Acapulco cinematográfico I

Películas filmadas aquí

Acapulco mantiene una larga tradición como escenario cinematográfico, lo mismo de películas nacionales como extranjeras. Ello a partir de que el mundo descubra su bahía, sus playas, sus atardeceres y su gente. De acuerdo con estudiosos del tema, se calcula en alrededor de 200 las cintas filmadas totalmente aquí o con recreaciones porteñas.
Entre los primeros documentos cinemafotográficos está el titulado La carretera y paseos de Acapulco, realizado en 1928 por el artista estadunidense E. E. Dueler, a un año de inaugurada la Ruta 95, México-Acapulco, por el presidente Plutarco Elías Calles.
Más tarde, en 1935, el cineasta Ramón Peón se sirve del oleaje acapulqueño para para recrear aquí el penal de las Islas Marías, tema de la cinta titulada Silencio sublime, con Alfredo del Diestro, Leopoldo Ortín y Adela Delhort. El título se refiere a la actitud de un prisionero del penal isleño, al rechazar públicamente la paternidad de una dama, para no avergonzarla el día de su boda.
Será Chano Urueta, actor, escritor, adaptador y director de más de una centenar de películas, quien reúna en Acapulco en 1938 a una pléyade de actores y actrices que alcanzará gran fama en los años 50. Entre ellos: Vilma Vidal, Esther Fernández, Arturo de Córdova, Domingo Soler, Arturo R. Frausto, Ramón Vallarino, Matilde Corelli, David Silva, José Elías Moreno, Crox Alvarado, Narciso Busquets, Arturo Soto Rangel y Malula Ortiz. La cinta:

Hombres de mar

En una escena de la trama un grupo de pescadores, a bordo de una embarcación, asalta el fuerte de San Diego sobre una elevación golpeada por el poderoso oleaje.Van en pos de rescatar a su líder que ha sido apresado injustamente. Los indignados hombres llegarán hasta el foso de la centenaria edificación para lograr su propósito. Una escena insólita para cualquier espectador nacido después de abierta la avenida Costera.
Pescadores de perlas es el título de otra de las cintas mexicanas filmadas en escenarios locales muy apropiados. La dirige Guillermo Calle y participan en ella Sara García, Víctor Manuel Mendoza, Efrén Buchelli, Alfonso Bedoya, Ángel Salas, Victoria Blanco y Felipe Gil. El galán del grupo salva a una hermosa náufraga y la hace suya ante el enojo de sus compañeros.

La perla

Si bien se desarrolla en un remoto pueblo costero, La perla fue filmada en Acapulco, 1947, bajo la dirección de Emilio El Indio Fernández, convirtiéndose en una cinta muy celebrada y premiada, tanto que hoy ocupa el lugar número 80 entre “las cien mejores películas mexicanas”. Un sólido testimonio asegura que largometraje fue filmado parcialmente en la playa Tamarindos; la furia del mar en Pie de la Cuesta y los fondos marinos en La Roqueta.
El reparto de La Perla fue encabezado por Pedro Armendáriz, María Elena Marqués, acompañados por Fernando Wagner, Gilberto González, Charles Rooner, Alfonso Bedoya, Max Langler, Pepita Morillo, Guillermo Calles, Enrique Reza, Beatriz Ramos, Luz Alba, Margarita Luna, Carlos Rodríguez e Irma Torres.

Sinopsis

La novela tiene lugar en un pueblo costanero de pescadores donde vive una familia integrada por Kino, (Pedro Armendariz), Juana (Ma. Elena Marqués) y Coyotito, el hijo de meses, quien un día es picado por un alacrán y a quien el médico (Charles Rooner) se niega a atender porque los indios “nunca me pagan”. Coleccionista de perlas, el médico aceptará curar al menor luego de conocer que su padre Kino ha obtenido la perla más grande jamás lograda. A partir de entonces se desatará una jornada de violencia criminal en pos la perla.
Pero mejor véala en la TV, lector. Ahora se ofrece a colores.
La Perla, está basada en un novela homónima del estadunidense John Steinbeck, ganador del Premio Pulitzer en 1940 y del Premio Nobel de Literatura en 1962; es la primera película hispanohablante en ser premiada con el Globo de Oro. También obtuvo los premios Ariel otorgados en 1948 a la Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actuación, de Pedro Armendáriz, Mejor Cuadro Masculino a Juan García y Mejor Fotografía de Gabriel Figueroa.

Galardones internacionales

La Perla obtuvo mención en el Festival de Venecia (1947) como la mejor contribución al progreso cinematográfico y premio a la fotografía de Gabriel Figueroa. El Globo de Oro, en 1948, también la mejor fotografía de Figueroa, lo mismo en el Festival de Madrid y en el Festival de Hollywood, en 1949.

Un capitán de Castilla

Película estadunidense estelarizada por Tyron Power y filmada en escenarios del estado de Michoacán y tomas marinas en este puerto. Al terminar la filmación, Power recala a este puerto donde ha conocido a una hermosa tampiqueña desempeñándose como intérprete políglota en el hotel La Marina, del Zócalo. Más tarde, convertida en la actriz Linda Cristian, la hará su esposa.
Un capitán de Castilla es una película histórica que habla de un noble español, Pedro de Vargas, obligado a huir el siglo XVI por el inquisidor Diego de Silva. Aquí se unirá a la expedición de Hernán Cortés.

La Dama de Shanghai

Se trata de una película dirigida por Orson Welles, conocido como el enfant terrible de Hollywood, filmada aquí en razón de que su tema náutico, aunque no referido necesariamente al puerto. La Dama de Shanghaia es el nombre de la embarcación de la trama. Una goleta llamada Zaca anclada en Acapulco y cuyo propietario es el actor jolibudense Erroll Flyn, quien la alquila al productor de la cinta pero sin actuar en ella.
La cinta es un drama que oscila entre el más despiadado humor negro y la más terrible sordidez del cine negro, como lo muestra la presencia maligna de la femme fatal encarnada por Rita Hayworth.
Flynn, de nacionalidad australiana, era amante de la navegación a vela con largas temporadas en el puerto, donde había poseído dos goletas llamadas Sirocco y Flamingos, cuyos nombres fueron adoptados por amigos suyos para embarcaciones, hoteles o restaurantes. Se le conoció como “el playboy de occidente” (“Ese soy yo, decía, un símbolo fálico mundial”). La vida turbulenta y disipada del héroe cinematográfico permeará el puerto a través de una fama de consumidor voraz de licor y substancias prohibidas e incluso de encuentros homosexuales. Caballero audaz, Capitán Blood, Robin de los bosques, La carga de los 600, Halcón de los mares, algunas de sus películas.

¿Y Lolita del Río?

Cubiertas las primeras escenas de la cinta en Central Park, Nueva York, aristas y técnicos de la Dama de Shanghai llegan a Acapulco para continuar las secuencias naturales y a bordo de la goleta que da nombre a la película.
Personal femenino del hotel La Marina, donde se hospedan, cuchichean en torno al director Orson Welles (1.85 de estatura) a quien enseguida bautizan con “El Botijón”. A su esposa Rita Hayworth la califican enseguida como “Pinche guera quitamaridos” Y razón no les faltaba. Estaban bien informadas de que por culpa de ella, Welles “había botado a la mexicana Dolores del Río, luego de tres años de amasiato”. Las cosas llegarán muy lejos, incluso a las mentadas de madre, cuando el director este ose preguntarles “si Lolita vivía en Acapulco”.
Las mismas damas, una vez terminada la película, darán gracias a Dios por haberlas escuchado. Se enteran de que Rita Hayworth, “la pinche quitamaridos,” había botado al “Botijón” Welles, huyendo a Suiza con el músico Teddy Stauffer, el de La Perla de El Mirador. Y colorín colorado…

Las locaciones

Entre las locaciones acapulqueñas de la Dama de Shanghai figuran. Puerto Marqués, La Laguna Negra y sus manglares. Revolcadero, el barrio de Petaquillas, Caleta y Caletilla, La Quebrada, hoteles Casablanca, Las Américas, El Mirador y Flamingos.

 

Jordi Ramiro Lobato. El tenor acapulqueño que triunfó en la Opera de Viena

 

Anituy Rebolledo Ayerdi / II

 

El Orfeón Infantil Mexicano

Arturo Zúñiga Guzmán, cronista de los Barrios Históricos del puerto, reseña en su libro Recuerdos del viejo Acapulco, el ingreso de Jordi Ramiro Lobato al Orfeón Infantil Mexicano
“En 1953 llega al puerto el afamado conjunto vocal integrado por 22 voces infantiles para ofrecer un concierto en el Casino de Acapulco (edificio Pintos, plaza Alvarez). Jordi asiste acompañado por sus padres quienes aprovechan la ocasión para invitar al director del grupo a escuchar al chamaco, integrado en aquél momento al coro de la parroquia de Nuestra Señora de la Soledad.
“Rogelio Zarzosa y Alarcón se manifestará sorprendido al escucharlo y no dudará en pedirles permiso para que estudie con ellos. Y así sucede, el señor Lobato y su hija Lourdes viajan con Jordi a la Ciudad de México donde al poco tiempo queda incorporado como primera voz del OIF.”

Un recuerdo de infancia

Luis Suárez Ávila, periodista del Diario de Cadiz, Andalucía, España, escribe en 2005 un recuerdo infantil sobre Ramiro Lobato:
“Cuando yo era pequeño, tenía unos diez años, vino al puerto de Cadiz el Orfeón Infantil Mexicano que actuó en el Teatro Principal. A cada niño cantor se le ubicó con familias de la población. Uno de ellos, llamado Jordi Ramiro, fue recibido en mi casa. Se tocaba con una especie de solideo tejido con lanas de Jerez y colores muy vistoso. En esos días estuvimos en el parque zoológico de Jerez y visitamos algunos monumentos portuenses, ciertamente en buen estado, cuando esta era todavía ‘La Ciudad de los cien palacios’. En la estación, cuando el Orfeón partía, fuimos a despedirlo y nos abrazamos llorando como si no fuéramos a vernos nunca más, como ha sido”.
“Por casualidad, en internet he encontrado páginas y páginas que citan a Yordi Ramiro como un importantísimo tenor de ópera, con una discografía numerosa y actuando en los mejores teatros del mundo, alternando con los mejores cantantes. Ha sido una sorpresa. Aunque él era solista en el Orfeón, no esperaba que hubiera hecho tan grande carrera. He escrito un mail al Alcalde de Acapulco para que me ponga en contacto con Yordi. Me encantaría volver a invitarlo a mi casa.”
El artículo de Suárez Avila está fechado el 13 de noviembre de 2005, Jordi morirá en Acapulco seis meses más tarde, el 8 de abril de 2006.

Tenores pesados

Félix Larequi Radilla, un tenor acapulqueño que no se ha dedicado profesionalmente al bel canto –sólo canta en eventos culturales o familiares– rechaza la idea de que los cantantes de ópera deban necesariamente estar excedidos de peso. Gordos y gordas, pues ello ante la exigencia de una caja torácica que proteja los pulmones, permitiéndoles una inhalación profunda. Casos como los de Caruso, Mario Lanza, Pavaroti, etc., así como el de damas sopranos igualmente voluminosas.
Larequi precisa al respecto que no existe hoy ninguna evidencia científica de que el peso corporal ayude a controlar la respiración o a proyectar mejor la voz. Es más, apunta, que la ópera hoy ya no sólo valora lo musical, sino también las cualidades actorales y la presencia física de los cantantes. La obesidad, por el contrario, se convierte en desventaja. Y recuerda, a propósito, lo ocurrido en el pasado a la soprano estadunidense Deborah Voigt, excluida de la ópera Ariadna y Naxos por sus 120 kilogramos de peso. Su conclusión: Jordi Ramiro, con su figura esbelta y presencia ágil colaboró en la aniquilación de tan arraigada tesis.

