Algarabía e ingobernabilidad

La diputada de Morena Guadalupe Eguiluz, el dirigente estatal Jacinto González, la gobernadora Evelyn Salgado y el senador Félix Salgado platican en el Zócalo de Chilpancingo, donde se transmitió en vivo el mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum a dos años de que ganó las elecciones Foto: Jessica Torres Barrera

En memoria de Arturo Hernández Cardona:
luchador social que con temple y pundonor
desenmascaró la red criminal que regenteaba el presidente municipal de Iguala Jose Luis Abarca. Fue desaparecido, torturado y ejecutado por el narcopoder que impera en Guerrero.

El acto multitudinario convocado por Morena para arropar a la presidenta de la República Claudia Sheibaum, fue una gran oportunidad para que la clase política guerrerense se luciera. Se disipó bailando La Iguana, chupando paletas y tomándose fotos. En la plaza cívica Primer Congreso de Anáhuac fueron ubicados en primera fila los aspirantes a la gubernatura por Morena: Félix Salgado Macedonio, Beatriz Mojica Morga, Abelina López Rodríguez, Guadalupe Eguiluz Bautista e Iván Hernández Díaz. Estuvieron ausentes Esthela Damián Peralta, Rogelio Ortega Martínez y Rubén Cayetano García. Ante una audiencia cautiva, la gobernadora Evelyn Salgado Pineda aprovechó la ocasión para agradecer a la presidenta de la República todo el apoyo que ha brindado a Guerrero. La algarabía morenista expresaba con porras sus preferencias electorales y su determinación para dar la batalla en estos días decisivos. La cargada de los simpatizantes fue para mostrar músculo e ir ganando más presencia en la opinión pública.
En esa misma mañana la familia del profesor Sergio Nájera García, desaparecido el 28 de mayo, protestaba en las puertas de la Fiscalía General del Estado para exigir a los funcionarios que impulsen la investigación y que la Comisión Estatal de Búsqueda despliegue personal calificado para dar con su paradero. El drama cotidiano de las desapariciones, los asesinatos, los desplazamientos forzados marcan de por vida a decenas de familias mayoritariamente pobres que además de luchar por la sobrevivencia, tienen que enfrentar la indiferencia y el maltrato de las autoridades acostumbradas a actuar con prepotencia, endureciendo su trato con las víctimas, negándose a dialogar con ellas y sin mostrar resultados de sus investigaciones.
El mensaje de la presidenta se centró en mostrar los logros alcanzados en estos dos años de su administración y arremetió contra los gobiernos neoliberales que dejaron crecer a los cárteles de la droga coludiéndose con los grandes capos. La presidenta levantó la voz para decir que México ¡No acepta injerencias! ¡Somos un país libre, independiente y soberano! Las intervenciones nunca han dejado justicia y bienestar para los pueblos.
Resaltó los resultados en seguridad: se han reducido en 20 meses, en 49 por ciento los homicidios dolosos y en 20 por ciento los delitos de alto impacto. Argumentó que para disminuir la violencia es indispensable detener el tráfico ilegal de armas hacia nuestro país y considera que es fundamental que el gobierno de Estados Unidos atienda el grave problema del consumo de drogas en su territorio.
Criticó acremente la actitud de una parte de la derecha mexicana: una derecha entreguista, dispuesta a celebrar e incluso promover las presiones de políticos extranjeros. Una derecha que llega al extremo de invitar a representantes de la ultraderecha española para rendir homenaje a Hernán Cortés.
Con los triunfos electorales que ha tenido Morena a nivel nacional para la presidenta Claudia Sheinbaum, México ya cambió. Nada ni nadie va a detener la transformación de México. Esa es una nueva realidad. “¡La patria no se vende! ¡La patria se ama y se defiende!”, exclamó.
Esta nueva narrativa de que México ya cambió y de que es un gobierno del pueblo y para el pueblo no reconoce los grandes problemas que aún persisten en nuestro país y que requieren del apoyo de la sociedad, de los colectivos de víctimas, de las organizaciones de la sociedad civil, de los movimientos sociales para revertir los grandes rezagos que hay en el combate a la impunidad y la corrupción.
En nuestro estado los crímenes del pasado siguen vivos, son parte de la realidad dolorosa que no ha sido atendida por los gobiernos de Morena. La Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las Graves Violaciones a los Derechos Humanos de 1965 a 1990 quedó trunca, porque el gobierno federal ignoró sus recomendaciones y descalificó los resultados de la investigación. Fue un esfuerzo más que deja en estado de indefensión a las familias que por más de cinco décadas han buscado a sus seres queridos desaparecidos.
No solamente no hay avances en el paradero de los desaparecidos, sino que tampoco existen investigaciones que señalen a los perpetradores de estos crímenes de lesa humanidad. Se encubre a los altos mandos militares y se mantiene intacto el pacto de impunidad. Este continuum de violencia sigue desangrando a nuestro estado. La transformación que pregona la 4T no ha llegado a las fiscalías porque persisten los mismos vicios de corrupción y la colusión con los grupos de poder es una práctica añeja que deja buenos dividendos. Los cotos de poder ahora se comparten con las elites militares que tienen en sus manos la Fiscalía del estado que camina en sentido contrario de las víctimas.
La cifra imparable de las personas desparecidas en nuestro país pone en entredicho la actuación del gobierno federal que no atiende los planteamientos de los colectivos de familiares que tienen la experiencia y el compromiso para realizar búsquedas y hacer investigaciones en el territorio. Hay un malestar muy grande de las madres buscadoras porque sus planteamientos no encuentran eco entre las autoridades federales, tampoco cuentan con el respaldo y los recursos necesarios para realizar dignamente su trabajo. Luchan a contrapelo de las autoridades sacando siempre la casta y mostrando entereza y pundonor para llegar a los lugares más recónditos y peligrosos donde las autoridades no se atreven a indagar.
El sábado 30 de mayo colectivos de familiares de periodistas y participantes del premio Breach/Valdez de periodismo y derechos humanos instalaron un antimonumento “Aquí Nadie Olvida” para nombrar y recordar, a unos días del mundial de futbol, a los periodistas asesinados y desaparecidos en México. El memorial fue levantado en la avenida Paseo de la Reforma en la conocida esquina de la información, donde se ubicaban los principales diarios impresos del país. Esta estructura servirá como un recordatorio para la población nacional e internacional de la grave situación que enfrenta el periodismo en México, que desde el año 2000 hay más de 150 periodistas asesinados y decenas están desaparecidos. La fecha fue muy representativa porque el 30 de mayo de 1984 asesinaron a Manuel Buendía, uno de los periodistas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX.
Otro de los graves problemas que sigue arraigado en México es la violencia contra los periodistas, al grado que nuestro país es catalogado como de los más peligrosos para ejercer ese oficio. En nuestro estado varios periodistas han sido asesinados, otros más se encuentran desplazados y en algunas regiones del estado no hay condiciones para ejercer el periodismo. Hay zonas silenciadas por los grupos de la delincuencia que ejercen un control férreo de lo que circula en las redes sociales y de las noticias que aparecen en los medios locales. El gobierno federal ha demeritado el trabajo periodístico dejando en estado de indefensión al gremio que es la columna vertebral de una sociedad democrática, que requiere de información veraz, independiente y comprometida con la sociedad.
Los defensores de derechos humanos aparecen como actores incómodos para las autoridades que se sienten interpeladas debido a sus malas actuaciones y por el abuso de poder. Además de trivializar su trabajo y desacreditarlo desatienden y obstaculizan cualquier esfuerzo que se orienta a proteger los derechos de las víctimas. Lo más grave que ahora sucede en nuestro entorno es que tanto los gobiernos como los empresarios han utilizado a grupos de la delincuencia organizada para hacer el trabajo sucio. Hay colusión por los negocios que emprenden y que requieren poner en orden a quienes pueden descubrir los intereses económicos que se tejen de manera subrepticia.
En Guerrero la delincuencia se ha transformado en un poder fáctico que tiene el control de ayuntamientos y comunidades, que amenaza y atenta contra la vida de quienes considera sus enemigos o una amenaza a sus intereses mafiosos. Varios luchadores sociales son desaparecidos y asesinados en este contexto de ingobernabilidad donde caciques, políticos regionales o autoridades

municipales utilizan a estos grupos para deshacerse de quienes consideran como un obstáculo en su carrera político delincuencial.
El caso del luchador social Arturo Hernández Cardona es un caso emblemático de cómo el presidente municipal Jose Luis Abarca catalogó como un enemigo a quien tenía que quitarlo del camino. Con el apoyo de un grupo de la delincuencia el 30 de mayo de 2013, Arturo fue desaparecido, torturado y asesinado por órdenes del presidente municipal José Luis Abarca. En nuestro estado hay muchos luchadores y luchadoras sociales que fueron desaparecidos y asesinados pero que lamentablemente las autoridades no han asumido el compromiso de reivindicar su memoria dando con los responsables e imponerles un castigo ejemplar.
La violencia que se enseñorea en la Montaña Baja de Guerrero es otro indicador funesto del grave problema de la inseguridad y de la crisis de ingobernabilidad. Las comunidades indígenas además de padecer los estragos de la pobreza y el abandono del gobierno ahora tienen que padecer el flagelo de la delincuencia que, a decir de ellos, son los que impondrán el orden y aplicarán la ley. Toman el control del territorio y asumen el poder de facto. Irrumpen con armas de alto poder y con drones, detienen, desaparecen y asesinan a quienes consideran que forman parte de otro grupo de la delincuencia.
Hacen la limpia para imponer su poder siniestro. El problema del desplazamiento forzado es una realidad que se ha extendido en donde se libran batallas por el control territorial entre grupos de la delincuencia antagónicos. Las consecuencias son funestas porque son familias enteras las que tienen que salir de manera clandestina, con niños pequeños, con personas mayares y enfermas, con madres embarazadas. Se refugian en lugares inhóspitos o huyen del estado para ponerse a salvo. Lamentablemente estas realidades no aparecen en el informe de la presidenta de la república, están invisibilizadas, nuestro gran temor es que su apuesta sea mostrar cambios en la política social y en su estrategia de seguridad pública, independientemente que a nivel local y regional la situación empeore. De que muchas familias sigan sin experimentar una mejoría en su calidad de vida y que continúe a salto de mata para librarse de las balas y de las incursiones armadas.

 

Jornalero balaceado por la Guardia Nacional

Un abrazo hasta el mundo de los justos al doctor Bertoldo Martínez Cruz en su décimo aniversario luctuoso.

