Sepultan en Alcozauca a Leuteria, la agente de Tránsito asesinada por un policía municipal

El sepelio de Leuteria Reyes Benito en Cruz Fandango, Alcozauca, donde los vecinos y la banda de música de viento la acompañaron al panteón, en un largo recorrido por las calles de la localidad na’ savi Foto: Carmen González Benicio

Carmen González Benicio

Cruz Fandango, Alcozauca

–¡Mamá levántate, no te vayas mamá!–, gritaba entre sollozos Ángel mientras el ataúd de su madre, Leuteria Reyes Benito se perdía entre los bloques de concreto de su tumba. Fue quien más externó el dolor por el feminicidio de su madre.
Ángel y sus tres hermanos fueron cobijados por los brazos de su padre y su tía paterna. Estuvieron al lado de su ataúd cuando lo abrieron para colocar sus pertenencias personales, como es la costumbre na savi. Por lo que no pudo evitarse, ver el rostro pálido de Leuteria, antes de que la mezcla cayera sobre la cimbra sellándola.
Leuteria era elemento de Tránsito municipal y fue asesinada a puñaladas por su compañero de trabajo, el policía municipal Herminio. Ambos trabajaban en el Ayuntamiento de Alcozauca.
La tarde de ayer los cohetes silbaban y tronaban en el cielo por intervalos que quemaban dos jóvenes y arreciaron en el panteón.
En el panteón la banda de viento cambió los sones de rezos por piezas musicales mientras la familia se despedía del cuerpo de la mujer de 31 años, atacada a cuchilladas el 5 de enero, muriendo horas después desangrada por la lenta atención y burocracia en salud.
El cuerpo de Leuteria fue trasladado del Servicio Médico Forense (Semefo) en Chilpancingo a Cruz Fandango durante la madrugada del miércoles 8 de enero, llegando al mediodía a la casa de sus padres en la comunidad, donde fue velada por unas horas.
A su casa llegaron los vecinos y vecinas, con veladoras y flores como bugambilias, adelfas y pascuas que hay en sus patios y otras flores silvestres.
Como a las 3 de la tarde se inició el recorrido de la casa de sus padres al panteón del pueblo, a la salida, donde se pone el sol, que dejaba ver su luz entre las nubes. Los familiares y amigos varones fueron los encargados de llevarla en hombros. Le colocaron dos palos atravesados a la caja para aguantar su peso.
La llevaron a la iglesia donde la presentaron en la puerta y como se hace por costumbre entraron para caminar con el ataúd a su alrededor y salir nuevamente a la calle entre los rezos del principal y la quema de copal.
Poco a poco las calles con cemento desaparecieron, la tierra tomó su lugar; los sembradíos de milpa aparecieron y los pinos. Al final del caminar lento aparecieron las tumbas del cementerio a campo abierto.
Al centro estaba la fosa donde sería sepultada Leuteria. Los costales de arena, cemento y agua que acarrearon estaban listos. Nuevamente, antes de bajar la caja, los acompañantes rodearon el perímetro del panteón.
El silencio acompañó el recorrido. Los comentarios que se hacían eran de incredulidad por la saña en que su compañero de trabajo, el policía Herminio, la lastimó y arrebató la vida, así como encontrar una respuesta del porqué.
El féretro fue colocado en la tierra mientras el rezandero hacía su última oración. Luego pidió a los familiares que se acercaran para despedirla.
Los hombres le quitaron los palos y cargaron la caja para meterla en la fosa. Con esta acción los sollozos aumentaron. Las lágrimas afloraron en más de uno de los asistentes. Sus cuatro hijos permanecieron cerca. El más grande, de 11 años le pidió que se levantara, que no se fuera; el segundo, de 10, solo lloró y los dos más pequeños de seis y cuatro, parecieron no saber qué pasaba.
A Arturo Vergara, su marido y padre de sus cuatro hijos, con quien vivió un poco más de 10 y de quien se separó hace 10 meses por violencia familiar, según dijo su familia, también le ganó el sentimiento.
Se hizo acompañar de su hermana para llevar a los niños a despedir a su madre, pues ellos viven en la cabecera municipal de Alcozauca.
Luego de sepultarla, la familia agradeció el acompañamiento. También a la comitiva del Ayuntamiento encabezada por la síndica y regidores, quienes les llevaron un apoyo económico recabado entre los trabajadores.
El padre de Leuteria, don Zacarías, al retirarse del panteón pidió a las autoridades que no dejaran en libertad a su homicida, que le dieran la pena máxima para que no saliera y volviera hacer lo mismo con otra mujer. “Es lo único que pido y si la autoridad quiere ayudar a mis nietos que lo haga, no puedo decir más, tengo mucho dolor”, dijo mientras su voz se quebraba.
La noche había caído, la gente empezó a dejar el panteón, el padre de sus hijos se encaminó con los niños, seguido de su hermana, quien brevemente dijo que en redes sociales se decían muchas cosas.
Confirmó que Leuteria dejó huérfanos a cuatro menores. Que en el mes de marzo cumpliría un año de haberse separado de su hermano, pero que no podía decir que vivió violencia, “solo ellos saben cómo vivieron, ahorita ella ya no está”, dijo.
Comentó que los menores estaban con su papá en su casa en Alcozauca “que mi cuñada dejó, ya va ser un año, quién sabe quién le calentó su cabeza”, remarcó.
Pidió que no se mal informara y que no se hablara de los niños para no afectarlos. Terminó la plática diciendo que se hacía tarde y que debían volver a la cabecera y estaba lejos.
El cuerpo de Leuteria no llegó en carro hasta el pueblo porque un conflicto agrario entre la comunidad de Cuyuxtláhuac y Cruz Fandango mantiene desde hace cuatro meses el cierre del camino donde hicieron zanjas. Aunque Cuyuxtláhuac permitió el paso hasta donde se pudo.

