43: la esperanza no muere

Toda nuestra solidaridad con Sergio Ocampo: periodista de primera línea, aguerrido, consecuente. Siempre en las trincheras de los de abajo.
A pesar del acarreo de estudiantes y la algarabía de la gente que se arremolinaba al paso de la camioneta en que viajaba la presidenta Claudia Sheinbaum, en Guerrero el ambiente que se respira es de confrontación y enojo, por la acumulación de problemas que no se atienden. Los conflictos se sobrellevan y las soluciones de fondo se postergan. Las protestas se multiplican y las acciones de fuerza son más recurrentes ante la ineficacia de las mesas de diálogo y la inoperancia de las minutas firmadas.
La desatención sistemática a la multiplicidad de actores movilizados causa agravios, enconos y desesperación. La población que busca ser escuchada no encuentra canales de interlocución y no hay autoridades que le den seguimiento a las demandas más urgentes de la población.
La gobernabilidad en nuestra entidad tiene un grave deterioro por la carencia de espacios para el diálogo y la concertación. Es grave que nos acostumbremos a la política del apaga fuegos ante la ausencia de una titular en la Secretaría de Gobierno. Es imposible avanzar en la construcción de acuerdos y en la prevención de conflictos si no se cuenta con una institución sólida que mantenga un diálogo permanente con todos los actores de la sociedad. Hay temas que requieren el análisis ponderado y el debate civilizado para darle cauce a la agenda ciudadana.
El modelo de seguridad militarizado que se ha implantado en nuestro estado sin tomar en cuenta a la población, está cobrando muchas víctimas. Se ha dejado que las cúpulas del poder civil y militar hagan sus propios diagnósticos e implementen acciones que no revierten la espiral de violencia, ni mucho menos focalizan sus operativos con lo que llaman generadores de violencia. De los saldos sangrientos que se multiplican ninguna autoridad se hace responsable, todo queda en diligencias y toma de declaraciones de las víctimas. La Fiscalía estatal es una institución cerrada y opaca, lejana a las víctimas que no da resultados contundentes como la judicialización de las carpetas de investigación.
Los colectivos de víctimas que buscan a sus seres queridos son relegados en la toma de decisiones relacionadas con los trabajos de búsqueda. A los organismos civiles que asumimos la defensa de casos graves de violaciones a los derechos humanos se nos estigmatiza como adversarios políticos y como simples comparsas de los grupos opositores. La agenda de los derechos humanos ha quedado supeditada a la agenda del partido hegemónico, todo se mira desde el cristal del partido Morena. Se defienden a ultranza las líneas políticas trazadas desde el centro y se cuida más la buena imagen del partido y de las figuras públicas que están señaladas de ser comparsas de los grupos criminales.
La visita de la presidenta Claudia fue más para afianzar su estrategia partidista y ampliar el electorado morenista con el fin de pavimentar la ruta para las próximas elecciones. En lugar de dar un tratamiento más detallado de las acciones emprendidas en el estado y de evaluar el impacto de los programas sociales en los sectores pauperizados, solo se comentaron los logros ya anunciados y se defendieron las reformas aprobadas. Aparecieron prácticas añejas del PRI, como el acarreo de contingentes, los porristas y matraqueros, los líderes vetustos, los caciquillos con su séquito, politiquillos de guayabera con bordados artesanales. Todos presentes para mantenerse vigentes y dentro del presupuesto. La política de la trivialidad y las lisonjas, de las apariencias y la futilidad.
La realidad es que estamos envueltos por tragedias que han marcado nuestro derrotero como un estado convulso por la lucha armada y la insurgencia civil. Las políticas del terror y los planes de contrainsurgencia causaron daños incuantificables que siguen sin ser reparados. La herida sigue sangrando por las matanzas de campesinos y las masacres de indígenas, por los cientos de personas desaparecidas a manos del Ejército y por las prácticas funestas de los vuelos de la muerte. Esta estela de luto atraviesa nuestra entidad como una espada de Damocles, por los crímenes que se cometen y que se cubren con el manto de la impunidad. Nadie de los violadores de derechos humanos ha sido castigado, por el contrario se les honra con cargos y reconocimiento como el general Hermenegildo Cuenca. Las desapariciones del pasado con las actuales nos dibujan el continuum de impunidad. Por encima de los cambios de gobierno lo que permanece es el pacto del silencio, la protección a los perpetradores, el encubrimiento de los crímenes cometidos por militares.
El caso de los 43 jóvenes desaparecidos en Iguala, es un claro ejemplo de cómo las autoridades del PRI, PRD y Morena se han confabulado con los perpetradores de este crimen artero. En este caso quedó evidenciada la red de la macrocriminalidad donde convergen grupos delincuenciales, policías estatales, federales, militares, marinos, presidentes municipales, procurador de justicia y el gobernador para hacer causa común y protegerse de las instancias de justicia. En lugar de que se hayan desmontado las estructuras delincuenciales al interior del aparato gubernamental se han arraigado los grupos de la delincuencia dentro de las instituciones de seguridad y de los gobiernos municipales. No se ha tocado la estructura delincuencial que se anida en las instituciones del Estado, por eso ha sido imposible dar con el paradero de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. En estas condiciones es difícil transitar a una nueva etapa de nuestra vida democrática mientras se encubra a los perpetradores y se tengan actores intocables como el Ejército que se niega a entregar los 800 folios que hacen falta.
En la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa se tejieron pactos de silencio desde las estructuras más altas de poder para ocultar la verdad. Se armó una arquitectura de la criminalidad y de la impunidad de tal forma que quedaron empantanadas las investigaciones, girando en círculos concéntricos hasta topar con los muros del Ejército. En los últimos meses no se avizora un horizonte esperanzador porque las autoridades están administrando el caso con reuniones, sin tocar las raíces profundas: el paradero de los jóvenes.
Los primeros días de la agresión contra los normalistas se dibujaba la esperanza más cercana de que los 43 estudiantes llegarían a la Normal. Las madres y padres, a pesar de estar con la angustia, pensaron que se trataba de una represión de los policías municipales que sólo estarían en las rejas de barandillas y que después serían liberados. Permanecieron en la cancha de la Normal en espera de que llegaran sus hijos. Han pasado 11 años tortuosos y las autoridades de tres administraciones no han dado con su paradero.
Don Emiliano Navarrete padre de José Ángel reflexiona: Me cuesta creer que alguien nos pueda dar la verdad y la justicia porque en estos largos años se han acercado personas, pero sólo se llevan mi dolor sin que hagan nada. Por eso con la llegada de Andrés Manuel López Obrador dudé, pero había un ambiente de que venía del pueblo y que prometió que iba a encontrar a nuestros hijos. Por dentro decía ojalá esté equivocado sobre la visión que tengo de López Obrador. Fue un buen signo que haya aceptado el regreso del GIEI, sin embargo, cuando se toparon con la Sedena, el presidente la defendió más que a nosotros como padres que sufrimos la desaparición de nuestros hijos. Desde entonces las investigaciones se estancaron. Lo único que hizo fue intentar apaciguar la lucha. No cambió nada, volvió a mentir.
Con la presidenta Claudia Sheinbaum, vemos que ha tratado de ponerse del lado de las madres, pero también percibimos que no quiere tocar al Ejército. No vemos grandes avances. Seguimos en la postura de que se necesitan los 800 folios que tiene la Sedena, y en lugar de exigir que los entreguen desvía la atención con su nuevo método científico que sólo se basa en la telefonía celular. Es una sola línea con unos cuantos puntos, pero no han sido trabajados a fondo. No es nada nuevo. Si no son iguales con Enrique Peña Nieto por qué siguen solapando al Ejército.
Doña Hilda Legideño comenta que en cada reunión nos dicen que están investigando, nos informan de las búsquedas en campo, sobre la telefonía. Pero hay personas que no han sido mencionadas y aparecen en la telefonía. Es tortuoso que sólo nos tienen en un círculo vicioso sin poder avanzar. El teléfono de mi hijo fue utilizado después del 26 de septiembre, tienen los nombres de las personas y están siendo llamadas a comparecer, pero todo hasta ahí se detiene.
También hemos solicitado los folios que tiene el Ejército, pero sólo nos dicen que los van a entregar. No ha pasado nada. Así no va a caminar la investigación. Ahora quieren que se forme un nuevo grupo de expertos. Nosotras decimos que los expertos del GIEI hicieron 6 informes y echaron abajo la “verdad histórica” con pruebas científicas, por qué no los llaman si ya tienen conocimiento del caso y le pueden dar continuidad a las investigaciones para llegar a la verdad.
La investigación de los expertos apunta hacia altos mandos de la policía y militares, pero vemos que los gobiernos pasados y el actual no quieren que se sepa la verdad. Ha sido muy difícil caminar estos 11 años sin tener una respuesta. El gobierno no tiene la voluntad. Lo que pasó con nuestros hijos lo sabe el Ejército. ¿Por qué se niegan a entregar toda la información? Pasaron diferentes gobiernos y aunque Enrique Peña Nieto desapareció a nuestros hijos, tienen la obligación de decirnos la verdad porque se trató de un crimen de Estado. Andrés Manuel López Obrador encubrió al Ejército, por eso ahora con la actual presidenta le pedimos que haya verdad y que no defienda a los militares.
Como madres no nos importa que pase el tiempo, porque nunca los olvidaremos. Ellos son parte de nuestro ser, son nuestra carne, nuestro amor. A pesar de la indiferencia de las autoridades en estos pesados años, como madre nunca abandonaré a mi hijo, estaré con él hasta el final de mis días. Lo que más queremos como madres es saber la verdad, porque solo así podremos abrazar a nuestros hijos.

