20 de agosto de 1967, un crimen de Estado

 

(Segunda de tres partes)

El intervencionismo

La injerencia en el asunto coprero de dos secretarios de Estado y aspirantes a la Presidencia de la República, le dará al mismo una perspectiva extraña y, por qué no decirlo, sospechosa. Uno ellos era el profesor Juan Gil Preciado, secretario de Agricultura, cuyo adelantado en la entidad era el diputado César del Ángel Fuentes. El otro era Luis Echeverría Álvarez, secretario de Gobernación, cuyo cuñado, diputado Rubén Zuño Arce, asesoraba a la URPC y no gratuitamente.

La rebelión

Durante el Octavo Congreso Coprero, Jesús Flores Guerrero, de San Marcos, le gana la presidencia de la URPC a Julio Berdeja Guzmán, con las protestas enérgicas de Eligio Serna Maciel y Lucio Ríos. El primero denuncia irregularidades y acusa a Zuno Arce de haber amañado la elección en su calidad de “árbitro” del proceso. La Secretaría de Agricultura la encuentra efectivamente adulterada y niega por ello el registro de la Unión encabezada por Flores Guerrero.
Julio Berdeja, asesorado por César del Ángel, se proclama entonces presidente auténtico de la URPC y levanta una verdadera rebelión coprera a lo largo de toda la Costa Grande. Se denuncia como un gran fraude el combate contra la “fungosis” –se llega a afir-mar que las palmas son rocia-das no con fungicidas sino con agua y cal– y se exigen cuentas claras y la derogación del impuesto de trece centavos por kilogramo de copra. El ya incontenible movimiento opositor anuncia su primera asamblea para el 20 de agosto de 1967 en el edificio de La Coprera de Acapulco, a las 10 de la mañana.
La agenda de la reunión matutina contiene dos puntos esenciales: rendición de cuentas de 40 millones de pesos erogados en el combate de una enfermedad del cocotero y la derogación del impuesto de 13 centavos por kilogramo de copra, ¡Una bomba!

Guateque costeño

La reacción de la Unión Regional de Productores de Copra (URPC) resulta tan sobria como eructo en el comedor. No cuestiona la legitimidad de la convocatoria ni califica de absurda su agenda. Tampoco llama a los disidentes a la unidad y al diálogo conciliador. Anuncia, por el contrario, un guateque costeño con música, barbacoa y chupe para celebrar “un aniversario más” de la organización. Fecha: 20 de agosto de 1967. Lugar: La Coprera de Acapulco. Hora: 10:00. Cautos, no advierten que será de “traje”: “Yo traje mi .45, yo mi M1”.
Frente a presagio tan ominoso, se producen pronunciamientos, condenas y advertencias que finalmente nadie escuchará.
Quienes confiaban en que todo estaba bajo control y que el gobierno del estado encontraría al conflicto una solución salomónica, desconocían la tozudez etílica del gobernador Raymundo Abarca Alarcón.

El gobernador

El doctor Raymundo Abarca Alarcón llega a gobernar Guerrero con la idea de encabezar un Club de Leones y una visión política de comisario municipal de Salsipuedes. Más tarde entregará el mazo y la campana a una camarilla truhanesca al mando de su cuñado, Bulmaro Tapia Terán, mientras él vivirá interminables días de vino y mujeres. A nadie sorprenderá entonces que un gobierno así se caracterice por su insensibilidad frente a los problemas sociales y por una incontrolable violencia institucional.

Muchos cocos… pocos huevos!

El gobernador Abarca Alarcón eleva la voz ante un grupo de copreros de la URPC dirigida por el sanmarqueño Jesús Flores Guerrero.
Se los digo señores y esta es una decisión irrevocable: ni policía ni ejército custodiarán la reunión del 20 de agosto en La Coprera. Muy lúcido estaría yo gestionando ante la Zona Militar vigilancia de soldados para una juerga de borrachos. Porque de eso se trata la dizque asamblea, de una pachanga, ¿no es cierto? Están jodidos si creen que por ustedes voy a hacer el ridículo y comprometer a mi gobierno. Queda en sus manos celebrar o suspender la reunión, lo que sí les digo una cosa: “¡ustedes tendrán muchos cocos pero les faltan güevos!”.
Si tienen miedo, insistirá Abarca Alarcón, suspendan el festejo pero a mi no me involucren… acabo de hablar con el secretario de Gobernación (Luis Echeverría Álvarez) y me dio la razón. Me dijo: “Usted, señor gobernador, como el chinito: nomás milando”, mientras César del Ángel se apodere del edificio. A ver quién lo saca: ¡yo no! Ese hijo de puta se vale del fuero para alborotar en Guerrero, ello en lugar de ir a Veracruz a chingar a su madre. ¡Vamos a ver si el fuero le quita los chingadazos!”.
Abarca cuelga el teléfono y vuelve a su diatriba con los copreros siendo interrumpido por una nueva llamada telefónica y que al tomarla los copreros adjudican su laconismo a que tiene trabadas las quijadas por el coraje. Su conversación transcurre a base de monosílabos y concluye con un parlamento casi escénico: “sí señor, cómo no, señor, a sus órdenes señor”. Cuelga y vuelve con ellos ya relajado para preguntar al grupo;
–¿Y qué me dicen de los amigos? (subrayado). El gobernador aplica una carga maliciosa al referirse a “los amigos”. ¿No han pensado en ellos para solucionar el problema? ¿No se les ha ocurrido invitarlos?. De seguro que no porque a ustedes nada bueno se les ocurre. ¿Para cuándo son entonces los amigos sino para cuando se les necesita? Los amigos son para los momentos difíciles y este es uno de ellos. Los amigos, estoy seguro, pondrán las cosas en orden y en su lugar, mejor aún que la policía y el ejército juntos. Anden, llámenlos y salúdenlos de mi parte… (Aunque con fama de parco, el doctor RAA sabía monologar de corridito).

Los amigos

“Los amigos” sugeridos por el gobernador de Guerrero formaban la “Hermandad del Gatillo”, integrada por los más efectivos pistoleros de la entidad, matones, pues. Buena parte de ellos tenían un corrido trovado y otros hacían méritos para tenerlo. Veneraban en calidad de santo laico al Chante Luna, un asesino despiadado autor de medio centenar de homicidios. Al grupo compacto y nada hermético se le conocía en la Costa Grande como La Gamba y en la Costa Chica como La Brosa. Una convocatoria nunca imaginada incluso por la mafia italiana. Allí estaban El Animal, El Chacal, La Yegua, El Alacrancito, El Perro con Rabia, El Coyote, El Zanatón y El Toro sin Cerca.

 

20 de agosto de 1967 Un crimen de Estado

(Primera de tres partes)

France Press… ¡France Press!… clamaba angustiado Andrés Bustos Fuentes mostrando en todo lo alto su identificación de la agencia gala de noticias. Se dirigía a individuos siniestros apuntándole con una artillería brutal, apenas silenciada. Algunas bocas de fuego, aún humeantes, evidenciaban sus recientes exhalaciones letales. Aquellos hombres de ojos extraviados no entendían ni pretendían entender aquella jerigonza repetida una y otra vez. ¡France Press!… ¡France Press!… como si se tratara de un blindaje a prueba de balas o un conjuro contra la violencia. Sin embargo, el arrojo del reportero habrá de servirle como un salvoconducto jamás expedido.
El escenario de tal acción, lúgubre no obstante la luminosidad del 20 de agosto de 1967, tenía como fondo siniestro el edificio de la Unión Regional de Productores de Copra (Coprera, sencillamente), en la avenida Ejido y Calle 6 de este puerto.
Atrás, siguiendo muy de cerca a Bustos Fuentes, los también reporteros Enrique Díaz Clavel y el autor de estas líneas. Aturdidos por la atmósfera letal envolvente –la sangre y la pólvora huelen realmente a muerte y no a otra cosa–, los seguidores se esforzaban por contener la irreflexiva temeridad del tercero. Inútilmente. Andrés avanzaba enarbolando su ¡France Press…! ¡France Press! …ahora en calidad de “ábrete sésamo”, eficaz por lo menos hasta ese momento. Se perderá luego entre un grupo de campesinos aterrorizados, como nosotros mismos, procurando un refugio contra las balas.

Ejido mortal

La anchurosa avenida Ejido fue aquél mediodía un reverberante campo de exterminio. La cubría una dantesca alfombra de cuer-pos humanos, hombres y muje-res a partir de la Calle 6 y hasta la empinada conexión con la avenida Pie de la Cuesta. A los sobrevivientes, tendidos boca abajo sobre la plancha de con-creto hirviente, los identificaba la inmovilidad y el silencio. Curioso, a los muertos también.
Los primeros soportarán el chuquío desagradable de la san-gre formando cuajarones e in-cluso comerán tierra antes de mostrarse presas fáciles para los halcones disparando desde La Coprera. Los impactos de bala en muertos y lesionados serán todos por la espalda, corroboran-do así la cobardía de los agresores.
Muchos de aquellos campesinos no habían recibido un rasguño siquiera. Fingieron rigidez cadavérica para eludir la muerte por arma de fuego aunque algunos estuvieron a punto de encontrarla por insolación. Los lesionados, por lo mismo, hubieron de soportar en silencio los dolores de la carne desgarrada por la metralla. Trascendido el peligro, los ayes de dolor, angustiosos y desesperados, tendrán acentos dramáticos.
Estos arreciarán cuando se escuchen el chocar rítmico de los estoperoles castrenses contra el pavimento, anuncio de la llegada del Ejército marchando a paso veloz. Para las víctimas aterradas será como escuchar un coro celestial y quienes puedan hacerlo, ilesos o lesionados, tomarán la vertical y muy pronto las de Villadiego. Otros deberán esperar las urgencias médicas y casi una treintena los servicios funerarios.
La muerte de un niño y tres mujeres hará que la indignación y el repudio populares se expresen en términos aún más enérgicos. Se pedirá castigo ejemplar para los asesinos e incluso la desaparición de los Poderes del Estado. Todo quedará finalmente en la oferta de una ‘’investigación exhaustiva y hasta sus últimas consecuencia para aplicar todo el peso de la ley, caiga quien caiga” (¿Alguien ha escuchado en alguna parte algo similar?).

El paleterito

El cuerpo de aquel infante yacía junto a su carrito de paletas. Con gran sentido de la oportunidad se había instalado desde muy temprano a la puerta principal de La Coprera. “El gentillal y la calor” le auguraban una venta rápida y segura. A lo mejor iba por otro carrito, habría calculado. Todo bien, menos la ubicación.
El chamaco, de 13 o 14 años, estará hora y media más tarde en la línea de fuego de la Coprera. Las cargas que lo acribillen serán las mismas que le quiten la vida a una hermana de Julio Berdeja Guzmán, líder coprero oposicionista, y a él le destrocen las piernas dejándolo inválido para toda la vida.

La URPC

La Unión Regional de Productores de la Copra nace en 1951 con el propósito de unificar a los grandes propietarios y a los ejidatarios, medianos y pequeños productores. Sus propósitos, luchar contra la elevación dei mpuestos y las arbitrariedades de los funcionarios públicos.
Para el investigador Francisco Gómezjara, las luchas campesinas en la Costa Grande habian respondido casi siempre a las fluctuaciones del mercado mundial de la copra, cuyo comportamiento lo determinaron los períodos de guerra y de paz en los Estados Unidos. El mismo aseguraba que la tensión se encontraba en aquel momento en su punto más alto, mientras el precio de la copra se deslizaba como en tobogán. Las palmeras morían por millares a causa de la “fungosis” y nadie sabía a dónde iban a parar –aunque lo imaginaban– los millones de pesos recaudados por el impuesto de trece centavos por kilogramos de copra”.

