“Nos tienen abandonados”

La séptima visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Guerrero, dejó muchos mensajes para la población pobre que demanda atención, para el empresariado mexicano y para los grupos políticos del partido Morena. Es muy evidente su interés por recuperar el brillo del puerto de Acapulco para transformarlo en un destino turístico de alcance internacional. Su reunión con los empresarios fue para generar mayor confianza y para animarlos a que se sumen al proyecto “Acapulco se transforma contigo”. Es una apuesta que busca darle vida a la bahía, impulsar la recuperación de las áreas verdes y remozar la Costera Miguel Alemán. Se consideran más de 8 mil millones de pesos para la transformación del puerto con una planeación más integral. Su presencia busca revertir la imagen del desastre y de la violencia que ha impactado fuertemente en los gobiernos extranjeros, como la embajada de Estados Unidos que no recomienda a sus connacionales viajar a Guerrero.
La centralidad en la actividad turística del puerto es para atraer a los grandes inversionistas y dejar atrás las imágenes de un Acapulco derruido por los desastres naturales y por la violencia. La cercanía de la presidenta reanima a la gente que sale a su encuentro para saludarla. Tienen la esperanza de que con la entrega de alguna solicitud y con el planteamiento directo de sus problemas pueden encontrar una respuesta efectiva a sus demandas añejas, como la falta de agua, drenaje, pavimentación de calles, reparación de viviendas. Muchas son víctimas de la violencia que impera en el puerto y el cobro de piso que les obliga a pagar la delincuencia.
La situación de las familias acapulqueñas que están en los cerros y de las comunidades rurales se agravó aún más con los desastres naturales. Los daños a su precario patrimonio se van acumulando por la desatención de las autoridades municipales y por el empoderamiento de las organizaciones delincuenciales. Esta bifurcación del Acapulco que brilla con el Acapulco de los baches y de las aguas negras sigue zanjándose por la falta de inversiones de gran calado que dignifiquen la vida de las familias que sobreviven en el desempleo y en el ambulantaje.
Fue muy representativo el grito de una madre de familia que esperaba el paso del convoy que acompañaba a la presidenta Claudia Sheinbaum. Ante la algarabía de la gente la presidenta se detuvo y saludó a los niños y niñas, también a las madres de familia y a algunos jóvenes que trataban de entregarle sus solicitudes. Sorprendidos por la atención de la presidenta que los escuchó pacientemente, la gente aprovechó para sacarse una selfie. Algunas madres se acercaron con la finalidad de narrarles la angustiosa situación que viven en sus colonias. En ese barullo se escuchó el reclamo de una madre de familia que decía “nos tienen abandonados”. Otro joven completó con mayor precisión “no tenemos agua” “tampoco tenemos drenaje”. La presidenta al ver que había varias demandas les dijo “aquí viene la gobernadora para que los atienda”. En ese momento la gobernadora bajó la ventanilla y se mostró accesible para escucharlos y recibirles sus oficios. Les prometió que serían atendidos. Después de otras fotos con la presidenta el vehículo emprendió su marcha.
Además de inaugurar el gran puente Omitlán que mejorará la comunicación con los municipios y comunidades de Ayutla de los Libres y Tecoanapa, visitó la comunidad del Bejuco para supervisar la obra del bachillerato tecnológico agropecuario. El Bejuco fue una de las comunidades opositoras a la construcción de la presa La Parota, cuyo movimiento fue liderado por el Cecop con su añorado líder Marco Antonio Suástegui Muñoz, asesinado en la Semana Santa en plena afluencia turística, en la playa Icacos de Acapulco.
En su agenda la presidenta no incluyó visitar al municipio de San Marcos donde en la mañana del 2 de enero sus habitantes fueron sorprendidos con un temblor de 6.5 grados. Las familias sufrieron severas afectaciones en sus viviendas y sus hornos artesanales para la elaboración de pan. El presidente municipal de San Marcos, Misael Lorenzo Castillo, quedó fuera de los eventos públicos de la presidenta. En Acapulco tuvo que esperarla a la salida de un evento para entregarle un informe de los daños ocasionados por el sismo.
La gente de San Marcos se sintió ignorada por el gobierno de la República, abrigó la expectativa de que llegaría para darles ánimo, pero sobre todo para brindarles apoyo. El municipio ha sido golpeado por los huracanes Otis, John y Erick, quedando en total desamparo porque muchas familias no fueron censadas y no recibieron apoyo para la reconstrucción de sus viviendas. Con los miles de réplicas que ha tenido este sismo la gente vive con zozobra y teme que el gobierno federal minimice los daños y los dejen en el abandono. La ausencia de la presidenta Claudia generó mayor tristeza y desánimo porque consideran que será muy difícil revertir los múltiples daños que sufrieron tanto en sus viviendas como en la red de agua potable y en sus hornos que son importantes para asegurar algún ingreso económico.
Fue significativa su visita al combativo municipio de Atoyac de Álvarez donde anunció el programa Jamaica para el Bienestar. El evento se realizó en las instalaciones de la Casa del Pueblo, donde estuvo el cuartel militar en la época de la contrainsurgencia. La presidenta calificó como “tierra de hombres y mujeres luchadores sociales”, sin embargo, no pronunció el nombre de Lucio Cabañas, de Rosendo Radilla ni de decenas de luchadores sociales que fueron desaparecidos y ejecutados. Varios de ellos fueron tirados al mar, como parte de una estrategia de exterminio que implementó el Ejército para causar terror entre la población civil.
El problema de las desapariciones forzadas sigue siendo una herida abierta en el estado de Guerrero, cuyo corazón sigue sangrando y clamando justicia entre las familias de Atoyac. La centralidad de los discursos de la presidenta Claudia está en los grandes programas de Bienestar cuya inversión asciende a un billón de pesos. Los temas de justicia y de graves violaciones a los derechos humanos quedan supeditados a esta nueva política social.
Por su parte las víctimas de la guerra sucia mantienen firme su postura de que se investigue y castigue a los militares que cometieron masivas violaciones a los derechos humanos. Demandan que el gobierno continúe con las búsquedas de sus hijos desaparecidos; que el Ejército abra sus archivos para saber el número de personas que fueron víctimas de los vuelos de la muerte. Siguen esperando que el gobierno de la Cuarta Transformación reivindique a los hombres y mujeres que lucharon por este cambio y que entregaron la vida contra la barbarie caciquil.
Lo doloroso es que la mayoría de familias que buscan a sus seres queridos siguen en la pobreza, enfrentando múltiples enfermedades y carencias económicas. Por décadas han demandado la reparación del daño, sin embargo, este compromiso que asumió el presidente Andrés Manuel López Obrador se difuminó y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas no cumplió con la promesa presidencial. Se han cumplido 51 años del asesinato del maestro Lucio Cabañas y la desaparición forzada de Rosendo Radilla y no hay justicia ni verdad. Los expedientes de estos crímenes atroces siguen encubriendo a los mandos militares que coordinaron los planes de contrainsurgencia.
La presidenta anunció que un eje rector de su gobierno es lograr la soberanía alimentaria, por eso dará un gran impulso al programa Alimentación para el Bienestar, incluyendo la producción de maíz, café y próximamente la jamaica. Ante estos tiempos críticos remarcó que lo que se busca es ser autosuficientes, “mucha soberanía”, “para que no dependamos de comprar en el exterior, que se siga produciendo en México el maíz blanco que necesitamos, que se produzca en México el chocolate, que se produzca en México la jamaica, que no estamos todo comprándolo de fuera”.
Su gira continuó por el municipio de Tecpan de Galeana donde entregó a estudiantes tarjetas de la beca Rita Cetina y en Petatlán la población la esperó con mucha expectación donde otorgó las pensiones para el Bienestar.
Para la clase política morenista la visita de la presidenta representó una coyuntura propicia para posicionarse en el tablero político con miras a la próxima contienda electoral. Para muchos la presencia de Esthela Damián en la gira presidencial significó una cargada a su favor. El comentario se centró en la fotografía donde apareció en primer plano al lado derecho de la presidenta. Su compañía en esta visita sigue causando resquemor. Lo grave en este escenario turbulento es que las luchas internas de los grupos morenistas seguirán relegando las demandas de una población que está cansada de tanta violencia y abandono gubernamental. A 4 años del cambio prometido siguen intocadas las estructuras caciquiles, la corrupción y la impunidad.
El clamor de la gente se condensa en la frase de la madre acapulqueña “nos tienen abandonados”. No hay expresión más sabia de un pueblo pobre que no siente el respaldo ni la presencia de sus gobernantes. Es un sentimiento de orfandad y de ausencia de las autoridades en las diferentes regiones del estado. La gente tiene que luchar diariamente para llevar la comida a su mesa, para ponerse a salvo de la delincuencia, para buscar salud fuera de los hospitales públicos y tener que tomar las calles y las carreteras para exigir derechos básicos como educación, agua, medicinas, médicos y maestros.
En Guerrero son insuficientes los programas sociales porque no llega el apoyo al campo, apoyo a la población jornalera, a las víctimas de la violencia. Tampoco hay justicia para las familias que buscan a sus seres queridos, ni protección a las mujeres que son víctimas de la violencia patriarcal.

 