Jordi e Isaura

Jordi Ramiro e Isaura, Chacha, Reina Aguirre llegan aquí al altar luego de un corto noviazgo juvenil. Ella era hija de Ramiro Reyna y de doña Lupita Aguirre, de Ometepec, propietarios del restaurante con especialidades culinarias de ambas costas. Reyna, conocido popularmente como Sevavep (¡se va a ver!), que tal era el nombre del restaurante que atendía dotado de una enorme simpatía y promotor entusiasta de nuestra música. No será extraño, pues, que el lugar sea visitado permanentemente por músicos, cantantes y trovadores en pos de “echarse la paloma”. Alvaro Carrillo y Tadeo Arredondo y muchos otros.
El joven matrimonio procreará durante su vida conyugal a Alicia Marina (fallecida) y a Jordi Esteban . Luego, sobrevendrá la ruptura, cuando Jordi decida viajar al Viejo Mundo.

El retorno

Al regresar de Europa, luego de sus triunfos en la Ópera de Viena, Jordi viene acompañado de su nueva esposa Dorte Hacheney, de origen germano, con la que ha procreado a una hermosa niña llamada Rebeca. El matrimonio, él muy enfermo, residirá en su casa de Pie dela Cuesta, colmado del cariño y las atenciones de los suyos.
A partir de su retorno, el tenor capireño concibe a la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad como un escenario ideal para acercar a la paisanada al bel canto y será entonces cuando programe en ella eventos operísticos. Será célebre uno en honor a las madres en su día con la participación de los tenores José Guadalupe Reyes y Carlos Courech acompañados por el pianista Nereo del Río. Su última actuación bajo la impresionante bóveda catedralicia, será en diciembre de 2005. Ella durante la edición número 17 del Festival de Música Clásica de la Catedral, auspiciado por el maestro Enrique Moreno de la UAG.

El deceso

El deceso de Jordi Ramiro Lobato se produce en Acapulco el 8 de abril de 2006 y fue anunciado al mundo por la Opera Estatal de Viena, Austria, la máxima casa operística que le había abierto sus puertas 30 años atrás para cobijar sus triunfos durante casi un lustro.
Los cables de las agencias internacionales de noticias difundieron la noticia sorprendiendo incluso a no pocos acapulqueños, amigos del tenor. Así rezaba el escueto comunicado publicado por este diario, El Sur, del 10 de abril de 2006:
“Viena, Austria. El tenor mexicano Jordi Ramiro Lobato falleció en Acapulco el pasado 8 de abril a los 64 años, según lo dio a conocer la Opera estatal de Viena, Austria, en cuyo escenario había debutado en 1977 con la ópera Madame Buterfly, de Pucinni. Figuraba en la lista de invitados a los festejos del medio siglo de la nueva sede de la institución, en noviembre de 2005, cuyo original, el Teatro de la Opera de la Corte Imperial, había sucumbido por los bombardeos estadunidenses durante la Segunda Guerra Mundial. No se proporcionaron mayores detalles sobre la causa del fallecimiento.
Participaron en la celebración músicos y cantantes de ópera, quienes interpretaron las piezas clásicas del repertorio universal. Entre muchos, Plácido Domingo, Agnes Balts, Bryan Terfiel acompañados por orquestas dirigidas por Christian Thelemann y Zubin Metha. Yordi Ramiro fue el gran ausente en tal evento, obligado por el cáncer terminal de páncreas que finalmente lo llevó a la tumba.

Primeros homenajes

Uno de los primeros homenajes póstumos tributados a Jordi Ramiro Lobato se dio en el barrio del Pozo de la Nación, el 31 de mayo de 2006, cuya reseña redactó para El Sur Héctor Manuel Rodríguez:
“En la plaza principal del Pozo de la Nación se instaló un pequeño escenario donde más de un centenar de vecinos y miembros del Taller Coral del Fuerte de San Diego rindieron el homenaje que duró más de dos horas”.
“El programa estuvo conducido por el cronista de los Barrios Históricos del puerto, Arturo Zúñiga, con la presentación del Coro de Santa Lucía, integrado por una docena de voces femeninas que interpretaron temas como Cantares, de Joan Manuel Serrat; Acapulqueña y Por los caminos del Sur, de José Agustín Ramírez. Las cantantes Vicky Palomino y Paola Ortega cantaron temas del cancionero mexicano”.
“Por su parte acompañado por la viuda de Jordi, Dorte Hacheney, el cronista Zúñiga recordó algunos anécdotas del tenor desaparecido y entre ellos uno relacionado con los primeros concursos de canto ganados por Jordi en la estación de radio XEKJ. Lo que motivó más tarde su carrera profesional. También se recordó que el acapulqueño debutó en la Opera Estatal de Viena con el personaje de Pinkerton de la ópera Madame Butterfly, de Puccini. En los años siguientes desempeñó otros papeles y entre ellos el Rodofo de La Boheme, el Ernesto de Don Pasquale y el Duque en Rigolleto”.

Homenaje de la OFA para Jordi

La Orquesta Filarmónica e Acapulco ofreció un concierto a la memoria de Jordi, el 16 de julio de 2006, a tres meses de su fallecimiento. La reseña en El Sur, también de Héctor Manuel Rodríguez.
“Con un concierto de gala que reunió a los clásicos de la ópera italiana en las voces de la soprano Aleida Ibarra y el tenor Mauricio O’Relly, la Filarmónica de Acapulco rindió un homenaje al desaparecido Jordi Ramiro, la noche del viernes”.
“En un foro repleto del teatro Juan Ruiz de Alarcón, con más de un millar de asistentes, la presentación de la orquesta estuvo dedicada en su totalidad a la memoria del desaparecido tenor acapulqueño y a su trayectoria dentro del llamado bel canto”.
“Al homenaje asistieron su viuda Dorte Hacheney, familiares y amistades cercanas del tenor y acapulqueños de todas las edades.
Los primeros sonidos de una singular sinfonía presagiaron lo que sería una noche operística a la memoria de Jordi. La OFA, dirigida por Eduardo Alvarez, entregaba la obertura Los secretos de Susan, de W. Ferrari”.
“En su primera participación y con una textura de voz impecable, el tenor Mauricio O Relly cantó Recóndita armonía y Hai ben ragione, de Giacomo Puccini, secundado por la soprano Aleida Ibarra con Caro nome, de la ópera Rigoletto, de Verdi.
El preludio de la ópera Carmen de George Bizet, tuvo en las voces de Aleida y Mauricio un encuentro afortunado Así, con un concierto que se prolongó por casi dos horas, la OFA se sumó a un homenaje más al gran tenor acapulqueño”.

Muy reciente

El más reciente homenaje al tenor Jordi Ramiro fue compartido por la poetisa América del Río y lo rindió la alcaldesa Abelina López Rodríguez en la Plaza del Artista en el Malecón de esta ciudad. No poseemos mayor información sobre el particular.

Jordi Ramiro Lobato. El tenor acapulqueño que triunfó en la Opera de Viena

 

I

 

A pedido de lectores y amigos muy queridos.

La infancia

Jordi Ramiro Lobato nace en Acapulco, en el barrio de El Capire, el 22 de enero de 1942. Hijo de Bernabé Ramiro Carbonel, comerciante de origen catalán avecindado en el puerto y de Alicia Lobato Fajardo, perteneciente a una antigua y distinguida familia porteña de grandes y variados talentos.
El niño –moreno, delgado y dueño de una enorme simpatía–, cursa sus estudios primarios en la Escuela Primaria Ignacio M. Altamirano, donde su voz aguda llama la atención de maestros y compañeros al cantar cada mañana el Himno Nacional. Tendrá mucho que ver en ello su padre quien, apasionado de la ópera, sólo escucha grabaciones de los grandes intérpretes del bell canto. Bajo tal estímulo, el muchacho alcanzará desde muy temprano altos registros vocales sorprendiendo gratamente a sus vecinos, más tarde sus impulsores entusiastas.

Algunos de ellos:

Don Alberto Escobar, director de la orquesta Minerva; Ignacio Nogueda Reyes, también director orquestal y fundador de Sindicato de Músicos; Don Manuel Pérez Rodríguez, director del diario Trópico localizado en la plazoleta del mismo barrio. Arturo Escobar y Enrique Díaz Clavel, reporteros del mismo diario. Adelantito, la familia Suástegui y doña Tita Lobato con sus hijas Macrina y Tuly, además de don Pepe Villalvazo, alcalde porteño en los años 60 y el resto del vecindario, por supuesto.
Apenas cumplidos los 8 años, el niño Jordi participa en un concurso de canto infantil patrocinado por una firma chocolatera y será a partir de entonces ganador de eventos similares. Uno de ellos, de “aficionados,” se trasmitía entonces por la radiodifusora XEKJ, cuyo premio único era un enorme pastel de la casa patrocinadora. Jordi se los llevará a casa en dos ocasiones. Será entonces cuando el barrio vecino del Pozo de la Nación, proclame tener a su niña cantante llamada Gloria H. Luz

El Orfeón Infantil Mexicano

Buscadores de talentos para el Orfeón Infantil Mexicano escuchan al pequeño Jordi en un festival de la escuela Altamirano y ahí mismo pactan con sus padres su incorporación al grupo, cuando cumpla 10 años. La agrupación era dirigida por su fundador el maestro potosino Rogelio Zarzosa y Obregón quien, por cierto, morirá en este puerto a los 91 años.
El Orfeón Infantil Mexicano estaba integrado por 20 varones entre los 7 y los 14 años e interpretaban música mexicana, regional, clásica y óperas. Conocían los himnos nacionales de los países que visitaban, cantándolos al iniciar sus presentaciones. En Roma, en el Vaticano, ofrecerán una audición privada al papa Pio XII, profundo conocedor del género coral, quien los colmará de felicitaciones y bendiciones.

El cambio de voz

Fue precisamente durante una gira europea del Orfeón Infantil, cuando en Jordi se produzca el natural cambio de voz y el acapulqueño no dramatizará su inminente salida del grupo. Conocía de sobra las biografías de muchos grandes tenores y sabía por tanto de tal proceso era ineluctable. El mexicano Ramón Vargas y el italiano Luciano Pavarotti, entre ellos. Llegado el momento, Jordi dice adiós a sus amigos y compañeros del Orfeón y lo hace con junto con dos compañeros mexicanos, Raúl Barragán y Francisco Javier Angulo, con quienes viaja a México bordo de un trasatlántico. Durante la travesía matarán el tiempo cantando su repertorio a tres voces y no será extraño que se concentren en torno a ellos compañeros de viaje. Estos los compensarán no sólo con aplausos. Ensayarán diariamente a lo largo de la travesía.
El trío Lobato, Barragán y Angulo llegará a los puños cuando un grupo de jóvenes pasajeros les llamen castratis, nombre con el que se conoció a los niños cantores que siglos atrás, obligados a la castración para conservar la tesitura de la voz. Uno de ellos fue el famoso tenor italiano Nicola Broschio, conocido como Farinelli. Su biografía cinematográfica, Farinelli. Il Castrato, sobrecogerá al mundo en 1994.
–¡Somos machos y a las pruebas nos remitimos!, contestarán la agresión, para luego lanzar a todo pulmón el Soy puro mexicano, de Pedro Galindo.