“Yo caí cerca de La Coprera”

“¡Ya me cargó la chingada!, me dije, buscándome ansiosamente la herida. Lo primero que pensé fue en mi familia y por mi situación en un compadre balaceado. El me aseguraba que cuando una bala penetra en el cuerpo no se siente dolor , nomás calientito y tantito ardor. Yo no sentía ni lo uno ni lo otro. También decía mi compadre que una bala de 9 milímetros puede derrumbarlo a uno nomás con el puro zumbido. A lo mejor fue lo que me pasó. ¡Ya estará de Dios!, me dije resignado, antes de hacerme el muertito, pero no por mucho tiempo.
Abrí los ojos al escuchar un susurro muy cercano. Era una señora del rumbo, ya grande, con enaguas negras de bolitas y blusa blanca. Trataba de eludir sus propios orines secándose con el rebozo. Para entonces la balacera cerrada ya había pasado y sólo se oían disparos aislados. No te muevas, madrecita, porque te van a matar, le dije. Quietecita y en silencio, madrecita, o no la cuentas, le repetí muy quedito y no me hizo caso. En eso se escucha una sirena como de ambulancia que venía de éste lado (Constituyentes). Y fue entonces cuando miro que mi vecina se lanza al encuentro de la Cruz Roja. No alcanzó a dar ni dos trancos cuando ¡pum!, una bala le destroza la cabeza. ¡Pobrecita!

¡No te levantes, abuelo!

¿¡Por qué, carajos, no me hizo caso el abuelo!? ¡Yo dícele y dícele: no te muevas, abuelo, porque te van a volar la cabeza! ¡Esos hijos de la chingada están disparando a todo lo que se mueve! ¡Come tierra, abuelo, pero no te pares. La tierra no mata, abuelo, las balas, sí! Mi abuelo y yo estábamos separados cosa de metro y medio, él delante de mí. Los chingadazos nos habían agarrado en un lote baldío frente a La Coprera. A los primeros balazos corrimos como alma que lleva el diablo, ¡y vaya que si resultó ligerito el abuelo! Era un hombre grande pero muy correoso y sin vicios.
De no estar muerto, el abuelo se moriría de la risa cuando yo le recordara sus consejos para casos como éste. “Nunca corras en medio de una balacera; lo que hay que hacer es tirarse al suelo para rodar una y otra vez hasta dejar lejos la línea de fuego”. No, no creo que con el miedo se le haya olvidado. ¡No sé qué le pasó, carajo! El abuelo debió desesperarse por lo ardiente del pavimento o quiso tal vez decirme algo. Yo tenía los ojos cerrados cuando escuché el tronido. Se oyó seco como cuando el hacha parte el coco. Le entró por atrás, fue una muerte instantánea. ¿¡Y ahora qué le voy a decir a la abuela!? Tanto que me lo encargó para que no anduviera de coscolino, ¡Chingada madre!… ¿Huerta?, ¿cuál huerta, carajo?… ¡mi abuelo era sacador de coco!

Cojo maldito

Bien dicen que cuando la perra es brava hasta a los de casa muerde. Eso le pasó a un tipo sin una pierna despedazado a balazos frente a La Coprera. Cayó exactamente en el poste de luz de la esquina, atrás del cual se había parapetado para cazar a campesinos. Quién sabe si por la confusión o fue a propósito, el caso fue que lo acribillaron sus propios compañeros. Era un pistolero ‘‘calidad importación”, como presumían ellos. Lo habían traído de Tierra Caliente por su fama de manejar el M-l como si fuera resortera. Le apodaban El Alacrancito”. ¿Como pedir castigo divino para este cojo maldito, si Diosito conoce bien a los de su calaña y los manda derechitos a la lumbrada?

La Ruptura

La Unión Regional de Produc-tores de Copra había abdicado a su independencia gremial para entregarse a los brazos del gobierno del estado. Este participaría de los diez millones de pesos recaudados anualmente por impuestos especiales a la copra y los dirigentes de la URPC tendrían vía libre para ocupar alcaldías, regidurías, diputaciones y otros puestos públicos. Un matrimonio bien avenido bajo el régimen de bienes mancomunados.
La ruptura definitiva entre los grupos tradicionales se produce por millones, alrededor de cuarenta. Cantidad que se había gastado presumiblemente en una campaña fitosanitaria, para combatir una enfermedad grave del cocotero. Se conoció popularmente como “fungosis” y significó real amenaza para la riqueza coprera de Guerrero. Los recursos provenían de un impuesto especial de 13 centavos por kilogramo de copra, cuya producción en aquél momento fue de 70 mil toneladas anuales. La recaudación fiscal significaba los nada despreciables nueve millones de pesos, cada año.
No se incluía en esa conta-bilidad los casi tres millones de pesos que el gobernador Abarca Alarcón se había agandallado limpiamente al liquidar la Unión Mercantil de Productores de Coco, esta encabezada por el profesor Florencio Encarnación Urzúa. La negativa del mandatario para devolver tal suma fue calificada como un acto de ratería insolente, prepotencia y cinismo.
La injerencia en el asunto de dos secretarios del gobierno fe-deral y aspirantes a la presi-dencia de la República, le dio una perspectiva distinta y sospe-chosa. Uno era el profesor Juan Gil Preciado, secretario de Agri-cultura, teniendo como adelan-tado en Guerrero al diputado César del Ángel Fuentes. El otro, Luis Echeverría Álvarez, secretario de Gobernación, cuyo cuñado, diputado Rubén Zuno Arce, asesoraba a la URPC por muy buenas piastras.

 

Acapulco curios

Departamento de Acapulco

El 10 de octubre de 1841, Nicolás Bravo y Juan Álvarez emiten un manifiesto para toda la República Mexicana anunciando la creación del Departamento de Acapulco. Convocan, además, a una Junta de Notables de Chilpancingo para organizarlo.

El Benemérito

A un año del fallecimiento del Lic. Benito Juárez García , el Congreso del Estado de Guerrero recuerda con un decreto su estancia en Acapulco, procedente de su exilio en Nueva Orleans, Estados Unidos. De aquí viajará a la hacienda acapulqueña de La Providencia, de don Juan Álvarez, para unirse a la redacción del Plan de Ayutla , proclamado en este sitio por el general Florencio Villarreal.
Se trata del Decreto número 28 del 27 de junio de 1873. Dispone que a la denominación oficial de Municipio de Acapulco, deberá añadirse siempre el posesivo “de Juárez”. Acapulco de Juárez, Guerrero,

Jabones a centavo

El alcalde Juan R. Escudero es acusado de competencia desleal por las poderosas casas comerciales hispanas, provocando una carcajada en la población. Sucede ello cuando el Ayuntamiento ha instalado una tienda oficial denominada El Sindicato, con los precios más bajos de la ciudad. Tienda en la que, por ejemplo , un jabón vendido por los gachupines en ocho centavos costaba seis, dos centavos menos. Jabón elaborado en la fábrica La Especial, de ellos mismos.
La respuesta de los hispanos será drástica con tal de tronar al “satánico socialista”, como llamaban a Escudero. Bajarán el precio del jabón a razón de un tlaco, o sea, centavo y medio, que para ellos era como regalarlo. La respuesta de Juan será drástica; personalmente colocará en la tienda El Sindicato el nuevo precio del jabón: ¡medio centavo!
Los porteños alentarán en lo sucesivo guerras similares con productos como manteca, huevos, manta y rayadillo.

Periodos

Enrique Lobato Cárdenas, de oficio orfebre (en Acapulco, joyero) es electo primer alcalde de Acapulco para cubrir un periodo constitucional de dos años (1943-1944), hasta entonces sólo de12 meses. Mario Romero Lopetegui inaugurará en 1957 los trienios actuales.

Orígenes

La oriundez acapulqueña no ha sido nunca requisito indispensable para ocupar la alcaldía de Acapulco. Por ello los ha habido originarios y originarias de Atoyac, Petatlán, Chilapa, Huitzuco, Tecpan, Chilpancingo, Tierra Caliente, Ometepec, Oaxaca e incluso del extranjero.

Luz eléctrica

A propósito de estos últimos. don Samuel Muñúzuri , guatemalteco, es quien inaugura el alumbrado público del zócalo. La “planta” que lo genera es propiedad del hispano Enrique Colina, el primer gachupín que no es denostado por la población ¿Y todo por qué? Porque Laurita, su hija, era la adolescente más hermosa jamás conocida en el puerto.

Voto de censura

Insólito voto de censura de tres regidores del Ayuntamiento de Acapulco en contra del alcalde José Ventura Neri (1948), cuñado del gobernador Baltazar R. Leyva Mancilla. Los ediles Pedro Castrejón, Fernando Heredia y Enrique Lobato recriminaban un escándalo reciente del alcalde Ventura Neri en el cabaret Ciro’s del hotel Casablanca:
Allá, arriba, jugando a las carreras de tortugas en la alberca de la hospedería, Ventura arma un gran escándalo cuando el quelonio de su apuesta ha quedado rezagado. Enloquece lanzando insultos contra el animal y los organizadores acusándolos de tener arregladas las carreras. Y lo peor, convertido en un energúmeno saca su pistola Parabellum y dispara contra la tortuguita hasta matarla. .
Las carreras de tortugas eran entonces la atracción turística novedosa y exótica que, por irracional , cundió en todas las hospederías con alberca de Acapulco. Cumplía dos objetivos, el goce morboso por tan cruel desatino y el cruce impune de generosas apuestas

Precios

Siempre en busca de seguridad y ventas, los comerciantes costeños instalaban sus mercados muy cerca de parroquias y cuarteles militares. Tal fue el caso de uno de tantos instalado en plena plaza Alvarez, junto a la parroquia de La Soledad, ofreciendo básicamente productos del mar. Así, por ejemplo, una docena de ojotones y agujones se cotizaban en cinco centavos, lo mismo que un litro de leche bronca. Los blanquillos costaban tres centavos y por una gallinita criolla se pedía 12 centavos. El zoco sucumbirá durante el ciclón del 30 de octubre de 1912.

Los ejidos

El primer reparto agrario en el municipio de Acapulco (1929) beneficia con casi cuatro mil hectáreas a los campesinos de Amatepec y Tres Palos. El gobierno del presidente Abelardo L. Rodríguez crea los ejidos de Llano Largo, Puerto Marqués, Santa Cruz , La Garita, Kilómetro 30, Ejido Nuevo y Altos del Camarón. La dotación total alcanzará las 25 mil hectáreas. Luego, ¡p’atrás… p’atrás… p’atrás!

Hecatombe

El incendio de una pipa mientras descarga gasolina en un depósito de Pemex, en el centro de la ciudad, entre el mercado Zaragoza (hoy, Woolworth) y el palacio federal (hoy, Sanborns) provoca pánico general y justificados temores de una hecatombe si el fuego alcanza los tanques de almacenamiento . Los acapulqueños huyen del peligro por una ruta permanente de evacuación que los lleva a los cerros del anfiteatro y cuya eficacia ha sido probada por siglos.
Aquél día, 22 de enero de 1942, no queda ni una alma en el centro de la ciudad, solo dos personas. El chofer del carro tanque , Armando Ladrón de Guevara y su ayudante Mariano M. Mendoza, quienes sin acuerdo previo deciden enfrentar la peligrosa situación. Bastará que Ladrón de Guevara decida: “vamos a sacar la pipa antes de que vuele Acapulco ” para que Mendoza lo siga resuelto.
La pipa arde cuando cruza el mercado Zaragoza prendiendo a su paso todo lo que roza . Corre por la actual calle Cinco de Mayo provocando caos y confusión hasta que sale de la ciudad. El conductor logra su propósito de llegar a la playa de Hornos donde, con la ayuda de pescadores y bañistas , logran apagar el fuego con continuos lanzamientos de arena.
La hazaña de Armando y Mariano será reconocida y premiada por el alcalde Elpidio Rosales, tenido hasta entonces como el único líder obrero honrado del mundo. En ceremonia oficial los declara “hijos predilectos de Acapulco” y les entrega sendas bolsas con el producto de una generosa colecta popular. Promovida esta por los señores Samuel y José O Muñúzuri.

