, lamentables.
Por lo pronto, el tema ha generado interés en todo el país, y su primer efecto positivo es la discusión que se ha impulsado en todo el territorio. A los foros organizados por el Congreso de la Unión se han sumado otros muchos eventos de información y debate.
Por ejemplo en Guerrero, diversas instituciones universitarias, colegios de abogados y organizaciones empresariales ya realizaron ocho foros distritales para analizar la propuesta, y el partido Morena ha anunciado que la semana próxima llevará a cabo asambleas informativas en las cabeceras de los distritos federales, ocho de ellos en la entidad, para difundir su proyecto. Cuando a fines de esta semana se celebre el Día del Abogado, en las innumerables reuniones de colegios e instituciones que agrupan a ese gremio, el tópico único o principal será la reforma al poder judicial y sus alcances. Ojalá, aprovechando esta coyuntura, se rediseñara también el marco legal que norma la joven democracia mexicana, se deshicieran entuertos y se termine con el régimen de partidos con dirigencias ricas y militancias raquíticas y pobres, también que se reformarán los órganos electorales como el INE y el tribunal electoral, rémoras de una democracia de “a mentiritas” que nunca ha incluído a la ciudadanía y si ha preservado y favorecido el régimen de partidos.
Con esa reforma se inaugurará la nueva legislatura del Congreso de la Unión, y a la vez, servirá de culminación al gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Un buen cierre, sin duda.

Trabajo en equipo o fracaso garantizado; transición inédita, los cambios que vienen

Uno de los rasgos relevantes de la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido, sin lugar a dudas, el trabajo en equipo, demostrado frecuentemente con la presencia de los funcionarios en la conferencia de prensa “mañanera”, evento vanguardia de la comunicación institucional, y también del orden y la disciplina entre sus colaboradores.
La “mañanera” exige un trabajo arduo, preciso, puntual y ordenado, confirma que la gobernanza se construye a partir de la comunicación entre gobernantes y gobernados, tarea que durante décadas fue menospreciada y mal valorada por regímenes priistas y panistas, que adoptaron un modelo publicitario cada vez más costoso e ineficaz.
Casi todos los días, el presidente AMLO reunía en su encuentro matutino con los medios de comunicación a sus colaboradores para dar informes amplios, puntuales, precisos sobre problemas, proyectos y para que los funcionarios de los primeros niveles, directamente, informaran de sus actividades.
Trabajo en equipo, sin duda alguna. No se trata de amistad, sino de que, con respeto a la diversidad de opiniones haya la decisión de realizar la tarea. Empatía, disciplina, respeto, orden, compromiso, son los elementos esenciales. Sobran el protagonismo, la lambisconería, la apariencia y el individualismo.
A menos de cien días del relevo presidencial, la virtual presidenta electa Claudia Sheinbaum, por su parte, ha dado los primeros pasos para garantizar que cuando el primer día de octubre tome posesión, su gobierno tenga ya las riendas y el impulso para ejercer su mandato.
Una medida inicial ha sido el anuncio de una primera tanda de quienes integrarán su gabinete, un grupo de tres hombres y tres mujeres que ocuparán algunas de las carteras relevantes en el nuevo gobierno, además del secretario de Hacienda actual, a quien se ratificó inmediatamente después de la jornada electoral.