 

Sepultan a víctima de feminicidio a manos de un policía

En la comunidad de Cruz Fandango, Alcozauca amigos y familiares enterraron a Leuteria Reyes Benito, la agente de Tránsito asesinada a puña-ladas, y su padre exigió la pena máxima al responsable para que no salga y vuelva a hacer lo mismo con otra mujer y ayuda para sus cuatro nietos huérfanos. Feministas demandaron que el alcalde Crispín Agustín Mendoza sea sancionado por no atender las denuncias de acoso Foto: Carmen González Benicio

Sepultan en Alcozauca a Leuteria, la agente de Tránsito asesinada por un policía municipal

Pide el padre de la víctima que le den la pena máxima al responsable para que no salga y vuelva a hacer lo mismo con otra mujer. “Es lo único que pido y si la autoridad quiere ayudar a mis cuatro nietos que lo haga, no puedo decir más, tengo mucho dolor”

Carmen González Benicio

Cruz Fandango, Alcozauca

–¡Mamá levántate, no te vayas mamá!–, gritaba entre sollozos Ángel mientras el ataúd de su madre, Leuteria Reyes Benito se perdía entre los bloques de concreto de su tumba. Fue quien más externó el dolor por el feminicidio de su madre.
Ángel y sus tres hermanos fueron cobijados por los brazos de su padre y su tía paterna. Estuvieron al lado de su ataúd cuando lo abrieron para colocar sus pertenencias personales, como es la costumbre na savi. Por lo que no pudo evitarse, ver el rostro pálido de Leuteria, antes de que la mezcla cayera sobre la cimbra sellándola.
Leuteria era elemento de Tránsito municipal y fue asesinada a puñaladas por su compañero de trabajo, el policía municipal Herminio. Ambos trabajaban en el Ayuntamiento de Alcozauca.
La tarde de ayer los cohetes silbaban y tronaban en el cielo por intervalos que quemaban dos jóvenes y arreciaron en el panteón.
En el panteón la banda de viento cambió los sones de rezos por piezas musicales mientras la familia se despedía del cuerpo de la mujer de 31 años, atacada a cuchilladas el 5 de enero, muriendo horas después desangrada por la lenta atención y burocracia en salud.
El cuerpo de Leuteria fue trasladado del Servicio Médico Forense (Semefo) en Chilpancingo a Cruz Fandango durante la madrugada del miércoles 8 de enero, llegando al mediodía a la casa de sus padres en la comunidad, donde fue velada por unas horas.
A su casa llegaron los vecinos y vecinas, con veladoras y flores como bugambilias, adelfas y pascuas que hay en sus patios y otras flores silvestres.
Como a las 3 de la tarde se inició el recorrido de la casa de sus padres al panteón del pueblo, a la salida, donde se pone el sol, que dejaba ver su luz entre las nubes. Los familiares y amigos varones fueron los encargados de llevarla en hombros. Le colocaron dos palos atravesados a la caja para aguantar su peso.
La llevaron a la iglesia donde la presentaron en la puerta y como se hace por costumbre entraron para caminar con el ataúd a su alrededor y salir nuevamente a la calle entre los rezos del principal y la quema de copal.
Poco a poco las calles con cemento desaparecieron, la tierra tomó su lugar; los sembradíos de milpa aparecieron y los pinos. Al final del caminar lento aparecieron las tumbas del cementerio a campo abierto.