CTM vs CROM

Crea la CTM en 1939 una sección denominada Liga de Alijadores de Acapulco, destinada a romper el monopolio de la CROM en los muelles del puerto. Su primera acción será tan violenta como el abordaje al vapor Carrington, mientras era descargado por los cromianos. La sorpresa y los garrotes favorecerán esta vez a los piratas cetemistas
Pronto habrá un segundo enfrentamiento, esta vez en tierra. Los cetemistas asaltan las oficinas de la CROM en el barrio de El Rincón (La Playa) , siendo repelidos a sangre y fuego. El saldo será un cetemista muerto a balazos y medio centenar de cabezas rotas. Los cromianos izarán orgullosos su bandera roja. .

Tiburón

Mucho antes de incursionar en la industria turística (hoteles Del Pacífico y Lindavista), don Ramón Córdova Campos fue titular a los 20 años de una concesión para la pesca de tiburón en el litoral guerrerense . Su queja permanente será la de no darse abasto para surtir tanto pedido, particularmente del DF y Puebla.
Y era que don Ramón no ofrecía simplemente carne de tiburón sino que la cortaba y preparaba como si fuera bacalao.

Difamadores

Acapulco será pronto un lugar exclusivo para millonarios, escriben coincidentemente los columnistas del diario Excelsior, Carlos Denegri y Jorge Piñó Sandoval, luego de denunciar una escalada de precios y abusos en el puerto.
Ni tardos ni perezosos, Melchor Perrusquía, presidente de la Junta Federal de Mejoras Materiales, y Francisco de P. Carral, presidente del Comité Coordinador de Turismo, responden a los “difamadores”, como llaman a los periodistas, en una plana del propio diario Excelsior, contratada en tres mil pesos. Palabrería, mucha palabrería sobre Acapulco y finalmente un reto:
–“Que mencionen los difamadores un solo sitio turístico en el mundo con una oferta hotelera como esta de Acapulco:
¡Veinte pesos diarios por una habitación , incluidos los tres alimentos!

Tanto Denegri como Piñó vendrán a comprobar la oferta. Se pasarán aquí una temporada con familiares e invitados. Además, regresarán cargados

Sin grasa

Fracasa don Aurelio Lozano en su empeño por popularizar su sistema wearever, para cocinar sin manteca.
Desde su restaurante Eréndira, de Caletilla, doña Juana Quiroz, conocida por sus argumentaciones demoledoras, se pregunta; ¿ojotones fritos sin manteca?, y ella misma se contesta:
¡Ora sí que quienes lo dicen o no los han comido en Caletilla o están pero si rebien pendejos!

1950

Acapulco se convierte en los años de 1950 en el lugar de moda de los ricos y famosos. Las agencias de viajes y la publicidad lo promueven como el nuevo paraíso que atrae cada vez más a personalidades y estrellas de cine de todo el mundo. A propósito, la Semana Cinematográfica se organiza a partir de 1951 y unos años más tarde se transforma en una evento de talla mundial, la Reseña Mundial de los Festivales Cinematográficos de Acapulco.

Diego de Rivera

El excepcional pintor mexicano Diego de Rivera hizo su último viaje a Acapulco. Aquí estuvo siete meses residiendo en la Casa de los Vientos, de Lola Olmedo, una de las más grandes coleccionistas de su obra. Diego morirá al volver a su estudio en la ciudad de México, en noviembre de 1957

La Inalámbrica

Durante el gobierno del general Silvestre Mariscal se descarga erróneamente de un barco un sistema de comunicación inalámbrica cuyo destino era el poblado de Acajutla. Enterado de ello, el gobernador Mariscal ordena su decomiso e instalación. Problemático esto último por incluir una torre de acero de muchos metros de altura, a la que no respetará el ciclón de 1934.

 

Cuba-Acapulco

La cubanidad

Las oleadas de artistas cubanos hacia México se sucederán una tras otra a partir de finales del siglo XIX. Muy intensas a la mitad del XX figurando entre ellas grandes músicos, cantantes, soneros, orquestas, trovadores, cómicos y hermosas bailarinas de rumba. El primer gran salto lo habrán dado tres géneros musicales: el son, el bolero y el danzón, seguidos luego del mambo, el chachachá, el fílin (estilo romántico surgido en los años 40) y la Nueva Trova. Poco más tarde, propios y entrañables.
Algunos de aquellos creadores fueron igualmente adoptados por México, aunque no faltaron quienes hicieran de este país una segunda patria. Entre muchos Absalón Pérez, director de orquesta de la XEW y Consejo Valiente, un timbalero cuyo nombre artístico –Acerina–, identificará a su orquesta danzonera. Misma línea de Arturo Núñez, también compositor (Nuestra cita). Quien de plano se queda en Acapulco es Pascual Capote, Chimmy Monterrey, quien lo mismo le tocaba los cueros a María Antonieta Pons que a Rosita Fornés. Uno de los grandes personajes venidos de Cuba, cabeza de una familia ejemplar, lo mismo que el saxofonista Ezequiel Barreto.
El pianista Juan Bruno Tarraza llega a México acompañando a Toña La Negra y en su primer viaje decide quedarse aquí. Cubrirá las noches del trópico con las notas vibrantes de su piano y de sus amorosos boleros (Alma libre, Oye, corazón, Como el besar y Soy feliz.) Con este último alcanzará las nubes cuando María Victoria lo haga suyo: “¡es que estoy taaannnn enamorada!
Otro cubano cuya figura fue familiar en el puerto se llamó Celio González, quien había llegado como cantante de la Sonora Matancera (Total, Amor sin esperanzas y Vendaval sin rumbo). Otros grandes de la inmigración isleña: Mario Álvarez Jiménez (Rumbo perdido, Sabor de engaño y Vuélveme a querer). Oswaldo Ferrés, cuyos boleros abrevan en las fuentes larianas (Acércate más, Toda una vida, No, no y no, Tres palabras y Quizás, quizás, quizás).

El Benny

Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, El Benny, fue sin duda un personaje fuera de serie que triunfa en México antes que en Cuba. En opinión del sonero Miguelito Cuní, “Benny Moré terminó de hacerse en México como gran intérprete y fue aquí también donde cultivó los tonos graves que antes no poseía”. Cuando lo escuché en la isla le dije: “¡muchacho, ahora sí que estás completo!” Fue El Benny, por cierto, quien le abrió paso en México a Dámaso Pérez Prado, “el carefoca, rey del mambo”, de cuya orquesta fue cantante sensacional (Bonito y sabroso, Esta noche, Corazón, Pachito eché y Cómo fue). Temas estos con los que alcanzará en Cuba el título de “máximo sonero de todos los tiempos”.
Benny coincide aquí con Isolina Carrillo, pianista del conjunto Siboney (Olga Guillot, entre ellas), autora de Dos Gardenias. También apalanca a Roberto Boby Collazo (La útima noche), quien no necesitó otro bolero más para subir a la cumbre. Tampoco lo necesitó diez años atrás Sergio de Karlo con Flores negras. Una radio mexicana con solo monstruos sagrados cubanos como Rita Montaner (Angelitos negros) y los cómicos de la Tremenda Corte con Tres patines, Luz María, Nananina y Reducindo Caldera y Escobina, entre otros.

Prío Socarrás

Cuando ha cumplido seis años su estancia en México y tenga un pie en el estribo para regresar a su isla tan parecida a un “largo lagarto verde” (Nicolás Guillén), Benny Moré participa con toda la “cubanidad” en la recepción al presidente de Cuba, Carlos Prío Socarrás, de visita en México, quien diijo emocionado que “México y Cuba son las alas de un mismo pájaro”. Apenas regrese a Cuba, Prío será derrocado por Fulgencio Batista –quien, por cierto, había estado en Acapulco en tiempos del presidente Lázaro Cárdenas, esperando su asilo político en Miami, Florida.
Prio Socarrás se queda en México, esperando seguramente la revancha , contando con la asesoría de relaciones públicas del periodista mexicano Agustín Barrios Gómez, autor de la columna Ensalada Popoff de Novedades de México y propietario de los cabarets Afro de la capital y Rumba Casino de Acapulco. Aquí, Prío se convertirá en una personaje en las deslumbrantes noches de cabaret del puerto, contando con la alcahuetería del gringo mafioso Alfred C. Blumenthal, gerente de los hoteles Reforma de la ciudad de México y Casablanca porteño. El chaparro y rubicundo personaje le conseguirá al ex presidente “viejorrones como de calendario”, ello al decir del personal del cabaret Ciro’s, donde las presumía. La noche que Socarrás lance los canes sobre la estrella del lugar, la actriz y cantante brasileña Leonora Amar, un elegante mastodonte lo para en seco con esta advertencia: ¡Cuidado, señor cubano, que es la novia del señor presidente de México. ¡Coño!

Voces y sonidos

Las voces y los sonidos de Cuba cubrieron por muchos años los programas de mayor audiencia de la XEW. Allí triunfaron El Benny, por supuesto, Celia Cruz (Tu voz), Olga Guillot (Miénteme), Bola de Nieve (Si me pudieras querer), Ernesto Lecuona (Siboney y María la O); Miguelito Valdez, Mister Babalú, cantante de la orquesta estadunidense de Xavier Cugat (México, yo te canto y Taboga). Por su parte, Bienvenido Granda, El bigote que canta, (A la orilla del mar), estremecía a su público con el drama del compositor Pedro Junco, de Pinar del Río, quien había muerto de una tuberculosis fulminante. La novia rechazada entenderá entonces por qué aquello de: Nosotros, que nos queremos tanto debemos separarnos, no me preguntes más… (Nosotros, la canción póstuma del poeta).

Grandes

Aída Diestro reunió en el Cuarteto D’ Aída a las más grandes voces cubanas de todos los tiempos: Elena Burke, Moraima Secada y las hermanas Haydé y Omara Portuondo (un asombroso prodigio de vitalidad esta última: Yényere cumae y El bombón de Elena). El Cuarteto Rivero, ya sin Facundo, cubría aquí largas temporadas en las que nunca faltaba su siempre grata Serenata mulata. Por su parte, Gilberto Urquiza entrega aquello de ¡Hola, qué tal! y los hermanos Rigual cantan “Cuando calienta el sol aquí… en Caleta. Por entonces una canción cubana dominaba el ambiente acapulqueño: Tú me acostumbraste, de Frank Domínguez, junto con Imágenes. Sonaban fuerte las orquestas de Mariano Mercerón (La Margarita), Chico O’ Farill (Suite Azteca); América, de Ninón Mondéjar (Los Marcianos) y Enrique Jorrín, creador del chachachá: La blusa azul y La Engañadora)

Salón México

Emilio Indio Fernández convoca a la orquesta Son Clave de Oro, de Orlando Guerra, para meter ritmo a su celebérrima película Salón México. Otros vocalistas del grupo, Moscovita y Chepilla (Un meneíto nomá, Camina como Chencha). El primer cantante de la orquesta de Pérez Prado fue Cecilio Kiko Mendive (México lindo y El Caballo y la montura). Barbarito Diez canta temas a ritmo de danzón o “danzonetes” (Lágrimas negras). Oscar López: Boquita azucará y Corazón no llores. Rosita Fornés, deslumbrante vedette casada con el cómico mexicano Manuel Medel. También, el Trío Matamoros (Lágrimas negras) y Moisés Simons (Bilongo).