Violencia en el año nuevo

Por encima de los buenos deseos que compartimos entre los familiares y amigos, la trágica realidad se enseñorea en el mundo y nuestro continente. La renovación de promesas que hacemos para ser mejores en el año venidero se resquebraja con las malas noticias que nos llegan de todas las regiones del orbe. Siempre es reconfortante para quienes aún podemos darnos un tiempo de descanso, reencontrarnos con la gente cercana para compartir momentos de alegría. Nuestra mayor ilusión es iniciar el año con buenas noticias, con compromisos reales de los gobiernos que deben promover y alcanzar la paz y dar fin a las guerras que solo traen muerte y desolación.
No podemos mantenernos impasibles ante el genocidio en Gaza que ha traído destrucción y muerte entre la población civil, sobre todo de los niños y niñas y mujeres. También tenemos que condenar la intervención militar y los ataques perpetrados por el gobierno de Estados Unidos contra la República de Venezuela. Estas acciones militares han violado el derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y los principios de soberanía, autodeterminación de los pueblos y la no intervención. La agresión militar registrada en la madrugada del 3 de enero es una demostración de fuerza que se empeña en causar terror y someter con violencia a cualquier nación. Esta acción es una amenaza para la paz en la región porque un gobierno que se siente como el más poderoso del mundo se erige como un super policía que pisotea los derechos humanos para hacer justicia por propia mano.
Esta escalada militar compromete la vida, la integridad y los derechos humanos de la población venezolana y de la región en su conjunto. El llamado es a que cese de inmediato toda acción armada y prevalezca el respeto irrestricto al derecho internacional. Es también urgente atender las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por el gobierno venezolano por medios pacíficos con garantías de verdad, justicia y reparación.
En medio de esta vorágine bélica, nos atolondra la propaganda fútil de los grandes consorcios comerciales que nos hacen creer que consumiendo sus productos encontraremos la felicidad. Somos presa fácil de la atmósfera consumista que nos esclaviza como compradores compulsivos que nos orilla a gastar lo que no tenemos. En este ambiente ficticio nos envuelve y arropa la vanidad y lo superfluo, el lucimiento efímero y los gastos suntuosos. Nos perdemos en la niebla de lo fatuo y quedamos atrapados en la entelequia del próspero año nuevo.
En nuestro estado los contrastes sociales son abismales: mientras en Acapulco miles de turistas disfrutaban la pirotecnia en la bahía, bailando y brindando, en la Montaña las detonaciones de armas largas retumbaban en la pesada noche del año nuevo. En la carretera que va de Huitzapula, municipio de Atlixtac a la cabecera municipal de Zapotitlán Tablas se suscitaron dos hechos violentos. En la madrugada del miércoles 31 fue asesinado con arma de fuego el joven Rafael Castro Nava, un mentor de la Nación encargado de supervisar los negocios o empresas que se registran en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Su esposa que sobrevivió al ataque fue trasladada al IMSS-Bienestar de Tlapa.
En la mañana del primero de enero se reportó un incidente en la cabecera municipal de Copanatoyac. Tres jóvenes que circulaban en un auto en el centro de la población desobedecieron a los policías municipales que les habían marcado el alto. La situación se complicó cuando el joven que manejaba el vehículo aceleró y derrapó. Al salir del vehículo sacaron sus armas para evitar la detención y en la trifulca los policías privaron de la vida a uno de los jóvenes y los otros dos quedaron detenidos. Al interior del vehículo encontraron más armas y cartuchos.
El viernes 2 de enero nuevamente volvió la violencia en la comunidad me’pháá de Huitzapula. Desde las 7 de la mañana iniciaron las balaceras entre habitantes de Huitzapula y la Policía Comunitaria asentada en San Juan Escalerilla. En esta agresión perdió la vida la señora Natalia quien iba con sus dos hijos. Se desconoce en qué estado de salud se encuentren. Durante el día se escuchaban detonaciones de armas de fuego. Los dos grupos permanecen apertrechados. La situación se ha complicado porque en las agresiones han incorporado drones que han caído en los techos y las casas del poblado. Las familias están atemorizadas porque no saben dónde guarecerse, porque varias casas son de teja. La población ha pedido la intervención de la Guardia Nacional que se encuentra en el crucero de Lucerito. A pesar de que hay confrontaciones armadas se mantiene al margen. Sus retenes son infructuosos porque las camionetas circulan con personas armadas sin ser molestadas. Ante esta pasividad la población deduce que están del lado de los delincuentes. Los llamados de auxilio no llegan a Palacio de Gobierno ni a la Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz.
Esta crisis de seguridad que nos coloca en el desfiladero de la muerte ha dado paso para que la población se arme y busque hacerse justicia por propia mano. En la Montaña hay lugares donde la delincuencia tiene el control de los caminos y lugares estratégicos para asaltar, asesinar o secuestrar. En Cochoapa el Grande la gente ubica a tres grupos delictivos que se encuentran en la ruta que va a Dos Ríos. Nadie se atreve a denunciarlos, tampoco a enfrentarlos por el armamento que cargan. Las autoridades municipales saben, pero prefieren el silencio para no encarar a quienes delinquen. Varios asesinatos han quedado sin ser denunciados porque tienen que esperar por muchas horas al Ministerio Público y no están dispuestos a que los cuerpos se los lleven al Semefo. Las familias, que en su mayoría son jornaleras agrícolas optan por dar la vuelta hasta Ometepec para librarse de los atracos. Los pocos operativos que han realizado los cuerpos de seguridad son infructuosos porque solo se reducen a recorrer unos kilómetros de la ruta y se regresan. Van más de 8 años que la gente sigue condenada a padecer el flagelo de la delincuencia.
Este problema no se erradicará con puras declaraciones a los cuatro vientos. Tomando como referencia un texto de la profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad Complutense de Madrid, Thairi Moya Sánchez en un Estado no habrá cambios de fondo si existen al interior de las instituciones gubernamentales cadenas de encubrimiento, si el aparato de procuración y administración de justicia funciona con la lógica del negocio y no del derecho. Lo más grave es que existen algunas instituciones públicas donde la frontera entre la autoridad y el delito se desdibuja, y con ello se diluye la promesa básica de proteger a la población.
Con la descomposición de las instituciones de gobierno y el quiebre del Estado de derecho, un Estado deja de ser un muro fuerte y se vuelve más bien en el principal canal delictivo con la participación de los mismos funcionarios públicos que terminan actuando en contra de la gente que pide seguridad. En lugar de garantizar justicia brindan impunidad a los grupos criminales. Todo comienza con la simbiosis de pago de “favores” que se toleran en ambos lados del mostrador.
El problema de la corrupción no nace al margen de la burocracia; se robustece cuando recibe el beneplácito de los altos mandos que están en la cúspide de la pirámide. El funcionario de mayor rango se convierte en la bisagra que abre de par en par las puertas del Estado a la infiltración delictiva. “El crimen organizado adopta la lógica del parasitismo. Se alimenta de los presupuestos, las leyes, las protecciones y los uniformes oficiales, mientras deteriora los controles internos. Las normas se retuercen a conveniencia de los poderosos en detrimento de la justicia; se aprueban leyes que legitiman lo ilícito o se manipulan las ya vigentes para garantizar la impunidad, y los tribunales quedan paralizados bajo presiones políticas.”
Con la jerarquía contaminada y la legalidad maleable, la corrupción escala “de abajo arriba y de arriba abajo” en un círculo que reproduce las prácticas de la ilegalidad. Lo que sucede es que los altos mandos que se corrompen incorporan a sus subordinados, quienes se encargan de proteger a sus superiores. Ese intercambio profundiza la dependencia mutua y multiplica los delitos, pues quienes los cometen saben que, lejos de ser castigados, serán premiados por sostener la estructura.
“Cuando el parásito controla los sistemas inmunológicos del Estado —contralorías, fiscalías, cortes— emerge el aparato criminal en el Poder. Las leyes se adaptan al delito, la represión se convierte en negocio, los medios son silenciados y escrutar a los máximos responsables resulta prácticamente imposible”.
Consumada la metamorfosis, el Estado criminal adopta rasgos de cleptocracia —literalmente, “gobierno de ladrones”— donde el saqueo se vuelve política oficial. Los recursos públicos financian campañas, ejércitos privados y fortunas familiares; la fiscalización independiente se asfixia, y la violencia se normaliza como método de gestión de los conflictos o presiones sociales.
En ese entramado, la impunidad actúa como pegamento: sin castigos ejemplares a los verdaderos criminales, ni transparencia radical, la red se reproduce, se exporta y acaba integrada en estructuras transnacionales que la retroalimentan. Así, el crimen organizado estatal —definido como la acción concertada de funcionarios de rango medio o alto que utilizan recursos públicos, por ejemplo, para cometer delitos como narcotráfico, contrabando, tráfico de personas, deja de ser una suma de mordidas aisladas para convertirse en la captura total del Estado mediante corrupción, violencia selectiva, opacidad financiera y violaciones a los derechos humanos. Al final de cuentas lo que más le importa a los políticos es mantenerse en el poder y hacer grandes negocios con el erario público. La autora tiene razón al titular su texto con esta aseveración “Cuando el crimen organizado viste traje de Estado.”

 

Pobreza y desolación en la Montaña en 2025

Justicia para las víctimas del accidente carretero
en el que perdieron la vida una niña dos mujeres jóvenes
y un adulto.
Alto a la impunidad de la gozan las empresas de autobuses.
Castigo a los responsables de la muerte de una madre con sus dos niñas que fueron aplastadas por un alud de tierra
en una colonia de Tlapa.