Una clase política distante

Guerrero es un estado convulso de raíces guerreras profundas. A lo largo de su historia el pueblo ha cimbrado y tumbado a los gobiernos represores y corruptos. Tanto en el plano de la insurgencia armada como cívica las y los guerrerenses ondearon las banderas de la rebeldía y la emancipación política. Nuestros gobernantes están lejos de alcanzar la estatura del siervo de la nación, del servidor público que vive en la justa medianía, contrario a estos paradigmas, los políticos guerrerenses sobresalen por su megalomanía y miopía políticas que los desdibuja y extravía en el camino, porque se engolosinan con el poder al instalarse como reyezuelos dentro de sus palacios.
El drama que arrastramos los guerrerenses es la traición de los gobernantes, su distanciamiento de las demandas históricas, su desfachatez, insensibilidad y maltrato con la población más pobre. Lo más grave es que se han apropiado de las conquistas alcanzadas por la movilización social y la lucha armada. Las elites políticas las capitalizaron para reivindicarse y asumirse como las depositarias de este legado invaluable. Desde la lucha independentista hasta las gestas por la democracia en 1988 y 2018 los ciudadanos y ciudadanas fueron el bastión de las transformaciones sociales. La clase trabajadora ofrendó su vida defendiendo sus tierras, enfrentando a los caciques, resistiendo la embestida militar, soportando la tortura de los judiciales y librando las balas de los gobiernos asesinos. A pesar de tantas batallas ganadas y tanta sangre derramada aún nos aprisiona la pobreza, nos sojuzga las leyes de los poderosos, se pisotean nuestros derechos y nos regatean los presupuestos públicos.
La estructura del poder político siempre es piramidal, por definición excluye a los ciudadanos de a pie en la toma de decisiones que se circunscribe a las cúpulas partidistas. Hay un muro que separa a la clase gobernante de sus gobernados. Existen estamentos sociales que colocan en las esferas más bajas de la pirámide a los ciudadanos y ciudadanas que solo son tomados en cuenta cuando emiten su voto. En estas líneas divisorias se profundizan las desigualdades y se remarcan las diferencias sociales. Quedar fuera del ámbito gubernamental es someterse a la dinámica que impone la nueva clase gobernante. El ciudadano queda invisibilizado, despojado del aura del poder y relegado de cualquier decisión que afecte sus derechos.
El pueblo de Guerrero no solo ha protagonizado luchas emblemáticas, también se ha movilizado para dar la pelea en las urnas. En 1988 el PRI sufrió una derrota estrepitosa con el triunfo contundente de Cuauhtémoc Cárdenas. El temple del electorado guerrerense quedó demostrado con la toma de ayuntamientos, las marchas por la democracia, la emergencia de nuevos líderes comunitarios y la efervescencia de un movimiento social imparable. La población no luchaba por un cargo sino por un cambio de gobierno, una apuesta por la democratización de las instituciones y el resquebrajamiento de una clase política vetusta. Sobresalía la mística, la entrega, el sacrificio, la causa y los sueños del cambio.
Hace dos décadas el pueblo de Guerrero se levantó con una gran victoria contra el PRI, al fin se cristalizaban los grandes anhelos del cambio. Un empresario acapulqueño quedó al frente de la nueva encomienda de desmontar la estructura caciquil y de impulsar una nueva forma de gobierno. Pronto se resquebrajaron las expectativas del cambio, la aversión de Zeferino Torreblanca a los luchadores sociales fue implacable, siempre los catalogó como lucradores sociales y despreció a los militantes del PRD, dudó de su autenticidad y compromiso, los estigmatizó y dejó de lado a los sectores sociales empobrecidos y movilizados. Fue un sexenio que quedó marcado por la violencia política y por la polarización social que protagonizó el gobernador empresario.
Lo peor que le ha pasado a nuestro estado es que los caciques políticos han sabido sortear su carrera política como chapulines y camaleones al colocarse como abanderados de los partidos de oposición para ganar la delantera en la carrera por la gubernatura.
Sucedió con Ángel Aguirre Rivero que ganó la elección en el 2011 con las siglas del PRD: El pragmatismo de muchos perredistas no dimensionó las consecuencias políticas y sociales que causaría un personaje ajeno a las luchas sociales y lejano al ideario político de un partido de izquierda. En la primera administración sucedió la masacre de El Charco que hasta la fecha no existe una denuncia penal contra los mandos militares que ordenaron las ejecuciones de 10 indígenas y un estudiante de la UNAM. En su segundo período se consumaron dos hechos deleznables: las ejecuciones de Gabriel Echeverría y Jorge Herrera, dos estudiantes normalistas que fueron ejecutados por policías del estado y federales en la Autopista del Sol, el 12 de diciembre de 2011.
Nada hicieron las autoridades federales para atraer esta denuncia calificada por la CNDH como un caso grave de violaciones a los derechos humanos.
En mayo de 2013 el luchador social Arturo Hernández Cardona fue víctima junto con dos compañeros más de desaparición forzada y ejecución extrajudicial por parte del entonces presidente municipal de Iguala José Luis Abarca. A pesar de estos hechos violentos el gobernador Ángel Aguirre lo protegió y lo mantuvo en el poder. Lo inaudito fue la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y el asesinato de tres de sus compañeros en la noche del 26 de septiembre y madrugada del 27 en Iguala. A pesar de este crimen artero las autoridades federales se desentendieron del caso hasta que la indignación nacional e internacional puso en jaque el presidente Enrique Peña Nieto. Hasta entonces solicitó licencia el gobernador Aguirre. Hasta la fecha no hay avances en la investigación para dar con el paradero de los 43 normalistas.
En lugar de avanzar en la agenda de derechos humanos y en el combate a la impunidad, los gobiernos perredistas relegaron estos temas y se arremolinaron en la disputa por los cargos públicos. Quedó evidenciado que el PRD solo sirvió a sus dirigentes como una plataforma de lanzamiento de sus candidaturas. Se mercantilizaron sus siglas y se erigió en una agencia de colocaciones. Mientras tanto la gente del campo y de las periferias de las ciudades siguieron sumidas en el olvido y la miseria. No hubo un cambio que les favoreciera, más bien se generaron nuevas clientelas y corrientes políticas para disputar candidaturas.
Con el Movimiento de Regeneración Nacional, Andrés Manuel López Obrador logró aglutinar un gran movimiento en el estado. Tuvo una gran aceptación tanto por el electorado como del movimiento social. El trabajo que forjó por varios años logró tejer muchas alianzas al grado que la mayoría de perredistas se cambiaron a Morena.
Nuevamente 2018 quedó registrado en la memoria política de los guerrerenses al arrasar en las votaciones presidenciales. Fue muy impactante la figura de Andrés Manuel por su presencia constante en las ocho regiones del estado y por su cercanía con la gente sencilla. Los programas sociales que se diseñaron en su sexenio están orientados a revertir la pobreza, sin embargo, el impacto en las comunidades rurales del estado no ha representado un cambio significativo. Son insuficientes estos programas y el diseño de algunos no responden a las condiciones de movilidad de la población jornalera que son familias muy pobres. La baja productividad de los cultivos básicos sigue siendo el talón de Aquiles de estos programas porque el mero subsidio, en lugar de impulsar la producción, la desalienta. Los suelos desgastados requieren tratamientos de mediano y largo plazo y de inversiones constantes y significativas para los pequeños productores. La falta de maíz en la Montaña nos ha colocado como una región muy pobre y sumamente vulnerable. La fortaleza de las comunidades son sus siembras comunitarias, la autosuficiencia alimentaria y la organización autogestiva. El subsidio individual debilita el trabajo colectivo y fragmenta la lucha como comuneros. Las asambleas corren el riesgo de ser el centro de la toma de decisiones y de su gobierno autónomo.
La nueva clase política de Morena cada vez se distancia más del movimiento social, en lugar de abrirse a la sociedad y tomar una postura autocrítica se han enconchado y alejado de las voces discordantes. Se han engolosinado con las mieles del poder y del dinero. Se han colocado en el centro de la acción política como principales beneficiarios de las prebendas del poder y han relegado a la población que no tiene para comer. Han aprendido muy rápido las malas prácticas de las administraciones pasadas, al mantenerse en la opacidad, al hacer negocios privados con dineros públicos. Al ser indiferentes ante el dolor y dejar en estado de indefensión a las familias que padecen la violencia. Se han desentendido del grave problema de la desaparición de personas y no hay cambios sustantivos en la Fiscalía del estado para hacer efectivos los derechos de las víctimas. Se ha ignorado a los colectivos de familiares que ponen en riesgo su seguridad para realizar la búsqueda en territorios controlados por grupos de la delincuencia. No hay oídos para atender las demandas básicas de la población mayoritariamente pobre. Es recurrente que se les haga dar vueltas en vano en busca de respuestas relacionadas con la ejecución de obras inconclusas.
El caos impera en nuestro estado no solo por la violencia, sino por la desatención a una población que ha protagonizado los cambios, por la indolencia de las autoridades, su insensibilidad, su ausencia en los momentos en que la gente requiere acciones eficaces para hacer valer el Estado de derecho.
En Guerrero padecemos una clase política distante de la realidad que nos lacera y embelesada con los privilegios del poder. Este fin de semana fuimos testigos de dos actos paralelos: la clase política de Morena encerrada en su burbuja, trajeada y perfumada, distante del pueblo de Guerrero que es heredero de la lucha histórica del generalísimo José María Morelos y Pavón y del legado universal de los derechos humanos de la población pobre. Y en otro espacio la APPG hizo un reconocimiento social a los luchadores sociales de Guerrero y a quienes han ofrendado su vida por una patria donde reine la igualdad y la justicia. El Guerrero de abajo.

 