Ya en México

Jordi canta boleros en dueto con Chamín Correa, se integra al Sexteto Mexicano con ex compañeros del Orfeón Infantil; participa en el conjunto Los Charros y finalmente se incorpora a un conjunto de mariachis de lujo. Lo crea el licenciado Miguel Alemán Valdez, presidente del Consejo Nacional de Turismo, para viajar por el mundo en calidad de embajadores musicales de México. Pasado un tiempo, el conjunto regresa a México sin su cantante acapulqueño. Se ha quedado en Génova, Italia, haciendo esto y aquello pero siempre fiel a la música

Torna a Sorrento

El arribo de Jordi Ramiro a la ópera es tardío y él mismo lo aceptaba argumentando “ya estar muy viejo para esos trotes”. Contaba con 28 años y su residencia en Génova se había prolongado demasiado. Labora como mesero en un bar cercano a la Opera Estatal y suplía las ausencias del cantinero. Una noche cualquiera, golpeado por la nostalgia y la añoranza de su tierra, pide al pianista del lugar que le acompañe algunas canciones. La concurrencia lo aplaude entusiast pero bramará auténticamente cuando le escuche Torna a Sorrento.
A partir de aquél momento, el dueño del negocio y sus compañeros de trabajo verán a Jordi con otros ojos. Italianos sorprendidos por la calidad de la voz de un costeño mexicano, se unen para convencerlo de que se inscriba en una escuela de música. La de Génova, por supuesto, a la que logran incorporarlo. Los estrictos requisitos para el ingreso se allanarán cuando un exigente y malhumorado maestro pida al alumno interpretar una canción en el idioma nacional. Lo hace y en una parte de la pieza lanza una nota que estremece a los presentes.
–“¡Brava, brava, brava!” –estalla entusiasmado el vejete gruñón secundado por los hurras de los alumnos–.
“¡Un Do de pecho digno de nuestro Di Stéfano!”, presumirá el mentor.
Luego, el acapulqueño se asimilará a la disciplina casi conventual de la
institución, soportando estoicamente los rigores de la técnica.
–“¡No haga trampas, mexicano, quiero las vocales con los agudos”!… “¡El diafragma!… ¡use el diafragma, mexicano!”
Si bien educada, la voz aguda y ágil de Jordi adquirirá con el estudio potencia y expresión hasta llegar a ser profunda y bien timbrada. Cuando vuelva a Acapulco recordará con especial cariño a una de sus maestras, Magda Olivero, una notable soprano italiana.

Un tenor es…

Un cantante cuya tesitura está situada entre la del contratenor y el barítono. Su extensión o amplitud vocal suele ir, en índice acústico internacional desde el DO-3 hasta el LA-4, en canto coral, y hasta el DO-5 o DO de pecho, en solos. Algunos tenores pueden alcanzar extremos bajos como FA-2 o altos como SOL-5.1).

Los certámenes

Egresado de la escuela de Música de Génova, Jordi Ramiro podrá sin problemas participar en los diversos concursos operísticos celebrados anualmente en toda Europa. Se medirá entonces con los mejores tenores de su generación, logrando segundos y terceros lugares. Un galardón máximo le llegará 1978 en el certamen Bercellli y ya no parará. Ese mismo año recibe el Puccini de Oro, sin duda el más importante por su valor consagratorio, reservado sólo para los grandes intérpretes. El ya lo era a partir de su triunfo, apenas un años atrás, en el Teatro estatal de la Opera de Viena.

El Teatro de la Opera

Se trata sin duda de la institución que da a Viena fama y prestigio entre todas capitales europeas del bell canto, derivado de su tradición, la arquitectura de su sede y significado profundo en el mundo de la música clásica. Un teatro con antigüedad de más de 150 años.

Madame Butterfly

Fue en tal escenario donde debuta el tenor acapulqueño Jordi Ramiro Lobato, llevando el rol principal masculino de la opera Madame Butterfly, de Giacomo Puccini. Drama que tiene lugar en Nagasaki, Japón, hasta donde llega el teniente B.F. Pikerton, de la armada estadunidense, quien muy pronto encuentra compañía femenina de nombre Cio.Cio.San (“Mariposa”) de 15 años, con la que mantiene, según el lugar común, un tórrido romance. El marino está convencido de que la japonesita nunca podrá ser su esposa y es por ello que le urge regresar su país para sentar cabeza.
Pasan tres años y Butterfly ha perdido las esperanzas de que Pinkerton regrese para mostrarle el fruto de sus arrebatos carnales: un bebé de ojos rasgados. Pero hete aquí que el marino regresa a Nagasaki pero viene acompañado por su esposa estadunidense y hasta planea presentarla con Butterfly. Esta accede a recibirlos una vez que ha tomada la decisión de entregar al bebé a su padre. Antes reza a sus dioses ancestrales y se despide del niño al que venda los ojos.Toma una banderita de las barras y las estrellas y con la mano derecha un cuchillo con el que corta el cuello. Pinkerton llega tarde.

La Bohemia

Jordi Ramiro Lobato será tenor de la Opera de Viena por espacio de cinco años y durante ese tiempo llevará los roles principales de una docena de óperas. En La Bohemia, de Giacomo Puccini, será el poeta Rodolfo. La historia tiene como escenario el Barrio Latino de París y se centra esencialmente en el amor entre el poeta y una modista llamada Mimí. Un amor a primera vista que el varón decide terminar poco más tarde, acusando a la dama de comportamiento coqueto. Ella, mortalmente enferma, se agrava ante tal anuncio lo que obliga a Rodolfo a dar marcha atrás en su propósito. El encuentro será breve pues ella muere. Tres lustros atrás, Luciano Pavarotti había debutado en el mismo papel.

Don Pasquale

Ernesto es el sobrino de Don Pasquale, que da titulo a la obra, un anciano rico que pretende obligarlo casarse con una dama noble y rica, so pena de desheredarlo. Ernesto (Jordi Ramiro) rechaza tal decisión pues está enamorado de Norina, viuda joven y simpática pero pobre. Será entonces cuando Don Pasquale decida ser él el contrayente. Al final de tres actos de enredos y engaños, Ernesto y Norina lograrán unirse. Se trata de una ópera bufa o cómica de Caetano Donizzeti, cuya moraleja es “no hay que casarse siendo viejo”.

Rigoletto

Jordi Ramiro canta el aria La donna é mobile en su papel de duque de Mantua en la opera Rogoletto, de Giuseppe Verdi. Un drama de pasión, engaño, amor filial y venganza que tiene como protagonista a Rigoletto, el bufón jorobado de la corte del ducado de Mantua. La pieza habla de la infidelidad y la naturaleza voluble de las mujeres. (Continuará).

Acapulco, un paraíso en medio de la guerra

Los Ávila Camacho

Un gran salto hacia atrás y llegamos a la cuarta década del siglo XX para toparnos con la Segunda Guerra Mundial. México le entra al conflicto cuando ya se disparan los últimos cañonazos, no obstante haber padecido desde el principio las enormes dificultades y restricciones económicas derivadas del conflicto.
Nuestro país era gobernado por el general Manuel Ávila Camacho, cuyo hermano no sólo era incómodo sino cruel, atrabiliario y soez. Maximino era su nombre y estaba ligado a este puerto por haberse agandallado –“nomás por mis güevos azules”, proclamó–, el islote de Caleta. Ahí está todavía la que fue su residencia veraniega, expropiada más tarde por el presidente Alemán. Guerrero era gobernado por el también general Gerardo Rafael Catalán Calvo y Acapulco por el alcalde Enrique Lobato Cárdenas, viejo militante del escuderismo dedicado a la orfebrería.
Eran senadores de la República el líder agrario Nabor Ojeda y el atildado abogado Arturo Martínez Adame, quien será gobernador sustituto cuando sea defenestrado el general Raúl Caballero Aburto. Entre los legisladores federales figuraban Rubén Figueroa Figueroa, Alfredo Córdova Lara, Mario Lasso y Jesús Muñoz Vergara. Este último, al decir del cronista Carlo E. Adame, “había sido lanzado a la Cámara por los vientos de un ciclón”. Lo explicaba:

Primera dama

Jefe de Telégrafos del puerto, Muñoz Vergara recibe antes de nadie la noticia de un ciclón sobre Acapulco. Sabedor de que aquí vacaciona doña Amalia Solórzano se lanza en su búsqueda para alertarla. La esposa del presidente Cárdenas y su pequeño hijo Cuauhtémoc se hospedan en un bungalow propiedad de la Comisión Federal de Caminos, localizado en el barrio de Manzanillo. El tío del maestro Roger Bergeret Muñoz, convence a la primera dama de que debe abandonar rápidamente aquél frágil albergue, mismo que minutos más tarde será barrido por los vientos enfurecidos.
Una dama agradecida, sin duda.

La guerra en el Pacífico

Acapulco ni suda ni se acongoja no obstante que el conflicto se libra en el mismo océano que lo baña. Uno de los escasos signos delatores de guerra son los barcos artillados surtos cotidianamente en la bahía porteña, de todos los tipos y tamaños. Enarbolan la bandera de las barras y estrellas, a la que pronto se unirá la verde, blanco y colorado. Esto último a partir de que la inteligencia mexicana descubra planes alemanes para usar a México como cabeza de puente para propinar un zarpazo a los gringos. Una leyenda similar se tejió en tiempos del presidente Venustiano Carranza.
Habrá una buena y poderosa razón para aquella presencia bélica en el puerto. La necesidad del gobierno estadunidense de sus héroes, siempre fatigados, un relajante descanso luego de enfrentar con valor y arrojo a los soldados alemanes y japoneses. Estos, al decir mi profesor de la Ignacio Manuel Altamirano, eran “las dos especies más crueles y sanguinarias de la humanidad”.
Aquellos jóvenes valientes encontrará el ansiado relax en el oleaje tranquilo de nuestras playas y por las noches en los desahogos sexuales reprimidos por largo tiempo o satisfechos sólo con la mano derecha. Algunas reinas de la noche, en la ya famosa “zona roja de Acapulco, se habrán anticipado tomando clases de inglés elemental, lo que les permitirá acaparar la clientela sobre las que sólo ofrezcan el clásico foquifoqui mister, apoyado por el movimiento de ambos brazos hacia atrás.

Vuelos

Aprovechando el cierre de todos los centros de veraneo de Europa y Asia, particularmente los isleños, Acapulco se servirá con la cuchara grande. El turismo nacional e internacional fluirá constante y en gran número. Tanto que para 1944 se inaugura el aeropuerto de Pie de la Cuesta, donde los viajeros recibían dos maravillosos primeros impactos: el bramido del mar con sus olas gigantescas y los atardeceres dorados.
Aeronaves de México (teléfonos Ericsson 13-20-77 y Mexicana de Aviación (86-59) ofrecían dos vuelos diarios: México-Acapulco, a las 8 y a las 12.30 horas y el regreso a las 10 y a las 14 horas. El viaje sencillo costaba 73 pesos con 21 centavos y el redondo 113 pesos con 77 centavos. A partir de aquí había vuelos a Zihuatanejo, lunes, miércoles y viernes a las 7 de la mañana, El regreso a las 8:40 horas.

Taxis

Necesariamente surgirá el servicio de transportación terrestre. Se ofrecía en automóviles del año cuya tarifa única era de 10 pesos. (El dólar se cambiaba por cuatro pesos). Entre los pioneros de ese servicio figuraron: José Pepe Villalvazo, Leobardo Cano, Ramiro Sosa, Raúl Walton, Arturo López, Rafael Camacho, Alfonso Mocho Sutter, José Polín, Francisco María Dávila y Sigifredo Aguirre.

Camioncito Flecha Roja

Sólo un alma sensible y enamorada como la del taxqueño Raful Krayem (1909-1939), pudo cantarle a un camión del transporte público y para colmo de segunda. Su Camioncito Flecha Roja (no te lleves a mi amor, llévala por toda la orilla de ese río murmurador) se escuchaba en todas las sinfonolas del puerto.
La Flecha Roja ofrecía, en efecto, un servicio de segunda. Sus salidas a la Ciudad de México eran diarias a las 6, 8, 18 y 20 horas y el costo del pasaje era de 10 pesos con 25 centavos. El recorrido oficial era de 458 kilómetros. Cada pasajero tenía derecho a llevar 10 kilos de equipaje, pagándose los excedentes a razón de 14 centavos el kilogramo. La terminal en el Distrito Federal estaba en Netzahualcóyotl número 5 y aquí en el hotel Fénix.

La Estrella de Oro

El servicio de primera en la ruta México-Acapulco, y viceversa, lo cubría la empresa Estrella de Oro y el costo del pasaje era de 16 pesos con 25 centavos. Había salidas a partir de las 6 de la mañana y a las 21 horas. Esta última llegaba a la metrópoli a las 8 de la mañana, ahorrándose el hotel quienes iban de entrada por salida. Cada pasajero tenía derecho a cargar hasta 20 kilogramos de equipaje, cubriéndose los excedentes a razón de 17 centavos el kilogramo, más 15 centavos del “seguro”. La terminal aquí ubicaba en la avenida Álvaro Obregón, rebautizada con el nombre de Cuauhtémoc a partir del descubrimiento de sus restos en Ixcateopan.

