Se envió a Tlapa al director de Averiguaciones Previas, informa el procurador

 

 Karina Contreras

El procurador de Justicia Jesús Ramírez Guerrero confirmó en Acapulco el asesinato del alcalde priísta de Xalpatláhuac, Lorenzo Ruiz Villareal, aunque no proporcionó más información, debido a que fue escueto en sus respuestas.

En declaraciones ayer al mediodía en el puerto, Ramírez Guerrero sólo dijo que estaba enterado del asesinato, y que se habían trasladado a Tlapa “inmediatamente” el fiscal regional y el director de Averiguaciones Previas, para investigar y buscar al responsable.

Consultado aproximadamente a las 12 del día, el procurador aún no sabía con exactitud sobre los hechos, y sólo manifestó que el asesinato ocurrió la madrugada de ayer, y al “parecer fue una discusión acalorada donde quiso intervenir el presidente municipal, y como consecuencia resultó gravemente lesionado, lo que le causó la muerte”.

El procurador dijo que ignoraba si el agresor había sido un sacerdote, aunque aseguró que ya estaba identificado.

Ofreció que se procederá contra quien resulte responsable, independientemente de su condición “personal o profesional”.

–¿Aunque sea cura?

–Aunque sea cura, no importa.

El cura los atacó a balazos sin motivo, dice el hijo del presidente asesinado

 Marchan vecinos de Xalpatláhuac para pedir castigo al sacerdote que disparó y a su acompañante

 Ezquiel Flores Contreras Tlapa de Comonfort

El hijo del edil de Xalpatláhuac asesinado en Cualac por un cura, Lorenzo Ruiz García, afirmó que el sacerdote Lorenzo Cuéllar Velázquez los atacó a balazos sin motivo alguno, y exclamó: “ese cabrón nos disparó y no quiero que vaya a salir de la cárcel, espero que se le castigue”.

El joven quien se encuentra convaleciendo de la herida de bala en la pierna en el cuarto 22 del Hospital Regional de Tlapa, rechazó que durante los festejos de San Isidro Labrador celebrados en Cualac, él y su padre hayan tendido algún roce con los curas del pueblo.

Postrado en una cama y con el semblante molesto dijo que en el    momento en que se dirigían a su camioneta para regresar a su pueblo “pasamos frente al curato y nos hablaron porque el padre nos quería ver”, indicó.

Narró que su padre, el alcalde priísta de Xalpatláhuac, se adelantó y del curato salió el padre Lorenzo Cuéllar que sin decir nada, sacó la pistola y empezó a disparar “como loco”.

“Cuando vi que mi papá cayó al suelo, alcancé a correr para pedir ayuda a los policías”. Afirma que en el momento en que el sacerdote fue detenido comenzó a lamentarse de lo sucedido.

Manifestación frente al

obispado en Tlapa

Afuera del hospital un centenar de habitantes de Xalpatláhuac comenzaron a organizarse y realizaron una marcha sobre las principales calles de Tlapa. Portando cartulinas y enfurecidos lanzaban consignas en contra del obispo de la diócesis de Tlapa, Alejo Zavala, a quien calificaron de “protector de asesinos”.

El contingente era encabezado por familiares del edil asesinado y regidores de la comuna de Xalpatláhuac. La marcha paró frente al obispado para exigir a gritos que saliera el obispo. “Sal obispo protector de asesinos porque te vamos a colgar”, afirmaban mujeres y hombres, la mayoría campesinos. Algunos con lágrimas en los ojos pedían justicia.

El contingente se retiró del obispado, y lanzaron la advertencia de que Alejo Zavala sería colgado por la presunta protección que está brindando a los sacerdotes involucrados en el crimen del adil priísta.

Posteriormente, se detuvieron frente a las oficinas de la                     delegación regional de la Procuraduría General de Justicia en la Montaña. Nuevamente los gritos que exigían justicia, al instante agentes judiciales rodearon las instalaciones y el delegado regional de la PGJE, Atenógenes Rodríguez Tepec, pidió calma e invitó a pasar a los regidores y familiares del fallecido.