Más músicos cubanos

Mario Fernández Porta, pianista y compositor (Qué me importa y No vuelvo contigo). César Portillo de la Luz, uno de los iniciadores del filin (Contigo a la distancia y Delirio). Bienvenido Granda (Soñar, A la orilla del mar). Yeyo y Cané (Bembelem) y Francisco Fellove (Mango mangüé) . El Cuarteto Rufino –solo Mamá era isleña– (Clavelito); Famie Kaufman “Vitola” (Chibiribirí), Miguel Licea, “Puntillita”; Luis Marqueti, Amor que malo eres y Dalia Iñiguez , actriz y declamadora.
Las hermanas Benítez (Cora-zón de melón), cuyo espectacular show permaneció un año en el hotel Club de Pesca.

Las Rumberas

De las rumberas venidas de Cuba, María Antonieta Pons será la primera en presentar aquí, en 1954, un fastuoso espectáculo en el cabaret Cantamar del hotel de Las Américas. La acompañaron las orquestas de Gonzalo Curiel y Luis Alcaraz y como primer bailarín Raúl Martínez, el más tarde actor villano y director de cine. Las otras tres rumberas cubanas que fueron familiares en el puerto fueron Ninón Sevilla, Rosa Carmina y Amalia Aguilar (Meche Barba era mexicana)

La Gloria eres tú

El cubano José Antonio Méndez, uno de los más grandes creadores románticos de todos los tiempos, canta por primera vez en Acapulco su canción La Gloria eres tú con la que años atrás había tenido problemas con su registro gubernamental. Todo fue cuestión de cambiar un desdigo por un bendigo, explicaba a su auditorio y aquí estoy para hacerlo:

“Dicen que la gloria está en el cielo, que es de los mortales el consuelo al morir, bendigo a Dios porque al tenerte yo en vida, no necesito ir al cielo tisú, si alma mía, la gloria eres tú.

 

Mi reino por un amor

Príncipe azul

Al mando del príncipe Eduardo de Gales, el acorazado MHS Renow de la Real Marina inglesa penetra a la bahía porteña (9 de septiembre de 1920) y lo hace silenciosamente. Silenciosos los cañones del Fuerte de San Diego y silenciosas las campanas de la iglesia de la Soledad, unos y otras a cargo de las bienvenidas sonoras al puerto. ¿Descuido? No, una razón de Estado imponía aquel silencio sepulcral: México no mantenía entonces relaciones diplomáticas con el Reino Unido.
Misma razón por la que el alcalde, don Juan H Luz, no había ordenado la limpieza de las llaves de la ciudad y tampoco preparado la bienvenida a los visitantes ponderando, en su caso, “a la monarquía como el mejor sistema de gobierno del mundo”. Tampoco la escuela Ignacio M. Altamirano ha movilizado a su alumnado para que agiten banderitas mexicanas e inglesas al paso de los visitantes.
Y en el colmo, se negará permiso a un grupo de hermosas adolescentes para acudir al muelle para cumplir sus deseos: Conocer “aunque fuera de lejitos” a un “auténtico príncipe azul”.
Eduardo de York baja en el muelle de madera del puerto, frente a la plaza principal, y lo hace luego de que la Secretaría de Relaciones Exteriores ha autorizado su desembarco, vía telegráfica por supuesto. El inglés viste el uniforme azul de la Marina inglesa y lo luce con gallardía y apostura, como dicen las crónicas sociales de su país, donde él es árbitro de la moda y la elegancia europeas. Lo acompañan cuatro oficiales en calidad de guardia personal.
El también duque de Cornualles y Rothesay cruza la plaza principal para visitar la parroquia de la Soledad. Lo hace solo momentáneamente, por celebrarse en ese momento un rito mortuorio. Sale y da unos cuantos pasos para llegar al mercado de la ciudad (ubicado en el espacio ocupado hoy por el edificio Pintos), llamando poderosamente su atención que los comestibles, particularmente frutas y vegetales, se ofrecen en el piso sobre petates. Hasta él llegan los olores despedidos por las cazuelas humeantes de una fonda localizada más adelante y hacia ella se dirige.
El hijo del rey Jorge V y la reina María estará a punto de infarto cuando la propietaria del establecimiento, doña Bocha Castrejón, lo invite a pasar con estas palabras: “pásale, mi rey, estás en tu casa”. Ante su expresión dramática, acompañada de un angustioso ¿¡cómo?! , uno de sus ayudante evita el colapso informándole que no se trata de una mujer pitonisa sino simplemente de una dama que trata de “mi rey” a toda su clientela masculina. Le dice también que la dama tiene fama de ser la mejor cocinera del puerto y que su mejor guiso son las albóndigas de res y cerdo preparadas con almendras, yerbabuena, cebolla picada , pasitas, huevos duros y una pizca de comino. Ora que el caldillo lleva jitomates, cebolla, ajo, canela, laurel y poquitita manteca, añade solícito.
“Las voy a probar –le responde el príncipe– y si me gustan, anota la receta para que se me preparen en palacio”.
Edward-Albert-Cristian-George-Andrew- Patrick-David imita fielmente a un comensal vecino. Utiliza los dedos índice y pulgar de la mano derecha para para extraer de la cazuela una albóndiga y hacerla taco con una gruesa tortilla. Mastica el taco para luego, también como el vecino, beber el caldillo directamente del plato-cazuela.
Lo cuatro ayudantes se miran azorados condenando en silencio tan grave transgresión a los normes elementales de urbanidad y particularmente a la etiqueta rigurosísima de la Corte de Saint James. No obstante, sonríen
Doña Bocha se seca la manos con su delantal para recibir el saludo y felicitación del futuro duque de Windsor, agradecido por tan regio banquete. Ella le recomienda tomar sal de uvas porque “las albóndigas son muy pesadas, mi rey”.
¡Ándele, mi rey, que el buen Dios lo acompañe!, se despide la dama después de negarse a cobrar las albóndigas. “¡Son un regalo de Acapulco, mi rey!”, las ofrece.

Pie de la Cuesta

Intrigado por lo que ha escuchado en la fonda sobre un lugar llamado Pie de la Cuesta, el príncipe inglés pide visitar el lugar del cual regresará hablando maravillas. “Los tumbos son tan grandes como montañas y el mar chisporrotea al ocultarse el sol”. Un espectáculo jamás presenciado, prometiéndose alguna vez regresar.
El príncipe de Gales ocupará su segundo día en Acapulco para rendir homenaje a un marino de su patria, el Almirante Reginald Carey Brenton quien ,luego participar en la creación de la Marina mexicana y jubilado de la suya opta por dedicarse a propagar el protestantismo por todo Guerrero, decidiendo finalmente residir en Ometepec.

Rey Eduardo VIII

Cuando hayan transcurrido dieciséis años de su visita a Acapulco, el príncipe de Gales será coronado como rey del Reino Unido y Emperador de la India con el nombre de Eduardo VIII. Lo será por escasos 326 días, tras los cuales renuncia con una frase sacada de un cuento de hadas:

¡Mi reino por un amor!

En efecto Eduardo VIII renuncia a ser soberano del Reino Unido para poder casarse con su amante Wally Simpson (gringa, dos veces viuda, pobre y no guapa). Una unión a la que se opone principalmente la iglesia de Inglaterra, cuyos jerarca comentan sarcásticamente no haber visto revoloteando la Abadía de Westminster el espíritu chocarrero del rey Enrique VIII.
La novela rosa urdida en torno al romance del monarca y la viuda tendrá el fondo perverso de una conspiración fraguada por los ministros de la Corte, los obispos e incluso los suyos. Aceptan haber pasado por alto la ligereza de Eduardo en aras de la modernidad, su fama de mujeriego y en fin que su conducta licenciosa desprestigiara a la Corona. Coinciden todos en que nunca podrían pasar por alto las simpatías del monarca para Hitler.
Por ello, la decisión del rey de casarse con una mujer de no muy buena reputación, les vendrá de perlas para obligarlo a renunciar a favor de su hermano, Jorge VI.
Ya sin corona, el ahora Duque de Windsor se casa en Francia con la señora Simpson (1937) y un año más tarde ambos recorren Alemania atendidos por el propio führer Adolfo Hitler
Durante la Segunda Guerra Mundial el ex monarca será nombrado gobernador de Las Bahamas, siempre vigilado por la inteligencia británica. Entonces tendrá tiempo para contarle a su esposa su inolvidable viaje al puerto de Acapulco.

Carey Brenton

El presidente Porfirio Díaz decide crear una escuela naval en México y recurre a la Gran Bretaña, con fama de tener la mejor marina del mundo. Solicitará entonces a la reina Victoria su cooperación para ese propósito y es así como se contrata los servicios de los dos almirantes en retiro, Reginald Carey Brenton y A. Baresford. Ambos iniciarán sus tareas conduciendo a México un barco escuela armado en los astilleros franceses de Forbes Chrustier, bautizado como El Zaragoza.
Su primer encuentro con la bahía de Acapulco provocará en Brenton un gran impacto emocional, mismo que dejó impreso en su diario con el comentario de que “jamás había visto una igual en el mundo”.
Jubilado por la Marina de su país y de la mexicana después de cinco años, Brenton decide cumplir su viejo anhelo Y es así como, convertido en misionero de la iglesia presbiteriana, recorre los pueblos del sur de la entidad. Monta una acémila y jala otra cargada con ejemplares de la Biblia, que reparte entre sus escuchas.

Ometepec

El predicador de la iglesia presbiteriana Reginald Carey Brenton tuvo tres sedes durante su tarea apostólica: Chilpancingo, Teloloapan y Ometepec, asentándose finalmente en esta última de la Costa Chica de Guerrero Aquí morirá el 18 de abril de 1921 y será inhumado en el cementerio de la localidad.
Allá mismo, el 24 de mayo de 1962 se levanta un monumento en su honor con la participación de marinos mexicanos y la embajada británica que aporta una bandera de su país, para que ondee en honor del inglés que ha sido llamado “padre de la marina mexicana”. La placa de bronce reza :
“Reginald Carey Brenton, capitán brigadier de la Marina Mexicana y Real Marina Británica (1848-1921) Ciervo de Dios y de los hombres, dejó su tierra natal para dedicar su vida a México”.

Hospital de la amistad

Diecinueve años más tarde (1940) arriba a Ometepec una pareja inglesa formada por el doctor James y su esposa Margarita Jorce, para fundar el Hospital de la Amistad, a la memoria de Carey Brenton.

Colegio Reginald Carey Benton

Otra institución que lo recuerda es el colegio que lleva su nombre. Sus directivos dicen: “somos una empresa especializada en escuelas de educación secundaria del sector privado, operando desde julio de 2010.”

 

Las Sirenas de Acapulco

El soiré

El Club Sirenas de Acapulco fue una célebre organización femenina nacida en los años cuarenta y dedicada al servicio de los demás, particularmente de la infancia porteña. Lo integraron sólo “damas en edad de merecer” y por tanto respondiendo siempre a la definición de nuestro José Agustín Ramírez: “acapulqueña, linda, acapulqueña”. Sus festejos fueron los más esperados y entre ellos las posadas decembrinas.
Todo empezaba con la exigente elección del soiré para la fiesta, necesariamente provocador de comentarios aduladores y envidias ajenas. Las revistas de modas, nacionales y extranjeras, se agotaban rápidamente exigidas por las costureras porteñas laborando sin parar la mitad del año. Sirenas, se ha de decir, atrapadas por los nuevos aires de la moda atizados desde Francia por el célebre Christian Dior. Se trataba básicamente de recuperar las formas femeninas escondidas por la escasez de telas obligada por la guerra. El gurú galo de la aguja y el dedal verá cumplida, finalmente, sus órdenes de marcar la cintura, el pecho y muy particularmente las caderas.
Entonces las faldas alzarán el vuelo luciendo más largas. Y no sólo por puritanismos trasnochados, sino porque, para monsieur Dior, la rodilla de la mujer era poco o nada estética. Y peligrosa, decimos nosotros, cuando se dirige violentamente sobre salva sea la parte del varón.