La carestía de la vida

¡Qué caro está todo en Acapulco!, era una queja permanente ante precios como estos: jamón cocido, seis pesos kilo; mayonesa grande, 48 centavos; chiles jalapeños, 35 centavos lata; frutas en almíbar, 35 centavos lata; caramelos Larín, un peso con 30 centavos el kilogramo; jabón Palmolive, de 50 a 75 centavos; pasta Colgate chica, 50 centavos; Alkaseltzer, 20 centavos tableta; una bata de playa para señora, 14.50 pesos; una sábana de bramante, 6.75; fotográfica Brownie réflex, 19. 45; reloj marca Haste de 15 joyas, 35.75 pesos.

El acabose

¡Esto es el acabose!, exclamaban los caballeros cuando se les informaba en la botica Acapulco que el Tostafort había subido a ¡cinco pesos! El Tostafort era el afrodisiaco más efectivo para los arrechos, se decía. Otros precios imposibles: un quemador de petróleo y tractolina: 95 centavos; linterna de mano Eveready, 30 centavos; un pomo de ginebra, tres pesos con 15 centavos; Gingerale, Canada Dry: 25 centavos y una sidra champagne, un peso con 75.centavos.

Las sillas

Los balandros grandes para pesca se alquilaban en 100 pesos y 50 los chicos, todo el día. Las tablas flotadoras 2.50 la hora y las sillas de playa con sombrilla 1.50 y 2.50, la hora.

Hoteles

Papagayo (hoy parque del mismo nombre): cuarto sencillo en el edificio principal, 25 pesos, doble, 45; bungalow en la sección Anáhuac, con dos camas, hall, baño y refrigerador 50 y 70 pesos. Chalets de lujo en planta baja, 45 y 60 pesos; planta alta; 45 y 60 pesos. Precios por día, incluyendo alimentos.
El Mirador: cuarto sencillo, 30 pesos, doble 50 pesos. Departamentos de lujo, sencillo 88 pesos, dos personas 98. Chalets, 80 pesos para dos personas y 98 pesos para tres.
Flamingos: “Propiedad de las luminarias de Hollywood. Se localiza montado en la peña más alta de Acapulco frente al faro de La Roqueta. El mejor sitio para admirar el paso de los delfines gladiador, los más grandes enemigos de las ballenas”. La tarifa individual va desde los 45 pesos y la doble de hasta 85, ambas con alimentos.
Las Hamacas: todas sus habitaciones están en medio de “cocales” (palmeras) de los que cuelgan frescas hamacas. Sus precios son de 15, 25 y 30 pesos por noche.
La Marina: ubicado en el Zócalo de la ciudad, el hotel La Marina ofrece habitaciones con alimentos de 15 a 30 pesos diarios. Cuenta con un excelente servicio de restaurante y bar. Fue alguna vez su directora de relaciones públicas la tamaulipeca Blanca Rosa Welter, con dominio del inglés, italiano, alemán, neerlandés y un poco de árabe y ruso. Fue lanzado al estrellato por su novio Errol Flynn, con el nombre de Linda Christian. Filmó aquí Un capitán de Castilla, con Tyrone Power, con quien contrajo matrimonio, y Tarzán y las sirenas, con Johnny Weismuller.
Del Monte: “El anuncio luminoso del Hotel del Monte domina la ciudad, como si fuera un faro”. Cuarenta y cinco pesos es su tarifa por cuarto individual y 85 pesos para dos personas. En charla con el autor de esta guía, arquitecto Héctor Enríquez, el propietario de la hospedería, Héctor Álvarez Álvarez le informa que pronto se construirá un hotel vecino con 200 cuartos (Casablanca) y que está por inaugurarse la primera planta del hotel de las Américas, con 400 cuartos.
Del Pacífico: El hotel del Pacífico, a 25 metros del mar (Caleta), ofrece servicios espléndidos y muy cómodos. Hay cuartos de 25 pesos diarios con alimentos y “derecho a baño”. Los hay también de 10 pesos con similares prerrogativas.

Los ruleteros

¿Ruleteros? Sí, por andar a la vuelta y vuelta como la ruleta. La dejada mínima era de tres pesos del Zócalo a La Quebrada y de cuatro pesos del mismo lugar tanto a Caleta como al hotel Papagayo. La hora de servicio se cobraba en ocho pesos y el viaje a Pie de la Cuesta, con una hora de espera, 15 pesotes. Los sitios de tal servicio se localizaban, el Número 1 en la avenida Escudero de la que tomaba el nombre. El sitio Número 2 se asentaba en el Zócalo y se llamaba Álvarez, mientras que el Emancipación estaba en la terminal de la Estrella de Oro.
Algunos ruleteros serán luego personajes de la vida económica, política y social del puerto. Se cita entre ellos a Rafael Camacho Salgado, Arturo Escudero, Ernesto Nava Alarcón, Roberto Gayso Maya Torreblanca: Ernesto y Rufino Álvarez, Lorenzo Montesinos, Raúl Fernández Galeana, José López, Tocho y Andrés Román Montes de Oca, Pedro Galeana y Mario Martínez Morán. Este último, concesionario de la Nissan en Guerrero, lanzó entonces una camioneta Urvan para 15 pasajeros, armada en sus propias instalaciones del parque industrial de El Ocotito que, en opinión del gremio, era una chulada. Fue él, Mario Martínez, quien se atrevió a fiarle un pequeño Tsuru azul a este columnista.

 

Acapulco, por siempre y para siempre III

Ricardo Garibay
México (1923-1999)

Acapulco, prestigio planetario; esa tilde gala del Pacífico; único bestseller en contra del México no hay dos, punto de viaje de todo aquél que sueña vivir siquiera una semana en el deleite sin cuenta de gastos con cargos de conciencia.
Acapulco, desesperanza al futuro y certidumbre del minuto atrapado en pleno vuelo a pleno lodo.
Acapulco la mugre y la luz encantadora.
Acapulco, allá la horrísona penumbra de colores, acá la caliente saliva cristalina; mandrágora furtiva, y humedad mordedura en la epilepsia del rock; y en el andrajoso enredijo de callejas ahogadas de muchedumbres y letreros, la rojiza mirada tangente de los tigres de albañal.
Acapulco una cuarentaicinco escupidora de broncas sangres y espejerías marineras, eternidades lánguidas y esos brillos de seda desnuda, estrías de sol en los valles y colinas y columnas de las soñosas mujeres.
Acapulco, cantábile, tacatrás, chasquido chicotazo de la injurias. Arrullo de la tórtola.

Morelos y el Veladero
Francisco Escudero

Cuando José María Morelos se desempeñaba como párroco de la iglesia de Carácuaro, Michoacán, recibe las primeras noticias sobre la insurrección iniciada por su colega Miguel Hidalgo y Costilla, Entonces decidirá unirse al movimiento y lo hace en Indaparapeo donde tiene un encuentro con Hidalgo. Allí recibe la encomienda de levantar el Sur de la República, cuya plaza más importante era Acapulco.
Al frente de su propio ejército, Morelos entra al estado de Guerrero para iniciar su primera campaña militar, de octubre de 1810 a agosto de 1811. All legar a Acapulco su primera decisión será la toma del cerro de El Veladero, desde el cual los realistas mantenían tomado al puerto.
Morelos comisiona al capitán Rafael Valdovinos para que, al mando de 700 hombres, desaloje aquella fortaleza. Lo logra, en efecto, pero lo mantendrá por corto tiempo ante la reacción enérgica del enemigo. El arribo de los hermanos Bravo y Vicente Guerrero en apoyo de Morelos cambiará el panorama. Así, el 30 de abril de 1911 será tomado El Veladero por fuerzas al mando del teniente coronel Juan Antonio Fuentes .
Hoy El Veladero vuelve a estar en peligro y no precisamente por el fuego que lo desmonta, sino por los siempre oscuros planes inmobiliarios para apoderarse de los cerros de Acapulco.

Diego Rivera en Acapulco
La Casa de los vientos

No ha habido en nuestro país un pintor tan excepcional como Diego de Rivera, un viajero internacional cuyo último viaje tuvo como destino Acapulco. Aquí vivió siete meses en la casa de su gran mecenas, Lola Olmedo, una de las grandes admiradoras y coleccionista de su obra, para volver a su estudio en la Ciudad de México, donde muere en noviembre de 1957.
Durante su estancia en la Casa de los Vientos, la residencia de Olmedo así bautizada por él, Rivera pintó en sus muros la que puede llamarse su última gran obra, un mosaico de colores alegres. Hay, por ejemplo, una representación de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada y de un xoloitzcuintle, el perro de los aztecas. Diego se pintó en los muros como un gran batracio de grandes ojos color verde. Y como siempre, una hoz y un martillo, recodando su afiliación al comunismo.

La Inalámbrica
Concha Hudson Batani
Acapulco

Durante el mandato del gobernador, general Silvestre Mariscal, se desembarcó aquí erróneamente una inalámbrica (sistema de comunicación radial sin alambres) dirigida al poblado de Acajutla.
Mariscal se entera de ello y ordena inmediatamente la requisa de la carga, comentando que más tarde la repondrá a sus destinatarios. La Inalámbrica se instala en el cerro de La Quebrada, bautizado desde luego como de la Inalámbrica, lo mismo su calle de acceso.

Ácatl, carrizo o caña
Cecilio A. Robelo

Según Cecilio A. Robelo, en su Diccionario de Aztequismos, Acapulco deriva de ácatl, carrizo o caña; polo pul, aumentativo, y co, en el lugar: En el lugar de los carrizos grandes. Una definición en la que no está de acuerdo el maestro Mariano Rojas, también distinguido profesor de lengua náhuatl y reconocido como autoridad en la materia. Para él, Acapulco es el lugar donde fueron arrasados o destruidos los carrizos, de ácatl, carrizo (no caña), poloa, destruir o arrasar , y co, en el lugar.
Una opinión que, por cierto, se corrobora en el jeroglífico de Acapulco, que aparece en la página 45 del Diccionario de Aztequismos del propio Robelo y en el que se aprecian dos manos que destruyen o parten un carrizo.
El glifo de Acapulco, utilizado como escudo, simboliza dos manos que parten o destruyen un carrizo. Los tallos del carrizo tienen hojas sueltas de color verde tierno; los brotes del tallo son verdes. Las manos y brazos cafés claro.

¿Por qué Acapulco de Juárez?

El agregado de Juárez a Acapulco lo decretó la Legislatura guerrerense el 27 de junio de 1873, siendo gobernador del estado Diego Álvarez, hijo de don Juan, del mismo apellido. Ambos fueron amigos del Benemérito, quien estuvo con ellos en La Providencia armando el Plan de Ayutla para echar a Santa Anna del poder.

Alfonso Camín, periodista
España 1890-1982
Las palmeras de Acapulco

Junto al mar de Acapulco, las palmeras jóvenes, armoniosas y joviales
tienen cuerpos de novias
quinceañeras.

Abren los brazos a los litorales,
al horizonte azul sus cabelleras
tendidas, ondulantes al aire marinero.

Cuando ven un velero,
quisieran arrancarse las raíces,
sentirse más felices
si las raptara la marinería,
conocer Yucatanes, Campeches y Belices.
y amanecer mañana por regiones remotas,
bien sobre la cubierta o en la hamaca del día,
senos redondos y las pencas rotas,
entre ese vuelo blanco, nupcial de las
gaviotas.

Son las palmas del Trópico,
Las vírgenes tempranas
que no admiten espera,
tienen la voz alegre que tienen las
mañanas,
quieren ser en el mástil ondulantes
banderas
y no comprenden la vejez
menesterosa.

Bajo el cielo del Trópico, mujeres y
palmeras
se dan al sol y al viento como el fruto
y la rosa.

Las palmas de Acapulco, cuando ven
una nave
quieren ir con la brisa,
con la vela y el ave
y desgranar en perlas el collar de su
risa.