Vivir en las comunidades indígenas de la Montaña es cargar con siglos de olvido que se han materializado en pobreza extrema, aislamiento, violencia, despojo, explotación, racismo, exclusión social y violación sistemática a sus derechos básicos. Las autoridades han aprovechado esta desigualdad estructural para profundizarla en lugar de revertirla. Abusan de la confianza que les brinda la gente cuando acuden a sus comunidades para pedir el voto; de manera permanente engañan a la población al desatender sus principales demandas. Las autoridades nunca tienen presupuesto suficiente para revertir el rezago de las comunidades. Han impuesto como regla que solo una obra al año les puede otorgar. Nunca se construyen las obras que requiere la población, se hacen las menos costosas y las que generan buenos dividendos económicos y políticos.
Ninguna instancia del gobierno atiende el grave problema que enfrentan los productores para rescatar sus siembras y producir alimentos básicos para todo el año. El problema del hambre es endémico. Los terrenos de las parcelas familiares están erosionados. El uso de agroquímicos se ha sumado al grave problema del deterioro ambiental y al desequilibrio de los ecosistemas. La gente ya no produce alimentos, todo tiene que comprar a precios muy caros. En la Montaña no hay fuentes de empleos que le generen ingresos a las familias. No tienen forma de solventar los gastos diarios. La única opción es migrar o morir de hambre.
El modelo económico extractivo tiene mayores ganancias cuanto más intensa es la explotación de la mano de obra. El capital requiere de trabajadores agrícolas que estén dispuestos a realizar jornadas extenuantes sin tener una relación laboral formal. Aprovecha que salen de sus comunidades dispuestos al sacrificio con tal de obtener un precario ingreso para darle de comer a la familia. Los empresarios agrícolas prefieren a la población indígena porque están desorganizados y difícilmente hacen valer sus derechos laborales, tampoco obligan a los patrones a cumplir con la Ley Federal del Trabajo. Para que a las familias les rinda el pago trabajan todos, hasta los menores de edad. Los empresarios aceptan porque con más manos sacarán pronto la cosecha, sin que le interese proteger los derechos de la niñez.
Una familia extensa de 30 mujeres, hombres, niñas, niños y jóvenes indígenas de la comunidad na savi de Calpanapa, municipio de Cochoapa el Grande, ha padecido múltiples abusos y desgracias. Lleva más de 10 años migrando para sortear su vida en la Montaña. La tierra que poseen ya no produce a pesar de que se encuentra en un vallecito al pie del cerro de la Garza. Cada año nuevo suben los 3 mil metros de este pico para mantener viva la costumbre de pedir salud, trabajo, maíz y en los últimos años piden por la seguridad de las comunidades por tanta violencia que soportan estoicamente.
El pasado martes 12 de mayo salieron a mediodía de su comunidad a los campos limoneros de Apatzingán, Michoacán. Salieron en su camioneta destartalada todos apretujados, para hacer redituable el viaje. Cruzaron las espesas montañas rumbo a Ometepec, en la Costa Chica. A las cinco de la tarde tomaron el camino hacia Acapulco. Llevaban buen tiempo, los niños y niñas dormían de a ratos. El motor del carro estaba respondiendo bien y así llegaron a Zihuatanejo sin novedad. Después de 15 minutos la camioneta gris se detuvo porque se le poncharon las llantas. Eran las 12 de la noche del miércoles 13 de mayo. No había forma de seguir el camino, ni que pasara alguna camioneta de auxilio vial. Optaron por estacionarse afuera de la carretera y se acostaron a dormir cerca de una parota donde estaba la luz tenue de un foco.
Los 30 padres, hijos, primos, cuñados y nietos nos acomodamos para pasar la noche y al día siguiente arreglar el carro. Ocho niños y niñas se acomodaron con sus madres con las cobijas que llevábamos. Mi cuñado Marcelino Tomás Nieto venía con su esposa y sus seis hijos de 14, 12, 10, 7 y los más pequeños, gemelos de 2 años.
Eran las 3 de la mañana cuando nos despertó un balazo. Al principio no logramos identificar a las personas que estaban frente a nosotros porque estaba oscuro. Nos entró miedo. Las mujeres, las niñas y los niños empezaron a llorar desconsoladamente. El grito de Marcelino fue desgarrador. Rápido nos dimos cuenta que lo habían herido en el tobillo izquierdo. Nos imaginamos lo peor, pero cuando se bajaron nos percatamos que se trataba de la Guardia Nacional. Llegaron sin decirnos nada, sólo dispararon. Pensaron que estábamos muertos. Les dijimos que no estábamos haciendo nada, lo único que queríamos era dormir porque se nos había descompuesto el vehículo. No nos dijeron nada, y después de 30 minutos llamaron a una ambulancia para llevar a Marcelino al hospital de Zihuatanejo.
No sé por qué dispararon sin cruzar palabras. Nos hubieran hablado bien, pero sólo dispararon sin saber que había niños y niñas. Viajamos largas jornadas para ir en busca de trabajo a los campos agrícolas y por desgracia al poncharse las llantas tuvimos que acostarnos en la orilla de la carretera. Esto no tomaron en cuenta los de la Guardia Nacional. Se supone que están capacitados para tratar a la población, pero parece que somos sus enemigos. En lugar de hablarnos de buena manera aventaron un balazo directo donde estábamos durmiendo. Eso no se hace, también somos seres humanos. ¡Te imaginas lo que vivimos! Todos nos espantamos, más cuando Marcelino gritó por el balazo que le dieron. Las mujeres y los niños lloraban de miedo por temor a que nos fueran a matar.
Al siguiente día se presentaron dos abogados al hospital donde se encuentra Marcelino. Después nos abordaron tres más que venían de la Ciudad de México. Nos ofrecieron 150 mil pesos para que coman los hijos del herido y para otros gastos mientras se recupera. Pero ya no han vuelto a acercarse. Es una cantidad que no representa el agravio que causaron a todos los que estábamos tranquilamente durmiendo. No sabemos cuánto tiempo tardará para que Marcelino pueda componerse, tampoco tenemos la seguridad de que va a quedar bien y que podrá trabajar en el campo.
Después de 5 días Marcelino sigue hospitalizado. Le sacaron una tomografía para diagnosticar alguna fractura. Ahora sólo le están poniendo medicamentos y suero. Este 18 de mayo van a suturar su herida porque fue muy profunda, incluso le quitó toda la carne y se le veía el hueso. Va estar internado y el martes 19 nos dicen que lo van a dar de alta.
Tres familares nos quedamos en el hospital para cuidarlo y estar pendiente de su atención médica. Los demás están en una casa que rentó la Guardia Nacional en Zihuatanejo, están comprando alimentos y pagan los medicamentos. Saben su responsabilidad. Sin embargo, lo que más nos preocupa es que Marcelino no vaya a quedar bien. Lo triste es que no va a trabajar en esta temporada porque su recuperación va a ser lenta.
En estos meses todo serán gastos para su familia y no tendrá ingresos. Su esposa y sus 6 hijos van a pasarla difícil. Su único hijo de 14 años podría trabajar el el corte de jitomate y de chile, pero es insuficiente para sostener a toda la familia y atender los gastos médicos que va a necesitar Marcelino. A la semana se necesitan mil pesos para irla pasando. Un cono de huevos está hasta en 100 pesos y el kilo de jitomate en 80 pesos. Por eso nos vamos a Michoacán porque solo ahí podemos ganar algo de dinero. Marcelino se va a regresar al pueblo con su familia sin dinero y con una herida en el tobillo.
Por más de 10 años hemos ido al corte de limón en la temporada de lluvias y regresamos después de octubre. Sólo estamos en Calpanapa dos o tres meses y otra vez volvemos a los campos. Nos pagan 35 pesos por caja de limón. Por lo regular se hacen seis cajas al día y los más rápidos 10 cajas diarias. Lo máximo que ganan son 350 pesos al día.
En el corte de jitomate nos pagan a 7 pesos el bote. El trabajo es arduo porque para ahorrar se tiene que cortar 30 botes al día y los que tienen más destreza logran los 50 botes. En el corte de chile pagan 10 pesos por bote y se logran de 25 a 30 botes. Es poco porque tenemos que pagar 2 mil pesos por la renta de una pequeña casa. Si no alcanzamos rentamos dos. Por los servicios de luz y agua pagamos 300 pesos, es la cantidad que juntamos en un día cortando limones. Para cocinar tenemos que juntar leña porque los cuartos no cuentan con estufas.
Las niñas y niños se quedan con sus mamás. Los que tienen entre 10 y 15 años ya empiezan a trabajar en el corte de jitomate y chile, porque los limones no los alcanzan. Los rancheros no dicen nada porque no hay contratos. Dejaron de ir a la escuela porque no tenemos con quien dejarlos en la comunidad y tampoco pueden estudiar en Apatzingán porque las maestras y maestros de Calpanapa no les entregan sus boletas de calificaciones. Ellos quieren que terminen ahí el ciclo escolar. No podemos estar todo el año porque no tenemos dinero para comer.
No tenemos más salida que ir a trabajar a los campos agrícolas. Dejamos nuestra tierra para ganar un poco de dinero. En Michoacán si trabajamos duro conseguimos ahorrar algo para sobrevivir dos meses. Si te quedas en el pueblo te puedes morir de hambre, pero ahora también si sales a los campos agrícolas te puede pasar algo como ahora. No solo corres el riesgo con los grupos de la delincuencia, también con la Guardia Nacional que, en lugar de protegernos, nos tiraron a matar. De milagro está vivo Marcelino. Solo pedimos que las autoridades investiguen este delito que es grave porque dispararon sin justificación alguna y directo a las familias. También tiene que reparar todos los daños que ocasionaron a Marcelino, a su familia y a todos los que nos quedamos en la carretera.

 

El horror de la violencia

 

 

 

Las comunidades nahuas de la Montaña baja de Guerrero han sufrido constantemente la violencia de los grupos de la delincuencia desde el 2015. Hombres, mujeres, niñas, niños y jóvenes han quedado bajo el fuego, sin que las autoridades implementen acciones contundentes para desarticular a estas organizaciones que mantienen en el limbo del horror a la población indígena indefensa.

Ante la ausencia de las autoridades, la delincuencia ha impuesto su ley con las balas y ahora con drones. Las incursiones de civiles armados en las comunidades indígenas son recurrentes y lo más grave es que no son atendidas por las autoridades. Optan por esconderse en los cerros y en las iglesias de las comunidades que pertenecen a la CRAC-PF y al Cipog-EZ.

Las tragedias pasan desapercibidas para las autoridades porque están ausentes y porque a la distancia los hechos se desvanecen. La gente llora por la impotencia de no ser atendido y porque no le dan crédito a su testimonio. Las niñas y niños se refugian en los brazos de sus mamás y ellas también son presas del temor de que las priven de la vida. Sus gritos se pierden en los lomeríos. Están solas, sin protección. Por eso su único consuelo es la denuncia pública y la súplica a las autoridades. “Nos están atacando a balazos y con drones artillados por los delincuentes que avanzan a pesar de que se topan con el Ejército”.

Los últimos hechos de violencia iniciaron el 2 de mayo de este año cuando asesinaron a dos personas de la comunidad de Alcozacán. El miércoles 6 continuó una serie de ataques contra las comunidades de Tula, Xicotlán, Acahuehuetlán y Alcozacán, pertenecientes Cipog-EZ. Ahí fueron asesinados Isaías Morales Lucas, Bernardino Hilario Ocotlán, Ernesto Hilario Ocotlán e Isacar Villalba Rosario, originarios de la comunidad de Tula. El 8 de mayo una señora de la comunidad de Xicotlán fue herida de bala.

A las 7:30 de la mañana de este 9 de mayo irrumpieron los delincuentes con drones artillados que sobrevolaron en la comunidad de Tula. Entraron bien armados con equipo táctico destruyendo todo a su paso. No les importó que había niñas y niños. Disparaban indiscriminadamente a quien le tocara. Desde los cerros cercanos, se atrincheraron para abrir fuego. Estaban algunos elementos del Ejército como a 200 metros, pero sólo fueron espectadores, mientras las personas corrían despavoridas. No se movilizaron para enfrentarlos o detener a los agresores. La Guardia Nacional, la Policía Estatal y el Ejército estuvieron en las comunidades solo para documentar la infamia. Se tomaron fotos, pero no protegieron a las ciudadanas ni a los ciudadanos. Los dejaron a su suerte.

Las imágenes son de terror. El ambiente es tenso. El estruendo de las balas hizo eco en sus casas. Las gallinas cacaraquearon para refugiarse y los perros aullaban. El polvo se levantaba como si fuera una confrontación abierta. En el cerro cercano a Tula un dron posó en la tierra. Lo que quedó del paisaje fueron los rastros de la violencia.

Las mujeres indígenas relataron: “nos quedamos en el monte sin poder dormir porque teníamos miedo de que llegaran los armados. Estábamos escondidas en silencio porque teníamos miedo de que nos fueran a encontrar”. A las 2:40 de la mañana varias familias se tuvieron que desplazar a la comunidad de Alcozacán para salvarse. Más de tres días consecutivos de agresiones no fueron suficientes para que los militares actuaran, más bien las dejaron abandonadas.

Los ataques continuaron en este Día de las Madres. No había nada qué festejar. Más bien, había gritos y llantos por los balazos y las bombas que lanzaban sobre las viviendas. La agresión era directa. Los delincuentes tiraban a matar. Las noches se han convertido en un infierno. “Nos hemos pasado huyendo, cargando en nuestras espaldas a nuestros pequeños hijos e hijas para escapar de las balas”, comentan con desesperación las mujeres.

El rugido de las armas de fuego azotaba las puertas de las viviendas. Las mamás escondían a sus hijos. La inenarrable escena de violencia fue devastadora. Querían correr, pero se contuvieron hasta que parara la balacera. La muerte ahora ronda en las veredas y en cualquier rincón de la casa. Una madre de familia de Tula cuenta que se salió a la una de la tarde porque en su comunidad les estaban tirando bombas y balazos con armas de alto poder.