En el extremo opuesto de la clase política morenista de Guerrero, que festina y dilapida recursos en cualquier evento que realiza para promoverse con miras a la próxima contienda electoral, la población pobre de Guerrero enfrenta tragedias y violencias a causa del desgobierno que existe en nuestro estado. En las instituciones gubernamentales prolifera la desorganización y desatención con el pretexto de que no cuentan con recursos para atender a la gente que padece múltiples problemas y carencias.
En el Hospital General de Tlapa no hay medicamentos y se carece de médicos especialistas. Funcionan solo para medio atender las urgencias médicas, la consulta externa limitada y los los pacientes que requieren internamiento, que enfrentan múltiples obstáculos. El maltrato es lo que caracteriza al personal administrativo y médico y la desatención es lo que impera. Los pacientes más desamparados solo para que les den consulta se desgastan por las vueltas que realizan. Persiste el desabasto de medicamentos que se lo endilgan a los pacientes pobres de la Montaña. Entre la gente ha crecido la desconfianza en los servicios de salud del estado por todo lo que sucede en el interior del hospital.
En el campo educativo hay desatención y engaño permanente a las madres y padres de familia que por diferentes medios solicitan docentes y construcción de aulas. La niñez indígena sigue condenada a sufrir los estragos de la discriminación y el analfabetismo. Siguen aplicando los mismos criterios burocráticos, de corte neoliberal a las comunidades indígenas; de no contratar nuevos maestros con perfil para revertir el rezago educativo. Los padres de familia tienen que demandar por la vía judicial a las autoridades educativas para que garanticen el derecho a la educación.
La desigualdad social se profundiza no solo por el rezago educativo, sino por múltiples factores de carácter estructural: el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para este 2026 ha enfocado el presupuesto federal en la inversión pública productiva y el fortalecimiento financiero de los programas sociales. Retomando el análisis que elaboró la organización no gubernamental Fundar, centro de análisis e investigación, sobre el paquete económico 2026: el gobierno federal presupuestó 987 millones de pesos para los programas sociales prioritarios, el 2.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) con el objetivo de fortalecer los ingresos monetarios de los hogares, lo que ha contribuido a la reducción de los índices de pobreza y desigualdad por ingresos.
A pesar de esta prioridad del gasto es un presupuesto que contiene contradicciones que preocupan. El presupuesto en salud que es del 2.5 por ciento sigue sin alcanzar la recomendación internacional del 6 por ciento del PIB. Al interior de la función salud, el IMSS percibirá un aumento de 10.5 por ciento, pero tendrán recortes instituciones como el ISSSTE (-4.8 por ciento) y Secretaría de Salud (-4.4 por ciento). Para Fundar será fundamental ampliar el presupuesto del IMSS-BIENESTAR con la finalidad de reducir las brechas en el acceso a la salud. La nueva política en salud materna, sexual y reproductiva tendrá un aumento del 0.3 por ciento, lo que no garantizará el logro de sus objetivos. Las niñas y mujeres indígenas tendrán que esperar más años para que se les garantice este derecho en sus mismas comunidades.
Sobre el presupuesto directo para pueblos y comunidades indígenas y afromexicanos, hasta la fecha la participación efectiva en la construcción de su presupuesto está limitada. Hay un avance con el funcionamiento del Fondo de aportaciones para la infraestructura social para los pueblos indígenas y afromexicanos (FAISPIAM) que la Secretaría de Bienestar entregó en septiembre pasado a 20 mil 522 pueblos indígenas y afromexicanos, que decidieron en asamblea realizar 38 mil 811 proyectos de urbanización, agua potable, mejoramiento de vivienda, electrificación, drenaje, letrinas, obras en salud, alcantarillado y obras en educación. La realidad es que este presupuesto directo está generando problemas con los presidentes municipales que en su mayoría se resisten a asignarles obras porque argumentan que les recortaron presupuesto para que fuera entregado directamente a las comunidades. Por esto mismo, ya no los quieren incluir dentro del presupuesto del 2026. La lucha por el presupuesto federal apenas empieza por las reticencias que hay de los gobiernos mestizos que no quieren reconocer a los pueblos indígenas como sujetos de derecho público. Se niegan a verlos como ciudadanos con plenos derechos que son capaces de administrar los recursos públicos, de ejecutar sus obras prioritarias y de rendir cuentas con transparencia. En este nuevo año se vislumbra una disputa por el presupuesto debido a que los presidentes municipales tienen otras prioridades, que no tienen que ver con abatir el rezago social de las comunidades indígenas.
En la Montaña en este año cerramos con múltiples tragedias, con mayor violencia, un ambiente de inseguridad y lo más grave es que se han fortalecido y expandido los grupos del crimen organizado, quienes ahora controlan territorios y tienen incidencia en los gobiernos municipales. Los poderes fácticos representan la amenaza mayor para la población indígena, que además de luchar por su sobrevivencia económica tienen que sortear su vida en los caminos y dentro de sus comunidades.
Como Centro de Derechos Humanos nos preocupa que en estos dos años de gobierno que le restan a la gobernadora Evelyn Salgado Pineda se mantengan las mismas inercias en cuanto al tratamiento que se le da al grave problema de la violencia y la inseguridad. No atacan el fondo del problema, el trabajo de inteligencia es infructuoso porque no se utiliza para desmontar estructuras delincuenciales. Las raíces del crimen siguen intocadas, se reacciona tardíamente ante hechos consumados. Las investigaciones de la Fiscalía son ineficientes, solo se cubren las formalidades jurídicas de los hechos delictivos. Son los familiares de las víctimas los que impulsan las investigaciones, aún con estos esfuerzos no hay resultados que den con los responsables. En los delitos de alto impacto contados son los casos que se judicializan, lo que impera es la impunidad.
Los feminicidios en la Montaña se han incrementado. En este año registramos 19 en los municipios de Alcozauca, Malinaltepec, Cochoapa el Grande, Tlapa, Acatepec, Tlacoapa y Atlixtac. A 5 días de iniciado el año Leuteria Reyes Benito, policía municipal de Alcozauca, fue víctima de feminicidio perpetrado por un compañero de trabajo, quien le dio 30 puñaladas. La indignación de la población ayudó para que el feminicida fuera detenido y procesado penalmente. El 2 de febrero en Santa Cruz, municipio de Malinaltepec, la mamá de Adelia González recibió la noticia de que su hija había muerto. La violencia recurrente que ejercía su esposo llegó al extremo de quitarle la vida. Es un caso que sigue impune. A 6 días de lo sucedido en Santa Cruz, en la colonia Rancho Nuevo del mismo municipio, Bacelisa Sánchez fue víctima de tentativa de feminicidio, también por su pareja.
En la colonia San Sebastián de Cochoapa el Grande, Paulina López fue asesinada el 24 de marzo y a los 4 días, doña Agustina fue privada de la vida con arma de fuego en la colonia Constitución de la cabecera municipal de Tlapa. El 3 de abril fue asesinada la contadora Graciela Luna Morán en pleno centro de la ciudad, sin que haya avances en la investigación.
El 27 de mayo registramos el feminicidio de Basiliza Basurto, una mujer na savi del municipio de Alcozauca. Esta violencia cobró la vida de Yuridia Ferrer, quien primero fue desaparecida y posteriormente asesinada en la comunidad me’phaa de El Izote, municipio de Acatepec el 9 de junio. Dos mujeres me’phaa, Aracely y Cleotilde fueron asesinadas el 13 de mayo en La Sabana, municipio de Tlacoapa. El jueves 17 de julio un hombre y dos mujeres fueron asesinadas a balazos en el camino que va a la comunidad de Loma Canoa, municipio de Cochoapa el Grande.
La violencia feminicida alcanzó a Lucila Camacho y Eleonora Sánchez, quien sobrevivió al ataque, el 9 de agosto en Chimaltepec, municipio de Alcozauca. El 21 de agosto dos mujeres fueron asesinadas a balazos en la noche dentro de un domicilio particular en la comunidad de Yozondacua, municipio de Cochoapa el Grande. Durante las celebraciones a la Virgen de Guadalupe, la noche del 11 de diciembre dos mujeres nahuas de San Juan Bautista Coapala, municipio de Atlixtac, fueron asesinadas a balazos por un hombre que entró a su domicilio y les disparó a mansalva.
Lamentablemente esta violencia se ha normalizado en las comunidades indígenas. Hay temor y desconfianza para denunciar. Los familiares prefieren recoger los cuerpos de sus seres queridos a dar vueltas a Tlapa, donde tienen que desembolsar dinero para el traslado de los cuerpos a sus comunidades. Tampoco están dispuestos a interponer denuncias por el maltrato y la desatención que reciben. La Fiscalía regional está muy lejos de resarcir los daños que ocasiona a los familiares al no impulsar las investigaciones para dar con los responsables. La gente prefiere sobrellevar su dolor en medio de los suyos que le brindan apoyo y consuelo. Los niños de las mujeres asesinadas quedan en total desamparo, son los abuelos y abuelas las que cargan con esta responsabilidad de velar por su salud, alimentación y seguridad. Las autoridades municipales y estatales son ajenas a estos dramas, en nada les afecta ni les quita el sueño los asesinatos de mujeres indígenas y el sufrimiento de los niños y niñas que crecerán con el estigma de ser niños y niñas sin hogar, abandonados y destinados al maltrato y la explotación. Fue un año triste, desolador para las familias más pobres de Guerrero.

 

Los viejos vicios de la burocracia morenista

Las niñas y niños están abandonados a su suerte en la Montaña de Guerrero. Su futuro depende de sus estudios, pero siempre queda trunco por la pobreza y la falta de maestras y maestros. Sobreviven de la siembra del maíz y frijol, pero con el frío la tierra no produce lo suficiente para mitigar el hambre. Sus sueños quedan suspendidos en la niebla del olvido o en los surcos de la muerte. Algunos se casan a los 12 o 13 años porque no hay opciones de vida.
Las niñas y niños de la Escuela Secundaria Técnica número 295 “Sor Juana Inés de la Cruz” de Cochoapa el Grande, desde abril de 2024 se quedaron sin maestros y maestras que impartían las materias de Español, Matemáticas, Artes y Educación Física, así como dos prefectos. Los padres de familia pensaron que la Secretaría de Educación Guerrero iba a mandar a los docentes para cubrir los espacios, pero los ignoraron.
Las familias se preocuparon porque temían que sus hijos se desanimarían para seguir estudiando. Calcularon que no podrían sostenerlos si los mandaban a estudiar a Tlapa. Paulino Vázquez de la Cruz, presidente del comité de padres de familia supo asumir con firmeza el compromiso que se había echado a cuestas. A pesar de no contar con recursos económicos, animó a las madres y padres a organizarse: tenemos que exigir a las autoridades educativas que manden maestros porque no podemos permitir que por ser jornaleros agrícolas a nuestros hijos los discriminen.
“La mayoría de padres y madres migramos a los estados del norte y dejamos a nuestros hijos con familiares para que puedan recibir su educación. Nos vamos de 4 a 7 meses a Michoacán, Sinaloa, San Quintín, San Luis Potosí, Chihuahua y Durango al corte de aguacate, limón, jitomate, pepino, chile y verduras chinas. Vivimos en extrema pobreza y no tenemos acceso a nada. Por eso no podíamos dejar que los niños se quedaran en nuestras casas sin estudiar. Lo que no podemos aceptar es que la misma Secretaría de Educación violente el derecho a la educación de 363 niñas y niños. Los 13 docentes que están al frente no son suficientes para atender 12 numerosos grupos que cuentan con 37 alumnos. Los cinco profesores o profesoras son indispensables para que nuestros hijos reciban clases dignas y de calidad”.
Desde el mes de abril de 2024, la profesora Reina Estrada, quien daba 30 horas de clases de Español a la semana, abandonó la escuela con el argumento de que en Cochoapa hay mucha inseguridad. En agosto a las maestras Teresita González con 30 horas de Español y Flor Edith con 25 horas de Matemáticas, la Secretaría de Educación (SEG), les autorizó su cambio a otra escuela, pero las autoridades no asumieron el compromiso de enviar nuevos docentes para cubrir sus espacios. En octubre Evelin Maurita con 36 horas de Artes no se presentó por la misma razón de que en el municipio hay mucha violencia. El profesor David Alberto con 24 horas de Educación Física también pidió su cambio.
Por la matrícula elevada de la escuela en el 2014 la SEG había asignado a la profesora Aurora Venancio y al profesor Andrés Reyes como prefectos, los que se encargan de la disciplina y el orden en las actividades escolares. En 2019 Andrés abandonó su centro de trabajo por situaciones personales. En mayo de 2024 a Aurora le aprobaron su cambio. Las autoridades educativas tampoco mandaron a personal que los relevara.
Las madres y padres de familia solicitaron la reposición de los docentes, sin embargo, las autoridades educativas se negaron firmar de recibido sus peticiones con el argumento de que en la siguiente semana llegarían los docentes. Reiteradamente fueron engañados. Cansados de tanta burla y vueltas en vano, el 31 de marzo de 2025, realizaron un bloqueo en la entrada de Tlapa, a la altura del puente de Ahuatepec Ejido, con la única exigencia de que les asignaran cinco maestros y maestras. Lograron que se estableciera una mesa de diálogo con el secretario de Educación, el subsecretario de Educación y el subsecretario de Planeación Educativa en Chilpancingo.
No obstante, los bloqueos no se levantaron porque se trataba de arrancar un acuerdo definitivo. El Comité de Padres de Familia se mantuvo firme y obligó a que las autoridades educativas instalaran una mesa de negociación. No fue nada terso el encuentro, porque las autoridades estaban en un plan de no ceder hasta que quitaran el bloqueo. Los padres y madres estaban decididos a todo y así lo captaron los funcionarios que al final se comprometieron a mandar un docente en funciones de prefecto, dos maestros de Español y un maestro de Matemáticas.
Su esfuerzo fue en vano porque las autoridades educativas mintieron. Al ver que la acción de fuerza no había prosperado, las madres y padres de familia no claudicaron en su lucha. Acudieron a la oficina de Tlachinollan para interponer un amparo contra las autoridades educativas. El hartazgo había topado con su enojo, por eso optaron por la vía judicial, que es un camino recién explorado para emplazar al gobierno a que sea garante de sus derechos.
El 21 de octubre de 2025 se interpuso el amparo que inmediatamente fue admitido. Los padres de familia se organizaron para realizar todos los trámites en la capital del estado. La respuesta de las autoridades fue rápida. En su informe al juez, la SEG reconoció que faltan maestros en la escuela secundaria “Sor Juana Inés de la Cruz”. Este reconocimiento fortaleció a las madres porque ahora la autoridad ya no se iba a enfrentar con ellas sino con una autoridad judicial. Los resultados fueron favorables porque el 4 de noviembre la jueza primera de distrito concedió a los alumnos la suspensión definitva para que la SEG asignara y presentara a los cinco maestros y maestras. Sin embargo, las autoridades educativas sólo mandaron a un maestro de Matemáticas con pocas horas.
El 10 de diciembre (el Día Internacional de los Derechos Humanos) la jueza Maribel dictó una sentencia a favor de los niños y niñas para que la SEG enviara a dos maestros que impartieran 60 horas de la asignatura de Español; un maestro o maestra que imparta 25 horas de Matemáticas; otro maestro/maestra que imparta 26 horas de Artes y un maestro o maestra que impartiera 24 horas de Educación Física.
El 18 de diciembre, las niñas y niños viajaron tres horas desde Cochoapa El Grande para llegar a las 8 de la mañana a Tlapa. En silencio se sentaron en la biblioteca de Tlachi-nollan junto al Comité de Madres y Padres de familia y del nuevo director de la escuela. Llegaron para conocer la resolución de la jueza. Esperaron pacientemente el momento en que aparecería la imagen del actuario que estableció comunicación mediante una video llamada. En un formato de lectura fácil los niños y niñas escu-charon atentas la sentencia de la jueza que ordena a la SEG la asignación permanente de maestras o maestros en las materias de Español, Matemáticas, Artes y Educación Física.
Para los niños de Cochoapa fue un momento inolvidable. En representación de su escuela estuvieron Erick, Dilan Aroni, Wrayann y Norydelma. Escucharon la sentencia en un lenguaje apropiado para la niñez, un caso único en la Montaña. También escucharon en su lengua materna el mismo mensaje como viene en la sentencia. Fue un triunfo inobjetable.
Lo más importante es que los niños como Valerio, el hijo menor de Catarina, madre soltera, podrá tener clases completas en la secundaria. Su esfuerzo es enorme. Todos los días se levanta a las 5 de la mañana, se arregla y se pone los únicos huaraches de hule que tiene. A las 5:30 de la mañana calienta dos tortillas y las envuelve en una servilleta raída. Valerio sale de su casa antes de las 6, saca las tortillas que se enfrían rápido por el frío de la madrugada y se las va comiendo mientras camina a la escuela. Las tortillas se acaban rápido, igual que sus huaraches que ya están rotos de tanto caminar.
Su mamá le da algunos pesos para gastar, pero siempre los guarda y se los regresa para que haga algo de comer. Recibe la beca Benito Juárez cada dos meses, pero los 800 pesos que le dan no le alcanzan. Tendrían que comprar lo que necesitan con 13 pesos al día. Viven solo del único apoyo que recibe. En temporada de lluvias siembran maíz y frijol y lo que la tierra fría quiera dar.
La historia de Valerio se repite en decenas de niños y niñas que también reciben educación a medias. Sus ganas de estudiar los motiva a quedarse y no se van a los surcos de jitomate de las empresas que los exprimen. Los niños y niñas más pobres como Valerio no comen en la escuela, tienen que esperar para llegar a sus casas hasta las 2 de la tarde. Sus estómagos vacíos sólo prueban agua que corre del cerro.
La gente de la Montaña no pierde la esperanza de que sus hijos se preparen. Resisten el hambre, sin embargo, ya no están dispuestos a soportar tanta discriminación e indolencia de las autoridades. Las madres y padres levantaron su voz sin medir consecuencias. El amor a sus hijos los llevó a emprender esta lucha.
A pesar de que las niñas y los niños de Cochoapa el Grande ganaron este amparo, la SEG se empeña en engañar a la ma la maoría de las madres y padres. Firman minutas que no cumplen y cuando mandan algún docente solo va por unos meses, porque ya no les renuevan sus contratos. Es un plan con maña, para desactivar la protesta de las familias que demandan maestros.
El gobierno morenista de Guerrero sigue repitiendo los mismos vicios que el viejo régimen priista le imprimió con despotismo y represión. Es grave que los actuales funcionarios no tengan compromiso con la niñez indígena y solo sean burócratas que reproducen las prácticas vetustas de la simulación, la demagogia, la burla y el engaño a las familias indígenas de la Montaña.