Yo les doy la razón. Tienen derecho el cuerpo fino, en redondez el pecho, el cogollo feliz, vientres ingrávidos, los cuerpos finos y los ojos ávidos.

Entre las carcajadas del hombre, la mujer sin el ropaje,
las palmas de Acapulco, todas las madrugadas
quieren marchar de viaje
bien en la nave o a nado sobre
las marejadas.

El mismo mar azul como anilina
tiende los ojos al confín abierto,
como esperando a otra princesa china que arome de canelas orientales el puerto.

Si se forma una corriente y
un jurado de gentes marineros
yo voto porque viajen
las palmeras.

Acapulco, por siempre y para siempre II

Almirante Lord George Anson
Inglaterra (1697-1762)

Acapulco, bahía extraordinaria

La bahía de Acapulco está casi rodeada por escarpadas montañas, cuyas bruscas pendientes, en su lado sur, dejan apenas una pequeña franja plana habitable, circunstancia que explica su inusitada profundidad. La Entrada, que abre hacia el sureste, está bloqueada por la isla de la Roqueta, que la divide en dos bocanas de dimensiones desiguales, el paso del lado Este, conocido como Boca Grande, que tiene una anchura de más o menos milla y media, y la llamada Boca Chica, que mide únicamente unas 260 yardas.
Aunqu lo ancho de la primera ocasiona marejadas y vientos que pudieran interferir con la seguridad de embarcaciones fondeadas en el lado opuesto, los barcos pueden encontrar seguridad anclados frente a la ciudad en el lado protegido de la bahía, hacia el Noroeste de su áreas principal, Así, el puerto tiene la ventaja de ser seguro y profundo, con una área superficial para anclaje de 11 kilómetros cuadrados variando su profundidad entre 5 y 20 brazas. Una bahía tan extraordinaria que el galeón de Manila era amarrado a un árbol en tierra en vez de anclar a media bahía.

Julio Verne
Nantes, Francia, (1828-19059)

Un drama en México es el título del primero de dos relatos de Julio Verne ambientados en México, basado en el amotinamiento de dos barcos de la armada española con destino a este puerto. Un ensayo breve que el escritor publica una vez que ha alcanzado fama y prestigio y en el que declara su simpatía por las causas independentistas de las Américas. Un texto en el que asombra su facilidad para detallar paisajes tomados del Atlas bien sus geográficas sobre Acapulco:
“Una vez apoderados de las naves Asia y Constante, los marineros amotinados desvían su rumbo hacia las costas mexicanas. La intención es vender los busques a la recién creada confederación mexicana, aún sin ningún navío militar. Se dirigen directamente a puerto de Acapulco, en manos de los españoles, luego der que han desalojado en 1815 a las fuerzas del generalísimo Morelos y Pavón. Para Verne, los marinos desertores no sólo venden las naves, sino que también se incorporan a los conquistadores. Así, las naves Asia y Constante serán las primeras unidades de lo que será, seis años más tarde, la armada mexicana.

Julio Sexto
(España 1887- México 1960)

El periodista español Julio Sexto llega a México para dedicarse a la cátedra y las letras. Colabora en algunos periódicos de la época como El Hijo del Ahuizote, El Diario del Hogar y El Imparcial. Su Elogio de Acapulco aparece en su libro La Reina de Acapulco (1935). Otros textos suyos: La Agonía del Bardo, Azulejos y Los bohemios de la muerte.

Elogio de Acapulco

Acapulco remoto… meta heroica marina
de las Naos gallardas que venían de China

Acapulco leyenda… Acapulco, alegría
que se lleva en sus ondas nuestra melancolía…

¡Acapulco…una ola… una brisa…una palma…
el calor en el cuerpo…la frescura en el alma…!

Acapulco sonoro por el nombre y el mar,
y tan lleno de encantos que aún están sin cantar!

Acapulco sedante… milagroso remedio
para echar en el agua nuestras cargas de tedio

Acapulco, bahía como plata en crisol
en las fraguas ardientes de las puestas de sol

Acapulco, incitante, que promueve la fiesta
y abre los apetitos del amor en la siesta.

Acapulco… un albatros… una vela… una racha
–en la playa, desnuda, una linda muchacha–.

Acapulco: Caleta… Manzanillo… Tambuco…
–una gran tintorera que va tras un cayuco–

José Joaquín Blanco
México (1951)

Acapulco y la luna de miel

“Acapulco, sitio ritual de iniciaciones sentimentales y de lunas de miel, de excursiones familiares y asomos a la farra, de la siempre codiciada aventura de convivir con extraños que terminan pareciéndose tanto a uno mismo, ha definido para varias generaciones el sitio y la ocasión de contento de todo el año, “Nos vemos el año que entra, a la misma hora”, se despiden algunos turistas. O la próxima Semana Santa, o el siguiente fin de año.
“Metrópoli del descanso y regocijo, horizonte de ilusiones y sueños, Acapulco es el punto dorado con que el siglo XX mejoró el hosco mapa mexicano. Dura tarea la de configura el edén para tanta gente, y que cese de sopetón en las temporadas, sobrexcitada y urgida, ávida de todo. Los edenes no suelen recibir el reconocimiento y la gratitud que debieran. Nada tan indispensable como ellos”.
José Joaquín Blanco. Cronista chilango, dramaturgo, ensayista, narrador y poeta. Ha colaborado en varias publicaciones como El Financiero, El Universal, La Jornada, Nexos y Siempre. Primer lugar en el concurso Punto de Partida (1971). Premio Diana Moreno Toscano a la promesa literaria (1973). Ariel al mejor guión cinematográfico por Frida, naturaleza muerta (1985), compartido con Paul Leduc).

Doctor Johannes Georg Jakob Preuss
(Alemania 1946)

¡Das ist Hiunderbar! (¡Esto es una maravilla!)

Fue la expresión del científico alemán al ver por primera vez la bahía de Acapulco, que venía a estudiar (1976). Ni más ni menos como lo hiciera 1803 su paisano Alejandro de Humboldt, doctor de geografía física, geología y ecología e investigador de la Universidad Johannes Gutemberg de Maguncia” (Mainz), Alemania.
Sobre la estancia del doctor Jacob Preuss en Acapulco, al servicio del Plan Acapulco, programa de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, da fe un estudio de su autoría titulado Los recursos naturales de relevancia turística en la bahía de Acapulco (1976). Citado por los investigadores César Campodónico y Wilson Nery Fernández, en el estudio titulado Crecimiento de Acapulco (1981), referido a las playas del anfiteatro:
“Observan un largo de 6.7 kilómetros, un ancho medio de 45 metros en un área total de 0.303 kilómetros cuadrados y de la cual un 63% corresponde a la playa seca y el resto a la húmeda. Predominan arenas gruesas y medias, las primeras generalmente relacionadas con los lugares donde abunda el granito, en tanto que las medias y las finas (muy escasas) van asociadas a los materiales metamórficos. Así, Costa Azul y La Condesa tienen arenas gruesas, en tanto que Hornos posee predominantemente medias y finas”.

La fosa abisal

Otro dato importante aportado por el cartógrafo alemán se refiere a la fosa abisal de Acapulco (o “fosa marina” o “fosa oceánica”) cuya profundidad calculó en 5 mil metros (la de Japón es tres veces más profunda). Producto esta de los fenómenos de subducción durante el contacto entre la placa de Cocos con la Norteamericana –momento en que la primera se introduce debajo de la segunda–, generando los movimientos sísmicos. Se prologa 230 kilómetros de Acapulco a Papanoa, cubriendo amplias zonas y períodos de oscilación prolongados. Una intensidad sísmica sólo superada por Chile y la Columbia Británica

Concha Hudson Batani
Acapulco

El primer automóvil en Acapulco

En 1916, siendo gobernador de Guerrero, el general Silvestre Mariscal, trajo al puerto el primer automóvil, un Studebaker sedán, descapotable. El chofer del vehículo era un soldado carente del habla, conocido como El mudo del Mariscal. El auto tenía faros de carburo y lo arrancaban a mano porque tenía magneto y no conexión eléctrica. Doña Elisa, esposa del general, ordenaba sacar el carro por las tardes e invitaba a alguna de mis tías a pasear. Sobre la actual calle Felipe Valle hicieron un zaguán que servía especialmente para para la entrada y salida del coche. Partían de ahí, llegaban a la calle San Diego (hoy Benito Juárez) para salir al Zócalo; le daban vuelta a Jesús Carranza, seguían por la actual calle Escudero hasta la casa Alzuyeta, volviendo al punto de partida. Allí terminaba el paseo.

Enrique Fernández Castelló
México (1870-1950)

La más grande historia de amor en Acapulco

En lo más alto del cerro del Guitarrón se asoma orgulloso e imponente el testigo mudo de una de las grandes y a la vez triste historia de amor que este puerto ha inspirado. Desde casi todos los puntos de la bahía de Acapulco se puede apreciar la majestuosa cruz blanca que parece coronar el famoso cerro.
La obra de 42 metros de altura que flanquea la entrada principal a la Capilla de la Paz, es resultado del inmenso amor que Milly Hauss de Trouyet prodigaba a Acapulco. Cuyo sueño mayor era brindarle un símbolo de espiritualidad que dominara la bahía y que pudiera ser apreciada desde cualquier punto de ésta, decidiendo por ello su edificación en la zona más alta del fraccionamiento Las Brisas. El famoso empresario Carlos Trouyet, su esposo, emprendió esta obra como expresión del amor que profesaba a Milly.
Durante la edificación murieron sus hijos Jorge y Carlos jr. en un accidente aéreo y tres años más tarde murió Milly sin haber concretado su anhelado sueño El no cejó en su empeño hasta ver cristalizada esta magna obra. Junto a la cruz fue colocada una escultura Las manos de la hermandad, en memoria de los hijos de don Carlos. La capilla de la Paz, cruz y escultura constituyen desde 1971 una de las más profundas expresiones de espiritualidad y amor de este fascinante destino.

 

Acapulco, por siempre y para siempre I

Ignacio M Altamirano
Tixtla, Gro. (1834-1893)

Huésped con los suyos de la familia Álvarez en la hacienda de La Providencia (Acapulco), Ignacio Manuel Altamirano Basilio participa con don Juan y su hijo Diego en la redacción del Plan de Ayutla, tarea a la que se unirá más tarde don Benito Juárez. Llegadas las fiestas patrias de septiembre de 1865, el gobernador de Guerrero, Diego Álvarez, pide al maestro tixtleco que pronuncie el discurso alusivo durante la ceremonia del Grito en Acapulco. Ya en el puerto, no podrá hacerlo por la llegada de refuerzos militares para la ocupación francesa y entonces será llevado a La Sabana, donde pronunciará una alocución exaltando la belleza de Acapulco y el patriotismo de sus habitantes:
“Íbamos a celebrar las fiestas de septiembre en el bello Acapulco, allí, a orillas de esa dulce y hermosa bahía que se abre en nuestras costas como una concha de plata; iban sus mansas olas de esmeralda a acariciar los altares de Hidalgo, iba su fresca brisa a agitar los libres pabellones; iban los penachos de sus palmas próceres a dar sombra al pueblo regocijado; iba el lejano mugido del tumbo a mezclarse en el concierto universal; iba, como tantas veces, Acapulco a aderezarse con su guirnalda de flores, cuando repentinamente, extranjeras naves, las naves de aquél que se llama soberano de México (Maximiliano de Habsburgo) han venido a deponer en nuestras playas una falange de traidores”.
Surto en la bahía del puerto, el vapor St Louis de la línea Pacific Mail se dispone a partir hacia puertos estadunidenses. Son las once de la noche y Altamirano ha sido el útimo pasajero en abordarlo. Escribe en su camarote:

Al salir de Acapulco

Aún diviso tu sombra en la ribera
salpicada de luces cintilantes,
y aún escucho la turba vocinglera.

De alegres y despiertos habitantes
cuyo acto lejano hasta a mi oído
viene el terral trayendo, por instantes.

Dentro de poco, ¡ay Dios!, te habré perdido,
última, que pisara cariñoso,
tierra encantada de mi Sur querido.