“Saqué a mis gemelos como pude porque deshicieron mi puerta con los balazos, casi nos tocaba. Siguen ahí los delincuentes. Le solicito al gobierno que nos haga caso porque estamos sufriendo. Mis niños están sufriendo. Hay un miedo muy grande. Ya mataron a nuestros animales, están prendiendo el monte, están amenazando con que van a entrar. Las autoridades están viendo lo que está sucediendo, que por favor nos hagan caso. Los niños lloran, ya no pueden vivir bien en sus casas porque nos amenazan los de la delincuencia. Las mujeres y los niños no tenemos la culpa, defendemos al pueblo, no somos criminales”.

Entrada la noche más de 800 personas desplazadas estaban refugiadas en la iglesia de Alcozacán. El comisario municipal señaló que “las señoras, niñas, niños, madres, viudas y ancianos de 70 años, están resguardados en la iglesia. Nos están atacando en las comunidades de Acahuehuetlán, Xicotlán, Tula y ya vienen entrando a Alcozacán. Solicitamos a los tres niveles de gobierno que nos respalden. Ya marqué al 911, a la Guardia Nacional, a la presidenta de Chilapa; estamos esperando su apoyo inmediato desde Chilpancingo y a nivel federal. Necesitamos que inmediatamente llegue el gobierno. Le solicito a la presidenta Claudia Sheinbaum, a la gobernadora, que respondan, que hablen con nosotros. Esperamos su apoyo urgente”.

A los recientes episodios de violencia se suman la larga lista de crímenes que hasta hoy se han registrado 76 asesinatos y 25 desaparecidos. Lo peor es que varios niños han sido privados de la vida por los grupos de la delincuencia que quieren tener el control total de las comunidades y sus territorios. Por defender a sus pueblos nos ha costado la vida. Algunas comunidades han quedado deshabitadas por la violencia demencial e irrefrenable.

Las autoridades estatales y federales han dejado que los grupos de la delincuencia se expandan y actúen con total impunidad. En cambio, a la población indígena la han relegado y discriminado, dejando que ellos solos afronten este poder impune. En lugar de protegerlos, los criminalizan y argumentan con falacias que se trata de enfrentamientos entre grupos delincuenciales.

Para las comunidades indígenas de Chilapa la frase “primero los pobres” está muy lejos de que se haga realidad, porque siguen sometidos por los comerciantes y políticos. El gobierno municipal de Chilapa siempre ha estado controlado por familias ricas de la cabecera. Ha sido un bastión priista, de grupos caciquiles que en las últimas tres administraciones cambiaron de estafeta con el PRD. Sin embargo, los vicios son los mismos, reproducen los mismos esquemas de corrupción, nepotismo, maltrato y desatención a las comunidades indígenas. Continúa la inseguridad, la violencia y la delincuencia organizada. Los delitos no se investigan, mucho menos se castigan. La justicia es inaccesible para la población indígena y los crímenes de alto impacto quedan en la impunidad. Los casos de desapariciones y asesinatos de personas indígenas solo son reivindicados por sus familiares. Para la Fiscalía estos casos no cuentan porque no hay carpetas de investigación. Le cargan a las familias todo el peso de la investigación, además de interponer las denuncias en la cabecera municipal, se encargan de presentar pruebas y testigos. Ante el temor de que las consecuencias sean fatales por exigir justicia, las familias se resignan al silencio y a padecer el flagelo del miedo y la amenaza.

En la Montaña alta la violencia se extiende como la lumbre incontrolable de los cerros. La tarde de este domingo se suscitó un ataque armado en la comunidad de Huitzapula, municipio de Atlixtac. A las 6 de la tarde iniciaron los disparos desde los cerros, poco a poco se fueron acercando a la comunidad con drones explosivos. Cerca de las 10:30 de la noche ya estaban a 500 metros del centro del pueblo. La noche oscura aguarda sorpresas y secretos. En estas agresiones ya es común que los chispazos de luz iluminen la noche por los artefactos que explotan en el cerro. El terror parece instalarse en las comunidades de la Montaña, que ya no son nada tranquilas.

La población no tiene otra opción que pedir auxilio, sin embargo, las autoridades están ausentes. Nadie se da por enterado. Esperan órdenes superiores, sin éstas el aparato de seguridad del Estado no funciona. Las mismas autoridades que reciben los reportes ya se acostumbraron a sobrellevar los conflictos. Solo verifican si hay peligros inminentes o si está en riesgo la seguridad de algún funcionario. Fuera de estos agravantes la gente que teme ser agredida o que es reportada como asesinada o desparecida, tiene que esperar hasta que el elefante reumático de la justicia reaccione.

Antes de cerrar este artículo nos llegó información de Alcozacán de que hay 13 personas de Xicotlán que están reportadas como desaparecidas. Los familiares han tenido que organizarse para buscarlos. No lo pueden hacer con total libertad porque saben que se encuentran asediados por grupos de la delincuencia. La angustia es mayor porque las autoridades no acuden en su auxilio. Este domingo por la tarde hicieron un recorrido los militares en la comunidad de Tula pero no establecieron contacto con las familias agraviadas. Esperamos que las autoridades acudan al llamado de las comunidades y que puedan escuchar a las madres de familia que tienen mucho temor de que las agresiones continúen. Es importante atender a los familiares que reportaron la desaparición de sus hijos y hermanos, también se debe garantizar la atención a las víctimas de desplazamiento forzado. No se debe sesgar la información, ni desacreditar el trabajo de las organizaciones sociales que acompañan a las comunidades agraviadas. Para la construcción de la paz en Guerrero se tienen que desmontar las estructuras delincuenciales, es un imperativo legal perseguir a quienes atentan contra la vida y la seguridad de las personas y garantizar la protección de las comunidades y familias sometidas por la violencia criminal.

Sinaloa, el espejo de Guerrero

En estos 33 años las voces de El Sur han plasmado el mosaico cultural y político de un Estado combativo. Su veracidad e independencia editorial es el mayor capital que reconocen y valoran sus asiduos lectores. Todo nuestro reconocimiento y solidaridad a la ardua y riesgosa labor de las y los periodistas de Guerrero, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa.

Los señalamientos de la justicia estadunidense contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, acusado de proteger al cártel de Los Chapitos, parece ser una historia lejana y extraña para la clase política guerrerense. Se interpreta que sólo es una invención más de la administración de Donald Trump para doblegar al gobierno de la presidenta Claudia Sheimbaun. Han cerrado las filas morenistas para no permitir que los gobiernos extranjeros intervengan en nuestros asuntos internos. Se apela a nuestra soberanía como un principio insoslayable de un país digno que exige ser respetado y que no permite el injerencismo de países poderosos.
Para las elites morenistas de Guerrero este agravio es un asunto que se dirime en el plano nacional. El contexto estatal está imbuido de otra dinámica. Las aguas pre electorales empiezan a cobrar fuerza y a tomar cauce ante la opinión pública. Proliferan los eventos públicos y las ruedas de prensa para posicionar políticamente sus candidaturas. Flota en el ambiente la idea de que es el momento propicio para hacer visible las aspiraciones políticas y mostrar músculo, con el fin de perfilar sus candidaturas ante la nueva dirigencia nacional.
Están alejadas de la realidad que nos apabulla, circulan en la órbita electorera y sus intereses políticos solo giran alrededor del circuito morenista. Los grupos políticos distan mucho del sentir ciudadano, aunque discursivamente se reivindican como representantes del pueblo. Los cargos públicos que algunos ostentan les da la oportunidad para promocionar su imagen y capitalizar políticamente la marca de Morena. La disputa por las clientelas políticas reedita las prácticas vetustas del otrora partido hegemónico. En estos tiempos pre electorales prevalece la opacidad en el manejo de los recursos económicos. Hay muchas artimañas entre los equipos para evadir las leyes electorales y ocultar el origen de los fondos, con el fin de posicionar mediáticamente a quienes aspiran a los cargos públicos.
Desde esta etapa pre electoral ya se vislumbran manejos turbios de los fondos que cada precandidato o precandidata ejercen, debido a que no existen leyes ni mecanismos eficaces que obliguen a los partidos políticos y sus precandidatos a transparentar los recursos. A propósito de estos rejuegos políticos es importante tener como referencia la denuncia que existe en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, donde se señala que “Rocha Moya, un político veterano, fue elegido gobernador de Sinaloa en junio de 2021, con el apoyo de Los Chapitos. Para respaldar su elección los líderes de esta organización ordenaron a sus miembros que robaran las papeletas con votos de los oponentes de Rocha Moya, y que secuestraran e intimidaran a los candidatos de la oposición. A cambio el candidato prometió apoyar las operaciones de tráfico de drogas del cártel. Según lo prometido el gobernador permitió que Los Chapitos operaran con impunidad en Sinaloa.”
De acuerdo con la Fiscalía General de la República se trata de una denuncia donde no existen evidencias para la detención del gobernador de Sinaloa y 9 personas más, solicitadas por el gobierno de Estados Unidos. “No hay ninguna referencia, no hay ningún motivo, no hay ningún fundamento, no hay ninguna evidencia, que nos permita apreciar el porqué de la urgencia de la detención provisional”.
Es clara la posición del gobierno federal, de que se requieren pruebas fehacientes que acrediten estos señalamientos, mientras tanto, no procederán a la detención del gobernador con licencia. Lo grave del caso es que estamos ante un estado sumido por la violencia y enfrascados en la disputa a muerte entre Los Chapitos y La Mayisa. Durante estos 5 años los habitantes de Sinaloa han quedado a merced de los sicarios que han cobrado muchas vidas y se han apoderado de amplias franjas del territorio. La disputa se libra en las ciudades y en las zonas rurales. La desaparición de personas es un problema irresoluble, debido a la desatención y al maltrato de los familiares de personas asesinadas y desaparecidas, por parte del mismo gobernador. La presencia del Ejército y la Guardia Nacional ha sido insuficiente para contener la avalancha delincuencial. El desbordamiento de la violencia arrastra a la población a una vorágine irrefrenable.
Es claro el grado de penetración que tuvieron Los Chapitos en las estructuras estatales y la disputa a muerte que ahora libran contra el grupo de Los Mayos, como producto de las traiciones y rupturas de pactos siniestros que les permitió trasladar la droga a Estados Unidos y a varios países de Europa. Es grave que la disputa se haya profundizado en las urnas, en la lucha por los cargos públicos, en el control político del estado. Fue sumamente desastroso que la jornada para elegir al gobernador haya estado custodiada con armas de asalto, que los electores opositores estuvieran en la lista de los delincuentes para ser amenazados o secuestrados y que al final de la contienda ganaran los candidatos promovidos por Los Chapitos.
Este escenario que se plasma en la denuncia contra Rocha Moya es aterrador porque nos habla de cómo los grupos de la delincuencia se inmiscuyen en el proceso electoral y cómo apoyan a determinados candidatos. No es una elucubración hecha al aire, es una amenaza real que las instituciones del estado no están en condiciones de controlar y de frenar. La realidad es que muchos actores políticos en nuestro país han cometido delitos electorales, sin embargo, ha sido imposible probarlo, mucho menos de aplicar sanciones.
Hay múltiples maneras de encubrir acciones ilegales, de actuar subrepticiamente y de contar con pruebas para acreditar las denuncias interpuestas. Hay muchas personas expertas para cometer estas triquiñuelas, son prácticas añejas que resultan efectivas, como la compra del voto, que requiere una estructura bien posicionada territorialmente para asegurar una operación efectiva que llegue directo con el elector que está decidido a canjear su voto por dinero. El asunto de fondo está en quién proporciona el dinero en efectivo, quienes están dispuestos a entregar amplias sumas de dinero sin tener una garantía de que su dinero se multiplicará con los fondos públicos.
En nuestro estado la situación es parecida a la de Sinaloa y otras entidades más. Existe una institucionalidad endeble y porosa, un sistema de partidos controlado por caciques, grupos familiares y grupos de la delincuencia. La corrupción se desparrama en todas las dependencias de gobierno. Los vicios de antaño, de lucrar con el dinero público no se han desterrado, por el contrario, se han arraigado y perfeccionado. El perfil de los políticos responde más a los intereses de los grandes empresarios y de las cupulas partidistas. También responden a intereses mafiosos por la penetración que se ha dado de personajes de la delincuencia en varias instancias del gobierno.
Los políticos guerrerenses se pintan solos: son ególatras e inaccesibles, dilapidan los recursos públicos, viven en la opacidad y la opulencia, no transparentan los fondos que reciben; buscan colocar a sus familiares que no tienen el perfil profesional ni ético. Son apáticos y no atienden a la población que enfrenta situaciones límite. Solo salen de sus oficinas para congraciarse con la gobernadora en sus giras. Se mantienen al margen de los graves problemas que enfrenta el estado, dejan crecer los problemas apostándole al desgaste de la gente que protesta. Sobrellevan los conflictos y dan soluciones a medias para administrar la alta conflictividad que padecemos en el estado.
El problema de la violencia y la inseguridad es el mayor flagelo que padecemos los guerrerenses. Han pasado décadas y se han implementado operativos federales sin resultados tangibles. Los grupos delincuenciales se han multiplicado en las 8 regiones del estado y lo que es peor, se han enquistado en las estructuras del estado. Su poder se ha robustecido ante una Fiscalía que a nadie rinde cuentas y que tiene un gran rezago en las carpetas de investigación. Sus resultados son nimios con las escasas órdenes de aprehensión que ejecuta. Su ineficacia favorece a los grupos que delinquen, que continúan con sus tropelías y que saben cuál es el precio de la justicia.
La ausencia de las autoridades la han cubierto los grupos de la delincuencia al grado que ejercen el control territorial, se han apoderado de los principales giros comerciales en las 8 regiones del estado y han asumido el mando en varios gobiernos municipales que han sucumbido ante el poder delincuencial que por la fuerza y la violencia somete a la población. La presencia de estos grupos ha desplazado a los ministerios públicos, las corporaciones policiacas, los jueces, la Guardia Nacional para aplicar su propia ley apropiarse del erario público para erigirse en los proveedores de las instituciones de gobierno.
Esta crisis de gobernabilidad deja en total indefensión a los ciudadanos, pierde su misma naturaleza porque ya no salvaguarda los derechos de la población ni es garante de la ley ni del Estado de derecho. Deja de servir a la ciudadanía para convertirse en representante de intereses mafiosos y protector de delincuentes. El espejo de Sinaloa nos deja ver nuestra realidad que nos lacera. Tiene muchos rasgos de la criminalidad que azota a los dos estados. Hay un gran riesgo en nuestro estado de que algunos políticos quieran pactar con el crimen para satisfacer sus ansías de triunfo a costa de un narcogobierno.
Evaden responder a cuestionamientos de fondo relacionados con la grave crisis de inseguridad que venimos arrastrando por la inoperancia de sus estrategias que mantienen intocada las estructuras delincuenciales, por la permeabilidad de las instituciones de seguridad y justicia del estado y por la colusión que existe con los grupos del crimen organizado.