La noche de ayer, ambos sacerdotes aún no rendían su declaración preparatoria ante el juez y permanecían resguardados por agentes judiciales y policías del estado en los separos de la comandancia de la Policía Judicial. A nadie se le permitía acercarse a la zona.

Se anunció que a las 20 horas el obispado de la diócesis de Tlapa emitiría un comunicado.

Debe aplicarse la justicia sin distinción, dice el obispo de Tlapa

 

 Ezquiel Flores Contreras Tlapa de Comonfort

El obispo de la diócesis de Tlapa, Alejo Zavala Castro, se dijo “sorprendido y triste” por los hechos violentos en los que se encuentran involucrados dos sacerdotes, sin embargo dijo que de debe investigar el crimen del alcalde de Xalpatlahuac, Lorenzo Ruiz, y se sancione a quien resulte responsable.

El obispo, en conferencia llevada a cabo por la noche en las instalaciones de la diócesis, lamentó la muerte del edil priísta y reiteró que la justicia se debe aplicar sin distinción alguna, en referencia a los sacerdotes Lorenzo Cuéllar Vázquez y Ernesto García Rodríguez, quienes se encuentran sujetos a proceso de investigación.

El obispo de Tlapa dio lectura a un breve comunicado en donde expresó su pésame a los familiares del presidente municipal y al pueblo de Xalpatlahuac.

Sobre la conducta del sacerdote acusado de acribillar al edil, el obispo rechazó verter alguna opinión, sólo dijo que era “un buen cura, apreciado por el pueblo”.

A insistencia de los reporteros, Zavala Castro dijo que desconocía si había denuncias en contra de los sacerdotes por mal comportamiento, “sobre todo de conductas que desembocaran en esto” refiriéndose al crimen que presuntamente cometieron.

Lamenta el suceso la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa

El vocero de la diócesis Chilpancingo- Chilapa, Humberto Osorio Refino, calificó como “lamentable y penoso” el asesinato del alcalde de Xalpatláhuac.

Dijo que no es común que un sacerdote traiga pistolas calibre 9 milímetros e ingiriera bebidas alcohólicas en compañía de autoridades municipales, como fue el caso.

El clérigo, quien fue entrevistado en el interior del Centro de Readaptación Social de Chilpancingo, donde acudió para participar en un acto de preliberación de presos, justificó que “no por ser sacerdotes dejamos de ser humanos, también estamos propensos a las debilidades”.

Pero también señaló que “para casos de este tipo” la sanción debe aplicarse como a cualquier ciudadano por parte de las autoridades.

Osorio Refino señaló que no existe ninguna norma o reglamento de la Iglesia católica para sancionar actitudes como la que asumió el clérigo Cuéllar Vázquez, y tampoco debe interceder por él para que no se le aplique la ley, “pues si él infringió la ley civil debe de ser castigado por ello”, dijo. (Zacarías Cervantes).

Radiografía de la Zona El municipio del edil asesinado

 

 El priísta Lorenzo Ruiz Villarreal era alcalde de Xalpatláhuac, municipio que se localiza en la región de La Montaña, al este de Chilpancingo.

Xalpatláhuac está integrado por 18 localidades y colinda al norte con Tlapa, al sur con Atlamajalcingo del Monte, al oeste con Copanatoyac, al este con Tlapa.

En este municipio predomina la etnia mixteca que conviven con minorías de tlapanecos y nahuas, y se dedican en su mayoría a la elaboración de sombreros de palma.

La palabra Xalpatláhuac se deriva del mexicano xali, que significa arena y paatlahuac, ancho, por lo que se traduce Arenal ancho o amplio.

De acuerdo con las cifras oficiales, este municipio tiene 11 mil 687 habitantes.

En su gobierno, el Ayuntamiento está integrado, además del alcalde, por un síndico y seis regidores.

En este municipio marginado de La Montaña el tope de campañas para la elección de Ayuntamiento es de 24 mil 510 pesos.

En la elección municipal del año 2002, priísta Ruiz Villareal obtuvo mil 527 votos como candidato de la Alianza para Todos PRI-PVEM, que representó el 43.64 por ciento de los sufragios.