Me arroja mi destino tempestuoso
¡adónde? no lo sé, pero yo siento
de tu mano el empuje poderoso.

¿Volveré? Tal vez no y el pensamiento
ni una esperanza descubrir podría
en esta hora de huracán sangriento.

Tal vez te miro el postrimero día
y el alma que devoran los pesares
su adiós eterno, desde aquí te envía.

Quédate pues, ciudad de los palmares,
en tus noches tranquila arrullada
por el acento de tus roncos mares.

Y a orillas de tu puerto recostada,
como una ninfa en el verano ardiente
al borde de un estanque desmayada.

De la sierra el dosel cubre tu frente
y las ondas del mar siempre serenas
acarician tus plantas dulcemente.

¡Oh suerte infausta! Me dejaste apenas
de una ligera dicha los sabores
y a desventura larga me condenas.

Dejarte ¡oh Sur! acrece mis dolores
hoy que en tus bosques quedase escondida
la hermosa y tierna flor de mis amores.

Guárdala, ¡oh Sur!, y su existencia cuida
y con ella alimenta mi esperanza,
¡porque es su aroma el néctar de mi vida!

Mas yo te miro huir en lontananza
oigo alegre el adiós de extraña gente
el buque, lento en su partida avanza.

Todo ríe en cubierta indiferente:
sólo yo con el pecho palpitando
te digo adiós con labio balbuciente.

La niebla de la mar te va ocultando;
faro, remoto ya, tu luz semeja;
ruge el vapor, y el Leviathán bramando.

Las anchas sombras de los montes deja.
Presuroso atraviesa la bahía
salva la entrada y a la mar se aleja;

Y en la llanura lóbrega y sombría
abre en su carrera acelerada
un surco de brillante argentería.

La luna, entonces, hasta aquí velada,
súbita brota en el zafir desnuda,
brillando en alta mar. ¡Mi alma agitada,
pensando en Dios, a la inmensidad saluda!

Dr Alfonso G. Alarcón
(Chilpancingo 1864-1953)

“Acapulco es un encanto tanto por fuera como por dentro. Ahora se comprende y se disfruta su belleza natural porque el automóvil ha dominado a la Sierra Madre, pero cuando era un puertecillo olvidado al que sólo podía llegarse a lomo de bestias jadeantes o por la vía marítima en barquichuelos endebles o vapores de la línea americana que funcionaba entre San Francisco y Panamá, el aislamiento en que se vivía le daba cierto encanto de joya escondida y engarzada en la ruda montaña”.
“Los viajeros de ahora se fatigan realizando el recorrido por la carretera y experimentan incobrable satisfacción y confortable deleite cuando al tramontar el último baluarte que forman aquél circo gigantesco, súbitamente reciben la sorpresa del bellísimo paisaje marino. Los de la época que recuerda Rosendo Pintos, entre fines del siglo XIX y principios del XX, mucho más fatigados por las jornadas largas que teníamos que emprender por el sendero escabroso, seguramente que sentíamos más satisfactoriamente el llegar al Raicero, el enorme recibimiento del cielo, mar, montaña, brisa, olor y calor que da Acapulco a sus visitantes como premio de su esfuerzo.”
(Extracto del prólogo escrito por el doctor Alfonso G. Alarcón para el libro Acapulco, monografía anecdótica y contemporánea –1949–, de don Rosendo Pintos Carballo. Ambos fueron amigos entrañables desde la infancia por haberla disfrutado en el puerto. Fue él un distinguido pediatra mexicano, autor de varios textos sobre el la especialidad médica y entre ellos el Breviario de Pediatría, galardonado en 1935 con la Corona Olímpica, del gobierno de Bruselas, Bélgica). El acapulqueño funda la biblioteca de Acapulco y le da el nombre de su amigo.

Miguel Ordorica
México, DF (1884-1963)

–Un baño en Caleta supera los efectos de tres inyecciones tónicas.

Llamado “el periodista non de América”, Miguel Ordorica fue el director fundador del vespertino Últimas Noticias de Excelsior. Fundó también los diarios El Sol de San Luis Potosí y El Sol de Guadalajara., ambos de la Cadena García Valseca. Tipo extraño, dirán de él porque presumía su orgullo de haber sido amigo de Porfirio Díaz y de Victoriano Huerta.

Agustín Aragón y Leyva
(1870-1954 )
¡Acapulco, nomás!

“No hay nada más bello que nuestras costas… Ni la Costa Azul de Italia, ni las muy hermosas playas de Biarritz en el golfo de Gazcuña. Ni San Sebastián, ni el Cantábrico. Allá, castillos almenados, carreteras inmejorables, grandes hoteles, lujo. Aquí, la belleza agreste del paisaje… el paisaje único de Acapulco, nomás”
(Agustín Aragón, morelense, maestro, escritor, ingeniero, topógrafo, hidrógrafo, geógrafo astrónomo y geodesta. Sucesor de Gabino Barreda al frente de la escuela filosófica del positivismo en México. Fue diputado federal los últimos diez años del porfiriato).

Gabriel García Márquez
Colombia (1927-1982)
Acapulco y Cien años de Soledad

La manera de cómo Gabriel García Márquez escribió su más famosa novela, ya forma parte de la mitología literaria latinoamericana. Así lo narra él mismo:
“Desde hacía tiempo me atormentaba la idea de una novela desmesurada, no sólo distinta de cuanto había escrito hasta entonces, sino de cuando había leído. Era una especie de terror sin origen.
“De pronto, a principios de 1965, iba con Mercedes y mis dos hijos para un fin de semana en Acapulco, cuando me sentí fulminado por un cataclismo del alma, tan intenso y arrasador, que apenas sí logré eludir una vaca que se atravesó en la carretera. Rodrigo dio un grito de felicidad:
–¡Yo también cuando sea grande voy a matar vacas en la carretera!.
“No tuve un minuto de sosiego en la playa. El martes, cuando regresamos a México, me senté a la máquina para escribir una frase inicial que no podía soportar dentro de mí: “Muchos días después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…
“Desde entonces no me interrumpí un sólo día en una especie de sueño demoledor, hasta la línea final”.º

 

1939-2024: Escuela Secundaria Federal 22

 

(Segunda y última parte)

Miranda Fonseca

Dos años más tarde, una vez que ha encauzado la segunda enseñanza en Acapulco, el maestro Eduardo Jiménez Ramírez entrega la dirección de la Secundaria Federal 22 al profesor Eugenio Miranda Fonseca, originario de Chilapa. Así retratado por sus alumnos en el Anuario Escolar: “difícil de carácter pero muy formal en sus clases y estricto con las tareas”. Mismo documento en el que expresarán cariño y gratitud para todos sus maestros: Edmundo Villalva (geografía), Oswaldo Olvera (civismo), Julio Vélez (talleres), Mauricio Güicho González (música) y Eva Martínez de León (inglés) .
Miranda Fonseca, hermano de Donato de los mismos apellidos, alcalde de Acapulco (1953-54) y secretario de la Presidencia en el gabinete del presidente López Mateos (1958-64), cumplirá un año al frente de la institución y su relevo será el maestro J. Guadalupe Lozano. Este, a su vez, entregará la estafeta el maestro Eduardo Vega Jiménez, quien llevará a la institución a los más altos niveles de aprovechamiento y prestigio de los que goza en la actualidad.

La tragedia

La tragedia sobrevendrá tres lustros más tarde. La casona que alberga a la Secundaria Federal 22 sucumbe luego de una serie de sismos que sacuden al puerto los días del 3 al 16 de septiembre de 1953. Los daños se reportan graves en toda la ciudad, incluida nuestra escuela que sufre la destrucción del área de talleres y muy lastimado el resto del inmueble. Por poco tiempo, ciertamente, pues el temblor de la Noche del Grito acabará totalmente con la vieja, la casona de adobe con techo de tejas. Y, por si hiciera falta, un tercer movimiento al amanecer del 16 la reducirá a una montaña de cascajo.
La primera reacción de la población fue necesariamente de pena y congoja por la afectación general de la ciudad. Emociones que contrastarán con las manifestaciones de alegría y felicidad expresadas por estudiantes y padres de familia de la secundaria. Dando gracias al cielo porque los sismos no hubieran ocurrido en días y horarios de clases. Habrá incluso una misa de acción de gracias en la vecina parroquia de La Soledad.

¿Y ahora?

Será esta la angustiosa pregunta de los afectados y la respuesta será inmediata por parte de la SEP: “La Secundaria 22 ocupará por las tardes las instalaciones de la Escuela Primaria José Ma. Morelos y Pavón, localizada en el área del mercado de la ciudad. Será por poco tiempo, se advertía, púes su edificio se construirá rápidamente.
Ocurrirá lo previsible a partir aquella abrupta invasión. Profesores y alumnos se quejarán de una y mil anomalías adjudicadas a los apestosos arrimados. Algunas: el mobiliario escolar para niños usado por adultos, lo mismo ceniceros y perforado con dibujos de mujeres desnudas. Las leyendas obscenas en los baños, además de la presencia constante de sucios “globitos de hule”.
Finalmente, un grupo de estudiantes toma la decisión de no esperar el nuevo año escolar arrimados en la escuela Morelos y buscan apremiar la solución. No se dirigen a ninguna representación local de la SEP sino al alcalde de Acapulco, Donato Miranda Fonseca, cuya hermano Eugenio había sido de los primeros directores de la Secundaria 22. Este les ofrece su más amplia colaboración para que muy pronto ocupen su escuela propia. Para asombro de los jóvenes, a los pocos días de aquella entrevista se anuncia la visita del secretario de Educación Pública, José Ángel Ceniceros, quien vienen especialmente a conocer el caso de la Secundaria 22

El titular de la SEP

Don Rosendo Pintos Lacunza, cronista, ex alcalde de Acapulco y vecino pared con pared del inmueble colapsado, con la pérdida varias máquinas de su imprenta, escribirá en el diario Trópico:
“Por fin, un buen día se presenta ante la ruinas de la Secundaria Federal el secretario de Educación Pública, José Ángel Ceniceros, acompañado por el alcalde Donato Miranda Fonseca. Un grupo de estudiantes se hace presente en aquél momento con consignas alusivas y una gran manta en la que se lee: Exigimos edificio nuevo. Los muchachos portan pancartas condenando la tardanza de la SEP para asumir su responsabilidad demandando en coro: “¡queremos edificio nuevo!… ¡queremos edificio nuevo!…¡queremos edificio nuevo!”.
“El secretario Ceniceros no oculta su molestia, su irritación ante aquella manifestación. Monta peligrosamente a un volcán de cascajo de lo que fue el edificio escolar, para responder a los muchachos:
–¡Óiganlo bien, exigentes jovencitos, el gobierno del señor presidente Ruiz Cortines no necesita ni de ultimatos ni plazos fatales para cumplir con sus obligaciones y este caso no será la excepción. Les ruego que nos serenemos si queremos llegar a algo concreto. Tan no necesita el presidente Ruiz Cortines de apremios o exigencias que ha sido él quien me ha ordenado venir a Acapulco para lamentar con ustedes la destrucción de su escuela y darles la seguridad de que pronto tendrán un edificio nuevo. Y se los digo desde ahora, la escuela no se levantará en este mismo lugar, sencillamente porque no es apropiado.”
El grupo de “exigentes jovencitos” lo integraban Martha Durán, Olga Navarrete, Elvira Oscos, Cristina Cristerna, Mercedes Vanmeeter, Martina Roque, Violeta Zúñiga, Evelia Alcaraz, Elia Rita Vega, Eduardo Salinas Torres, Cuauhtémoc Lobato, Luis Castañeda, Cuauhtémoc Juárez, José Manuel Linares, Tadeo y Ervey Arredondo, Luis de la Peña, Armando Ruiz Massieu, Héctor Mújica, Jaime y Luis Muñoz Pintos, Guillermo González, Raúl Reducindo, Nicolás Salinas Sotelo, Ezequiel Ramírez, Alejandro Arzate, Magdaleno Monroy, Cuauhtémoc Rivera y este columnista.

