Memoria y acontecimiento

LASCAS

Aguililla: la primera batalla del chamaco Cárdenas

Como señalé en la primera entrega de esta columna, hace dos semanas, había pensado intercalar hechos o relatos significativos relacionados con determinado acontecer histórico o del momento actual con temas no menos relevantes relacionados con la literatura. El mes de marzo nos había invitado a pensar en los 70 años de vida de Pedro Páramo, la gran y universal novela de Juan Rulfo aparecida en su primera edición en 1955, pero también en algún acontecimiento o línea de relato que nos ligara a la conmemoración de la expropiación petrolera que, el pasado 18 de marzo, cumplió sus 87 años de vida.
Escogimos por tomar en ese primer momento una ruta inicial que nos llevara no propiamente a la mencionada expropiación petrolera, pero sí, ligado a ella, a una faceta de lo que llamamos “el Cardenismo”: la de la entrada del chamaco Cárdenas (a sus 18 años de edad) a la lucha revolucionaria. Mantendremos en las siguientes dos entregas este último tema, pues no pocos de quienes leyeron las líneas escritas hace dos semanas en este diario señalaron que el relato “los había dejado picados”, y que valdría la pena pensar el desarrollo de esta columna por “bloques temáticos” y no como relatos dispersos o alternados en un calidoscopio. Pedro Páramo de Juan Rulfo, entonces –y otros ramales literarios que se deriven– será revisado en este espacio hacia el mes de mayo. Regresamos pues al seguimiento de ruta en torno a la “entrada del chamaco Cárdenas a la guerra”.

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Tres días después de su incorporación a la Revolución, en Buenavista Tomatlán, donde al joven Cárdenas se le fue el tiempo en escribir órdenes y todo tipo de cartas dictadas por el general García Aragón y otros miembros del Estado Mayor, el grupo rebelde salió en línea hacia el Pirú, con meta fija en poblado de Aguililla, en manos en ese momento de los huertistas.
Vayamos, en ahorro de tiempo y espacio, directamente al relato sobre la forma en que se llevó a cabo la batalla. Siendo una fuerza de no más de setecientos efectivos, la Segunda División del Sur, donde ya pasaba lista el chamaco Cárdenas, decidió entrar al pueblo con la fuerza de un huracán que tuviera la ventaja de llegar a su objetivo por sorpresa. El plan de ataque, diseñado cuidadosamente por el grupo de mando de la División, fue atacar la plaza con una acción envolvente: por el flanco izquierdo avanzaría el general Mastache con unos trescientos hombres, por el derecho el general Jaimes con doscientos, para rematar, por el frente, con la columna comandada por el general García Aragón y el mayor Guido (en esta última línea de ataque cabalgaba con toda la adrenalina que templaba su cuerpo el joven jiquilpense que había entrado a la guerra en la plaza de Buenavista Tomatlán).
Al llegar al rancho El Limón, situado a un par de kilómetros del objetivo, la vanguardia fue sorprendida por un pequeño grupo enemigo que provocó un primer tiroteo y el inicio de la confrontación. Al oír los disparos el general Mastache entendió que había que apresurar el paso de sus hombres y lanzarse de inmediato a la confrontación, pues el efecto sorpresa acababa de perderse.
Así fue como llegaron al primer encontronazo por el costado izquierdo del pueblo de Aguililla, provocando una concentración de tropa enemiga en toda la línea del referido flanco, cuando, unos minutos después, por el costado derecho, llegaban de lleno las fuerzas del general Cipriano Jaimes. El desconcierto aún no se generalizaba entre las tropas que defendían la plaza, cuando, por el frente, como un ferrocarril, entró a la población el núcleo armado bajo el mando de García Aragón.
Roto el cerco, los enfrentamientos se extendieron por todas las áreas de la población, de tal forma que los bloques de defensa que se habían improvisado en los costados empezaron a ceder, hasta que calles del poblado se volvieron tierra de nadie y, con ello, espacio de conquista de los atacantes, quienes en ningún momento perdieron la iniciativa ni el control sobre el tablero de la confrontación. Con bajas significativas y la moral de lucha por los suelos, los defensores huertistas de la plaza lograron reagruparse, pero ya no para retomar el ataque sino para batirse en retirada, huyendo por una cañada hacia la serranía, rumbo a Coalcomán.
Fue este el bautizo de armas del joven Lázaro Cárdenas del Río. La rápida victoria que culminó con la entrada triunfal al pueblo de Aguililla reafirmó en el novel combatiente la idea de que su entrada a la Revolución ya era un viaje sin retorno.
Después de haber conquistado la plaza de Aguililla, la Segunda División del Sur siguió con rumbo al pueblo de Tepalcatepec, donde incorporaron a los contingentes rebeldes de Serapio Sifuentes; caminaron luego por la región de Churumuco, Cayaco, El Jorullo, Apatzingán, Buenavista, Acahuato y Tancítaro, pasando por El Tejamanil y cruzando el río de Paracho hacia Aranza, donde pactaron una alianza con los núcleos de insurgencia indígena local dirigidos por Casimiro López Leco. Siguieron después hacia Tanaco, para instalar su cuartel general en el pueblo de Purépero.
El balance que ahí se hizo sobre el combate victorioso en Aguililla permitió que el conjunto del Estado Mayor de la Segunda División del Sur valorara en definitiva no sólo las “capacidades de escritura” del joven jiquilpense, sino también sus habilidades para entrar a una batalla con el mayor temple anímico y con un sorprendente manejo de las artes propias de la guerra.
Por lo demás, el trato cotidiano en los largos momentos de espera y de preparación para los encontronazos que vendrían permitió a los militares de mayor edad del contingente conocer los rasgos de la personalidad de un personaje que, siendo tan joven, razonaba y actuaba en general con una madurez que no era común ni siquiera en los hombres más labrados de la tropa.
Pero todos sabían a ciencia cierta que una golondrina no hacía verano, por lo que quedaba aún por saber si el chamaco jiquilpense aguantaría condiciones de fuego y circunstancias guerreras de mayor peligro y, en su caso, de adversidades de gran calado.
No tardó mucho el momento en el que tales circunstancias entraron en escena. La batalla que siguió, en el pueblo de Purépero, fue un horno en el que se tasaron en definitiva todos los “valores”.
La siguiente entrega se encargará de mostrar al lector los mayores detalles de esa “escena”, reconstruida paso a paso en el lugar mismo de los hechos y con información que hasta el momento ha quedado dispersa o “perdida” en cajones que, se pensaba, quedarían cerrados para siempre.