Al centro estaba la fosa donde sería sepultada Leuteria. Los costales de arena, cemento y agua que acarrearon estaban listos. Nuevamente, antes de bajar la caja, los acompañantes rodearon el perímetro del panteón.
El silencio acompañó el recorrido. Los comentarios que se hacían eran de incredulidad por la saña en que su compañero de trabajo, el policía Herminio, la lastimó y arrebató la vida, así como encontrar una respuesta del porqué.
El féretro fue colocado en la tierra mientras el rezandero hacía su última oración. Luego pidió a los familiares que se acercaran para despedirla.
Los hombres le quitaron los palos y cargaron la caja para meterla en la fosa. Con esta acción los sollozos aumentaron. Las lágrimas afloraron en más de uno de los asistentes. Sus cuatro hijos permanecieron cerca. El más grande, de 11 años le pidió que se levantara, que no se fuera; el segundo, de 10, solo lloró y los dos más pequeños de seis y cuatro, parecieron no saber qué pasaba.
A Arturo Vergara, su marido y padre de sus cuatro hijos, con quien vivió un poco más de 10 y de quien se separó hace 10 meses por violencia familiar, según dijo su familia, también le ganó el sentimiento.
Se hizo acompañar de su hermana para llevar a los niños a despedir a su madre, pues ellos viven en la cabecera municipal de Alcozauca.
Luego de sepultarla, la familia agradeció el acompañamiento. También a la comitiva del Ayuntamiento encabezada por la síndica y regidores, quienes les llevaron un apoyo económico recabado entre los trabajadores.
El padre de Leuteria, don Zacarías, al retirarse del panteón pidió a las autoridades que no dejaran en libertad a su homicida, que le dieran la pena máxima para que no saliera y volviera hacer lo mismo con otra mujer. “Es lo único que pido y si la autoridad quiere ayudar a mis nietos que lo haga, no puedo decir más, tengo mucho dolor”, dijo mientras su voz se quebraba.
La noche había caído, la gente empezó a dejar el panteón, el padre de sus hijos se encaminó con los niños, seguido de su hermana, quien brevemente dijo que en redes sociales se decían muchas cosas.
Confirmó que Leuteria dejó huérfanos a cuatro menores. Que en el mes de marzo cumpliría un año de haberse separado de su hermano, pero que no podía decir que vivió violencia, “solo ellos saben cómo vivieron, ahorita ella ya no está”, dijo.
Comentó que los menores estaban con su papá en su casa en Alcozauca “que mi cuñada dejó, ya va ser un año, quién sabe quién le calentó su cabeza”, remarcó.
Pidió que no se mal informara y que no se hablara de los niños para no afectarlos. Terminó la plática diciendo que se hacía tarde y que debían volver a la cabecera y estaba lejos.
El cuerpo de Leuteria no llegó en carro hasta el pueblo porque un conflicto agrario entre la comunidad de Cuyuxtláhuac y Cruz Fandango mantiene desde hace cuatro meses el cierre del camino donde hicieron zanjas. Aunque Cuyuxtláhuac permitió el paso hasta donde se pudo.

Asesinato con saña, negligencia médica y
un historial de violencia en el caso Leuteria