Los nombres de los designados ya son del dominio público por la amplia difusión que recibieron, y han generado comentarios positivos, porque en general se trata de personajes reconocidos por su nivel y trayectoria profesional. Especialistas prestigiados en cada una de las ramas de trabajo a las que fueron asignados.
A la par, se han desatado especulaciones sobre los nombramientos que faltan, y circulan listas aparentemente filtradas a los medios de comunicación, así como rumores sobre presuntos estirones y presiones alrededor de quienes querría nombrar la presidenta contra los deseos del mandatario saliente, intentos de confundir cuando que la presidenta electa tiene claro el reto y también la estrategia y las acciones que se requieren para enfrentarlo.
Por lo pronto, se ha transmitido con éxito un mensaje de continuidad mientras se construye a la vez un equipo que empieza a delinearse con perfiles idóneos y no con ocurrencias o improvisaciones. Continuidad con cambio, ha quedado definido.
En los próximos días podremos ver si esta tendencia se reafirma, y si la presidenta logra venturosamente lo que se dice es la base de cualquier gobierno solvente, una integración adecuada y pertinente de su equipo de trabajo, nada más, pero nada menos.
Un mes antes del cambio en Palacio Nacional, tendrá lugar la instalación del nuevo Congreso de la Unión, del cual ya sabemos que tendrá una abrumadora mayoría morenista, aunque está pendiente el proceso de impugnaciones que en su momento deberá resolver el Tribunal Electoral, y con base en sus determinaciones establecer la composición que puntualmente corresponderá a cada bancada.
No obstante, la amplísima ventaja en la elección presidencial y en las del Congreso, ha dado al nuevo gobierno el margen suficiente para que el tránsito se vuelva terso y sin sobresaltos mayores, fuera de algunos incidentes como el nerviosismo mostrado en el mundo financiero en los primeros días después de la elección, a propósito de la premura por llevar adelante la reforma judicial, lo que motivó la caída en la paridad cambiaria del peso y en la bolsa de valores, más por maniobras especulativas a partir de opiniones interesadas que por desconfianza en la administración de gobierno entrante.
Recientemente, las opiniones del exsecretario de Estado en el pasado gobierno del expresidente norteamericano Donald Trump, quien considera que las reformas morenistas proyectadas detendrán las inversiones y posiblemente desatarán una guerra comercial entre nuestros países, es un reflejo en el mismo sentido, considerando que allá se vive un proceso electoral en el que México y los mexicanos son involucrados para bien o para mal.
Desde luego, la virtual presidenta Sheinbaum sabe que heredará diversas problemáticas no resueltas, entre ellas el tema de la seguridad y la criminalidad, que en diversas regiones del país siguen fuera de control. Basta señalar el caso de Guerrero, donde la estela de la violencia política continúa imparable, pese a que las elecciones ya pasaron. A la lista de candidatos y personajes ligados al ejercicio gubernamental victimados en el transcurso de las campañas, ahora se ha sumado el asesinato del alcalde electo de Copala, hace una semana, y el del presidente municipal de Malinaltepec, éste último secuestrado por una comunidad que vive un conflicto agrario añejo, y encontrado muerto el pasado fin de semana. En esa materia, en Guerrero existe la percepción de que cada vez se agrava más la inseguridad.
Esperemos que la llegada del nuevo gobierno federal dé paso a un proceso de pacificación del país y de tranquilidad, que en el sexenio que está por terminar no pudo lograrse y que las consecuencias de ello se sientan en Guerrero.

