Para Vicky Arredondo Terán, con cariño.
El compositor
Fallecido el 1 de julio de 1976 en un accidente carretero cerca de Tierra Colorada, Tadeo Arredondo Villanueva mantiene hoy, a distancia de medio siglo, su preeminencia como el creador musical más leal y amoroso de Acapulco:
Viejo Acapulco, A la feria de Acapulco, Adiós a Acapulco, Serenata en La Quebrada, Carnaval en Acapulco, Diciembre en Acapulco, Mi barrio, Virgen de La Soledad, La leyenda del pescador, En Acapulco te espero, Tlacopanocha y Agüita de mar.
Tadeo viene al mundo el 30 de junio de 1936 en el seno de la familia formada por don Filiberto M. Arredondo Suástegui y doña Aldegunda Villanueva Molina, ambos de San Marcos, Guerrero, y siete hermanos: Belarmino, Ezequiel, Rigoberto, Darbelio, Idolina, él y Ervey
Don Fili, como lo llamaba todo mundo, fue administrador de la oficina federal de Telégrafos de Acapulco hasta su jubilación, mientras que doña Gunda se significará como mujer muy devota además de gran emprendedora. Ella se encerrará por mucho tiempo en su profundo dolor por la pérdida del mayor de sus hijos, Belarmino, asesinado durante una riña callejera en la Ciudad de México, donde estudiaba Arquitectura. Ezequiel, Medicina y Rigoberto, Derecho, los tres en la UNAM. Ambos con servicios distinguidos en Acapulco. Fue ella la que me preparó para mi primera comunión.
Divina noche
El autor de Atolito con el dedo fue un creador precoz. Que digo precoz, precocísimo. Cursaba el tercer año de primaria en la escuela Ignacio M. Altamirano cuando sorprende a todos por igual –padres, maestros, hermanos, amigos– con su opera prima titulada Divina noche. A partir de entonces y hasta su muerte tendrá como obligación casi monacal la de correr el lápiz, saliera lo que saliera; si bueno, mejor.
Al año siguiente, en cuarto año, ya descubierta su faceta de creador musical, estimulado por la directora Carolina Vélez viuda de Leyva, Tadeo acepta participar en un festival escolar, pero condiciona que sea con un trío. Lo tiene formado con su hermano Ervey y un amigo de ambos, Anituy Rebolledo Ayerdi, su vecino recién llegado de San Jerónimo de Juárez. Él, la primera voz y la única guitarra, por supuesto, su hermano y vecino las maracas, formando un coro de dos en lugar de las clásicas segunda y tercera voces.
Se les bautiza como Los Costeñitos y visten de blanco tocados con sombrero de palma y un pañuelo azul anudado al cuello, el color de la Altamirano. En adelante serán el ajonjolí de todos los festivales escolares. Con Tadeo coincidíamos también en la Banda de Guerra del plantel, él, tambor, yo, corneta.
Mi compadre Tadeo fue un compositor de soledades. La soledad fue su compañera inseparable a la hora de convocar a las musas de las creación. Le venía de años atrás cuando, una vez apagada la luz, prendía una vela para correr la pluma hasta caer vencido por el sueño. Guardado bajo llave el cuaderno cómplice de aquellas letras, ocultando las voces del alma como si se tratara de pecados capitales. Había en ello el temor comprensible a la burla ajena, conociéndola cruel y despiadada frente a sensibilidades diferentes. Su mayor temor era caer en la cursilería.
No fue él de hacer anotaciones en servilletas o cajetillas de cigarrillos como los clásicos. La creación fue para Tadeo, como se dice, un acto solitario, íntimo. Tampoco buscó y menos aceptó opiniones ajenas. Nunca “a ver qué te parece esto que escribí anoche” o un “¿cómo se oyen estos versos? ”. Acostumbró dar a conocer sus obras ya terminadas, pulidas.