 

El poder de la muerte

Las reflexiones de la antropóloga feminista Rita Segato, en torno a la tragedia de Gaza, nos colocan en una era de barbarie global que denomina D.G. (después de Gaza) porque “prevalece la ley del poder de la muerte. El mundo cierra los ojos ante el asesinato de cientos de personas. El Estado de derecho ya no existe en el mundo y ha sido sustituido por un régimen de muerte. La humanidad perdió la ficción jurídica que solía regir la convivencia global (que ya no existe). La única regla (que hay en el mundo) es la capacidad de matar”.
La permisividad que existe para matar en México nos ha colocado contra el paredón. Todos somos rehenes de quienes se sienten con poder para matar. Los que delinquen saben que las instituciones de justicia del Estado no funcionan y solo están para cubrir las formalidades jurídicas. Es lo que Rita llama ficción jurídica, porque lo que impera es la simulación y la impunidad, máxime cuando predomina al interior de las instituciones la corrupción. El Estado de derecho es letra muerta para la gente que busca justicia, porque tiene que suplantar al órgano investigador para dar con los responsables de los crímenes. Sacrifican su seguridad y su tiempo para hacer las búsquedas de sus familiares desaparecidos y tienen que dejar su trabajo y su familia para aportar pruebas, datos y testimonios que impulsen las investigaciones. A pesar de toda esta labor titánica las autoridades no logran la judicialización de los responsables. Los proyectos de vida se truncan ante la inoperancia del sistema de justicia estatal.
En los hechos predomina la violencia, la inseguridad, la extorsión, los secuestros, los asaltos, las desapariciones, los homicidios, los feminicidios, los desplazamientos forzados. La violencia tiene un costo muy alto para un estado precarizado y con instituciones frágiles y porosas. La gente pobre es la que más afectaciones padece por este mal endémico que está arraigado en todos los rincones de nuestro estado. La ausencia de las instituciones de justicia es atroz y la indolencia de las autoridades está marcada por el trato deshumanizante que lástima la dignidad de las víctimas.
La noche del 11 de diciembre, en la festividad de la Virgen de Guadalupe, las autoridades comunitarias de San Juan Bautista Coapala ordenaron la detención de un ciudadano que molestaba a la gente que bailaba en la cancha municipal. Por la madrugada lo soltaron, nadie imaginó que iría en busca de las autoridades que lo detuvieron. Al llegar a uno de los domicilios sacó su arma y sin que le importara de quién se tratara disparó en varias ocasiones contra dos mujeres que se encontraban en el lugar. Las dos perdieron la vida y como siempre el malhechor huyó. La fiesta de la Guadalupana se tornó trágica y en lugar de recibir a los jóvenes de la carrera Guadalupana, la gente se fue al panteón para excavar dos fosas y enterrar a las dos madres de familia asesinadas. El sufrimiento se prolongó varias horas por la demora del Ministerio Público. Por más que la gente se comunicó en el momento de la tragedia los funcionarios de la Fiscalía no actuaron con presteza. Argumentaron que las autoridades de la comunidad no les habían comunicado. El calvario de las muertes continuará porque los cuerpos fueron trasladados a Chilpancingo para la necropsia de ley y de regreso a su comunidad los familiares tendrán que sufragar los gastos del traslado de los cuerpos. Son los sufrimientos que se acumulan a experiencias de vida sumamente difíciles de soportar.
En la comunidad me’phaa de Portezuelo de Santa Cruz, municipio de Malinaltepec se realizó este sábado una asamblea para elegir a las nuevas autoridades. En la asamblea hubo reclamos y jaloneos entre los comuneros por las disputas internas que existen en la comunidad. A pesar de las tensiones que se dieron lograron elegir al nuevo comisario con sus auxiliares. A las 7 de la noche concluyó la asamblea y la gente se retiró a sus casas. A esa hora el comisario suplente Ramiro Sánchez Cortés le marcó a su esposa para avisarle que enseguida llegaría a su casa, sin embargo, su esposa se quedó esperando porque Ramiro no llegó. Después de una hora de esperarlo avisó a la comisión que vigila la comunidad. De inmediato hicieron un recorrido para ver si lo ubicaban, pero todo fue en vano.
Sus familiares salieron temprano para buscarlo en los caminos y en los terrenos cercanos a la comunidad. Dieron parte a las autoridades municipales y lograron que un grupo de policías con el apoyo de la Guardia Nacional realizaran una búsqueda minuciosa dentro de la comunidad. Como a las 2 de la tarde encontraron su cuerpo sin vida a 200 metros de su casa. Las autoridades ministeriales llegaron para hacer el levantamiento del cuerpo y trasladarlo a una funeraria de Tlapa habilitada como Semefo. La comunidad además de atemorizada está desconcertada por el crimen de una autoridad saliente que se comete después de elegir a las nuevas autoridades. Solo esperan que la Fiscalía realice su trabajo y pueda dar con los responsables de este crimen artero. Ramiro fue hermano de Isabel quien fue víctima de feminicidio por parte de su pareja en marzo de 2017. Luchó para que se detuviera al feminicida y asumió con otros hermanos la crianza de los 8 hijos que dejó Isabel.
El poder de la muerte lo ejerce cualquier persona que se siente capaz de matar. Lo hacen sin miramientos, en cualquier lugar y a cualquier hora. Actúan con total impunidad porque siembran el miedo con sus armas y amenazan con destruir la vida de más personas si alguien se atreve a denunciarlos. La gente espera que el Estado actúe, que haga valer la ley, que castigue a los responsables e imponga un castigo ejemplar, pero nada de eso sucede. Por eso la gente se resigna a padecer la violencia, a pedir a los santos protección y que la libre del maligno enemigo. La percepción que tiene la población es que las autoridades no hacen su trabajo, que tienen otros intereses, que se coluden con quienes también ejercen violencia y tienen capacidad de fuego. Prefieren confabularse para sobrellevar los conflictos y simular acciones de fuerza que son meramente mediáticas porque no van a la raíz del problema.
La situación se torna más grave cuando son los mismos agentes del Estado los que están involucrados en acciones delictivas.
En nuestro estado han acontecido muchos crímenes atroces en los que se ha encubierto a las autoridades responsables de cometer graves violaciones a los derechos humanos. En diciembre del 2011 sucedieron dos hechos de violencia extrema contra defensores ecologistas y contra estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. Han pasado 14 años y no hay resultados tangibles que demuestren que se ha dado con el paradero de los responsables y que son castigados como marca la ley.
Eva Alarco?n y Marcial Bautista, coordinadora y presidente de la Organizacio?n de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatla?n y Coyuca de Catala?n, fueron desaparecidos el 7 de diciembre de 2011. De acuerdo con algunos testimonios de pasajeros que iban en el autobu?s que salio? de Petatla?n rumbo a la Ciudad de Me?xico donde viajaban Eva y Marcial, se toparon con un rete?n del Eje?rcito donde un militar subio? a la unidad para preguntar si entre los pasajeros se encontraba Marcial Bautista, ninguna persona respondio? y ante el silencio de los viajeros, el militar bajo? del autobu?s. Los mismos testigos comentan que kilo?metros ma?s adelante cruzando el puente, vieron una camioneta atravesada que impidio? el paso del autobu?s. Al detenerse, vieron que en la orilla de la carretera habi?a otras camionetas entre las que se encontraban civiles fuertemente armados acompan?ados por elementos de la Polici?a Ministerial, entre ellos, el comandante Cesáreo Espinoza Palma. Cuando el autobu?s se detuvo, inmediatamente subieron varias personas armadas quienes ra?pidamente identificaron a Marcial, obliga?ndolo a bajarse del autobu?s. En ese instante Eva Alarco?n, quien iba en uno de los u?ltimos asientos del autobu?s, reacciono? instintivamente para gritar a quienes se llevaban a Marcial que ella lo acompan?ari?a. Su gran valor para no dejar solo a Marcial la impulso? a bajarse del autobu?s para no permitir que el defensor del medio ambiente quedara solo en manos de sus captores, fuertemente apertrechados. Eva prefirio? correr la misma suerte que Marcial porque sabi?a que su lucha era legal y legi?tima y porque no escondi?an intereses turbios ni tampoco realizaban actividades ili?citas. Su identidad como defensores ecologistas era su u?nica carta de presentacio?n, sin embargo, la lucha de los defensores y defensoras en nuestro pai?s no les significa nada a las autoridades, mucho menos a quienes tienen el encargo de velar por la seguridad de la poblacio?n. Hasta la fecha las autoridades no han judicializado a las personas que fueron detenidas, por el contrario, se sabe que liberaron a uno de los acusados.
Nunca imagina?bamos que a 5 di?as del tra?gico suceso de las desapariciones forzadas de Eva y Marcial se consumari?a una tragedia ma?s que cimbrari?a a la opinio?n pu?blica estatal y nacional por la barbarie emprendida por las corporaciones policiacas del estado y la Polici?a Federal, quienes fuera de todo control, utilizaron sus armas de alto poder para privar de la vida a dos normalistas de Ayotzinapa Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, cuando bloqueaban los cuatro carriles de la Autopista del Sol en la parte sur de la ciudad de Chilpancingo, el 12 de diciembre de 2011. Adema?s de estas muertes hubo varios heridos de bala, torturados y decenas de detenidos.
A 14 años de las dos tragedias ningún gobierno ha retomado los casos para atender las recomendaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos ni lo que ha planteado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Es el poder de la muerte que gobierna en Guerrero.