La posada del 46

El Hotel Bahía abre sus puertas por primera vez el 16 de diciembre de 1946 para recibir a los asistentes a la Posada de las Sirenas, amenizada por la orquesta del maestro Miguel Lerdo de Tejada, con gran prestigio en el país. Nombre que aquella noche dará pie para varios comentarios una vez conocido como hijo de Miguel de los mismos apellidos, fundador de la célebre Orquesta Típica de la Ciudad de México. Bisnieto a su vez de don Sebastián Lerdo de Tejada, quien ocupó la presidencia de la República a la muerte de don Benito Juárez, reeligiéndose tramposamente para el periodo siguiente. Un miembro de la corporación narra el suceso: “Echado del país, el falso presidente Lerdo de Tejado llega a Puerto Marqués, donde logra embarcarse con destino a Nueva York. Lo hace con esta despedida: “Patria querida, nunca volveré a ti mientras estés avasallada por el más pérfido de los oaxacos”
Así, cuando tiempo después Lerdo muere en Nueva York, don Porfirio, “el pérfido oaxaco”, repatriará sus despojos mortales para darles sepultura en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Él mismo presidió la ceremonia y al partir colocó discretamente una placa metálica sobre la tumba con este reproche:
“¿No que no volvías, cabroncito?”

Ellas:

Aquella noche de 1946, las Sirenas de Acapulco tuvieron su primera exitosa presentación ante la sociedad acapulqueña, deslumbrando cada una de ellas por su belleza y elegancia pero principalmente sus atenciones: Eloísa Soberanis, Nila Gómez, Elo Batani, Rufina Sierra, Albertina Fares, las hermanas Aragón: Altagracia, Amelia y Andrea; Julia Polín, Amparo Valverde, Beatriz y Dola Schekaiban, Noelia Romero, Estela Aguirre, Malicha Carmona, María de los Angeles Trani, Concepción Berdeja, Cristina Cadena, Elena Muñúzuri, Guadalupe Batani, Herminia López, María Luis Medina, Matilde Sabah, Noelia Romero, Nora Sabah y Rafa Alarcón.

Hotel Casablanca

Acapulco experimentaba cada año transformaciones radicales en su fisonomía serrana y este no fué la excepción con la inauguración del hotel Casablanca, en el cerro de La Pinzona (su dueña era la viuda de Pinzón), construido por los arquitectos suizos Max Webber y Max Lour. Hará pareja con el hotel Del Monte, en operación.

Glenn Miller

El músico estadunidense Glenn Miller, desaparecido años atrás en los escenarios de la guerra europea, seguirá haciendo bailar sus temas a los jóvenes de todo el mundo y los acapulqueños no fueron la excepción en un dominio pleno del swing. Revoloteando ellas las faldas amponas y ellos las valencianas marineras alegraban las reuniones al ritmo de Patrulla americana, Jarrito pardo, Chattanooga choo choo y Tijuana taxi. Y, llegada la “hora de raspar” (el piso, se entendía): Collar de perlas, Serenata a la luz de la luna, Rapsodia en azul y Pensilvania 6555 (el número telefónico de su hotel en Manhattan)

Salvavidas

Si bien el servicio de guardavidas en las playas Acapulco era voluntario de muy antigua data, este año de 1946 se integrará por primera vez un equipo profesional capacitado y equipado en la ciudad México. El primero fue integrado por Teodoro Aguirre, Andrés Tobías, Ramón López Rodríguez, Adolfo Soberanis, Jesús Serrano, Manuel Muñiz, Adolfo y Luis Palma.

La posada del medio siglo

A la señoritas Elo Batani, Elenita Avellaneda y Magos Arrieta , dirigentes del Club Sirenas de Acapulco en 1950, les tocará organizar la “Posada del Tostón”, como será llamado el evento de ese final de año. Fue escenario del mismo el hotel de las Américas, casi en la punta de la península de Las Playas, estrenando un acceso de arquerías El carnet musical, como se decía entonces, estuvo a cargo de Los solistas de Fernando Vilchis y de la marimba Orquesta Costagrandina de los Hermanos Barrientos. Sus piezas más bailadas: Amorcito corazón, Sin ti, Porqué negar, Corazón, Quinto patio, Sin un amor, Contigo y los ritmos guapachosos recién llegados de Cuba.
Los agradecimientos y las felicitaciones fueron para Gloria de la Peña, María Elena López, Alicia del Río, Adelita Trani, Angélica Salgado, Toñita Romero, Carmen Canto, Celia Garay, Otilia García, Rufina Sierra, Hilda Solís, Nila Gómez, Leticia Salgado, Elba Orbe, María Luisa Carmona, Tere Peña, Carmen Sánchez, Margarita Muñúzuri, Matilde Muñúzuri, Oliva Romero, Matilde Sabah y Otilia García,

Los 17 años del Club

Las chicas del Club Sirenas de Acapulco echan la casa por la ventana para celebrar sus 17 años de existencia. Lo hacen el 15 de agosto de 1958 con un baile en el hotel Papagayo, amenizado por las orquestas de Ismael Díaz, metropolitana, y Teddy Vargas, local. La organización del festejo estuvo a cargo de las sirenas Violeta Avayou, Teté Castillejos y Tere Gutiérrez Zertuche.
Aquella noche, frente a la playa de Hornos, porteñas y porteños tuvieron la oportunidad de bailar con la orquesta de Ismael Díaz, sólo escuchada hasta entonces en dos de sus discos: Honeymoon in Acapulco y En Acapulco. Temas como Bailando en el Tropicana, Obsesión, Que sean felices, Nocturnal, Secreto eterno, Caravana, Rapsodia húngara, Carioca, Mulatas del cha cha chá

El repertorio de Hoagland

El repertorio musical de la orquesta californiana de Evert Hoagland resultaba en aquellos años familiar para los acapulqueños, ello a fuerza de escúchalo todas las noches a partir del cabaret Ciro’s del hotel Casablanca, en La Pinzona, bajo el sugerente título de “luces tenues, música suave”.
A ello se deberá, sin duda, que durante el baile de aniversario de las Sirenas se escuchen peticiones a la orquesta de Ismael Díaz de temas como Todo o nada, Por razones sentimentales, Luna azul, Bailando en el Ciro´s y Medianoche en Ciro’s

Nuevas sirenas

Para entonces se han incorporado al club nuevas Sirenas y entre ellas: Irma Pano, Chabela Robles, Lourdes Montano, Tere Barney, Margarita Juárez, Ramona García, María Elena Barney, Rosario Gómez Vela, Xóchilt Alberti, Enriqueta Sánchez, Delia Lozano, Estela Juárez, Gela García Lobato, Candelaria Muñúzuri, Carmen Ardura, Hilda Pineda, Alma Rebolledo, Reina Aguirre y Margarita Arrieta.

La posada del 61

Guerrero acababa de vivir una de sus más severas convulsiones políticas y sociales que dejan a la entidad sin gobernador y a Acapulco sin alcalde. El primero, Gral Raúl Caballero Aburto es sustituido por el ministro de la Corte, Arturo Martínez Adame y el periodista Jorge Joseph Piedra por el abogado Canuto Nogueda Radilla. Las Sirenas, no obstante, preparaban la posada del 61. Dirigen la organización del sarao Margarita Arrieta, Delia Adame y Enedina España y ellas han decidido que el festejo tenga como escenario el hotel Majestic (por las noches La máquina de escribir) y que una orquesta local haga bailar a los asistentes.
Allí estuvieron Ana María Morlet, Yolanda Batani Cabrera, Rocío del Río, Violeta Avayou, Laura Caso, Berta Betancourt, Gela García Lobato, Carmen Pintos, Celia Robles, Delia Lozano, Elizabeth Lugo, Estela Juárez, Lupita Mejía,la entidad g raciela Sánchez, Hilda Pineda, Irma Berdeja, Leticia Gurrola, Magdalena López, Ramona García, Rosa Ma. España y Thelma Arrieta.

Mi compadre Tadeo

Para Vicky Arredondo Terán, con cariño.

El compositor

Fallecido el 1 de julio de 1976 en un accidente carretero cerca de Tierra Colorada, Tadeo Arredondo Villanueva mantiene hoy, a distancia de medio siglo, su preeminencia como el creador musical más leal y amoroso de Acapulco:
Viejo Acapulco, A la feria de Acapulco, Adiós a Acapulco, Serenata en La Quebrada, Carnaval en Acapulco, Diciembre en Acapulco, Mi barrio, Virgen de La Soledad, La leyenda del pescador, En Acapulco te espero, Tlacopanocha y Agüita de mar.
Tadeo viene al mundo el 30 de junio de 1936 en el seno de la familia formada por don Filiberto M. Arredondo Suástegui y doña Aldegunda Villanueva Molina, ambos de San Marcos, Guerrero, y siete hermanos: Belarmino, Ezequiel, Rigoberto, Darbelio, Idolina, él y Ervey
Don Fili, como lo llamaba todo mundo, fue administrador de la oficina federal de Telégrafos de Acapulco hasta su jubilación, mientras que doña Gunda se significará como mujer muy devota además de gran emprendedora. Ella se encerrará por mucho tiempo en su profundo dolor por la pérdida del mayor de sus hijos, Belarmino, asesinado durante una riña callejera en la Ciudad de México, donde estudiaba Arquitectura. Ezequiel, Medicina y Rigoberto, Derecho, los tres en la UNAM. Ambos con servicios distinguidos en Acapulco. Fue ella la que me preparó para mi primera comunión.

Divina noche

El autor de Atolito con el dedo fue un creador precoz. Que digo precoz, precocísimo. Cursaba el tercer año de primaria en la escuela Ignacio M. Altamirano cuando sorprende a todos por igual –padres, maestros, hermanos, amigos– con su opera prima titulada Divina noche. A partir de entonces y hasta su muerte tendrá como obligación casi monacal la de correr el lápiz, saliera lo que saliera; si bueno, mejor.
Al año siguiente, en cuarto año, ya descubierta su faceta de creador musical, estimulado por la directora Carolina Vélez viuda de Leyva, Tadeo acepta participar en un festival escolar, pero condiciona que sea con un trío. Lo tiene formado con su hermano Ervey y un amigo de ambos, Anituy Rebolledo Ayerdi, su vecino recién llegado de San Jerónimo de Juárez. Él, la primera voz y la única guitarra, por supuesto, su hermano y vecino las maracas, formando un coro de dos en lugar de las clásicas segunda y tercera voces.
Se les bautiza como Los Costeñitos y visten de blanco tocados con sombrero de palma y un pañuelo azul anudado al cuello, el color de la Altamirano. En adelante serán el ajonjolí de todos los festivales escolares. Con Tadeo coincidíamos también en la Banda de Guerra del plantel, él, tambor, yo, corneta.
Mi compadre Tadeo fue un compositor de soledades. La soledad fue su compañera inseparable a la hora de convocar a las musas de las creación. Le venía de años atrás cuando, una vez apagada la luz, prendía una vela para correr la pluma hasta caer vencido por el sueño. Guardado bajo llave el cuaderno cómplice de aquellas letras, ocultando las voces del alma como si se tratara de pecados capitales. Había en ello el temor comprensible a la burla ajena, conociéndola cruel y despiadada frente a sensibilidades diferentes. Su mayor temor era caer en la cursilería.
No fue él de hacer anotaciones en servilletas o cajetillas de cigarrillos como los clásicos. La creación fue para Tadeo, como se dice, un acto solitario, íntimo. Tampoco buscó y menos aceptó opiniones ajenas. Nunca “a ver qué te parece esto que escribí anoche” o un “¿cómo se oyen estos versos? ”. Acostumbró dar a conocer sus obras ya terminadas, pulidas.

