Como en 1994 cuando el primer día de ese año amaneció con la rebelión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional para reivindicar los derechos de los indígenas, la protesta contra el establecimiento del Tratado de Libre Comercio México-Estados Unidos y un sinfín de demandas, la mayoría de ellas justificadas plenamente, este inicio del año 2026 el mundo amaneció con la sorpresa de que fuerzas militares del ejército de Estados Unidos penetraron por aire, tierra y mar al territorio de Venezuela para capturar al presidente del país más rico del mundo en reservas petroleras, Nicolás Maduro, y “tomar el control” de la administración venezolana por el gobierno que encabeza el presidente Donald Trump.
Una condena internacional de grandes proporciones ha recibido el gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, luego de la operación militar en territorio venezolano para aprisionar a Maduro y a su esposa, a quienes acusa de dirigir un cártel del narcotráfico.
Diversas naciones del mundo han reaccionado ante el atropello a los principios básicos del derecho internacional, porque han tomado nota de lo que el propio Trump dijo antes y después de la intervención: que el objetivo real es hacerse nuevamente del petróleo y de otras riquezas de esa nación sudamericana. Incluso en Estados Unidos se han producido expresiones de rechazo a la aventura trumpista, que aunque largamente anunciada, se llevó a cabo sin siquiera avisar al Congreso y obtener su aval.
Una de las primeras declaraciones en el mundo fue la del gobierno de México, producidas apenas pocas horas después de que se dio a conocer el asalto a la sede donde se aprehendió al presidente de Venezuela y a su consorte. En un comunicado oficial se condenan y rechazan enérgicamente las acciones militares ejecutadas unilateralmente por fuerzas armadas de Estados Unidos de América, y se señala que hay una clara violación de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Ante la sorpresa y la magnitud del ataque contra Venezuela, los organismos internacionales han permanecido estáticos, posiblemente porque sus funcionarios aún permanecen de vacaciones, aunque a su regreso al trabajo con toda seguridad tendrán que incluir este espinoso y delicado tema en sus agendas.
El Papa León XIV, no obstante su nacionalidad estadunidense, no fue omiso ante el tema y en la tradicional oración colectiva del Angelus en la plaza de San Pedro, en Roma, fijó claramente la posición de la iglesia católica: “Sigo con gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela. El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica”.
Además de la reiteración de viva voz del rechazo a la intervención por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum y su llamado a respetar el derecho internacional, también se produjo la reaparición del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien interrumpió brevemente su retiro de la política para denunciar “el prepotente atentado a la soberanía del pueblo de Venezuela y el secuestro de su presidente”, y enviar al presidente Trump un mensaje que puede incluso tener lecturas internas: “No olvide que la efímera victoria de hoy puede ser la contundente derrota del mañana. La política no es imposición”.
Al día siguiente el gobierno de España, junto con México y otras cuatro naciones latinoamericanas emitieron un comunicado conjunto, en el mismo sentido de crítica, en el que se señala la incursión militar como una amenaza a la paz y la seguridad de la región, y se destaca que cualquier intento de apropiarse de los recursos estratégicos de otra nación es inadmisible. Otros gobiernos han manifestado su posición contraria a la agresión cometida contra Venezuela, entre ellos China, Rusia e Irán.
Aunque no ha sido unánime. la preocupación internacional no es gratuita, toda vez que además del atropello a todas las normas que rigen la vida entre las naciones, no estamos ante un hecho aislado. Por si alguna duda quedara, en la euforia belicista luego de consumada la irrupción en Venezuela, Trump amenazó de manera personal al presidente de Colombia y aunque de manera menos irrespetuosa con la presidenta Sheinbaum, aseveró que “algo habría que hacer en México” ante su percepción de que quienes mandan aquí son los carteles criminales.
Por lo pronto, un tema a despejar es lo que ocurrirá internamente en la nación sudamericana, una vez que ha asumido la presidencia de manera provisional la hasta entonces vicepresidenta Delcy Eloína Rodríguez, quien en el pasado ha sido una fervorosa chavista, pero cuyo primer mensaje ha sido de mesura y de apertura al diálogo con Estados Unidos, aunque tanto en el Congreso venezolano como entre los funcionarios del gabinete de la presidenta prevalece el equipo del presidente Maduro, quien en Nueva York, en su primera audiencia proclamó su inocencia y denunció el secuestro de que fue objeto por parte de las fuerzas militares estadunidenses.
Para nadie es ajeno que el fondo de la invasión es el enorme potencial energético con que cuenta Venezuela y, de acuerdo a algunos analistas especializados internacionales, el dominio estadunidense de esos recursos, junto con maniobras y acciones de carácter financiero devolverían al imperio gringo fortalezas que se han visto disminuidas en los últimos años, en especial, el dominio del mercado de los energéticos.
Habrá que ver si en el difícil equilibrio que la presidenta provisional deberá practicar puede realmente gobernar, y si la dejan hacerlo desde la Casa Blanca. Las ambiciones de Washington están más que cantadas, así como los reclamos de una oposición beligerante que en el pasado reciente ha denunciado fraude en las elecciones y ha cuestionado la legitimidad del régimen bolivariano. Por ello es que con el destino de Venezuela se juega también en parte la estabilidad y el futuro del continente.
Para México, por otro lado, representa una clara amenaza, ya que con el pretexto del combate contra el narcotráfico y el crimen organizado, el presidente Donald Trump justifica acciones militares de flagrante violación de las leyes internacionales, junto con una estrategia de comunicación agresiva que coloca a quienes ataca a la defensiva. El gobierno que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara y contundente en mostrar la posición de México respecto de Venezuela y del combate al narcotráfico en la que ambos gobiernos tienen acciones efectivas y coordinadas.
Así ha empezado, de manera trepidante, un año nuevo de augurios sombríos para América Latina. Y así se encamina también Donald Trump a la culminación de su primer año de retorno a la presidencia norteamericana. La acción estadunidense sacudió al mundo en donde la mayoría de los países y sus gobiernos se sorprendieron ante la flagrante violación al marco legal internacional, que coloca al estado de derecho en vilo, lo que podrá desencadenar abusos y acciones de toda índole.
Luego de lo ocurrido en los primeros días del año, el futuro cercano puede adquirir tintes de tragedia.