Las batallas por la verdad y la justicia

En memoria del maestro Sócrates Hernández Lozano, compañero combativo por la defensa de los derechos de los trabajadores de la UPN-121

En la 139 Acción Global por Ayotzinapa, las madres y padres de los 43 normalistas desaparecidos realizaron este domingo la marcha y el mitin en el Hemiciclo a Juárez. Don Emiliano Navarrete, padre de José Ángel, señaló que el Ejército mexicano se ha encargado de obstruir el camino para encontrar a sus hijos. “A pesar de que el gobierno tiene la suficiente tecnología para localizar a las personas desaparecidas, se empeña es hacer más cruento nuestro sufrimiento.
“El gobierno no ha querido decirnos dónde dejaron a nuestros hijos. Ellos tienen toda la tecnología militar para hacer búsquedas en cualquier rincón del país, pero no tienen voluntad política para hacerlo. Cuentan con los servicios de inteligencia para ubicar a las personas que no aparecen, sin embargo, la situación se ha complicado porque varias autoridades están involucradas en estas desapariciones.
“Existe una Fiscalía Especializada para el caso de nuestros hijos dentro de la Fiscalía General de la República, pero solo se mueve por órdenes de la presidenta. Esa es la maldita realidad. ¿Qué podemos hacer como personas, como padres, como ciudadanos que estamos exigiendo justicia, que exigimos verdad y que diariamente buscamos a nuestros hijos?
“Nadie me puede arrebatar el derecho para saber dónde está mi hijo y dónde están sus demás compañeros. La presidenta tiene que interceder como jefa suprema del Ejército mexicano para que la Sedena entregue los folios que faltan, como ya lo ordenó un tribunal.
“En el mes de noviembre le dijimos a la presidenta que nuestra principal prioridad es que venga algún experto para que nos ayude a encontrar a nuestros hijos. No hemos podido avanzar con la Covaj y vemos que más bien están siguiendo líneas de investigación que trabajó el gobierno de Peña Nieto. Por eso nos llevaron al rancho del Gil y a las funerarias de Iguala para preparar el terreno de que ahí hay restos de nuestros hijos. Por eso nos comentaron que habían encontrado una bolsa con restos del 2014.
“Ya no queremos más mentiras, ni que nos anden llevando a lugares que ya investigó el GIEI, por eso estamos a la espera de una respuesta de la presidenta, sin embargo, vemos que no le interesa porque este 27 de abril cumplimos 5 meses sin tener una respuesta positiva o negativa. Estamos aquí en la ciudad marchando por nuestros hijos y exigiendo que se atienda nuestro planteamiento. No vamos a doblegarnos a pesar de que el tiempo se alarga y complica nuestra existencia. Una cuestión tenemos bien clara: nunca dejaremos de buscar a nuestros hijos. Lucharemos hasta el último minuto que nos quede de vida. El amor por ellos es infinito, no tiene caducidad. Nuestro amor es el alimento diario, no se acaba, es eterno”.
Dos días antes, una representación de padres y madres de los 43 normalistas se solidarizó con el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota (Cecop) que marchó en la capital del estado al lado de varias organizaciones solidarias, para exigir al fiscal general que acelere las investigaciones, pero sobre todo, que ejerza acción penal contra los autores materiales e intelectuales del cobarde asesinato de Marco Antonio Suástegui. La presencia de las madres y padres estrechó los lazos con sus familiares que se sintieron reconfortados por este sentido de hermandad. Marco Antonio en varias ocasiones participó en las marchas de Chilpancingo, visitó a las madres y padres en la Normal y en Acapulco irrumpió con su machete en las instalaciones de la Marina al lado de las madres y padres para denunciar la colusión que hubo de varias instituciones en la desaparición de sus hijos. Esos momentos densos de la lucha son los que robustecen la resistencia y visibilizan las tropelías y complicidades de las autoridades con el crimen organizado.
La gente mayor de Cacahuatepec recuerda que Marco Antonio era un remolino en la arena, siempre juguetón y dicharachero. Se revolcaban en la tierra y cuando se cansaba corría entre las piedras para ir a nadar en las aguas semi tranquilas de río Papagayo. En esos años la única salida para no sentir los estragos de la pobreza y del hambre estaba el chapuzón. A la altura de El Fraile había una piedra grande y una poza donde se lanzaba clavados. Unos metros abajo estaba el paso para que la gente cruzara.
Era una algarabía para Marco Antonio y sus compañeros de la escuela cuando algún papá les compraba una pelota para jugar futbol en la arena. Las patadas en muchas ocasiones ya no eran para la pelota sino contra el rival, terminando el juego en batallas campales.
En ese tiempo no había luz en Cacahuatepec, el candil se usaba para hacer las tareas, las velas eran un lujo. Marco Antonio terminó la primaria en su pueblo, para que no dejara el estudio unas tías se lo llevaron a Acapulco. Ahí se abrió paso, tuvo que hacer mandados en el mercado y ayudaba a las personas para cargar sus compras. Así se ganó sus primeros centavos. Con mucho trabajo terminó sus estudios de Arquitectura.
En el 2003 cuando el gobierno quería hacer la presa La Parota los principales del pueblo lo buscaron para que les ayudara. No titubeó para incorporarse a un incipiente movimiento para defender sus tierras. En El Fraile habían instalado un plantón para no dejar pasar las maquinarias de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que estaba construyendo la cortina de la presa.
Con la conformación del Cecop la lucha por la defensa de las tierras fue dura. Mujeres y hombres con sus machetes y palos encararon a los gobiernos y a la policía estatal. Doña Rocío de 75 años fue pieza clave en la lucha por el territorio: “Fui a una reunión y esa vez había ido gente de San Antonio, Vereda, Amatillo, Aguacaliente y otras comunidades. Nos empezaron a echar más lumbre porque vieron que iba duro y no pudieron agarrar nada. Venían a ofrecer dinero para que vendiéramos nuestras tierras; decían que íbamos a tener beneficios, iban a meter el agua. Algunos aceptaron el dinero, pero nosotros seguimos. Nos mandaron judiciales, pero nunca tuvimos miedo. Estuvimos en La Concepción tres años en plantón.
“Marco Antonio sufrió la persecución, pero siguió adelante al lado de las comunidades de los bienes comunales de Cacahuatepec. Lo encarcelaron y cuando salió creó un grupo de la Policía Comunitaria. Sin embargo, lo querían, lo buscaban y lo echaron preso nuevamente en Nayarit. Exigimos su libertad sin importar si comíamos o no. Marco nunca se vendió, al contrario, acompañó al subcomandante Marcos cuando nos visitó en Aguacaliente. Zeferino Torreblanca y Félix Salgado Macedonio nunca hicieron nada a favor de los pueblos. ¿Vea cómo estamos? Nos querían quitar la tierra. Marco tuvo el valor de enfrentar a los gobiernos. Dijimos todos en una asamblea que no queríamos la presa y también le ganamos al gobierno en los tribunales, porque siempre fueron tramposos y mentirosos.
“Marco Antonio no se arredró. Cuando Vicente fue desaparecido por hombres armados reclamó a la Fiscalía General del Estado de Guerrero y al Ejecutivo estatal para que le entregaran con vida a su hermano”.
Las amenazas se incrementaron. Pilar recuerda que el último domingo de Marco Antonio comió un plato de pozole con Guadalupe, conocido como Lupillo e integrantes de Cooperación Comunitaria. Tomó agua fresca de limón y jamaica. Estaba contento y nos hizo reír con sus comentarios en la mesa. Recuerdo su risa que nunca voy a olvidar. A veces venía triste y nos contaba que tenía amenazas. Nunca imaginamos que al siguiente domingo estaría luchando por su vida”.
José Luis de la comunidad de El Cantón conoció por primera vez a Marco en una reunión en El Campanario. “Su voz hacía temblar la tierra. Nos daba ánimos. Fue un ejemplo para defender nuestro territorio, cuidar el medio ambiente, el río y el agua. Era valiente y no tenía miedo de incomodar al gobierno, pero por eso decidieron asesinarlo”.
Para los comuneros y comuneras de Cacahuatepec, Marco Antonio le dio vida a las comunidades porque las autoridades las tienen abandonadas. Llevó proyectos a través de las organizaciones de derechos humanos. No sólo luchó por la tierra, también por el río Papagayo contra las empresas gravilleras que saquean minerales pétreos, buscó viviendas para las familias después de los huracanes Otis y John. No descansó. En las playas de Acapulco enfrentó a los delincuentes que querían cobrarle cuota en su espacio donde rentaba motos acuáticas.
“Nos cuesta asimilar su muerte. Escuchamos sus voces y en las noches lo soñamos que nos dice: cualquier cosa que necesiten los voy apoyar. En sus sueños se despide. La tristeza es colectiva, pero también el coraje y la impotencia porque la Fiscalía de Guerrero no ha dado justicia y no ha detenido a los responsables. Lo queríamos mucho porque fue un gran hombre que gracias a él no se llevó a cabo la construcción de la presa La Parota. Dio su vida por la tierra y por el río Papagayo, donde nadaba de niño”.
Este 25 de abril se cumplió un año del asesinato de Marco Antonio. Hombres y mujeres portando sus machetes lo recordaron. Algunas le lloraron a su líder. Lo recordaban con su sombrero negro y su machete en lo alto. Frente a las fotografías de Marco le hablaron con el corazón herido, pero con ese temperamento bravío. Lo mataron, pero su espíritu vive, vamos a seguir luchando defendiendo nuestras tierras y nuestro río, como lo hizo nuestro líder. Seguiremos yendo a Chilpancingo hasta que detengan a los asesinos. Las batallas por la verdad y la justicia seguirán vivas y vibrantes con la gente que tiene dignidad y memoria.