La Secundaria Federal 22

Vendrá luego la Secundaria Federal 22 en su edificio original de adobe en La Quebrada y Madero, destruido totalmente y sin víctimas por haber temblado en domingo. Un sonorísimo ¡gracias Dios mío! hará eco en las nubes provocando aires benignos. La secundaria vivirá arrimada dos cursos, en las primarias federales José María Morelos y Ávila Camacho. Tadeo y su guitarra será el alma de las tertulias juveniles y de la serenatas románticas epilogadas algunas con tremendas corretizas: padres enfadados o novios celosos. El cuaderno secreto del compositor ya contenía varias páginas llenas: Tu ausencia, Mi cielo, Mi tormento y Divinos ojos, no pocas inspiradas en amores primerizos, fugaces. No lo será el que despierte en él la compañera de grupo Chevita Terán Radilla, a la que hará su compañera de vida cursando el cuarto año.

Tadeo y Chevita

La juvenil pareja se instala en una casita con jardín frontal en la avenida Cuauhtémoc. Será el destino el que se encargue de reunir en tan pequeño universo a dos grandes cantores de Guerrero. A un lado del número 120 de los Arredondo-Radilla,vive el maestro José Agustín Ramírez, quien celebrará aquel encuentro haciendo del joven su alumno preferido. Y era que éste no sabía leer música, la tocaba y cantaba “de oreja,” como se decía en la jerga del oficio. Así, cuando muera el autor de Acapulqueña, Tadeo será el primero en ofrecer a su maestro una ofrenda lírica titulada El trovador de Guerrero.
Nace el primogénito y como lo dispone la costumbre costeña llevará el nombre del padre, Tadeo, y a quien el orgulloso progenitor le cantará en la cuna Lo que soñarás. A Tito, como se le conocía, lo apadriné en su primera comunión, convirtiendo a Tadeo y a Chevita en mis compadres. Cuando llegue más tarde el último retoño de la familia, como regalo de cumpleaños para él, se la bautiza con el nombre de Virginia, a la que el papá dedica un amoroso canto titulado simplemente Vicky. Más tarde, también para ella, Colegiala. Tito morirá mucho más tarde convertido en joven y eficaz medico.

Darbelio Arredondo

Dueño de una voz sonora y bravía, Darbelio Arredondo fue fiel interprete de su “hermanito Tadeo” y por tanto difusor de su musica dentro y fuera de la entidad: Leticia, Sanmarqueñita del alma, Atolito con el dedo, Rumbo a la Costa Chica, Igualteca, Tixtla, Coyuca de Benítez, San Jerónimo, Petatlán, Ixtapa-Zihuatanejo, Alma aventurera, Di que sí, no quizás, Venteñita, Cruz Grande, Costeña hermosa y más.

La canción social

Mi compadre Tadeo no pudo sustraerse a un movimiento musical de protesta o canción social, que si bien se dio en todo el mundo, tuvo sus más genuinos precursores en cantantes y compositores latinoamericanos. Su contribución fue breve:
El bracero, El campesino, La mordida, Págale bien a esa gente y Que se lleven todo.

El IRBA y Las Máscaras

Tadeo Arredondo se une a finales de los años 50 al esfuerzo cultural del Instituto Regional de Bellas Artes de Acapulco, dirigido por el pintor Luis Arenas y su esposa Macrina Rabadán, operando en la azotea del edificio Pintos. No debuta como maestro de composición musical sino como maestro de danza regional y lo hace durante una Muestra Nacional de Danza Guerrerense, en la Ciudad de México.
Conoce al profesor Roberto Ceballos, quien lo interesa en participar en el Teatro de las Máscaras. Ya incorporado al grupo, actuará en varias obras y entre ellas Los sumergidos y Escuadra hacia la muerte, con menciones honoríficas.
Fue en sus andanzas culturales cuando mi compadre conoce al escritor y escultor Alberto Chessal. A él, durante una visita a su taller, le pide que jure que nunca lo convertirá en uno de sus “monotes”. Alberto no lo hace y por ello no tendrá reparos en ofrecer la realización gratuita del bronce de Tadeo. Ello en 2005, cuando el alcalde Alberto López Rosas le rinda un homenaje póstumo develando su busto en la avenida Universidad. Debo decir que no hubo ningún homenaje póstumo para Tadeo en el que no haya intervenido el ometepecano Clodulfo Palacios.

Celia Cruz y Tadeo

El periodista Arturo Escobar, el cronista de sociales por excelencia, y yo, conducíamos en los años 70 un programa de radio por la XECI, de Lalo Morales. Dedicados sábados a entrevistar a los debutantes en el cabaret El Zorro, de Alejandro Castrejón, lo hace la cantante cubana Celia Cruz. Aprovechamos para presentarla con Tadeo, quien ya la buscaba de tiempo atrás para ofrecerle dos temas creados sólo para ella.
–¡Ay, muchacho, pero si tú eres tú, Tadeo, el compositor de El mudo de la Sonora Santanera!, exclama ella cuando lo tiene enfrente para luego llamar a su esposo, Pedro Knight (ex trompetista de la Sonora Matancera), haciendo los tres un aparte para platicar.
La cara de felicidad de mi compadre lo decía todo. La pareja cubana le había aceptado una propuesta que consumarían seguramente en su próxima visita al puerto. “Si se hace, ya la hiciste, cabrón”, fue el comentario de los presentes. El destino implacable dirá la última palabra.

Sus catedrales nocturnas

Interpretando sus propias creaciones como solista de grupo musical o solo acompañado por su guitarra, Tadeo Arredondo forjó varias catedrales nocturnas y entre ellas:
El bar Mónaco, con prolongadas temporadas. Los bares de Sanborns, El Muelle y La Estrella; el Scherezada Bar, el Guitarra Bar, Las Brisas, Hotel Tropicano y el restaurante El Arka, operado por él mismo en alquiler. Sus alternantes serán las estrellas locales del momento: Darbelio, su hermano; Ricardo Pintos, Pepe Domínguez, Israel Chacón, Rubén Ruiz, Tabaquito; Benigno Burgos, Alfonso Vázquez y Macario Luviano y su orquesta.
Fue este último, Maco Luviano, un músico saxofonista fuera de serie, con quien Tadeo armó una sólida y generosa hermandad haciéndolo su arreglista de cabecera. Tadeo le reprochaba, a veces duramente, rechazar las ofertas para integrarse a orquesta famosas de jazz. cuyos directores opinaban que el mexicano tocaba el jazz con su feeling original. Macario argumentaba, medio en serio, medio en broma, que no podría vivir en Estados Unidos faltándole los domingos el relleno de cuche y el manjar de Teypan, (Tecpan de Galeana), su terruño.

Sonora Santanera

Al cumplir la Sonora Santanera sus primeros 30 años de éxitos musicales, Carlos Colorado dirigió un LP titulado Las 30 mejores canciones, tres de ellas de Tadeo: El mudo, Sarta de mentiras y Sombrita de cocales. La propia agrupación musical entregrá al acapulqueño un trofeo como uno de sus mejores compositores durante las décadas 60-70. Al evento en la Ciudad de México tuve oportunidad de acompañarlo.

Mi compadre Tadeo

Tal fue el título que di a una selección de obras de Tadeo copiadas usando mi propio equipo de cómputo, todo a partir de discos de 45 rpm y cintas. Obsequié unos 50 de ellos durante la develación de la placa de la calle Tadeo Arredondo, la de la Arena Coliseo y la Comercial Mexicana, hoy los talleres de El Sur, en el número 15. La portada fue una foto de mi compadre y yo cantando en una fiesta familiar.
Sarta de mentiras, Sombrita de cocales, Por no estar junto a ti (Tadeo), Ironías (Sonora Santanera), Atolito con el dedo (Michel Tessan), Collar de cicatrices, Cuando vuelvas, Llévame (Pepe Mazón), Cómo te amo (Olivia de Montenegro), Vente conmigo, Alma aventurera (Darbelio Arredondo), Pobre de mi patria chica (Amparo Ochoa), Viejo Acapulco (Sergio Fernando Cisneros), Provincianita y El tulipán (Tadeo, Sabino Terán y su cuñado), Carnaval en Acapulco (Sonora Santanera), Atolito con el dedo (Coro Renacimiento Mexicano).
Más tarde quise repetirlo pero ya no supe cómo hacerlo.

 

Heráldica acapulqueña III

Fernández vs Sarmiento de Valladares

Lanzando una retahíla de denuestos extremeños, Domingo Fernández Duendenegua se presenta ante el Justicia Mayor de Acapulco para denunciar el enésimo asalto en despoblado.
—¡Coñetas!. ¿Qué ya no se puede viajar a Acapulco sin que lo asalten una y otra vez?. ¡Gallego tenía que ser el virrey Sarmiento de Valladares para ser tan inútil!
El funcionario para en seco al furibundo extremeño advirtiéndole que otra referencia igual le valdrá cárcel. Aquí, le informa, es delito hablar mal del señor virrey de la Nueva España, a quien Dios guíe en su sabia tarea de gobernar. Luego remite al bravucón con el secretario para que levante las actuaciones correspondientes.
“Dijo llamarse como queda escrito , de oficio transportista y descendiente de uno de los mejores soldado de Cortés. Que el día de los hechos, apenas había dejado atrás Xaltianguis, cuando salieron del monte unos negros armados con ruanas y guadañas. Y que, ante el temor de ser destazado por aquellos seres oscuros, tomó las de Villadiego abandonando su cochopín cargado de telas y sedas chinas… Que es el segundo asalto que sufre en la misma ruta. Que demanda que le sean devueltos sus ropajes “y no sirvan para cubrir las nalgotas de la virreina!”
“¡Enciérrenlo!”

1565

Miguel de Legazpi y Andrés de Urdaneta retornan de Manila a Acapulco. Un viaje muy accidentado pero con un logro sensacional: el establecimiento de la ruta marítima Acapulco-Manila. O tornaviaje.

1573

El virrey de la Nueva España, Martín Enríquez, informa al rey Felipe II, la llegada a Acapulco de dos navíos de las islas Filipinas, cargados con barras de oro, joyas de oro, canela, sedas, porcelanas, algodón y muchas cosas más . Le chismorrea que los gentilhombres de las naves (sujetos de la nobleza usados por el rey para enviar secretos) bajaban mercancía para venderla en el puerto.

1579

Felipe II ordena que Acapulco sea el único puerto autorizado para comerciar entre América y Asia.

1591

Felipe de las Casas (San Felipe de Jesús) sale de Acapulco rumbo a Oriente.

1592

El virrey Luis de Velasco, hijo, ordena convertir en camino de herradura la llamada Ruta de Asia (México-Acapulco).