La Secundaria Federal 22
Vendrá luego la Secundaria Federal 22 en su edificio original de adobe en La Quebrada y Madero, destruido totalmente y sin víctimas por haber temblado en domingo. Un sonorísimo ¡gracias Dios mío! hará eco en las nubes provocando aires benignos. La secundaria vivirá arrimada dos cursos, en las primarias federales José María Morelos y Ávila Camacho. Tadeo y su guitarra será el alma de las tertulias juveniles y de la serenatas románticas epilogadas algunas con tremendas corretizas: padres enfadados o novios celosos. El cuaderno secreto del compositor ya contenía varias páginas llenas: Tu ausencia, Mi cielo, Mi tormento y Divinos ojos, no pocas inspiradas en amores primerizos, fugaces. No lo será el que despierte en él la compañera de grupo Chevita Terán Radilla, a la que hará su compañera de vida cursando el cuarto año.
Tadeo y Chevita
La juvenil pareja se instala en una casita con jardín frontal en la avenida Cuauhtémoc. Será el destino el que se encargue de reunir en tan pequeño universo a dos grandes cantores de Guerrero. A un lado del número 120 de los Arredondo-Radilla,vive el maestro José Agustín Ramírez, quien celebrará aquel encuentro haciendo del joven su alumno preferido. Y era que éste no sabía leer música, la tocaba y cantaba “de oreja,” como se decía en la jerga del oficio. Así, cuando muera el autor de Acapulqueña, Tadeo será el primero en ofrecer a su maestro una ofrenda lírica titulada El trovador de Guerrero.
Nace el primogénito y como lo dispone la costumbre costeña llevará el nombre del padre, Tadeo, y a quien el orgulloso progenitor le cantará en la cuna Lo que soñarás. A Tito, como se le conocía, lo apadriné en su primera comunión, convirtiendo a Tadeo y a Chevita en mis compadres. Cuando llegue más tarde el último retoño de la familia, como regalo de cumpleaños para él, se la bautiza con el nombre de Virginia, a la que el papá dedica un amoroso canto titulado simplemente Vicky. Más tarde, también para ella, Colegiala. Tito morirá mucho más tarde convertido en joven y eficaz medico.
Darbelio Arredondo
Dueño de una voz sonora y bravía, Darbelio Arredondo fue fiel interprete de su “hermanito Tadeo” y por tanto difusor de su musica dentro y fuera de la entidad: Leticia, Sanmarqueñita del alma, Atolito con el dedo, Rumbo a la Costa Chica, Igualteca, Tixtla, Coyuca de Benítez, San Jerónimo, Petatlán, Ixtapa-Zihuatanejo, Alma aventurera, Di que sí, no quizás, Venteñita, Cruz Grande, Costeña hermosa y más.
La canción social
Mi compadre Tadeo no pudo sustraerse a un movimiento musical de protesta o canción social, que si bien se dio en todo el mundo, tuvo sus más genuinos precursores en cantantes y compositores latinoamericanos. Su contribución fue breve:
El bracero, El campesino, La mordida, Págale bien a esa gente y Que se lleven todo.
El IRBA y Las Máscaras
Tadeo Arredondo se une a finales de los años 50 al esfuerzo cultural del Instituto Regional de Bellas Artes de Acapulco, dirigido por el pintor Luis Arenas y su esposa Macrina Rabadán, operando en la azotea del edificio Pintos. No debuta como maestro de composición musical sino como maestro de danza regional y lo hace durante una Muestra Nacional de Danza Guerrerense, en la Ciudad de México.
Conoce al profesor Roberto Ceballos, quien lo interesa en participar en el Teatro de las Máscaras. Ya incorporado al grupo, actuará en varias obras y entre ellas Los sumergidos y Escuadra hacia la muerte, con menciones honoríficas.
Fue en sus andanzas culturales cuando mi compadre conoce al escritor y escultor Alberto Chessal. A él, durante una visita a su taller, le pide que jure que nunca lo convertirá en uno de sus “monotes”. Alberto no lo hace y por ello no tendrá reparos en ofrecer la realización gratuita del bronce de Tadeo. Ello en 2005, cuando el alcalde Alberto López Rosas le rinda un homenaje póstumo develando su busto en la avenida Universidad. Debo decir que no hubo ningún homenaje póstumo para Tadeo en el que no haya intervenido el ometepecano Clodulfo Palacios.