Siete años y la justicia no llega

Los festejos por los siete años de la Cuarta Transformación abarrotaron el Zócalo de la Ciudad de México. Los morenistas llegaron de todas las entidades del país con lonas, pancartas y banderas para hacer visible su apoyo a la presidenta de la república Claudia Sheibaum. Los líderes de Guerrero llevaron a sus seguidores para medir fuerzas con miras al próximo proceso electoral. La prioridad de los políticos es reposicionarse ante los dirigentes de su partido y cobrar visibilidad con la presidenta Claudia y los medios de comunicación. La algarabía fue el sello distintivo de esta concentración. Un festejo masivo (de 16 mil asistentes según los cálculos oficiales) que demostró el poder de convocatoria de la presidenta y la nueva hegemonía política que empieza a girar a su favor.
El aire triunfalista que se respira en el centro del país ha generado entre los gobernantes de Guerrero un ambiente de presunción y arrogancia. No toleran a la gente que asume una postura crítica o que se organiza para protestar y reclamar sus derechos. Descalifican cualquier disidencia política y social. Se desentienden de las demandas legítimas que plantean las comunidades rurales y los colonos de las periferias. No importan las víctimas de la violencia ni las familias que desde hace décadas luchan por encontrar a sus seres queridos y que no desisten en su exigencia de justicia.
La reciente demanda de la comunidad cultural y de las organizaciones sociales que se han hermanado con Micalea, la hija de Lucio Cabañas, de resarcir el agravio cometido por el gobierno morenista al homenajear a Rubén Figueroa Figueroa, es trivializada e ignorada. Lo mínimo que plantean es una disculpa pública por parte de la gobernadora y la destitución de la secretaria de Cultura estatal, Aída Melina Martínez, sin embargo, en tierra de caciques puede más el poder del jefe máximo que una protesta legítima de guerrerenses dignos que tienen memoria y guardan respeto por los héroes del pueblo.
En Guerrero se ha zanjado la relación de un gobierno que emergió con mucha legitimidad y grandes expectativas, se distanció de una sociedad combativa, que ha tumbado gobiernos represores, autoritarios y déspotas. Que ha luchado para revertir la desigualdad social y la discriminación racial. El horizonte de justicia se ha difuminado en este sexenio y más bien se vislumbra el retorno de las prácticas funestas del cacicazgo priista que amenaza con imponer una nueva hegemonía y un control férreo de las candidaturas y los cargos públicos.
Mientras tanto la lucha digna de los familiares y colectivos de personas desaparecidas sigue viva y vibrante: han conmemorado los 51 años de la desaparición forzada del luchador social Rosendo Radilla; el asesinato del maestro y líder guerrillero Lucio Cabañas. En 1974 se registraron muchos casos de desaparición forzada que se focalizó en Atoyac de Álvarez. Todas ellas demandan verdad, justicia, reparación y medidas de no repetición. Apostaron que con Andrés Manuel López Obrador se irían a la cárcel los responsables de estos crímenes atroces. Tanto las desapariciones de la década de los 70 como la nueva oleada de desapariciones, como el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa continúan en el limbo. Ni los gobiernos priistas, panistas y morenistas se han atrevido a romper el pacto de impunidad. Prefieren la gobernanza manteniendo a los violadores de derechos humanos en sus cargos y fuera de las cárceles.
El jueves 4 de diciembre la tía Genoveva Sánchez Peralta, mamá de Israel Caballero Sánchez, murió en Atliaca, municipio de Tixtla. Israel como los demás compañeros de Ayotzinapa, tenía muchos sueños. Al inicio quería ser militar, pero que bueno que ya no quiso porque los militares son los que desaparecen a las personas y los responsables de su desaparición. La primera semana de pruebas en la escuela de Ayotzinapa no la pasó. Mi papá le dijo que no se preocupara y que buscara un trabajo para seguir adelante. Un día llegó con la noticia de que había embarazado a su novia y que tenía que llevarla a vivir a la casa. Además de este nuevo compromiso, no desistió de la escuela. En el 2014 volvió a realizar la prueba en la normal y afortunadamente se quedó. En los primeros días como estudiante nació su hija Melani, el 5 de agosto. Días después pudo ver a su bebé, estuvo como una hora tomándose fotos, fue la primera y última vez que la tuvo en sus brazos. No sabíamos que empezaría el dolor más grande del mundo.
El 14 de agosto falleció mi papá por un paro cardíaco, nos afectó demasiado, y el 26 de septiembre, un mes después, desaparecieron a Israel. Recuerdo que estaba en la casa con mi mamá, la menor de mis hermanas se había ido con Melani para la primera vacuna, de repente alguien tocó la puerta con desesperación. Era la madre de un normalista de segundo año. Nos dijo que nos fuéramos a la normal porque había pasado algo grave. Llegamos desconcertadas porque la gente estaba llorando… Algunos normalistas fueron llegando con sus caritas espantadas y tristes. Tenía la esperanza de que llegara Israel, pero estaba en la lista de los 43.
El golpe que recibimos fue muy fuerte, pero más para mi mamá. Las cosas cambiaron completamente. Nunca estábamos en la casa porque mi mamá se sentía sola sin mi papá y sin mi hermano. Estábamos más tiempo en la normal porque sólo allá no se desesperaba. Se iba todas las mañanas, decía que se sentía más tranquila, aunque todo el tiempo estaba triste.
A veces lloraba, esperando que mi hermano regresara a la casa o a la normal, se ponía a recordarlo por horas y sentía consuelo al ver a su nieta Melani. Lo único que podía hacer era asistir a todas las actividades de las madres y padres de familia, estaba pendiente de las reuniones y de todo lo que se decía. En una de las marchas que hicieron en la Ciudad de México en el 2020 se cayó y se fracturó el pie. Iba con mi hermana Andrea, se dirigieron al centro Prodh (Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez) con mucho trabajo porque mi mamá no podía caminar. Cuando regresó a Atliaca ya venía enyesada. A partir de ahí dejó de ir a las actividades, se la pasaba en la casa y eso la deprimía. Nos decía que fuéramos a las reuniones y a las marchas. La teníamos que cuidar mucho para que no se preocupara porque le afectaba la presión y le subía su glucosa.
Se estuvo recuperando, pero le entristecía no poder ir a las marchas porque ahí recuperaba el ánimo. En la casa sólo se quedaba pensando en mi hermano y más triste se ponía. Recibió otro golpe duro cuando falleció su mamá, Guadalupe, el 26 de diciembre del 2023. Nosotras le dábamos ánimos y la cuidábamos para que su salud no se afectara, ella también se cuidaba, pero empezó a tener problemas renales. La llevamos al doctor, la diagnosticaron y le dieron un tratamiento. Poníamos mucha atención para que no le complicara el problema. Como no se hinchaba de su cara ni de sus pies, pensamos que estaba estable; no nos dimos cuenta de que sus pulmones se empezaron a llenar de agua. Primero se hinchó en la parte de su pecho y el 9 de octubre del 2024 no podía respirar. Nos asustamos mucho, sentíamos que la estábamos perdiendo y de manera urgente la llevamos al hospital general de Tixtla, pero no había catéter para que la dializaran. Consiguieron el material y le hicieron una cirugía para dializarla.
El pasado 17 de septiembre yo estaba en Tixtla en el inicio de la jornada de lucha por los 11 años de la desaparición de los 43 estudiantes; mis hermanas llevaron a mi mamá a una consulta con el angiólogo. El médico le dijo que su pie ya no tenía salvación, que podía amputarlo en el hospital Santa Fe, pero saldría muy caro. Mis hermanas me llamaron para comentarme la situación y que llevarían a mi mamá al hospital general porque la cirugía era muy cara, no teníamos dinero y no nos habían reembolsado nada.
Estoy muy decepcionada del gobierno federal porque dice que apoya mucho a las madres y padres, y por mi mamá no hizo nada. En las dos últimas reuniones han dicho que podemos recibir atención en hospitales privados y ellos se hacen cargo, pero a pesar de que sabían que mi mamá estaba mal, nadie nos facilitó ni acompañó para hacer el procedimiento de solicitud, nos dejaron solas.
Después de que le amputaron el pie, mi mamá ya no fue la misma, lloraba mucho por mi hermano, hasta que la tristeza terminó de consumirla. La madrugada del 4 de diciembre se puso muy mal. Estaba inconsciente por la glucosa que estaba muy descontrolada. Murió a las 12 del día. El 5 fue su sepelio, la despidieron de su casa las vecinas y vecinos como acostumbramos con la música de viento. Fueron a la iglesia del pueblo y a la capilla de su barrio San Francisco. Una comisión de los 43 padres y madres la acompañaron hasta su última morada. La tristeza y el llanto nos invadió a todas.
Nos quedamos huérfanas y con un hermano desaparecido. Al gobierno del cambio que este sábado celebró sus siete años, le recordamos que tiene un gran pendiente con los familiares de personas desaparecida. No puede ignorar el reclamo de los colectivos de víctimas porque la violencia no para y las desapariciones aumentan. El gobierno de la 4T tiene la responsabilidad de castigar a las autoridades que cometieron graves violaciones a los derechos humanos y están obligados a dar con el paradero de nuestros seres queridos. Sé que Israel va a volver, lo sentimos; sólo me preocupa que todavía no sabemos cómo decirle que nuestra mamá ya no está.