Aquí la segunda fuerza política fue el Partido de la Sociedad Nacionalista, inexistente en casi la totalidad de los municipios del estado. El PSN obtuvo 980 votos, que equivale al 28.01 por ciento del total. El PRD obtuvo 551 votos (15.75 por ciento) y el PAN 155 (4.43 por ciento). En total votaron 3 mil 213 personas, y hubo 286 votos nulos.

 El municipio delsacerdote agresor  

El cura Lorenzo Cuellar Vázquez es párroco de Cualac, municipio gobernado por el PRD, donde es alcalde Fortunato Sánchez Sánchez.

Cualac también se encuentra en la región de La Montaña, ubicado al noreste de Chilpancingo. Limita al norte con Olinalá, al sur con Tlapa y Atlixtac, al oeste con Olinalá y Ahuacuotzingo, y al este con Huamuxtitlán. Cuenta con una superficie de 196.8 kilómetros cuadrados y el está integrado por 15 localidades.

La palabra Cualac significa en náhuatl En el agua buena. Se desconoce la fecha en que se pobló este municipio, pero se toma como referencia al poblamiento de la región tlapaneca, en virtud de que Cualac, fue comunidad de Tlapa.

Según los recuentos oficiales, tiene 6 mil 575 habitantes. Su Ayuntamiento se conforma por el alcalde, un síndico y seis regidores.

Aquí el tope de campañas es de 13 mil 558 pesos. En la elección anterior, el PRD ganó con mil 92 votos, que representa el 44.85 por ciento de la votación. La Alianza para Todos, del PRI y el PVEM, obtuvo 994 sufragios (40.82 por ciento), y el PRS 269 votos (11.05 por ciento). Los demás partidos no tuvieron sufragios, y en total se emitieron 2 mil 355, y hubo 80 nulos. (Ricardo Castillo Díaz).

Retienen indígenas a ex alcalde de Xalpatláhuac; lo acusan de despojo

 

 Por más de 24 horas, el ex munícipe Edmundo Gallardo y familiares fueron retenidos por los inconformes encabezados por un guía religioso

 Zacarías Cervantes Chilpancingo

Encabezados por un guía religioso, cientos de indígenas de Xalpatláhuac retuvieron por más de 24 horas al ex alcalde priísta de ese lugar, Edmundo Gallardo Delgado, así como a algunos de sus familiares, y posteriormente recuperaron un terreno que les había quitado el ex presidente municipal.

Los inconformes destruyeron la cerca del que utilizaban para las corridas de toros en las fiestas patronales, y que tiene una extensión de aproximadamente 300 metros cuadrados.

Durante la protesta, los cerca de 800 indígenas rodearon las viviendas del ex presidente municipal Edmundo Gallardo y de sus familiares, a quienes dejaron en libertad la madrugada de ayer luego de la intervención del alcalde Lorenzo Ruiz Villarreal; del síndico procurador Alfredo Lozada Zurita, y el delegado de Gobernación estatal en la región de La Montaña, Jorge Rodríguez Ponce.

Los ciudadanos inconformes, encabezados por Tlayakanqui, el guía religioso del pueblo, amenazaban con linchar a Gallardo Delgado y a sus familiares. Al final, los ciudadanos influenciados por su guía espiritual sólo acordaron declararlo “persona non grata”, informaron autoridades municipales.

También se acordó “cancelar” al ex alcalde y a sus familiares todos sus derechos ciudadanos, e incluso analizan la posibilidad de expulsarlos de Xalpatláhuac.

Por su parte, el alcalde Lorenzo Ruiz Villareal informó que acatará la decisión que tome la comunidad indígena. “Nosotros esperamos que esto no llegue a mayores y que las cosas se resuelvan de la mejor manera, porque no queremos que se susciten hechos de violencia”, dijo.

Se informó, asimismo, que hasta el medio día de ayer los cerca de 800 ciudadanos mantienen sitiada las dos tortillerías que se encuentran en el interior del mercado municipal, y que son propiedad un familiar de Gallardo Delgado.

Debido a ello grupos de la Policía del Estado patrullaban las calles de la comunidad, para vigilar que no se registren hechos de violencia entre los inconformes y el grupo del ex alcalde priísta.

El ex edil se había apropiado del terreno en conflicto durante la administración que presidió, hace dos periodos.