 

Memoria y acontecimiento

LASCAS

Cuando el chamaco Cárdenas entró a la guerra

Lascas: rocas que se desprenden de la masa pétrea y que adquieren forma de esquirlas cortantes. Con ellas Salvador Díaz Mirón labró parte de su literatura. Con ellas pretendemos armar, en el hospitalario periódico guerrerense que nos acoge, una serie de textos que cada quince días puedan dar cuenta de temas diversos que se mueven entre el “acontecimiento”y “la memoria” (historia, acontecimiento contemporáneo, literatura).
Marzo de 2025 termina con dos temas resonantes que habría que recordar en este diario. Uno de ellos, en el plano de la historia, es el aniversario número 87 de “la expropiación petrolera”. La segunda es, en un tema diametralmente distinto, el aniversario número 70 de la aparición de Pedro Páramo de Juan Rulfo, considerada por algunos grandes talentos de la literatura universal como la mejor novela del México moderno. Pero dejaremos pendiente el tratamiento de la escritura de Rulfo, ubicando el tema de esta entrega en la ruta histórica del general Lázaro Cárdenas. Mas sería infértil aquí hablar de la expropiación petrolera de 1938, pues se trata de un acontecimiento que ha sido documentado y analizado con prolijidad y profundidad por una buena parte de los medios.
Pero tampoco aburriremos al respetable con un seguimiento histórico del cardenismo, tema que dejamos a aquellos sesudos estudios que caben o florecen en largas investigaciones y se disfrutan y estudian en la hechura de ensayos largos y de libros. ¿Y entonces? ¿Qué cabe y puede interesar al lector de este diario? Hablaremos aquí del general Cárdenas y de algunas de sus aventuras de guerra y de su vida social y de familia. Platicaremos ahora brevemente sobre cómo fue que “el chamaco”, a sus 18 años de edad, desde Jiquilpan, se incorporó a la guerra.