Micaela, la hija de un guerrillero

La memoria es el arma más poderosa que me mantiene en pie, que me ha dado la fuerza para soportar desde niña toda la persecución y los tormentos que me impuso el Estado por ser Micaela Cabañas.
Ser hija de un guerrillero a quien el Estado persiguió hasta matarlo, es la flama que no se apaga y que ha fundido el acero de mi corazón. Con orgullo porto el apellido y me honra ser hija de un guerrillero. Desde que tengo memoria siempre fuimos una familia perseguida, el delito más grave fue apellidarnos Cabañas. Por eso nos llevaron al campo militar, nos torturaron, violaron a mi madre y nos condenaron a vivir en la clandestinidad.
Quisieron desaparecernos de la tierra, enterrarnos vivas, denigrar nuestra dignidad, sentir que también teníamos que pagar la osadía de mi padre. Con los años ha crecido en mí la semilla de la rebeldía, me he despojado del miedo y he encontrado en el ideario de mi padre la razón de mi existencia. No me siento sola porque he descubierto que somos miles, que en México su nombre retumba como el teponaxtle en la Montaña. El está en medio de las batallas que se libran contra el gran capital y contra los gobiernos que se yerguen como guardianes de sus intereses.
Lucio sigue siendo fuente de inspiración para las nuevas generaciones. Él está en cada rincón de nuestro país donde se gestan movimientos que increpan a un sistema que nos oprime. Lucio vive en las normales rurales que resisten las embestidas del gobierno que las asfixia con el presupuesto y con el golpeteo permanente para desparecer este modelo de educación popular. Vive en el corazón de los pueblos indígenas que defienden su territorio contra los megaproyectos que ha impuesto el gobierno y alienta las resistencias comunitarias contra las empresas depredadoras que se han especializado en extraer y saquear los bienes naturales. Vive entre la clase trabajadora que a diario lucha para sobrevivir con empleos temporales que imponen los patrones que cuentan con el apoyo del gobierno para sobre explotarlos y esquilmarles todas las prestaciones de ley.
Como hija perdí a un padre cuya semilla florece entre la gente explotada y humillada. Es la bandera que mucha gente enarbola porque enfrentó a los caciques y al Ejército para defender los derechos del pobre. Nunca dio un paso atrás y tampoco suplantó ni traicionó al pueblo. Es el referente irremplazable del hombre revolucionario que cimbró las estructuras de un poder corrupto y opresor. Un maestro que se fue a la sierra para declararle la guerra al mal gobierno, a los que delinquen dentro del aparato gubernamental, los que reprimen y extorsionan a los pobres. Su legado pervivirá en la memoria colectiva, la que no se domestica por el poder ni se deja homenajear por gobiernos demagogos.
A 51 años seguimos exigiendo el regreso de los desaparecidos de la mal llamada guerra sucia. Seguimos exigiendo procedimientos jurídicos contra los asesinos de nuestros compañeros y justicia para quienes sobrevivimos a la tortura infligida por los gobiernos asesinos. El clamor de justicia sigue siendo muy fuerte, y más aun después del homenaje que le hicieron a un asesino, genocida, violador, que ha agraviado a mucha gente. Por eso es más fuerte la exigencia de justicia a más de cinco décadas.
Hoy hicimos una ofrenda floral sobre sus cruces, tanto de Lino como de Esteban. Hicimos el reclamo con vida de Marcelo Serafín y el reclamo del maestro Lucio. Se presentó la presidenta municipal de Tecpan, nos echó la mano con el rastrilleo de la carretera, que son 3 o 4 kilómetros. La presidenta tuvo una participación como ciudadana para reivindicar la lucha de Lucio. El maestro Félix Peralta declamó una poesía de todo lo que pasó el 2 de diciembre de 1974. Posteriormente hicimos un ritual para dar gracias por la vida de mi papá y otros luchadores. Dimos gracias por estar en este histórico lugar donde cayó un guerrillero. Bajamos donde abatieron a Lino y Esteban. La deuda sigue pendiente, no se ha saldado. Los perpetradores siguen libres, al Ejército le siguen dando más poder y presupuesto y a los grandes criminales del Ejército se le rinden homenajes como al siniestro general Hermenegildo Cuenca.
La afrenta más grande para las y los guerrerenses la estelarizó el gobierno morenista de Evelyn Salgado al honrar a un ex gobernador asesino y violador.
El gobierno de la 4T de Guerrero nos dio un golpe traicionero con el homenaje rendido a Rubén Figueroa Figueroa. La gobernadora resquebrajó la confianza de la población agraviada, dio la espalda a quienes luchamos contra los cacicazgos. Tantos crímenes cometidos que no se han investigado y que en lugar de reivindicar a las víctimas se confabulan con los represores celebrando sus fechorías.
No puedo concebir que este gobierno del cambio se haya burlado de la memoria de mi padre y de la dignidad de mi madre. Ese señor violentó a mi mamá delante de mí, y ahora el gobierno de Morena le celebra su nacimiento, más valdría que no hubiera nacido. Es una burla hacia el movimiento social y sobre todo hacia la vida, obra y legado de Lucio. Me hace sentir muy mal, cada vez que me acuerdo, quiero llorar de impotencia y me causa mucha rabia porque este gobierno tira por la borda la lucha histórica de muchos hombres y mujeres que han forjado un cambio democrático en nuestro país.
Cuando la represión empezó hacia mi familia yo era una bebé. No recuerdo lo que pasó en el campo militar, pero sí recuerdo sentir mucho frío, recuerdo el cabello largo de mi madre. Quizá son detalles irrelevantes, pero para mí significan mucho porque son los recuerdos de la tortura, del encierro, del sufrimiento de mi madre y del salvajismo que nos hicieron pasar. Cuando salimos fuimos aventados como escoria, como las peores personas que no merecíamos vivir con tranquilidad. Fue una niñez terrible marcada por la violencia, no sé cómo resistí, mi madre me protegió todo el tiempo, me transmitió fuerza y sobrevivió en medio de tantas carencias. Me transformó como mujer, me volvió más sensible al dolor de los demás. Ella era una niña cuando estuvo con mi papá en la sierra de Guerrero, no tenía estudio, apenas sí sabía leer y escribir porque con trabajos terminó su primaria. También se enamoró de los ideales de mi padre. Supo forjar su acero y enfrentó todos los ataques sin nunca desfallecer. Fue una madre imbatible, así la recuerdo.
Cuando salimos de la cárcel ella no tenía trabajo y se las ingeniaba para sostenerme. Buscó la manera de sobrevivir en un ambiente hostil, adverso. Me enseñó a ser una niña responsable, aprendí a cuidarme sola. Tuve que estudiar para no quedarme en la indefensión total.
Tenía 11 años cuando cursaba sexto de primaria. Mi maestro se llamaba Juan y me decía: “tu eres hija de un gran maestro”. Sin embargo, lo que sabía es que mi papá era malo. Cuando le preguntaba a mi mamá me decía que estaba muerto y no había poder humano para que me diera más información. Al irme a estudiar a Chilpancingo acudía a las bibliotecas para leer y hacer las tareas porque en ese entonces no había libros de texto, recuerdo los dictados de los maestros.
En la biblioteca de la preparatoria número 1 había un espacio de libros de la lucha social y de movimientos sociales. Ahí estaba un libro que decía Lucio Cabañas, lo leí. Al siguiente día volví para leerlo, pero lamentablemente todos hablaban mal de mi papá y me avergonzaba porque decía que era un guerrillero, roba vacas, matón. Fue muy difícil superar este estigma que sentía como una maldición, prque me hicieron creer que mi padre era el mismo demonio.
No tuve otra opción que rechazar la idea de que yo era la hija de Lucio. Fue hasta la Facultad de Derecho cuando entendí quién era Lucio Cabañas. Me empezaron a contar historias de él y empecé a distinguir quiénes eran los que hablaban mal de mi padre. Empecé a indagar mucho más. A los 19 años conocí a mi abuela Rafaela. Lo hice a escondidas porque mi mamá no quería que tuviera cercanía con la familia Cabañas. Todos esos acercamientos cambiaron mi perspectiva de la vida. Ahora me siento sumamente orgullosa del legado que me dejó mi padre y de la lucha que forjó. Ahora sé que fue un gran luchador social, un defensor que dio la vida por su pueblo. Un guerrillero ejemplar.
Le preguntaba a mi abuela ¿por qué dejaste que mi papá se fuera a la sierra? Es que mi hijo no luchaba por dinero, mi hijo luchaba por los pobres, me respondió. Empecé a hacerme otra idea, me sentía orgullosa de ser hija de alguien que luchaba por los demás. Yo era una adolescente, empecé a tomar un camino porque ahora sí ya tenía una guía.
A mi mamá le tocó ver mucha injusticia. Cuando bajó de la sierra sabía que Lucio valía mucho, por eso siempre me decía, tú tienes sangre azul por tu papá. Hablaba con mucho cariño de mi padre, me recordaba cuando estuvo con él en la sierra. También sufrió varios ataques del Ejército. Era una testigo fundamental de las desapariciones de aquellos años.
En el campo militar Rubén Figueroa entraba en las oficinas con libertad y abusaba de mi mamá con la impunidad que le daba ser gobernador del estado. Mi madre todavía era una niña, tenía 16 años. Cuando salimos del campo militar ella iba embarazada de Figueroa. El bebé nació mal y murió a los pocos meses. Trató de vivir en el anonimato, pero siempre la señalaban, nunca la dejaron en paz. El 3 de julio de 2011 fue acribillada Isabel Ayala Nava junto a su hija Reyna Ayala Nava, cuando ambas salían de una iglesia evangélica en la comunidad de Xaltianguis, municipio de Acapulco.

 

Marco Antonio: siete meses en la ola de la impunidad

El crimen de Marco Antonio Suástegui Muñoz, líder histórico del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota (Cecop), forma parte de las carpetas de investigación que no avanzan. A pesar de los datos de prueba que se han aportado, la Fiscalía los ha trivializado y lo más grave es que han hecho perdediza información valiosa. La desfachatez con la que sobrellevan el caso agravia la memoria de Marco Antonio y deja en estado de indefensión a su familia. Es inadmisible que a 7 meses de su asesinato no haya un atisbo de los autores materiales e intelectuales que acabaron con la vida de un gran defensor del medio ambiente. Hay un gran abismo entre las víctimas y la Fiscalía marcado por el desdén y la indolencia.
Este 25 de noviembre se cumplieron 7 meses del crimen artero de Marco Antonio. En plena afluencia turística los perpetradores actuaron con la certeza de que ningún cuerpo de seguridad los detendrían. Al parecer fueron más inteligentes y ágiles que la Guardia Nacional que se encontraba desplegada en las playas. Su capacidad de fuego está blindada porque nadie los investiga ni los busca. La apuesta es al olvido y a que la víctima desista infundiéndole temor. Saben que no hay costos políticos y que todo se puede en este mar de inmundicia. Está claro que no hay un compromiso de las autoridades del estado con la justicia ni la verdad. “Marco decía que con la Cuarta Transformación iba a haber un cambio, pero no es así”. No les importa el derramamiento de sangre que a diario corre en las calles segando la vida de muchos guerrerenses.
Desde que Marco asumió la responsabilidad en una asamblea de defender las tierras comunales de Cacahuatepec contra la Comisisón Federal de Electricidad (para que no se construyera la presa La Parota) los gobiernos lo consideraron como el enemigo a vencer. No sólo lo estigmatizaron y giraron órdenes de aprehensión, también le mandaron mercenarios y matones para eliminarlo. Fue de los personajes más incómodos en un estado gobernado por caciques.
El 28 de julio de 2003, en el primer plantón del Cecop en El Fraile nació Marco como el guerrero Huitzilopochtli, deidad de la guerra entre los nahuas, para pelear contra la imposición de la represa. Lo nombraron el vocero del movimiento que emergió de las gravillas del río. Con los machetes en la mano no dejaron que entraran las maquinarias de la CFE. Por su osada lucha el gobierno del estado lo encarceló en tres ocasiones: en el 2004, 2014 y 2018. No se doblegó, más bien salió airoso y con mayor ímpetu para dar las batallas contra las empresas depredadoras. La última vez que lo encarcelaron estuvo con su hermano Vicente Suástegui.
La noche del 5 de agosto de 2021 Vicente fue desaparecido por hombres armados. Se lo llevaron rumbo a Tres Palos, sin embargo, las autoridades no han dado con su paradero. Marco lo buscó en las colonias más pobres y violentas, así como en las comunidades periféricas. El líder del Cecop empezó a recibir amenazas por buscar a su hermano. El hostigamiento llegó en los mítines que realizaba en el Asta Bandera del puerto para denunciar la desaparición de su hermano y exigir la detención de los responsables. Exigía al gobierno que le entregaran con vida a Vicente.
Sus asesinos le seguían sus pasos, pero nunca se arredró, porque siempre decía que luchaba por la vida. Era contundente en su demanda; investigar el paradero de Vicente y detener a los responsables. Molestaron no sólo las declaraciones de Marco, sino las sentencias que se han dictado contra los perpetradores de la desaparición de Vicente.
En los últimos meses Marco identificó a quienes le querían causar daño. No lo dejaban trabajar tranquilamente en el negocio que tenía en la playa Icacos. Lo mismo pasaba en las asambleas que convocaba en la comunidad de Cacahuatepec. Se le acercaban personas para intimidarlo. Cuando recorrió las comunidades, después de los huracanes Otis y John, sentía que lo seguían. Llegó el momento en que abiertamente lo amenazaban en la playa, ordenándole que no siguiera dando declaraciones en los medios de comunicación.
Ante la inminente amenaza recurrió al Mecanismo de Protección de Defensores y Periodistas porque los lugares más peligrosos resultaron ser las asambleas dominicales y la playa Icacos. Le dijeron que lo solicitara a través de un escrito para que evaluaran su situación de riesgo. Luego de un tiempo le negaron las medidas de protección con el argumento de que su actividad de defensor no era de alto riesgo.
El Domingo de Ramos, el 13 de abril, le advirtieron por última vez que le bajara a las denuncias y a sus declaraciones sobre Vicente porque ya lo tenían bien ubicado y sabían sus movimientos. La amenaza fue la sentencia de muerte. Cinco días después Marco se debatía entre la vida y la muerte porque el asesino había descargado su arma cuando Marco se retiraba de la playa, para huir del peligro. Corrió hacia la playa buscando escapar, pero tres balas certeras lo alcanzaron. La sangre hizo cauce sobre la arena, pero Marco no cayó. La gente estupefacta comenzó a correr, y el asesino aprovechó para perderse entre la gente. Cuando llegó su esposa lo encontró herido a la orilla del mar.
El último destello del sol contemplaba la lucha del Tigre para ponerse en pie. El horizonte se pintó de rojo al desvanecerse. Con el temple que le caracterizó le dijo a su esposa que llamara al 911 para pedir ayuda, pero nadie respondió. Su esposa lo quería llevar al hospital de la Marina porque estaba más cerca para que lo atendieran, pero él dijo: “no, no me lleves ahí, mejor al Aqua”. Lo trató de cargar, pero Marco se apoyó de algunos compañeros que lo llevaron al hospital. Aún consciente les decía a las enfermeras que quería oxígeno. Mientras esperaban al doctor para que lo operara de urgencia, se preocupó por sus hijos. Permaneció lúcido todo el tiempo. A las 9 de la noche entró al quirófano y a las 3 de la mañana informaron que la operación había sido un éxito. El pronóstico de los doctores auguraba que Marco saliera de este trance.
Cuando a la familia le requirieron sangre, sus conocidos se solidarizaron y los estudiantes de la escuela de Ayotzinapa estaban dispuestos a donarla. Lo más complicado fue un aparato para que le realizaran hemodiálisis porque los doctores decían que no había uno solo en el estado. Marco quería vivir. “Le pedía a Dios un milagro. Fueron tres operaciones”. Sus familiares lo iban a trasladar a la Ciudad de México cuando les dieron la funesta noticia. Marco nunca se dio por vencido, luchó hasta el último segundo.
Lo insólito es que los policías ministeriales irrumpieron en el hospital sin que les importara la gravedad de Marco Antonio, pedían las declaraciones de sus familiares. Se parapetaron en el hospital en lugar de perseguir a los delincuentes o buscar las cámaras de seguridad y hacer las investigaciones correspon-dientes.
A siete meses del crimen no hay una persona detenida, todo se mantiene en la quietud impuesta por intereses de la macrodelincuencia.
Los familiares de Marco se han acercado a la gobernadora para exigir justicia, pero la respuesta que le dan los que contestan su teléfono es que está muy ocupada. Hay fundados temores de que el crimen no se resuelva. “Matan a los líderes sociales y en Guerrero nunca pasa nada. El silencio de las autoridades es un gélido mensaje de impunidad”. Si el gobierno 4T quiere ser diferente a los demás tiene que castigar ejemplarmente a los perpetradores para que prevalezca la justicia.