El festejo del Santo Entierro en Xalpatláhuac, donde la buena suerte crece en un cerro

* Celebran en el tercer viernes de cuaresma la ceremonia religiosa

 Tlachinollan * En la comunidad naua de Xalpatláhuac es tiempo de veneración. Es el tercer viernes de cuaresma, día de la fiesta del Santo Entierro, y muchísima gente viene al santuario de este Cristo bajado de la cruz. Los visitantes empezaron a llegar la semana pasada y fueron creciendo hasta convertirse en este grupo numeroso que no se queda quieto ni un instante. Ya los carros no pueden entrar al pueblo. No caben. Y quedan estacionados, olvidados, en la carretera que los llevó hasta allí.

Hay que hacer fila para todo: para entrar a la iglesia, para pasar delante del nicho del Santo Entierro, para “pedir misa” y pagar los 60 pesos que ésta cuesta, y hasta para ir al baño. Hay personas por todos lados; mujeres, hombres, niños, jóvenes y ancianos que vienen tanto de pueblos cercanos, como de más alejados.

Aquí es necesario armarse de paciencia: la espera en una fila larga y retorcida de esas que parecen no tener fin, que atraviesan una puerta, bajan una escalera o cruzan un tianguis puede durar horas.

La iglesia está repleta y la hilera de feligreses no parece avanzar. Mientras aguardan, se acercan a los dos sacerdotes que se encuentran apostados en la puerta y que están ahí para bendecir lo que sea que le lleven.

El interior del edificio huele a cera de velas derretidas, a flores, a calor humano. Hay hombres y mujeres de pie; otros se hincan de rodillas en ese desorden de veladoras y pétalos muertos.

Mostrar la fe

Alberta es una mixteca de 30 años. Viene del municipio de Copanatoyac y trajo a sus cinco hijos a la fiesta del Santo Entierro.

“Le di vela para que los cuide”, comenta luego de haber rezado frente a la imagen. También compró flores “hasta allá afuera” y se las ofrendó.

Afuera del recinto, en la puerta lateral, hay una mesa en la que se exhiben “cordones” de colores, de distintos tamaños y materiales. Tienen impresa la leyenda “Santo entierro venerado en Xalpa”. “Cuestan 1 y 2 pesos y se ponen en su pescuezo”, informa la vendedora. “Protegen de enfermedad”, afirma.

Pero no todas las manifestaciones de fe ocurren allí. También hay otras muy fuertes fuera del santuario. Son las que tienen lugar en el Tlayoltepetl, el Cerro del Maíz.

Según la tradición, quien suba a ese lugar sagrado “puede encontrar su suerte para la cosecha”, cuenta un sacerdote originario de Xalpa que regresó a su pueblo para asistir a la celebración, Francisco Javier Sánchez Cruz.

Quienes suben hasta la cima para escarbar en la tierra polvorienta de la temporada seca creen que                         “por ahí atrás, rascando, sale tamo de maíz. Y si alguien encuentra el tamo, dicen que le va a ir bien en su cosecha, en su trabajo. Y si encuentran un pelo de chivo, entonces se van a multiplicar sus chivos”, explica este sacerdote católico de origen naua que aún habla su lengua materna.

Pero subir al Tlayoltepetl no es fácil. En el camino hacia su cumbre el sol parte la tierra y no hay dónde protegerse de él. Casi no hay vegetación, ni árbol que dé sombra, ni alero dónde esconderse de esos rayos implacables aunque más no sea por un rato. Alrededor todo es aridez, sequía, calor. Sin embargo, eso no detiene a las mujeres que caminan con sus hijos pequeños cargados en la espalda, a los campesinos o a los ancianos que, año tras año, se dirigen a este lugar con la esperanza de realizar un hallazgo que, según ellos, les traerá prosperidad para este año.

Encontrar la suerte

Eufemia es una indígena naua de 68 años y llegó desde Quechultenango. Está sentada en el suelo y hace un hoyo ayudándose con un palo de madera. No parece importarle que su vestido celeste se ensucie de polvo. Sus pies están descalzos y descansan un rato de la dureza de los huaraches, luego del cansancio de haber subido al cerro. Busca pelos de burro, de chivo o de puerco. Explica que, si encuentra un pelo de puerco, por ejemplo, significa que debe comprar uno y que le irá bien y que el animal será sano y no se enfermará.