Se inicia la construcción

La construcción de edificio para la Escuela Secundaria Federal 22 se inicia en el lejano fraccionamiento Hornos, a cargo del Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas, CAPFCE. Se hace a chita callando seguramente para evitar la presencia de “exigentes jovencitos” midiendo los tiempos de construcción que, por cierto, muy pronto serán suspendidos.

Por vidita…

El Planeta, periódico escolar editado por quien esto escribe con la asesoría del maestro Alfredo Beltrán Cruz, consideraba “inaceptable que Acapulco, su juventud, no hubiera merecido en casi medio siglo un plantel de educación media Y se preguntaba: ¿Acaso será necesario que la juventud porteña se manifieste con acciones poco civilizadas para lograr lo que justamente se merece?”. Integraban el directorio del medio escolar quincenal: Virginia Hurtado, Ulises Vargas Guillén, Marta Rodríguez Rábago y Elio Reyes Berdeja.
El Planeta –dos hojas tamaño oficio– acreditará a su denuncia la reanudación de los trabajos paralizados por mucho tiempo. El director del CAPFCE lo negará revelando que ello había sido posible gracias a una inyección de un millón de pesos. Mismo funcionario que a finales de 1956 juraba, besando la cruz, que la escuela estaría a tiempo. Un juramento que, por cierto, no fue en vano pues justo antes de terminar el sexenio de Ruiz Cortines se entrega el edificio de la Secundaria Federal (ya no 22 sino número 1 de Acapulco).
Un inmueble por cierto muy pobre, así calificado por quienes habíamos conocido el proyecto original. Un maravilloso complejo educativo que hubiera sido modelo no sólo en el país sino en el resto del mundo. No habrá, sin embargo, reproches ni calificativos y sí muchas manifestaciones juveniles de agradecimiento para Adolfo Ruiz Cortines. Ello no significará que lo dejen de llamar a la mandatario con los motes populares relacionados con su edad (62 años): Momia, Faquir, Tío Coba, ARC (Antigua Reliquia Colonial) y más.

Ruiz Cortines en Acapulco

Permítasenos esta digresión para recordar una antigua estancia acapulqueña de un jovenzuelo Adolfo Ruiz Cortines. Se desempeñaba como secretario particular del general Alfredo Robles Domínguez, comandante de la División Militar del Sur con sede en el fuerte de San Diego. Hospedado en el hotel Jardín, de doña Balbina Alarcón de Villalvazo, en la calle de La Quebrada, el veracruzano trabó amistad con varios porteños en torno al dominó, un ejercicio de sus dominios plenos. Aquí, no obstante, algunos le darán batalla: Rosendo Pintos, el general Ismael Carmona y Rosendo Batani.
Todos ellos y más, encabezados por doña Balbina, serán sus mejores abogados cuando, candidato a la presidencia de la República, sea acusado por sus opositores de traición a la patria. Se le hacía responsable de haber servido al enemigo durante la invasión norteamericana al puerto de Veracruz, en 1814, en cuya defensa había sido sacrificado el teniente acapulqueño José Azueta.
La defensa de los acapulqueños fue contundente al narrar el día a día y el minuto a minuto sobre la estancia del joven Adolfo en el puerto, fechas coincidentes con la invasión veracruzana que sirvieron para amarrar la acusación. El general Miguel Henríquez Guzmán, candidato a la presidencia de la República por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano, tendrá que tragarse su mentira

La Torre Azul

Don Adolfo visitará Acapulco siendo presidente y cuando deje de serlo siempre con la máxima discreción, se hospedaba en un departamento del edifico conocido como la Torre Azul, sobre la Costera, donde recibía a sus viejos amigos para pasarse horas moviendo las figuras del dominó. El vistiendo guayabera blanca con corbata de moño o “pajarita”, una indumentaria que se usará como etiqueta durante la Reseña Mundial de Cine. (La Torre Azul se adjudicó entonces a la primera dama doña María Izaguirre de Ruiz Cortines e incluso el hotel El Presidente)

Quinceañera

Volvemos a la Secundaria Federal 22 que cumple 15 años todavía arrimada en la escuela Morelos, sin poder celebrarlos como correspondía, con vals y toda la cosa. Coincidentemente, el periódico El Planeta cumplía dos años en la misma fecha y sus editores deciden una celebración conjunta. Un gran baile con la coronación de la reina de la escuela y del periódico estudiantil, la hermosa Emma Graef, quien bailará el vals dedicado a la escuela en el escenario de los muelles del Club de Skies. Interpretado por la famosa orquesta capitalina de Venus Rey (Venustiano Reyes, líder del SUTM), el único que se avino al presupuesto de los contratantes. Sus temas: Sobre las olas, En Acapulco fue, Vereda tropical, Te compro el mar, El Varadero, Hey Lupe, Té para dos y Al compás del reloj.

Cuadro de honor

Un grupo de docentes muy queridos, respetados e inolvidables formaron parte del cuadro de honor elaborado por egresados de varias generaciones de la Federal 22. Los encabeza el director de la institución, Eduardo Vega Jiménez, quien impartía literatura. Miguel Chavelas (subdirector, historia), Gloria Carro Mancilla (biología), María de los Ángeles Serratos (inglés), Socorro Pérez de Vega (manualidades), Alfredo Beltrán Cruz (física e historia), Teófilo Moyado (matemáticas), Arturo Horta Miranda (civismo), José Luis Córdova (química), David Malvaez de la Barrera (biología), José Flores (taller mecánico), Alejandro Ayala (ducación física), Mauricio González (música), Julio Vélez Romero (carpintería). Estos dos últimos, extraordinarios maestros, venían de la primera generación).

Himno a la Escuela Secundaria Federal 22

El autor de la letra del himno a la escuela Secundaria Federal 22, fue el alumno Juan Gilberto León Berdeja (más tarde distinguido profesor) y la música fue arreglada por el maestro Eduardo Ramírez Jiménez, primer director de la institución.

En honor a la escuela querida
Que simiente en su frente el saber
Entonemos un himno de vida
Que haga eco triunfal por doquier

Es la lira que trémula plañe
Con la trova que rasga el zafir
Y con eco de ritmo sagrado
Canta un verso de don del vivir

En tu honor ¡Oh, recinto sagrado!
Surge un canto de amor sin igual
Que nos dice con notas sonoras
Que eres ciencia y de luz manantial

Estudiantes costeños marchemos
Siempre unidos en férrea lealtad,
Y forjemos con fuerza grandiosa
La más pura y sincera hermandad

Acapulco nos pide entereza
En la busca de un gran porvenir
Y la Patria no dice: ¡Estudiantes,
a triunfar, a vencer o morir!

 

1939-2024. Escuela Secundaria Federal No. 22

 

(Primera parte)

Lázaro Cárdenas

La primera escuela oficial de enseñanza media se establece en Acapulco el 16 de marzo de 1939, siendo presidente de la República el general Lázaro Cárdenas del Río. Se le denomina Escuela Secundaria Federal número 22 (el número de ellas en todo el país) y ocupa una vieja casona en la esquina de las calles de La Quebrada y Francisco I. Madero, antiguas sedes de las oficinas de Correos y Telégrafos.
La decisión presidencial es aplaudida y agradecida por los porteños, reconociéndose como justo premio a la entereza y perseverancia de la juventud porteña, así como a las instituciones y personalidades que por años la gestionaron. Estarán entre ellos el alcalde Manuel López López (1927-28) y su hijo José Manuel López Victoria, más tarde cronista fiel de la ciudad. La maestra Felícitas (Chita) Jiménez, fundadora de la primaria Ignacio M. Altamirano; el periodista José O Muñúzuri, el hotelero tamaulipeco Carlos Barnard (El Mirador) y los comerciantes José Tellechea y Juan Gómez.
Se ponderó también el particular interés del secretario cardenista de Educación Pública, Gonzalo Vázquez Vela, quien designa como primer director de la institución al profesor hidalguense Eduardo Jiménez Ramírez y como subdirector al profesor Vidal Gutiérrez. Ambos procedentes de las célebres Misiones Culturales de la propia SEP.

Los primeros

Las primeras matrículas se generan inmediatamente y corresponden a las hermanas Lidia y Evelia Villalobos, hijas del profesor César Villalobos, quienes conservarán por siempre el orgullo de haber sido las primeras alumnas de la naciente institución educativa. Tras ellas seguirán las también jóvenes acapulqueñas Eloísa Soberanis, Victoria Muñoz, Gloria Pano, Evelia y Sara Pedroza, Elidé Barrera, Celia Ramírez, Aurora Barrientos y Gloria Jiménez . Fueron los primeros alumnos: Emilio Karam, Ricardo Morlet Sutter, Gilberto León Berdeja, Ángel Vinalay, Francisco Ayerdi, Alberto Batani y Martín Heredia Merckley. Ya para el mes de abril del mismo año la matrícula superaba los 40 secundarianos.
La falta de una secundaria durante los primeros 40 años del siglo XX, no fue impedimento para que algunos jóvenes la cursaran en instituciones de otras ciudades y entre ellas el colegio Wallace, de Chilpancingo, y los monjiles de Chilapa. E incluso del extranjero como el colegio Saint Mary de Oakland, California, del que fue alumno Juan R. Escudero, nuestro héroe mayor.
Será entonces cuando atrevidas jovencitas opten por vivir alejadas de seno familiar en pos de prepararse mejor para la vida, siempre, eso sí, bajo la mirada de severas tutorías Entre ellas: Minerva Anderson (inspiradora mucho más tarde de la Acapulqueña linda, de José Agustín Ramírez), Teresa Argudín, Consuelo Orbe y María Guadalupe Torreblanca. Ellos fueron Arturo García Mier, Enrique Uruñuela, Manuel Añorve, José Sthepens, Vicente Sánchez, Donaciano Luna, Alfonso Argudín, Guillermo Sabah y Erasmo Romero.

El anuario de la Escuela Secundaria Federal No. 22

Estudiantes de la Escuela Secundaria Federal No. 22
publican en 1941 un primer anuario de su institución. En él que dejan emotivos testimonios de sus vivencias en la novísima experiencia educativa. Su directorio lo integraban Juan Izabal (director), Pedro Orbe (jefe de redacción), Carmelo Alarcón (sociales), Daniel Catalán (escolar), Gilberto León Berdeja ( literatura), Ricardo Morlet (humorismo), Miguel Ángel Lépez (deportes), Francisco Vela (administrador-gerente) y Lidia Villalobos (publicidad).
“Es motivo de profunda satisfacción manifestar a ustedes que con fecha 27 de marzo de 1939 inició sus trabajos la Escuela Secundaria Federal de este puerto. El gobierno del General Cárdenas ha respondido a nuestros anhelos de superación y el plantel que hace realidad nuestro deseo.
¡Ya la tenemos!

“Lo participamos a los padres de familia de Guerrero para que, haciendo un esfuerzo digno de todo mexicano que desea una Patria mejor, inscriban inmediatamente a sus hijos jóvenes que hayan terminado la instrucción primaria superior. Basta la presentación del certificado de cualquier escuela de enseñanza elemental, para que desde luego sea considerado como alumno del primer año de esta Secundaria”.
“Trabajadores de las costas guerrerenses, enviad inmediatamente a vuestros hijos a la escuela secundaria federal No. 22”.

Nuestro director

El profesor Eduardo Ramírez Jiménez es originario de Zimapán, Hidalgo, lugar del que será más tarde presidente municipal y diputado federal por el Partido Comunista Mexicano. Son sus especialidades literatura, matemáticas, física y química. Extraordinaria su aptitud para el aprendizaje de las lenguas autóctonas, 10 de las cuales domina. Su nombre lo llevan las secundaria de Parral y Delicias, Chihuahua, por él fundadas.