1600

Tixtla, Zumpango y Mochitlán son agregadas a la Alcaldía Mayor de Acapulco.
Bustos- García-Olloqui-Navarro

Algunos Papas de antes eran homosexuales y fueron ellos quienes inauguraron la costumbre de incluir en la nómina vaticana a sus muchos efebos. Los incluían en calidad de sobrinos que en italiano quiere decir nepotes, dando ello origen al poder universal del nepotismo. Hoy contemplado no sólo en la nomina del pariente, sino a todo el poder político.
(Para quienes suponen exage-ración lo anterior les recorda-mos la expresión del Papa Francisco ( 28 de mayo de 2024), quejándose de que había demasiada mariconería en los seminarios. Luego se disculpó, por supuesto).
El gobernador de Acapulco Diego García Olloqui otorga el grado de capitán de infantería a su sobrino José Polo y Navarro y además lo nombra su ayudante personal. Salario, 60 ducados. También designa como su ayudante a Francisco Meca, ganando 24 ducados. Por lo que hace a don Diego Joseph Bustos, este jura como Guarda Mayor de Acapulco, ganando cuatro pesos al mes

Icacos

Don Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, trigésimo virrey de la Nueva España (1688-1696) y Octavo Conde de Galvez, ordena la reubicación de 20 familias asentadas en La Sabana Grande –indios, mulatos y negros– a una superficie al noroeste de la bahía de Acapulco. Se le conocía como Icacos por estar sembrada de árboles frutales de ese nombre.
A las objeciones sobre la lejanía del predio, el mandatario solía responder:
¿Lejos? ¡Sí, pero un cañonazo de la fortaleza de San Diego les llega en un minuto!
Los apremios para tal reubicación tuvieron su origen en la cúpula clerical. Lo consideraba el asentamiento fuera del marco civil pero particularmente religioso.
La argumentación de la iglesia influyó desde luego en el ánimo del virrey Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza. Sin embargo, tomó la decisión luego de conocer la queja de su homólogo, el Conde de Santiago, sobre la falta de garantías para la propiedad privada en Acapulco.
¿Podrá creer alguien que un solarcito de mi propiedad en La Sabana esté invadido por negros?, preguntaba el cortesano provocando entre sus pares comentarios cargados de indignación
¡Y además de negros hay indios y mulatos!, reiteraba provocando el soponcio de dos o tres damas encrinolinadas. ¡Vive Dios que no hay respeto para la gente decente!
¡Ora que el “solarcito” al que se refería el conde de Santiago era todo el valle de La Sabana , vastedad que alguna vez formó parte del mar-quesado de Hernán Cortés.

La reubicación

La reubicación llega, finalmente, ¿y podrá alguien creerlo?, no se produce ningún acto de violencia como si los hubo en el siglo XX ante tal procedimiento. Aquel 13 de julio de 1691, indios, negros y mulatos marcharon cargando sus escasísimas pertenencias hacia su nuevo hogar, orgullosos, eso si, de que vivirían cerca de la bahía más famosa del mundo.
El gobernador Gallo irá más allá de las instrucciones del Virrey De la Cerda. Proporcionará a los colonos de Icacos herramientas para dejar habitables sus terrenos, además de materiales para levantar sus casas (toros para los indios, redondos para los morenos) Y algo muy valioso para aquellas familias dejadas de la mano de Dios: la exención de tributos a la Corona española por espacio de diez años, cuya voracidad por el oro jamás fu saciada.

Dávila Salazar

Don Miguel Gallo había llegado a Acapulco tres años atrás. Había viajado directamente de España para cubrir la vacante dejada por don Fabián Dávila Salazar, jubilado por causa de una artritis reumatoide que lo mantenía engarrotado. ¡Y así no solo no se puede gobernar, mucho menos contar los billetes!, repetía una y otra vez.
Generoso, el rey de España concedió a don Miguel una pensión equivalente a la mitad de su salario como castellano de la Real Fuerza, alcalde Mayor y Capitán de guerra de Acapulco. Esto es ¡500 ducados al año!

Polo Navarro

Dávila Salazar había relevado a su vez a don Diego Antonio Polo Navarro. Este había muerto en circunstancias no aclaradas, nunca satisfechas por la opinión pública, tejiéndose en torno a ella mil con-jeturas: Una: que le hizo mal de ojo el brujo Mandinga. por haber perjudicado a una sobrina. Dos: un fallido salto de alcoba. Tres: suicidio por un faltante hacendario
Esta última versión erizaba los pelos de sus familiares y amigos porque don Diego se había caracterizado todo su vida por una honestidad y honradez acrisolada. Él sabía muy bien que su traición equivaldría a entregarse directamente en manos de Lucifer. Él, un católico devotísimo.
No pasará mucho tiempo para que se sepa la verdad monda y lironda. Cuando los funcionarios de la Real Hacienda descubran que don Diego se había apropiado de un envío de diez mil pesos , destinados a trabajos de rehabilitación del Fuerte de San Diego.
Será otra la duda que acucie a familiares y amigos: ¿en que pudo gastar tantísimo dinero un viejo pendejo y bueno para nada como Don Diego?

Alonso Vázquez

Pedro Alonso Vázquez, juez oficial del puerto, ordena la actualización del “partido” de Acapulco y al poco tiempo recibe esta información:
“Acapulco se extiende 22 leguas al Norte: 18 al Este y 14 al Noroeste. Sus límites son CHILAPA al Norte; TIXTLA al Noreste y ZACATULA al noroeste (Legua: 5,572 metros).

Juan de Aranguren

Con la presencia de un representante del Rey Felipe III, el 7 de mayo de 1698 se inaugura aquí el convento de San Francisco (más tarde palacio municipal). El capellán y comisario de la ciudad, Juan de Aranguren, fue el encargado de colocar el sacra-mento en la capilla mayor del mo-nasterio.

Fray Bartolomé Laurel

Acapulco llora con profundo dolor la muerte del beato Fray Bartolomé Laurel, nacido aquí en el barrio de La Poza, sacrificado en una hoguera de Nagasaki, Japón, el 17 de agosto de 1627.
Bartolomé Laurel sirve a muy corta edad como acólito de la primitiva iglesia de Nuestra Señora de la Guía para luego ingresar al convento de San Buenaventura de Valladolid, Morelia, donde profesa como hermano lego dedicado al estudio del Japón y su lengua, misma que llegará a dominar junto con un curso completo de enfermería. La iglesia local le asigna un ayudante japonés con el que viaja a cumplir su misión en 1619.
Bartolomé morirá a fuego lento en la hoguera de Nishizau, Nagasaki, por órdenes del Zhogum Daifusama y junto con él 14 persona más, un presbítero, monjes dominicos y franciscanos, el 17 de agosto de 1627
El papa Pio IX los beatificará a todos en la Basílica de San Pedro, el 7 de julio de 1867.

El contador Urzúa

Lo primero que hace don Matías Urzúa como nuevo contador de la Real Hacienda de Acapulco, es rentar una casa amplia en el centro del puerto, no para habitarla, sino para usarla como prisión preventiva para los evasores fiscales. Lo hace luego de conocer una reciente disposición del virreinato en el sentido de que el fuerte de San Diego solo reciba delincuentes sentenciados.

Estrada- Aponte-Velázquez

José Antonio Aponte llega a la ciudad para cubrir un interinato como Oficial de Contaduría de la Real Hacienda de Acapulco. Su titular, Antonio de Estrada, gozará de una licencia de dos meses sin goce de sueldo. Viaja a Perú para conocer a la familia de su reciente esposa.
Una licencia similar es la que gozará don Pedro Velázquez, Guarda mayor de Acapulco, solo que este para atender su maltrecha salud. Curanderos locales le han diag-nosticado “mal de espanto”, luego del temblor del 23 de febrero de 1619 que llevó a la población a dormir dos semanas en la playa. Lo que no avala que don Pedro padezca desde entonces de un correquetealcanza de aquellos.

1611

SebatiánVizcaíno parte de Acapulco rumbo a Japón enviado por el Virrey Luis de Velasco, como su representante ante el emperador de Japón.

1617

El 15 de abril se concluye la construcción del Fuerte de San Diego, a cargo del ingeniero flamenco Adrián Boot

1634

Acapulco deja de ser encomienda particular y pasa a formar parte de la Corona.

1615

Se expide una Ordenanza que obliga a los indios a pagar cuatro reales anuales para la defensa de las costas.

 

Heráldica acapulqueña II

Mandinga

La salud en el Acapulco de finales del siglo XVI era necesariamente precaria. Se conjugaban para ello dos hechos sustantivos: las condiciones generales del ámbito porteño: insalubre e inhóspito. Y, por si ello fuera poco, el intenso flujo de nacionalidades cargadas de humores extraños, algunos letales. Acapulco, era entonces el eje del comercio entre Oriente y el Nuevo Mundo, una babel en torno a la bahía más hermosa del mundo conocido.
Es en ese entorno es el que el negro Mandinga logra fama como curandero de grandes virtudes y cuyos servicios son requeridos por todos, excepto por indios y mestizos. Esto lo consideraban enviado de Lucifer, No obstante, cuando estos se arqueen de puro dolor serán los en llegar a la casa del negro
Mandinga no era un brujo cualquiera. Sus habilidades para desterrar enfermedades y dolores están referida a su conocimiento principalmente de las yerbas. La herbolaria mexicana siempre presente en todas las épocas de México.
Bajo de estatura, cargado de carnes, el negro Mandinga adjudica sus cicatrices en el rostro a una secuela de viruela negra, aunque pocos se lo creen. Estos aseguran que son herencia de su tribu carnívora de Africa, mientras que otros lo hacían provenir de los cimarrones de Huatulco, Oaxaca.

Cuajinicuilapa

Estos últimos buscarán refugio en un “palenque” conocido como Cuajinicuilapa (Guerrero) donde ya se concentraba la mayor población negra de la Nueva España. Se habla de que fueron cien parejas las que formaron el tronco de tan hermético enclave africano. Tenían como ocupación única el cuidado de miles de cabezas de ganado vacuno, convirtiéndolos en hábiles y temerarios vaqueros. Cuarenta mil personas integraban entonces las comunidades afros de Huatulco, Cuijla y Acapulco.

El estafiate

Poco importará finalmente a los acapulqueños que el negro Mandinga sea de aquí o de allá. El único interés de su persona radicaba en la habilidad de sus manos para aliviar el dolor de muchos males de la época. Su planta preferida era el estafiate,una planta americana que curaba cólicos digestivos y menstruales, alergias, diabetes, etcétera. Se le llamó la Hierba Maestra porque era ta sabia y poderosa que enseñaba al resto de las hierbas cómo curar.

San Vito

Una fila de hombres con la boca abierta frente a choza de Tomás Mandinga era indicio seguro del atraco de algún barco español. Enfermos de escorbuto –llagados lengua y esófago– encontraban pronto alivio con los brebajes del curandero con base en el ajo, cebolla, geranio y limón.
El epazote, por ejemplo, usado por las amas de casa para darle sabor a los frijoles, el Negro lo usaba para curar el mal de San Vito. La sarna y la tiña, tan frecuentes entre la marinería filipina, las trataba eficazmente con semilla de chicalote. Para la tuberculosis, Mandinga tenía un tratamiento secreto cuyas bondades eran proclamadas quienes al toser arrojaban cuajarones de pulmón.
Por lo que hace a las enfermedades venéreas, eran entonces tan frecuentes como la gripa y la tos y ello preocupaba hondamente a los clérigos hispanos. Estos, como todos los demás, corrían a la choza de Mandinga, quien les hacía tomar jugo de penca de maguey con miel de palo, previamente hervidos, ¡y hasta la otra!

Marín

Una hogaza de pan en las mesas de Acapulco resisten, incluidos, el marro y el cincel.
“¡Cómo no van a estar duras si vienen desde la capital del Virreinato!”, responden enfurecidas acapulqueñas, urgiendo la presencia de panaderos o panaderas en el puerto.
Muy pronto las autoridades porteñas ofrecerán estímulos fiscales a empresas panificadoras o panaderos que deseen establecerse aquí y sólo una persona aceptará el beneficio. Se trata de don Alfonso Marín, recién llegado al puerto, que se instala en el centro de la población. Ocupa un terreno con las dimensiones requeridas para un horno enorme, las instalaciones para la vendimia y sus aposentos. La primera hornada la disfrutará el Alcalde Mayor y lo proclama como el más rico pan que ha degustado en su vida. Lo seguirá todo Acapulco.
Si Alfonso Marín hubiera colocado una placa de bronces en su establecimiento, la hubiera fechado en 1567.