Prócoro: el temple de un luchador social

Prócoro Valente Gil nació el 9 de abril de 1971 en el hospital de Iguala por las complicaciones de parto de su mamá. A los pocos días retornaron a su comunidad en La Sidra, municipio de Ayutla de los Libres. Al pie de las montañas tuvo la dicha de crecer al lado de sus padres. Con el estómago vacío forjó su temple en los surcos del tlacolol sembrando maíz, frijol, calabaza y jamaica. Toda su vida caminó cuesta arriba, como cuando cortaba leña.
Los dos primeros grados de primaria los cursó en La Sidra. Ante los problemas económicos su familia se trasladó a San José La Hacienda donde cursó el tercero y cuarto grado. Con pocas oportunidades de trabajo sus padres se reubicaron en la comunidad de Tejoruco, municipio de Tecoanapa. Empeñado en terminar la primaria caminaba una hora a la comunidad de la Parota Seca.
Al ingresar a la secundaria técnica de Tecoanapa caminaba más de dos horas. Su finada mamá Eliodora con mucho sacrificio juntaba dos pesos para que su hijo comprara tortillas y chiles en vinagre. Tomaba agua de la manguera para pasar la comida. Después de clases iba por la leña y a chaponear en el campo. Cazaba iguanas y conejos para llevar alimento a su familia.
Era un gran aficionado de la lectura al grado que participó en un concurso regional de literatura, ganando el segundo lugar, también compitió a nivel estatal. La lectura le abrió las ventanas para conocer otras culturas y empezó a tomar conciencia de la desigualdad y la discriminación que sufrían las comunidades indígenas y afromexicanas. Su mayor preocupación fue ver a los niños desnutridos, le dio en lo más hondo porque Prócoro también la padeció.
Trabajó de peón para apoyar con los gastos a su mamá y a sus hermanos menores. Solo pudo cursar el primer año en la preparatoria 15 de Tecoanapa, pero su precaria alimentación le impidió seguir. A los 16 años se fue a trabajar a Los Cabos, Baja California, asumió la responsabilidad como si fuera el padre de la casa. Al año regresó para reanudar sus estudios en la preparatoria 33 de Chilpancingo. Sin recursos económicos se quedaba a dormir en las aulas de clases. Martín, el intendente de la institución, lo llevó al comedor universitario y le informó que había casas de estudiantes.
La idea de luchar por los derechos de los pueblos indígenas y afromexicanos la tenía siempre a flor de piel, se empapó de lecturas sobre la revolución cubana, rusa y vietnamita. Gabriel Santos, en la sala de espera del hospital, recordaba que Prócoro cada semana compraba la revista Proceso y el diario La Jornada para estar informado sobre los movimientos sociales y las recurrentes represiones de los gobiernos caciquiles.
Le daban una beca de 800 pesos que repartía en tres casas de estudiantes: un humanismo genuino que llevaba en las venas. Poco a poco se fue organizando con los estudiantes. Acompañaba a la gente de las comunidades a realizar trámites en las antiguas oficinas del INI. Al concluir la preparatoria siguió sus estudios en la escuela de derecho de la Universidad Autónoma de Guerrero.
Transcurría 1994 cuando Prócoro estaba en la Casa del Estudiante Auténtica Número 2, llegó a ser el estudiante más destacado. En la universidad había muchas corrientes políticas y la casa del estudiante donde vivía estaba con los “Cívicos” junto con Armando Chavarría, Florentino Cruz Ramírez y otros.
En ese tiempo se reunieron 25 casas de estudiantes para integrar la nueva Federación Estudiantil Universitaria Guerrerense (FEUG) con el fin de construir un programa político. En las discusiones sobresalía Prócoro, quien pronto fue nombrado como parte de la Comisión Ejecutiva de la Federación Estudiantil. Poco a poco se involucró en la vida política de la universidad, con el tiempo optó por la lucha social.
Militó en el Frente Amplio para la Construcción del Movimiento de Liberación Nacional (FACMLN) catalogado por el ejército como una organización radical, al igual que la OPCG. Corría 1996 cuando la represión del figueroísmo estaba muy fuerte. Estaba muy viva los hechos atroces de Aguas Blancas el 28 de junio de 1995 que dio origen a la irrupción del Ejército Popular Revolucionario (EPR). Le tocó vivir esa lucha fragorosa con un movimiento estudiantil y social muy agitado. Prócoro fue de los estudiantes el más valiente.
En el FACMLN había otra alianza de organizaciones que denominaron Unión de Organizaciones de la Sierra del Sur. Estaba una organización con presencia en Olinalá la UOCEZ, en Metlatónoc la UCIM, Movimiento 6 de Marzo en la Costa Chica; en la Costa Grande la OCSS con Benigno Gallardo e Hilario Mesino; en la zona centro la OPCG con Pedro, Lino y Alfredo, y en la zona norte estaba Arturo Hernández Cardona con el Movimiento Azteca y posteriormente la Unidad Popular. Tenían conexión con expresiones a nivel nacional con Omar Torres, Efraín Torres Fierro, Omar Garibay y otros luchadores sociales.
En la movilización social Prócoro siempre iba al frente y era el que encaraba a los porros de Acción Revolucionaria dentro de la universidad dirigida por Gabino Olea Campos, Hugo Vázquez y otros, vinculados al priismo y al figueroísmo. En una ocasión Gabino invitó a una sesión del consejo universitario al gobernador Rubén Figueroa Alcocer, sin embargo la base cuestionó esta decisión arbitraria porque violaba la autonomía y era una afrenta para la misma universidad vinculada a la lucha social.
En una ocasión las organizaciones sociales acordaron boicotear el informe del rector en la sesión del consejo. Las casas de estudiantes y las organizaciones llegaron tarde para impedir que golpearan a Prócoro que había entrado a la fuerza a la sesión realizada en el Cinema Jacarandas. En protesta entró con un pequeño grupo de jóvenes logrando que el gobernador interino Ángel Aguirre Rivero abandonara el recinto.
En la universidad el Figueroísmo tuvo sus adeptos, pero la mayoría de estudiantes confluían con el movimiento social. Cívicos, pemecistas, viejos cívicos y otros más tenían al mismo enemigo: enfrentar a los caciques de Guerrero. Prócoro era identificado por el gobierno como de izquierda. En una ocasión se reunieron las casas de estudiantes con funcionarios de Ángel Aguirre para que bajaran el costo del pasaje, para que dotaran muebles a las casas de estudiantes, presupuesto para el comedor y la gratuidad de las inscripciones. En las discusiones el secretario general de gobierno Humberto Salgado Gómez espetó que no quería ver a Prócoro porque tenía intereses oscuros y porque tenía otra agenda. Decía que estaba vinculado con organizaciones radicales e insurgentes. Sus compañeros salieron en su defensa y Prócoro se mantuvo firme.
Se volcó a la lucha social de lleno al grado que fue detenido siendo estudiante con muchos dirigentes del FACMLN como Pedro Nava, Erlindo Hernández López, Alfredo Barragán Rentería y seis más. Tenía 21 años. Estuvo preso ocho meses acusado de motín, sabotaje e incitación a la violencia, salió en 1997. Mientras que Benigno, Hilario, Bertoldo eran detenidos y llevados al penal de Almoloya la represión en el estado provocó muchas detenciones, desapariciones y ejecuciones. La liberación de Prócoro coincidió con el repliegue que tuvo el EPR después del 98, sin embargo, la represión no cesó.
Prócoro fue un estudiante destacado vinculado en todo momento a lucha social, con una identidad muy clara en favor de la clase explotada. Terminó la licenciatura en Derecho y se fue de catedrático a la preparatoria 15 de Tecoanapa. En su convivencia con los jóvenes y sus familias empezó a ver que las comunidades sufrían por falta de agua.
En 2005 emprendió una lucha emblemática en defensa del agua. Acude con las autoridades comunitarias para impulsar la organización de los pueblos. Al inicio no respondieron, pero cuando se afianzó su relación con las comunidades de Barrio Nuevo, El Guayabo, Tepintepec, El Carrizo y San Francisco desafiaron a los caciques mestizos de Tecoanapa. La pelea llegó a los tribunales. Ganaron los seis pueblos para que pudieran construir su red de agua. Los líderes de Tecoanapa bloquearon en varias ocasiones la toma de agua, se aferraban a que no se construyera. En una ocasión se dio un enfrentamiento a pedradas y con palos entre ambos grupos, quedando varios heridos, a pesar de esta confrontación las comunidades no bajaron la guardia.
Ganaron la batalla por el agua en 2012. La lucha no terminó ahí, más bien la exigencia era el saneamiento del río por las aguas negras que el municipio de Tecoanapa arrojaba. Río abajo la población se estaba enfermando porque utilizaban el agua para bañarse y lavar la ropa. Prócoro gestionó biodigestores para que el agua del drenaje fuera tratada. Luego siguió con las plantas medicinales para la prevención de enfermedades como la diabetes. También fundó la policía comunitaria en los seis pueblos.
Estaba precupado por la falta de acceso a los servicios de salud y educación. Paradójicamente en los últimos días de su vida, un grupo afín al rector le quitó las horas de trabajo en la preparatoria, para dejarlo fuera de la institución. Fue un golpe duro para Prócoro, por la forma artera perversa con la que actuaron los directivos. Estaba decidido a dar la pelea dentro de la institución, pero su estado de salud se complicó. Aún en esas condiciones seguía impulsando proyectos en defensa del medio ambiente con personal de la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México. Lamentablemente el miércoles 3 de septiembre tuvo una caída mortal que truncó sus proyectos. Los pésimos servicios de salud que hay en las comunidades rurales no alertaron de que era urgente una atención médica de tercer nivel. Lo llevaron con una médica de San Francisco que recomendó que estuviera en observación en su casa. Empezó a vomitar y después de dormirse un rato le dio un paro respiratorio. Lo trasladaron con oxígeno a Ayutla para reanimarlo, posteriormente lo llevaron a Acapulco, donde falleció la madrugada de este lunes 8 de septiembre. A las 4:30 de la tarde de este martes fue sepultado en el panteón de La Sidra, para regresar con los suyos. Perdimos a un luchador social que desde la academia y la organización comunitaria les dio voz a los pueblos olvidados de Tecoanapa.

 

Pueblo pobre, gobierno rico, el quiebre de los principios morenistas

Salud y fuerza para nuestro compañero de lucha Prócoro Valente Gil, quien requiere con urgencia una intervención médica de tercer nivel para poner a salvo su vida.

Cuatro años fueron suficientes para que la gobernadora Evelyn Salgado corriera el telón de la veleidad y la suntuosidad para hacer de su informe un recuento de cifras alegres y transformar el escenario en una pasarela con alfombra roja para el senador Félix Salgado. El aire triunfalista no dejó espacio para la reflexión crítica ni el análisis ponderado, fue más bien un ritual para el besamanos y el caravaneo político. La cargada del partido guinda repitió las prácticas nefastas del acarreo, las porras y el aplauso fácil. El embeleso del poder hechizó a los asistentes que aparecieron en escena como dóciles seguidores de la gobernadora. Los detalles más cuidados fueron los escenográficos; el espacio visual, la palestra y la proyección de una estrella fulgurante. La algarabía se desbordó y el glamour de la nueva clase política dejo ver su poder adquisitivo. Los sectores sociales corporativizados y las organizaciones afines a Morena cumplieron con su cometido, de refrendar el apoyo incondicional a la gobernadora. Lo festivo invisibilizó la cauda lúgubre que miles de guerrerenses arrastran por el flagelo de la inseguridad y la violencia que se expande en las ocho regiones del estado.
Los 9 mil 500 millones de pesos que se aplicaron en la construcción de carreteras, en infraestructura educativa, obras de agua, salud y vivienda, contrastan con realidades que laceran la vida de las familias mayoritariamente pobres. La falta de caminos mantiene aisladas a miles de comunidades elevando los costos de los productos básicos por las dificultades de su traslado. En varias regiones no se ve dónde se pavimentaron los 3 mil 400 kilómetros que construyeron. Las principales carreteras que comunican con las cabeceras municipales requieren mantenimiento. Hay carreteras destrozadas como las de Tlapa-Metlatónoc, Tlapa-Olinalá, Chilapa-Tlapa por mencionar algunas de la Montaña. En esta región muchos niños y niñas caminan por los cerros para llegar a las escasas escuelas que hay tanto en la Montaña, como en la Sierra y la Costa Chica. El termómetro de esta grave carencia son las protestas que recurrentemente hay por la falta de maestros y maestras, por la nula o precaria infraestructura educativa, la falta de médicos en los centros hospitalarios y en las casa de salud, así como el desabasto generalizado de medicamentos.
Las viviendas no cuentan con el servicio de agua potable, la población tiene que comprar sus rollos de manguera para trasladar el agua por gravedad, los que no tienen recursos para comprarla utilizan sus animales para acarrearla de sus manantiales. Los jefes de familia lo poco que ganan como peones o jornaleros agrícolas destinan una parte para reconstruir sus viviendas. En temporada de lluvias, el viento y el agua tuerce o vuela sus techos de lámina. Sus adobes se reblandecen y las paredes se agrietan. Son contadas las familias que han sido beneficiadas con una vivienda, lo grave es que las personas más vulnerables que no hablan español ni cuentan con actas de nacimiento son descartadas para ser beneficiarias de una vivienda. Las familias jornaleras que están más de 6 meses fuera de sus comunidades tampoco son beneficiarias de los programas sociales en general.
Los caminos artesanales, que son parte del programa carretero del gobierno federal, aparecen como inversiones realizadas por el gobierno del estado. Desconocemos el monto erogado por el gobierno del estado de los 665 kilómetros de caminos rehabilitados y 297 obras que han beneficiado a 517 mil habitantes en los 19 municipios de la Montaña, la Costa Chica y también a la Sierra. Es admirable la cifra de 497 mil metros de tubería de agua potable, que equivale a la distancia entre Zihuatanejo y Punta Maldonado. Falta saber en qué municipios y que comunidades fueron las beneficiadas de estas obras hidráulicas. Tanto en el puerto de Acapulco, en sus comunidades rurales como en Cochoapa el Grande ésta es la demanda generalizada porque las redes de agua no funcionan. Las pocas obras que hay están hechas con material reciclado y a punta de remiendos de las tuberías. No hay comunidad que no tenga el problema en su red de agua potable y que sufra de desabasto de este líquido vital. Las poblaciones rurales no tienen otra alternativa que acarrear el agua.
Nos preocupó que en el informe no se abordara la situación de los derechos humanos, que es un tema central para las víctimas que sufren estas violaciones y que no encuentran la protección de las instituciones de derechos humanos y de la misma Fiscalía. Esta crisis ha generado desconfianza y un distanciamiento mayor por parte de los colectivos y familiares que han tenido amargas experiencias por el maltrato, la indolencia y la indiferencia de quienes tienen que investigar los delitos y las violaciones de los derechos humanos. Se ha relegado este tema de la agenda pública y se ha optado por invisibilizar y encubrir a quienes cometen atropellos a la ciudadanía. Pocas son las denuncias que prosperan contra servidores públicos y las quejas se han perdido en el laberinto democrático. El organismo público de derechos humanos se ha desdibujado, en lugar de estar del lado de las víctimas está al lado del poder. Se ha transformado en una oficialía de partes de la oficina de la gobernadora, en una instancia de gestión pública.
Sobre la violencia que padecen las mujeres no hay cifras que nos den una pauta de cómo monitorea el gobierno esta problemática y qué acciones ha emprendido para contenerla. Es insuficiente y poco objetiva la información que maneja sobre la alerta violeta que según ha alcanzado un 93 por ciento de efectividad en la búsqueda y localización de mujeres reportadas como desaparecidas. Hay un problema grave que muchas mujeres desaparecidas no son encontradas y algunas son asesinadas. La violencia contra ellas se ha recrudecido y los casos de feminicidios se han incrementado, a pesar de que los ministerios públicos se niegan a tipificar estos crímenes graves como feminicidios. No se le ha dado la importancia que requiere para dotar de personal suficiente, especializado y con ética profesional para atender con perspectiva de género y enfoque intercultural la violencia feminicida que se invisibiliza en las cifras oficiales.
Son insuficientes y muy acotadas las acciones para atender los casos de niñas que son víctimas de matrimonios forzados. Todo se reduce a dar talleres a los funcionarios municipales que son los menos interesados en atender estos asuntos. En los municipios de la Montaña donde más se registran estos casos las autoridades municipales, como presidentes y síndicos son parte del problema, porque revictimizan a las niñas, las encarcelan, las obligan a permanecer con su pareja a pesar de que ejerce violencia contra ellas. Negocian estas transacciones al obligar al padre de la niña a que regrese con intereses el dinero que gastó el suegro. Si no lo hace lo encarcelan o lo obligan a que firme un documento donde se compromete a pagar en determinado tiempo.
Como Centro de Derechos Humanos de la Montaña tenemos un registro de 11 feminicidios y dos por tentativa de feminicidio de enero al mes de agosto de este año. Tres feminicidios sucedieron en el municipio de Cochoapa El Grande, 3 en el municipio de Alcozauca; 3 en el municipio de Tlacoapa, uno en Acatepec y otro en Tlapa. En Malinaltepec y Alcozauca se registraron dos feminicidios en grado de tentativa. Doce casos son de mujeres indígenas y un caso es de una mujer mestiza. Ocho son del pueblo ñu savi y 4 del pueblo me´phaa. Los perpetradores son policías en dos casos, dos por ataque armado y el resto está relacionado con sus parejas. En dos casos los feminicidas usaron cuchillo para ultimarlas, una a golpes y el resto con armas de fuego.
Esta radiografía nos muestra un problema grave que no está siendo atendido con la urgencia e importancia que se requiere.
La Alerta Violeta es sólo un aspecto de los múltiples problemas que enfrentan las mujeres guerrerenses. Es impostergable diseñar una política integral que atienda de fondo esta violencia feminicida que resquebraja nuestro sistema de justicia y pone a prueba a la gobernadora para estar realmente cerca de las mujeres que padecen las violencias en sus hogares y comunidades.
Las expectativas que se fincaron con la llegada de Morena a la gubernatura del estado han quedado truncas, no sólo porque no hay un giro en los temas más sensibles para los guerrerenses como es el acceso efectivo a la justicia, la demanda generalizada de la seguridad pues cada vez se destruye el maltrecho tejido social y el empoderamiento de los grupos delincuenciales que han tomado el control en amplias franjas del estado y se han erigido como un poder fáctico que supedita a las autoridades municipales. La seguridad pública ha dado tumbos, los mismos cambios de sus titulares nos indican que no hay un rumbo claro dejando inerme a una población que tiene miedo y que también desconfía de los cuerpos de seguridad y de quienes investigan los delitos por la colusión que existe al interior del aparato estatal.
Por otra parte la nueva clase política de Morena se ha subido a la locomotora del lopezobradorismo pero más por los intereses facciosos y particulares que los mueven y no por los principios que sustentan y le dieron fuerza al Movimiento de Regeneración Nacional para luchar contra la corrupción, contra la mafia del poder, contra el nepotismo, contra la política como negocio. La máxima de “por el bien de todos primero los pobres” entre la nueva clase política de Guerrero no parece ser el eje rector de la Cuarta Transformación. También la consigna de servir al pueblo con honestidad y vivir en la justa medianía se ha relativizado. Igualmente, la lucha por desmontar las estructuras de la corrupción gubernamental para que no siga habiendo pueblo pobre con gobierno rico, en nuestra entidad, sigue predominando la consigna porfirista “acátese pero no se cumpla”.