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Recuerda Lázaro que un buen día caluroso del mes de julio de 1913 llegó al pueblo de Buenavista Tomatlán para sumarse a las fuerzas revolucionarias que luchaban entonces contra Victoriano Huerta. Había salido de Jiquilpan el 18 de junio, a pie, con un morral cosido a mano por su madre. Las semanas que siguen sirven para informarse que el general Martín Castrejón pelea en La Huacana, que el general Guillermo García Aragón hace lo suyo en las márgenes del río Tepalcatepec, y que Gertrudis Sánchez mantiene a raya a los federales en la región de Uruapan, Ario y Tacámbaro.
El 2 de julio se entera que García Aragón y sus tropas habían acampado en Buenavista, y pensó que esa era su oportunidad. Previo haber estado durante algunas semanas en un rancho de un pariente suyo, decide encaminarse al poblado referido y de inmediato averigua dónde será el lugar preciso del encuentro. Ya frente al lugar, sin darle demasiadas vueltas al asunto, pide y le conceden la entrevista.
–¿Qué lo trae por aquí amigo, de dónde viene?, preguntó al chamaco García Aragón.
–He venido a ponerme a sus órdenes, general, quiero servir en sus armas. En Jiquilpan me encargaba de una imprenta que teníamos en cooperativa, allí nos reuníamos en las tardes con un grupo de amigos, platicábamos de la revolución y también de cómo nos enrolaríamos en la guerra contra Huerta. Cuando apareció la oportunidad los días 30 y 31 de mayo, con la entrada de las fuerzas del general José Rentería Luviano a la plaza de Zamora, y luego con la toma de la hacienda Guaracha, que se encuentra pegadita a Jiquilpan. Y llegó la oportunidad, como le decía, porque el capitán Pedro Lemus, de las mismas columnas revolucionarias, se presentó en la imprenta para pedirnos que le publicáramos un manifiesto dirigido al pueblo de México. Y que sí, que por supuesto, pues nosotros ya éramos maderistas.
García Aragón observaba con atención al chamaco. Lázaro tenía un decir independiente y franco suavizado por el tono de su voz y por el brillo adolescente de sus ojos.
–Pues desde ese día, señor –continuó Lázaro en sus palabras–, cuando volvieron los huertistas a posesionarse de la plaza, destruyeron la imprenta y empezaron a buscarnos por todas partes. Y por eso estoy aquí, a sus órdenes y dispuesto a enrolarme, no por huir así nomás sino porque esa fue para mí la señal de que había llegado el momento.
El general se levantó lentamente de su silla, y el joven pensó que ello indicaba la conclusión de la entrevista. ¿Cuál sería el resultado?
–¿Sabe usted escribir? –agregó García Aragón, como una última pregunta que era una manera simple de dar la bienvenida. Para agregar:
–Copie esta orden y en unos minutos me la entrega.
¿Escribir? El muchacho jiquilpense sí sabe escribir pues a eso ha dedicado parte importante de sus dieciocho años de vida. Media hora después regresó el general. Pluma y papel estaban sobre la mesa rústica. No hubo más palabras de por medio. García Aragón tomó el escrito y leyó de corrido los cuatro párrafos perfectamente delineados: la letra era izquierdilla, espigada con una leve inclinación a la derecha, los trazos firmes en las eles y en las tes, suaves al final de las palabras.
–¿De verdad quiere usted enrolarse, incorporarse a mis fuerzas, joven amigo? –inquirió el militar, pensando que el muchacho tendría tal vez un mejor futuro en asuntos de paz que en los de guerra.
–Mi deseo, señor, le reitero, es incorporarme a la revolución bajo su mando.
García Aragón tardó unos cuantos segundos en reaccionar. Parecía que no terminaría por decidirse, pero de pronto lo soltó:
–Pues bien, va usted a formar parte de mi Estado Mayor con el grado de capitán segundo. Se ocupará de mi correspondencia personal mientras el coronel Viguri regresa de un viaje que se vio obligado a hacer a la Ciudad de México. Busque de inmediato al general Cipriano Jaimes, ahora mismo le digo a alguien que lo conduzca hasta él, para que le explique algunas cuestiones importantes y le proporcione a usted lo necesario.
Lo necesario fue un caballo alazán con montura, una carrillera, un par de botas, camisa y pantalón reglamentarios y una carabina 30-30, acompañado de las indicaciones precisas sobre la ubicación del corral con la pastura, del lugar que hacía las veces de comedor, y de la casa en la que le tocaría dormir.