¿Así o más claro? Mandato contundente: transformación

El principio más claro, contundente, práctico e infalible de cualquier democracia, joven o madura, es el respeto a la voluntad de la mayoría expresada en cualquier proceso electoral, trátese de una asamblea a mano alzada o de un proceso laborioso, participativo, complicado y hasta sofisticado como el que se realiza en México con garantías, candados, protecciones y vigilancia para evitar cualquier violación o fraude a la voluntad de los ciudadanos.
La crispación, la superficialidad de las comunicaciones en las redes sociales, fomentan el engaño y el autoengaño; muestran lo que, aparentemente, ocurre en el ciberespacio, pero está claro que no corresponde a la realidad cruda y dura. La ciudadanía, en las redes, se exhibió polarizada, enfrentada, sin reconciliación o, dicho de otra forma, sin vínculos de comunicación, pero las votaciones en los 31 estados del país reflejaron, en los hechos, lo que la ciudadanía responsable y en pleno uso de sus facultades apoyó en las urnas: el triunfo rotundo, indiscutible y contundente de la candidata de la coalición Sigamos Haciendo Historia, Claudia Sheimbaum Pardo.
El último proceso electoral exhibió también el grave alejamiento y la nula capacidad para no sólo haber previsto el escenario electoral que cayó como balde de agua fría a las clases tradicionalmente privilegiadas del país, sino también a periodistas, comentaristas y especialistas de las ciencias políticas y económicas que interpretaron como “derrota personal” el que la voluntad mayoritaria se hubiera conducido en contra de sus previsiones y en el caso de algunos, seguramente, en contra de sus intereses, preferencias, compromisos y hasta militancia partidista.
Lo cierto es que no sólo a los extraños sino también a buena parte de los simpatizantes del presidente Andrés Manuel López Obrador, de la candidata de Morena, Claudia Sheimbaum o de la 4a. Transformación, sorprendió la contundencia del resultado. Al principio, algunos candidatos opositores acusaron de “fraude” en las urnas, acusación que se trasladó a la de “elección de Estado”, cuando que varios de los gobiernos estatales y muchos municipales son de oposición.
Del lado de los partidos de oposición PAN, PRI Y PRD, principalmente, no ha habido ejercicios visibles o audibles de autocrítica acerca del desprestigio de su marca, de sus dirigentes y representantes. El hecho de que no se hayan producido renuncias de dignidad entre los líderes de los partidos apabullados exhibe que su militancia o es tolerante o, peor aún, indiferente.
Hace poco más de una semana tuvieron lugar los esperados comicios presidenciales en nuestro país, junto con la elección de más de veintidós mil puestos, entre gobiernos estatales, alcaldías, el Congreso de la Unión y congresos locales.
Ya todos conocemos los resultados, tan contundentes que incluso para los expertos resultaron inesperados, el triunfo arrasador de Morena se repitió en treinta estados, junto con el retroceso de los partidos de la alianza opositora y el crecimiento de Movimiento Ciudadano, que ahora ha alcanzado un peso político de aproximadamente el doble del que tuvo el sexenio que está por concluir.
Merced a los niveles de votación obtenidos, la alianza que lleva al poder a Claudia Sheinbaum también habrá obtenido la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, y muy cercana en el Senado. La virtual presidenta electa y la alianza que la ha llevado al poder han obtenido un mandato claro para profundizar y garantizar la transformación del país. No habrá pretextos para hacer realidad la promesa de la 4a. Transformación: Primero los pobres.
De manera paradójica, tan abrumadora concentración del poder ha generado los primeros problemas en un escenario inesperado. El anuncio de los resultados al concluir la jornada electoral, derivó al lunes siguiente en el desplome del peso y de las cotizaciones en la bolsa de valores mexicana. Y la posibilidad esbozada de aprobar de manera exprés las reformas que el Presidente envió al Congreso en febrero pasado, las cuales se atoraron precisamente por la falta de las mayorías necesarias para procesarlas, produjo la segunda caída de ambos indicadores, peso y bolsa, al terminar la semana pasada.
Es muy pronto para establecer si estos altibajos especulativos cesarán o aumentarán, y si afectarán el escenario con el que se encontrará el nuevo régimen; esto dependerá en todo caso de la prudencia para llevar a cabo la transición gubernamental, de aprovechar el enorme capital político que la ciudadanía le ha entregado a la vencedora de la contienda, y de tratar con cuidado a los mercados financieros, que son medrosos y altamente receptivos ante cualquier amenaza de inestabilidad.
La disciplina financiera, el cuidado responsable y la certeza en las políticas hacendarias, económicas y financieras del gobierno de AMLO seguramente permitirán que la estabilidad se prolongue en la etapa de transición sexenal.
En Guerrero los comicios se desarrollaron repitiendo y acentuando la pauta de lo ocurrido a nivel nacional. Aquí la aplanadora de Morena y sus aliados, el Partido Verde y el del Trabajo, funcionó con precisión y contundencia; obtuvo los ocho distritos correspondientes a diputaciones federales y las dos senadurías de mayoría, además de la mayoría calificada en el congreso local, y 46 de los 85 ayuntamientos en la entidad. De manera simbólica, la alianza del PRI, PAN y PRD obtuvo la presidencia municipal de la capital estatal, Chilpancingo, donde desbancó a Morena, y Zihuatanejo, entre otras, hasta completar 26.
Guerrero fue además una de las cuatro entidades en el país que más votos aportó al triunfo de Claudia Sheinbaum, pues más del 70 por ciento de los sufragios emitidos fueron para ella.
Lamentablemente, también Guerrero fue la entidad con mayor violencia política, pues ocho aspirantes a cargos de elección popular fueron asesinados en los meses y días previos a la jornada electoral.
En ambos casos, en el estatal y en el nacional, lo más evidente es el claro mandato de la población en las urnas. Los claroscuros a su alrededor no pueden disminuir el peso de este hecho simple.
Como en toda democracia, ese mandato mayoritario no debería implicar un ejercicio sin límites del poder ni el atropello de la oposición. Ésta a su vez, tiene el reto de recomponerse de manera radical ante la amenaza de desaparecer o volverse aún más irrelevante en el escenario político.
Y lo más importante, tal vez, es que las y los ciudadanos podamos encontrar puntos de unidad para construir el México del mañana, en un mundo con retos mayúsculos cuya solución no admite demora, desde la profunda desigualdad hasta el cambio climático y la escasez de agua, por citar los elementos más críticos. Pero predomina la certeza que da la contundencia de los resultados electorales, que hacen vislumbrar un futuro promisorio y que la solución de los graves problemas acumulados durante décadas, avance.