 

Desde el dolor más hondo de nuestro corazón

En memoria de todas las personas desaparecidas que son el tesoro más preciado y el amor más sublime de un estado atrofiado por la violencia y la impunidad. Nuestro aprecio y respeto a todos los familiares, colectivos y sobrevivientes por su lucha incansable y su fuerza inquebrantable.

Guerrero es el pozo de los tormentos y el mar de la fatalidad por las centenas de personas desaparecidas que el Estado mexicano fraguó desde las altas esferas del poder para exterminar a los rebeldes e insumisos. Desde la década de los sesenta el Ejército implantó la política del terror. Aplicó sus planes de contrainsurgencia con el objetivo de aniquilar a los insurrectos y avasallar a la población civil. Para hacer más cruento el sufrimiento de la persona detenida y de sus familiares la desaparición forzada se erigió en una práctica sistemática y generalizada: los agentes del estado se encargaron de privarlas de su libertad, de ocultar su paradero, de encerrarlos en cárceles clandestinas y condenarlos a un final funesto.
El Ejército fue el brazo ejecutor de esta estrategia: usó la fuerza letal, tuvo licencia para matar. Entró a las comunidades para detener arbitrariamente a cualquier persona, allanó domicilios para aterrorizar a las familias, aplicó la tortura para arrancar confesiones, confinó en las mazmorras a los detenidos, violó a las mujeres, quemó viviendas, corrió a las familias de sus hogares, ejecutó a los rebeldes y los tiró al mar.
Las atrocidades cometidas por el Ejército han sido toleradas por todos los gobiernos. Las investigaciones de crímenes están estancadas, ninguna prospera porque hay línea política de no tocar a las fuerzas armadas. La Fiscalía General de la República ha relegado estos casos, solo avanzan cuando los familiares ejercen presión y aportan pruebas. Todo está destinado para que los expedientes sean archivados.
Atoyac fue el epicentro de la brutalidad estatal. El Ejército llegó para exterminar a la guerrilla y a las comunidades que abrigaban la lucha del maestro Lucio Cabañas. La década de los setenta fueron los años fatídicos para toda la población que se adhería a la guerrilla de Lucios Cabañas y Genaro Vázquez. Varias comunidades se despoblaron por la persecución encarnizada contra las familias que llevaban los apellidos de los guerrilleros. 1974 fue el año de la represión generalizada y de una violencia irrefrenable implementada por el Ejército para arrancar de raíz la semilla de la rebelión.
Los vuelos de la muerte que reportó en su carta Benjamín Apresa, un militar desertor asignado a la Base Aérea Militar Número 7 de Pie de la Cuesta, da cuenta de 183 personas (174 hombres y 9 mujeres) que fueron registradas con sus nombres y seudónimos y que fueron tiradas al mar, distribuidas en 19 viajes. El 89 por ciento de las personas registradas en los vuelos de la muerte eran de Guerrero y en su mayoría del municipio de Atoyac. Estos avances del modo de operar del Ejército no son producto de las investigaciones de la Fiscalía, sino de los familiares, colectivos, investigadores, periodistas y defensoras de derechos humanos. Es un esfuerzo titánico por conocer el paradero de los desaparecidos de la época sombría del terrorismo de Estado.
El Estado fue el responsable de las desapariciones forzadas del pasado, es una denuncia vigente que tiene un continuum de impunidad porque conecta las desapariciones del pasado con las del presente, con nuevos actores de la delincuencia organizada que se han enquistado en las estructuras del poder político y son los que se encargan de hacer el trabajo sucio de causar terror entre la población sin ser investigados ni encarcelados. El Estado sigue siendo cómplice porque no investiga, no castiga y no apoya a las víctimas en la búsqueda de sus familiares.
Con el tiempo las desapariciones lejos de disminuir se incrementaron, pero ahora instrumentalizadas con la expansión de los grupos de la delincuencia organizada en colusión con las autoridades de los tres niveles de gobierno. Las corporaciones policiacas y las fuerzas armadas fueron infiltradas por la delincuencia como quedó demostrado con la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa en 2014. Las madres y padres emprendieron una lucha para buscar a sus hijos. Fue un parteaguas porque las familias de Iguala, Chilpancingo, Acapulco, Atoyac, Ayutla de los Libres, Taxco, Chilapa, Zitlala y Tlapa rompieron el silencio.
En la región de la Montaña, las familias indígenas también se han tenido que organizar para realizar búsquedas. Ha sido muy difícil porque son discriminadas por las autoridades. Con el pesar que cargan luchan a contracorriente para recorrer cerros y barrancas, buscando las huellas de sus seres queridos.
El colectivo Luciérnaga surge en este torbellino de violencia criminal. Con la dolorosa desaparición y el asesinato del defensor comunitario, Arnulfo Cerón Soriano, las familias rompieron el silencio y decidieron denunciar las desapariciones que se han consumado en el municipio de Tlapa. En noviembre del 2019 se logró dar con el paradero del defensor 3 metros bajo tierra. Este hallazgo representó para las familias una luz en la oscuridad. En medio del dolor y el miedo surgió la iniciativa de crear el colectivo Luciérnaga integrado por 50 familias. De las 8 jornadas de búsqueda que han realizado encontraron 11 cuerpos y más de 120 restos humanos. En enero de este año fueron entregados los restos de don Porfirio Barrera, gracias a la tenacidad y persistencia de su familia.
Este 30 de agosto se conmemoró el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición para las familias este 30 de agosto significa dolor, indignación, impotencia e incertidumbre por no saber el paradero de sus hijos, hijas, madres, padres o hermanos. Recordarlos y nombrarlos es un acto de resistencia y memoria, es una coyuntura propicia para denunciar a las autoridades por su complicidad, negligencia y corrupción. Por eso las buscadoras indígenas, como un ejercicio para mantener viva la memoria de sus seres queridos narran las historias crudas de la desaparición de sus familiares.
Mi nombre es Amalia. Soy originaria de la comunidad de San Miguel el Viejo, municipio de Cochoapa el Grande. Llegué a vivir con mi familia a Tlapa hace 25 años. En el 2016 mi hijo Fredy salió de nuestra casa para ir a comprar una ficha de teléfono con su amigo. Luego fueron a cenar unos tacos a una taquería, pero a pocos minutos llegó una camioneta negra de donde bajaron sujetos armados y se los llevaron.
Mi esposo y yo salimos a buscarlo más noche porque no llegaba. Fuimos a preguntarle a su amigo si lo había visto y nos contó lo que pasó. Se nos hizo extraño que él estuviera en su casa y nuestro hijo no haya regresado. Mi esposo lo llevó con la policía preventiva para que dijera quién se llevó a Fredy, pero no quiso hablar. La policía, en lugar de ayudarnos a investigar y buscar a mi hijo, dejó ir al testigo que sabía dónde podría estar mi hijo porque no había una denuncia previa y arrestó a mi esposo. Para soltarlo nos dijeron que teníamos que pagar una multa. Investigamos y lo fuimos a buscar a las barrancas y cerros, encontramos fosas, pero no lo encontramos a él. A pesar de que recibimos amenazas lo seguimos buscando. El 2 de agosto de 2020 mi esposo fue asesinado, pero hasta hoy no se ha hecho justicia y tampoco sé dónde está mi hijo.
Mi hermana Yanderi lleva 8 años desaparecida, desde el 3 de marzo del 2017. Ese día Yanderi iba a ir a una peregrinación en la Ciudad de México. Siempre me mantenía informada cuando salía, pero ese día no llamó. Creí que se le había olvidado o que me avisaría cuando ya estuviera allá. Más tarde su amiga me avisó que mi hermana no llegó al punto de encuentro y no sabía nada de ella. Nos preocupamos y comenzamos a buscarla, la llamamos, pero su teléfono estaba fuera de servicio.
Fuimos al Ministerio Público a poner una denuncia, pero no nos la recibieron hasta tres días después. Lo primero que le dijeron a mi mamá es que querían testigos, que los buscáramos y los lleváramos con ellos. Después nos unimos al colectivo Luciérnaga, vimos apoyo por parte de Tlachinollan. Lo malo es que, a pesar de este apoyo, las autoridades no nos hacen caso, sólo nos dan fechas para informarnos del caso, pero no nos dicen nada y nos vuelven a reagendar. Pienso en el dolor de otras familias que están pasando por lo mismo y que tal vez si nos uniéramos las autoridades voltearían a vernos. Tenemos que perder el miedo. Yo sólo quiero encontrar a mi hermana.
La mayoría de las personas desaparecidas son jóvenes y mujeres indígenas con sueños truncados. En sus comunidades no hay oportunidades de estudiar, sobreviven del campo, del comercio y del trabajo artesanal. Las víctimas de desaparición en la Montaña son maltratadas por hablar otro idioma, se les discrimina por venir de comunidades apartadas y se les ignora por ser analfabetas. El Ministerio Público, además de que las trata con desprecio, no tiene sensibilidad para atenderlas con respeto; la Fiscalía no cuenta con intérpretes ni personal que conozca las culturas indígenas. Ponen en duda lo que declaran, estigmatizan a la persona desaparecida. Son los familiares quienes se encargan de hacer las investigaciones, las búsquedas en contextos sumamente peligrosos. Es el círculo perverso de la impunidad que empodera a los perpetradores y deja en estado de indefensión a las víctimas. En la Montaña las personas desaparecidas son el dolor más hondo que nos sumerge en el fango de la violencia y nos confina a vivir en la miseria y la orfandad.