Las carencias de la Escuela Secundaria Federal No. 22

No faltan en el documento las denuncias:
“Con cuanta amargura nos quejamos, aprovechando las páginas de este Anuario, del olvido en el que ha tenido a nuestra escuela el Departamento de Enseñanza Secundaria durante el presente año lectivo 1939-1941. Lo único que nos ha proporcionado hasta hoy: 54 butacas, un escritorio, dos máquinas de escribir (una de medio uso), un tarjetero kardex y un mimeógrafo inservible, desechado por la secundaria de Ciudad Juárez.
“Así las cosas, todos los bienes materiales de los que hoy dispone nuestra institución han sido adquiridos por el esfuerzo de sus alumnos y la colaboración inapreciable de la sociedad acapulqueña. Mención especial merecen el Comité Pro Escuela Secundaria encabezado por don Manuel López (alcalde de Acapulco y el Club Rotario de Acapulco, dirigido por el Dr. Felipe Valenzuela. Una institución con la que siempre estaremos en deuda las primeras generaciones de esta escuela.

Sociedades de alumnos
1939-1940

Secretario general: Juan Izabal Merckley; Actas, Miguel Angel Lépez; Finanzas, Velia Chávez; Higiene, Ricardo Morlet; Gloria Jiménez, Acción Social; Fidencio Tellechea, Acción Deportiva.
1940-1941: Carmelo S. Alarcón (Secretario general); Graciano Bello (Actas); Teresa A. Vela (Finanzas); (Juan Izabal (Cultura); Gloria Jiménez (Acción Femenil) y Carlos Buenfil (Acción Deportiva).

Concursos de canto
y declamación

Canto, solistas: 1) Francisco Vela, 2) Roberto Galeana, 3) Manuel Meza
Canto coral: 1) Evelia Pedroza, Cristina Cadena y Herminia Cruz; 2)Eloísa Soberanis y Evelia García.
Declamación: 1) Eloísa Soberanis, 2) Juan Gilberto León Berdeja, 3) Gloria Pano.
Jurado calificador: Manuel Pérez Rodríguez, director del periódico Trópico; Rafael Saucedo Montemayor y los profesores Gonzalo Vázquez y L. Barrón.
Sección Deportiva, Miguel Ángel Lépez (2º año)
Basquetbol: Se trata del deporte que goza de mejor organización en la escuela. Contamos con ocho quintas varoniles y femeniles patrocinadas por casas comerciantes que dan nombre a los equipos: El Bazar de Acapulco, La Suiza, El Tigre, Lotería Nacional, La Ciudad de Oviedo y La más Barata. El Tigre se coronó en el último campeonato interior con las actuaciones sobresalientes de Francisco Vela, Miguel Ángel Lépez, Pedro Orbe, Juan Izabal y Fidencio Tellechea.
Pista y campo: El subcampeonato de pista y campo lo ganó el alumno Ricardo Morlett Sutter, primer lugar en carrera de 100metros, salto de longitud y relevos 4 por cien y 4 por 400.

Mecenas

Agradecemos a las empresas que colaboraron para la edición de este Anuario 1941:
Hotel Anáhuac (Isauro Flores), Sastrería de Acapulco (Valentín Ramos); Los Precios de Ocasión (Jorge Karam), Botica Acapulco; Minaya Cía. y Sucs, W.M. Hudson y Cía, Hotel Las Palmas, Botica La Salud, Las Tres BBB, Fraccionamiento Las Playas. Hotel El Mirador, El Progreso (Francisco Vela), Hotel del Monte; La Divina (casa Schekaiban); La Naval (I.K. Lozano); Hotel El Paraíso, La Especial, Villa Alfonsina, Hotel Américas, Hotel Marazul, Mercantil Suriana y Maderería Tepoxtepec.

 

Heráldica porteña V

ACAPULCO, SIEMPRE Y PARA SIEMPRE

Racismo

El mosaico social y racial de la Nueva España estaba compuesto por indígenas, mestizos y castas, mulatos y negros, asiáticos, españoles, peninsulares y criollos, extranjeros y judíos. Una sociedad profundamente racista inmersa en una tensión social provocada por tantas diferencias y contradicciones y serán los negros quienes lleven la peor parte, sometidos permanentemente a prohibiciones y castigos como los siguientes:
1.- Las esclavas negras no podrán usar ni oro, ni seda, ni perlas del mar, ni gargantillas, ni zarcillos, ni pequeños aretes y tampoco adornos como ribetes en zaya de terciopelo.
2.- La negra que se enrede con un cimarrón será ahorcada.
3.- El negro no podrá tener esclavos –ni negros ni indios– porque sería en menoscabo de su propia raza.
4.-Los negros sólo podrán casarse con negras.
5.-Todo negro tiene prohibido salir por la noche de sus aposentos, so pena de muerte.
6.- Un mulato vivirá en libertad sólo cuando sirva a amos conocidos, respetados por la sociedad.
7.- Ningún negro podrá portar armas aún en resguardo de su amo.
8.- Para el negro que huya cuatro días: 100 azotes; ocho días, 200 azotes; cuatro meses, 200 azotes y cárcel.
9.- Los negros cimarrones tienen mejor trato y libertad que los negros esclavizados, duermen en refugios y forman palenques (pueblos o colonias de negros).
10.- Los bailes de los negros son prohibidos por la Santa Inquisición por lascivos, vulgares, lujuriosos y ejecutados con poca ropa. Entre ellos La Maturranga, El Chuchumbé, Sacamandú, y El Congo que se bailan en Acapulco. El Sapo y El Gallinero en Tierra Caliente. El Papirolo y El Sarangandingo, en la capital de la Nueva España y en Pachuca.

Bonaparte, García Polo, Navarro, Bustos

La vieja costumbre de los poderosos de compartir el poder con familiares y amigos recibe el nombre de nepotismo. Alude a la palabra italiana nepote que significa sobrino, el parentesco familiar más usado históricamente para esconder tal usurpación. Y no sólo sobrinos. Napoleón Bonaparte, por ejemplo, nombró reyes a sus cinco hermanos, tres hombres y dos mujeres, de las regiones conquistadas por él. Y qué decir de México donde hoy mismo los árboles genealógicos se deshojan con mayor intensidad que con Otis, en busca de las riquezas derivadas del poder público. Pero regresemos al Acapulco de 1677.
Se cuestiona aquí entre la clase gobernante la designación del joven Diego García Navarro, tenido como un “bueno para nada”, como capitán de infantería y ayudante del gobernador José Polo y Navarro, su tío. Su salario de 60 ducados se equipara con el del viejo coronel Jesús de Olloqui, de apenas 20 ducados. Por su parte, Diego Joseph Bustos jura como guarda mayor de Acapulco con salario de cuatro pesos oro.

Mandinga

La salud pública en el Acapulco de finales del Siglo XVI es necesariamente precaria. Se conjugan para ello dos hechos sustantivos, el ámbito inhóspito del puerto y el flujo intenso de nacionalidades cagadas de “humores” tenidos como patológicos. Acapulco, debe recordarse, ya era entonces el eje del comercio entre el Nuevo Mundo y el lejano Oriente. Una auténtica babel circundando la bahía tenida ya como singularmente bella por los navegantes que la frecuentaban.
En tal entorno cobra fama como curandero un negro llamado Tomás Mandanga, cuyos servicios dejan pronto de ser exclusivos de sus paisanos africanos para alcanzar a toda la población. No es Mandinga un taumaturgo, un brujo o cosa parecida. Sus habilidades para desterrar los males del cuerpo están referidas a las yerbas que utiliza en sus curaciones traídas de su tierra o recogidas en los alrededores del puerto. Hábil como es, Tomás envuelve sus consultas con humo intenso de copal e invocaciones dramáticas a sus dioses africanos.

Vargas, Dulché

No era Tomás Mandinga el negro de cuerpo apolíneo y ojos verdes de la idealización morbosa de la escritora Yolanda Vargas Dulché, en celebérrimas novelas ilustradas y televisivas. Se trata de un hombre de baja estatura, cargados de carnes, pelo cuculuste y voz de bajo profundo. Las cicatrices de su rostro las adjudicaba a la viruela negra, aunque no lo parecían. Eran nudos en lugar de cráteres que, sus competidores, adjudicaban perversamente a su militancia en una tribu de caníbales. Otra falacia soportada por el curandero era su procedencia cimarrona. Los negros cimarrones de Huatulco, Oaxaca, fueron perseguidos acusados de crimines nefandos, al grado de que un virrey de la Nueva España llegará a pedir la castración masiva de la tribu.
Por cierto, muchos cimarrones de Oaxaca encontrarán refugio en el “palenque” (asentamiento de esclavos libertos) conocido como Cuajinicuilapa (hoy Guerrero) donde se concentrará la mayor población negra de la Nueva España. Las cien parejas fundadoras de Cuijla cuidaban entonces miles de cabezas de ganado vacuno, convertidos en hábiles y temerarios vaqueros.

Los remedios

Una fila de hombres boquiabiertos frente a la choza de Mandinga, era indicio seguro del atraco de algún galeón español. Enfermos de escorbuto, enllagadas lengua y esófago, aquellos marineros encontraban pronto alivio con los remedios a base de limón, ajo, cebolla y geranio. El epazote, utilizado por las amas de casa del puerto para darle sabor a los frijoles, le servía a Mandinga para curar el mal de San Vito. La sarna y la tiña, comunes entre la marinería filipina, la trataba eficazmente con las semillas de chicalote, mientras que para los cólicos desaparecían con el estafiate. la yerbabuena para el dolor de estómago, el tomillo como antibiótico eficaz y la guayaba contra la diarrea. La tripa de Judas, buenísima para las reumas, el te de retama bueno para el riñón y como mejor vermífugo la granada.
Las enfermedades venéreas estaban en Acapulco a la orden del día. Despreocupados marineros y sí muy angustiados frailes acudían al redondo de Mandinga, donde éste les preparaba brebajes a base de cola de caballo, zarzaparrilla, doradilla y pirúl. Y hasta la próxima.

Alvear, Carrillo

Los mismos dioses africanos que habían convertido a Mandinga en una celebridad acapulqueña –Yemayá, Changó y Obatala– le retirarán al mismo tiempo toda tutela y protección cuando sean rechazados por una atracción diabólica. El curandero acepta mediante una generosa paga el encargo de la esposa de un alto funcionario del virreinato. La dama pide un elixir que haga volver a sus brazos a un jovenzuelo al que, alcoholizado, había violado y que ahora, sobrio, la rechazaba como si fuera el mismo demonio. El negro Tomás se esmera tanto en la elaboración de aquel brebaje que se le pasa la mano: trastorna la razón del chamaco. El abogado de la familia, Juan de Alvear y Carrillo, presenta el asunto ante el Tribunal del Santo Oficio como un caso de hechicería, penado con el “garrote vil”. Mandinga será ejecutado corriendo el año de 1586.

Del Rincón, Olaguíbel, López Victoria

Capellán de las fuerzas del sargento Francisco del Rincón, el padre Olaguíbel atiende con diligencia a las familias damnificadas por el feroz temporal que se abate sobre el puerto. Les ofrece lo poco que tiene, ropa seca, caldo caliente y mucha resignación y consuelo. Esto último es imposible ante madres e hijos que lloran la ausencia de esposos y padres sorprendidos por el temporal pescando en alta mar. Es tanto el dolor reflejado en aquellos rostros morenos que el cura toma una decisión inesperada: buscará personalmente a los ausentes.
–¡Una canoa y dos hombres!, demanda decidido el cura Olaguíbel.
Todos los hombres se disputaron el honor de seguirle –narra don José Manuel López Victoria, el cronista por excelencia de Acapulco– pero el cura sólo escogió únicamente a dos, con quienes aborda la canoa en plena borrasca para dirigirse al farallón. Llegan al promontorio y Olaguíbel lo escala con gran dificultad ayudado por sus dos acompañantes y una vez en lo alto implora el cese de aquella maldición desencadenada sobre Acapulco.
Milagrosamente el temporal cesa lo que permite el descenso de los tres varones que abordan inmediatamente la canoa. Será al regreso a tierra cuando vuelva el vendaval para estrellar la nave sobre las rocas con la desaparición de sus ocupantes.
El promontorio será bautizado Farallón del Obispo por los parroquianos del padre Olaguíbel, seguros de que fructificaría la petición hecha al Vaticano para darle póstumamente tal jerarquía.