Celia Cruz y Tadeo
El periodista Arturo Escobar, el cronista de sociales por excelencia, y yo, conducíamos en los años 70 un programa de radio por la XECI, de Lalo Morales. Dedicados sábados a entrevistar a los debutantes en el cabaret El Zorro, de Alejandro Castrejón, lo hace la cantante cubana Celia Cruz. Aprovechamos para presentarla con Tadeo, quien ya la buscaba de tiempo atrás para ofrecerle dos temas creados sólo para ella.
–¡Ay, muchacho, pero si tú eres tú, Tadeo, el compositor de El mudo de la Sonora Santanera!, exclama ella cuando lo tiene enfrente para luego llamar a su esposo, Pedro Knight (ex trompetista de la Sonora Matancera), haciendo los tres un aparte para platicar.
La cara de felicidad de mi compadre lo decía todo. La pareja cubana le había aceptado una propuesta que consumarían seguramente en su próxima visita al puerto. “Si se hace, ya la hiciste, cabrón”, fue el comentario de los presentes. El destino implacable dirá la última palabra.
Sus catedrales nocturnas
Interpretando sus propias creaciones como solista de grupo musical o solo acompañado por su guitarra, Tadeo Arredondo forjó varias catedrales nocturnas y entre ellas:
El bar Mónaco, con prolongadas temporadas. Los bares de Sanborns, El Muelle y La Estrella; el Scherezada Bar, el Guitarra Bar, Las Brisas, Hotel Tropicano y el restaurante El Arka, operado por él mismo en alquiler. Sus alternantes serán las estrellas locales del momento: Darbelio, su hermano; Ricardo Pintos, Pepe Domínguez, Israel Chacón, Rubén Ruiz, Tabaquito; Benigno Burgos, Alfonso Vázquez y Macario Luviano y su orquesta.
Fue este último, Maco Luviano, un músico saxofonista fuera de serie, con quien Tadeo armó una sólida y generosa hermandad haciéndolo su arreglista de cabecera. Tadeo le reprochaba, a veces duramente, rechazar las ofertas para integrarse a orquesta famosas de jazz. cuyos directores opinaban que el mexicano tocaba el jazz con su feeling original. Macario argumentaba, medio en serio, medio en broma, que no podría vivir en Estados Unidos faltándole los domingos el relleno de cuche y el manjar de Teypan, (Tecpan de Galeana), su terruño.
Sonora Santanera
Al cumplir la Sonora Santanera sus primeros 30 años de éxitos musicales, Carlos Colorado dirigió un LP titulado Las 30 mejores canciones, tres de ellas de Tadeo: El mudo, Sarta de mentiras y Sombrita de cocales. La propia agrupación musical entregrá al acapulqueño un trofeo como uno de sus mejores compositores durante las décadas 60-70. Al evento en la Ciudad de México tuve oportunidad de acompañarlo.
Mi compadre Tadeo
Tal fue el título que di a una selección de obras de Tadeo copiadas usando mi propio equipo de cómputo, todo a partir de discos de 45 rpm y cintas. Obsequié unos 50 de ellos durante la develación de la placa de la calle Tadeo Arredondo, la de la Arena Coliseo y la Comercial Mexicana, hoy los talleres de El Sur, en el número 15. La portada fue una foto de mi compadre y yo cantando en una fiesta familiar.
Sarta de mentiras, Sombrita de cocales, Por no estar junto a ti (Tadeo), Ironías (Sonora Santanera), Atolito con el dedo (Michel Tessan), Collar de cicatrices, Cuando vuelvas, Llévame (Pepe Mazón), Cómo te amo (Olivia de Montenegro), Vente conmigo, Alma aventurera (Darbelio Arredondo), Pobre de mi patria chica (Amparo Ochoa), Viejo Acapulco (Sergio Fernando Cisneros), Provincianita y El tulipán (Tadeo, Sabino Terán y su cuñado), Carnaval en Acapulco (Sonora Santanera), Atolito con el dedo (Coro Renacimiento Mexicano).
Más tarde quise repetirlo pero ya no supe cómo hacerlo.