 

Mujeres que luchan y que pierden la vida

Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan

La lucha imbatible de Tita Radilla: 51 años buscando a su padre Rosendo. La confabulación del poder civil con el poder militar nunca sepultará la digna memoria de los desaparecidos. Persistencia y combatividad de Martha Obezo en su exigencia de justicia, por el asesinato de Armando Chavarría Barrera, en su 16° aniversario luctuoso.

El pasado jueves 21, en la víspera de la discreta visita que hizo al nuevo hospital de Tlapa la presidenta de la República Claudia Sheibaum, dos jóvenes mujeres de Yozondacua El Nuevo, municipio de Cochoapa El Grande, fueron asesinadas cuando regresaban a su comunidad en un Tsuru. El esposo de una de ellas manejaba la unidad y la hija menor viajaba a su lado. Nunca dimensionaron el peligro de salir por la tarde para hacer algunas compras y regresar por la noche.
En Cochoapa El Grande uno de los grupos delincuenciales que tienen asolada la región, ubicó a la familia que entró al pueblo. Habían acudido para comprar un pastel con motivo del cumpleaños de su hija. De inmediato se regresaron. Todo transcurría en calma, hasta que una camioneta los alcanzó y los rebasó. No maliciaron las intenciones que llevaba. Cerca de Barranca de la Palma el papá alcanzó a ver que la camioneta hacía maniobras para cerrarles el paso. Antes de que lograra su objetivo el chofer aceleró y logró escabullirse. De inmediato los maleantes accionaron sus armas contra el vehículo. Las balas se incrustaron en los cuerpos de las dos mujeres que viajaban en el asiento de atrás. Las dos murieron al instante. La menor quedó herida y el papá resultó con pequeñas lesiones. Como pudo llegó a la comunidad con la trágica noticia de las dos mujeres asesinadas y su hija herida. La menor fue trasladada el hospital de Cochoapa El Grande que optó por trasladarla al Hospital General del IMSS-Bienestar de Tlapa, donde estuvo de visita la presidenta Claudia.
Aparte de la niña herida, había otras pacientes en el nuevo hospital. En el área de pediatría se encuentra otra niña con el diagnóstico de hepatitis tipo A y con anemia grado III. A las 7 de la mañana del viernes 22 el médico que la revisó ordenó que le realizaran los estudios de VIH, VDRL y PSA así como la aplicación de albúmina humana al 20%. La familia confió en que en el mismo hospital le realizarían los estudios y que le dotarían del medicamento. No fue así, les indicaron que tenían que comprar la albúmina y que vieran en qué laboratorio les podían hacer los estudios.
Alrededor del medio día llegó la presidenta de la República para constatar que el nuevo hospital está funcionando con todos los servicios. Anunció en sus redes sociales que había recorrido las instalaciones, pero no sabemos si verificó o que haya tenido información de que no está funcionando el laboratorio y que tampoco está surtida la farmacia de medicamentos. Hasta este domingo la menor sigue en espera de que la atiendan. A los familiares les informaron que sería trasladada a otro centro hospitalario porque requiere otro nivel de hospitalización.
Es grave que en un hospital que al final no se construyó de tercer nivel (como prometió el presidente Andrés Manuel López Obrador), aún se carezca de los servicios básicos de laboratorio y de medicamentos. De acuerdo con la información oficial el nuevo hospital de IMSS-Bienestar beneficiará a 400 mil personas de la Montaña, con una inversión histórica de 2 mil 400 millones de pesos en infraestructura y 650 millones en equipamiento. Lo real es que los pacientes, que en su mayoría vienen de las comunidades indígenas, tienen que acudir a laboratorios privados y a las farmacias de los emporios farmacéuticos desembolsando dinero que consiguen prestado.
En esa misma tarde la comunidad nahua de Atlamajalcingo del Río, municipio de Tlapa, que llevaba 3 días y 2 noches bloqueando la carretera federal de Chilpancingo, tuvieron conocimiento de la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum. De inmediato se organizaron y nombraron una comisión conformada por las autoridades y 4 mujeres de la comunidad. Desconocían el lugar exacto donde llegaría. Acudieron al seminario, donde regularmente realizan reuniones los funcionarios públicos, sin embargo, el lugar estaba vacío. Se guiaron por los helicópteros que bajaron en las instalaciones del batallón y hasta allá llegaron. Esperaron que la presidenta saliera del hospital. Cuando vieron movimiento de vehículos y del personal de seguridad se colocaron a un costado de la calle, en la esquina que lleva al batallón. Al verla las compañeras alzaron las manos y se acercaron al vehículo que se detuvo. De inmediato le comentaron que iban de parte de su comunidad para entregarle un documento. La presidenta lo recibió y lo revisó. Las mujeres le narraron la situación de abandono en que se encuentran, le informaron que en su comunidad no hay obras, se quejaron de la nula atención de parte de las autoridades municipales y plantearon sus demandas que vienen arrastrando desde el 2017.
La presidenta dispuso de tiempo para escucharlas. Ahí se enteró que toda la comunidad estaba bloqueando la carretera como medida desesperada por la desatención y negativa del presidente municipal de reunirse con ellos. Firmó el documento que le entregaron. En ese momento pidió a la subsecretaria de Desarrollo Democrático, Rocío Bárcena Molina, que se comunicara con el subsecretario de Asuntos Políticos del estado, Francisco Rodríguez, para concertar la cita con el presidente municipal. La presidente les comentó que no realizaran esas acciones porque ponían en peligro a los niños y las personas mayores. Las jóvenes le comentaron que no tuvieron otra alternativa y le manifestaron su enojo y cansancio por no ser escuchadas ni tomadas en cuenta. Al final les comentó que la subsecretaria Rocío estará al pendiente de esta reunión y valorará si se requiere de la participación de la federación para atender el rezago de sus demandas. Mostró su disposición para apoyar a la comunidad. Este encuentro inesperado fue una gran lección para la comunidad que encontró una respuesta favorable de la presidenta de la República y la población masculina valoró el arrojo y la decisión de las jóvenes mujeres que plantearon con claridad y contundencia la problemática que viene arrastrando su comunidad.
Los encuentros que tuvo la presidenta de la República en su gira por Acapulco y la Costa Chica fueron muy impactantes por la presencia y participación de las mujeres del pueblo amuzgo. El colorido de sus prendas es la expresión artística de su cosmovisión, de su forma de mirar el mundo, del respeto que guardan a la madre tierra. Sus saberes son transmitidos de generación en generación. Son las sabias que saben preservar su cultura y su idioma. Las que han resistido la discriminación y el desprecio de los gobernantes, las que han tenido que soportar las violencias de los hombres y que aún son sojuzgadas por los caciques locales y los políticos embusteros.
Su arte ha trascendido fronteras, sin embargo, la mayoría de ellas no terminaron la escuela primaria. El analfabetismo es más alto entre las mujeres. Los abusos son constantes porque su obra de arte es mal pagada y regularmente son víctimas del atraco y del engaño de los intermediarios. Muchas mujeres tienen que salir a vender para sostener económicamente a la familia. Además de trabajar en el telar, tienen a su cargo a los hijos, los quehaceres de la casa y la elaboración de la comida. La justicia para las mujeres indígenas aún no llega a las comunidades ni municipios donde habitan. A la mayoría les niegan el derecho a contar con una parcela, a participar con voz y voto en las asambleas, a ser parte del banco de principales. Sobre los bienes materiales están vetadas para poder heredar, lo paradójico es que las mujeres son las que han sabido preservar y heredar a las nuevas generaciones toda su sabiduría, su arte, su idioma y su cultura.
Empoderar a las mujeres indígenas es el gran desafío de la presidenta de la República, es claro su compromiso y su determinación para colocarlas en el centro, como actoras del cambio e impulsar las transformaciones sociales. Los planes de justica buscan revertir el rezago social y tomar en cuenta la voz de las comunidades, sin embargo, los problemas estructurales que enfrentan las comunidades indígenas no son atendidos. La alta conflictividad agraria requiere un tratamiento cuidadoso e inter institucional, pero no se le da prioridad. Hay comunidades confrontadas por muchas décadas con costo muy alto de vidas humanas. Los conflictos ocasionados por la defensa del río también representan disputas con caciques locales, empresas extractivistas que requieren intervenciones de alto nivel para contener la depredación ambiental. El saqueo de los bienes naturales sigue sin poder ser controlado por las comunidades agrarias por los intereses económicos que prevalecen por encima de los derechos comunitarios.
El control territorial no está en manos de las autoridades sino de las organizaciones delincuenciales que se han infiltrado en las presidencias municipales para hacer negocios con el presupuesto público. Los jefes de las plazas tienen más poder que las autoridades municipales, el transporte público es un negocio de grupos caciquiles amafiados con la delincuencia. Las rutas están controladas y disputadas con violencia entre las bandas del crimen organizado. La población es rehén de este clima de terror. Las comunidades que siguen en el abandono tienen que lidiar con quienes imponen su ley con las armas. La resistencia histórica de los pueblos y la digna lucha de las mujeres sucumbirán ante un poder destructor, si las autoridades de los tres niveles de gobierno se niegan a desmontar esta estructura delincuencial que está imbricada con los poderes locales. La violencia y la impunidad seguirán imperando a pesar de los planes de justicia. Lo grave será que las mujeres que luchan seguirán subyugadas y confinadas a padecer la violencia.

 

La Montaña de la pobreza

En memoria de Francisco Díaz González, compañero comprometido con la defensa de los derechos humanos. Coordinó el Centro Mahatma Gandhi, en Coyuca de Benítez. Lo recordamos como un colega destacado de la desaparecida Red Guerrerense.