“El pobre tiene que buscarse su suerte”, argumenta esta mujer de piel oscura y cabellos blancos.

A su lado se encuentra Paulina, otra indígena naua. Ella hizo un agujero más profundo todavía, de unos 15 centímetros, y sólo encontró piedritas. Sin embargo, las guarda en un monedero pequeño. Tal vez más tarde reflexione acerca del significado de su descubrimiento y de la incidencia de éste en su futuro cercano.

A unos pasos de estas mujeres se encuentra Nimorio, un campesino tlapaneco que vino desde el municipio de Malinaltepec a hurgar en la tierra de Xalpatláhuac.

“Cada cuál encuentra su suerte”, dice, pero él no encontró nada, pese a que estuvo arrodillado un rato, absorto en la búsqueda de algo que le sirviera de indicio, que le diera una pista de qué animales comprar para criar en los próximos meses.

“Esta costumbre no sé cuántos años tiene, por lo menos desde que tengo uso de razón la gente sube ahí arriba y empieza a rascar”, rememora Sánchez Cruz.

En la cima también hay una capilla dedicada a San Marcos. Allí van los peregrinos a pedir una buena temporada de trabajo. Los sacerdotes indígenas, los “ofrenderos”, son quienes los esperan.

“Ellos reciben la flor, la limosnita, y ya la ofrecen al patrón, en este caso, San Marcos. Y piden por la persona, por su salud, por su trabajo o, incluso, por un difunto. Su trabajo es pedir por los demás, interceder”, cuenta Sánchez Cruz.

“Mucha gente, cuando le va bien en su cosecha, trae su mazorca y la deja como ofrenda. Otras personas vienen y le dicen al ofrendero ‘quiero que me dé ese maicito’ porque, al llegar la ofrenda con el santito, se convierte en la mazorca del santo, y la persona se lo lleva y lo siembra para que le vaya bien en su cosecha”, agrega con respecto a la labor desempeñada por estos ancianos que son principales en su comunidad.

En el interior de la precaria capilla hay una charola para limosnas. En ella los campesinos dejan sus monedas. Ese dinero se utilizará para celebrarle “misa al santito, o para comprarles flores durante el año o para hacerle su fiesta y comprarle su castillo y sus cohetes”.

En esta fiesta religiosa de indígenas y de mestizos se funden (una vez más, como tantas veces en esta montaña) ingredientes de distintas culturas indígenas y del cristianismo.

Los pueblos indígenas ya creían en Dios desde antes de la llegada de los colonizadores y sus imposiciones. Los misioneros católicos, cuando veían que los indígenas subían a los cerros a quemar velas y a llevar aguardiente para dejarla en las cuevas, pensaban que lo hacían para adorar a las fuerzas del mal.

“Porque no entendían la lengua y pensaban que los indígenas le hablaban a Satanás. En realidad, le hablaban al dios de la vida, que les dio la vida, la salud, para que los protegiera de todos los males, de las envidias, de los enemigos; puras cosas buenas que les pedían a dios”, aclara el sacerdote.

Ya de nuevo en el pueblo, cerca del mediodía, hay una misa en la iglesia. Al finalizar la liturgia, bajan la imagen de Jesucristo sepultado y lo llevan a recorrer el centro de Xalpatláhuac. Lentamente, la procesión transita por las principales calles y circula con paso cansino por las orillas del río Jale.

Cuando termina, los visitantes se retiran y el Santo Entierro vuelve al lugar del que salió.

Dentro de 8 días lo sacarán nuevamente porque habrá otra procesión. Los peregrinos serán otros. Nuevos, descansados, recién llegados. Arribarán al pueblo que alberga al Cerro del Maíz para celebrar el cuarto viernes de Cuaresma en ese lugar donde las creencias indígenas no se dejaron subyugar por los prejuicios de los colonizadores, sino que supieron perdurar de manera insistente, ofreciendo su silenciosa resistencia hasta nuestros días.