Agresión letal e impunidad total

El 18 de abril de 2025 Marco Antonio Suástegui Muñoz, defensor del medio ambiente, fue agredido a balazos cuando se dirigía a su camioneta, estacionada a unos metros de la playa Icacos. Era Viernes Santo, y a pesar de que las playas de Acapulco estaban atestadas de turistas, Marco Antonio decidió retirarse ante las amenazas de muerte que había recibido. Los delincuentes seguían sus pasos, conocían sus movimientos y estaban al acecho para que no se les escapara. A pesar de los 4 mil efectivos de la Guardia Nacional que habían sido desplegados en la zona turística, los autores del artero crimen actuaron sin temor a ser detenidos.
Cuatro semanas antes Marco Antonio había relatado a una investigadora del Mecanismo federal de Protección a Defensores y Periodistas los incidentes que había enfrentado. En la sesión que tuvo el defensor con los miembros de la Junta de Gobierno del Mecanismo planteó la necesidad de que le brindaran protección policiaca por los inminentes riesgos que corría. Los funcionarios no dimensionaron los hechos que Marco Antonio relató, al contrario, consideraron que exageraba en su narrativa. Les incomodaba su lenguaje directo y su estilo bravucón. Interpretaron que solo quería andar con policías en el puerto para lucirse y demostrar que el gobierno lo protegía. Trivializaron su testimonio e ignoraron su planteamiento.
Las comunidades afros que conforman el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota (Cecop) sabían del gran peligro que corría Marco Antonio. En las asambleas dominicales les compartía la situación que estaba viviendo, aún así nunca dejó de asistir a las reuniones de Cacahuatepec. Siempre estuvo en primera fila defendiendo la tierra y el río Papagayo. En lugar de que los gobernantes reconocieran su trabajo y le proporcionaran seguridad, lo denostaron, lo persiguieron y en tres ocasiones lo encarcelaron por oponerse a la construcción de la presa La Parota.
La lucha del Cecop siempre estuvo centrada en la defensa de los bienes comunales de Cacahuatepec, se acuerparon para impedir que la CFE construyera la cortina. El no a La Parota fue rotundo cuando supieron que desplazaría a más de 25 mil habitantes de una docena de comunidades. Resistieron durante varios años y ganaron seis juicios agrarios. Sin embargo, los empresarios y políticos vieron una oportunidad de oro en la entrada de las organizaciones criminales a las comunidades rurales. Ellas se encargaron de fragmentar a las comunidades y someterlas con amenazas, extorsiones y asesinatos. Lograron cooptar a personas de la zona para que poco a poco las comunidades abandonaran la lucha. El terror las inmovilizó. Los crímenes horrendos que acontecían en la ruta de la Costa Chica fue mermando el ánimo dominando un sentimiento fatalista.
Poco a poco Marco Antonio empezó a percatarse de que las amenazas se incrementaban porque también en las asambleas dominicales llegaban personas para advertirle que dejara de denunciar al gobierno. Antes, y después de la desaparición de su hermano Vicente, continuaron las amenazas. Marco Antonio estaba desconcertado porque en el mismo núcleo de Cacahuatepec había personas acechándolo, ya no se sentía seguro ni en su comunidad. Valoraba que los riesgos aumentaban en los recorridos que hacía a las comunidades y en sus traslados al puerto de Acapulco.
El líder del Cecop que tenía un negocio de renta de motos acuáticas enfrentó también el problema de las cuotas. En varias ocasiones llegó a manifestar que no podía continuar con esta losa pesada de la extorsión, porque era trabajar solo para la delincuencia. Con el liderazgo y la autoridad moral que tenía Marco habló con los trabajadores de las playas para que se organizaran porque solo como grupo podían contener la avalancha delincuencial. Era una batalla perdida porque la gente vivía atemorizada, prefería pagar la cuota que armarse de valor para hacer frente a la delincuencia. Marco Antonio percibió que la gente tenía miedo porque sabía que los hilos de la telaraña delincuencial estaban en todos los negocios de las playas.
Al ver que era enfrentarse a un monstruo, Marco solicitó al Mecanismo medidas más duras como la protección policiaca. Planteó en varias ocasiones la presencia de elementos de la Guardia Nacional como una medida extrema para continuar su trabajo como defensor del medio ambiente.
Con los desastres naturales causados por los huracanes Otis y John Marco Antonio visitó las comunidades afectadas para realizar censos de los daños y al mismo tiempo buscó apoyo con fundaciones y organizaciones solidarias para impulsar la reconstrucción de viviendas, el saneamiento del agua y la recuperación de parcelas y huertas. Los peligros se incrementaron ante la ausencia de las autoridades.
Desde diciembre de 2024 Marco Antonio constató que andaban tras de él. Ubicaba a gente en la playa donde trabajaba y también se daba cuenta de que a las asambleas llegaban personas extrañas. Se preocupó más cuando alguien se acercó para amenazarlo. Tenía la intención de compartirnos estos incidentes y planeamos que fuera el Domingo de Ramos, sin embargo, el encuentro no se concretó, porque iniciaba la temporada alta en las playas de Acapulco. Lamentablemente no fue posible vernos porque el Viernes Santo por la tarde Marco Antonio había sufrido una agresión letal.
Los defensores del medio ambiente como Marco Antonio Suástegui están siempre en la línea de fuego porque realizan su trabajo en lugares donde hay disputas férreas por el control territorial. Son enclaves donde se tejen alianzas con empresarios que cuentan con el respaldo de autoridades que legalizan el despojo de tierras y la extracción sin control de los recursos pétreos. Se urden jugosos negocios con giros de la economía criminal sumiendo en la miseria a los verdaderos dueños del río Papagayo.
Las comunidades del Cecop han seguido el ejemplo de Marco Antonio para defender el agua del río Papagayo. Su lucha contra La Parota fue estratégica para garantizar que el río siga corriendo, bañando las tierras de los agricultores y asegurando la alimentación de las familias pobres. El Cecop fue un ejemplo de resistencia pero también de sabiduría, ellos conciben al agua como un bien sagrado y no como una mercancía. Los sabios y sabias de las comunidades rurales saben que existen los dueños en los manantiales, por ello se debe de pedir permiso para roturar la tierra, para extraer el agua y hasta para pedir la lluvia. Cuando no se hace es cuando llegan los huracanes que arrasan con todo. Es la furia de la naturaleza que pone en riesgo nuestra sobrevivencia.
En Guerrero la clase política se ha extraviado por su ambición de poder. Todo lo ve como negocio, busca en todo momento sacar la mejor tajada de cualquier proyecto. No le interesa cuidar la naturaleza, mucho menos respetar los bienes comunes que han sabido cuidar los pueblos. Para ellos el agua representa un signo de pesos, sobre todo en lugares turísticos. Se aprovechan de las comunidades rurales que han sabido cuidar el agua para impulsar proyectos extractivistas que surtan de agua a los hoteles del gran turismo. La prioridad son los emporios hoteleros porque son negocios redituables. No les interesa garantizar el acceso al agua a las colonias pobres porque ahí hay pérdidas, tampoco le dan prioridad a las comunidades rurales para generar infraestructura hídrica que mejore su calidad de vida.
A pesar de que el río está en los Bienes Comunales de Cacahuatepec, las familias carecen de llaves de agua porque representan pérdidas. En los últimos meses el gobierno municipal ha querido construir los pozos radiales en Aguacaliente, sin consultar a las comunidades que habitan en el afluente del río Papagayo. Argumentan que son compromisos asumidos por la presidenta de la República y por eso mismo se tienen que construir los pozos radiales, por encima de lo que opinen los dueños de estas tierras. La gente del Cecop ha tenido que parar los trabajos para hacer visible su protesta y exigir que las autoridades escuchen sus demandas.
La figura de Marco Antonio se robustece con esta lucha que continúan las comuneras y comuneros de Cacahuatepec. Tienen claro que deben defender la tierra con el acero en la mano, y que no pueden tirar por la borda su legado. Marco Antonio es un defensor del medio ambiente a quien las autoridades de los tres niveles de gobierno criminalizaron y encarcelaron, siempre lo catalogaron como un actor incómodo e indómito. Nunca se sometió a los partidos políticos, por el contrario, fue firme en sus convicciones, solidario con los campesinos pobres, siempre dispuesto a dar la batalla contra quienes saquean sus territorios y los engañan con promesas falsas. Marco Antonio nunca se vendió, mucho menos bajó la guardia. Siempre encaró al poderoso, denunció sus tropelías y denunció a los empresarios que han sobrexplotado el río y saqueado sus riquezas.
Marco evidenció al gobierno morenista que arrastra los mismos vicios de la corrupción, que se colude con grupos de la delincuencia, que encubre a los que violan los derechos humanos, que hace negocios privados con el dinero público, que utiliza el poder para amafiarse con los empresarios y jefes del crimen organizado. Nunca se calló y por eso lo desecharon como aliado no incondicional. Nunca buscó la comodidad ni el lucro. Fue coherente con su modo de vivir y de pensar. Vivió como cualquier campesino que sabe trabajar la tierra y que vive modestamente con lo que produce en el campo.
A un año de su asesinato vemos lejos la justicia para Marco Antonio. No hay una persona detenida, tampoco se ha tomado en cuenta como una línea de investigación el trabajo de Marco Antonio como defensor del medio ambiente.
Exigimos al gobierno estatal y a la Fiscalía del estado que acelere las investigaciones porque hay datos fehacientes sobre los autores materiales. La Fiscalía está obligada a rendir información a la familia de qué avances hay en la investigación, de cómo fue el modus operandi del crimen. No puede escudarse en argumentos como la alteración de la escena del crimen; que no funcionaron las cámaras de vigilancia y que no hubo declaraciones por parte de testigos o de familiares. La obligación de las autoridades es ejercer acción penal contra los responsables materiales e intelectuales. Actuar con debida diligencia para garantizar justicia a las familias y agrietar el muro de la impunidad que encubre a delincuentes que tienen pacto con las autoridades.