El pasado 13 de agosto el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) publicó su comunicado 118/25 sobre la pobreza multidimensional en México. Como parte de los resultados alcanzados el gobierno federal destacó la disminución de la pobreza en 8.3 millones de personas. En el desglose de los resultados Guerrero aparece en el segundo estado con mayor pobreza y pobreza extrema. Chiapas es el primero y Oaxaca ocupa el tercer puesto. Lo característico de los 3 estados es que cuentan con un alto porcentaje de población indígena.
En la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), que se encarga de medir la pobreza multidimensional, tomaron en cuenta seis indicadores: rezago educativo, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación nutritiva y de calidad, además de tener un ingreso inferior a las líneas de pobreza en el ámbito rural y urbano. El estado de Guerrero presentó el 58.1 por ciento de su población en situación de pobreza multidimensional; es decir, que mayoritariamente la población guerrerense tiene más de una carencia social.
En el ámbito de la pobreza extrema, Guerrero se encuentra en el segundo lugar con un 21.3 por ciento de su población con más de tres carencias sociales. La comparación frente a los estados con menos porcentaje de población en situación de pobreza extrema es abismal. El caso de Baja California es del 0.4 por ciento, el de Nuevo León es de 0.5 por ciento y el de Aguascalientes es 0.6 por ciento. El Inegi señaló que, aunque en 2024 las carencias sociales disminuyeron, la población vulnerable por carencias sociales aumentó, es decir, que a pesar de que hubo personas que tuvieron ingresos superiores a la línea de bienestar cuentan con una o más carencias en educación, salud, vivienda y seguridad social.
La triada Guerrero, Chiapas y Oaxaca los coloca en los primeros lugares en cuanto al rezago educativo, sobre todo en las zonas rurales donde el acceso a la educación siempre ha estado en total abandono. Además, aumentó de 30.7 millones de personas con rezago educativo en 2022, y 32.2 millones en 2024. La situación es alarmante porque hay serios retrocesos en el campo educativo en las regiones pobres y no vemos que se asigne mayor presupuesto para revertir el atraso educativo.
A pesar de que la carencia a los servicios de salud en el país disminuyó de 39.1 a 34.2 por ciento, en Guerrero estamos por encima de la media nacional con el 38.9 por ciento de una población que no cuenta con acceso a los servicios de salud. Con respecto a la seguridad social la situación es catastrófica entre la población rural porque se eleva al 74.6 por ciento. Nuevamente nuestro estado encabeza esta carencia con el 72.6 por ciento de su población.
La carencia de la calidad y espacios de la vivienda Guerrero se ubica en primer lugar con el 26.1 por ciento de su población. En contraste con siete puntos Chiapas ocupa el segundo lugar con 19 por ciento. La diferencia con el estado de Coahuila es más acentuada al tener menos población con carencias con un 2.5 por ciento. Esto mismo sucede con el acceso a los servicios básicos en la vivienda. Guerrero se ubicó en el segundo lugar con 47.4, mientras que en Coahuila es de 1.9 por ciento. En cuanto a la alimentación nutritiva y de calidad, Guerrero volvió a aparecer en el segundo lugar con el 27.9 por ciento.
Los 8.3 millones de personas que salieron de la pobreza, en la Montaña de Guerrero este mejoramiento aún no llega, porque la mayoría de las familias indígenas luchan por su sobrevivencia. Es un milagro que logren alimentarse con unas cuantas tortillas, frijoles, chile y quelites de temporada. La canasta básica es superior a los salarios que se perciben, sobre todo, en las comunidades indígenas donde no hay oportunidades de trabajo. El pago para un trabajador del campo es de 200 pesos. Pocas familias son las que contratan a peones para limpiar la milpa. Se trata de trabajos esporádicos, cuando es la temporada de lluvias. En los lugares donde la tierra está muy desgastada, muchas familias salen de sus comunidades para buscar trabajos en los campos agrícolas de Sinaloa, Michoacán, Chihuahua, Guanajuato y Zacatecas, es una opción que se ha tornado peligrosa por la disputa territorial de los grupos del crimen organizado. El dilema sigue siendo: migrar o morir.
El analfabetismo es el flagelo que se extiende en toda la Montaña por la falta de maestros y maestras y por la carente infraestructura educativa. Las niñas y niños indígenas en lugar de estudiar se ven obligados a trabajar en el campo. A las niñas, sus padres las obligan a casarse desde los 12 años, porque los gobernantes les niegan el derecho a la educación básica. No solo se viola este derecho, las comunidades padecen los estragos de las enfermedades de la pobreza porque no cuentan con medicamentos y menos con centros de salud que estén a la altura de las necesidades. Quien se enferma tiene que trasladarse hasta 5 horas para atenderse en Tlapa, donde son discriminados.
En 2024 hubo muchas protestas protagonizadas por comunidades indígenas para exigir la construcción de hospitales, centros de salud, la contratación de personal médico y la dotación de medicamentos. Las madres y padres de familia bloquearon las entradas de Tlapa para demandar aulas y personal docente porque hay cientos de niños y niñas indígenas que durante años no reciben clases.
Recientemente más de 300 comunidades de la región protestaron para exigir que censen sus viviendas y siembras destruidas por el huracán John. Los desastres se acumulan en la Montaña y los gobiernos en lugar de atenderlos los ignoran. Las familias damnificadas nunca saldrán de la pobreza extrema porque siempre tienen que levantar su vivienda y se resignan a sobrevivir en paredes de adobe agrietados.
Doña Amalia de 47 años de san Miguel Amoltepec el Viejo, de Cochoapa el Grande, forma parte del gran contingente de las mujeres indígenas que viven en la pobreza extrema. Creció en las laderas de las montañas. Comenzó a tejer sombreros desde los 6 años, aprendió observando a su papá. No fue a la escuela, porque era más importante asegurar su alimento. Su vida la dedicó a tejer sombrero y trabajar en el campo. Aprendió a tejer huipiles con el telar de cintura, con gran imaginación plasmaba cerros, animales, flores. De vez en cuando se hacía un vestido con tela de algodón, pero las fibras se desgastaban con el uso diario y la tela se rasgaba, no le quedaba de otra que remendarlo. Cuando el vestido era más remiendo se hacía otro. Para Amalia y muchas mujeres tener dos vestidos es un lujo.
Cada 15 días caminaba a Tlapa para vender sus sombreros, se hacían 17 horas y ganaban 6 pesos por docena. Con esas monedas compraban jitomate, chile, sal, arroz y guardaban para el pago de los pasajes de vuelta. Quedaban sin dinero Cuando tenía 20 años salió por primera vez sola para trabajar en Tlapa. Su ilusión era ayudar a su familia, pero no lo logró. Los fines de semana vendía pan, su prima le ayudaba porque ella no hablaba español. En total ganaba 5 pesos por la venta de pan.
A pesar de los años la situación económica de Amelia no ha mejorado. En la temporada de lluvias se levanta temprano para sembrar maíz, frijol y calabaza junto con su madre. Realizan trabajos extenuantes porque no pueden pagar peones, por el contrario, Amalia se contrata como peona para ganarse 200 pesos. Con ese pago hace milagros para comer con sus hijos. Cada día compra menos productos porque suben de precio cada semana. Viaja a Tlapa a vender sus sombreros en el río Jale, a 12 pesos cada uno. Aprovecha para comprar la palma en 150 pesos, le alcanza para tejer dos docenas. En una semana hace 24 sombreros. En Tlapa los acaparadores le ponen el precio más bajo de 190 le pagan 150 pesos. Es una bicoca que no le alcanza para surtir su despensa. Para tener otro pequeño ingreso va de casa en casa ofreciendo servilletas bordadas. Para hacer un huipil tarda 3 meses y cuesta trabajo venderlo porque la gente no valora su trabajo.
Este sufrimiento impuesto por la pobreza multidimensional, no se compara con las tragedias que ha sufrido: Fredy, su hijo de 16 años, fue desaparecido en Tlapa en el 2016. Sin hablar español y sin dinero buscó ayuda con las autoridades, pero le cerraron las puertas. Tuvo que trabajar el doble para acudir a las búsquedas con un colectivo de familias de desaparecidos, pero hasta el momento las autoridades siguen sin investigar.
La desgracia sobrevino cuando murió Tevi, otro de sus pequeños hijos que nació con parálisis cerebral. El dolor de tener un hijo desaparecido y otro con una discapacidad era inenarrable, sobre todo porque Tevi se enfermaba constantemente y no había centro de salud en su comunidad ni clínicas en Cochoapa. Amalia llevaba a Tevi hasta Chilpancingo o Acapulco a un CRIT, pero era muy costoso. El mundo se le derrumbó cuando el 27 de noviembre del 2023 Tevi dejó este mundo lleno de dolor. Esa noche se quejaba más que otras veces, desesperada Amalia buscó que la llevaran a Tlapa. Le cobraron 3 mil pesos por un viaje especial. Importaba más la vida de su hijo, así que pidió prestado y se fue de emergencia. Desafortunadamente, Tevi murió antes de entrar al hospital. Paradójicamente, un día antes se había inaugurado el CRIT en Tlapa.
La tragedia se ahondo más con el asesinato de su esposo Federico en agosto de 2020, quien se metió de lleno a la búsqueda de su hijo. Tuvo el valor de detener con machete en mano a uno de los jóvenes involucrados en la desaparición de Fredy. Le confesó quienes y porque se lo habían llevado. Dio parte a la policía municipal de Tlapa. Los policías en lugar de turnar al detenido al Ministerio Público encarcelaron a Francisco. El enojo y la frustración fue mayor por la colusión de los policías con el crimen. Amelia con el corazón se desangra por la desaparición de su hijo, el asesinato de su esposo y la muerte de Tevi, camina como la mayoría de las mujeres indígenas, en la Montaña de la pobreza.

 

¿Folclor o derechos de los pueblos indígenas?

Nuestro reconocimiento y aprecio a los compañeros de Tlacolol por su trabajo crítico y sin concesiones ante un poder que se obstina en criminalizarlos.

