Ya se venden ropajes para Niños Dios en el mercado Baltazar R. Leyva

El proximo lunes 6 de enero se celebra a los Niño Dios. Venta de ropones y artículos para vestir a las imagenes religiosas en el parque Benito Juárez Foto: Jessica Torres Barrera
Venta de ropones y artículos para vestir al “Niño Dios” en el parque Benito Juárez. Foto: Jessica Torres Barrera

Alina Navarrete Fernández

Chilpancingo

La Unión de Auténticos Expendedores de Artículos de Temporada del Mercado Central Baltazar R. Leyva Mancilla inició con la venta de ropa para Niño Dios.
De acuerdo con la tradición católica, el Niño Dios se acuesta en el nacimiento la noche del 24 de diciembre y es levantado el 6 de enero a la espera del Día de la Candelaria, que se celebra el 2 de febrero.
Los expendedores se instalaron en el parque Benito Juárez, ubicado al norte de la ciudad frente al parque Skate, y cambiaron su mercancía de luces, árboles navideños, esferas y otras decoraciones, por figuras del Niño Dios en distintos tamaños, así como ropa para Niño Dios, sillas y veladoras.
En entrevista con El Sur, el comerciante Emmanuel García García dijo que el pasado 24 de diciembre las ventas fueron regulares, “la acostada (del Niño Dios) es una actividad que va cambiando dependiendo de la región, hay lugares donde a los niños los acuestan colinitos, por así decirlo, nada más con su sabanita, en sus arreglos de heno, haciendo la representación a como vino el Niño Jesús”.
Mientras que “para la levantada es donde (las personas) se dan la libertad de ponerlo de ropas blancas, de vestirlo de algún santito, de alguna petición que ellos traigan, estilo de la abundancia, esperanza y trabajo”.
Explicó que los comerciantes manejan tres estilos de ropa para Niño Dios: económica de 280 pesos, especial que es el intermedio entre buenas telas y diseño con un costo de 380 pesos y gala un estilo de diseño más elaborado cuyo precio varía entre 650 y 680 pesos.
Puntualizó que los comerciantes instalaron sus puestos de manera anticipada, por lo que la actividad en el lugar está “relativamente tranquila”.
“Esta actividad de levantar al Niño Dios, a pesar de que la canción misma dice ‘hasta el Día de Reyes te he de levantar’, es algo que es cada semana, porque la gente sale de sus trabajos o regresa de vacaciones y en lo que se organiza los fines de semana quedan perfectos para hacer esa festividad, no hay una regla escrita de las fechas”, expresó.
Resaltó que este fin de semana es el primero de la temporada previa al Día de la Candelaria, por lo que los comerciantes esperan que sus ventas repunten los próximos días.
En ese sentido, invitó a la ciudadanía a visitar los puestos instalados en el parque Benito Juárez, “a estas fechas estamos a tiempo de echar un ojo al catálogo, encargar algún modelito y también echar un ojo a lo que estamos ofreciendo”.
Emmanuel García destacó que la ropa de Niño Dios que ofrecen los expendedores es fabricada en México, los más vendidos son los atuendos blancos y aunque la Iglesia católica pide a los feligreses no vestir al Niño Dios con otro tipo de ropa, como uniformes de equipos de futbol, profesiones o santos, otros atuendos populares son los de San Judas Tadeo, el Santo Niño de Atocha y el Sagrado Corazón.

Aprovechan mujeres el agua que escurre en la avenida Escénica para lavar su ropa

Una familia de mujeres que viven en el poblado de Puerto Marqués, ha subido a la carretera Escénica para aprovechar el agua que escurre de los cerros y poder lavar su ropa en las pocitas que se formaron por las lluvias del huracán John.
Debido a la falta de agua potable, las señoras Félix Sánchez, Hipólita Ruiz, Clara Sánchez y una joven, se instalaron a un costado de la carretera Escénica, frente al tanque de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (CAPAMA), donde captan el agua y solo añaden jabón en polvo y en barra, para tallar sus prendas.
Explicaron que es el tercer día en que se ponen a lavar en ese espacio, donde también hubo derrumbe de piedras, las mismas que usan para sentarse o improvisan con ellas el lavadero donde tallan las prendas.
Las señoras llaman la atención de todos los conductores que por ahí circulan, debido a que se mantienen bajo el chorro que escurre del cerro de El Veladero, entre las rocas, la tierra y las ramas de los árboles.
Con gran ánimo, las señoras contaron que desde el fin de semana, en cuanto pudieron salir del poblado donde viven, al pasar dicha carretera se percataron del espacio y decidieron salir el día domingo a probar si les funcionaba la idea, por lo que, al conseguirlo, regresaron el lunes y ayer martes, hasta acabar con toda la ropa sucia que les quedó tras las afectaciones que les dejó el huracán John.
Ellas se ponen a captar el agua y tallar sus ropas, en una curva que se torna peligrosa para quienes conducen, debido a que el agua baja en cascada y con fuerza en su corriente, obliga a los choferes a bajar la velocidad, debido a que se puede perder el control de la unidad automotriz. (Redacción).