García-Bello

Acapulco cobra fama de ser una ciudad non sancta y ello preocupa hondamente a sus habitantes y sus guías espirituales. El Tribunal del Santo Oficio, por su parte, atiende los reclamos de la Iglesia católica en el sentido de que debe terminarse impío. No basta, le reprochan, que su “rosticería” trabaje día y noche convirtiendo a los réprobos en ceniza.
Será entonces cuando don Andrés García sea nombrado primer Alguacil Mayor de la Santa Inquisición quien, en cuanto su hijo Jaime García Bello se titule de abogado, le otorgará la primera patente de Notario de Acapulco.

Ahedo-Cervantes-Sancho de la Cortina

La porcelana china, procedente de Manila, tenía destinatarios específicos por así determinarlo sus creadores orientales. No obstante, el mercado resultaba amplio y sin restricciones que cualquier familia podía disfrutarla. Entre ellas los Ahedo, los Cervantes y los Sánchez de la Cortina
No faltarán, sin embargo, objeciones a la calidad de tal porcelana y entre ellas las del especialista René González, para quien la porcelana recibida en Acapulco presentaba una textura de mala calidad. Pronto el asunto se resolverá con los distribuidores y el puerto podrá sostener su fama en sus floreros, sus cajitas para el tocador y los “chiche pof” o maceteros para las residencias palaciegas

Acosta-Enríquez-Rivera

El uso de la seda se inicia en el Nuevo Mundo con la llegada de los conquistadores. El propio Hernán Cortés dispone la introducción de la sedicultura mediante la plantación de moreras y la importación de España de huevos del gusano que la produce.
En esa misma época , afirma el reverendo Acosta dicta la primera legislación en torno a las producción y comercio de la seda destacando un ordenamiento:
“Que todos los sederos y comerciantes vendan la seda con peso y medida de vara, dando su justo peso y medida a cada persona”.
Cien años más tarde, la boyante industria se derrumbará por culpa de los religiosos. Atendiendo a quien sabe qué intereses, sentencian que la cría del gusano de seda “es nociva para el bienestar espiritual”. Nadie querrá en ese momento, ni después, acercarse siquiera a una morera. El círculo se cerrará cuando el virrey número 27 de la Nueva España, Fray Payo Enríquez de Rivera, ordene la tala de árboles de morera y prohíba la instalación de telares en todo el territorio bajo su mando.
De Asia vendrán entonces casacas, chalecos, faldas, tápalos, sobremesas y muy especialmente vestidos para las órdenes religiosas. También, prendas bordadas con hilos de seda, aplicaciones de laminillas y lentejuelas de diversos colores y tamaños.

Escobar

Don Diego Escobar, comerciante de telas del virreinato, decide asistir con los suyos a la famosa Feria de Acapulco. Por más que se ha especializado en algodones, cambayas y cabezas de indio, el señor Escobar no renuncia a la posibilidad de abrir una línea de sedas orientales, esperanzado a que estén a buen precio. El primer reparo lo encuentra entre sus vecinos; ellos rechazan la invitación argumentando que el Camino de Asia es muy peligroso .
Atreverse por el Camino de Asia (que lleva a Acapulco), es suicida, le asegura un compadre. Quien no conoce la ruta y sus vericuetos se expone a ser asaltado varias veces antes de llegar al puerto. ¡Si es que queda vivo!, le advierte. Los “palenques” (villorios informales, ocupados por negros escapados de la esclavitud) se suceden a lo largo del camino y en cada uno de ellos opera una banda de asaltantes
Luego de muchas advertencias similares, don Diego Escobar opta por la vía marítima a través de Manzanillo. Regresa y a partir de entonces volverá al puerto cada año. El camino de había sido inaugurado en 1592 por el virrey Luis de Velasco, hijo.

Gallo-Dávila-Salazar

Don Miguel Gallo lega a Acapulco para a cubrir la vacante dejada por don Fabián Salazar como tesorero real, jubilado a causa de una artritis reumatoide que no le permitía contar billetes ni monedas

Rodríguez Juárez

El oro y cobre esmaltado fueron los metales más importados de Oriente, Aquí, los orfebres malineños los aliaban por mitades más un poco de plata para convertirlos en tumbaga, conocida esta como “oro chino”. El arte de ese país tiene como poderoso aliado a los metales a partir de la dinastía Ming.
Otros objetos más solicitados de tumbaga fueron las cajitas de rapé en cobre esmaltado, los tinteros, los aguamaniles y los botes para el té.
Célebres en este apartado, una reja para el coro de la catedral Metropolitana. Fue ejecutada en Macao con diseño del pintor indígena Juan Rodríguez Juárez en marrazo de 1730.

 

Heráldica acapulqueña I

Cortés

Hernán Cortés llega a Acapulco en 1526 para recibir en encomienda la bahía del puerto vecino. No llevará su nombre pero sí el de su título nobiliario: Marqués del Valle de Oaxaca. Aquí se extasía con la bahía calificándola de perfecta en tamaño, fondo y protección natural. Una emoción tan intensa como la que le produjo su primer avistamiento del Valle de Anáhuac.

Zúñiga

Será en su tercer cruce del Atlántico cuando Hernán Cortes regrese a Acapulco pero esta vez acompañado por su esposa, Juana Zúñiga. Las Patischapoy de entonces comentarán que la había traído sólo para borrar su nefando amancebamiento con La Malinche. “¡Una india fea y corriente que sólo hacía lo que le gustaba hacer!”, sentenciaban

Suárez

Ocurrió durante la toma de posesión de don Alfonso de Suárez como tesorero de la Real Hacienda de Acapulco y titular de la recién establecida Aduana Marítima. Los asistentes comentan sobre la imperiosa necesidad de que Acapulco cuente con protección contra piratas. Un tema que asumirá más tarde la Audiencia Gobernadora, remitiendo al rey de España un memorial al respecto. Se incluye en el mismo un plano de Acapulco, sugiriendo el sitio ideal para edificar una fortaleza artillada. No hay respuesta. Como tampoco la habrá diez años más tarde, cuanto las gestiones las haga el virrey Luis de Velasco, hijo, ante el soberano Felipe II.

Navarrete y Pacheco

Joseph Navarrete y Pacheco, tesorero de la Real Hacienda de Acapulco, da a conocer en hojas volantes el contenido de la Miscelánea Fiscal de la Corona española, en materia de comercio. Todas las mercancías serán gravadas con pesados impuestos, muy pronto bautizados:

Avería.- El impuesto de avería llegaba al 14 por ciento y estaba destinado a cubrir los gastos originados por los barcos de guerra custodiando a la Flota Mercante

Almirantazgo.- Este derecho se cobraba doble: al cargar y al descargar la mercancía. Su beneficiario era el Almirante de Castilla.

Almojarifazgo.- Se cobraba en España y la Nueva España y se destinaba a la Corona para mantener libre de piratas los mares. Llegará a significar el 15 por ciento del valor de la mercadearía.

Toneladas.- Aplicado cuando el tonelaje excediera el fijado por la Corona.

­­Alcabala.- Se cobraba por toda venta y permuta y los únicos exentados eran los indios y los sacerdotes. La cédula disponía cobrar la alcabala en todas las ventas y trueques a razón del dos por ciento. Llegará con el tiempo al 8 por ciento

Enríquez

El virrey de la Nueva España, Martín Enríquez, informa al rey Felipe II la llegada de dos navíos procedentes de las islas filipinas. Vienen cargados con joyas de oro, sedas, damascos y rasos, porcelanas, mantas, algodón, canela, tirasoles y más.

Sahagún

En su Historia general de las cosas de la Nueva España, el bondadoso y sapientísimo fray Bernardino de Sagahún, da cuenta de una plaga conocida como sométicos (alteración esdrujulizada de sodomitas) Advierte que los hay pacientes o pasivos y activos o mayates (coleóptero que penetra el tronco de las palmeras).
El somético pasivo o paciente, sentencia, no tiene perdón de Dios. “Es abominable, nefando, detestable, digno de que le hagan burla y se rían de él”. Y añade: “En todo se muestra mujeril o afeminado, en el hablar o en el andar y sólo por eso debn ser quemados”. ¿Bondadoso?

Sarmiento-Valladares-Rodríguez-Valdez

El virrey José Sarmiento de Valladares dicta órdenes terminantes para combatir a los asaltantes de la Ruta de Asia. Teme que la inseguridad del camino afecte el esplendor de la Gran Feria de Acapulco.
Recomienda por ello al capitán de Justicia Mayor de Acapulco, Manuel Rodríguez Valdez, la ejecución de un operativo enfocado a la captura de los negros cimarrones (esclavos escapados), asaltantes de los viajeros.
A los pocos día vendrá la respuesta de Rodríguez: “tengo amarrados a más de cien… ¿qué hago con ellos?”.

Loreto, Moncayo

El Santo Oficio hace saber a todos los fieles cristianos que se celebrará el Auto General de Fe, para la exaltación de nuestra creencia religiosa. Tendrá lugar el 19 de septiembre de 1659 en la plaza principal de la Ciudad de México y en él se otorgarán a los fieles católicos las indulgencias de los sumos pontífices.
Don Miguel Loreto, comisario del Santo Oficio en Acapulco, abandona la sotana y la circunspección. Su establecimiento, apenas ayer solitario, es hoy una romería. Y es que todo Acapulco desea formar parte de la excursión organizada por él para estar presentes en la quema de la Santa Inquisición. Él ofrece hospedaje y comida en su propia residencia capitalina y, por supuesto, un lugar cercano a la hoguera donde arderán los impíos. Para hacer más atractivo el viaje, don Miguel ofrece un pilón: visitar los sótanos de la Inquisición para conocer sus instrumentos de tortura y muerte.

Orduña-Guillén-Lampard

Y era tal la multitud –narra el cronista Jo­­aquín Orduña– que las calles de la ciudad de México, por las que pasarían los condenados, fueron valladas a partir de la plaza de Santo Domingo. La procesión va precedida por una gran cruz verde, famosa en esta clase de convites. El templete para las autoridades se levantaba en la Plaza Mayor, entre el portal de Mercaderes y el Cabildo. El lujoso acabado de aquél escenario era verdaderamente impresionante. Contrastaba con la sobriedad del gran altar levantado enfrente y dos púlpitos para los predicadores.
Los inquisidores ocupaban sentados unas butacas de terciopelo carmesí posando sus plantas en cojines del mismo material. Los soldados vestidos de gran gala con sus mosquete al hombro. El alguacil mayor de la Santa Inquisición, vestido de terciopelo negro y botonaduras de oro. Lo acompaña una escolta de doce lacayos de espada y librea.
Entonces –prosigue el Cronista– se oyó doblar la campana mayor del convento de Santo Domingo con acento lúgubre, siguiendo todas las campanas de la ciudad. La noche llegó y la plaza se iluminó con hachones.
Y en la fría madrugada, entre cánticos y rezos empezó el acto. La tropa barriendo el suelo con sus banderas, fray Diego de Arellano pronunciando un sermón , los tambores redoblando a intervalos.
Amanece y se da lectura a las sentencia, Guillén de Lampard muere por garrote vil mientras que los otros condenados son quemados vivos

Martínez-Orduña-Tirol Monte

Muere el más antiguo contador del Tribunal de Cuentas de la Nueva España, Francisco Tirol Monte, quien se desempeñaba como Oficial Mayor de la Contaduría Real de Acapulco. Lo releva don Melchor Martínez de Orduña.
Se habla de dos hechos curiosos sobre el difunto. Que su cargo de Oficial Mayor era a perpetuidad, otorgado por el virrey, Francisco Fernández de la Cueva, duque de Alburqueque, grande de España, marqués de Cuéllar y conde de Ledesma y de Huelma. En otro hecho curioso es que murió por tragarse una espina de cuatete.

Bonilla-Balmaceda

Pedro Bonilla, inquisidor del Santo Oficio llega a Acapulco para abrir una investigación en torno a las denuncias contra el recaudador Enrique Balmaceda, a quien se acusa de “enriquecimiento inexplicable” (¡¡desdendenantes!!).