 

Del basurero de Cocula a las funerarias de Iguala

El pasado 9 de marzo dos equipos interdisciplinarios de la Unidad Especial de Investigación y Litigio del Caso Ayotzinapa (UEILCA) iniciaron los trabajos de búsqueda en la funeraria Rueda cuyos terrenos colindan con las instalaciones del Servicio Médico Forense (Semefo) de Iguala. Cinco meses antes, en octubre de 2025 detuvieron a Rodolfo Rueda Sebastián y Rodolfo Rueda Mazón propietarios de las funerarias Rueda y El Ángel acusados por delincuencia organizada.
Con estas detenciones junto con la del nutriólogo Irvin Arroyo Aranda en el mes de noviembre y la del director de Tránsito y Vialidad Mauro Antonio Mosso, en marzo pasado, el fiscal Mauricio Pazarán, ignorando las líneas de investigación en las que reiteradamente han insistido las madres y padres, como la entrega de los 856 folios que están en manos de la Sedena y la relacionada con el paradero de 17 estudiantes que fueron retenidos en barandilla municipal, el funcionario federal ha focalizado todos los esfuerzos institucionales en las funerarias de Iguala.
Las madres y padres se sorprendieron de la invitación que hizo extensiva el presidente de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia en el caso Ayotzinapa (Covaj), Arturo Medina, para que conocieran los hallazgos que el equipo de búsqueda en campo había tenido en una funeraria de Iguala. A las 9 de la mañana del 20 marzo acudieron a la cita con el subsecretario que llegó en helicóptero.
Les informaron de las detenciones realizadas y que habían asegurado la funeraria porque encontraron muchas irregularidades. No solo había cámaras frías con cuerpos de 2022, 2023 y 2024, los registros de los cuerpos en lugar de que estuvieran bajo custodia del Semefo, eran los dueños de la funeraria los que tienen el control. Les informaron que habían ubicado un crematorio clandestino y que cuando hicieron el cateo también encontraron una bolsa con restos de 2014. Los funcionarios no supieron explicar cómo llegó ahí. Uno de los padres cuestionó con dureza “hemos estado buscando a nuestros hijos por más de 11 años y ahora resulta que encontraron una bolsa con restos de aquel año. ¿Cómo les vamos a creer? Si antes en este lugar no estaba la funeraria. Antes aquí no había nada, los mismos mapas señalan que era un terreno baldío, ¿cómo nos van a decir que esa bolsa es auténtica? Antes necesitamos que la revisen nuestros expertos, las compañeras del equipo argentino, para saber de qué se trata”.
Algunos padres recordaron que en este lugar no había ninguna funeraria. Un hermano del joven Jhosivan Guerrero de a Cruz, uno de los tres normalistas identificados, relató los recorridos que realizó en varias colonias de Iguala y testificó cómo fue que caminó en varias ocasiones por estos parajes. “Antes no había nada en este lugar, por eso no confiamos en lo que nos dicen, porque ahora ya hablan de una bolsa con restos, sin que nos digan cómo los obtuvieron y quiénes fueron los que identificaron”.
Se sabe que la funeraria Ángel, cuya propietaria es la misma familia Rueda, tenía sus instalaciones cerca de una escuela, sin embargo, desde hace varios años tuvieron que cambiarla porque llegaba el olor a las niñas y niños. Por eso ahora la reubicaron como funeraria Rueda donde actualmente está el Semefo, a unos metros de la gasolinera.
La reunión se realizó en un espacio que sirve de estacionamiento de la funeraria. Las fachadas estaban remodeladas y en partes en obra negra. Las carrozas, rotuladas con “SEMEFO” permanecían en desuso, seguramente porque desde octubre de 2025 el inmueble fue asegurado. Los padres y madres escucharon con extrañeza la información que tanto el fiscal Pasarán como el subsecretario Arturo Medina les relataban. Los rostros de incredulidad eran muy evidentes, porque el relato no tenía lógica y tampoco se sostenía. Fueron pasajes que ya se abordaron en los informes del GIEI y que los familiares recorrieron en varias ocasiones por estos lugares y otros más.
Fue una reunión muy tensa, no solo porque el lugar no era el adecuado, sino porque la información era muy endeble. Aún así las autoridades invitaron a las madres y padres a recorrer el lugar para que vieran el estado en que se encuentran los crematorios, para que vieran las bolsas con cuerpos dentro de las cámaras frías y para que conocieran el crematorio clandestino que no aparece registrado en el mismo Semefo que maneja la familia Rueda.
En el recorrido las autoridades informaron los cambios que tuvieron las instalaciones de la funeraria desde 2014 hasta 2025. Lo más grave es que encontraron muchas irregularidades vinculadas con el Semefo. Con estas calamidades es increíble constatar el trato que les dan a las personas fallecidas. Son instituciones para delinquir, negocios redondos que florecen al amparo del poder. Funcionan como franquicias que establecen alianzas con grupos de la delincuencia para hacer que funcione la maquinaria de la muerte. ¿Qué garantías puede tener un familiar que quiere cremar a un ser querido con este tipo funerarias, que tiene crematorio clandestino y que tiene en sus cámaras a varios cuerpos abandonados?
Hasta después de 11 años se han dado cuenta las autoridades federales (porque las locales lo consentían) cómo funcionaban estas funerarias y en manos de quién estaba el Semefo. Cuántos crímenes se cometieron en este lugar, máxime que la gente del lugar comenta que había un camino de terracería donde entraban camionetas a tirar lo cuerpos en la barranca que colinda con la funeraria.
En este recorrido los familiares encontraron ropa, cuerpos que llevan años sin que se puedan entregar a sus familiares. Lo insólito fueron los crematorios en un estado sumamente desquiciante y un Semefo dado al traste como pasa con la mayoría de ellos en el estado. Funcionando de manera irregular, prestándose a negocios truculentos, trabajando para la delincuencia y haciendo más cruento el dolor de las personas que son víctimas de la violencia.
Los familiares nuevamente manifestaron su enojo porque los llamaron para darles noticias sin sustento. Esto mismo pasó hace varios meses cuando la Covaj los invitó a Iguala para que se les informara de las búsquedas que estaban haciendo en el rancho de el Gil. Al final no hubo algún hallazgo, más bien, se sintieron maltratados y ofendidos porque juegan con su dolor y su pena. Esta visita no solo los obligó a dar la vuelta desde sus comunidades, sino que además les siembran más dudas y desconcierto. Porque están regresando las autoridades a la línea de Peña Nieto, de que los 43 normalistas fue un asunto de la delincuencia local con la participación de policías y autoridades municipales. Una madre con mucha razón decía: “Tenemos experiencia de los engaños del gobierno”, y por eso las autoridades tienen la obligación de explicarnos cómo es que permaneció la bolsa de restos durante más de 11 años y cómo fue que la encontraron. Si no lo aclaran quiere decir que también están diciendo mentiras.
Con la reunión, aparte del coraje la situación se enreda más con las autoridades porque los padres y madres ven que no priorizan las líneas de investigación que las familias y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) consideran claves.
Reclamaron que a pesar de que un juez ordenó que el Ejército entregue los 856 folios, no se ha atendido esa orden. Han dejado las líneas de investigación que las madres han insistido. Es necesario jalar todos los hilos, pero el hilo más grueso que es el Ejército, no lo han tocado.
“¿Cuándo van a hacer lo del GIEI? ¿Cuándo van a empezar con los folios? En 11 años que pasaron ya, ¿no creen que alguien en su momento haya limpiado?”, reclamó don Mario, padre de César Manuel González Hernández. El hermano de Joshivani reiteró “lo buscábamos en vida”, pero en el peor de los escenarios no vamos aceptar pequeños restos, sino “el cuerpo completo”. Ese es mi reclamo.
Las madres y padres con el deseo de tener más indicios sobre el paradero de sus hijos aceptaron hacer el recorrido de la funeraria y del Semefo. “Todo huele a muerto”, decían. Los cuerpos apilados, ropa ensangrentada. Espacios marcados con cinta amarilla. Bajaron unas escaleras donde la tierra tenía rastros de que habían quemado un colchón. En ese lugar las autoridades, los peritos y investigadores encontraron una prótesis y otros objetos.
Vieron un pozo bajo sospecha con varios puntos. En un filo pequeño permanecía el horno clandestino con el piso supuestamente con “grasa” propia de cuerpos humanos. A unos metros los peritos escarbaban la tierra y con cribadora meticulosamente revisaban si había algún indicio. A pesar del ambiente lúgubre no se puede decir o asegurar que haya algo objetivamente que lleve al paradero de los normalistas desaparecidos.
Las madres y padres se fueron desilusionados y enojados, porque notan que a las autoridades no les interesa su dolor y sufrimiento. Lo que quieren es quedar bien con la Presidenta, de presentarle resultados, de hacerle creer que se va avanzando en la investigación. Las autoridades están muy lejos de que se solidaricen y sientan en lo más hondo de su corazón lo que las madres y padres sufren. No hay empatía, más bien prevalece una relación ríspida dominada por un clima de desconfianza.
Lo más duro para las madres y padres es que con estos intentos que hace la Fiscalía, es una mala señal, porque quieren encontrar algún resto en la funeraria. Ya les enseñaron una bolsa con restos del 2014. Aunque nadie sabe quién la llevó, falta saber de quién son. La experiencia del basurero de Cocula les ha enseñado que ya no pueden confiar en el gobierno, que solo depositarán su confianza en personas expertas, para no repetir más el relato falaz de la verdad histórica

Las nuevas desapariciones forzadas

El jueves 2 de abril el Comité Contra las Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas (CED) solicitó al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, que remita urgentemente la situación de las desapariciones forzadas en México a la Asamblea General, en vista de que ha recibido indicios fundados de que en México se ha cometido y se siguen cometiendo desapariciones forzadas como crímenes de lesa humanidad.
Tomando como referencia el artículo 34 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, el CED fundó su petición manifestando que ha recibido información que, a su juicio, contiene indicios bien fundados de que la desaparición forzada se practica de forma generalizada o sistemática en el territorio del Estado Mexicano, y tras haber solicitado del Estado Parte interesado toda la información pertinente sobre esa situación, determinó llevar la cuestión, con carta de urgente, a la consideración de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por medio del secretario general.
El documento presentado por el CED fue rechazado y calificado de tendencioso y falto de rigor jurídico por parte de las autoridades mexicanas, a través de la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Subrayan que no toma en cuenta los avances que se han alcanzado desde 2018 y además el CED excede su mandato al ampliar indebidamente el alcance de la desaparición forzada. “El Gobierno Mexicano no tolera, permite ni ordena desapariciones forzadas”. El marco utilizado por el Comité “no corresponde a la realidad del México actual, que ha emprendido una transformación estructural en la materia”. A este diferendo se sumó la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos Rosario de Piedra que arremetió contra las organizaciones civiles por manejar información tendenciosa y manipulada. Su postura está lejos de representar a las víctimas al erigirse en vocera de la 4T. Para la presidenta las desapariciones “han venido descendiendo desde 2018, hasta prácticamente desaparecer”.
Por su parte, la titular de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, María Dolores González, destacó que le decisión del CED es una oportunidad porque “plantea condiciones para fortalecer el diálogo y la cooperación a fin de consolidar una política integral de Estado… y romper con los círculos de colusión, impunidad y desprotección”. Este domingo la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, en una postura contraria de la presidenta de la Comisión de la Ciudad de México, descalificó el documento del CED y manifestó su respaldo firme a la postura de la Presidenta Claudia Sheibaum que rechazó y descalificó el informe del Comité de la ONU contra la Desaparición Forzada. Lo consideró como un uso político para atacar al gobierno de México.
En su informe el Comité contra la Desaparición Forzada reconoce y acoge con satisfacción las medidas adoptadas por el Estado Mexicano al grado que ha remitido el marco jurídico e institucional mexicano como ejemplo positivo para otros Estados. No obstante, el Comité también ha tenido que subrayar que estos esfuerzos han resultado insuficientes e ineficaces, y que no han permitido contrarrestar las tendencias continuas, como el aumento constante del número de personas desaparecidas; la falta de avances efectivos en la búsqueda y la investigación de la mayoría de los casos denunciados; el ocultamiento de la información; la impunidad casi absoluta de los perpetradores; la alarmante crisis forense y la falta de apoyo a los familiares que luchan a diario para buscar a sus seres queridos.
La impunidad que rodea a la desaparición forzada es avasalladora. En su informe, el Comité hace notar que, hasta 2021, solo entre el 2 % y el 6 % de los casos de desaparición han sido judicializados, mientras que solo se habían dictado 36 sentencias por desaparición forzada de personas. Esto trae a la mente el caso de Arnulfo Cerón, en donde se obtuvo una sentencia de primera instancia. Aunque la pena ha sido controversial, es indudable que representa un caso que puede ofrecer una guía para el combate contra la impunidad.
El CED ha reafirmado que el Estado es responsable por la desaparición forzada de personas incluso cuando esta sea cometida por grupos delincuenciales o empresas privadas. Esto es importante dada la situación de macrocriminalidad que existe en Guerrero, en donde la lucha entre facciones de los cárteles y el contubernio entre el crimen organizado, las empresas y los gobiernos suelen difuminar las responsabilidades que tienen cada uno de estos actores. Más allá de delimitar el grado preciso de participación de cada uno de ellos, lo cierto es que el Estado debe no solo abstenerse de que sus agentes desaparezcan personas, sino también evitar que agentes privados lo hagan. Es por esto que la defensa gubernamental de que la desaparición forzada es una especie de fenómeno entre particulares —generalmente entre grupos criminales— y que por eso no hay responsabilidad estatal no es satisfactoria bajo el derecho internacional de los derechos humanos.
De igual manera, el CED ha reconocido que en muchas ocasiones el impulso de la investigación recae sobre la familia de la persona desaparecida, lo que quiere decir que el Estado está incumpliendo con su obligación de buscar a las personas desaparecidas. Además, existe una seria falta de capacidad financiera y de personal para realizar las investigaciones y diligencias necesarias para localizar a las víctimas.
El CED concluyó que actores no estatales pueden cometer crímenes de lesa humanidad incluso cuando lo hagan sin la autorización, apoyo o aquiescencia del Estado. Esto abre la puerta a considerar que, en Guerrero —así como en casi todo el país—, se están cometiendo crímenes de lesa humanidad, más allá de si el Estado participa, apoya o tolera las desapariciones forzadas. Más aún, sabemos que en Guerrero participan —de alguna forma u otra— elementos del Estado en la desaparición de personas, por lo que esta conclusión solo se ve reforzada.
El CED reconoce que existieron desapariciones forzadas durante la segunda mitad del siglo XX —es decir, durante la Guerra Sucia— como un medio de represión política, aunque es enfático en señalar que la crisis —por lo menos en términos numéricos— se da a partir del 2006 con el inicio de la Guerra contra el Narcotráfico de Felipe Calderón. Para ello, hace notar que, a 2021, el 98 % de las desapariciones se dieron durante el periodo de 2006-2021.
Aunque el CED concede que no hay indicios para suponer que existe una política federal que promueva las desapariciones forzadas, sí señala que hay indicios fundados de que estas se han dado en el marco de ataques a lo largo del tiempo y del territorio nacional, de conformidad con una política estatal ejecutada por “organizaciones” —es decir, grupos delincuenciales— actuando de forma autónoma o, por lo menos, con la aquiescencia de servidores públicos de todos los niveles.
El Comité encuentra que el fenómeno es generalizado por la tendencia al alza de las desapariciones y el descubrimiento de fosas clandestinas y sistemático porque se realiza con base en patrones de conducta bien establecidos. Para el Comité las desapariciones forzadas son un fenómeno sistemático y generalizado en México, y que esto solo es posible con cierto grado de participación del Estado.
El informe del CED tendrá un peso muy importante durante los próximos meses y años. Esto, ya que el comité es una institución con legitimidad a nivel internacional dada su independencia y especialización técnica. Además, muchos de los Estados y órganos de la ONU serán deferentes hacia el criterio del CED debido a que este comité ha tenido, durante años, un acceso privilegiado y balanceado al contexto mexicano. Ha escuchado al Estado, a las organizaciones no gubernamentales, víctimas y colectivos, por lo que existe confianza en que su decisión se da en un marco de equilibrio entre los distintos actores que han aportado información y argumentos
Es importante aclarar que el procedimiento previsto por el artículo 34 no es condenatorio. Esto, porque pareciera que la reacción del Estado mexicano surge de la —errónea— creencia de que el CED está buscando señalar culpables, cuando esto no es así. El procedimiento al que se ha dado paso implica reconocer que la situación de las desapariciones forzadas se ha salido de las manos del Estado examinado y que resulta conveniente —para el Estado, las víctimas, la población y la comunidad internacional— buscar una forma de dar a conocer el asunto a nivel internacional.
Pero eso no es todo, ya que el CED recomendó explícitamente que el asunto sea tratado por la Asamblea General para buscar formas de que los Estados cooperen —técnica y financieramente— con México para atender la crisis. Se busca desvirtuar este informe porque las autoridades mexicanas consideran que es una forma de obstruir y opacar todos los esfuerzos que se han logrado, que en su mayoría se debe a los colectivos de familiares de personas desaparecidas, es más bien una gran oportunidad para que la comunidad internacional asista a nuestro país en la atención de problemas que no hemos podido resolver, como las capacidades de investigación penal, de búsqueda de personas y la misma crisis forense.
El Comité pone a consideración de la Asamblea General de la ONU la necesidad de brindar la cooperación técnica, el apoyo financiero y la asistencia especializada que México requiera en las áreas de búsqueda, análisis forense, e investigación exhaustiva de las alegaciones de desapariciones forzadas y de vínculos entre servidores públicos y el crimen organizado. También, de establecer un mecanismo eficaz para esclarecer la verdad y proporcionar la asistencia y protección a las familias que buscan a sus seres queridos, así como a las organizaciones y defensores que las apoyan. Estaremos en espera de lo que determine la Asamblea General de la ONU.