 

Claman vecinos afectados de la Nueva Revolución por agua, comida y ropa

La señora Guadalupe López Hernández, sentada afuera de su casa en la colonia Nueva Revolución, acompañada de su cuñada y su nieta Foto:? Jacob Morales

Jacob Morales Antonio

En la colonia Nueva Revolución de Acapulco, las familias recibieron el año nuevo sin nada nuevo, sin cenas ni festejos, pero con la ilusión de tener mejores condiciones en sus hogares, luego de que el huracán Otis volará sus techos y el río de La Sabana inundara sus casas.
El asentamiento está ubicado cruzando el río de La Sabana entrando por la colonia Arroyo Seco, la mayoría de las casas tiene techos de láminas y paredes de tabla, unas pocas son de concreto y losa. Las principales calles de la colonia están pavimentadas, tienen electricidad, agua entubada, y drenaje. El transporte público es escaso.
A más de dos meses del impacto del huracán Otis, al caminar por la colonia aún se puede ver los estragos del fuerte viento que voló los techos de láminas de las casas, algunas permanecen en terrenos desocupados. Pero también los electrodomésticos que el río dañó y arrastró.
Para las familias de la colonia la emergencia continua. Todos fueron censados, pero no todos resultaron beneficiados con la ayuda del gobierno federal, que no termina de llegar a las personas. En esa colonia donde la mayoría de sus habitantes trabajan como peones, meseros en restaurantes o camaristas en los hoteles.
El llamado de auxilio de los colonos es que las autoridades federales vayan a entregar los enseres, porque ahí se quedaron sólo con la ropa que traían puesta la madrugada del 25 de octubre, cuando impactó el huracán.
El 27 de octubre la señora Guadalupe López Hernández clamó por agua, comida y ropa. Su vivienda se había quedado sin techo de lámina, y dentro de su casa sus pertenencias y electrodomésticos quedaron bajo el agua del río de La Sabana.
La tarde del domingo, horas antes de recibir el Año Nuevo, la mujer ayudaba a su esposo y a uno de sus hijos en los trabajos de reparación de un viejo automóvil. La señora de 53 años mostró que con el dinero que recibió para la limpieza, lo usó de inmediato para conseguir láminas y poder cubrir el techo de su casa.
Ahora que ha recibido el dinero para los trabajos de reconstrucción, ha encargado el material como varillas, y cemento, pero debido a la escasez aún no se lo entregan. Aún le falta comprar la grava y la arena, mientras sigue ahorrando. Comentó que hará el esfuerzo de colocar una losa en el techo, para no pasar por la misma experiencia que dejó Otis.
La mujer quien tiene 23 años viviendo en la colonia dice que la ayuda que le ha dado el gobierno federal es poca para lo que se requiere para el techo de concreto, pero que está agradecida por la ayuda del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Guadalupe se quejó porque en su colonia no han ido a entregar los enseres, y tampoco han llegado a dejar las despensas. “Nosotros aquí perdimos todo, y en otras colonias donde no pasó tan feo ya les entregaron sus enseres, y hasta los andan vendiendo, y a nosotros no”.
En su casa la Navidad la recibieron con pozole, “un poco triste pero alegre, por el apoyo que nos dio el gobierno, aunque sea poco, nos está apoyando”, insistió. Pero para recibir el Año Nuevo, ya no hay dinero para gastar en otra cena, y todo el dinero de la ayuda de la reconstrucción se está ahorrando para la losa, “no es para mal gastar, es para comprar material”.
A nombre de todos sus vecinos la mujer solicitó a las autoridades la construcción de un muro de protección en la parte alta del río de La Sabana, para evitar el desbordamiento, que afecta a la Nueva Revolución y otras cinco colonias colindantes con los márgenes del río.

Fue censada pero no apareció en el padrón de apoyos

Emilia Arellanes Carrasco, de 57 años, vive en frente de la casa de doña Guadalupe. Ella se fue de su casa la noche del 24 de octubre, a casa de otro familiar, ante el temor del impacto del huracán.
Cuando regresó, su vivienda de paredes de madera, y techo de lámina no había resistido a los vientos del Otis y la fuerza de la corriente del río de La Sabana. Entre el lodo rescató algunas pertenencias. Su criadero de pollos se lo llevó el río.
Sentada en un sillón, terminando de almorzar con su hija y su nieta, la mujer contó que fue censada por una “Servidora de la Nación” y mostró su cintillo, pero debido a que no sabe firmar no colocó ni su huella en los papeles del registro, y cuando comenzaron a entregar los apoyos ella no apareció, y hasta este domingo no había recibido ninguna ayuda del gobierno.
La mujer trabajó por muchos años haciendo labores de limpieza en casas, es diabética, padece de artritis, la misma enfermedad la ha limitado en su movilidad, pero no desistió, y acudió preguntar a los módulos de los “Servidores de la Nación”, donde le indicaron que su CURP resultó “no apto” para recibir la ayuda, luego le dijeron que le llamarían, pero jamás recibió la llamada.
Gracias a la ayuda que ha recibido de las familias con las que trabajó por años, la mujer logró acondicionar un pequeño cuarto de paredes de madera y techo de lámina donde apenas cabe un colchón matrimonial para dormir. Afuera comenzó la cimentación de lo que serán dos cuartos, pero se le acabó el dinero.
“Yo le pido al presidente que me apoye. Hay gente que no le pasó nada y recibieron su apoyo, y yo que perdí desde trastes hasta lo último que tenía, ropa, muebles, yo sí en verdad necesito la ayuda”, reclamó.
La mujer dijo que al igual que en Navidad no hubo cena ni celebración. “Para nosotros no hay fiesta, no hubo Navidad, y no hay ahora, porque no tenemos lo suficiente para hacer un convivio, vamos así pasándola poco a poco”.