Especulación de tierras y neolatifundismo en el sexenio de la 4T

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Los datos que aporta un documento del Registro Agrario Nacional (RAN) ya ampliamente divulgado y analizado por los medios de prensa y redes sobre el acaparamiento de tierras a través de procesos torcidos (muchos de ellos sofisticados en sus diseños y operaciones logísticas e “ingenieriles”) de privatización de tierras de propiedad social (ver, entre otros medios, La Jornada del 16 de marzo) revelan una situación estructural de suma gravedad sobre la realidad en la que actualmente viven los ejidatarios y comuneros del México de nuestros días, a saber: un proceso “hormiga” de gran calado de despojo que viene de lejos, en una mecánica de operaciones fraudulentas (por decir lo menos) que implica tanto a pillos privados como funcionarios de bajo, mediano y alto nivel. La visión fundamental de los acaparadores y operadores de este proceso tiene un propósito especulativo y para grandes negocios inmobiliarios.
El documento en cuestión, trabajado a ciencia y conciencia por un equipo especializado del RAN de la 4T (en el sexenio de AMLO, 2018-2024), indica con suficiente claridad la intención expresa de los directivos del RAN de “ir al fondo” en un asunto que, en cualquier otro gobierno de ADN neoliberal, simplemente no hubiera existido ni siquiera como proyecto, o, en su caso, hubiera sido, desde sus trazos iniciales, escondido en las bóvedas de la secrecía o del conocido “olvido” institucional.
Queda claro entonces prácticamente, para cualquier persona con sentido común y buena fe, que el documento fue elaborado paso a paso para cubrir el objetivo de utilizarlo, dentro del propio marco institucional, como uno entre otros de los instrumentos que permitieran combatir a fondo el despojo operado con perversidad y dolo contra los ejidatarios.

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En el informe sexenal presentado por Plutarco García Jiménez, director en Jefe del RAN en el sexenio de AMLO, publicado bajo el título Mirando al Futuro. Memoria y Recuento del RAN (2018-2024), se presentan los datos de lo que significó en los hechos la lucha institucional contra el señalado acaparamiento. Cito:
Haciendo uso de sus facultades y respetando estrictamente la legislación agraria, el RAN de la Cuarta Transformación sólo permitió la desincorporación de la propiedad social de 316 mil 468 hectáreas, a diferencia de los sexenios de Peña Nieto y Calderón, cuando se privatizaron 1 millón 59 mil, 92 hectáreas y se desincorporaron un millón 217 mil 505 hectáreas, respectivamente”. (P. 68)
Destaca, en esta línea de intervención, la clara visión, puesta en hechos, de rechazar, en una medida por demás estricta, el parcelamiento en terrenos con cubierta de bosques y selva.
Dentro de los lineamientos básicos que acompañaron esta política institucional podemos señalar, de manera esquemática, la del combate permanente contra el intermediarismo corrupto de gestores privados y “coyotes”, el trato directo con los campesinos e indígenas que requerían de tal o cual trámite para establecer la seguridad jurídica de su patrimonio, así como la definición de una ética de servicio general que fue conocido como “Un RAN cerca de ti”.
No fueron menores los esfuerzos para facilitar el cambio generacional, así como para el establecimiento de estrategias que dieran paso o acompañaran procesos de “empoderamientos” de la mujer campesina junto con la revitalización cultural y productiva del ejido y de la comunidad.
Conviene señalar que en esta línea de actuación el RAN de la 4T, por su carácter y papel institucional, buscó en todo momento que la respuesta a dar para enfrentar esta problemática fuera interinstitucional, de tal forma que las direcciones y áreas jurídicas del sector agrario (integrado en el marco de las directivas jerárquicas de la Sedatu) buscaron las vías para definir o encontrar los mecanismos legales para combatir lo ya hecho. Agregando en este punto la búsqueda de una relación coparticipativa con la Secretaría del Medio Ambiente y de Recursos Naturales (Semarnat) para enfrentar de la mejor manera el combate al parcelamiento en bosques y selvas.

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El RAN de la 4T se concibió a sí mismo desde el principio como Guardián de la Propiedad Social de la Tierra en México. Esta definición engloba la perspectiva de un proyecto que, en concordancia con los principios del gobierno democrático de AMLO, fue desarrollado siempre de cara a las exigencias y demandas de un movimiento agrario, campesino e indígena, que, en el periodo, tuvo un importante proceso de revitalización.
Y no está por demás señalar que, en una buena cantidad de casos de los acaparamientos señalados, la mecánica del despojo se ha dado sobre la base del engaño simple y llano a ejidatarios y comuneros, al aprovechamiento perverso de la pobreza o precariedad en la que vive un segmento importante de tales sujetos agrarios, y, en casos específicos, a la complicidad que los agentes privatizadores y especulativos han llegado a forjar con algunas autoridades y miembros de ejidos y comunidades. Creándose así, en tales condiciones, un terreno fértil para que determinados funcionarios de los tres niveles de gobierno abandonen su papel de “servidores públicos”, se corrompan y se incriminen de una o de otra forma en los mencionados procesos especulativos, de privatización y despojo.
Cabe entonces, mirando el presente y hacia el futuro, mantener el rumbo del combate a fondo contra este flagelo que daña profundamente el tejido social y político de nuestro país, para que, en lo que corresponda al sector agrario –y en particular al sector de la propiedad social–, se cale hondo en el marco de lo que corresponde revolucionar en el denominado segundo piso de la 4T.