Como en tiempos de las administraciones priistas, el gobierno morenista abanderado por Evelyn Salgado reprodujo las prácticas nefastas que denigran la dignidad de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanos. Como ya es costumbre cada año hacen venir a la capital del estado a las autoridades comunitarias, sus bandas de viento, sus danzas y a las artesanas para que adornen los eventos y engalanen los desfiles, reproduciendo la visión occidental de que los indígenas en su esencia son el folclor de la nación.
El gobierno ha convertido este día en una fiesta, para mostrar empatía, reconocimiento a su cultura, enaltecimiento de su historia, identificación con sus luchas y un gran aprecio por conservar las costumbres ancestrales, otorgándoles el aplauso en todas sus participaciones públicas. Los mismos políticos escogen sus mejores prendas artesanales para sobresalir entre la gente sencilla. Los eventos son muy apropiados para el lucimiento personal de los funcionarios. Dejan en segundo plano a la población indígena que asiste como espectadora y como clientela de los programas sociales.
La realidad de las comunidades indígenas de Guerrero lacera su dignidad por la desigualdad abismal y por la violencia delincuencial que los hunde en la barbarie. Más de medio millón de indígenas guerrerenses luchan por la sobrevivencia en la costa, la montaña, en zona centro y norte. También en los campos agrícolas y en varias ciudades de Estados Unidos donde son tratados como criminales.
Es monolingüe el 27.9 por ciento de la población ñu savi que se ubica en los municipios de Cochoapa el Grande, Metlatónoc, Alcozauca, Copanatoyac, Xalpatláhuac y Atlamajalcingo del Monte. La población me’phaa monolingüe es del 20.3 por ciento y se encuentran principalmente en los municipios de Atlixtac, Acatepec, Atlamajalcingo, Tlacoapa y Zapotitlán. La población nahua monolingüe es el 11.4 por ciento.
De acuerdo con estimaciones del Coneval, de los 19 municipios que analizó en el 2020, 13 tienen un rezago social muy alto, 4 un nivel medio y solamente dos tienen un nivel bajo. De los 2 mil 478 municipios del país, 13 municipios de la Montaña se encuentran entre los primeros lugares con mayor rezago social: Cochoapa el Grande está en el número 4, Acatepec en el 22, Atlamajalcingo del Monte en el 25, Metlatónoc en el 31, Tlacoapa en el 34, Copanatoyac en el 53, Zapotitlán Tablas en el 57, Atlixtac en el 72, Malinaltepec en el 109, Alcozauca en el 111, Xalpatláhuac en el 112, Iliatenco en el 148 y Olinalá en el 151. En el caso de Tlapa de Comonfort, se encuentra en el lugar 611 y tiene un nivel de rezago social medio.
En Cochoapa el Grande más de la mitad de la población no sabe leer ni escribir y más del 80 por ciento no terminó sus estudios básicos; el 18 por ciento no tiene acceso a los servicios de salud, ni al agua entubada; el 45 por ciento vive en piso de tierra; el 70 por ciento no cuenta con drenaje; el 11 por ciento no tiene electricidad y casi todas las viviendas no cuentan con electrodomésticos.
En 12 municipios el 39 por ciento no sabe leer ni escribir, mientras que entre el 40 y 76 por ciento de la población de más de 15 años no terminó su educación básica, sobre todo, en Alcozauca y Metlatónoc y entre el 6 y 23 por ciento no tienen acceso a los servicios de salud.
El 60 por ciento de la población en Acatepec vive en pisos de tierra, le sigue Tlacoapa, Atlamajalcingo y Zapotitlán. El agua entubada es un problema grave en los casos de Olinalá, Xalpatláhuac, así como algunas comunidades de Metlatónoc y Tlapa. Lo inaudito es que todavía hay viviendas sin acceso a la energía eléctrica en todos los municipios, con énfasis en Tlacoapa y Acatepec, superando a Cochoapa el Grande.
Tlapa de Comonfort que tiene un nivel medio de rezago social, hay 16 por ciento de población que no sabe leer ni escribir y el 43.5 por ciento no concluyó la educación básica. El 16 por ciento de las viviendas son con pisos de tierra y cerca del 10 por ciento no cuentan con agua potable ni drenaje. A pesar de que muy pocos hogares no cuentan con energía eléctrica, la cifra se eleva en más de la mitad de viviendas que carecen de electrodomésticos como el refrigerador y la lavadora.
Sobre los caminos carreteros, en el 2023 Coneval registró el tiempo que hacen los estudiantes de educación media superior a pie desde sus comunidades hasta sus centros de estudio. El resultado ubica a la Montaña con caminos de hasta más de 4 horas a pie. Además de que las brechas están en pésimo estado.
Esta misma situación ocurre en el recorrido que hacen desde las localidades a las sucursales del Banco Bienestar, una de ellas está ubicada en Tlapa. A esta sucursal acuden beneficiarios desde comunidades de Cochoapa y Metlatónoc que tienen que transbordar varias horas para cobrar su apoyo económico. Sin embargo, muchas veces los cajeros no funcionan y tienen que hacer sus retiros en otros bancos, donde el racismo y la discriminación son la tónica en el trato. Suelen decirles: “váyanse a su banco, aquí nada más vienen a descomponer los cajeros, pinches indios”. El racismo y el atraco son el pan de cada día que padecen los indígenas.
El nivel de inseguridad que se vive en la Montaña es alarmante. De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a junio del 2025 en la Montaña ocurrieron 33 homicidios dolosos y 4 feminicidios. La realidad rebasa los datos oficiales porque el clima de inseguridad se ha recrudecido en varios municipios de la región: Tlapa como principal centro generador de violencia, Cochoapa el Grande, Metlatónoc, Alcozauca y Copanatoyac en la región ñu savi; Zapotitlán Tablas, Acatepec, Zapotitlán, Tlacoapa y Atlixtac en la región me’phaa. En la Montaña baja sobresalen Chilapa, José Joaquín de Herrera, Ahuacuotzingo, Zitlala y Olinalá, donde se asienta la población nahua.
De esta compleja realidad no se habló en los eventos públicos, tampoco se escucharon las voces de las víctimas de la violencia, de las familias desplazadas, de los colectivos de personas desparecidas, de los jornaleros que mueren en los campos agrícolas y que son sobre explotados por las empresas agrícolas. Mucho menos se escucharon las voces de mujeres indígenas que han denunciado los feminicidios, tampoco se abordó el grave problema de los matrimonios forzados. Los conflictos agrarios que han causado asesinatos están invisibilizados de la agenda pública, cuando hay varias comunidades confrontadas e imposibilitadas de sembrar sus parcelas. El desabasto de medicamentos en los nuevos hospitales de Tlapa y Ayutla sigue causando muertes y gastos estratosféricos entre las familias pobres. El consumo de cristal en las escuelas del estado y de la Montaña es un problema grave y urgente que ninguna autoridad está atendiendo. Los niños, niñas y adolescentes crecen sin expectativas para continuar sus estudios por falta de maestros y de escuelas.
Lo más grave son los gobiernos municipales que se han especializado en hacer negocio con el dinero público. Los reclamos de las comunidades indígenas es que las autoridades municipales los ignoran y no toman en cuenta sus propuestas de obra. Con el nuevo Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (FAIS) que manejarán comunidades indígenas, los presidentes han encontrado el pretexto para no programar obras en las comunidades indígenas. Argumentan que ya recibieron el presupuesto de su obra y que eso mermó el presupuesto municipal. La realidad es que las comunidades indígenas son víctimas del atraco gubernamental, están rodeados de una burocracia corrupta y voraz. A ninguna autoridad mestiza le interesa revertir el rezago social en que se encuentran atrapadas. En lugar de darle más presupuesto se lo esquilman. Con los pueblos hacen mejores negocios porque saben que pueden engañarlos y manipularlos.
Basta de seguir tratando a los pueblos como ciudadanos sin derechos, como simples espectadores y objetos de decoración. La esencia de los pueblos radica en su capacidad creadora y transformadora, en su lucha incansable contra los opresores y contra las estructuras que los oprimen. Su fuerza es imbatible para defender sus derechos y sus territorios. No son súbditos de nadie mucho menos de las elites políticas. Los pueblos indígenas son sujetos de derecho público como lo reconoce la nueva reforma constitucional. La lucha continuará para que reconozcan su derecho al territorio ancestral; para que cuenten con una verdadera representación política más allá de los partidos y para que se tome en cuenta la jurisdicción indígena como parte del pluralismo jurídico para procurar y administrar justicia, como lo ha hecho la CRAC desde hace 30 años, a contrapelo de los poderes establecidos que solo se rigen por el derecho positivo.
Los tres poderes del Estado están en deuda con los pueblos indígenas y afromexicano: el Poder Ejecutivo no ha asumido su compromiso de revertir los altos índices de analfabetismo, mortalidad materna, desnutrición infantil, crisis alimentaria, violencia contra las mujeres, atención a las niñas indígenas víctimas de matrimonios forzados; la explotación y discriminación de la población jornalera, el desabasto de medicamentos y la precaria infraestructura para la atención básica de la salud. Por su parte, el Poder Legislativo sólo simuló que tomaría en cuenta las propuestas de la CRAC para profundizar en la reforma indígena. No han demostrado un verdadero compromiso para trabajar a fondo la ley general sobre los derechos de los pueblos indígenas orientada a subsanar las ausencias de la reforma constitucional. El Poder Judicial tiene que incorporar la perspectiva intercultural en la administración de justicia y crear una sala para asuntos indígenas. Debe tomar en cuenta toda la legislación internacional para aplicar los estándares más altos que protegen los derechos de los pueblos indígenas. Los jueces tienen que capacitarse en esta materia para no seguir criminalizando a la población indígena. Hay un atisbo de esperanza con la llegada de Hugo Aguilar como ministro presidente de la SCJN.
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El quiebre de las instituciones de seguridad

A cuatro años de su desaparición en Acapulco
¿dónde está Vicente Suástegui Muñoz?

El programa sectorial de seguridad pública del estado naufraga en el mar de la violencia y la impunidad. En primer lugar, no cumple con el objetivo de fortalecer la política pública en materia de prevención social de la violencia y del delito, con perspectiva de género, participación ciudadana y con un enfoque intercultural, como reza en el Plan Estatal de Desarrollo. En segundo término, porque la realidad nos desborda, la población se siente inerme, impera el miedo, la desolación y el sentimiento de fatalidad. No confía en las instituciones de seguridad porque saben que están infiltradas, constatan que están coludidas con la delincuencia. En este sistema monopolizado por las elites políticas de los partidos, lo prioritario no es la seguridad del ciudadano o la ciudadana sino el cuidado de las autoridades y la protección de las instituciones del Estado.
La misma Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz en Guerrero está desdibujada y ausente, porque no ve ni siente lo que la gente denuncia y sufre diariamente. Sus operativos no arrojan resultados favorables para la población. Sus actuaciones aparatosas son tardías e ineficientes, solo causan malestar y mayor encono entre las víctimas de la violencia. El padecimiento mayor es que ni los policías ni los militares brindan seguridad a la gente que sale diariamente a luchar para llevar la comida a su casa. No todos llegan porque en la calle o dentro de un vehículo los alcanzan las balas. Ni con más cuarteles ni guardias nacionales desplegados en tareas de seguridad la violencia decrece. Con la nueva Ley de la Guardia Nacional la ruta política es entregar el control total de la seguridad pública a las instituciones castrenses.
Se repite la historia sangrienta en nuestro estado como sucedió hace 5 décadas con la política de terror implantada por el Ejército. La violencia se exacerba con el crimen organizado que tampoco es arrancado de raíz a pesar de ser la principal amenaza para la población. Han dejado que se inserte en las instituciones del Estado y que sea el que realice el trabajo sucio para aterrorizar a la población, desmovilizarla para que las autoridades actúen sin contrapesos civiles.
Los hechos atroces que sucedieron en el puerto de Acapulco ponen en evidencia el descontrol de las instituciones, la descoordinación de los tres niveles de gobierno y la supeditación con relación a la lógica criminal. En 9 días se registraron 20 asesinatos. Las calles y las banquetas están bañadas de sangre. Lejos de que la violencia tenga un freno aumenta cada día, sin que existan acciones contundentes para desmantelar las estructuras delincuenciales y dar con los responsables
A las 6:50 de la mañana del sábado 26 de julio de 2025 fueron asesinados dos hermanos que trabajaban en una pollería en la colonia López Portillo, atrás del penal de Las Cruces. Testigos señalaron que caminaban rumbo a su trabajo cuando fueron atacados. A las 10 de la mañana fue encontrado el cuerpo de un hombre, con torniquete y envuelto en una sábana en una Nissan Tsuru en el asiento de atrás entre la calle 2 y esquina con 14 de la colonia Zapata. Dos hombres fueron asesinados por personas armadas que irrumpieron en un taller de motocicletas. Hasta ese día el saldo es de 314 homicidios relacionados con el crimen organizado en lo que va del año en el puerto de Acapulco.
A las 8:30 de la noche del domingo 27 de julio varios armados con AK-47 montados en motocicletas dispararon contra la comandancia y la agencia del Ministerio Público en el Fraccionamiento Costa Azul. Estaban los policías y trabajadores de guardia. No se reportaron víctimas.
A las 11 de la noche del martes 29 de julio hombres armados atacaron la comandancia de la Policía Ministerial sector Coloso. Arrojaron una granada de fragmentación. Dos camionetas quedaron perforadas por los proyectiles y más de 20 disparos incrustados en una cortina negra. Se supo de 40 casquillos percutidos de diferentes calibres como de AR-15 y 09 milímetros. Era un día normal de trabajo y afuera de las instalaciones estaba una patrulla. No cuentan con cámaras de seguridad.
El 30 de julio en motocicletas balacearon con AR-15 y AK-47 las oficinas del Ministerio Público de Barrios Históricos en la calle Quebrada, donde se ubica la comandancia de la Policía Ministerial. Una agente de 50 años fue herida de bala. Más de 30 disparos quedaron en las fachadas de los inmuebles. Las instalaciones de vidrio cubierto de herrería no contaban con vigilancia, ni cámaras de seguridad. A unos metros de la agresión está la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (CAPAMA).
Simultáneamente hombres armados dejaron poncha llantas en la comandancia de la Policía Ministerial sector Mozimba, ubicada en la calle 6, a una cuadra de la avenida Ejido, frente a la terminal de autobuses. Continuaron atendiendo a la gente, pero a puerta cerrada. La Fiscalía General del Estado (FGE) ofreció un millón de pesos de recompensa a quien de manera anónima, por llamada o whatsapp, proporcionara información para la localización y detención de los responsables de los ataques.
El miércoles 30 de julio un hombre de aproximadamente 60 años fue encontrado muerto con torniquete en la colonia Paraíso. El cuerpo habría sido arrojado desde un automóvil en movimiento sobre la calle principal. Más tarde como a las 5:30 personas armadas a bordo de motocicletas dispararon contra un hombre que viajaba en una camioneta Ford-Ranger, cerca de la avenida Cuauhtémoc y el puente Bicentenario, en el fraccionamiento Magallanes. La víctima quedó herida y por sus propios medios acudió a un hospital privado cercano.
El mes de julio terminó con una terrible ola de violencia, en menos de 24 horas fueron asesinados 12 hombres y una mujer. Los primeros minutos del jueves 31 fue reportado el hallazgo de un hombre decapitado envuelto en sábanas y atado de pies y manos en Ciudad de Renacimiento. Unos minutos después se reportó el asesinato de otro hombre en la colonia Llano Largo, afuera de su casa.
Por la mañana fueron hallados los cuerpos de un hombre y una mujer en un taxi colectivo en Las Cruces, al parecer fueron asesinados con torniquete y luego abandonaron el vehículo con los cuerpos adentro de la cajuela. A las 10 de la mañana se encontró un hombre asesinado con torniquete en el poblado Las Plazuelas, en la zona rural de Acapulco, su cuerpo fue arrojado desde un vehículo en movimiento.
A las 11:20 de la mañana agentes del Ministerio Público recibieron el reporte de dos hombres decapitados que se encontraban en la cajuela de un taxi colectivo en Ciudad Renacimiento. En esa mañana la alcaldesa Abelina López presidía la sesión de cabildo abierto a tres cuadras del trágico suceso.
Cerca de las 7:30 de la noche reportaron a la policía el cuerpo de un hombre baleado en la colonia Unidad Ciudadana, en la parte alta de la terminal de transporte urbano de la colonia Emiliano Zapata. Dos horas después, en el fraccionamiento Mozimba localizaron cuatro hombres asesinados con torniquete, con visibles huellas de tortura, atados de pies y manos. Los dejaron sobre la calle Colonial, detrás de la iglesia Mozimba. A la misma hora un hombre fue perseguido a balazos en el poblado Órganos de Juan R. Escudero, en la zona rural de Acapulco, hiriéndolo de muerte.
Después de una jornada violenta con 13 homicidios, se inauguraron tres cuarteles de la Guardia Nacional: uno anexo a la base aérea de Pie de la Cuesta con capacidad para albergar a 60 elementos; el segundo dentro del Parque Nacional El Veladero en la colonia Paraíso Escondido con 120 efectivos y el tercero en el predio del CBTIS 14 en el fraccionamiento Ricardo Morlett Sutter con 250 elementos. El comandante, Miguel Ángel Aragón Vázquez dijo que llevan a cabo investigaciones y persecución de los delitos de extorsión, secuestro, narcomenudeo y tráfico de personas. El acto protocolario fue encabezado por el coordinador territorial de la Región Sur Sureste de la Guardia Nacional, general Saúl Luna Jaimes, acompañado por el comandante del 50 Batallón, Waldo Fransechi Santos, el comandante del 68 Batallón Luis Lorenzo Aguirre, el teniente coronel Fuerza Aviador Estado Mayor, Carlos Basilio Ortiz y el secretario de Seguridad Pública municipal, Eduardo Bailleres Mendoza en representación de la presidenta municipal.
Aragón Vázquez informó que los 21 cuarteles proyectados después del huracán Otis son habitados por 3 mil 700 elementos, pero solo han sido inaugurados cuatro. Al margen de la violencia que azota Acapulco el comandante resaltó que “la presencia de la Guardia Nacional ha ayudado a disminuir los índices delictivos y la persecución de la inseguridad en el estado de Guerrero y en el municipio de Acapulco”. Convencido de lo que manifestaba reiteró que la Guardia Nacional “ha contribuido en las condiciones de seguridad en los ciudadanos acapulqueños y además colabora con las diferentes instancias de gobierno para preservar la seguridad pública, salvaguardar la integridad de las personas y de su patrimonio”. Los periodistas sorprendidos por el contenido de su discurso, preguntaron sobre el reporte de los seis muertos de la mañana. El comandante lacónicamente comentó: “estamos trabajando en coordinación con los tres niveles de gobierno”. Para muchos guerrerenses, el trabajo de seguridad que pregonan las autoridades federales y estatales, no es más que un discurso que encubre el fracaso de la estrategia de seguridad comandada por el Ejército y la Guardia Nacional.