 

En el inmenso mar de la iniquidad

A más de 11 meses del asesinato de Marco Antonio Suástegui
exigimos la detención inmediata del autor material.
Demandamos investigación pronta y castigo ejemplar
a los autores materiales e intelectuales
del asesinato de Bartolo Casarrubias de los Santos
regidor de Xalpatláhuac

Con este título presentamos el pasado martes 24 nuestro 31 informe de actividades correspondiente al 2025. En esta entrega retomamos los interesantes comentarios que planteó la directora ejecutiva de Oxfam México, Alexandra Hass, sobre cómo se expresa con toda su crudeza la desigualdad social en la Montaña de Guerrero.
Se vive un momento de cambio sistémico sin precedente. La riqueza se transfiere masivamente a pocas manos, el autoritarismo crece, la violencia se normaliza y la crisis climática avanza, golpeando desproporcionadamente a quienes menos tienen. Las instituciones multilaterales atraviesan una crisis de recursos tan seria que su labor se ve amenazada, mientras observamos múltiples ataques a la paz y la seguridad internacionales.
Hay una crisis de gobernanza global, México es un ejemplo muy concreto. Según el informe de Oxfam México Oligarquía o Democracia, 22 personas concentran una fortuna equivalente al PIB de Jalisco y Guanajuato combinados, mientras que el 50% más pobre de la población aporta proporcionalmente más en impuestos que el 1% más rico.
En un escenario de bajo crecimiento económico, mala recaudación y una economía dependiente de un vecino que amenaza con desmantelar el tratado del que dependemos, hay que prestar atención a qué políticas se están planteando: El camino de perpetuar las desigualdades, mantener el extractivismo laboral y natural como estrategia de atracción de inversión, asumiendo que más inversión equivale automáticamente a más bienestar sin cuestionar su calidad y sus efectos a largo plazo, o el camino de repensar la política económica poniendo en el centro a las poblaciones más pobre.
La desigualdad no es un accidente, la desigualdad es por diseño. Guerrero es el segundo estado con mayor pobreza multidimensional del país, con el 58.1% de su población en esa condición, y el segundo con mayor pobreza extrema. El 21.3% de sus habitantes vive en esa situación, una cifra que cuadruplica el promedio nacional de 5.3%. Junto con Chiapas, Veracruz y Oaxaca, Guerrero concentra el 54% de todas las personas en pobreza extrema en el país. En los municipios de la Montaña, esas cifras superan el 80%. Hablamos de comunidades donde la pobreza extrema no es la excepción, es la norma heredada de generación tras generación.
Pero los números más estremecedores no están en la pobreza de ingresos, sino en el acceso a los derechos. Guerrero tiene la segunda tasa de informalidad laboral más alta del país. Casi 8 de cada 10 personas que trabajan lo hacen sin contrato, sin seguridad social, sin protección alguna. La carencia por acceso a seguridad social afecta a la gran mayoría de la población ocupada del Estado. Y los hogares guerrerenses destinan el 43.3% de su gasto en alimentación, la segunda proporción más alta del país.
Cuando no hay Estado que garantice derechos, el gasto de bolsillo llena el vacío que debería ocupar la política pública. Las y los jornaleros agrícolas de la Montaña lo ilustran con dolorosa claridad. El 79% de los jornaleros agrícolas en Guerrero viven en situación de pobreza. El 94% no tiene contrato laboral. El 88% carece de acceso a la seguridad social. Y el 43% gana por debajo del salario mínimo. De septiembre del 2023 a agosto del 2024, la Casa del Jornalero en Tlapa registró a 3 mil 879 niñas y niños de entre 3 y 15 años que salieron hacia los campos agrícolas del norte, muchos de ellos sin poder estudiar.
Son las personas que ponen los alimentos en la mesa, de todas las y los mexicanos, y el Estado las trata como si no existieran, eso no es informalidad laboral, eso es extractivismo laboral por diseño. Y esta es precisamente la contradicción política que no podemos ignorar. Un gobierno que se precie de atender prioritariamente a la gente que menos tiene no puede eludir la exigencia de una política robusta y sostenida de combate a la pobreza extrema. Esto no debe ser un eslogan, esto requiere de mandato operativo con recursos, presencia territorial y rendición de cuentas. Los datos de Guerrero son la prueba más contundente de que esa política todavía está pendiente. Nombrar la desigualdad por diseño es el primer paso para desmantelarlo.
Lo segundo es la complejidad o la contradicción que encontramos entre el fortalecimiento del Estado como garante de derechos y la percepción y la realidad de que el Estado es el perpetrador de muchas de las violaciones a los derechos.
Esto puede generar resistencia, especialmente entre quienes han vivido el abandono y el maltrato del Estado en carne propia. Oxfam, en su agenda de justicia fiscal, pide más y mejor recaudación, un Estado con mayor capacidad redistributiva, a veces es difícil de comprender porque cómo podemos pedirle a alguien que nunca ha experimentado un Estado que la proteja, que confíe en fortalecer a ese mismo Estado.
En la Montaña hay un Estado que funciona al revés, que fortalece a los fuertes y abandona a quienes viven violaciones a sus derechos. La excusa del crimen organizado, ha profundizado la militarización que las comunidades no viven como mayor seguridad, sino como otra capa de control. La pregunta entonces es si debe haber un Estado fuerte, ¿fuerte para quién y para qué? Y, sobre todo, qué contrapesos y espacios de participación garantizan que la soberanía recaiga en el pueblo y no en instituciones que actualmente no funcionan para la gente. Lo que pedimos, lo que exigen las comunidades de la Montaña, es un Estado garante de derechos, uno que nunca hemos tenido, pero que es la única respuesta posible. Porque sin Estado no hay quien redistribuya, no hay quien ponga las reglas del juego, no hay quien proteja a las personas más vulnerables frente al poder del crimen o del capital. La alternativa al Estado que no funciona no es la ausencia de Estado. Es un Estado diferente, construido desde abajo, con participación real y rendición de cuentas efectiva.

Más de 2.5 millones de personas cosechan frutas y verduras que consumimos en México y que se exportan al mundo. Estas personas son en su abrumadora mayoría mujeres y familias indígenas provenientes de Guerrero y otros estados del sur. La jornada excede las ocho horas, el salario cuando se paga en su totalidad apenas alcanza para sobrevivir, y la modalidad de trabajo a destajo permite al patrón desligarse de toda responsabilidad laboral. Lo que permite este sistema no es la ausencia de regulación, es la impunidad estructural frente a las empresas que se benefician de él.
En los campos agrícolas de exportación del norte del país, contratan a jornaleros a través de enganchadores precisamente para evadir cualquier responsabilidad en caso de accidentes o inconformidades laborales. La inspección laboral en el campo no es un mecanismo de cumplimiento. Entre 2006 y 2017, la Secretaría del Trabajo realizó más de 2 mil visitas de inspección y encontró 55 mil irregularidades, sin embargo, el 97.5% de las multas impuestas fueron revocadas, anuladas por tribunales o simplemente no cobradas. Las empresas agrícolas, muchas de ellas exportadoras certificadas con destino a cadenas de supermercados en Estados Unidos y en Europa, contratan a través de enganchadores y no se hacen cargo de la vivienda, de la alimentación y mucho menos de las prestaciones laborales de quienes viajan desde lejos para hacer producir los campos. Se calcula que uno de cada tres tomates cortados en Sinaloa es producto de esta subcontratación irregular. La cadena de valor que llega a las góndolas de los supermercados descansa sobre esa arquitectura de evasión. Las empresas conocen perfectamente las condiciones en que se cosecha lo que venden, eligen no cambiarlas porque les resulta rentable.
Para las mujeres esta precariedad tiene capas adicionales. El 91% de las trabajadoras agrícolas no cuenta con ninguna prestación laboral. El trabajo de cuidados, alimentar, bañar, acompañar a los hijos al surco porque no hay guardería ni escuela en el campo, se suma a la jornada sin reconocimiento ni pago. Las mujeres guerrerenses han compartido públicamente testimonios que lo dicen todo: hincarse en el lodo con nueve meses de embarazo para no perder el jornal, cargar a un bebé recién nacido mientras se cosecha porque no hay alternativa.
No son casos excepcionales, son la norma documentada por Tlachi, por las redes jornaleras y jornaleros, por la propia Alianza Campo Justo que nos une. Y cuando llegan a los hospitales, como el de la Madre y el Niño en Tlapa, enfrentan violencia obstétrica. Las presionan para ligarse las trompas o aceptar implantes anticonceptivos sin que nadie les explique en su lengua de qué se trata, sin consentimiento. Si denuncian el acceso a la justicia es un laberinto. El sistema no está roto, el sistema está diseñado para excluirlas. Una de estas mujeres, en un evento que tuvimos en la Alianza Campo Justo, dijo sin rodeos: dice la presidenta que es tiempo de mujeres. ¿Tiempo de qué? Dice que hay programas para mujeres, pero hasta los 60 años. Si me morí pronto y no llegué a los 60, ¿qué hay para mí? Esa pregunta no tiene respuesta en las políticas actuales y debería tenerla.
La exigencia entonces no puede dirigirse únicamente al Estado. Tiene que llegar con igual fuerza a las empresas que exportan tomates, pepinos y fresas al mercado norteamericano con sellos de certificación y discursos de responsabilidad social, mientras sus proveedores violan la ley de forma sistemática.
Exigimos que las empresas que se benefician del trabajo de las jornaleras de la Montaña de Guerrero garanticen contratos, seguridad social, vivienda digna y cero tolerancia a la violencia de género en sus cadenas de producción. Que lo que vende el supermercado no lleve trabajo forzado invisible a este precio.
Si miramos la economía como una política que debe crear riqueza para distribuirla correctamente, que no debe agotar los recursos ni contribuir al desplazamiento ni a la fractura del tejido social, podemos imaginar algo diferente. Una economía afincada en la proximidad, en la participación social y en la inversión pública donde más se necesita. Una economía social y solidaria como mecanismo de desarrollo comunitario culturalmente pertinente para pueblos y comunidades rurales, en lugar de seguir apostando únicamente a los capitales extranjeros.