 

Renacer entre cardos y cactus en los filos de la Montaña

Con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, este martes 25 de noviembre, presentaremos el informe “Mujeres de la Montaña. Renacer entre los filos del olvido”, para mostrar realidades que indignan y deshumanizan a las mujeres indígenas por la violencia machista, la indolencia de las autoridades y la impunidad que impera en la Montaña. El atraco institucional contra las mujeres es sistémico; es una práctica transversal que hunde sus raíces en el aparto estatal y que expande sus redes entre los ministerios públicos, jueces, representantes legales y abogados particulares. Todos hacen negocio con el dolor y el sufrimiento de las mujeres.
El informe contiene cuatro apartados: en el primero presentamos un análisis estadístico de las condiciones sociales que colocan a las mujeres en el índice más bajo del desarrollo humano. En el segundo capítulo hacemos un breve recuento de los instrumentos jurídicos locales, nacionales e internacionales que protegen los derechos humanos de las mujeres, en general, y de las mujeres indígenas y afromexicanas, en lo particular. Es importante difundir estos marcos legales para ponerlos al alcance de las mujeres que enfrentan graves obstáculos para acceder a la justicia. En la tercera parte, presentamos algunas microhistorias que narran casos de mujeres que son víctimas de feminicidios, desapariciones y de matrimonios forzados. Esta violencia extrema es consecuencia de la inacción de las instituciones del Estado, en primer lugar porque están ausentes en las comunidades donde se recrudece la violencia, en segundo término porque las mujeres viven en condiciones deplorables, sin acceso a la salud, al agua, a la vivienda digna, a la educación y la justicia. A las mujeres indígenas de la Montaña se le violan todos sus derechos. Por eso es muy importante visibilizar esta violencia y emplazar a las autoridades para que protejan sus derechos y dejen de tratarlas como objetos y como seres inferiores.
De manera general, el informe da cuenta de las condiciones de violencia mediante el análisis de datos de 2020 a 2025, que incluyen los niveles de pobreza que prevalece en los distintos municipios de la Montaña, el nulo acceso a la educación por parte de las mujeres, la ausencia de las instituciones gubernamentales en la región y el índice de tres delitos graves: feminicidios, desapariciones y matrimonios forzados, cometidos en su contra. El análisis estadístico de la región arroja resultados alarmantes: aunque las mujeres indígenas representan la mayoría de la población de la Montaña, son ellas las que se ven desproporcionadamente afectadas por la pobreza y la falta de acceso a la educación. Además, hay una terrible criminalidad por el incremento de los feminicidios, la desaparición de mujeres y la proliferación de matrimonios forzados entre las niñas, son casos que se agravan por la incapacidad del Estado que no se interesa en documentarlos, tampoco quiere visibilizar una realidad que lo interpela y más bien se torna en cómplice de los perpetradores.
Con respecto al marco normativo se analizan varios instrumentos locales, nacionales e internacionales. En cuanto a los primeros dos, el informe estudia la Constitución del Estado de Guerrero y la Constitución general, así como una serie de leyes y códigos —tanto guerrerenses como nacionales— que buscan prohibir la violencia contra la mujer y garantizarles ciertos derechos. Así mismo, se lleva a cabo una recolección de distintos instrumentos jurídicos internacionales que no solo establecen derechos humanos mínimos para las mujeres y prohíben la violencia en su contra, sino que también obligan a los Estados a tomar las medidas necesarias para que esto se haga realidad.
Sin embargo, en esta sección podemos observar que a pesar de que existe un gran número de leyes locales, nacionales e internacionales, la protección jurídica de las mujeres es inoperante, no se ve reflejada en el día a día. A las mujeres más indefensas se les condena a padecer el flagelo de las violencias, de los maltratos, burlas y tratos racistas. Esto se debe, principalmente, a la falta de capacitación del personal, a la carencia de recursos humanos, materiales y financieros en los aparatos de justicia estatal. En la Montaña los obstáculos se multiplican por la dispersión de las comunidades, la lejanía de las instancias de justicia, su pésima infraestructura, falta de equipo y recursos financieros, carencia de peritos y nulo seguimiento a los casos denunciados, así como la falta de asesoría jurídica de calidad y con una perspectiva de género e interculturalidad.
El análisis de las quince microhistorias que presentamos en el informe nos devela realidades que indignan por el cruento sufrimiento de las mujeres que se profundiza con la insensibilidad y la indolencia de las autoridades. En las vivencias de las mujeres se condensan las luchas de las mujeres para liberarse de las cadenas que las subyugan y las colocan al borde de la muerte. Desde que nacen las niñas padecen un trato diferenciado, desigual y de total sometimiento a los hombres. Crecen con múltiples carencias, la desnutrición es parte del calvario de una pobreza que va de generación en generación. A pesar de estas deficiencias nutricionales son sometidas a trabajos extenuantes tanto en el campo como en el hogar. Un patrón común es el control que ejercen sus parejas sobre ellas predominando en esta relación la violencia. Los hombres usan la fuerza y no la razón para demostrar su poder. El maltrato forma parte de las prácticas acendradas que aplican los hombres a las mujeres. Se sienten con el derecho de controlar a sus parejas, provocando celos, conductas de sometimiento, ataques verbales, emocionales, físicos y, en casos extremos escalan hasta culminar en feminicidios, desapariciones o matrimonios forzados.
Las autoridades forman parte de este engranaje delictivo: son omisas cuando reciben denuncias de violencia y no se atienden con presteza, se empeñan en hacer sufrir más a las víctimas. Los feminicidios pueden evitarse si a tiempo se toman medidas de seguridad y se actúa con severidad contra los agresores. Esto mismo puede hacerse si se protege a las mujeres y se les saca del laberinto de la violencia que padecen y que en varios casos terminan en desapariciones. Los matrimonios forzados son recurrentes en comunidades apartadas y olvidadas. En estas regiones las niñas son presa fácil de los arreglos económicos que acuerdan los padres para establecer alianzas matrimoniales contra la voluntad de las niñas que se les destina a padecer la violencia por toda la vida.
Las mujeres indígenas son tratadas como seres inferiores, que no tienen derecho a sr respetadas y tomadas en cuenta. Se da carta abierta de golpearlas desde el momento en que sus padres reciben un pago por sus hijas. El sentido de propiedad se naturaliza y se ejerce con la violencia. Es grave lo que ha sucedido por décadas sin que las autoridades hagan algo para evitar los matrimonios forzados. Es impensable que se instalen en las comunidades y que implementen acciones integrales para revertir los rezagos sociales y reivindicar los derechos de las mujeres, asumiendo su defensa en los ámbitos comunitarios. En resumen, estas historias interpelan a los tres niveles de gobierno que siguen relegando esta grave situación de las mujeres y niñas de la Montaña. No hay coordinación para implementar acciones al interior de las comunidades donde están arraigados los matrimonios forzados. Sus intervenciones son a control remoto y por lo mismo, irrelevantes. Desconocen el contexto y no se atienden las causas de estas prácticas. Solo se busca penalizar estas prácticas y se les enmarca dentro de una realidad urbana, al grado que consideran los matrimonios forzados como parte de la trata de personas, criminalizando a los padres con delitos graves, cuando el Estado les ha negado los derechos básicos dentro de sus comunidades. La violencia y la muerte se ensaña contra las niñas y mujeres indígenas porque las autoridades de los tres niveles están ausentes y cuando las mujeres llegan hasta sus oficinas las ignoran, las maltratan, las obligan a regresar con sus maridos, les cobran por levantar actas que van contra ellas mismas y las condenan a ser víctimas de feminicidios o desapariciones.
En la Montaña el racismo y la violencia que marcan el derrotero de las niñas y mujeres se ha naturalizado entre las comunidades, pero sobre todo en los ayuntamientos municipales, porque ahí los funcionarios se aprovechan de estas tragedias para obtener ganancias. Venden la justicia a los hombres violentos, los encubren y fallan a su favor para demostrar la superioridad del hombre y la impunidad de la que gozan. Los ministerios públicos son parte de este entramado delincuencial porque se colocan del lado de quienes les ofrecen dinero. Sin ningún miramiento actúan contra las mujeres que se atreven a denunciar, más bien, incrementan sus riesgos al filtrar la información a los demandados, que se arman de valor y atentan contra la vida de sus parejas, al pagar con dinero los delitos que cometieron.
Se emiten recomendaciones a las autoridades para que atiendan la desigualdad estructural y la discriminación interseccional como causas de la violencia de género. Es indispensable que aborden esta problemática con un enfoque territorial e intercultural, para que tengan resultados tangibles al interior de las comunidades que son los espacios donde se tiene que trabajar a fondo para atender y revenir estos delitos. Es prioritario fortalecer a las instituciones de justicia y de seguridad pública, se debe garantizar su presencia efectiva en la Montaña y capacitar a los funcionarios públicos en la cultura de los derechos humanos, la perspectiva de género y la atención a la víctima.
Es urgente aplicar las recomendaciones de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), así como reforzar los programas de prevención y atención a mujeres víctimas de violencia. Vemos necesario que en las instancias de justicia se incorpore a jóvenes indígenas para incorporar la visión intercultural y hacer realidad el pluralismo jurídico. La persecución efectiva de los crímenes contra mujeres es el gran desafío que tiene el sistema estatal de justicia, porque la impunidad representa los cardos y los cactus que impiden el renacer de las mujeres indígenas en los filos de la Montaña.