¡Marco Antonio vive! ¡La lucha sigue!

Compañero Victor: la negligencia, el abandono y las precariedades del ISSSTE de Guerrero, te condenaron a morir. Como periodista te entregaste con pasión y arrojo para darle voz a los silenciados. Tu legado vivirá en las trincheras del combativo gremio periodístico de Guerrero.

Marco, estamos aquí en la orilla del río Papagayo, en los Bienes Comunales de Cacahuatepec, para honrar tu lucha y para reiterar nuestro compromiso de defender las tierras de nuestros abuelos. Lo hacemos como tú nos enseñaste, con el machete en la mano y con el corazón por delante. Sin arredrarnos ante los gobernantes represores y corruptos, ni replegarnos ante los polizontes montoneros y cobardes.
Aprendimos a no pedir permiso para tomar las avenidas del puerto y hacer visible lo que los políticos ocultan, las desigualdades sociales que nos separan entre el Acapulco Diamante y el Acapulco de los lodazales. Desenmascaraste a los presidentes de este municipio que están enfermos de codicia y coludidos con empresarios mañosos y con la delincuencia. Encaraste a los pésimos gobernadores que con sus tropelías y triquiñuelas se empeñaron en imponer la presa La Parota.
A los lidercillos de los partidos políticos les demostraste cómo se hace trabajo en las comunidades; arando la tierra, chaponando la hierba, arreando los animales, haciendo frente a las enfermedades con remedios caseros, luchando contra el analfabetismo, sufriendo las carencias de agua, drenaje y caminos. Tu escuela fue el campo, las asambleas y el trabajo comunitario. Desde muy joven aprendiste a trabajar derecho y a no dejarte sobornar por políticos corruptos. Te distinguiste por estar al lado de los más pobres. Tus estudios universitarios sirvieron para comprender la grandeza de la vida en el campo, para aprender de la sabiduría ancestral, para disfrutar del modo de vivir en comunidad y ante todo para amar y defender la tierra, por ser nuestra madre.
En el Cecop aprendimos a luchar como pueblos, a reconocernos como campesinos que somos explotados y engañados por los ricos y los gobernantes. Las asambleas fueron el motor de nuestra lucha, en este espacio nuestra palabra cuenta y también es donde tomamos decisiones. Aquí fue donde juntamos nuestras voces para no permitir que entrara la maquinaria y los ingenieros de la CFE a nuestro territorio. Instalamos nuestros plantones y las compañeras se encargaron de vigilar las entradas. Eso le molestó al gobierno porque no tolera que los que vivimos en el campo levantemos la voz para defender nuestros derechos. Por eso encarcelaron a Marco Antonio, creyendo que lo iban a espantar y que nosotros nos íbamos a rajar.
Con eso nos organizamos con más fuerza. No solo cerramos las entradas a nuestro territorio, sino que también íbamos a las asambleas que convocaba el comisariado junto con la Procuraduría Agraria para impedir que se realizaran. Dimos la batalla en todos los frentes y les tiramos con la ley en la mano todas las asambleas espurias que realizaron. Compa Marco Antonio también fuiste un gran magistrado porque defendiste con mucho valor en los tribunales nuestros derechos como campesinos. Nos enseñaste a no sentirnos menos ante los funcionarios que están detrás de un escritorio. Tanto ellos como nosotros sabemos lo que es defender nuestras tierras, eso lo aprendemos desde que nacemos. No tenemos que pedirle permiso a nadie, por eso cuando salíamos a la calle levantábamos nuestros machetes para gritar ¡No a La Parota!
Marco diste cátedra a los magistrados, porque con el Cecop comprendieron que el movimiento campesino fue en verdad el motor que le dio fuerza la revolución al lado de Zapata y de Villa. Por eso también gritamos en nuestras consignas ¡Zapata vive! ¡La lucha sigue!
Fuiste el vocero que logró tras-cender las fronteras nacionales: el Cecop fue un ejemplo que se extendió en toda América Latina. En El Salvador, Guatemala, Colombia y Brasil fueron memorables las inter-venciones de Marco Antonio porque transmitían la buena vibra de su lucha. Porque contagiaba con su poder de convocatoria, motivaba para impulsar la organización comunitaria. El Cecop se transformó en un referente internacional por la eficacia de su lucha, por su consistencia argumentativa y por el gran liderazgo de Marco Antonio. Los relatores especiales de la ONU Rodolfo Stavenhagen y Miloon Kothari así como la secretaria general de Amnistía Internacional Irene Khan fueron testigos de este gran movimiento, donde mujeres y hombres tenían la misma participación y reconocimiento.
Marco, forjaste tu acero al lado de tu padre y de tus abuelos zapatistas. El campo te enseñó a ganar la tortilla diaria con el sudor de tu frente. De la familia heredaste el carácter aguerrido y explosivo. Con arrojo lidiaste con los policías del estado que se apostaban en la entrada de las asambleas espurias. Con tu voz tronante y decidida irrumpías con machete en mano en los lugares ajenos a los núcleos agrarios para desbaratar estas convocatorias amañadas y correr a los acarreados. Fue inolvidable la asamblea que se realizó en Agua Caliente, donde participaron los supuestos simpatizantes de la presa dirigidos por el comisariado de Cacahuatepec, los opositores y los expertos de cada parte. Después de escucharlos fue memorable tu magistral coordinación de la asamblea que al final más de 4 mil asistentes levantaron su mano para decir ¡No a la Parota!
A pesar de estos triunfos inobjetables y de esta gran contribución de los opositores a la presa para conservar los bienes naturales y evitar la depredación del medio ambiente, los gobiernos de todos los colores siguen empecinados en extraer el agua y los recursos pétreos del río Papagayo para beneficio de los empresarios gravilleros, hoteleros y los negocios de los políticos. Es la resistencia de los pueblos y la persistencia de Marco Antonio lo que ha parado esta ambición desmedida de destruir el manto acuífero en beneficio del alto turismo. Son las comunidades las que cuidan la casa común, sin embargo, los gobiernos no cuidan de la gente. No atienden los graves daños que sufrieron con la entrada de los tres huracanes que volaron sus techos, enlodaron sus pisos, devastaron sus huertas y trozaron sus caminos. No tienen agua potable porque sus tuberías quedaron inservibles, sin embargo, los pozos profundos tienen mantenimiento permanente porque deben de asegurar el abastecimiento de agua para los grandes hoteles. Estas injusticias obligaron a Marco Antonio a empuñar el machete para desafiar a los gobernantes pendencieros y empresarios voraces que han sumido en el lodazal a las comunidades que han sido saqueadas y expoliadas por el extractivismo depredador y los saqueadores de la clase política del estado.
Marco Antonio fue un defensor del territorio que peleó hasta el final para heredar a las futuras generaciones un hábitat que les asegure una mejor calidad de vida. Las comunidades del Acapulco rural siguen luchando por agua potable, drenaje, carretera, médicos, maestros, créditos para el campo, programas de vivienda y fuentes de empleo. Son comunidades azotadas por la pobreza y la violencia. Olvidadas por los gobiernos racistas y corruptos, acorraladas por empresarios voraces que cuentan con el apoyo de los grupos delincuenciales que aterrorizan a la población con crímenes atroces.
A 22 años de la lucha del Cecop las comunidades de Cacahuatepec, resisten. El gobierno municipal ignora sus demandas históricas y les impone proyectos extractivistas. El gobierno del estado no las considera como una región prioritaria para el desarrollo turístico de Acapulco. En lugar de obtener ganancias significa pérdidas para sus bolsillos y el gobierno federal ha decidido impulsar con los empresarios el programa Acapulco se transforma contigo. Todo pensado en reactivar la economía del puerto con grandes proyectos turísticos. El piso básico de la subsistencia que requieren las comunidades rurales está fuera de los proyectos nacionales. Los funcionarios municipales en lugar de atender las demandas fundamentales de las comunidades se empeñan en dividir e imponer sus proyectos extractivistas. El caso de Agua Caliente es una muestra de cómo abusan de la necesidad de la gente. CAPAMA tiene proyectado construir pozos radiales en la rivera del río Papagayo. En lugar de presentar con detalle en qué consiste el proyecto, han optado por aliarse con el ex comisario municipal que es empleado de CAPAMA, para abordar de forma individual a los comuneros que tienen huertas en la orilla del río, con el fin de que autoricen la servidumbre de paso, a cambio de algún apoyo económico. La comunidad tiene años demandando la reconstrucción de la carretera que ha sido destruida por los grandes camiones de las empresas gravilleras, que cada año acaparan más terrenos comunales para sus negocios privados. Para asegurarse que estos negocios sean prósperos los empresarios se han aliado con los grupos delictivos para que se encarguen de proteger sus negocios. Los funcionarios federales son cómplices de esta depredación ambiental y se hacen ojo de hormiga de los despojos de tierras federales y de la sobrexplotación del río. Saben que todo es negocio, por eso a quienes protestan y se oponen a sus intereses los amenazan, encarcelan o asesinan, como lamentablemente sucedió con el compañero Marco Antonio Suástegui Muñoz, que en plena afluencia turística fue atacado a balazos en la playa Icacos.
A 3 meses del crimen artero la Fiscalía del estado no tiene una línea sólida sobre el móvil del asesinato. Ha evidenciado su incapacidad para realizar investigaciones profesio-nales, no hay interés en esclarecer los hechos y mantienen intocada la red criminal que controla las playas y, que cotidianamente asesina, sin que las autoridades den golpes certeros para detener a los responsables. Estamos lejos de que las autoridades de los tres niveles de gobierno logren desmantelar las estructuras delincuenciales que desangran la vida de los acapulqueños. ¡Marco Antonio vive! ¡La lucha sigue!