El pueblo sabio en las urnas

 

Como muy pocas veces en la historia de la joven, incipiente, insuficiente y cambiante democracia mexicana, los ciudadanos tienen una motivación para acudir a las urnas el próximo domingo: apoyar o, con su voto, mostrar su descontento, enojo y rechazo a la persona del presidente Andrés Manuel López Obrador.
También podría frasearse de otra manera: si se quiere apoyar el proyecto iniciado por AMLO o se opta, de nueva cuenta, por un cambio de personas aunque los problemas del gobierno continúen, en especial, el problema de la corrupción en los tres niveles de gobierno, municipal, estatal y federal.
Los ciudadanos en general, tienen pocos elementos de información real que les permitiera hacer comparaciones entre una u otra oferta. Algunos analistas políticos definen la problemática ideológica actual como que la mayoría de las opciones “están amontonadas en el centro”, es decir que no existen extremos de las llamadas izquierdas o derechas, sino que los candidatos ofrecen o “garantizan” los mismos privilegios más allá de los derechos del pueblo.
En una semana, a menos que ocurriera una catástrofe, se sabrá con certeza cuál de las dos candidatas habrá obtenido la mayoría para tomar posesión del cargo de presidenta de la república el 1 de octubre próximo. De esta forma, también la próxima semana, se iniciará el proceso de transición y de entrega de mandos del presidente López Obrador a su sucesora.
Aunque el atractivo principal es elegir a la sucesora de AMLO, están en el escenario electoral más de 21 mil cargos de elección popular si se consideran nueve gubernaturas, presidencias municipales, miembros del congresos federal y varios estatales, por lo que el número de aspirantes suma varias decenas de miles de todos los partidos políticos con registro ante el Consejo Federal Electoral.
Son días de cierre de campañas, las que esta vez, además de la natural efervescencia política y las pasiones partidarias, se distinguieron por la violencia inusitada, que cobró la vida de decenas de aspirantes a diversos cargos de elección popular, y amenazó o lastimó a otros cientos de candidatos, políticos de diversos niveles, e incluso a sus seguidores.
El domingo próximo tendrán lugar los comicios de mayor dimensión en la historia de nuestro país, luego vendrá el veredicto de las urnas. Si hacemos caso a la mayoría de las encuestas que han circulado en los recientes meses, la elección está decidida y se trata, según un dicho ya célebre, de un mero trámite.
Sin embargo, las experiencias de los últimos años en el mundo muestran que el rango de incertidumbre entre los vaticinios estadísticos y los resultados efectivos puede ser muy amplio, entre la imprecisión natural de estos ensayos y nuevos imponderables como el llamado voto oculto, en que la gente encuestada no revela su verdadera preferencia electoral y contesta lo que conviene para conjurar el riesgo supuesto o real de perder algún beneficio gubernamental.
Sabremos la semana próxima con exactitud hacia dónde se decanta la voluntad nacional, y cómo se conforma el nuevo mapa político de nuestro territorio. Lo previsible es que no ocurrirá ni el escenario arrasador al que se ha llamado por la 4T el “plan C”, ni la derrota apabullante del morenismo que desearían sus adversarios.
En Guerrero, aunque no se elige un nuevo Ejecutivo, ya que la gobernadora apenas se aproxima a la mitad de su gestión, de todas formas estos comicios serán de una gran relevancia, pues se eligen el resto de los cargos por los que un ciudadano guerrerense puede votar: la presidencia de la República, diputados y senadores al Congreso de la Unión, diputados locales y alcaldes de los 85 municipios.
Por ello, quienes localmente aspiran a ocupar alguno de estos puestos, han hecho una intensa campaña que igualmente toca a su fin. En ese proceso, Guerrero se ha identificado como la entidad más peligrosa para buscar un cargo de elección popular, pues se han cometido una decena de asesinatos en contra de aspirantes y personas allegadas; el más reciente crimen ocurrió el fin de semana contra el coordinador de la alianza opositora PRI-PAN-PRD en la zona de Marquelia, Arquímedes Díaz Justo.
Este inusitado crecimiento de la violencia contra aspirantes a puestos de elección popular, no sólo en Guerrero sino en todo México, se atribuye fundamentalmente a la intervención de los grupos del crimen organizado, que buscan así mantener y consolidar su hegemonía regional y tener autoridades locales dóciles ante su actividad, fenómeno que ha llamado incluso la atención de diarios estadounidenses de primer nivel, como The New York Times y The Washington Post, en sus recientes ediciones.
Es deseable que la jornada electoral transcurra en paz, con certeza, confianza y civismo y que de ella surja un resultado cierto y contundente, que le dé al país la gobernabilidad que necesitamos para la reconstrucción del tejido social y de la tranquilidad, que se han deteriorado a tal grado que se han convertido en la principal necesidad advertida por la ciudadanía.