Agravio y traición a la memoria de los caídos

Los cacicazgos no se han desterrado de Guerrero, están vigentes e impunes. La gobernadora morenista Evelyn Salgado lo reafirmó el domingo 9 de noviembre al rendir honores al cacique mayor, al sanguinario represor Rubén Figueroa Figueroa. La 4T mediante la Secretaría de Cultura estatal conmemoró el 117 aniversario del natalicio del ex gobernador priista, en Huitzuco, propiedad de los Figueroa, el ejemplo más contundente del poder intocable de los caciques. El lugar del evento fue en una de tantas escuelas que llevan su nombre.
El cacicazgo político es un modelo de gobierno que sigue reproduciendo la clase política guerrerense. Se caracteriza por tomar el control de las instituciones para beneficio personal y familiar; impone a familiares y amigos en los cargos más remunerativos; hace negocios privados con dinero público; somete a los poderes Legislativo y Judicial; establece pactos con grupos delincuenciales y pone a su servicio los cuerpos de seguridad del Estado.
No castiga a los gobernantes represores, más bien, se confabula con ellos. La ley se aplica a los enemigos políticos y a los luchadores sociales; deja en estado de indefensión a las víctimas y a la clase social explotada. No ataca de raíz la violencia ni la inseguridad y tampoco desmantelan las estructuras delincuenciales, que en las regiones del estado se erigen como un poder fáctico. La corrupción es la correa de transmisión que legaliza los negocios ilegales. El poder político se transforma en un feudo que se hereda por encima de cualquier ideología. Es el cacicazgo en su máxima expresión.
El homenaje realizado a un personaje siniestro nos muestra la cepa de un gobierno que está muy lejos de entender el origen de un proyecto político progresista. No le interesa comprender el significado de las luchas sociales, le es irrelevante indagar las raíces de la rebelión y las revueltas por la democracia.
Las grandes movilizaciones contra los malos gobiernos no se erigen como referentes obligados que deben guiar la nueva política construida desde la base social. El levantamiento armado en Guerrero fue clave para desmantelar las estructuras que oprimen al pueblo trabajador. Por eso preocupan estos homenajes, porque hay complicidad con los gobernantes que cometieron graves violaciones a los derechos humanos y que implantaron una política de terror operada por el Ejército que se especializó en torturar, desaparecer y ejecutar a los guerrilleros y a la población civil.
Es grave el extravío político y el vacío ideológico de los liderazgos morenistas. Lo peligroso es que caminamos sin rumbo, congraciándose los nuevos gobernantes con los que masacraron a miles de guerrerenses.
Nada les dice a los de la 4T que el terrorismo de Estado haya sido una época sombría que no les importa investigar, mucho menos judicializar, porque lo que impera es la impunidad y la exaltación de la violencia del estado. El homenaje que realizaron es el termómetro que nos arroja resultados que agravian a los héroes caídos.
Lo inadmisible para los guerrerenses es la mezquindad y ruindad con la que actúan las cúpulas partidistas que se disputan el poder, que se embelesan con lo superfluo y se obnubilan con lo fatuo. La obtención del dinero a raudales es su principal objetivo. La lucha por las candidaturas es la obstinación enfermiza por eternizarse en el poder.
Para ellos lo que cuenta es su ego. Los ciudadanos sólo son votos y en esa medida son importantes.
Las causas por las que lucha la gente sirven a los candidatos como eslogan para sus campañas. No hay una identificación con sus demandas históricas, sólo las instrumentalizan porque les pueden servir para ganar elecciones.
Hay una bifurcación entre la clase política que se mueve dentro de su burbuja y el mundo de los excluidos que pelean a ras de la tierra para sobrevivir y sortear su vida ante la delincuencia que los avasalla. La orfandad e indefensión de la población se traduce en estadísticas y cifras alegres de que la situación del país y del estado mejora, a pesar de que los bolsillos estén vacíos y que las desapariciones se multipliquen.
La memoria de los caídos es el manantial que revitaliza la lucha de los pueblos, son las claves para evitar que las atrocidades vuelvan a repetirse, las páginas que nos dan las mejores enseñanzas para impulsar verdaderas transformaciones sociales; para revertir las desigualdades y hacer valer el estado de derecho.
La memoria es para no olvidar quiénes fueron los perpetradores, para exigir castigo por los crímenes que cometieron y colocarlos en el banquillo de los acusados. En el horizonte debe brillar la justicia y poner en el centro a las víctimas como las principales protagonistas del cambio, que demandan reparación de daños y medidas efectivas de no repetición.
La memoria de sus luchas es el arma más potente para derribar el muro de la impunidad y para desmontar las estructuras que expolian a la población, que banalizan la vida y la dignidad de las personas de a pie.
No podemos olvidar que la época sombría de nuestra historia, que se escribió con sangre, fue cuando se implantó la política del terror con los planes de contrainsurgencia que se tradujeron en una represión generalizada contra la población civil y una persecución encarnizada con las organizaciones político-militares que desafiaron a los caciques y al poder militar.
Fue demencial la frase que espetó Rubén Figueroa Figueroa en una entrevista “los desaparecidos no están desaparecidos, están localizados, y se encuentran en la panza de los zopilotes”. De manera sádica declaraba que su gobierno había cometido ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas, que había utilizado de manera despiadada toda la fuerza del estado y que sin límite alguno había detenido, torturado, desaparecido y ejecutado a todos los que fueron cómplices y sospechosos de pertenecer a la guerrilla.
Arrasaron a las comunidades para desterrar cualquier atisbo de rebelión, expulsaron de sus territorios a las familias sólo por llevar los apellidos de los jefes guerrilleros. Instalaron cuarteles en las comisarías para habilitarlas como centros de tortura. Impusieron cercos militares para impedir que los alimentos circularan entre la población y prohibieron que la gente trabajara en el campo para aislar a la guerrilla.
Las mujeres fueron parte del botín de guerra y los vuelos de la muerte se transformaron en el tormento más cruento para imponer el terror y causar daños irreparables a las víctimas, a sus familiares y la sociedad en su conjunto. Aventar al mar desde un avión a los detenidos fueron crímenes execrables. La perversidad de los criminales era asegurarse que nunca se supiera el paradero de los detenidos-desaparecidos. No dejar rastros fue la consigna de los asesinos.
Para el doctor Rosalío Wences que en la década de los setenta fue rector de la Universidad Autónoma de Guerrero caracterizaba al gobierno de Rubén Figueroa Figueroa como sanguinario: “Con el cambio del gobierno estatal, en 1975, comenzó la represión selectiva contra determinados luchadores sociales, contra varios universitarios o contra algunas escuelas en las que en ese momento tenían un mayor auge por el movimiento democrático. Es así como se debe entender la represión que se dio contra la Universidad en septiembre de 1975, al despojarla de sus instalaciones de Tuxpan, donde se ubicaba la Escuela Superior de Agricultura (ESA); perdimos los terrenos, los edificios, los laboratorios, los tractores, toda la maquinaria.
Ha sido, quizá, la más despiadada y flagrante violación a la autonomía de la Universidad conocida desde 1972. Pero poco después, para detener el avance democrático y la vinculación popular de la Costa Chica, se desata la represión en contra de la preparatoria No. 5, secuestrando a su director, el compañero Eloy Cisneros Guillén… Desde 1973, el gobierno empezó a fabricar gruesos expedientes de todos aquellos que se distinguían en la lucha por la defensa de la Universidad.” En 1976 Rubén Figueroa retuvo el subsidio de la universidad y se obstinó en desaparecer las preparatorias que consideraba como centros de adoctrinamiento.
A los universitarios les decomisaba carros en los que repartían propaganda. Algunos universitarios como Pablo Sandoval abandonaron el estado por estar amenazados de muerte. La Policía y el Ejército sitiaban a cada rato el edificio docente. El mayor Mario Arturo Acosta Chaparro era jefe de todas las policías en el puerto de Acapulco, era el encargado de hacer los interrogatorios. Una de las cárceles clandestinas estaba en los antiguos talleres de la S.O.P en Acapulco.
En esos años fueron desaparecidos varios universitarios, entre ellos: Teresa Estrada Ramírez, Pablo Santana López, Victoria Hernández [Fernández] Brito, Guillermo Mena Rivera, Tanía Cascante Carrasco, Rodrigo Ramírez Martínez, Arturo Bibiano Vargas; Carlos Días Frías, Isidoro García Campos, Jacob Nájera Hernández, Félix Bello Manzanares, María Teresa Torres Ramírez, Leandro Rivera, Floriberto Clavel y Carlos Benavides Alcocer.
María Teresa Torres Ramírez fue detenida 31 de enero de 1976 tenía 3 meses de embarazo y dio a luz en el Campo Militar número 1, la relacionaban con las FAR y la vincularon con el secuestro de Telma Guadalupe Soto Ramírez. Según versiones de la policía, murió en un enfrentamiento en Aguacatillo el 29 de enero de 1976.
El 11 de noviembre de 1976 en Iguala fue secuestrada la estudiante del 9° semestre de la Escuela Superior de Agricultura Victoria Hernández [Fernández] Brito. Se le relacionó con el Comando Revolucionario 10 de Junio y con el secuestro de Enrique Pineda Cuevas. A las dos de la mañana, Víctoria regresaba a Iguala procedente de la Ciudad de México, donde había participado en un mitin frente a la secretaría de gobernación para exigir la devolución de las instalaciones de la ESA, el día anterior. A las ocho de la mañana llegaron los agentes policiacos al domicilio Rayón No. 24 donde amenazaron a sus padres, voltearon las camas con el pretexto de que buscaban armas y secuestraron a Victoria, que a esa hora estaba dormida. Con golpes y amenazas la subieron a un carro, todavía en ropa de dormir. Se la llevaron a las instalaciones de la ESA donde la torturaron. Hasta ahí se le perdió el rastro. Fue delatada por un activista apodado “Simitrio”.
Este pasado ominoso no debe quedar impune. En Guerrero son los familiares, las organizaciones sociales y organismos civiles de derechos humanos los que mantienen viva la memoria de los héroes caídos, los que saben honrar a quienes ofrendaron su vida para acabar con los gobiernos caciquiles. Lo inadmisible es que los gobernantes que se deben a estas luchas en lugar de honrar a los luchadores sociales los traiciona y agravia al homenajear al gran cacique.