Ubaldo Segura: el defensor encarcelado por la 4T

La pobreza de su familia y la muerte temprana de su papá Justino obligaron a Ubaldo a trabajar en la Ciudad de México al terminar la primaria. Llegó con su primo Rosalío que se dedicaba a la venta de frutas en la colonia Gómez Farías. De día le ayudaba a vender y a cargar las cajas y los bultos, y por la noche dormía en la camioneta para cuidar la mercancía en Anillo de Circunvalación. Fueron años arduos y extenuantes. No tuvo oportunidad de estudiar, mucho menos de convivir con amigos. Con el tiempo consiguió un trabajo en la Marina, pero su raquítico sueldo nunca le permitió solventar sus necesidades más apremiantes. Tenía la responsabilidad de apoyar a doña Guadalupe, para sostener a 4 de los 7 hermanos.
Con la idea de poner un negocio de frutas que cosechaban en la Cañada, Ubaldo ya no regresó a Tlaquiltepec, su tierra natal. Con dos hermanos mayores rentaron un local en el centro de Tlapa. A pesar de que las ventas eran buenas, el mayor interés de Ubaldo era estudiar la secundaria. Se inscribió en la escuela nocturna Antonia Nava de Catalán, donde se reencontró con lo que más le gustaba: leer y escribir cuentos.
En marzo de 1979 el presidente de la República José López Portillo inauguró la primera radiodifusora indigenista en la ciudad de Tlapa conocida como La Voz de la Montaña. Fue una iniciativa importante que tuvo un gran impacto en la región por el secular abandono y la incomunicación que imperaba en la región. Ubaldo fue parte de los jóvenes fundadores de la radio que le dieron un gran impulso con la creación de programas que atrajeron la atención de las comunidades indígenas. “Nuestras bandas”, “Resonancias”, “El correo de los amigos” y la sección de avisos marcaron el sello distintivo de la Voz. Ubaldo con sus compañeros y compañeras escribieron la época dorada de la radio porque acercaron los micrófonos a los pueblos, le dieron voz a la gente, la cabina se abrió para que llegara la gente y se expresara en sus propios idiomas. Sin pretenderlo se fueron identificando con sus luchas, empezaron a hacer suyas las demandas sociales, asumieron el compromiso de difundir los problemas relacionados con la tierra; los abusos de las autoridades, las acciones represivas de las corporaciones policíacas, las detenciones y casos de tortura cometidos por el Ejército.
Durante 15 años la voz de la Montaña se transformó en la principal tribuna de los pueblos. Encontraron cabida las voces disidentes y críticas como la del maestro Othón Salazar. Su oratoria y sus denuncias forman parte del archivo histórico de la Voz. El movimiento democratizador que se vivió en la Montaña, con la lucha del Partido Comunista Mexicano fue registrado por los jóvenes que trabajaban en la radio. No fue casual que en 1996 el gobierno de Rubén Figueroa Alcocer haya ordenado el robo de los aparatos de la Voz de la Montaña, para que silenciara la efervescencia política que se gestaba en las comunidades indígenas con la Montaña Roja. Había el temor de que a lucha armada resurgiera y que el PRI tuviera una derrota estrepitosa.
Ubaldo no solo fue una persona apasionada para hacer radio, también componía cuentos y los escenificaba para la radio. En su acercamiento con los actores sociales de la Montaña se fue imbuyendo en la lucha social. Junto con su esposa María López establecieron vínculos con las organizaciones de la región. Al interior de sus centros de trabajo, como la radiodifusora y el Hospital General, tanto Ubaldo como doña Mari hacían causa común con los trabajadores para denunciar los abusos de los directivos. Esta compatibilidad de causas y luchas afianzó su matrimonio y les abrió nuevos horizontes en la lucha por la justicia y los derechos humanos.
Su militancia en las organizaciones sociales Ubaldo las ha pagado con cárcel. En mayo de 1992 lo detuvieron y trasladaron al penal de Chilpancingo. Con la presión de las organizaciones sociales de inmediato lo liberaron. A los 5 años de nueva cuenta le giraron otra orden de aprehensión. Su hijo Francisco estuvo presente cuando los policías judiciales subieron en una camioneta a empujones a su papá. Al reclamar por qué se lo llevaban, un policía le puso en su frente la pistola para que enmudeciera. A Francisco hasta la fecha se le revela la escena imaginando un disparo. Ubaldo permaneció 3 meses recluido en el penal de Atlamajac. Al final demostró que le habían fabricado el delito de privación ilegal de la libertad.
Con la participación de varias familias nahuas de Ahuatepec Pueblo formó la organización Zihuame con el fin de demandar apoyos y proyectos para mujeres indígenas. A nivel nacional se vinculó con el Frente Amplio para la Construcción del Movimiento de Liberación Nacional (FAC-MLN) por medio de la Unión de Organizaciones de la Sierra del Sur en 1996. Fue parte del Frente Popular Revolucionario al lado del dirigente nacional Omar Garibay. Ubaldo siempre se ha identificado con los movimientos populares que reivindican los derechos de los pueblos, siempre con una perspectiva anticapitalista.
El miércoles 18 de marzo, Ubaldo Segura Pantoja fue detenido a la una de la tarde saliendo de su casa en la colonia El Tepeyac. Sus familiares se preocuparon porque tres hombres lo habían abordado de manera abrupta. A unos pasos de su casa no le permitieron avisar a su esposa que está enferma. Sus compañeros del Frente Popular de la Montaña (FPM) de inmediato empezaron la búsqueda. Fueron a la Fiscalía Regional de Tlapa, pero no les dieron información porque requerían la presencia de los familiares.
El abogado Simón Alejandro León de la Ibero Puebla presentó un amparo por incomunicación. Los familiares imaginaron lo peor, porque la Fiscalía de Puebla le negó información a su hijo por el paradero de Ubaldo. En lugar de trasladarlo a Chilpancingo donde está su caso, Gobernación federal buscó un lugar lejano para hacer más cruenta su detención. De la Fiscalía de Puebla lo trasladaron al Cefereso de Villa Aldama, Veracruz.
El jueves 19 lo pusieron a disposición del Juzgado Décimo de Distrito por una orden de aprehensión del 2015, acusado de secuestro de cinco periodistas en 2014, en plena ebullición política por la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. En octubre de 2014 el Movimiento Popular Guerrerense (MPG) tomó el Ayuntamiento de Tlapa, como parte del acuerdo tomado por la Asamblea Nacional Popular (ANP). En esa fecha el Movimiento Popular Guerrerense (MPG) tuvo conocimiento de una premiación de periodistas donde asistirán algunas autoridades. Ante la consigna de no permitir actos del gobierno, llegaron al lugar para informarles que no podían seguir con el evento. Al intentar trasladar a los cinco periodistas se dio una trifulca donde resultaron lesionados maestras, campesinos y estudiantes del movimiento popular. Al final lograron llevárselos al Palacio Municipal donde les piden una disculpa pública y que se hagan cargo de las curaciones de los lesionados.
El 13 de diciembre de 2014 los periodistas presentaron una denuncia en la Fiscalía General del Estado de Guerrero por el delito de secuestro, pero declinó su competencia y la turnó a la Fiscalía General de la República (FGR) que la consigna al Juzgado Décimo por el delito de secuestro. En el 2015 salieron órdenes de aprehensión contra sus dirigentes como Antonio Vivar Díaz, asesinado por la Policía Federal el 7 de junio de 2015; Arnulfo Cerón Soriano, desaparecido y asesinado en octubre de 2019; Alfonso García, Primo Álvarez, Iván Salomón, Evodio Pérez, María Flores y Ubaldo Segura Pantoja.
Contra viento y marea, Ubaldo Segura y otros líderes impulsaron el boicot electoral del 2015 en Tlapa como protesta por la desaparición de los 43 normalistas, y que terminó con una fuerte represión por parte de las autoridades municipales y estatales. El dirigente denunció que un grupo de choque conformado por taxistas y policía estatal desalojaron con lujo de violencia a los manifestantes que se encontraban en el Zócalo de la ciudad. Las represiones continuaron hasta el 7 de julio, cuando la Policía Federal asesinó a sangre fría a Antonio Vivar Díaz, dirigente del MPG y compañero de lucha de Ubaldo.
El 30 de enero del 2016 nació el Frente Popular de la Montaña (FPM). Su nuevo propósito es ayudar a las comunidades de la Montaña para demandar obras sociales en las comunidades más olvidadas.
El FPM ha adquirido presencia y fuerza en la región por abanderar las causas más sentidas de las comunidades. Conformaron una dirección colectiva para diversificar sus voces y asumir diferentes comisiones. Ubaldo asumió la comisión de salud. En esos años empezó a destacar el compañero Arnulfo Cerón, que mostró grandes habilidades para encabezar las protestas y asumir un nuevo liderazgo. Para Ubaldo “Arnulfo tenía un temple audaz”.
A principios de este año Ubaldo acompañó a su última morada al luchador social Saúl Morán, compañero del FPR. Ahí exigió justicia por los asesinatos de Antonio Vivar y de Arnulfo Cerón. También recordó al luchador social Gregorio Alvarado, desaparecido el 26 de diciembre de 1996.
Ubaldo es un defensor nato. A sus 73 años su pasión por la justicia y los derechos humanos es una llama que no se apaga. Ha pagado cara su osadía de ser fiel a sus convicciones políticas y de nunca ser lacayo del poder. Su exigencia por la presentación de los 43 estudiantes desaparecidos es inamovible y forma parte del grito amoroso de las madres y padres que demandan verdad y justicia. Es muy grave que el gobierno morenista persiga y encarcele a un defensor de derechos humanos. Que la FGR y Segob reproduzcan prácticas funestas del PRI y del PRD al confinar a los luchadores sociales a penales de alta seguridad para darles un trato de delincuentes peligrosos. Con gran perversidad le niegan el derecho a una defensa adecuada, lo separan de su familia y denigran su trayectoria y la dignidad como persona. Este miércoles 26 de marzo se cumple el plazo constitucional para que el juez deje en libertad a Ubaldo Segura. El Poder Judicial tiene la gran responsabilidad de juzgar sin sesgos políticos y reivindicar la trayectoria de un gran defensor.