Carmen González Benicio

Alcozauca

El feminicidio de la indígena na savi y agente de Tránsito municipal, Leuteria Reyes Benito, ocurrido en la cabecera municipal de Alcozauca, conmocionó a la población por la saña utilizada por su compañero de trabajo, el policía municipal Herminio, quien le asestó cerca de 30 puñaladas.
Sobre todo, porque éste no mostró algún gesto de arrepentimiento cuando lo aprehendieron policías municipales organizados por la dirección de Seguridad Pública para su búsqueda, luego de responder al llamado de auxilio de la vecina que le rentaba la casa a Leuteria y a quien encontraron herida, señalando al responsable.
A Herminio la gente lo vio en el Zócalo. Estaba bailando con la música de viento que aún permanecía en el lugar, porque ese día tomaron protesta los delegados y comisarios del municipio.
Nadie le prestó atención a su aspecto, un borracho más por la fiesta. Su pantalón negro no mostró nada, pero su camiseta azul, tenía las huellas de la sangre. Las botas color café se veían rojas.
Dicen que en los separos, lo que dijo fue que Leuteria se lo buscó y lo hecho ya estaba hecho. Y así se mantuvo hasta que fueron por él elementos de la Fiscalía. Eso fue en la tarde del 5 de enero.
Aunque días más tarde la Fiscalía informó en un boletín que lo detuvieron en Tlapa, en la Mona, es decir, cerca de barandilla. El 8 de enero.
Herminio de Dios atacó a Leuteria en el interior de su vivienda, con rastros del forcejeo que ocasionaron que saliera de ella y terminara en la entrada, en el suelo, con las heridas hechas con navaja por su compañero de trabajo porque era policía y ella elemento de Tránsito. Ambos estaban de descanso. Fue el domingo 5 de enero. Como a las 6 de la tarde.

Víctima de las deficiencias en salud

De acuerdo con las fuentes consultadas a Leuteria la llevaron al hospital de Alcozauca donde la recibieron, pero perdió tiempo porque no llegaba ningún familiar para hacerse responsable y tampoco les brindaron las facilidades para trasladarla en la ambulancia, porque el municipio no cuenta con ninguna.
Fue hasta las 10 de la noche cuando la sacaron de Alcozauca al hospital de Tlapa, donde les dijeron que estaba muy grave, que la recibían pero no le darían la atención oportuna porque no había anestesiólogo y cirujano en ese horario, tampoco sangre, contó un familiar.
Les dijeron que la aceptarían en Chilpancingo por lo que fue trasladada a esas horas. Leuteria ya no resistió por la pérdida de sangre y tiempo, murió en el camino, a unos kilómetros del Hospital de Chilpancingo, hasta donde llegaron pero ya no la recibieron y los hicieron volver a Tlapa, contó el papá. Ya eran las 6 de la mañana.
Leuteria fue ingresada nuevamente al hospital de Tlapa directo a la morgue, ya eran como a las 12 del día y fue cuando se presentaron agentes del Ministerio Público para decirles que enviaría el cuerpo al Semefo, nuevamente en Chilpancingo.
Su padre recordó que se negó porque venían de allá, pero aceptó que se la llevarán para la necropsia que confirmó más de 30 puñaladas y una herida en el cuello. Fue por eso que recogió su cuerpo la madrugada del 8 de enero.

Sin ninguna relación con su agresor

Leuteria entró a trabajar en el Ayuntamiento de Alcozauca en la administración de Crispín Agustín a quien le ayudó en su campaña. En sus primeros meses se desempeñó como policía municipal, al igual que Herminio.
Luego fue cambiada al área del comedor del Ayuntamiento, según las fuentes porque su marido con quien peleaba la custodia de sus cuatro hijos le dijo que como policía corría muchos riesgos y menos se los daría ni la dejaría verlos y que por eso optaron por dejarla en ese trabajo.
Sin embargo, Leuteria compartió su inquietud de que estaba triste porque en el comedor no podía ver a sus hijos, al menos de lejos y pidió que la regresaran como policía, pero mejor le ofrecieron que se quedara como agente de Tránsito, lo cual aceptó porque eso le permitía ver a sus hijos.
Los compañeros de trabajo contaron que no observaron ningún tipo de acoso o relación entre Herminio y Leuteria, se saludaban como todos. En el trabajo ella mostraba disponibi-lidad y lo hacía bien, era un buen elemento.
Leuteria insistió en quedarse en ese trabajo porque al separarse de su marido, por violencia familiar, no tenía casa o dinero para poder mantener a sus hijos y enfrentaba el asunto legal con su marido que no le dejaba verlos.
Contaron que al tener trabajo y llegar a acuerdos con su marido tenía dos fines de semana de convivir con sus hijos, por eso rentaba en Cruz Verde, cerca de donde vivían. Dijeron también que hizo diversas peticiones de apoyo a la Dirección de la Mujer, donde le brindaron ayuda.
De Herminio de Dios, se dijo que es de la comunidad de Ahuejutla del mismo municipio, es padre de ocho hijos, porque su primera esposa murió, la segunda está desaparecida y con la tercera hay violencia familiar y que esa información surgió luego de que cometiera el feminicidio y fueran a realizar las investigaciones.

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